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lunes, 18 de junio de 2018

Onicomicosis en un cuadro de Lucien Freud






Lucien Freud

Gran interior W11 
(según Watteau) 
(1981-1983)

Óleo sobre lienzo
Colección privada 



Lucien Freud (1922-2011) fue uno de los artistas más influyentes de su generación. Era nieto de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, y fue conocido principalmente por sus retratos y figuras, realizados de forma descarnada y con una gran profundidad, en los que efectúa un notable estudio psicológico de sus personajes. Autor de muchos autorretratos, también retrató repetidamente a su familia y amigos cercanos, tanto de la clase obrera como aristócratas o mecenas. En todos ellos, parte de una gran influencia expresionista y muestra de forma descarnada sus tragedias interiores, su soledad o su hastío. 


El cuadro de Watteau, Pierrrot contento, que inspìró a Lucien Freud.





























En esta obra, Gran interior W11, Freud realiza un retrato de familia, a partir de un cuadro clásico de la historia del arte, obra de Jean-Antoine Watteau (1684-1721), titulado Pierrot contento, que muestra una escena galante típica del rococó protagonizada por cinco figuras de la Commedia dell'ArteEn él hay diversos personajes alineados y sentados frontalmente ante el espectador, en una escena exterior, campestre. Una de las mujeres está tañendo un instrumento musical. Las figuras del cuadro de Freud están pintadas a tamaño natural, pero el modelo de Watteau en el que está basada esta composición es un cuadrito de treinta y pocos centímetros de ancho. El aspecto modosito de los personajes del cuadrito de Watteau es pura fachada. La estatua del dios Pan que se entrevé al fondo es una referencia a la sexualidad desenfrenada y nos avisa de que no es solamente lo que parece a primera vista. De hecho hay un juego de flirteo disimulado entre los personajes del grupo. 

Cuando Lucien Freud pintó esta obra, el pequeño cuadrito de Watteau ya formaba parte de la colección Thyssen-Bornemisza. De hecho Lucien Freud lo tomó como referente, ya que un fragmento aparece también como fondo al retrato que realizó al Barón von Thyssen (1981-1982). 

Lucien Freud: Retrato del Barón von Thyssen.
Tras la cabeza del barón aparece un fragmento del cuadro de Watteau. 

Freud aprovecha para retratar a algunos de sus familiares. De hecho, con su agitada vida sexual tenía donde escoger: 14 hijos reconocidos de 6 mujeres distintas. Elige para el retrato el estudio que tenía en Notting Hill (de hecho, W11 es el distrito postal de este barrio londinense). 

La mujer de la izquierda es la pintora Celia Paul, discípula y amante de Freud, que está sentada en la misma postura que el hombre de rosa del cuadro de Watteau. A continuación podemos ver a Bella Freud, una de las hijas del artista, tocando una mandolina y vestida con los mismos colores que Colombina. Al igual que sucede en el cuadro de Watteau, es el único personaje que mira directamente al espectador. El chico del centro, vestido de amarillo pálido igual que Pierrot, es Kai Boyt, y la mujer que se sienta a su lado con un abanico negro es su madre Susy Boyt, antigua amante de Freud. Freud tuvo cuatro hijos con Susy Boyt y aunque Kai era hijo de una relación anterior, el pintor siempre le consideró como un hijastro (donde comen catorce, comen quince). La niña tumbada del suelo tendría que haber sido una de las nietas del pintor, pero al final no pudo ser y tuvo que conformarse con una sustituta.


Foto de Lucien Freud haciendo el pino junnto a su hija Bella. La foto fue realizada 
en el estudio que aparece en el cuadro Large interior W11 (after Watteau)

Freud retoma la composición de Watteau, (que es una escena campestre, exterior) y la lleva a este interior, una habitación desolada y triste. La exhuberante vegetación que refleja Watteau en su pintura ha quedado irónicamente reducida a una planta de interior. En la parte posterior un lavabo, descuidado, que deja ver sus cañerías. 


Los personajes están sentados en una composición similar al cuadro rococó. Los personajes miran al frente desorientados, con una mirada vacía, que demuestra su inmensa soledad. El resultado es una pintura que encoge el corazón al comprender la tragedia que encierra. La soledad en compañía, el gran mal de muchas de las grandes urbes del s. XX, y de un grupo familiar que comparte pocas cosas. 

Detalle de uno de los personajes del cuadro de Lucien Freud

Sin embargo, no todos entendieron la intención del artista. Cuando Large Interior W11 (after Watteau) se presentó en Agnew's en 1983, más de un crítico lo consideró un estudio de gente bohemia que vive en la miseria. El crítico Terence Mellaly escribió en The Telegraph: 
"Una habitación sórdida ... paredes peladas, un fregadero desagradable y el tipo de fontanería demasiado visible que los ingleses son propensos a aceptar" (...) 
"Lucian Freud siempre me ha parecido excesivamente sobrevalorado y esta imagen confirma mi opinión ".
Sin embargo, Freud no se dejó influir por esta crítica. Siguió con sus retratos psicológicos crueles y despiadados. Su manera de entender el realismo marcó considerablemente el arte de la segunda mitad del s. XX. 


La uña del dedo gordo muestra signos de micosis.







Además de su indudable maestría artística y de su profundidad psicológica, en Large Interior W11 (after Watteau) encontramos detalles que nos han llamado la atención desde el punto de vista de la observación médica. En una reciente visita al Kunsthistorische Museum de Viena, donde se exhibía esta obra, mi compañera, la dermatóloga Mercedes Cerdeira me llamó la atención sobre un detalle del cuadro. Dos personajes (Celia Paul y Kai Boyt) tienen los pies descalzos y muestran unas uñas con signos de micosis, probablemente una tinea pedis. La uñas de los dedos gordos aparecen deslucidas, deformadas, incluso con una leve descamación en su borde libre. El detalle no es baladí. Forma parte del ambiente sórdido y descuidado que quiere relatar el artista. La falta de higiene y de cuidado médico complementa a la perfección su discurso. 











Aunque menos evidente, la uña del dedo gordo de Celia Paul muestra una clara deformación y deslucimiento, lo que es compatible con una tinea pedis.  

Bibliografía

Feaver W: Lucien Freud: Reflections of the artist. The Guardian 02.02.2012
https://www.theguardian.com/artanddesign/2012/feb/02/lucian-freud-artist

Fernández Villaverde M. Lucian Freud y su remake de Watteau (Gran interior W11). Harte con hache.
 http://www.harteconhache.com/2014/01/lucien-freud-y-su-remake-de-watteau.html


domingo, 2 de abril de 2017

Una uña alterada









Gabriel Zehender

Retrato de un matrimonio
(1525)

Oleo sobre tabla
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. 



Gabriel Zahender fue un pintor y grabador alemán originario de Gross Mausdorf (actualmente Myszewo, en la Pomerania polaca). Poco sabemos de su vida, apenas que estuvo activo en Basilea a partir de 1527, consiguiendo la ciudadanía y formando parte del gremio de pintores. Terminó huyendo de esta ciudad, al ser embargados los bienes de su esposa (1534). En la última referencia documental sobre él se le cita como fugitivo. 

Su única obra al óleo que se conserva es este Retrato de un matrimonio, firmada con el monograma GZ bajo la fecha (por lo que también se le conoce como monogramista GZ). 

La pareja se presenta ante un fondo rojo, en actitud seria y algo hierática. La mujer aparece con mirada perdida, inexpresiva, mientras que en el rostro del hombre se observa una cierta preocupación.


Una uña alterada

El esposo se sujeta con la mano el cuello de piel del manto, con el dedo pulgar alzado. Esta postura permite ver que la uña de su dedo aparece de color oscuro. No se observa inflamación circundante. Es difícil saber que proceso puede presentar, ya que puede tratarse de un simple traumatismo que haya ocasionado una hemorragia subungueal. También podría tratarse de una onicomicosis, que en ocasiones puede tomar esta coloración. La coloración más clara y algo difuminada de la parte distal podría recordar alguno de estos casos. La posibilidad de la aparición de un melanoma subungueal (panadizo de Hutchinson) es mucho más remota, aunque puede plantearse como diagnóstico diferencial. 



miércoles, 24 de agosto de 2016

De los zapatos viejos al pie de atleta.





Vincent Van Gogh

 Zapatos viejos con cordones
(1886)

Óleo sobre lienzo. 37,5 x 45 cm.
Museo Van Gogh. Amsterdam.  



Son unos zapatos viejos abandonados. Los lazos están desabrochados, medio salidos de sus orificios, pero según Derrida, esbozan un nudo, casi como una trampa vacía, preparada para atrapar algo. El lazo se sitúa casi donde suele ir la firma, mientras que la firma del artista se encuentra desplazada arriba a la izquierda. 

Los lazos son casi una trampa, tendida a los espectadores. A los que creen - equivocadamente - que se trata de un par de zapatos. Porque los dos zapatos están además, desparejados. Parecen ser ambos del pie izquierdo. Uno más alto que el otro. ¿Tal vez un símbolo de los hermanos Van Gogh, que se parecían aunque no eran iguales? ¿O una velada alusión a un matrimonio desigual?. 

Los viejos zapatos reposan en un fondo pardo, pero este fondo no es tampoco un suelo. No es nada fijo y estable, y las botas parece que floten contra este fondo inmaterial y mísero. Una técnica que ya había utilizado Velázquez cuando pintó al Bufón Don Pablos o Pablo de Valladolid (Museo del Prado) o Édouard Manet en El pífano (Musée d'Orsay). Un recurso que pone en valor al personaje (o en este caso al objeto) separándolo completamente del entorno. Solamente el protagonista de la pintura y en todo caso, el esbozo de su sombra, sin más.

Heidegger, en su obra El origen de la obra de arte, comenta que en este cuadro nos encontramos con tres posibles visiones: 
1) la desnudez del objeto, desprovista de utilidad alguna 
2) los zapatos como producto, que tal vez fueron en su día útiles a una campesina
3) la obra de arte.  

La cosa exhibe su desnudez: es lo que queda cuando se deshecha algo que sirvió, pero ya no sirve. Su inutilidad es total, absoluta. Se han desvestido de su función y ya no son más que un cadàver, algo que fue pero ya no es. 

El producto, en pasado, sirvió a una campesina. Es curioso como Heidegger da por supuesto que fue el calzado de una mujer y no un hombre, cuando no hay nada que indique si perteneció a una mujer o a un hombre. O tal vez uno es de hombre y otro de mujer. En todo caso, si todavía le damos el nombre de zapatos es por su antigua función, que ya no cumplen.


Van Gogh pintó repetidamente zapatos viejos

Pero Heidegger no habla del objeto ni de su función. Habla del cuadro. Habla de una obra de arte. De algo bello dentro de su aparente miseria y fealdad. Lo que realmente queda es la pintura. Todo lo demás - objeto, función - ya ha desaparecido.

Algunos historiadores creen que Van Gogh encontró estos zapatos viejos en el Marché aux puces (rastro) de París y se los llevó a su estudio. Al parecer no le fueron bien, y decidió usarlos como modelo para pintar una Naturaleza muerta. El resultado fue uno de los más célebres cuadros de la Historia del Arte. 

El viejo dermatólogo piensa en todo esto cuando contempla, arrobado, esta pintura. Y no puede evitar recordar los viejos zapatos que a veces ha visto en su consulta. Muchas veces asociados a pies con micosis, con tiñas interdigitales o a onicomicosis. Al famoso pie de atleta. Por cierto, lo de atleta poco o nada tiene que ver con el deporte. Este nombre se lo puso un médico norteamericano, el Dr. Charles Pebst (1888-1971) del Greenpoint Hospital de Nueva York. Pebst  vió un gran número de casos de micosis en los pies de los "hombres-anuncio", muy habituales en aquel tiempo en Nueva York y que eran conocidos con el nombre de "atletas". Estos personajes se paseaban por toda la ciudad con una doble pancarta publicitaria que llevaban colgada sobre su pecho y espalda, a modo de sandwich. Su jornada laboral era larga y durante la misma recorrían grandes distancias con la finalidad de hacer omnipresente su mensaje publicitario. Iban calzados con botas resistentes para tan grandes caminatas, que debían además protegerles del frío y de la metereología adversa, en muchas ocasiones. Este calzado y estas condiciones de trabajo suponían un excelente medio para el desarrollo de los hongos. A estas micosis de los pies, Pebst les empezó a llamar "pies de atleta", refiriéndose a los atletas publicitarios. El nombre ha hecho fortuna, pero ya nadie se acuerda de aquellos "atletas" que paseaban sus anuncios y actualmente se suele relacionar el apelativo con los deportistas. 

El dermatólogo recuerda que en estos casos no sólo los pies deben ser tratados, sino que a veces, también los zapatos. O bien deben de ser deshechados, como los de la pintura de Van Gogh. Una visión más - la del calzado también enfermo - que viene a añadirse a las diversas formas de mirar un cuadro. 


Bibliografía

Derrida J. La verité en peinture. Édition Flammarion. Paris, 1978

Heidegger. El origen de la obra de arte. Fondo de Cultura Económica, México, 1973


Crissey JT, Parrish LC. The Dermatology and Syphilology in the Nineteenth Century. Praeger. New York, 1981. 

Sierra X. Historia de las micosis cutáneas. Mra creación y realización editorial. Barcelona, 2004


Jansen L, Blühm A, Batchen G. What of Shoes? Looking at Van Gogh’s Shoes. 2009. 





sábado, 11 de abril de 2015

El callista en los baños, de Malévich







 Kazimir Malévich
(1878 - 1935) 

El callista en los baños 
(1910) 

Óleo sobre lienzo  
Stedelijk Museum, Amsterdam



Kazimir Severinovich Malevich (Казимир Северинович Малевич, Kiev 1878 - Leningrado 1935) fue el creador del suprematismo, uno de los movimientos artísticos de la vanguardia rusa del s. XX, que defendía la abstracción geométrica. 

En 1915 expuso su famoso Cuadrado negro, y publicó Del cubismo y el futurismo al suprematismo, en donde resumía su nueva teoría artística. A partir de aquí representa casi exclusivamente figuras geométricas - con predominio del cuadrado - sobre un fondo blanco.  


Tras la Revolución Rusa (1917) se convirtió en un miembro activo de los comités revolucionarios ocupando varios cargos docentes y publicando obras sobre teoría del arte. A partir de 1930 comenzó a tener problemas con las autoridades soviéticas por su relación con artistas alemanes (Bauhaus) y fue arrestado. En los últimos años de su vida regresó a la figuración, aunque se sospecha que siguió realizando obras suprematistas datándolas en años anteriores para evitar conflictos. 


En esta obra, de 1910, Malevich representa una escena poco común: un callista haciendo la pedicura en los baños. Ya Degas había representado un tema parecido, si bien a domicilio. 


Esta pintura me evoca el cuidado de los pies, tan importante en todos y especialmente en los diabéticos. Y en las condiciones patológicas frecuentes en los pies (hiperqueratosis, verrugas plantares, tinea pedis, onicomicosis...) que frecuentemente son advertidas por primera vez en el curso de estas sesiones de pedicura. 



Tate Shots: Malevich, First Look




Malevich at Tate Modern




sábado, 14 de marzo de 2015

Degas: El podólogo






 Edgar Degas

El podólogo 
(1873) 

Óleo sobre tela  61 x 46 cm 
Musée d'Orsay, Paris



Es ésta una obra representativa de la estancia de Edgar  Degas en New Orléans (de octubre 1872 a febrero de 1873), donde pasó cinco meses visitando a su familia materna. Envuelta en una atmósfera verdosa, una chica descansa en un sofá, con gesto relajado y paciente, una pierna extendida sobre una silla y con los pies desnudos. La chica era Joe Balfour De Gas, la hija de Estella fruto de su primer matrimonio. 

La escena nos traslada a la intimidad de un hogar. El aparador, el espejo, el jarro de agua o los cuadros de la pared nos trasladan a un escenario doméstico, cotidiano. A los pies de Joe, el podólogo realiza la pedicura. En el s. XIX el pedicuro o callista era una profesión paramédica que frecuentemente realizaba su trabajo a domicilio, en las familias burguesas. Sostiene un instrumento metálico en sus manos, a punto de incidir en la piel o en la uña de su paciente y parece concentrado en su labor. Tal vez ha encontrado alguna verruga, hiperqueratosis o onicomicosis, como a veces sucede. 

El tema es una anticipación de los cuadros que Degas dedicará a la toilette femenina. Como anticipación vemos la jofaina (abajo, a la derecha) en escorzo, planteamiento parecido al que aparecerá en algunas de sus obras posteriores.