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viernes, 18 de junio de 2021

Egon Schiele, víctima de la gripe española

versió catalana | versión española







Egon Schiele 

La familia
(1918)
 
Óleo sobre lienzo 150 x 160,8 cm

Galería Belvedere. Roma




La pandemia de la llamada gripe española (1918-1920) causó un elevado número de víctimas. Numerosos pintores y artistas murieron por esta enfermedad en aquellos años, y otros también enfermaron aunque lograron restablecerse, como Edvard Munch. Ya dedicamos otra entrada del blog a artistas como Lluïsa Vidal o a Gustav Klimt, que murieron, como tantos otros, en la pandemia de gripe de 1918. Egon Schiele, discípulo de Klimt,  lo retrató en su lecho de muerte. Pero tampoco él se libró de la pandemia. 



Edvard Munch: Retrato tras la gripe española


Su último testimonio fue el cuadro conocido como La familia, aunque él lo tituló Pareja acuclillada (en alemán: "Kauerndes Menschenpaar"), ya que inicialmente solamente estaba previsto que aparecieran un hombre y una mujer. En el cuadro los vemos, desnudos y agachados, con las rodillas levantadas. La mujer tiene la piel muy pálida, mientras la del hombre es un poco más oscura, cetrina, y se recorta sobre un fondo oscuro, que da al cuadro un cierto aire tenebroso y de misterio. Las figuras adoptan una clara composición vertical. La mujer, entre las piernas del hombre, mantiene los brazos caídos y mira a la izquierda, con aire triste y deprimido. El hombre, sentado en un sofá, aparece algo más elevado y mira con mirada atónita al espectador, como inquiriendo algo, tal vez preocupado con el incierto futuro, mientras dirige su mano derecha al corazón. 


En un terrible presagio,Egon Schiele pintó el cuadro
Madre muerta (1910). Leopold Museum. Viena


Egon Schiele había contraído matrimonio en 1915 con Edith, una muchacha burguesa, bien educada y culta, que ofrecería al pintor la posibilidad del futuro prometedor que después de años de vida desordenada.

Sin embargo, Egon tenía una antigua amante, Wally Neuzil (que era también su modelo y su musa), con la que pretendía seguir manteniendo una relación paralelamente, al margen de las convenciones de la época. Aunque Wally no se prestó a este triángulo amoroso, la mujer que Schiele tomó de modelo para La familia no era su esposa, Edith, sino Wally. 

Mientras Egon pintaba el cuadro, Edith supo que estaba grávida, esperando de su primer hijo. Tal vez por este motivo, el pintor decidió entonces sustituir un ramo de flores que había colocado entre las piernas de la mujer por un bebé envuelto en una manta, para el que tomó de modelo a su sobrino Toni. La pintura, aunque inacabada, fue expuesta en la 49ª exposición de la Sezession en Viena, en 1918. 



Edificio de la Sezession, Viena


Poco después, Edith Schiele murió a causa de la gripe, durante su sexto mes de gestación. Algunos años antes, Schiele había pintado un escalofriante cuadro, Madre muerta, que tal vez constituía un terrible presagio

Egon Schiele sobrevivió poco tiempo a Edith, ya que murió del mismo mal, tan solo tres días más tarde, el 31 de octubre de 1918. 

En el día de su muerte, Egon declaró: 
"Después de mi muerte, tarde o temprano, la gente me ensalzará y admirará mi arte".
Hoy, la pintura de Schiele, provocativa y procaz, que a veces reclama de forma desgarrada la sexualidad masculina, ha captado la atención de los críticos e historiadores del arte.




Martha Fein: Egon Schiele en su lecho de muerte.
Fotografía en blanco y negro (1918)







 Egon Schiele, víctima de la grip espanyola






Egon Schiele 

La família
(1918)
 
Oli sobre tela 150 x 160,8 cm

Galería Belvedere. Roma




La pandèmia de l'anomenada grip espanyola (1918-1920) va provocar un nombre de víctimes molt elevat. Durant aquells anys van morir a causa d’aquesta malaltia nombrosos pintors i artistes, i d’altres van emmalaltir encara que van aconseguir refer-se, com és el cas d’Edvard Munch. Ja vam dedicar una entrada del bloc a artistes com Lluïsa Vidal o Gustav Klimt, que van morir, com tants altres, en la pandèmia de grip de 1918. Egon Schiele, deixeble de Klimt, el va retratar en el seu llit de mort. Però ni ell mateix va lliurar-se de la pandèmia.


Edvard Munch: Retrat després de la grip espanyola


El seu últim testimoni va ser el quadre conegut com La família, encara que ell el va titular Parella a la gatzoneta (en alemany: Kauerndes Menschenpaar), ja que inicialment només estava previst que apareguessin un home i una dona. En el quadre els veiem, nus i ajupits, amb els genolls aixecats. La dona té la pell molt pàl·lida, mentre la de l'home és una mica més fosca, citrina, i es retalla sobre un fons fosc, el que dóna al quadre un cert aire tenebrós i de misteri.

Les figures adopten una clara composició vertical. La dona, entre les cames de l'home, manté els braços caiguts i mira a l'esquerra, amb aire trist i deprimit. L'home, assegut en un sofà, apareix una mica més elevat i mira a l'espectador amb una mirada atònita, com inquirint alguna cosa, potser preocupat pel futur incert, mentre dirigeix ​​la seva mà dreta cap al cor.



En un terrible presagi,Egon Schiele va pintar el quadre
Mare morta (1910). Leopold Museum. Viena


Egon Schiele havia contret matrimoni el 1915 amb Edith, una noia burgesa, ben educada i culta, que oferiria al pintor la possibilitat d’un futur prometedor després d'anys de vida desordenada.

No obstant això, Egon tenia una antiga amant, Wally Neuzil (qui també era la seva model i la seva musa), amb la qual pretenia seguir mantenint una relació paral·lela, al marge de les convencions de l'època. Encara que Wally no es va prestar en aquest triangle amorós, Schiele va prendre a Wally de model, enlloc de la seva dona Edith, per a l’obra La família.
Mentre Egon pintava el quadre, Edith va saber que estava prenyada, esperant el seu primer fill. Potser per aquest motiu, el pintor va decidir substituir un ram de flors que havia col·locat entre les cames de la dona per un nadó embolicat en una manta, per a qui va prendre de model el seu nebot Toni. La pintura, encara que inacabada, es va exposar a la 49ª exposició de la Sezession a Viena, el 1918.


Edifici de la Sezession, Viena

Poc després, Edith Schiele va morir a causa de la grip, en el seu sisè mes de gestació. Uns anys abans, Schiele havia pintat un quadre esgarrifós, Mare morta, que potser constituïa un terrible presagi.

Egon Schiele va sobreviure poc temps a Edith, ja que va morir del mateix mal tres dies més tard, el 31 d'octubre del 1918.

El dia de la seva mort, Egon va declarar:
"Després de la meva mort, tard o d'hora, la gent m’exalçarà i admirarà el meu art"
Avui, la pintura de Schiele, provocativa i procaç, que de vegades reclama la sexualitat masculina de manera esquinçada, ha captat l'atenció dels crítics i historiadors de l'art.



Martha Fein: Egon Schiele al seu llit de mort.
Fotografia en blanc i negre (1918)

miércoles, 16 de junio de 2021

Gustav Klimt, víctima de la gripe española


 versió catalana | versión española





Gustav Klimt

Muerte y vida
(1916) 

Óleo sobre lienzo. 198 x 178 cm.
Leopold Museum. Viena.  



La gripe española constituyó una pandemia de alta mortalidad. Numerosos personajes murieron de aquella enfermedad, y también muchos artistas. Entre otros, fue este el caso de Gustav Klimt y su discípulo Egon Schiele. 

Gustav Klimt (1862-1918), siempre provocador  e irreverente había pintado antes de la pandemia (entre 1910 y 1916) una sobrecogedora obra a la que llamó “Muerte y Vida”, en el que se representa el conflicto entre Eros y Tánatos, la existencia y la extinción, según la peculiar visión del famoso pintor austríaco. 

A la izquierda de la escena aparece la Muerte, representada como es tradicional bajo la forma de un esqueleto. En este caso su delgado cuerpo aparece envuelto en una especie de sudario coloreado, en el que aparecen cruces (tal vez referencia a las cruces de los cementerios). Así, solamente podemos ver la calavera del personaje, que parece observar a los vivos con una mirada ávida y sarcástica, mientras lleva en la mano un garrote amenazador, que sustituye en este caso a la tradicional guadaña. 

En el grupo de la derecha se representan los vivos. La vida se representa como algo caótico, como un remolino en movimiento, lleno de colores y flores que representan la alegría de vivir. Podemos ver mujeres, niños, ancianos... incluso un bebé. La muerte está dispuesta a acabar con todos sea cual sea su edad, condición y posición social. Todas las generaciones que han sido y que serán tienen en común que acabarán siendo víctimas de la Muerte. Sus cuerpos se superponen unos a otros, lasos y desfibrados, agolpándose sin fuerza, como si se estuvieran durmiendo. 

La mayoría de las figuras tienen los ojos cerrados, tan inconscientes de que la vida es efímera como en que la muerte les está acechando continuamente. Pero hay dos personajes que no cierran totalmente los ojos: el bebé (que los mantiene entreabiertos, ya que todavía no se ha dado cuenta de lo que es en realidad la vida) y una mujer que mira a la muerte con mirada exorbitada, casi enloquecida, mirando fijamente la cara de la Muerte al darse plena cuenta de que ha llegado su hora. 

Los gestos de los personajes también son interesantes. La madre abraza a su hijo para protegerlo. Un poco más abajo, un hombre abraza a su mujer. El Amor como una fuerza opuesta a la Muerte. Aunque finalmente, ningún sentimiento humano, por noble que sea, puede detener el curso de las leyes biológicas. 


Egon Schiele: Gustav Klimt en su lecho de muerte. (1918) 

También Klimt murió, pocos años más tarde. Había sufrido un infarto y un posterior accidente vascular cerebral que se le complicó con la epidemia de gripe que asolaba Europa en 1918 y una neumonía que resultó fatal. La mal llamada gripe española fue una de las pandemias más mortíferas de la historia (se calcula que pudo matar alrededor de 100 millones de personas en todo el mundo). Su discípulo Egon Schiele lo retrató en su lecho de muerte. 

La muerte, imprevisible pero segura, como aparece en la pintura de Klimt, marca el destino, y condiciona los proyectos y las contradicciones humanas. 

Por cierto que tampoco Schiele se libró de la pandemia, aunque a esto dedicaremos otra entrada del blog. 






Gustav Klimt, víctima de la grip espanyola





Gustav Klimt

Mort i vida
(1916) 

Oli sobre tela. 198 x 178 cm.
Leopold Museum. Viena.  



La grip espanyola va constituir una pandèmia d'alta mortalitat. Molts personatges van morir aquella malaltia, i també molts artistes. Entre d'altres, va ser aquest el cas de Gustav Klimt i el seu deixeble Egon Schiele.

Gustav Klimt (1862-1918), sempre provocador i irreverent, havia pintat abans de la pandèmia (entre 1910 i 1916) una obra colpidora que va anomenar Mort i Vida, a la que es representa el conflicte entre Eros i Tànatos, l’existència i l'extinció, segons la peculiar visió del famós pintor austríac.

A l'esquerra de l'escena apareix la Mort, representada en forma d'un esquelet, com és tradicional. En aquest cas el seu cos prim apareix embolicat en una mena de sudari acolorit, amb creus (potser en referència a les creus dels cementiris). Només podem veure-hi la calavera del personatge, que sembla que observi els vius amb una mirada àvida i sarcàstica, mentre a la mà hi porta un garrot amenaçador, que en aquest cas substitueix a la dalla tradicional.

Al grup de la dreta es representen els vius. La vida es representa com quelcom caòtic, com un remolí en moviment, ple de colors i flors que representen l'alegria de viure. Podem veure dones, nens, gent gran... fins i tot un nadó. La mort està disposada a acabar amb tots ells, sigui quina sigui la seva edat, condició i posició social. Totes les generacions que han estat i que seran tenen en comú que acabaran sent víctimes de la Mort. Els seus cossos es superposen els uns amb els altres, laxos i desfibrats, amuntegats sense força, com si s'estiguessin dormint.

La majoria de les figures tenen els ulls tancats, tan inconscients que la vida és efímera com que la mort els està aguaitant contínuament. Però hi ha dos personatges que no
tanquen totalment els ulls: el nadó (que els manté entreoberts, ja que encara no s'ha adonat del que és en realitat la vida) i una dona que mira a la mort amb ulls d'esperitat, amb una mirada exorbitada, gairebé embogida, mirant fixament la cara de la Mort en adonar-se plenament que ha arribat la seva hora.

També són interessants els gestos dels personatges. La mare abraça el seu fill per protegir-lo. Una mica més avall, un home abraça la seva dona. L'Amor, com una força oposada a la Mort. Encara que, finalment, cap sentiment humà, per noble que sigui, pot aturar el curs de les lleis biològiques.


Egon Schiele: Gustav Klimt al seu llit de mort. (1918) 


Klimt va morir pocs anys més tard. Havia patit un infart i posteriorment un accident vascular cerebral que se li va complicar amb l'epidèmia de grip que assolava Europa el 1918 i una pneumònia que va resultar fatal. La mal anomenada grip espanyola va ser una de les pandèmies més mortíferes de la història (es calcula que van morir al voltant de 100 milions de persones a tot el món). El seu deixeble Egon Schiele el va retratar al seu llit de mort.

La mort, imprevisible però segura, tal com apareix en la pintura de Klimt, marca el destí, i condiciona els projectes i les contradiccions humanes.

Per cert, Schiele tampoc es va lliurar de la pandèmia. Però d'això ja en parlarem en una altra entrada del bloc.

jueves, 4 de marzo de 2021

Las principales epidemias de la historia

 




Pieter Brueghel el Viejo

El triunfo de la muerte
(1563)

Óleo sobre tabla 
117 x 162 cm 
Museo del Prado. Madrid. 




Pieter Brueghel el Viejo es uno de los grandes maestros de la pintura flamenca del s. XVI. Junto con El Bosco, Jan van Eyck y Rubens está considerado como uno de los cuatro grandes de la pintura de esta época. 

El triunfo de la muerte es una obra de carácter moral en el que se insiste en que todas las cosas mundanas acaban con la muerte indefectible de todos nosotros. En primer plano, la Muerte capitanea un ejército de esqueletos, que destruye el mundo de los vivos, conduciéndolos a un enorme ataúd, sin esperanza de salvación. Algunos intentan luchar contra su fatal destino, otros se abandonan resignados a su suerte. Sólo una pareja de amantes, en la parte inferior derecha, permanece ajena al futuro que ellos también han de padecer. La pintura está en la línea con la Danza de la Muerte, un tema habitual en la literatura medieval, con influencias también de las danzas macabras medievales (como la que todavía hoy se realiza durante la procesión del Jueves Santo en Verges, Catalunya). 



Dansa de la Mort. Procesión de Jueves Santo. Verges (Catalunya)


El tema de la muerte masiva nos recuerda que muchas veces esta se ha producido por enfermedades epidémicas. Un tema de gran actualidad en unos momentos en los que la pandemia de COVID-19 extiende su amenaza por el planeta. 

Sin embargo no ha sido esta la primera vez que esto sucede. Las pandemias se han sucedido a lo largo de la historia de forma repetida y han producido numerosos episodios de muertes colectivas. La que estamos viviendo no es (al menos por el momento) la peor de ellas ni la que ha causado mayor mortalidad (siempre considerando el momento actual).  




Cuáles han sido, pues las epidemias más mortales de la historia?

Peste negra

Clásicamente se tiene a la peste negra como la epidemia con mayor mortalidad, ya que aunque no tenemos un censo totalmente exacto se considera que terminó con la vida de entre 75 y 200 millones de personas, lo que supone entre un 30 y un 50% de la población europea. El desequilibrio demográfico que causó tardó casi dos siglos en recuperarse.


Difusión de la Peste negra. En verde, las áreas de menor incidencia.



Se acepta que esta pandemia comenzó en Asia central y se extendió a través de las rutas comerciales hacia Europa hasta alcanzar su pico máximo entre 1347 y 1353. Durante siglos se ha culpado de la transmisión de Yersinia pestis a las pulgas de las ratas, pero recientes estudios (2018) sugieren que se propagó también a través de las pulgas y los piojos humanos. La forma invernal era la peste neumónica, que se transmitía por vía aérea. 


Viruela

El síntoma más llamativo de la viruela eran las vesículas y pústulas que aparecían en la piel. Se trata de una enfermedad muy antigua, ya que ya tenemos constancia de ella en momias del antiguo Egipto, pero que causó brotes periódicos que azotaron el mundo durante los s. XVI, XVII y XVIII: 400.000 personas morían cada año en la Europa del siglo XVIII y un tercio de aquellos que lograban sobrevivir desarrollaba ceguera o quedaban desfigurados. También se trasladó al continente americano, y la gran mortalidad que produjo entre los indígenas favoreció considerablemente la colonización de estos países por los europeos, llegándose incluso a usar intencionadamente para eliminar a poblaciones enteras de indígenas americanos. 

La vacunación antivariólica logró contener la enfermedad, que se declaró erradicada oficialmente en 1980 (excepto por las reservas en estado criogénico que todavía quedan en dos laboratorios de Rusia y Estados Unidos, y a pesar de algunos accidentes de laboratorio). Aún así, la viruela causó la muerte de 300 millones de personas en el s. XX. 


Esquema donde se representan las epidemias con mayor mortalidad de la historia. En el esquema no aparece la COVID-19 actualizado. 
La mortalidad actual por COVID-19 es de más de dos millones y medio en el momento actual (marzo de 2021).



La gripe "española"

A pesar de su nombre la gripe española no se originó en España, sino en los Estados Unidos. Un combatiente americano de la I Guerra Mundial la trajo a Europa, en plena contienda. 

En el contexto de una guerra mundial, se censuró la información sobre una enfermedad que afectaba a las tropas y que por lo tanto podía dar datos sobre la situación del ejército enemigo. Sin embargo, al ser España una potencia neutral, los diarios españoles informaban ampliamente sobre la epidemia y sus consecuencias. Por este motivo, solamente llegaban las noticias de la gripe en España, de donde proviene el nombre con el que se conoció pronto a la pandemia.  




Se trataba en realidad de un brote de influenza virus A, del subtipo H1N1. A diferencia de otros virus que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables entre 20 y 40 años, una franja de edad que probablemente no estuvo expuesta al virus durante su niñez y no contaba con inmunidad natural. 

Se calcula la gripe de 1918-1920 produjo cerca de 50 millones de muertos (300.000 en España) 


Plaga de Justiniano

Aunque la información sobre las enfermedades del pasado es mucho más confusa y desconocida, existen evidencias que sugieren que la llamada Plaga de Justiniano se encuentra en cuarto lugar entre las pandemias más devastadoras, con cifras de mortalidad entre los 30 y 50 millones. Esto supondría entre el 13 y el 26 % de la población. Toma su nombre del emperador bizantino Justiniano, ya que durante su reinado tuvo lugar uno de los episodios más virulentos. 

Probablemente, como en la peste negra medieval, se propagó a partir de las ratas que viajaban cientos de kilómetros en los barcos mercantes, que navegaban hacia los distintos rincones de Eurasia entre el año 541 y 549.  La plaga fue recurrente en las zonas cercanas a los puertos del Mediterráneo, donde se dieron sucesivos brotes hasta el año 750, aproximadamente.


Sida (infección por VIH)

Desde su aparición en 1976, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ha matado a 32 millones de personas, según la Organización Mundial de la Salud. A día de hoy aún hay entre 31 y 35 millones conviviendo con la enfermedad, sobre todo en África.

El virus infecta las células del sistema inmunitario, mermando la capacidad del organismo para combatir enfermedades. En las etapas más avanzadas del virus sobreviene el síndrome de la inmunodeficiencia adquirida o SIDA, que ha tenido un gran impacto en la sociedad no solo a nivel de salud, sino como fuente de discriminación.

A pesar de que en la actualidad el VIH/sida ya no es una enfermedad mortal, sigue siendo uno de los problemas de salud pública más graves del mundo, especialmente en los países de ingresos bajos o medios, según la OMS. A mediados de 2017, 20,9 millones de personas estaban recibiendo terapia antirretroviral en todo el mundo. Sin embargo, solo el 53% de los 36,7 millones de personas que vivían con el VIH estaba recibiendo el tratamiento en 2016 a nivel mundial.


COVID19

Todavía inmersos en plena pandemia de Covid-19 no podemos todavía valorar adecuadamente su mortalidad. En el momento de escribir estas líneas se calcula que ya ha producido más de 2.600.000 muertos, y su virulencia es sigue siendo muy alta. Las vacunas son una esperanza de futuro. Esperemos que se detenga pronto esta macabra danza de la muerte, a la que aludíamos al hablar de la obra de Brueghel. Lo que es seguro es que no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a amenazas de este tipo. 



viernes, 22 de mayo de 2020

Manos, higiene y gel hidroalcohólico










Eduardo Kingman

Manos 


Óleo sobre lienzo





Eduardo Kingman (1913-1997) fue un reconocido pintor ecuatoriano enmarcado en el expresionismo, una corriente artística que busca mostrar los sentimientos y las emociones del autor, más que la representación de la realidad objetiva. La pintura entonces presenta una escena dramática, una tragedia interior.


Milan Kundera MC on Twitter: "Eduardo Kingman: El pintor de las ...




















Ki
n
gman estaba muy interesado en el llamado realismo social, y se centró sobre todo en plasmar las manos, dándoles frecuentemente una dimensión de reivindicación étnica y de manifiesto político. Por este motivo se le conoce también como el pintor de las manos. A mediados de 1940 decidió alejarse del indigenismo y evolucionó hacia un lenguaje propio, con una visión más humanista, ligado a la religiosidad popular, con un apego por retratar las ilusiones y los sentimientos. 

Recientemente, con motivo del 107 aniversario de su nacimiento se le dedicó  una exposición en Quito, titulada "Visiones íntimas del ser", en el marco de diversos homenajes a su persona. La exposición reunía diez obras de Eduardo Kingman, ocho de las cuales forman parte de la colección de la Galería Kingman y de Soledad, la hija del artista; y dos más proceden de la Reserva Alberto Mena Caamaño. La exposición tuvo que ser clausurada, antes de tiempo, por el confinamiento impuesto por la actual pandemia de COVID19.





Vivir Ecuador :: Eduardo Kingman ”El Pintor de las Manos”


Precisamente, estar inmersos en esta pandemia hace que en estas circunstancias las sugerentes manos de Kingman nos recuerden la importancia de la asepsia de las manos para evitar el contagio. Es importante lavarse muy frecuentemente las manos con agua y jabón. 

Algunos añaden al lavado de manos la aplicación de un gel hidroalcohólico antiséptico, que puede también sustituir al lavado de manos, cuando éste no pueda realizarse. Ahora se han popularizado mucho estos geles, pero desde cuando los estamos usando?

La primera en tener la idea del gel hidroalcohólico fue de Lupe Hernández, en 1966. Lupe, estudiaba enfermería en Bakersfield, una ciudad a 160 Km. al norte de Los Ángeles, con una gran población dedicada a la agricultura, la minería y la industria petrolera. Advirtió que en el curso de las prácticas, no siempre tenía acceso a agua corriente y jabón para lavarse las manos. Frecuentemente solamente antes de comenzar y al terminar su tarea. 

En aquel momento ya era conocida la importancia de la asepsia de manos. Los médicos y las enfermeras se lavaban las manos antes de entrar en el quirófano y de realizar prácticas quirúrgicas, pero no siempre lo hacían entre paciente y paciente en la atención clínica cotidiana. 

Lupe Hérnandez, la joven latina estudiante de enfermería en Bakersville que inventó el alcohol en gel
Retrato (atribuído) de Lupe Hernández



















Desde hacía por lo menos un siglo (y tal vez antes) se conocían las propiedades del alcohol como desinfectante.  Pero el uso directo del alcohol daña la capa de protección lipídica de la piel, produciendo manos resecas y dermatitis ortoérgica. Por eso, Lupe Hernández comenzó a pensar en un gel que conservara las propiedades desinfectantes sin dañar la piel. Para crear el gel, Guadalupe mezcló alcohol etílico (en una proporción de 60-65%) con agua destilada y glicerina para desinfectar las manos.

No sabemos más de Lupe Hernández. Tampoco sabemos si llegó a patentar el producto. Lo cierto es que el gel hidroalcohólico se fue usando progresivamente. Al principio solamente en clínicas y hospitales. Más tarde también en las fuerzas armadas. En 1988 se empezó a comercializar con el nombre de Purell para el gran público, aunque tuvo una discreta acogida. 

Durante la epidemia de gripe A en 2009 el consumo del producto se hizo masivo. Las campañas de prevención insistían en la conveniencia del lavado de manos, y se acompañaban de recomendaciones de que en caso de no disponer de la posibilidad de lavarse frecuentemente, se podía recurrir al gel hidroalcohólico para sustituirlo. Para muchos fue una novedad, aunque el gel desinfectante ya contaba con medio siglo de vida. 

La popularidad de los geles para manos no sólo ha sido impulsada por el miedo a las pandemias: se ha vuelto parte de una rutina de higiene para mucha gente. Está presente en los despachos, oficinas públicas, en los baños públicos, en los bolsos o mochilas de los particulares. Probablemente parte de este éxito es debido a la publicidad que subraya frecuentemente que el gel mata a un 99% de gérmenes. Aunque el agua y jabón tienen todavía un efecto mayor, no suele explicitarse así en las campañas publicitarias. Las ventas han crecido exponencialmente en la última década. Solo en los EEUU, el crecimiento del mercado es asombroso: valorado en 28 millones de dólares en 2002, se aumentó a 80 millones en 2006, y más de 402 millones en 2015. Tras la pandemia de Covid19 probablemente esta escalada será todavía mayor. 





Desde hace unos años se ha convertido en costumbre que los médicos se froten las manos con este producto cada vez que entran o salen de una habitación; y también cada vez que empiezan y finalizan una consulta con un paciente. Desde que se arraigó esta nueva conducta, este nuevo hábito, los estudios científicos muestran una contundente baja en el porcentaje de infecciones intrahospitalarias y en las enfermedades del personal sanitario, a pesar de que algunas bacterias se han demostrado resistentes al alcohol. 

Lo más recomendable, sin embargo, sigue siendo lavarse las manos con agua y jabón, ya que el jabón disuelve el recubrimiento lipídico del virus y lo inactiva. Ese es el método más eficaz y el prioritario para prevenir enfermedades. Sin embargo, en caso de que no se pueda realizar, el uso del alcohol en gel es recomendable, ya que elimina más del 99% de las bacterias y gérmenes. Tal como lo pensó Lupe Hernández en Bakersfield en 1966.