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lunes, 1 de abril de 2019

Retrato de hombre con gola, atribuído a Velázquez







Atribuído a Diego Velázquez

Retrato de hombre con gola
(Francisco Pacheco?)
(1620)

Óleo sobre lienzo. 41 x 36 cm
Museo del Prado. Madrid. 




Como hemos visto en otras entradas de este blog, en los cuadros de Velázquez se suelen encontrar variadas enfermedades (queratosis seborreica, eccema ortoérgico, rosácea, artrosis, quistes, alopecia sifilítica, acrocordones, xantelasmas...). Como ya había hecho Caravaggio, el pintor tomaba personajes del pueblo como modelo para sus cuadros y su acendrado realismo permite encontrar en ellos todo tipo de procesos patológicos.

Este cuadro representa a un caballero vestido de oscuro con gola o gorguera (cuello grande de encaje), según la moda de la época. Precisamente por este detalle, podemos establecer que el cuadro se pintó con anterioridad a 1623, año en el que Felipe IV proscribió este atuendo, dentro de las disposiciones para regular el exceso de lujo. El cuadro suele atribuírse a Velázquez, aunque algunos autores ponen en duda su autoría.

El planteamiento del cuadro corresponde a un retrato convencional, en el que aparece el busto de un varón mirando de frente sobre un fondo neutro. Algunos toques de luz, con los que repasa el retrato una vez acabado, por ejemplo en la punta de la nariz, es un rasgo característico del estilo de Velázquez, que se repite en diversas obras. 

Es una creencia bastante extendida que el personaje retratado era Francisco Pacheco, maestro y suegro de Velázquez. En 1611 Velázquez entró como aprendiz en el taller de Pacheco y en 1618 se casó con su hija Juana.


Detalle del cuadro donde se entrevé la
presencia de un xantelasma palpebral
En todo caso, en este retrato se pueden distinguir algunos rasgos patológicos, como el xantelasma que ocupa la parte interior del párpado superior derecho, o la lesión cónica que puede verse en la parte superior del pabellón auricular derecho, que en nuestra opinión puede corresponder a un cuerno cutáneo.

Los xantelasmas son placas amarillentas, levemente prominentes, que suelen localizarse en los párpados. Con frecuencia se pueden ver en personas con cierta predisposición familiar y en ocasiones se asocian con trastornos del metabolismo de los lípidos y del colesterol.


Sobre el pabellón auricular, puede observarse el cuerno cutáneo.
En el arco zigomático, la placa de comedones que insinúa una
elastoidosis a quistes y comedones de Favre y Racouchaut. 
Conocemos como cuerno cutáneo a una lesión queratósica de forma puntiaguda (de ahí su nombre) que puede verse en las zonas habitualmente descubiertas que están expuestas con frecuencia a la irradiación solar. Es frecuente su aparición en pabellones auriculares. En la mayoría de casos se trata de una lesión precancerosa, que es recomendable extirpar.

En este sentido, hay que señalar que en el retrato aparece una placa oscura, constituída por multitud de puntos negros en la parte inferior externa de la zona periorbitaria, ya en la zona malar. Esto pudiera representar la presencia de una zona de elastoidosis a quistes y comedones de Favre y Racouchaut, otro transtorno de fotoenvejecimiento, lo que corroboraría la alta exposición solar a la que fue sometida la piel del personaje.


Bibliografía


Schüller Pérez, A. La patología en la pintura de Velázquez. Tf editores. Alcobendas, 2002. 

Castillo Ojugas, A. Una visita médica al Museo del Prado. Madrid, 1998


viernes, 27 de octubre de 2017

Las escamas del demonio





Demonio entre dos angelotes

Capitel de piedra caliza
Girola de la Catedral de Burgos.  



La figura del diablo concentra todos los símbolos peyorativos de para expresar la idea del mal y del rechazo que éste debe provocar. No es raro presentarlo con el cuerpo velludo, ya que hemos visto que la vellosidad corporal abundante es en la iconografía un elemento que suele acompañar a los personajes malvados. 

Pero el que hoy comentaremos tiene otros signos, igualmente repulsivos, aunque algo diferentes de las representaciones habituales. 

Se trata de un diablo presente en un capitel de la girola de la catedral de Burgos. De entrada, aparece rodeado de dos putti o angelotes, desnudos y bastante rollizos, como generalmente aparecen estos personajes. Sostienen al diablo por las alas como a una presa, como si le hubieran dado caza. 

El diablo aparece con mirada desafiante, amplios mostachos que le caen a los lados de la boca y un solo cuerno en la frente, cosa poco habitual, ya que en general se le representa con dos cuernos. Este aspecto unicornio le confiere un aire todavía más inquietante.   

Las alas, inmovilizadas por sus cazadores, son alas nerviadas y membranosas, similares a las de los murciélagos. Este aspecto iconográfico es frecuente en las representaciones demoníacas, en un intento de identificar el mundo infernal a las cavernas, a la oscuridad, a la noche y a sus criaturas. Una clara contraposición a la luz del Paraíso, a la luz divina de Cristo: "Ego sum lux mundi". 

El demonio aparece con el pene en erección, expresando así uno de sus pecados preferidos, la lujuria. El artista, tal vez preocupado por la censura inquisitorial, intenta minimizar el miembro eréctil, que casi queda en una sutil insinuación. 

Lo más interesante son las piernas. En la rodilla derecha se dibuja un ojo, como expresión de que el diablo, como Dios, todo lo ve. Es una imagen que tiene algunos atisbos de símbolo masónico, aunque encuentra un claro precedente en las alas llenas de ojos de los serafines románicos. También en este caso, ángeles y demonios tienen la visión absoluta, tanto del mundo visible como las escondidas pasiones que luchan en el corazón de los hombres.

La pierna izquierda, en cambio es totalmente asimétrica. La simetría es una característica de los seres perfectos, o sea que representar al diablo como asimétrico tiene su razón de ser. La extremidad está recubierta no de pelo, sino de escamas y el pie aparece palmeado como el de las aves acuáticas. Me llamaron la atención las escamas  del maligno, probablemente referente a un reptil (¿serpiente?) o animal marino (atendiendo al pie palmeado). Esta presencia de escamas demoníacas podría haber agravado todavía más el rechazo social de ciertas enfermedades descamativas (ictiosis, psoriasis...). Por cierto que algunas de estas enfermedades a veces suponen una auténtica tortura infernal. 

En todo caso, el demonio de Burgos presenta unos atributos originales que merecen una detenida reflexión. 

jueves, 30 de marzo de 2017

Cuestión de cuernos






Júpiter Amón
(s. I d.C.)

Clippeus del recinto de culto imperial
Mármol esculpido. 120 cm de diámetro
   Museu Arqueològic. Tarragona





Este clippeus o medallón monumental formaba parte del recinto de culto imperial de la Tarraco romana. En él se representa a Júpiter con su habitual barba. Sobre la frente se pueden ver los cuernos de carnero característicos del dios egipcio Amón, cuyo culto se había difundido por el Mediterráneo. Se trata pues, de un sincretismo, de la representación mixta de ambas divinidades en una sola. 

Ramsés II entre Amón y la diosa Mut.
Obsérvense que la diosa ostenta unos
largos cuernos como atributo.
Museo Egipcio. Turín
.  
La representación de figuras humanas con cuernos es antiquísima. Probablemente se asociaba con la fuerza y a la fertilidad, asociada al toro o al carnero. Así, aparece ya en algunas pinturas rupestres, vinculadas a ritos de reproducción o de caza. Frecuentemente se asociaba a la divinidad: las divinidades mesopotámicas tenían el atributo de los cuernos para que se les pudiese reconocer como dioses en las representaciones gráficas, y muchos dioses egipcios tenían cuernos, como hemos visto que sucedía con Amón. En la mitología clásica se asociaban al dios Pan y a su cortejo de faunos. Los pueblos nórdicos los usaban en sus cascos como signos de la virilidad que asociaban al toro. Y podríamos seguir. 





Frontal de S. Martin de Gia (s. XIII). MNAC. Barcelona






















Con la llegada del cristianismo las figuras humanas dotadas de cuernos son vistas como señal de idolatría, ya que eran el distintivo de muchos dioses paganos. Por eso desaparecen de las representaciones divinas y aparecen como el signo del mal, pasando a representar al demonio. Además este atributo bestial cuadra muy bien con el maligno, que se dota también otros elementos animales: pezuñas, rabo, orejas puntiagudas, abundante pilosidad corporal... La iconografía medieval del diablo está claramente inspirada en los faunos y sátiros paganos, y desde ahí pasa al imaginario popular, que persiste hasta hoy. 



La cabeza del Moisés de Miguel Ángel luce unos
curiosos cuernos. S. Pietro in Vincoli. Roma. 

Tal vez la única figura sagrada cristiana que aparece con cuernos es Moisés. El motivo de esta curiosa iconografía se debe buscar en un error de traducción de San Jerónimo. Según la Biblia, la cabeza de Moisés desprendía dos haces luminosos al bajar del Sinaí. San Jerónimo lo tradujo como "dos astas de luz" y esto originó que se le represente muchas veces con cuernos, más o menos iluminados, en las pinturas. Como en las esculturas era más difícil de representar, a veces se le ponían unos cuernos a secas. Como en la famosa escultura de Miguel Angel, en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma. 


Grabado satírico francés (1815)


Los cuernos se han atribuido también a los maridos de una mujer adúltera. No está clara la procedencia de este atributo, aunque es un simbolismo muy vivo en el imaginario popular.  

Hay quien sostiene que la expresión “poner los cuernos” podría tener su origen en el abusivo Ius primae noctis o ‘derecho de pernada’ del señor feudal a tener relaciones sexuales con la mujer recién casada de un siervo suyo. Sea como fuere, en el Diccionario de la Real Academia encontramos definida la palabra "cornudo" como:
"Dicho de una personaespecialmente de un marido: Que es objeto de infidelidad por parte de su pareja"    
y "cabrón" como: 
"Dicho de un hombreQue padece la infidelidad de su mujery en especial si la consiente".

En la vida real, la cabeza humana no presenta cuernos. Estos apéndices córneos son propios de algunos mamíferos, especialmente de los herbívoros, que los usan como elemento defensivo. Su representación en los humanos es pues una cuestión exclusivamente simbólica, para evocar algunas cualidades de estos animales. 




    Cuerno cutáneo. Moldeado de cera del s. XIX.             
Hospital de Saint-Louis. París. 
Sin embargo, podemos encontrar cuernos en algunas patologías. Especialmente en los casos de queratosis actínicas hiperqueratósicas. En esta enfermedad, la capa córnea puede proliferar tanto que protruye al exterior en forma cónica, dando lugar a excrecencias duras que remedan los cuernos. De hecho se les conoce con el nombre de "cuernos cutáneos". 

En algunas ocasiones, los cuernos cutáneos pueden ser muy grandes e incluso incurvarse sobre sí mismos. Cuando la base del cuerno cutáneo aparece infiltrada es sugestiva de su transformación en un carcinoma espinocelular que si no se extirpa a tiempo  puede poner en riesgo la vida del enfermo.