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martes, 9 de julio de 2019

Miguel Ángel: La artrosis de un escultor






Jacopino del Conte 

Retrato de Michelangelo Buonarruoti

(1535) 


Óleo sobre tabla. 69,4 × 53 cm
Museo-Casa Buonarruoti. Florencia. 





Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), fue uno de los mayores exponentes del arte renacentista y autor de obras inolvidables como la Piedad del Vaticano, el Moisés o las pinturas de la capilla Sixtina. 

Escultor antes que pintor, Miguel Ángel sufrió una artrosis degenerativa en las manos, acelerada por el trabajo físico que supone esculpir continuamente la piedra, y que le causó dolores importantes. Hacia 1552 llegó a causarle graves problemas y a dificultar algunas actividades como esculpir o escribir con normalidad. 

Un grupo de reumatólogos e historiadores del arte se reunieron hace algunos años (2015) para estudiar las cartas y los escasos retratos que nos han llegado del artista. Las conclusiones de este estudio se publicaron en el número de enero del Journal of the Royal Society of Medicine (febrero 2016). 


Manos comparadas de los diferentes retratos de Miguel Ángel
(Tomado de Lazzeri y cols. 2016) 
A través de esta investigación documental llegaron a la conclusión que el artista padecía una artrosis a nivel de la articulación trapecio / metacarpiano, así como a nivel de la articulación metacarpo / falange, la articulación interfalángica del pulgar, la articulación metacarpo / falange y la articulación proximal interfalángica de los niveles del dedo índice desencadenada por el constante desgaste articular y óseo provocado por años de martillear y cincelar el mármol. 

Los primeros síntomas aparecen cuando el artista tenía 60 años, en 1535 (fecha del primer retrato) y que a los 77 años, en 1552, llegaron a ser bastante incapacitantes. En una carta a su sobrino declara: "... escribir me causa una gran incomodidad" (1552). En la base del primer dedo de la mano se puede observar un abultamiento, bastante característico de rizartrosis. 


La Piedad Rondanini, escultura en la que trabajaba
Miguel Ángel poco antes de morir.
A pesar de esta artrosis que cada vez limitaba más sus movimientos, el escultor se mantuvo activo y como pudo siguió trabajando hasta los 89 años. Los reumatólogos participantes en el estudio destacan el hecho de que probablemente, haber  mantenido una actividad regular le permitió conservar la funcionalidad de sus manos el mayor tiempo posible: Miguel Ángel padeció artrosis durante al menos 29 años, pero aún así pudo acabar diversas obras, entre ellas el fresco de la conversión de San Pablo, o la supervisión de las obras de la basílica de San Pedro en Roma. Poco antes de morir estaba trabajando en la Piedad Rondanini. Podemos decir pues que si bien su artrosis se precipitó por su trabajo de escultor, fue precisamente continuar esculpiendo lo que le posibilitó que sus movimientos no fueran totalmente menoscabados. 

Hasta ahora se creía que Miguel Ángel había padecido gota, ya que él mismo lo comentaba en una de sus cartas a su sobrino, Lionardo di Buonarroto Simoni, afirmando que la "artritis del tofo" le producía un "dolor cruel" en un pie. Aunque hay que decir que bajo el nombre de "gota" se agrupaban en aquel tiempo diversas enfermedades articulares, que actualmente diferenciamos. 


En el presunto retrato de Miguel Ángel de "La escuela de Atenas" de Rafael.
Las piernas hinchadas podrían revelar un edema por una nefropatía. 



Miguel Ángel también sufrió litiasis renal. En algunas de sus cartas describe los síntomas de la nefrolitiasis, con expulsión repetida de cálculos y una obstrucción aguda dramática. La sintomatología mejoró cuando el artista tomó diariamente agua mineral de Viterbo, por consejo del anatomista Matteo Realdo Colombo.  En el fresco de Rafael La Escuela de Atenas, en el Vaticano, Miguel Ángel sirvió de modelo para el personaje de Heráclito. Aparece con las rodillas y piernas hinchadas, lo que podría reflejar su problema renal.  


Pompeo di Giulio Caccini:
Retrato de Michelangelo Buonarroti (c. 1595)

Óleo sobre madera. Museo Casa Buonarroti, Florencia,
Como en otros muchos artistas de la época también se sospecha que Miguel Ángel pudo sufrir saturnismo (intoxicación crónica por plomo). El plomo provendría por una parte de los colores y solventes tóxicos usados en su pintura y que a veces goteaban en su cara. Pero hay que tener en cuenta que otra fuente de plomo era el vino, que solía almacenarse en contenedores de este metal. Miguel Ángel pasaba días enteros trabajando, en los que solamente tomaba pan y vino.  









Bibliografía

Espinel, CH. La gota de Miguel Ángel en un fresco de Rafael . 
Lancet 1999 ; 354: 2149 - 2151 . 

Hilloowala, R. Miguel Ángel: la anatomía y su implicación en su arte . 
Vesalio 2009 ; 15: 19 - 25 . 

Lazzeri D, Castello MF, Matucci-Cerinic M, Lippi D, Weisz GM. Artrosis en manos de Michelangelo Buonarroti. 
Rev Roy Soc Med 109; 180-183, 2016

Montes-Santiago J. El genio envenenado por el plomo: el saturnismo en artistas famosos a lo largo de cinco siglos .Prog Brain Res 2013 ; 203: 223 - 240 .

Ramsden EH. Las letras de Miguel Ángel. Vol. 2. Stanford, CA: Stanford University Press, 1963, pp. 153-211

jueves, 10 de enero de 2019

Isabel I Tudor (y IV): un maquillaje peligroso






Quentyn Metsys el Joven 

Retrato de Isabel I
(1583)

Óleo sobre tabla
Pinacoteca Nazionale. Siena. 



En entradas anteriores me he referido a los aspectos políticos y a la vida erótico-sentimental de la reina Isabel I Tudor. Me referiré hoy a un aspecto de gran interés como son los hábitos cosméticos de la soberana. 

Se me puede decir que las costumbres cosméticas de la reina virgen no tienen un gran interés. O no más que el de otros personajes de la aristocracia de su tiempo. Pero el caso de Isabel merece un comentario detallado. 


Isabel llevaba siempre puesto este anillo,
que contenía un retrato oculto
de su madre, Ana Bolena
Ya hemos visto que Isabel era una reina muy presumida. Llevaba una gran profusión de joyas, engarzadas en el pelo sobre el vestido, y sobre todo un sinfín de anillos que le gustaban mucho. Tenía especial afecto por el anillo de la coronación, en el que estaba oculto un retrato de su madre, Ana Bolena, y que nunca se quitó durante 44 años. Dicen que tuvieron que serrarlo porque hacía tantos años que lo llevaba que le era imposible sacarlo. Los vestidos de la reina eran espectaculares, aparatosos y suntuosos hasta límites difíciles de explicar.  


En concordancia, Isabel cuidaba también mucho su aspecto personal. Como era moda en las damas de su época, se rasuraba la línea frontal de implantación del pelo, mostrando así una frente despejada y ancha rasgo que era considerado de gran belleza. Algunos autores con cierta impericia confunden esta moda con una alopecia de la línea frontal, pero no hay que cometer este error. El rasurado frontal era un hábito frecuente entre la aristocracia. También se procedía a la depilación total de cejas. 



 Nicolas Hilliard: El llamado "retrato del pelícano".
Se refiere a que como los pelícanos, que alimentan a sus crías con su sangre
Isabel criaba con su propia sangre a la Iglesia de Inglaterra


El aspecto más importante era el maquillaje. Los maquillajes eran en la época de bastante precio, tanto o más suntuario que las joyas, y maquillarse era un indudable signo de distinción. Isabel no aparecía nunca en público sin maquillar. Pelirroja como su padre, Isabel tenía la piel blanca, con un fototipo muy bajo. Pero ella quería acentuar más todavía este aspecto. La piel blanca en una dama era muy bien valorada en la época, y sinónimo de belleza. Además la blancura inmaculada de su piel le daba un aire teatral, casi sobrenatural, y también tenía un gran simbolismo: el blanco es sinónimo de virginidad y por lo tanto la reina virgen tenía que ser de una blancura superlativa. 

El maquillaje que se aplicaba la reina era conocido como cerusa de Venecia o albayalde (de la voz árabe al-bayád: la  blancura). Estaba compuesto básicamente por carbonato de plomo tratado con vinagre, al que se añadía clara de huevo para permitir que se adhiriera bien a la piel. En ocasiones, también llevaba trazas de arsénico. Los alquimistas consideraban que el plomo estaba bajo la protección de Saturno (de ahí que todavía hoy a la intoxicación por plomo la conozcamos como "saturnismo") y esto justifica que este maquillaje también se llamara "espíritu de Saturno" o "polvos de Saturno". 




Los maquillajes a base de plomo no eran nuevos. El albayalde ya había sido usado por las mujeres romanas. En el s. XVI vuelve a introducirse en cosmética, siendo muy popular hasta el s. XIX. Una práctica bastante temeraria, ya que el producto tiene una elevada toxicidad. 

Isabel usaba el albayalde con gran prodigalidad. Su cara estaba llena de hoyos cicatriciales, recuerdo de una viruela de la que, si bien había podido sobrevivir, le había dejado huellas indelebles en su piel, un gran número de cicatrices profundas. La reina se aplicaba el maquillaje en capa gruesa, en toda la cara, en la frente depilada, en el cuello, en el escote... La gruesa capa de cerusa no solamente ocultaba las indiscretas cicatrices varioliformes, sino que era también útil para esconder las incipientes arrugas. La reina se ponía la el maquillaje con prodigalidad, sin desprender siquiera la capa anterior, y al final su cara era una máscara de albayalde, inexpresiva, hierática, pero eso sí, de un blanco radiante, casi de porcelana y por supuesto, sin rastro de cicatrices ni de arrugas. 

Además de la cerusa veneciana, Isabel usaba también una sombra de ojos de kohol. El kohol (ya usado en tiempos del Antiguo Egipto) es un polvo de galena triturada (y por lo tanto con más sales de plomo). Para dar color a los labios o a las mejillas usaba carmín, que se obtenía de cera de abejas y de jugos de algunos vegetales, como amapolas, por ejemplo. Una novedad del momento que también usaba Isabel era el carmín elaborado con los élitros de las cochinillas de los cactus, procedente de las Indias, y que tenía un alto precio. Era mucho más intenso y brillante que los de origen vegetal. También era muy caro y aparecer maquillada de este modo era tan suntuoso como llevar joyas: una clara declaración de status social. A veces Isabel también se aplicaba estos toques rojizos en la nariz. 


Retrato de Isabel I pintado después de 1620.
Es un retrato alegórico en el que aparece con semblante preocupado. 

La alegoría del sueño està a su  derecha y la de la muerte a su  izquierda.
Dos putti sostienen la corona sobre su cabeza.  
































Porque una de las obsesiones de Isabel era luchar contra el paso del tiempo. Mantenerse eternamente joven. Una obsesión que comparten muchas mujeres de nuestro tiempo, ignorando que el tiempo no se detiene jamás. 

El uso y abuso de maquillajes de plomo terminó por mostrar los signos de su toxicidad: despigmentaciones irregulares de la piel, caída de cabellos, alteraciones dentales... Signos incipientes de un saturnismo larvado. 

A Isabel se le alteraban los dientes. Los tenía ennegrecidos. El plomo se acumulaba en sus encías formando el ribete grisáceo conocido como ribete de Burton, signo claro de saturnismo. Pero no solo eso. La soberana era muy golosa y consumía grandes cantidades de azúcar, lo que contribuía a las abundantes caries dentales que padecía. Tuvieron que extraerle varias piezas, aunque nunca accedió a que le arrancaran los incisivos. Cuando sonreía mostraba unos dientes medio consumidos, negruzcos. Para disimular dispuso que todas las damas de la corte se pintaran los dientes de color negro. Así ya no era la única con la boca deteriorada. 

No sabemos a ciencia cierta cual fue la causa de la muerte de Isabel I. Pero la aplicación continuada de sales de plomo en amplias zonas de la piel hace sospechar que pudo tratarse de una intoxicación. La intoxicación crónica por plomo se conoce como saturnismo. Produce anemia y disminución del nivel de consciencia, alteraciones mentales, palidez grisácea de la piel y malestar general. En las encías aparece una línea grisácea que se conoce como ribete de Burton y que se produce al reaccionar el plomo eliminado por la saliva con restos de alimentos.  

Isabel dispuso que no se la embalsamara tras su muerte, contrariamente a la costumbre, que obligaba a tratar así los cuerpos de los monarcas. Tal vez no quería que durante el proceso se examinara su cuerpo y pudieran hallar en su cuerpo alguna cuestión que pusiera en entredicho su legendaria virginidad. O tal vez no quería que nadie la viera sin su eterno maquillaje blanco.



Cortejo fúnebre de Isabel I de Inglaterra


Isabel I de Inglaterra:

I. La reina virgen 

II. Las razones de la virginidad

III. Virgen, pero con amantes

IV. Un maquillaje peligroso 




miércoles, 26 de septiembre de 2018

Caravaggio (II): asesinado por un estafilococo





Ottavio Leoni

Retrato de Caravaggio
(1621)

Dibujo al carboncillo negro y pastel 
sobre papel azul

Biblioteca Marucelliana
Accademia Colombaria. Florencia.



En una entrada anterior comentábamos sucintamente la vida y obra de Michelangelo Merisi, llamado Caravaggio (1573-1610) uno de los más destacados representantes del naturalismo barroco del s.XVII y también un conocido bribón que se peleaba constantemente a navajazos por las calles. Entre los múltiples incidentes de los que tenemos conocimiento podemos destacar, por ejemplo, que fue arrestado por llevar una espada sin permiso (4 mayo 1598); demandado por golpear a un hombre con un bastón (1600); acusado por insultar y atacar a otro hombre con una espada (1601); implicado en un asalto a un camarero tras servirle alcachofas en una taberna (1604); arrestado por arrojar piedras a un policía (1604), etc. 


Caravaggio: Descendimiento de la Cruz (detalle). Museos Vaticanos. 

Dejamos para hoy la consideración de las causas del deceso del pintor y espadachín. Hasta ahora lo único que se sabía a ciencia cierta era que Caravaggio había muerto inesperadamente en el hospital de Porto Ercole, mientras se dirigía a Roma tras haber obtenido el perdón por el asesinato de Renuccio Tomassoni, un conocido proxeneta, cometido en 1606 en la zona de Campo Marzio, en Roma. El suceso había comenzado con una discusión por un partido de pallacorda (una especie de tenis), aunque probablemente también estaba involucrada una mujer. El caso es que Tomassoni había herido al pintor. Caravaggio se vengó cercenándole el pene para así humillarlo en su ostentosa virilidad, mientras profería "una carcajada llena de ira". Pero al cortar la arteria, la hemorragia fue tan grande, que el macarra murió desangrado. Un homicidio que le valió el destierro de Roma para evitar la sentencia de condena a muerte que había promulgado el papa Paulo V. Por eso desde entonces, había vivido en Nápoles, Malta y Sicilia. 



Caravaggio: Judit y Holofernes.
Galleria Nazionale di Arte Antica. Palazzo Barberini. Roma. 

En julio de 1610 le había llegado un indulto personal del papa. Emprendió entonces el viaje de regreso, pero fue detenido en Porto Ercole, probablemente por haberlo confundido con otro. El caso es que el barco en el que viajaba zarpó hacia Roma sin él. 

Caravaggio estaba débil y tenía mala salud. Hacía años que padecía malaria. Y saturnismo, a causa del plomo de sus pinturas, con las que no iba con demasiado cuidado ni mucha higiene (incluso llegaba a comer encima de sus lienzos). Probablemente también estaba afecto de sífilis, enfermedad muy común en la época y muy extendida entre los que recurrían con frecuencia a la compañía de prostitutas como era su caso. Y continuaba con riñas continuas, saldadas con todo tipo de heridas. 

Lo cierto es que ingresó en el hospital de Porto Ercole, donde falleció poco después. Los españoles, que entonces  ocupaban la zona, lo enterraron rápidamente y sin mucho ruido, 
en el cementerio de San Sebastián de Porto Ercole, para poder quedarse con algunos cuadros que llevaba consigo.  


Caravaggio: El prendimiento de Cristo

Hasta ahora, las causas de su muerte no quedaban del todo claras, aunque se barajaban las enfermedades que ya hemos aludido. Y también la de una posible insolación, porque había permanecido abandonado en la playa de la localidad durante muchas horas, en un desesperado intento de encontrar un barco que le llevara a su destino, Roma. La hipótesis más aceptada era la del paludismo, que fue defendida por los antropólogos de la Universidad de Bolonia en un estudio publicado en 2010.

Sin embargo, un reciente estudio llevado a cabo por un equipo de científicos franceses e italianos del Institut IHU Méditerranée Infection de Marsella, que ha sido publicado hace pocos días por la revista Lancet Infectious (20 septiembre de 2018) cambia completamente el estado de la cuestión. 

En primer lugar, los científicos hicieron una cuidadosa investigación para hallar el esqueleto del pintor, cosa no del todo sencilla, ya que en el cementerio no había ninguna lápida o epitafio que permitiera su identificación. Buscaron los esqueletos de todos los varones de 165 cm de altura y que hubieran fallecido hacia los 35-40 años. Seleccionaron así nueve esqueletos, de los que solamente uno era de principios del s. XVII, según los datos obtenidos con el Carbono 14. Era un esqueleto con gran cantidad de plomo, lo que coincidía con el conocido saturnismo que presentaba el pintor. Además realizaron una comparación genética con los habitantes actuales de Porto Ercole que llevan el apellido Merisi o Merisio -considerados como posibles descendientes del pintor- lo que confirmó con una alta probabilidad las sospechas de los investigadores. 


Dientes de Caravaggio que sirvieron para el estudio palepopatológico. 

El análisis de la pulpa dentaria de incisivos y caninos de este esqueleto permitió comprobar la presencia de una enfermedad infecciosa. Pero se descartó la presencia de brucelosis, sífilis, tifus o paludismo, por lo que se deben desestimar las posibilidades de que falleciera por estas infecciones. Un solo agente infeccioso pudo demostrarse: Staphylococcus aureus, una bacteria patógena que todavía hoy causa numerosos problemas en los hospitales. La hipótesis de los investigadores es que la enfermedad probablemente comenzó por la sobreinfección de una herida de espada o de otra arma blanca que el pendenciero artista habría sufrido recientemente en una de sus habituales reyertas, lo que originó una  septicemia por estafilococos que acabó con su vida. El asesino callejero terminó asesinado por una bacteria. 



Bibliografía

Becerril V. El misterio de Caravaggio, al descubierto. ABC, 10.05.2016 
https://www.abc.es/20100616/cultura-arte/caravaggio-201006161707.html

Cervera C. El lado macarra de Caravaggio, el pintor asesino que murió en extrañas circunstancias. ABC Historia 31.10.2016 
https://www.abc.es/historia/abci-lado-macarra-caravaggio-pintor-asesino-murio-extranas-circunstancias-201610280411_noticia.html

Drancourt M, Barbieri R, Cilli E, Gruppioni G, Bazaj A, Cornaglia G, Raoult D. 
"Did Caravaggio die of Staphylococcus aureus sepsis?" The Lancet Infectious Disease. Published: 17-September-2018. doi: 10.1016/S1473-3099(18)30571-1

Jalinière,H. La mort du Caravage elucidée. Sciences et Avenir 20.09.2018 
https://www.sciencesetavenir.fr/sante/la-caravage-serait-mort-d-une-infection-au-staphylocoque_127728

jueves, 31 de marzo de 2016

A vueltas con la enfermedad de Van Gogh: Epilepsia, saturnismo y otras hipótesis

 




 Vincent Van Gogh

Jardín del hospital de Arles
(1889)

Óleo sobre lienzo

Colección Oskar Reinhart, Winterthur, Suiza (1)



Ayer comentábamos en este blog la porfiria aguda intermitente (PIA) como el posible diagnóstico de la enfermedad que sufrió Vincent van Gogh. Pero no ha sido éste el único diagnóstico propuesto, ya que existen otras muchas hipótesis. Revisaremos algunas de las más destacadas. 

a) Epilepsia. Uno de los diagnósticos que más frecuentemente se atribuyen a Van Gogh es el de epilepsia. En general, se acepta que la epilepsia tiene una incidencia anual de 50 casos / 100,000 habitantes y la prevalencia de la epilepsia activa se encuentra en el rango de 5 a 10/100,000 casos. 



Van Gogh. Jardín del Hospital de Arles (1889)
Van Gogh Museum, Amsterdam
En Mayo de 1889 Van Gogh ingresó voluntariamente en el sanatorio de Saint-Rémy de Mausole, donde se le diagnosticó y trató como un enfermo epiléptico. Durante su estancia en este hospital presenta varias recaídas y se produce el ataque de mayor gravedad. Tal vez la medicación que le suministraban pudo actuar como desencadenante. Sin embargo, su alimentación durante este periodo fue, si no muy buena, al menos algo mejor y más regular que antes de su ingreso. Al abandonar el hospital (Mayo de 1890) su aspecto físico había mejorado bastante, llegando a sorprender a su cuñada Jo, ya que la apariencia de Vincent era incluso mejor que la de su hermano Theo, que era cuatro años más joven que él.

La forma de epilepsia que se suele atribuir a Van Gogh es la epilepsia del lóbulo temporal. Los pacientes con epilepsia del lóbulo temporal pueden presentar múltiples alteraciones mentales (depresión, trastornos bipolares, episodios psicóticos agudos, alteraciones transitorias de la personalidad...) 



Van Gogh: Autorretrato como pintor (1888). Museo Van Gogh, Amsterdam (2)


Se ha descrito que los epilépticos del lóbulo temporal son esquizoides sin ser esquizofrénicos; no pierden el afecto, característica que corresponde al fenómeno esquizofreniforme. 

«Transcurro por la vida, y mi estado mental no sólo es, sino ha sido, abstracto, tanto que no creo que lo que han hecho por mí pueda regresar el balance perdido a mi vida. Cuando tengo que seguir reglas, como las de este hospicio, me siento tranquilo; lo mismo me sucede en el servicio. Por supuesto que aquí me arriesgo en demasía, lo que hace que los demás me rechacen, porque me saben enajenado y al menos epiléptico (he escuchado que hay 50,000 epilépticos en Francia, de los cuales han hospitalizado a 4,000, así que no es tan inusual...)» 




Van Gogh. Bodegón con absenta. 
b)  Intoxicación. No cabe duda que Van Gogh tenía una marcada tendencia a las adicciones. En París se aficionó al beber absenta, bebida de altísimo contenido alcohólico, muy de moda en los ambientes bohemios y artísticos y responsable de no pocos casos de alcoholismo. Además su adicción al alcohol, y a la ingesta inmoderada de absenta - un potente licor de alto grado alcohólico con una serie de hierbas también adictivas - está claramente relacionada con sus crisis psicóticas, además de producirle una xantopsia (visión amarilla) que evidentemente influyó en la gama cromática de su pintura. El mismo pintor era consciente de los efectos de la bebida en su salud: 


"Comprenderás ahora que el alcohol es una de las principales causas de mi locura, y que actúa muy despacio, y por eso yo también voy cayendo poco a poco, asumiéndolo, sin duda"


Pero también sufría de pica, una continua necesidad de ingerir cualquier cosa. Desde tragos de trementina al mordisqueo nervioso continuo de sus pinceles impregnados de pintura con plomo, cromo y otras sustancias tóxicas. La intoxicación crónica por plomo (saturnismo) aparece como una posible agravante (si no la causa) de su estado mental. 

c) Neurosífilis. Habida cuenta de los antecedesntes de enfermedades de transmisión sexual de Van Gogh, algunos autores, como Vallejo Nájera han atribuído su alteración mental a una neurosífilis. Efectivamente, la sífilis en fases avanzadas (sífilis terciaria) puede producir transtornos en el sistema nervioso central, como la parálisis general progresiva y otras alteraciones neuropsiquiátricas, entre las que puede haber crisis epilépticas, como en el caso de Maupassant. 

Van Gogh. El banco del parque de Saint-Rémy
c) Propensión genética Una de las hipótesis que hay que considerar, es que Vincent tuviera una cierta propensión genética a padecer patología psiquiátrica (ciertos antecedentes familiares de enfermedad mental, entre otros su hermano Theo). Entre los diagnósticos que se han apuntado citaremos las psicosis como la esquizofrenia o paranoia, o neurosis como estados depresivos o síndrome bipolar. Entre otros diagnósticos, también se ha apuntado una posible neurosífilis, habida cuenta de sus antecedentes de enfermedades de transmisión sexual. 

En definitiva, si a la patología psiquiátrica previa añadimos una nutrición inadecuada, y una continua exposición a tóxicos (alcohol, tabaco, metales pesados de las pinturas, digital que le era administrada como medicamento, pero que se hubiera acentuado por una nutrición ambientales (nutrición inadecuada, exposición excesiva al sol) y patológicos (enfermedades venéreas, tabaquismo, intoxicación por absenta o digitalina) - los cuales serían factores coadyuvantes - habría actuado una intoxicación crónica por plomo, que habría sido la causante última de sus síntomas somáticos (estomatitis, anemia, dolores abdominales, paresia motora de la mano) y psiquiátricos (irritabilidad, epilepsia, delirios, alucinaciones y estados crepusculares, trastornos del sueño, depresión y ulterior suicidio). El origen de esta intoxicación estaría en la ingestión repetida de pigmentos ricos en plomo, como el carbonato y, sobre todo, el cromato de plomo que Van Gogh usaba con profusión en sus característicos amarillos.


Van Gogh paintings in motion: