divendres, 14 de desembre de 2018

Historia de la jeringa (V): La esterilización







Caja de esterilización 
de jeringas 
(Mediados del s. XX)

Colección particular  



En entradas anteriores hemos visto como el gran progreso de las jeringas fue la obtención de un vidrio resistente al calor por parte de los fabricantes Luer. Hasta aquel momento ni la jeringa de Pravaz ni ninguno de los intentos anteriores habían podido conseguir un instrumento que pudiera someterse a una esterilización eficaz, por lo que el riesgo de transmisión de infecciones era muy alto. 



Modelos históricos de estufa Poupinel
de esterilización por calor seco (arriba y abajo)


Pero gracias a los nuevos vidrios usados por los Luer las jeringas eran ya esterilizables por fuentes de calor. Se podían someter a la esterilización en el autoclave de Chamberland (usado desde 1884). A principios del s. XX se popularizaron los llamados hornos de Pasteur o estufas Poupinel, ideadas por el cirujano francés Gaston Poupinel (1858-1930) alumno de Pasteur, que era un cofre que cerraba herméticamente y podía ser sometido a altas temperaturas. 


Estas estufas usaban el calor seco con circulación de aire, y su mecanismo de esterilización se basaba en transferir el calor lentamente, reduciendo más el nivel de hidratación, y destruyéndo las proteínas y componentes celulares de bacterias y hongos que literalmente se “quemaban”. El calor seco sin embargo llega de forma irregular a todas las partes de los materiales a esterilizar por lo que deben usarse altas temperaturas (160-230 ºC) y un tiempo de exposición al calor suficiente. 


Esterilizador-hervidor de calor húmedo,
dotado de resistencia eléctrica y
mostrando 
su estante perforado
Pero además existían los hervidores o esterilizadores de calor húmedo, que podían ser portátiles, por lo que eran muy prácticos. A mediados del s. XX estos aparatos estaban dotados de una resistencia que se enchufaba directamente a la corriente y ponía en ebullición el agua de su interior. También tenían un cajoncito de metal perforado por el que podía pasar el vapor a un nivel superior, donde se disponían las cajas metálicas conteniendo las jeringas u otros instrumentos. La esterilización húmeda penetraba mejor, permitiendo una esterilización efectiva y algo más rápida que el calor seco. El hervidor-esterilizador fue un instrumento inseparable de médicos y enfermeras hasta los años 70 del s. XX. 
Jeringas y cajas metálicas de esterilización

Todos estos sistemas fueron abandonados al introducirse masivamente las jeringas de plástico de un solo uso, como veremos en una próxima entrada del blog. 





Historia de la jeringa:  

I: El mito de Syrinx 
https://xsierrav.blogspot.com/2018/12/la-historia-de-la-jeringa-i-el-mito-de.html?spref=tw

II: Antecedentes 
https://xsierrav.blogspot.com/2018/12/la-historia-de-la-jeringa-ii.html?spref=tw


III: La jeringa de Pravaz
https://xsierrav.blogspot.com/2018/12/historia-de-la-jeringa-iii-la-jeringa.html?spref=tw

IV: La jeringa Luer 

https://xsierrav.blogspot.com/2018/12/historia-de-la-jeringa-iv-la-jeringa.html?spref=tw

V: La esterilización 

https://xsierrav.blogspot.com/2018/12/historia-de-la-jeringa-v-la.html?spref=tw











dijous, 13 de desembre de 2018

Historia de la Jeringa (IV): La jeringa Luer







Jeringa tipo Luer


Colección particular  





En entradas anteriores hemos visto como tras algunos antecedentes la invención de la jeringa y de la aguja hipodérmica llegaron como consecuencia de los trabajos de Pravaz y Wood. Sin embargo el gran paso que permitió la generalización de las jeringas lo dio una mujer, Jeanne Luer. 


      
Jeanne Luer
Su padre, Amatus Luer, era cuchillero y vidriero. Se instaló en París en 1834 donde, tras trabajar en la Casa Charrière (en la que ya se fabricaban una variante de las jeringas de Pravaz) montó su propio negocio con el nombre de Amatus Luer Maison.  La proximidad con la École de Médécine hizo que pronto se especializara en la venta de instrumental médico de todo tipo. 

Jeanne Luer se casó en 1867 con Hermann Wülfing. Entre los dos formaron un buen equipo. Wülfing se encargó de la parte comercial y Jeanne al desarrollo de nuevos productos. Así fue como, con la ayuda de Fournier, un soplador de vidrio de su fábrica, inventó el cilindro graduado de dos piezas, ambas de vidrio. El émbolo, de vidrio esmerilado, ajustaba perfectamente y permitió eliminar el metal y otros materiales del instrumento. 

Además inventó la conexión cónica con la aguja, que permitía evitar el atornillamiento del mismo, lo que era más práctico. Su marido Hermann Wulfing realizó multiples patentes en varias naciones, con mucho éxito. Las jeringas de conexión cónica se impusieron y solamente algunas de ellas, destinadas a la odontología, continuaron con la conexión de rosca de tornillo. 


Jeringa tipo Luer JK 5cc. 
National Museum of American History
Jeringa tipo Luer Boston Record 10 cc.
National Museum of American History



Pero el gran reto era poder esterilizar el dispositivo, para evitar las infecciones. Los Luer consiguieron un vidrio que resistía la ebullición, lo que les permitió imponer su modelo a cualquier otro. Ahora las jeringas se podían hervir y se podían usar para inyectar sustancias a diversos sujetos sin peligro de infección. 

En 1897 los norteamericanos Maxwell Becton Dickinson y Fairleigh que estaban viajando por Europa en busca de equipos  médicos para Norteamérica, visitaron a la familia Luer-Wulfing. Le compraron los derechos exclusivos de su jeringa para América del Norte y a través de sus grandes empresas internacionales vendieron sus productos a todo el mundo. 

La jeringa fue un gran éxito. Dickinson, preocupado por los peligros de las agujas que se deslizan fuera de la boquilla, diseñó y patentó una conexión de acero que incluía el tubo cónico en su centro, la aguja se trabó en su lugar de forma segura mediante un giro. Su Luer-lok generaría innumerables adiciones y variantes, incluidas válvulas pequeñas, conectores en T y accesorios de vacío. 


Jeringa tipo Luer usada para inyectar el Salvarsán que constituyó el fármaco de elección en el tratamiento de la sífilis en la primera mitad del s. XX. Museo Olavide. Madrid. 



IV: La jeringa Luer 



dimecres, 12 de desembre de 2018

Historia de la jeringa (III): La jeringa de Pravaz









Jeringa de Pravaz


Metal Colección Wellcome. Londres.  





En entradas anteriores nos hemos referido a la etimología de la palabra jeringa y a los diversos intentos precursores de obtener un dispositivo que permitiera inocular sustancias en la hipodermmis 

         Charles Gabriel Pravaz (1791-1855)       
Sin embargo, dejando de lado estos antecedentes podemos considerar que la primera jeringa propiamente dicha fue descrita en 1851 por el cirujano francés Charles Gabriel Pravaz (1791-1855), de Lyon. Pravaz tomó la aguja hueca de Rynd y lo acopló como pieza separada a un cilindro de plata de 3 cm de largo y 5mm de diámetro, que llevaba unido un trocar de oro o cobre y una especie de émbolo, que mediante el giro, y no con la presión, permitía la administración de sustancias. En este modelo, el disco del pistón era de cuero. La utilizó para inyectar coagulantes químicos en los vasos sanguíneos de animales, para experimentar la esclerosis de aneurismas con percloruro férrico, pero no llegó a realizar experimentación humana. Era la primera vez que se usaba la jeringa separada de la aguja. Pravaz hizo una escasa publicidad de su invento, y sería otro cirujano francés, L. J. Béhier quien daría a conocer la invención de Pravaz en toda Europa, dándole el nombre de "aparato o jeringa de Pravaz"


Jeringa de Pravaz 
(foto tomada del blog de Tomás Cabacas) 
Aunque se acepta a Pravaz como inventor de la jeringa, el auténtico inventor de las inyecciones hipodérmicas fue Alexander Wood, secretario del prestigiosísimo Royal College of Physicians de Edimburgo en 1850. Wood introdujo algunos cambios sobre el modelo de Pravaz, cambiando el punto de corte de la aguja y acoplándole un tubo de vidrio, para administrar opiáceos en las neuralgias. Ya hemos visto que el desarrollo de la jeringa va bastante unido en sus inicios a los intentos de administrar opiáceos por vía parenteral.  Wood administró morfina a su esposa para tratarle una neuralgia, mediante su jeringuilla. El dolor de la Sra. Wood mejoró, aunque se volvió adicta a la aguja y más tarde murió por una sobredosis. Así la primera sustancia que fue inyectada con la jeringa hipodérmica fue la morfina. Wood mencionó la recién inventada jeringa hipodérmica, en su libro “El nuevo método para el tratamiento de las neuralgias, aplicando directamente opiáceos a los puntos dolorosos”.

El uso de la jeringuilla había propiciado el uso indiscriminado de morfina para aliviar cualquier tipo de dolores. Aunque la trágica muerte de la Sra. Wood como consecuencia de su adicción debía haber alertado de los potenciales peligros de los opiáceos, fue un incidente que apenas se tuvo en cuenta. Los médicos de la época sostenían que la vía parenteral ofrecía innegables ventajas. La administración de los opiáceos por vía oral les planteaba problemas con la dosificación, que creían mucho más exacta si se inyectaban. Los resultados eran más rápidos y -según afirmaban entonces- no producía hábito. La morfina se introdujo así como analgésico en cualquier proceso doloroso, ya que en aquel momento se la consideraba “el medicamento más notable descubierto por el hombre”. 
Jeringa de Pravaz. Colección particular. 

Posteriormente se fueron creando agujas mas finas y graduando el cuerpo de la jeringa para conocer con precisión las dosis que se administraba. Charrière perfeccionó la jeringa de Pravaz reemplazando el metal del cuerpo de bombeo por vidrio y el trocar-cánula, que era de incómodo manejo, por una aguja hueca cortada en bisel y que ulteriormente fueron realizadas en materiales inalterables como el oro o el platino. 


Grabado demostrativo de como 
se cargaba una jeringa de Pravaz.
(Wellcome collection)
Pero era absolutamente necesario poder esterilizar las agujas y jeringas. El nacimiento de la bacteriología había revelado la presencia de múltiples gérmenes microscópicos que podían ser transmitidos con facilidad. Las jeringas debían poder ser desmontadas con facilidad y ser de materiales que pudiesen someterse a procedimientos de esterilización. El cuero del pistón fue pronto substituído por diversos materiales que podían ser sometidos a ebullición. Strauss y Collin lo reemplazaron por médula de saúco. Lhomme usó capas de hojas de amianto y tela fina recosidas para obtener un pistón sólido y estanco. 

También se grabó la graduación, para facilitar el cálculo de la dosis administrada. El grabado se realizó primero sobre el émbolo y más tarde sobre el cuerpo de la jeringa. 

Bibliografía


ANÓNIMO (1966): Un innovador en la ortopedia en el siglo XIX. Charles Gabriel Pravaz. Lyon Revue Medicale, 30 diciembre, 15 (20), 937-944. Lyon.
ANÓNIMO (1988): Pravaz (Carlos Gabriel). Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, 46, 1301. Madrid, Espasa-Calpe.
Cabacas, T.  Jeringa de Pravaz. http://tomascabacas.com/jeringa-de-pravaz/
Pablo de Jaime Ruiz y J. M. de Jaime Loren. Epónimos científicos: Jeringa de Pravaz. https://blog.uchceu.es/eponimos-cientificos/jeringa-de-pravaz/



Jeringa hipodérmica victoriana de Pravaz, de plata




dimarts, 11 de desembre de 2018

La historia de la jeringa (II): Antecedentes
































Dibujo de la jeringa de Anel

Grabado




En una entrada anterior nos ocupamos de la etimología de la palabra jeringa y el bello mito de Pan y Syrinx. Vamos a ver hoy algunos datos sobre la historia de un humilde invento que sin embargo posibilitó grandes progresos médicos y terapéuticos: la jeringa. 

Aunque desde la antigüedad se reflexionaba en la forma de introducir sustancias en el interior del organismo a través de la piel, directamente en los músculos o la sangre. Así, podemos recordar algunos antecedentes de cánulas, como los intentos de los de los griegos, que con una vejiga unida a una caña realizaban enemas, o cuando el cirujano egipcio Ammar Ali al-Mawsili (s. XI) ideó un artilugio con un tubo de vidrio hueco con el que mediante succión intentaba remover las cataratas de los ojos de un paciente, práctica que continuó en uso hasta el año 1230.
Uno de los primeros antecedentes teóricos se debe al famoso arquitecto y científico inglés Sir Christopher Wren, conocido por el diseño de la Catedral de San Pablo en Londres. En un momento de su vida sufrió un proceso patológico que le impedía ingerir alimentos. A través de los trabajos de famoso anatomista Andrés Vesalius (considerado del padre de la anatomía moderna ) llegó a la conclusión de que los alimentos absorbidos en el tracto digestivo son llevados por la vía sanguínea a todos los órganos del sistema. Por lo tanto, si se ponía la sustancia directa en un vaso sanguíneo, rápidamente se tendría el efecto esperado, de esta reflexión y de su ingenio surge la primera jeringa hipodérmica.
El libro de Dominique Anel en el que da cuenta de
su invento de la jeringa para succionar las heridas. 
Una vez tuvo claro este concepto, ideó una pluma de ave biselada en un extremo. En el extremo opuesto le adaptó una vejiga de un pequeño mamífero. La experimentó primero con un perro y luego la usó personalmente para administrarse opio. Aunque la idea era buena, el riesgo de infecciones y complicaciones era altísimo. 

En 1713 el cirujano francés Dominique Anel ideó una jeringa fina con bomba para el tratamiento de los conductos lacrimales y proceder a la limpieza de las heridas por succión.  
En 1776 el famoso cirujano londinense John Hunter usó algo parecido a una jeringa para extraer el semen de un sujeto con hipospadias (malformación congénita de la uretra masculina que desemboca a mitad del pene en vez de llegar hasta la punta). Logró así una satisfactoria inseminación artificial.

El descubrimiento de la morfina, un derivado del opio, a principios del s. XIX estuvo muy relacionado con el desarrollo de las jeringuillas. En 1809 el médico francés François Magendie había demostrado que era posible introducir medicamentos a través de la piel. Basándose en esta posibilidad, el médico francés Lafargue consiguió introducir morfina bajo la piel, mediante el empleo de una lanceta que forzó en posición casi horizontal (1836). 


Jeringa de Anel, de plata maciza (primera mitad del s, XVIII)


Siguiendo esta línea de desarrollo en el año 1839, los doctores Taylor y Washington, de Nueva York, presentaron por primera vez la forma de introducir una solución de morfina en los tejidos mediante la jeringa de Anel, la cual fue predecesora del actual instrumento hipodérmico.


En 1844, el médico irlandés Francis Rynd (1801-1861) introdujo el uso de una aguja metálica hueca lo que mejoraba las posibilidades de plantear una inyección. Lo comprobó instilando morfina en una paciente con neuralgia del trigémino. 

En la próxima entrada veremos como después de estos intentos preliminares, se llegó a un instrumento realmente eficaz para inyectar sustancias: la jeringa de Pravaz. 


Bibliografía

Historia de la jeringuilla 
https://ceheginpaco.wordpress.com/2015/03/15/historia-de-la-jeringuilla/


dilluns, 10 de desembre de 2018

La historia de la jeringa (I): El mito de Syrinx






Atribuído a Tiziano Aspetti 

Pan y Siringa 
(1605)

Mármol 43x60x6 cm 24,4 kg 
Museo del Prado. Madrid.




La introducción de la jeringa fue un gran progreso médico. Posibilitó la administración de sustancias por vía parenteral garantizando un efecto rápido y evitando algunos problemas de otras vías de administración. También fue útil para realizar extracciones de sangre y otros fluidos sin contaminar y potenciando así las determinaciones analíticas en el laboratorio.  


Hendrick van Balen el Viejo: Pan persiguiendo
a Syrinx. National Gallery. Londres. 
Este instrumento tubular, dotado de un émbolo, se parecía mucho a una caña hueca, por lo que su nombre se hizo derivar del griego σύριγγα siringa (caña). Así sucede en muchas lenguas: jeringa (castellano), syringe (inglés), seringue (francés), siringa (italiano), xeringa (catalán), xiringa (gallego)...


Lo que frecuentemente se suele olvidar es que a su vez la palabra que designa a las cañas en griego deriva de un personaje mitológico, la náyade Syrinx, que solía cazar en los bosques de Arcadia con su arco de cuerno. Había consagrado su vida a la diosa Artemisa, protectora de los cazadores y había hecho voto de virginidad. 


Jean-François de Troy: Pan y Syrinx.
François Boucher: Pan y Syrinx (1759)

Un día, bajando del monte Liceo, el dios Pan la encontró y al verla tan bella la deseó y la empezó a perseguir. La ninfa, horrorizada del aspecto monstruoso de Pan (que tenía un aspecto terrorífico, con cuernos y pies de cabra) corrió intentando zafarse del sátiro, hasta que quedó acorralada en el río Ladón. Viendo que el lascivo Pan la iba a alcanzar irremisiblemente, pidió ayuda a sus hermanas las ninfas, que compasivas la transformaron en un cañaveral. 


Ignaz Elhafen: Pan persiguiendo a Syrinx (1690-1695). Marfil.
Los Angeles County Museum of Art

Cuando Pan llegó se vio burlado, ya que sólo pudo abrazar las cañas mecidas por el viento. Pero el rumor que producían le agradó tanto que decidió construir un nuevo instrumento, a la que llamó siringa en recuerdo de la ninfa Syrinx. Este fue en adelante el instrumento que lo caracterizó y que por este motivo también se conoce como flauta de Pan. Está formado por varias cañas unidas y cortadas en escala decreciente a fin de que, soplando en ellas se obtienen varias notas y es una flauta que se hizo muy popular entre los pastores y en escenas bucólicas. 


Pan enseña a Siringa a tocar la flauta (s. II) Mármol. 161 cm.
Museo Archeologico Nazionale. Nápoles.

En próximas entradas del blog trataremos de la historia de la jeringa, como se inventó y de los prefeccionamientos ulteriores que posibilitan tanto las extracciones de sangre y otros fluidos corporales como la administración de fármacos por vía parenteral.






divendres, 7 de desembre de 2018

Dedos como baquetas





Josep Tramulles 

Martiri de Sant Sebastià
(1652-1654)

Museu d'Art de Girona




Recientemente el Museu d'Art de Girona ha restaurado el retaule de Sant Sebastià, gracias a la financiación de la Diputació de Girona y a la eficaz labor de las restauradoras Laia Roca y Esther Horno. Se trata de un notable retablo barroco procedente del hospital de Sta. Caterina de esta ciudad, que se hallaba oscurecido por la pátina del tiempo y por la suciedad acumulada. Los colores, que hasta hace poco aparecían lúgubres y apagados, lucen ahora espléndidos, con una nueva luz, que confiere a las figuras una nueva expresividad y dinamismo. 

El retablo es obra de Josep Tramulles, uno de los más destacados escultores barrocos catalanes, que realizó también los retablos de Santas Creus, Sant Cebrià de Tiana, Valls i Sta. Maria de la Geltrú. 


Vista de la totalidad del Retaule de Sant Sebastià. Museu d'Art de Girona. 

El retablo de Sant Sebastià fue encargado por las autoridades de Girona, como ofrenda en acción de gracias tras superar la peste de 1650, una mortífera epidemia que según el historiador Josep Clarà, de la Universidad de Girona, causó más de 1000 muertos en la ciudad (en aquel momento la población de Girona era de unos 6000 habitantes). Aunque la ciudad había ya establecido medidas preventivas para evitarla en 1648, finalmente se produjo el contagio de un enfermero del hospital que había comprado ropa infectada a un soldado de Tortosa. A consecuencia de la epidemia, la ciudad permaneció aislada para evitar la propagación del mal hasta el 20 de febrero de 1651, fecha en la que se restableció la libre circulación de personas y mercancías. San Sebastián es uno de los santos que se consideran protectores de las epidemias de peste, y de ahí la ofrenda del retablo. 

Contemplando el retablo, que ahora luce en todo su esplendor, me fijé en las manos de San Sebastián. Son unas manos grandes, desproporcionadas, mayores de lo que cabría esperar. Los dedos están algo más engrosados en las puntas, como las baquetas de un instrumento de percusión y las uñas aparecen algo abombadas. Naturalmente estas son licencias artísticas propias del barroco, pero no pude dejar de evocar lo que los médicos llamamos "dedos hipocráticos", tal vez por una cierta deformación profesional. Perdonadme esta inevitable tendencia. 

Los dedos hipocráticos, también llamados dedos en palillo de tambor o acropaquia, aparecen cuando aumenta la cantidad de tejido blando en el lecho de la uña. En estos casos, las uñas aumentan su convexidad y toman un aspecto abombado, como una cuchara del revés o "en vidrio de reloj". La causa de este aumento no se conoce bien, pero podría estar relacionado con la concentración de las proteínas que estimulan el crecimiento de los vasos sanguíneos o con una disminución local del oxígeno. Se le da el nombre de dedos hipocráticos porque ya figuran en las descripciones clínicas de Hipócrates (s. V a.C.)

Los dedos en palillo de tambor suelen presentarse en algunas enfermedades pulmonares (cáncer de pulmón, fibrosis pulmonar, bronquiectasias, tuberculosis...) y también en algunos trastornos cardíacos congénitos u otras enfermedades (cirrosis, hipertiroidismo de Graves-Basedow...)  De todos modos hay casos en los que tiene un mero carácter hereditario, sin que implique trastorno alguno. En la actualidad se ven muchas veces en grandes fumadores. 

Como digo, lo más probable es que en el retablo esto no manifieste más que una licencia del estilo barroco, tan dado a la grandilocuencia y a la hipertrofia. O quizás, que el modelo de Tremulles adolecía de alguna patología pulmonar, como tuberculosis, tan frecuente en la época. Lo que es seguro es que, desde luego, San Sebastián no era fumador...