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miércoles, 17 de febrero de 2021

La piel de los sanitarios y la COVID-19






POA Estudio 

Picasso con mascarilla 
(2020)


Diseño con ordenador
Estudio de Arquitectura POA



El estudio de Arquitectura POA realizó una serie de versiones de obras famosas de la historia del arte con mascarilla, para concienciar a la población de la conveniencia de su uso. Una de ella es este célebre retrato de Picasso, al que se ha añadido este elemento protector. Un símbolo del papel que juegan las mascarillas en tiempos de pandemia. Su uso  se ha impuesto a toda la población y probablemente será la norma durante bastante tiempo. 

Pero los sanitarios no tienen suficiente con el uso de mascarillas. Necesitan un equipamiento de protección individual (EPI) completo para protegerse del contagio. Pero su uso continuado puede provocar algunos problemas cutáneos. Desde el principio de la pandemia de COVID-19 se han descrito efectos secundarios inducidos por las medidas de higiene preventiva y el uso de EPIs usados por los profesionales de la salud. 



Instrucciones sobre EPI de la SEMES y de la SEPAR. 




Las máscaras quirúrgicas y FFP2, las gafas y pantallas faciales con adaptadores de caucho, las hebillas metálicas, los guantes de látex, el talco que los lubrica, y también el uso continuado de jabones, detergentes, y gel hidroalcohólico, pueden llegar a irritar, dañar y sensibilizar la piel.  

Un estudio realizado en 65 profesionales en la provincia de Hubei (China) al principio de la pandemia demostraba ya la elevada prevalencia de estos efectos secundarios: 61 de ellos referían algún problema cutáneo relacionado con el uso de sus equipos de protección. 


Equipos de Protección individual (EPI)


Las máscaras FFP2 habían producido marcas de cierta importancia en el dorso de la nariz (70%) y prurito en 10-30% de los casos. En un 4,6% transpiración excesiva y edema en un 1,6%. Un 88% refirieron problemas en las manos por el uso de guantes durante largos períodos de tiempo. 

Los vestidos de protección causaron alteraciones dermatológicas en un 60,7% de los casos (prurito, rash, piel seca)

Se propusieron  divesas soluciones preventivas:
- Usar una máscara quirúrgica bajo la máscara FFP2 para proteger la piel y reducir el roce de la parte metálica. 

- Aclarar los restos de jabón/detergente y secarse  bien las manso tras los lavados. Esto previene las dermatitis ortoérgicas que podrían predisponer a una dermatitis de contacto. 

- En alérgicos al látex, pueden usarse guantes de vinilo. 

- Es conveniente usar cremas hidratantestanto en manos como en la cara.

- Se pueden poner pequeñas compresas en los lugares de más roce (detrás de las orejas o en el puente de la nariz) 

En cuanto a los efectos secundarios de los vestidos protectores son mucho menos frecuentes, y suelen ser debidos a la pesadez de los vestidos. Deben recambiarse a menudo. 

Los equipos de protección son imprescindibles para prevenir el contagio de los médicos y enfermeras que atienden enfermos en primera línea, pero se debe tomar consciencia de los efectos adversos que pueden causar para prevenirlos adecuadamente. 




Bibliografía

Hu K, Fan J, Li X, Gou X, Li X, Zhou X. The adverse skin reacions of health care workers using personal protective equipment for COVID-19. Medicine 2020; 99: 24. 



miércoles, 14 de febrero de 2018

En la lavandería







Anna Klumpke

En la lavandería
(1888) 

Óleo sobre lienzo 200,7 x 170,2 cm
Pennsylvania Academy of fine Arts



Anna Elizabeth Klumpke (1856–1942), fue una pintora norteamericana especialmente conocida por sus retratos, especialmente de mujeres como Elizabeth Cady Stanton y Rosa Bonheur, de quien fue una declarada admiradora. 

Anna Elizabeth Klumpke
Klumpke nació en San Francisco, California y fue la mayor de ocho hermanos. Sus padres le dieron una esmerada educación en una época en la que los estudios oficiales estaban vetados para las mujeres. Fruto de esta educación fue que el destacado nivel profesional alcanzado por sus hermanas entre las que encontramos a la destacada astrónoma Dorothea Klumpke-Roberts, la violinista Julia Klumpke, y la neuróloga Augusta Déjerine-Klumpke. 

A los tres años, Anna sufrió una fractura de fémur tras una caída. Dos años más tarde le diagnosticaron osteomielitis y artritis en la rodilla. A pesar de que la familia se trasladó a Alemania, para que la tratara un prestigioso doctor, Anne no mejoró y quedó coja para siempre.

En octubre de 1877 se trasladó a Paris con su familia, y en 1883 ingresó en la Academia Julian, una de las pocas escuelas que aceptaban mujeres como alumnas. Fué alumna de Tony Robert-Fleury y Jules Lefebvre, y más tarde de Vuillefroy.

Anna Klumpke en su estudio 
La pintura que comentamos hoy es una escena cotidiana de la vida parisina de finales del s. XIX. Un grupo de mujeres se agrupan entorno a un gran balde de agua caliente, y lavan la ropa. Es una escena de lavandería que debía ser frecuente. Aunque a veces esta actividad de realizaba en lavaderos al aire libre, debido al rigor del invierno parisino, la ropa se lavaba en casas habilitadas con este fin. Debían ser locales bastante humildes, a juzgar por las grandes telarañas que pueden verse en los ángulos del ventanal del fondo. Las mujeres comparten una pastilla de jabón de Marsella, de característica forma cuadrada y frotan los paños con esmero, mientras comentan los últimos chismes o hacen bromas y comentarios jocosos. 

El uso continuado de agua y jabón especialmente agresivo causaba en estas lavanderas la pérdida de la película grasa que protege la piel. El uso habitual de jabones de reacción alcalina (como el jabón de Marsella) en contacto con el agua elimina los lípidos de la superficie cutánea (lo que Marchionini denominó el "manto ácido de la piel"). El resultado es una piel enrojecida, frágil, que se llena de fisuras y grietas frecuentemente, que se conoce como dermatitis ortoérgica. Es decir, un tipo de dermatitis que no es de causa alérgica a ninguna sustancia, sino que está producida simplemente por la pérdida de la capa protectora de grasa. 

Esta alteración se veía frecuentemente en las lavanderas. Un oficio que hoy ha desaperecido: la ropa se lava hoy a máquina y nadie tiene que sumergir las manos en agua durante horas o someterlas a la acción de jabones demasiado agresivos. Pero puede afectar a otras profesiones: cocineros, camareros, amas de casa y cualquier oficio que tenga necesariamente que contactar repetidamente con agua y jabón. 

La dermitis ortoérgica se evita reduciendo la acción agresiva de jabones, agua y otros factores (algunos vegetales, por ejemplo, o el exceso de frío), recurriendo al uso de protecciones como guantes. Cuando ya está instaurada es conveniente establecer acciones conducentes a recuperar el manto graso, aplicando cremas ricas en lípidos sobre la piel de las zonas afectadas. 



miércoles, 14 de junio de 2017

La piel resquebrajada



     Resultat d'imatges de igor mitoraj





Igor Mitoraj

Centurión resquebrajado

Estatua colosal de bronce

Exposición temporal. Barcelona 2007





Igor Mitoraj nació en Oederan (Alemania) en 1944 de padre francés y madre polaca, pero se crió en Polonia y estudió Bellas Artes en Cracovia, donde bajo la dirección de Tadeusz Kantor, se especializó en pintura. En 1968 amplió sus estudios en l'École Nationale des Beaux-Arts de París y posteriormente viajó a México donde se interesó mucho en el arte precolombino. 

De regreso a París, en 1974, decidió centrar su obra en la escultura. En 1983 tuvo lugar su consagración internacional en la Bienal de Venecia. Desde 1983 a 2003 vivió en Pietrasanta, cerca de Carrara, realizando muchas obras religiosas y seculares en mármol. En 2003 regresó  a Polonia, donde recibió diversos premios y distinciones.

La obra de Mitoraj tiene sus raíces en los dioses y héroes mitológicos y está muy influida por el mundo clásico, pero con un toque postmoderno. Sus obras escultóricas, de grandes dimensiones, se presentan mutiladas, caídas, vendadas o cuarteadas. Sus grandes dimensiones y su obvio deterioro pretenden provocar un cierto malestar en el espectador, obligado a presenciar su decadencia en un intento de denuncia de la desidia y abandono que sufren las grandes obras de la Antigüedad Clásica. A veces expone en medio de las calles principales de las ciudades y sus enormes esculturas no pueden pasar desapercibidas. En Barcelona por ejemplo, tuvo lugar una exhibición de este tipo en 2007. 

La piel cuarteada, como la tierra reseca por falta de lluvia es un leit-motiv en la obra de Mitoraj. Los rostros o los torsos de los personajes aparece resquebrajada, con grietas que la surcan en todas direcciones. Da así la buscada sensación de sequedad, de falta de mantenimiento. 

La piel humana también puede presentar un aspecto similar en algunas ocasiones. Es el caso, por ejemplo de la piel que rodea a alguna herida o falta de continuidad de la piel. En estos casos se puede producir el que los dermatólogos franceses denominaban "eczema craquelé", que podríamos traducir por piel resquebrajada, un cuarteamiento característico de la piel de las dermatitis paratraumáticas, de aspecto similar a la tierra de un campo cuarteado por la sequedad. 

En otras circunstancias también podemos ver este cuarteamiento cutáneo.

El eccema craquelé se puede ver también en las extremidades inferiores de los ancianos, especialmente en su cara externa (dermatitis asteatósica). Se presentan placas eritematosas, bilaterales y simétricas, que están surcadas por numerosas fisuras epidérmicas que al cruzarse forman una estructura reticulada o “craquelé”. Suele acompañarse de intenso prurito, aunque no se ven lesiones de rascado. Está causado por la sequedad de la piel y el frío, por lo que es más frecuente en invierno. La erupción está favorecida por los baños frecuentes con jabones detergentes y agua caliente, el frío extremo y la calefacción ya que seca el ambiente. Todos estos factores contribuyen a causar una pérdida de la capa lipídica de la piel responsable de la piel seca inicial.

En las formas de dermatitis en los que la piel pierde su capa de grasa, por ejemplo. Es la llamada dermatitis ortoérgica, muy frecuente en las manos de quien por su profesión o por abandono las sumerge muy frecuentemente en agua o usa jabones alcalinos muy potentes que causan la pérdida de la capa de lípidos de reacción ácida que protege nuestra piel de las agresiones externas. Es el manto ácido de la piel que describió Marchionini (1928). En estos casos la ausencia de esta capa lipídica provoca el resecamiento epidérmico y produce su cuarteamiento, con un aspecto muy similar a la de las pátinas de las esculturas de Mitoraj. 


Igor Mitoraj





Igor Mitoraj. Mercati di Traiano, Roma







lunes, 16 de febrero de 2015

Jesús en casa de Marta y María, de Velázquez


Velázquez: Jesús en casa de Marta y María.



 Diego Velázquez
 (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660) 

Jesús en casa de Marta y María 
(1618)

Óleo sobre tela 60 x 103,5 cm 
National Gallery, Londres


El Evangelio nos cuenta que cuando Jesús fue a Betania, fue invitado a casa de sus amigos Marta, María y Lázaro.
 “Yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa” (Lucas 10, 38 y ss.)
Era preciso agasajar al Rabí, y de repente, se multiplicó el trabajo doméstico. Marta, diligente ama de casa se puso a  preparar el banquete. Pero no encontró mucha ayuda en la cocina: 
“Ésta [Marta] tenía una hermana llamada María que, sentada junto a los pies de Jesús, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos quehaceres”. (Lucas 10, 39-40)
Velázquez intenta describir la escena entera y recurre al recurso del espejo (o tal vez un ventanuco). Marta mira hacia adelante con recelo, algo molesta, mientras se afana con la comida. El resto de la escena la podemos ver en el espejo: Jesús predica y ante él, María sentada en el suelo, no pierde detalle. Marta, en cambio, se queda preparando la comida. 

Velázquez, en realidad está pintando una escena costumbrista, un bodegón. El pasaje evangélico es poco más que un pretexto. Se recrea en todos los ingredientes que están sobre la mesa: la jarra, los huevos, los pescados (pintados con todo detalle) y sobre todo, los dientes de ajo y las guindillas. Alimentos éstos algo irritantes, que junto con la frecuente inmersión en agua, han arruinado las manos de Marta, que aparecen enrojecidas, un poco hinchadas, mientras empuñan enérgicamente la maza del almirez. 


Las manos de Marta presentan una clara dermatitis ortoérgica, muy común en las amas de casa, cocineros y pinches. Está causada por la pérdida del manto ácido cutáneo, ocasionada por la acción continuada del agua y la acción del frío sobre la piel, y empeorada por el uso de jabones abrasivos e irritantes tópicos como el ajo o las guindillas. Con toda seguridad Velázquez había observado muchas veces que las manos enrojecidas se solían ver en las cocinas. Otro diagnóstico que no puede descartarse es el del eritema pernio (sabañones) 


Marta además presenta una ligera rosácea. En su cara, contrariada por la ausencia de su hermana, podemos ver unas mejillas enrojecidas, típicas de esta enfermedad. Tal vez un carácter nervioso, algo propenso a enfadarse, no contribuye a calmar su proceso.