Mostrando entradas con la etiqueta Forúnculo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Forúnculo. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de marzo de 2021

San Fiacre, patrón de los jardineros... y de las hemorroides

 





San Fiacre 
(circa 1642) 

Miniatura. Libro de horas de la 
Biblioteca Simon de Varies. 
Países Bajos. 



En esta miniatura del Libro de horas de Simon de Varies, un maravilloso libro iluminado y manuscrito del s. XV, encontramos esta imagen de San Fiacre, empuñando su atributo característico: una pala de jardinero. 

La biografía de San Fiacre (o Fiacro) contiene más elementos legendarios que históricos. Al parecer era de origen celta (Fiachra), y aunque algunos sostienen que era hijo de un rey escocés, la versión más extendida (Enciclopedia Católica) cree que nació en Irlanda en el s. VII.  Fiacre se inició en la vida eremítica, en el condado de Kilkeny (la actual Kilfiachra). Era un buen conocedor de hierbas y plantas medicinales, y pronto se corrió la voz de que podía curar enfermedades y su ermita estaba cada vez más concurrida de visitantes. 

Tal vez por eso, Fiacre decidió pasar a Francia. En Meaux, una localidad al noroeste de París, el obispo del lugar, Faro, era de origen irlandés, y según la leyenda, le ofreció fundar un monasterio en Breuil (Brie), para lo cual se comprometía a entregarle todo el terreno que pudiera desbrozar en un día, dejándolo libre de matorrales y malas hierbas. Fiacre, con la sola ayuda de su bastón de ermitaño dejó limpia una buena porción de terreno en una sola jornada. 


San Fiacre y Becnaude. Miniatura de Lieven van Lathern.
Getty Museum. Los Ángeles 

Una vez conseguida la donación del terreno, fundó allí su monasterio, donde siguió cultivando plantas medicinales y cuidando el jardín, por lo que es considerado patrón de los jardineros. 

Pero una mujer envidiosa, llamada Becnaude, sorprendida del prodigio que había realizado al desbrozar tanto terreno él solo, le fue a acusar al obispo diciendo que solamente podía ser obra del demonio. 

Dicen que el santo, al saber la calumnia que propagaba Becnaude, se sentó entristecido en una piedra, que se reblandeció con su peso y que con el tiempo adquirió la reputación de que curaba el mal de hemorroides de quien se sentara en ella. Por este motivo el santo es considerado también como abogado de las enfermedades del ano, chancros y toda la patología de la zona perianal y de la proctología en general. En algunos lugares incluso se designan las hemorroides como el "mal de San Fiacre". 




Tumba de San Fiacre



La piedra de San Fiacre, a los pies de la tumba del santo


Al morir, fue enterrado en la iglesia de su nombre cerca de Villemareuil. Su tumba y la piedra reputada de milagrosa para las hemorroides fueron pronto lugares de peregrinación y entre otros ilustres visitantes acudieron Luis XIV (1683), la reina Ana de Austria acudiómpara pedir que le fuera concedido un heredero para el trono de Francia, tras 18 años de matrimonio. Bossuet, que fue obispo de Meaux, oró ante la tumba de San Fiacre durante la famosa intervención de fístula anal de Luis XIV (1689). 

La fama del santo fue tanta que el cardenal Richelieu, que sufría graves crisis hemorroidales, llevaba siempre consigo el relicario de San Fiacre. Incluso dicen que cuando el cirujano le abría algun absceso perianal aplicaba un poco de polvo del hueso del santo en la herida. 


Relicario de San Fiacre. The Metropolitan Museum of Art 


En Bretaña, San Fiacre es invocado para la curación de abscesos y forúnculos (Rohan, Morbihan).                          

Por cierto que San Fiacre también es considerado por algunos como el patrón de los taxistas. Esta curiosa relación se debe al hecho de que los cocheros de París tenían su mayor parada cerca del "Hôtel Saint-Fiacre". Por este motivo, en francés, la palabra "fiacre" pasó pronto a popularizarse para referirse a un carruaje de alquiler, de un solo caballo, con cochero, que se alquilaba por horas o por carrera. En Viena, una ciudad donde tan tradicional era este tipo de transporte, también se introdujo la palabra "fiaker" (tomada del francés) a partir de 1720, para designar a los carruajes que hasta entonces eran llamados "Janschky-Wagen". Incluso en Italia, hasta el comienzo del siglo XX, a los conductores de carruajes destinados al servicio público los llamaban "fiaccherini".

O sea que ya sabéis. Fiacre, el monje irlandés aficionado a la fitoterapia, es invocado por jardineros, taxistas y pacientes con almorranas. 


Constantin Guys: Chicas y marineros en un fiacre.
Dibujo sobre papel (circa 1870-1880). Musée Carnavalet. París. 




Bibliografía

Mira Picó D. San Fiacro, patrono de la proctología. 
http://www.desideriomira.com/san-fiacro-patrono-de-la-proctologia/

The Gardens Trust. St Fiacre. https://thegardenstrust.blog/2018/09/01/st-fiacre/

Sur les traces de Saint Fiacre. Entre Marne et Grand-Morin 
http://www.emegm.com/spip.php?article6

Gancel H. Les saints qui guérissent en Bretagne. Ed. Ouest-France. Cambray-les-Tours, 2010

martes, 2 de junio de 2020

Santos sanadores de forúnculos


Resultado de imagen de saint cloud image






Saint Cloud

Escultura en piedra. 
Fachada de la Iglesia de 
St Germain-l'Auxerrois. 
Paris




En Medicina popular, algunas enfermedades se ponen bajo la protección de algunos santos a los que algunos devotos suplican que intercedan para la resolución del mal. Una de estas patología son los forúnculos, una protuberancia dolorosa y llena de pus que se forma debajo de la piel cuando las bacterias infectan y causan la inflamación de uno o más folículos del vello. 


Saint-Cloud
Uno de estos santos sanadores es San Cloud, que goza de gran devoción en la Bretaña francesa. Es posible que la fama de "curador" de los forúnculos derive de su propio nombre, que tiene una gran similitud con clou, que en francés significa clavo y que también es el nombre vulgar con el que se conocen los forúnculos. 

No tenemos noticias muy precisas sobre la vida de Cloud. Al parecer, había nacido en el año 522, y era el nieto del rey del rey franco Clodoveo y de su esposa Clotilde. Tras la muerte de sus padres, Cloud y sus dos hermanos fueron atendidos por su abuela, Santa Clotilde, la reina viuda. Al morir Clodoveo, los tíos de Cloud intentaron usurpar el trono de su padre y planearon el asesinato de Cloud y sus dos hermanos. Lograron matar a sus hermanos, pero Cloud pudo escapar y buscó refugio con San Remigio, el obispo de Reims. Tras pasar unos años como ermitaño, fue ordenado clérigo. Más tarde, Cloud se dirigió a París, en cuyos alrededores fundó un monasterio que construyó con sus propias manos y que dedicó a San Martín de Tours, aunque posteriormente le dieron el nombre de Saint Cloud y donde vivió hasta su muerte, que tuvo lugar en el año 570.   

En algunos pueblos de Bretaña, los que sufren de forúnculos suelen visitar las imágenes de este santo (Soulvache) o algunas cruces de piedra a él dedicadas erigidas en medio del bosque (como la de Couguen, Comburg). En ambos casos, los afligidos de forúnculos depositan como ofrenda algunos clavos a los pies de la cruz o de la imagen (recordemos que en francés clavo y forúnculo se denominan con una sola palabra, clou, que además tiene una gran similitud con el nombre del santo). No falta quien señala que el número de clavos de la ofrenda es igual al número de forúnculos a sanar. 


Detalle del árbol de los clavos
Esta ofrenda de clavos se realiza también en "el roble de los clavos", un ejemplar de roble de grandes dimensiones de unos 300 años de edad. Se encuentra en el bosque de Saint-Mars, en el municipio de Bonnoeuvre (canton de Saint-Mars-la-Jaille). El culto a los árboles tiene una indudable raíz céltica y no hemos de olvidar las profundas raíces de esta cultura en Bretaña. El rito es similar: tras pronunciar ciertas oraciones los peregrinos clavan en el tronco del roble un clavo (o clavos, tantos por el número de forúnculos a eliminar). El ancestral ritual céltico se ha cristianizado posteriormente con una capillita dedicada a la Virgen en el propio tronco del árbol: la Virgen del Roble. Al lado de la capilla, instalada a la altura de la primera ramificación del tronco, hay una oración para pedir por la curación de los forúnculos, que el afectado por este mal debe recitar al tiempo que da siete vueltas al árbol. Al lado de la capilla arbórea también hay un pequeño estante con una bolsita de clavos, para suministrar al peregrino el material necesario. Tras la oración, el enfermo debe clavar en el tronco del viejo roble tantos clavos como  forúnculos tenga, para completar el tradicional rito. 

Resultado de imagen de saint-fiacre
Otro santo invocado en Bretaña para curar forúnculos es San Fiacre, especialmente en la localidad de Plusquellec (canton de Callac) en las Côtes-d'Armor, donde hay una capilla y una fuente dedicada a S. Fiacre, que es frecuentada por enfermos de forunculosis. En este caso, tras rezar las correspondientes oraciones los forunculosos crédulos tiran clavos votivos al agua de la fuente y se lavan con ella.  Desde luego, aunque lavarse con esta agua pudiera tener algún beneficio, lo que cuesta más de demostrar es que tirar los clavos tenga efecto alguno. 

En Saint-Servant-sur-Oust (canton de Josselin) se erige la capilla y la fuente de Saint Gobrien, santo que también es invocado para la curación de forúnculos y abscesos. El ritual de echar clavos a la fuente es muy parecido al que ya hemos descrito anteriormente. 



viernes, 1 de marzo de 2019

Una cirugía frustrada

Chekhov 1898 by Osip Braz.jpg




Osip Braz 

Retrato de Anton Chejov
 (1898)

Óleo sobre lienzo
Galería Tretyakov. Moscú 




Antón Pávlovich Chéjov, en ruso Анто́н Па́влович Че́хов (1860-1904) fue un médico, escritor y dramaturgo ruso, encuadrado en la corriente del realismo y del naturalismo. Sin embargo, nunca abandonó su profesión de médico que supo compaginar con la literatura. Él mismo lo definía en una de sus cartas (Carta a Alexei Suvorin, 1888): 

"la medicina es mi esposa legal, 
la literatura, solamente mi amante"
Cultivó el teatro: La gaviota, Tío Vania (Дядя Ваня), Tres hermanas (Три сестры), El jardín de los cerezos (Вишнëвый сад). 

También escribió multitud de relatos cortos en los que destacó como un auténtico maestro. 

Su condición de médico le permitía describir las situaciones clínicas con gran precisión. Este es el caso del cuento “Cirugía”, en el que a través de la historia del humilde sacristán Vonmiglásov, que tiene dolor de muelas y acude a un temerario practicante que sustituye al doctor y que se cree en posición de superioridad, Chejov hace un retrato crítico del pueblo ruso. Los rusos salen bastante malparados ya que son retratados como sucios, ignorantes, supersticiosos y resignados.


      Valentine Serov: Retrato de Anton Chejov      
El autor emplea el lenguaje de forma magistral. Se sirve de las detalladas descripciones para introducirnos, desde el comienzo, en una atmósfera hedionda y agobiante (“humo pestilente”, “atacado de cataratas”, “en la nariz ostenta una verruga que de lejos se asemeja a una mosca grande”, “muelas que el tabaco y el tiempo han puesto amarillas”), que refleja la pobreza y las condiciones insalubres en las que está sumido el pueblo ruso. Chejov se sirve además de la fina ironía y del humor que caracteriza sus escritos. Especialmente cómico es el momento en el que el sacristán, en su confusión, al no encontrar el icono, se santigua ante una bombona de ácido fénico.

La religión está muy presente en todo el relato. El “temor de Dios” y las referencias a los Ángeles, a la Virgen y otros Santos o divinidades es constante. Se trata de una religión popular, entendida de una manera sui géneris, mezclada abiertamente con la superstición. El sacristán Vonmiglásov cree que lo que le pasa es un castigo divino por sus pecados.





Desesperado, acude al hospital provincial donde está de guardia el enfermero Kuriatin. El sacristán tiene los síntomas típicos del absceso: dolor intenso y punzante, inflamación de la cara y dificultad a la deglución. Para aliviar su sufrimiento ha probado sin resultado remedios caseros tradicionales o mágicos como aplicar vodka con rábano –un remedio que le recomendó un diácono- o atarse un hilo del monte Athos al brazo y diversos amuletos, 

Finalmente decide acudir al médico, pero encuentra al practicante Kuriatin, que a pesar de ser respetado por sus convecinos por representar la ciencia médica es un incompetente. El sacristán le demuestra todo el respeto y se pone en sus manos para que le resuelva su problema. 

El ayudante de cirujano procede a intentar la extracción de la muela afectada. Pero mientras realiza la extracción, Kuriatin se da cuenta de que se trata de una intervención mucho más difícil de lo que parecía. Emplea varios métodos e instrumentos para conseguir su objetivo, pero es en vano. El sacristán ve como su dolor no cede sino que aumenta por momentos y pierde la paciencia. El respeto y los buenos modos desaparecen y los insultos e improperios del paciente van  subiendo de intensidad. Finalmente, la muela se rompe y el desdichado sacristán tiene que abandonar la frustrada cirugía con las raíces molares todavía en su sitio. 

martes, 15 de enero de 2019

El furúnculo, taimado ladronzuelo






L. A. Hilden

Aritmética. Lámina 7: 
La regla de tres
(s. XIX)


Grabado coloreado

Old Police Cells Museum. Brighton.



En la Inglaterra victoriana, menudeaban los rateros y carteristas. Baste con leer las novelas de Charles Dickens (1812-1870) que dio buen testimonio de ello. Especialmente en Oliver Twist, la triste historia de un muchacho huérfano que tiene que sobrevivir en la calle y, tras pasar por una escuela de ladronzuelos logra convertirse en un virtuoso del oficio. Los grabados satíricos de la época, como el que encabeza este artículo, también hacen frecuentes alusiones a un "trabajo" que debía ser bastante común en las viejas calles de la ciudad del Támesis. Es cierto que ladrones y carteristas los ha habido siempre (y en nuestra época no faltan, a fe!) pero el imaginario romántico los une especialmente a este Londres decimonónico, de los barrios bajos y de la rancia burguesía clasista y conservadora, de la niebla espesa y del Imperio, el Londres en fin aterrorizado por los sórdidos crímenes de Jack the Ripper. 


Los caballeros a menudo guardaban sus pañuelos
en un bolsillo en las colas de sus abrigos,
lo que preservaba la línea del cuerpo del
abrigo pero hacía al pañuelo vulnerable.
Los pañuelos, de seda natural tenían una
fácil reventa en tiendas de segunda mano
(grabado de Alken). 
He comenzado el comentario de hoy por la evocación de carteristas y descuideros. Seguiré ahora por un camino probablemente inesperado. Os hablaré de los furúnculos. 

La palabra que designa esta enfermedad infecciosa de la piel es furúnculo o forúnculos. Las dos grafías son aceptadas en castellano, aunque yo me decidiré aquí por furúnculo, en memoria de D. Jaume Peyrí Rocamora (1877-1950), primer catedrático de Dermatología de Barcelona, que siempre defendió esta ortografía por encontrarla más respetuosa con su etimología latina. 

Un furúnculo es la infección -por cocos piógenos como estreptococos o estafilococos- de un folículo piloso. El infundíbulo folicular se llena de pus abundante, que puede producir dolor por la compresión de los tejidos de la zona, que aparecen muy inflamados. En el centro se forma el "clavo" del forúnculo, de color negruzco, que no es más que los restos de folículo necrosados. 


    Harold Copping: Mr. Bumble y Oliver Twist.  
A veces pueden infectarse varios folículos. Se observa entonces una gran masa inflamada y purulenta con varias bocas (los diversos ostium foliculares). Bajo la epidermis todos estos abscesos comunican entre sí, de tal manera que si se presiona en un punto concreto mana pus por los diversos cráteres.  A esta forma se llama en las lenguas latinas ántrax, una palabra derivada del griego ἄνθραξ, que significa carbón incandescente. 

Se da la circunstancia que en inglés anthrax se refiere a otra enfermedad, el carbunco, causado por la bacteria Bacillus anthracis, un microorganismo cuyas esporas se han usado en la guerra bacteriológica, para inhabilitar al enemigo. Muchos periodistas desconocen este "falso amigo" y dicen ántrax para referirse al carbunco, lo cual ocasiona no pocas confusiones. O sea que el ántrax en castellano es carbuncle en inglés; y anthrax en inglés es carbunco en español. Vaya lío, ¿verdad?. Más o menos como conducir por la izquierda o hacerlo por la derecha. 

Bueno, volvamos a la etimología de furúnculo. La palabreja deriva del latín. En esta lengua, fur, furis es el ladrón, el que comete un hurto (palabra que deriva de la misma raíz) y así la empleaba Marco Tulio Cicerón y otros insignes oradores romanos. Furunculus es la forma diminutiva, por lo que viene a ser un pillete, un ladronzuelo, algo así como el Oliver Twist de Dickens. No está claro porqué esta palabra se aplica a la infección del folículo, aunque hay quien piensa que los furúnculos tienen un curso engañoso que se manifiesta de golpe (Nolting y Fegeler). Algo así como un ladronzuelo que suavemente, sustrae la cartera de su víctima. Como los furúnculos,  que roban subrepticiamente la tranquilidad de quien los sufre.  


Escena de vendimia. Los agricultores romanos eliminaban los furunculus,
es decir, las yemas estériles que chupaban savia para obtener mejor cosecha.
Mosaico de Cherchell, (Argelia). 

Escena de vendimia. Mosaico de la iglesia de Lot y Procopio, Monte Nebo (Jordania) 


Sin embargo a mí me parece que este vocablo llega a designar la patología folicular por una vía indirecta, a través del lenguaje agrícola. Los campesinos romanos denominaban furunculus a los brotes secundarios, especialmente de la viña (de cultivo tan preciado por los romanos) y de otras plantas. Estas yemas eran designadas furunculus, porque eran inútiles y solo servían para "robar" la savia y el vigor de la planta. Las yemas "ladronas" (que en nuestro lenguaje vulgar a veces llamamos "chupones") aparecían como botones hinchados, de apariencia cónica, similar a una verruga. Por este parecido, el médico romano Aulus Cornelius Celsus tomó el nombre de furunculus para designar al característico abultamiento de un furúnculo cuando aparecía y desde entonces se incorporó a la lengua médica. En De Medicina, libro V, Celso nos dejó esta descripción: 
"Furunculus vero est tuberculum acutum cum inflammatione et dolore, maximeque ubi jam in pus vertitur. Qui ubi adapertus est, et exiit pus, subter apparet pars carnis in pus versa, pars corrupta subalbida, subrubra; quem ventriculum quidam furunculi nominant. In eo nullum periculum est, etiamsi nulla curatio adhibeatur: maturescit enim per se, atque erumpit. Sed dolor efficit, ut potior medicina sit, quae maturius liberet."

"El furúnculo es un pequeño tumor que termina en punta ny va acompañado de inflamación y dolor, sobre todo en el período de supuración. Una vez abierto, y cuando ha salido el pus, se ve que una parte de la carne está purulenta y otra corrompida, de color blancuzco y rojizo, y a esto es a lo que algunos llaman ventrículo del furúnculo. No hay en esta enfermedad ningún peligro, aunque no se la someta a ningún tratamiento, pues madura naturalmente y se abre por sí misma; pero como causa dolor, ello motiva que se pida a la medicina remedio para que madure más pronto." 
(Traducción: Agustín Blázquez)  

Una curiosidad más de la terminología médica. Y es que los nombres de las enfermedades, muchos de ellos usados secularmente, tienen raros e insospechados orígenes. 


Van Gogh: Almendro en flor. St. Rémy, 1890




  

jueves, 14 de junio de 2018

El galactocele de la Sagrada Familia (Rembrandt)






Rembrandt van Rijn

Sagrada Familia
(1634-1635)

Óleo sobre lienzo 183,5 x 123,5 cm
Alte Pinakothek. Munich




Rembrandt (1606-1669) fue un pintor y grabador neerlandés, uno de los máximos exponentes de la pintura europea y universal. Representó principalmente el paisaje, los retratos y la pintura narrativa, especialmente escenas bíblicas

Rembrandt representa esta obra como una escena de la vida cotidiana, sin incidir en lo sagrado del tema, ni traza alguna de divinidad. Sin duda se percibe en ella la influencia de Rubens, que por aquel entonces era el pintor de referencia en los Países Bajos, lo que se aprecia especialmente en las formas generosas y un tanto voluptuosas de la Virgen.

Rembrandt solía pintar estas escenas inspirándose en su propia familia. Cuando pintó este cuadro hacía poco que se había casado con Saskia, de la que tuvo varios hijos, de los que solo sobrevivió uno, Tito.  Tal vez se inspiró en su propia mujer amamantando a su bebé. 

La escena transcurre en el hogar de la Sagrada Familia. La estancia, humilde, muestra colgados en la pared los instrumentos de carpintería propios de la profesión de José, que se inclina lleno de ternura a observar el niño, a punto de dormirse. La Virgen, tras amamantarlo, no ha tenido tiempo todavía de cubrirse el pecho por no despertarlo. 

Detalle del cuadro, que permite apreciar la tumoración cutánea de la mama


Es precisamente en esta mama descubierta en la que se puede observar una tumoración de pequeño tamaño entre los dos cuadrantes superiores. Es una formación redondeada, que no provoca retracción en los tejidos que la rodean, ni en el resto de la mama. La ropa y la posición de la mujer nos impiden ver si hay alguna alteración ganglionar regional. Estas características permiten afirmar la benignidad de la lesión, presumir que se trata de una alteración exclusivamente cutánea y descartar que sea un tumor maligno de la mama, como hemos podido encontrar en otras obras coetáneas (Las Tres Gracias o la Eurídice de Rubens).

Además, la mujer presenta una pequeña tumoración en la cara, cerca del ala nasal izquierda. Teniendo en cuenta este detalle, algunos autores, como Grau y cols. apuntan que podría tratarse de un forúnculo o un tricoepitelioma. 

En todo caso, hay que descartar que el tumor mamario que aparece en La Sagrada Familia sea un carcinoma de mama, ya que no tiene las características clínicas del mismo. En opinión de la Dra. Mercedes Herrero, ginecóloga y habitual seguidora del blog, se podrían interpretar como "quistes de leche" o galactocele, zonas de retención de leche, que son frecuentes en una mujer lactando (todavía hay una gota de leche en el pezón). También señala que no hay signos de mastitis. Agradecemos la colaboración de la Dra. Herrero que nos permite una mejor interpretación de esta pintura.



Bibliografía     


Grau JJ, Prats M, Díaz-Padrón. Cáncer de mama en los cuadros de Rubens y Rembrandt. Med. Clín (Barc) 2001; 116: 380-384

jueves, 22 de marzo de 2018

Luis XIV (II): la patología de un rey absoluto







Jacint Rigau 
(llamado Hyacinthe Rigaud) 

Retrato de Luis XIV de Francia
(1701)

Óleo sobre lienzo 238 x149 cm 
Museo del Prado. Madrid




Ya hemos visto las enfermedades que aquejaron a Luis XIV en su juventud. Hoy seguiremos revisando su historia clínica, y constatando que sus problemas de salud fueron agravándose con el paso de los años. 

En enero de 1663 el monarca presentó una tumoración en el pezón derecho, tal vez una enfermedad de Paget. Los médicos procedieron a cauterizarle el tumor. 

Luis XIV presentaba dolores dorsales frecuentes así como una dermatosis que cursaba con pústulas en diversos lugares del cuerpo y de la cara. Aunque los médicos de la época lo achacaron a secuelas de la viruela, creemos que estas pústulas más bien corresponderían a acné, foliculitis o forúnculos. 

Sufrió diversos episodios febriles (1655), incluyendo una fiebre tifoidea (junio 1658).

El Rey Sol, en el Salón del Trono

El rey Sol tenía importantes problemas dentales, agravado por su glotonería: consumía grandes cantidades de dulces y de azúcar. Probablemente esto influía en su proverbial halitosis. Tenía tan mal aliento
 que cuando sus amantes se le acercaban, se tapaban la nariz con un pañuelo perfumado. A esto debía unirse la escasa higiene del rey, ya que los baños no eran muy habituales en aquel tiempo. De hecho solamente se tiene constancia de que el rey Sol se realizó un baño completo solamente tres veces en toda su vida.  
Luis XIV decía que el baño le producía vértigos y dolores de cabeza, y como señalaba su médico de cámara, Vallot, al rey no le gustaba bañarse. De hecho en su detallado diario personal solamente consta que realizara baños durante una semana en su vida, por prescripción facultativa y con gran oposición por su parte. Tampoco se cambiaba mucho de ropa interior. Según uno de los embajadores que le presentó las credenciales, el rey despedía un hedor peor que el de una fiera salvaje y su aliento era terriblemente pútrido.
Guy-Crescent Fagon, primer médico de Luis XIV

Sus médicos consideraban que casi todas las enfermedades que le aquejaban procedían de sus problemas dentales, por lo que le arrancaron todos los dientes. En 1685 fue sometido a una cauterización del paladar, con destrucción de parte del mismo, por lo que la nariz y la boca quedaban comunicadas por este orificio. Así que todos los manjares que se le servían al rey -que era muy voraz- debían estar finamente triturados, ya que carecía totalmente de dientes. Durante la comida real, que como todas sus actividades era motivo de espectáculo ritual, no era raro que lo que intentaba ingerir le saliese por la nariz, especialmente los líquidos.  

El rey Sol también presentó diversas molestias urinarias, probablemente litiasis renal, ya que se refiere que expulsaba "pelotitas de arena". 

También sufrió de gota, enfermedad provocada por la excesiva acumulación  de ácido úrico en su organismo, como resultado de una alimentación excesivamente rica en carnes, caza y marisco. Una de sus comidas podía constar de cuatro platos de sopas distintas, un faisán entero, una perdiz, dos ensaladas, cordero con salsa de ajo, dos grandes lonchas de jamón, pasteles fruta y confituras. Cuando viajaba, su carroza iba siempre repleta de carnes, frutas y pasteles, para compartir con las damas que solían acompañarle. 

Louis XIV desplazándose en su "roulette"
por los jardines de Versalles
Con esta dieta no son de extrañar sus ataques de gota. Para evitar los dolores, sus médicos lo hacían envolver literalmente en almohadones de pluma para mantener el cuerpo caliente. Sufría insoportables ataques de podagra en el pie derecho y en el tobillo izquierdo, obligándole a quedarse inmóvil en una butaca. Incluso hizo modificar un sillón, al que le añadió pequeñas ruedas (la roulette du roi) para que Blouin, su ayuda de cámara preferido, lo pudiera desplazar durante sus paseos diarios. Cuando podía valerse por sí mismo, su manera de caminar se tornó renqueante. En la vejez, los ataques fueron cada vez más frecuentes y le atormentaron hasta lo indecible.

Mención aparte merece su fístula anal, tal vez la enfermedad más importante y que ya hemos comentado detalladamente en otro artículo y que conllevó una intervención quirúrgica para la que se diseñó un instrumento especial que revolucionó la cirugía de su época. No en vano a 1686 se le llamó "el año de la fístula".

También presentaba diverticulosis del colon, especialmente del colon sigmoide, lo que le causaba diarreas incoercibles. En más de una ocasión tuvo que abandonar con urgencia tanto las reuniones del Consejo; como los salones de Mme. de Maintenon, su amante; las recepciones de su familia de Inglaterra o incluso la mesa.

A todo ello hay que añadir los tormentos añadidos por los consejos de los médicos. Podemos concluir que el rey era un gran adicto a los medicamentos y remedios. En este apartado podemos citar: 

Sangrías. Luis XIV se sangraba repetidamente para controlar a la naturaleza. Se sangró por lo menos 38 veces en el pie o en el brazo. 

-  Purgas. Entre 1647 y 1715 tomó medicamentos purgantes en cerca de 2.000 ocasiones, una media de dos por mes, como precaución o como remedio de urgencia. 

Clisterios. Centenares de ellos

Quina. Tomó numerosas libras de quina 

Emplastos.  Experimentó todos los emplastos conocidos

Cordiales.  Los probó casi todos 

Además tomó gran cantidad de tabletas, y un sinfín los cocimientos medicinales


Balance de las enfermedades de Luis XIV: 

1655.- Escarlatina 

1662.- Inicio de los vértigos que se mantendrán durante casi toda su vida. 
         -  Resfriado intenso  

1663.- Sarampión

1676.- Fiebres intermitentes rebeldes
         - Reumatismo
         - Caries del maxilar superior 

1686.- Fístula anal
         - Oftalmias
         - Enfermedades cutáneas, 

1696.- Forúnculos
         - Ántrax con una placa mayor que la palma de la mano

1704.- Forúnculos
         - Luxación del codo
         - Tumores 

En diversas ocasiones:    - Parásitos intestinales
                                       - Gota
                                       - Indigestiones
                                       - Divertículos del colon
                                       - Diarreas 




Bibliografía

Louis XIV, gastronome https://gavroche60.com/2017/09/14/louis-xiv-gastronome/

Mazé J. La cour de Louis XIV. Hachette. Paris 1945