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miércoles, 26 de agosto de 2020

La alargada sombra de Hipócrates: etimología griega en Dermatología

Hipócrates - Wikipedia, la enciclopedia libre





Hipócrates
(s. II)  

Busto en piedra. 
Museo Pushkin. Moscú 


Hipócrates es el símbolo de la herencia griega de la Medicina. Su obra, el Corpus Hippocraticum marcó el inicio de la medicina científica. La influencia de la medicina hipocrática ha sido enorme y ha marcado el rumbo de esta ciencia durante siglos. 

No es de extrañar, pues que muchos de los vocablos médicos actuales deriven todavía de raíces etimológicas griegas. Y no solamente son voces antiguas, sino que en tiempos relativamente modernos cuando se acuñaba un neologismo médico se iba a buscar la palabra griega que lo definiera para crear la nueva voz.  Y también como hemos visto en otras entradas del blog, algunos mitos y divinidades griegas han dado nombre a diversas partes anatómicas del cuerpo humano.

La Dermatología, por ejemplo es la rama de la Medicina que estudia las enfermedades de la piel. Su nombre deriva del griego derm(ato)- δέρ-μα/-ματος que significa "piel" y logía -λογία, "estudio". Este nombre dió lugar a múltiples derivados, como dermatólogo, dermatitis, dermátomo, etc.

Esta misma raíz griega, derma- δέρ-μα fue usada para denominar las diferentes capas de la piel: 
  •  la dermis, formada de derma- δέρμα 'piel' e 
       -is, sufijo propio de los elementos anatómicos 

  •  la epidermis, de epi, ἐπί en griego 'sobre'

  •   la hipodermis hypo ὑπό 'debajo de'


Resultado de imagen para piel histologia | Histología, Piel, Patologia
Histología de la piel normal, mostrando la epidermis y la dermis. 


La terminología dermatológica es de una gran riqueza y no siempre es fácil de comprender. Muchos términos tienen una gran antigüedad y se han ido perpetuando por razones históricas. Otros han sido nuevamente acuñados por las diferentes escuelas dermatológicas, usando neologismos o reintroduciendo vocablos griegos o latinos. El resultado es un lenguaje complejo, lleno de sinonimias y matices de todo tipo. A pesar que se intenta una homogeneización de criterios, con denominaciones inequívocas, no siempre se consigue fácilmente la total sustitución de términos que tienen una tradición arraigada. 

No obstante, algunos de los nombres usados terminan sucumbiendo al progreso de la especialidad. Diagnósticos como porrigo, dartros, achores, que fueron habituales en el s. XIX han quedado ya obsoletos y olvidados, e incluso se ha perdido el auténtico significado de buena parte de ellos. 

Muchos términos médicos derivan de palabras de origen griego. Algunas enfermedades aparecen ya citadas en el Corpus Hippocraticum y toman de él la denominación. Las obras posteriores, como por ejemplo la obra de Celso, conservan el nombre griego para designar a muchas enfermedades. La tradición médica, pues, mantiene el nombre de muchas patologías desde el s. V aC. 

Pero no todos los helenismos tienen un origen en la medicina hipocrática. Muchos son neologismos medievales o modernos que se han confeccionado sobre raíces griegas. Se trata de cultismos que quieren respetar la tendencia etimológica clásica, y a los que recurrió tanto la medicina medieval y renacentista como los primeros autores de clasificaciones dermatológicas de los s. XVIII y XIX. 


Médico griego explorando a un enfermo. Museo de Cirene (Libia)


Algunos términos derivan de un color. El color rojo, propio de los fenómenos inflamatorios, dio el nombre a la erisipela, nombre ya usado por Hipócrates (erysipelas  ἐρυσίπελας, piel roja, derivado de erithro- ἐρυθρός, rojo, y pel- πέλμα, pieza de piel), al eritema (ἐρύθημα), y a muchos otros. 
El color negro (melano- μέλαν/μέλαινα) dio lugar en el s. XIX a neologismos como melanosis (1814), melanoma (1830), melanina (neologismo creado en 1843 por Vizio), melanocito (1890) melanogénesis (1909) o melanosoma (1931). 

El color blanco (leukos- λευκός) dio lugar a términos como leucodermia; el azul (kyano- κυανός) a cianosis; y el amarillo (xantho- ξανθός) a los xantomas. El xantelasma fue una denominación acuñada por Wilson en 1867 y quiere decir literalmente ‘lámina metálica amarilla’. 

En el caso de las porfirias (porphir- πορφύρα) la alusión cromática hace referencia a la orina teñida de púrpura que caracteriza a estas enfermedades. 

Hay enfermedades que se caracterizan por su aspecto abigarrado, con varios colores, como la poiquilodermia (de poikilós, ποικίλος = variado) 

Otro aspecto clínico que conformó la terminología fue el aspecto de la superficie de la piel enferma. La fina descamación superficial recuerda en algunas afecciones a las escamas de salvado. Es el caso de la pitiriasis (pityr- πίτῡρα, en griego 'salvado de cereal') que ya fue usado por Dioscórides en el s. I dC, y reintroducida en el s. XVII.  El nombre latino del salvado, furfur, también fue usado con idéntica finalidad descriptiva, e incluso Baillon (1889) lo usó para dar nombre al agente causal de la pitiriasis versicolor,  Malassezia furfur. 

La consistencia de las lesiones es otro criterio descriptivo para nominar ciertas patologías. La dureza de la piel da el nombre a las esclerodermias (de escleros σκλήρος duro). A veces ciertos procesos tomaron su nombre por una asociación de ideas. Así escara (costra adherente que parece produciuda por una quemadura, deriva de la voz griega eskhara (ἐσχάρα) que significa 'brasero'. Querion (kēríon,κηρίον que significa panal de miel) fue usado por Celso (s. I dC), para señalar que es una lesión que como los panales, deja ir una secreción espesa por múltiples puntos. Eccema o eczema (de ek(s) ἐκ(ς) 'de dentro hacia fuera' y zéma ζέμα 'hervir'), o sea, literalmente "yo hiervo hacia afuera", intenta dar la idea de la efervescencia de las vesículas que parecen surgir desde el interior (Dioscórides). Hipócrates se refería a los exantemas y al liquen, que se parecía a la vegetación saprofita de un árbol.

Mención aparte merece el término "herpes", profusamente usado en Dermatología para designar diversos procesos. En griego hérpēs (ἕρπης), significa ‘que repta’, ‘que se arrastra como un reptil’, ‘que trepa’.  En algunos casos tal denominación puede referirse a enfermedades insidiosas que avanzan sin que casi se note. En otros casos, como en el herpes zóster, alude claramente a la propia forma que presentan las lesiones, que se disponen en el recorrido linear de un nervio, alargándose como una serpiente. este sería el caso del herpes zóster (zṓstēr ζώστηρ 'cinturón') vocablo aludido por Plinio (s. I dC) también llamado zona (zṓnē ζώνη ‘faja de tierra’). Escribonio (s. I dC) se refería al herpes zóster como ignis sacer, "fuego sagrado" aunque respetaba también la terminología griega: 
"… ad ignem sacrum et ad zonam  
quam Graeci herpetam dicunt".
Pero el nombre de herpes cobijaba múltiples y dispares diagnósticos. Boissier de Sauvages, en el s. XVIII clasificaba los herpes entre las pápulas y distinguía: 
  • herpes simplex, 
  • herpes serpigo, 
  • herpes miliar, 
  • herpes estiomenas, 
  • herpes sifilítico, 
  • herpes periscellis, 
  • herpes collaris… 
Tal era la confusión que en 1774 el Colegio de Medicina de Lyon propuso un concurso dirigido a clarificar la cuestión de los herpes. Talo es el motivo de que hayan llegado a nosotros patologías diversas que aún conservan este epíteto, como es el caso de herpes gestationis o el de herpes circinado (al que se le denomina actualmente tinea corporis para evitar perpetuar la confusión). 

Otras veces los términos médicos han sufrido corrupciones y modificaciones con el paso del tiempo. Esto es aún más evidente en el caso de vocablos que trascienden al lenguaje popular. 




Bibliografía

Corpus Hippocraticum. 8 vol. Traducción: A. Gómez Rabal. Prólogo: Laín Entralgo. Barcelona.  Mra, Creación y realización editorial, 1995.

Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico. Universidad de Salamanca. dicciomed.eusal.es

Baillon E. Traité de botanique médicale cryptogamique, suivi du tableau du droguier de la Faculté de Médicine de Paris. Paris. Doin, 1889.

Sierra, X. Pitiriasis versicolor. (pag. 57-60) En: Sierra, X. Historia de las micosis cutáneas. Barcelona. Mra, Creación y realización editorial, 1994 (128 pág)

García Pérez A. Sobre terminología dermatológica: “eccema” y “verrucoso”. Actas Dermo-Sifiliográficas 1996;87: 425-427.

Ortiz Frutos FJ, Jiménez Martínez Y. En defensa de la grafía “eczema”. ActasDermo-Sifiliográficas 1996;87:428.

Navarro FA. En defensa de la grafía “eccema”. Actas Dermo-Sifiliográficas 1996;87:429-234.

martes, 17 de julio de 2018

Shakespeare y la patología (I): Las enfermedades de la piel como insulto







Atribuído a John Taylor

Retrato "Chandos" de 
William Shakespeare
(1600-1610)

Óleo sobre lienzo 55.2 cm × 43.8 cm
National Portrait Gallery. Londres 



Este es sin duda el retrato más conocido de William Shakespeare y que fue probablemente el se tomó de referencia para la mayoría de posteriores representaciones del escritor. Se le conoce habitualmente como "Chandos", ya que había sido propiedad del duque de Chandos. Cuando se fundó la National Portrait Gallery este fue el primer retrato de la colección. De todos modos, todas las imágenes que disponemos de Shakespeare son dudosas en su procedencia y carecen de expresividad. Las características relativamente oscuras de estos retratos han causado repetidos comentarios, a menudo despectivos o incluso naturaleza racista. George Steevens, por ejemplo dijo que esta imagen representa a Shakespeare con 
"la complexión de un judío, o más bien el de un deshollinador en la ictericia". 
Otros críticos, como J. Hain Friswell, insistieron en que sus facciones parecen de un extranjero y que 
'uno no puede imaginar fácilmente a nuestro poeta nacional con aspecto oscuro y pesado y apariencia extranjera'
William Shakespeare (1564-1616) está considerado como el escritor más célebre en lengua inglesa. No solamente eso, sino que junto con Miguel de Cervantes, puede considerarse el escritor más célebre de la literatura universal.
Había nacido en Stratfort-upon-Avon -un pequeño pueblo inglés ubicado unas 35 millas al sur de Birmingham- el 23 de abril de 1564, donde murió el mismo día de 1616. Estuvo casado con Anne Hathaway, unos años mayor que él, con quien tuvo 3 hijas y un hijo. No tuvo nietos.
A los veintitantos años se trasladó a Londres, donde comenzó su carrera como actor y dramaturgo. Luego llegaría a ser incluso empresario del teatro, como copropietario de la compañía conocida inicialmente como Lord Chamberlain's Men, que se convertiría en la más prestigiosa de la época, al punto de conseguir el patrocinio del rey y pasar a llamarse The King's Men....

Existe toda una teoría literaria en torno a la dramaturgia y lírica de William Shakespeare, pero si intentáramos señalar sus principales características tendríamos que resaltar, en primer lugar, su impresionante poder de síntesis, aunado a un uso exquisito, extenso y a la vez preciso del idioma, que muchas veces lo hace difícil de entender, incluso para los angloparlantes.

En segundo lugar, la ausencia de un juicio de valor por parte del autor a las conductas y actitudes de sus personajes, lo que es poco habitual en las obras de su época, en las que todos los relatos tienen un enjuiciamento del proceder de los protagonistas y una moraleja de la historia.

Los personajes se encierran en sí mismos, convirtiéndose en personificaciones de sus virtudes, defectos y obsesiones y abstrayéndose de la realidad que los rodea.

En las obras de Shakespeare es sorprendente observar la extraordinaria riqueza de las alusiones médicas de todo tipo. Sin embargo, los conocimientos médicos de su época eran menos técnicos, más descriptivos que hoy y, por lo tanto, más accesibles para un intelectual no médico. Además, el mismo Shakespeare, además de sus propias cualidades que lo hicieron receptivo a una amplia gama de conocimientos, tal vez se haya beneficiado de la influencia médica de su yerno, el doctor John Hall

En el campo de la dermatología, si es previsible encontrar en alusiones obras de Shakespeare a las grandes enfermedades epidémicas como la viruela, la peste o incluso la lepra, es más sorprendente ver su interés para dermatosis común, de la que fue un observador atento. Pero también usa estas enfermedades de una manera muy sorprendente para el lector medio. Shakespeare considera a las enfermedades como un riesgo inherente a la vida misma, como accidentes.

El lenguaje del dramaturgo es muy peculiar: sorprende su crudeza, sus constantes juegos de palabras, y sobre todo el gran uso de maldiciones, desprecios y conjuros. 

Shakespeare frecuentemente usa términos dermatológicos para sus invectivas, como por ejemplo sarampión, el escorbuto, serpigo, o roña. Y como maldición extrema recurre a la peste, la lepra, las verrugas, la tiña, ampollas, llagas, úlceras, viruela, ántrax ... lo que nos da una idea de lo terribles y denostadas que debían ser estas dermatosis en su tiempo. Suele usarlas para maldecir, conjurar o provocar mala suerte. 
Veamos algunos ejemplos: 
  • La simple palabrota: "Scurvy knave!" (Romeo y Julieta).
  • El insulto directo: "Eres un tumor, una úlcera pestífera, un hinchado carbunco de mi sangre corrompida" (Rey Lear, acto II, escena segunda).
  • El insulto indirecto: "El pícaro, escalda, mendigo, despreciable, pillaje de la pistola de tonel" (Enrique V).
  • La maldición sobre una persona: "Todos los contagios del sur yacen sobre ti" (Coriolano).
  • "Te haría la costra más repugnante de Grecia" (Troilo y Cressida).
  • La maldición sobre un objeto o concepto: "El serpigo seco sobre el tema" (Troilo y Cressida).
  • "Una viruela en su carta de amor, esta broma, su garganta, el diablo, su botella, las arrugas, esta tripa, su enfermedad verde ...".
  • La imprecación ofensiva: "Peste todo ... sea lepra general" (Timón de Atenas).
  • Imprecisión defensiva: "Si probé la boca dulce, deja que mi lengua se rompa", una frase que se ha interpretado como una alusión al herpes simple (Un cuento de invierno) 
  • Conjuro: "Nunca un angioma, un labio leporino o una cicatriz afectarán a sus hijos" (Sueño de una noche de verano) 


En este momento, las malformaciones congénitas o marcas de nacimiento eran consideradas señales de mal augurio o incluso, en ciertos casos, como una manifestación diabólica o de brujería. Shakespeare evoca en el "rey Juan", la  creencia popular que considera las marcas de nacimiento como errores de la naturaleza y que traslucen un carácter débil:  
"Si fueras sombrío, feo y deformado desde el vientre de tu madre, si tu cuerpo estuviera lleno de manchas desagradables y marcas sórdidas, o fueses cojo, tonto, torcido, sucio, remendado con molestos lunares y marcas ofensivas, entonces no debería amarte, ni habrías nacido de alto linaje, ni tampoco serías merecedor de una corona ".

Aunque Shakespeare no parece aprobar esta superstición, como indica en "Hamlet": 

"Así acontece frecuentemente a los hombres. Cualquier defecto natural en ellos, sea el de su nacimiento, del cual no son culpables (puesto que nadie puede escoger su origen), sea cualquier desorden ocurrido en su temperamento, que muchas veces rompe los límites y reparos de la razón, o sea cualquier hábito que se aparte demasiado de las costumbres recibidas llevando estos hombres consigo el signo de un solo defecto que imprimió en ellos la naturaleza o el acaso, aunque sus virtudes fuesen tantas cuantas es concedido a un mortal, y tan puras como la bondad celeste; serán no obstante mancilladas en el concepto público, por aquel único vicio que las acompaña. Un solo adarme de mezcla quita el valor al más precioso metal y le envilece."

Sin embargo en Ricardo III, Shakespeare lo describe como un monstruo físico y lo asocia claramente a la monstruosidad moral, como este mismop monarca afirma en el texto: 
"Entonces, ya que los cielos han dado forma a mi cuerpo de esta forma, que el infierno me ayude a torcer mi cabeza para responder a ella"

En este caso, Shakespeare está en total contradicción con una visión humanitaria de la malformación congénita que había expresado varias veces, como por ejemplo en "La violación de Lucrecia":
"Las marcas que aparecen desde el nacimiento de los hombres son fallos de la naturaleza, no por su propia infamia" 

o en "La duodécima noche": 
"En la naturaleza no hay mancha sino la mente; nadie puede ser llamado deforme sino cruel".
Esta flagrante contradicción de un escritor tan clarividente como Shakespeare sugiere que ha escrito a Ricardo III bajo una cierta coacción, probablemente tudoriana. Shakespeare escribió sus obras bajo el reinado de Isabel Tudor y se inspiró en los historiadores que trabajaban a su servicio y que intentaban legitimar a los soberanos tudorianos como Thomas Moore o Raphael Holinshed. Sin embargo, los historiadores modernos como Paul Murray Kendall tienden a mostrar que Ricardo III, el último heredero de la legítima familia real de York, no era ni un monstruo físico ni moral y los tudorianos lo describieron así para justificar su presencia ilegal en el trono inglés.



Nota: Agradezco la colaboración de mi amiga Encarna Hernández Cordero, habitual seguidora del blog en la revisión y adecuación de algunas traducciones. 



viernes, 7 de julio de 2017

Aztecas (II): Conocimientos dermatológicos






Médicos aztecas


Ilustración del Códice Florentino (libro X)

Biblioteca Medicea-Laurenciana, Florencia 






A la vista de la gran cantidad de dioses aztecas relacionadas con las enfermedades cutáneas, no es de extrañar que los conocimientos de dermatología de este pueblo fueran realmente muy desarrollados. En efecto, en lengua nahuatl encontramos numerosos ejemplos de vocablos usados para la designación de diversas dermatosis. Así, tzotzocatl (verrugas), machacayolli (callosidades de las manos), xiotl (pinta), etc... Nos consta también que conocían los nevus, melanosis y diversas enfermedades pigmentarias.

     Los aztecas tenían tratados de medicina. Uno de ellos hacía referencia a la clasificación de las úlceras. Así distinguían entre úlceras recientes y sangrantes (chipeliuliztl ezquiztica) úlceras crónicas (tzonzonizli), úlceras de gran tamaño, (thaelpaxaxtli), y úlceras supurantes y fistulosas (chipeliulitzli).

     Para tratar las ulceraciones utilizaban el polvo de obsidiana como antiséptico. Fray Bernardino de Sahagún pudo comprobar sus efectos:

     "Yo pienso que esta piedra es una especie de esmeralda negra, de manera que la experiencia me ha probado que posee virtudes particulares. Cuando se la reduce a polvo fino como la harina y se la aplica sobre las llagas abiertas o úlceras las cura rápidamente impidiendo la supuración"

     Algunas heridas eran suturadas usando cabellos humanos o de animales. También, aunque menos frecuentemente, usaban fibras vegetales. Las suturas se realizaban siguiendo las técnicas de puntos separados o de suturas ininterrumpidas. El códice Badiano señala que una herida sanará si se instila en su interior jugo de la corteza del árbol ylin, de la raíz del arbusto tlalhahuehuatl, cera y yema de huevo. En los casos de sobreinfección de la lesión, se drenaba la supuración mediante incisión, succión bucal y aplicación de hojas de tabaco (Nicotiana tabacum).

     El alquitrán de Ahuehuetl o ciprés de Moctezuma (Taxodium mucranatum) y las pincelaciones con bálsamo del Perú se usaban en el tratamiento de las quemaduras. También podían ser tratadas mediante la aplicación  de una cataplasma confeccionada con savia de nopal y de otras plantas, mezclada con miel y yema de huevo, para conferrirle una consistencia adhesiva, según el códice Badiano. El nopal era muy usado en terapéutica, especialmente en diversas enfermedades de la piel, contusiones y heridas contusas. También servía como antiinflamatorio. 

Fray Bernardino de Sahagún dejó constancia de algunos de estos procederes curativos: 



"Las quebraduras de los huesos de los pies curarse han con los polvos de la raíz que se llama acocotli, y de la raíz de la tuna, y ponerse en la quebradura del pie, y envolverse y atarse con algún lienzo o paño, y después de puesto el palo se han de poner cuatro palitos o tablillas a la redonda de la quebradura, y atarse han fuermente con algún cordelejo para que desta manera salga la sangraza, y también se sangrará de las venas que vienen a juntarse entre el dedo pulgar del pie y el otro, porque no se pudra la herida. Y los palillos o tablillas se han de tener atados por espacio de veinte días, y después deste tiempo se han de echar una bilma de ocutzote con polvos de la raíz del maguey y con un poco de cal, y sintiendo alguna mejoría podránse tomar algunos baños." 
Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, lib. X, cap. párr. 6º. 


Médico azteca vendando una pierna herida.
Códice Florentino, lib. X, f. 111v.
En lengua nahuatl todas las tumoraciones eran llamadas qualocatl. La mayoría de ellas eran probablemente abscesos, que eran intervenidos quirúrgicamente. Los quistes dermoides se cubrían con emplastos de raíces, corteza y hojas de tepozan (Buddleia americana). Si no se resolvían por este método, se procedía a su excisión. También los queloides eran excindidos, cauterizados y suturados, aplicándose goma de caucho (ulli) a continuación. Otras muchas dermatosis eran cauterizadas con ramas de copal encendido (Elaphrium excelsum).

     El impétigo era asimismo conocido entre los aztecas y en su terapéutica se usaba el fruto Carica papaya y el cocimiento de maxiquilitl mezclado con cal.

La diosa azteca Tlazoltéotl, pariendo.
Esta figura nos proporciona mucha información de
como debían ser los partos entre los aztecas
(en cuclillas y con el tronco erguido). 
Tlazoltéotl apoya sus pies 

sobre unos tacos de pocos centímetros 
elevando los talones para así estabilizar la postura.
     Otros diversos cocimientos a base de productos vegetales se aplicaban como remedio de forúnculos, pústulas, abscesos, intertrigo y erisipela. En éste último caso, el tratamiento se complementaba con la administración oral de determinados brebajes.

     Debido a su característica morfología, las enfermedades vesiculosas o ampollares, ulceradas o no, eran frecuentemente representadas por los artistas, como puede observarse en algunas piezas cerámicas de la colección del Dr. A. Weissmann (Museo de México, Museum für Volkerkunde de Berlín-Dahlem). Otra de estas estatuillas presenta un edema de pene, que pudiera ser interpretado como indicativo de una blenorragia (¿pene en badajo de campana?).

     El albinismo era también conocido en el antiguo México. Sabemos que el emperador Moctezuma contaba con algunos ejemplos de esta anomalía entre sus cortesanos.

     La sarna, enfermedad bastante extendida entre los aztecas, se trataba (según una receta citada tanto por el códice Badiano como por el códice de Sahagún) con lavados realizados con orina seguidos por la aplicación de cataplasmas confeccionadas con diversas raíces. Análogos procedimientos se seguían en las diversas afecciones pruriginosas y eccemas.

Temazcalli, Baño de vapor azteca.
La higiene y la costumbre de bañarse era común en los aztecas 
     Los ungüentos de uso dermatológico eran, como puede verse, muy numerosos y variados. 

            Para la confección de muchos de ellos se usaban alquitranes de origen vegetal, resinas y productos azufrados. Muchos de ellos todavía están vigentes en la terapéutica dermatológica.


     Los aztecas cuidaban la higiene cutánea. La crónica atestigua que Moctezuma se lavaba dos veces por día, y en especial las manos antes y después de las comidas. En vez de jabón los aztecas usaban el fruto del copalxocotl (palo de jabón) y raíces de Saponaria americana. El baño de vapor (temazcalli) fue otro método terapéutico de los aztecas. Los temazcalli eran pequeñas cámaras de adobe, desprovistas de ventanas y con una estrecha entrada. En su interior se encendía un fuego, rodeado de piedras volcánicas sobre las que se echaba agua, produciendo así abundante vapor. En algunos casos se utilizaban aguas sulfurosas, con lo que se obtenían efectos beneficiosos sobre algunas dermatosis. Al salir de este baño de vapor, los indios se daban un baño con agua fría, como en las saunas modernas. 

jueves, 6 de julio de 2017

Aztecas (I): los dioses y las enfermedades de la piel

     




Representaciones del 
dios Xipetotec


Códice Borgia. (Códice Yoalli Ehécatl
Piel de animal pintada
Biblioteca Apostólica Vaticana. Roma. 





Los territorios que rodean el lago Texcoco en México, fueron habitados sucesivamente por los indios Olmecas (1000 a.C. - 1000 d.C), toltecas (a partir del s.X d.C.) y chichitecas (a finales del s.XII). Pero la civilización más avanzada y de la que poseemos más información fue la de los aztecas, que ocuparon este territorio a partir del 1267 d.C.

Tras la conquista española, algunos eclesiásticos hicieron triste gala de su intolerancia religiosa. Tal fue el caso de Juan de Zumárraga, el primer arzobispo de la ciudad de México, (como llamaron los conquistadores a la azteca Tenochtitlán), que se responsabilizó de la destrucción de 500 templos y 20.000 estatuas. Durante esta destructiva campaña ardieron también los archivos reales aztecas, escritos en jeroglíficos. Algunos españoles, como el franciscano Bernardino de Sahagún o el virrey Mendoza, lograron reconstruir parcialmente la cultura azteca basándose en relatos y leyendas oídos a los indios. Pero sólo 19 textos de la vasta biblioteca real azteca pudieron salvarse de las llamas.

Brasero de terracota representando al dios Tlaloc.
Templo Mayor. Tenochtitlán. 
La mitología azteca muestra numerosos ejemplos de la importancia que este pueblo concedía a las enfermedades cutáneas. Aunque Toci, la madre de los dioses, era también la diosa de la Medicina y de las enfermedades, la mayoría de las dermatosis eran encomendadas al dios Tlaloc, bajo diversas advocaciones, y que también era el protector de las enfermedades de transmisión sexual. Los que morían de estos males no eran icinerados, sino inhumados, en la creencia de que pasaban a morar en el paraíso de segundo grado, el Tlalocán, que estaba situado sobre la tierra, en una montañosa y soleada región. 

Estatua de Xipetotec. Museo de América. Madrid
Sin embargo, no todas las enfermedades de la piel estaban consagradas a Tlaloc. Algunas de ellas, como la sarna, los abscesos, la forunculosis y ciertas dermatosis pruriginosas o supurantes del cuero cabelludo eran consideradas castigo de Xipetotec, el dios desollado, así llamado porque se solía representar cubierto con la piel de su víctima. El segundo mes del año en el calendario azteca (de increíble precisión, por cierto), se dedicaba al culto de esta divinidad. Los casos de dermopatías muy rebeldes al tratamiento debían esperar a la primavera, época en la que se celebraba la fiesta de Xipetotec, en la que se desollaban varios prisioneros para cubrir con sus pieles a los enfermos, que marchaban al frente de la procesión. Tras ellos seguían los sacerdotes y la estatua del dios, también cubiertos con las pieles sangrantes de los prisioneros desollados. Mediante este bárbaro y cruento ritual se creía que el mal, por contacto, pasaba de la piel de los enfermos a la piel de los sacrificados.

Representación de Nanahuatzin-Xolotl, tal como aparece 
en el Códice Borgia. Biblioteca Vaticana. Roma. 
Según los mitos aztecas que aparecen en el códice de Madrid y por los relatos de Sahagún, uno de los dioses primitivos reunidos en Teotihuacán en las sombras originales estaba cubierto de úlceras. Decidido a sacrificarse para consagrarse a los otros, se arrojó a un inmenso brasero, del que salió transformado en astro luminoso. Algunos textos atribuyen este gesto heroico al dios Quetzacoatl, y otros al dios dimorfo Xolotl-Nanahuatzin, considerado el dios del ocaso y del trueno, de los partos gemelares, de los nacimientos monstruosos y de los abortos, el cual bajo la forma de Nanahuatzin se consideraba el responsable de la sífilis y de la pinta, muy común entre los aztecas a la llegada de los conquistadores. En la plancha nº 10 del Códex Borgia, que se halla en la Biblioteca Vaticana, se representa a Xolotl-Nanahuatzin con los ojos purulentos, los miembros torcidos y la superficie cutánea cubierta de úlceras. En otros pasajes de este códice este dios coquetea con la diosa Xochicotzal, la diosa del amor, a la que también se atribuía la potestad de castigar a los hombres con bubones, exantemas y erupciones cutáneas.

Xochipilli
Xochipilli o Macuilxochitl, dios de la juventud, los placeres, la música y las flores, castigaba a los hombres y mujeres que mantenían relaciones sexuales en las épocas de ayuno enviándoles enfermedades en las partes pudendas, exantemas, bubones y corrupción del pene. En una plancha del códice Florentino lo podemos ver con la cara cubierta por una erupción cutánea.

La diosa Tzapotlatenan había otorgado a los hombres el conocimiento de muchas drogas útiles en el tratamiento de las enfermedades de la piel. Entre ellas destacaba el uxitl (alquitrán de madera), con el que sanaba las úlceras, las erupciones del cuero cabelludo y las grietas de la piel.

Todos estos dioses y mitos atestiguan la alta incidencia de las afecciones de la piel entre los aztecas y la importancia que este pueblo concedía a esta patología. 

    
El dios Xipetotec,  con una piel humana desollada atada al cuerpo
                             


La creación del quinto sol y Xipetotec