dimarts, 19 de febrer de 2019

San Dionisio y la sífilis








André d'Yprès 

Crucifixión del Parlamento de París (detalle)
(1449)

Tabla. 226 x 270 cm 
Museo del Louvre. París




En la tabla de la llamada Crucifixión del Parlamento de París encontramos, además de las escenas propias del Calvario, algunos santos protectores de la monarquía francesa: San Juan Bautista, San Luis, San Dionisio y Carlomagno, que tambiuén era venerado como santo. no solo en Francia sino también en ciudades limítrofes como Girona. En el paisaje del fondo, a la izquierda, reconocemos en el primer término el palacio de la Cité, sede del Parlamento, y más allá se recorta la silueta del Louvre, castillo fortificado que Carlos V había transformado en fastuosa residencia real. 


San Dionisio, en la portada de la Virgen
de la Catedral de Nôtre-Dame de París
Pero vamos a fijarnos en la imagen de San Dionisio (Saint Denis), que aparece revestido con sus atributos de obispo y decapitado. Sostiene entre sus manos su cabeza exsangüe, con la lividez cadavérica y los labios cárdenos. La imagen insólita de un obispo decapitado que sostiene su cabeza cercenada y mitrada con sus propias manos es la iconografía que permite reconocer a este santo. 


En el s. III, se había decretado perseguir a los cristianos si se negaban a rendir culto al emperador Aureliano. Aunque los romanos eran muy tolerantes en temas de religión, exigían rendir culto al emperador, ya que era una forma de demostrar la sumisión al poder romano. Este ritual no era conflictivo para un politeísta, pero el monoteísmo cristiano impedía que sus fieles lo aceptaran. Esta "rebeldía" fue motivo de encarcelamientos y ejecuciones en todo el Imperio. La población cristiana de la Galia  había sido diezmada y allí acudió el obispo Dionisio con sus inseparables compañeros Rústico y Eleuterio para confortar a los maltrechos seguidores de Cristo en aquella ciudad.

Dionisio fijó su sede en Lutecia (antiguo nombre de París). Desde allí sus discípulos erigieron las sedes de Chartres, Senlis y Meaux. Las numerosas conversiones conseguidas por Dionisio alarmaron a los sacerdotes paganos, que lo hicieron prender. Tras negarse, como tantos crtistianos a rendir culto al emperador fue decapitado el año 272 en la colina más alta de la ciudad, que probablemente fue un lugar santo druídico. A esta colina se la denomina hoy Montmartre, cuyo nombre actual, derivaría según creencia popular, del latín mons martyrium (“Montaña de los Mártires”).   


Martirio de San Dionisio. Tímpano de la basílica de Saint-Denis. 

Según la leyenda recogida en las Vidas de San Dionisio, escritas en época carolingia, el santo  tras ser decapitado, se levantó, recogió su cabeza y caminó seis millas con su cabeza bajo el brazo, atravesando Montmartre por un viejo sendero que coincidía con la posteriormente llamada rue des Porcherons, que después sería rebautizada en su honor como rue des Martyrs (calle de los Mártires). Al término de su trayecto, entregó su cabeza a una piadosa mujer descendiente de la nobleza romana, llamada Casulla, y después se desplomó. En ese punto exacto fue sepultado y más tarde se edificó la célebre basílica de Saint-Denis en su honor, y que posteriormente albergó el panteón de los reyes de Francia. También la población que surgió a su alrededor tomó el nombre de Saint-Denis.  

La tradición del culto a San Dionisio de París, fue creciendo poco a poco, y haciéndose cada vez más popular. El abad Suger contribuyó a su popularización, si bien lo confundió con Dioniso Aeropagita de Atenas, sosteniendo que Dionisio había asistido a un sermón de San Pablo.   

Según recoge el historiador Gregorio de Tours (s. VI) en su Historia Francorum se considera a S. Dionisio como el primer obispo de París, y también es conocido como el "apóstol de las Galias". Es el patrón de París, junto con Santa Genoveva. 



San Dionisio y la Virgen, en una xilografía alemana de 1497,
en la que se le invoca como protector del "mal francés" (sífilis).
                      



Detalle de los dos enfermos de sífilis, con ostensibles lesiones cutáneas,
arrodillados a los pies de S. Dionisio y de la Virgen. Al fondo la silueta de París, amuraqllado con una torre del homenaje que recuerda a la que había habido en el Louvre


A S. Dionisio se le considera también protector frente a ciertas enfermedades, como por ejemplo las cefaleas, migrañas y otras afecciones de la cabeza, lo que parece bastante obvio. 

En un folleto alemán de 1497 aparece una oración a San Dionisio para protección frente a la sífilis que en aquel momento era una enfermedad de muy reciente aparición en Europa. Probablemente la denominación que en aquel momento se daba a la sífilis ("el mal francés") causó que se buscara la protección de un santo genuinamente francés, y por este motivo se la asoció precozmente con el apóstol de las Galias. El santo aparece portando su cabeza frente a la Virgen (también considerada protectora frente a este mal en aquel momento). A ambos lados, en escala reducida aparecen dos devotos con evidentes lesiones cutáneas de sífilis. 


San Dionisio decapitado. Estatua de piedra. Portal de la Virgen. 
Catedral de Nôtre-Dame de París 



dilluns, 18 de febrer de 2019

El templo de Xipetotec, el dios desollado






Xipetotec

Fragmento de escultura de piedra volcánica
Templo de Xipetotec. 
Yacimiento de Ndachijan-Tehuacán. 
Puebla (México)



El dios Xipetotec (Nuestro Señor Desollado) era una de las divinidades aztecas más importantes. Su influencia era reconocida por diversas civilizaciones tanto en el México central como en las culturas del golfo o las del oeste. Sin embargo hasta ahora no se había hallado nunca un templo dedicado exclusivamente a su culto. 

En un comunicado (3 de enero de 2019) el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha anunciado que en octubre de 2018 se descubrió, el primer templo conocido dedicado a esta divinidad, en Ndachijan-Tehuacán (estado de Puebla, en el centro de México).




Perspectivas del templo de Xipetotec del  yacimiento de Ndachijan-Tehuacán. 


El templo es un recinto de 12 m de longitud y 3,5 m de altura. En él se han hallado dos altares de sacrificio, tres esculturas de piedra volcánica (probablemente riolita) y diversos elementos estructurales situados en un subsuelo piramidal. Se cree que la mayor actividad del templo se desarrolló entre los años 1.000-1.200 d.C. aunque posteriormente siguió teniendo algún uso hasta el s. XV. Dos de las esculturas representan dos cráneos de unos 70 cm y de unos 200 kg de peso. También se ha encontrado una estatua de un tronco humano recubierto con la piel de un desollado, que se ha identificado con Xipetotec, un dios asociado a la fertilidad, a la regeneración de los ciclos agrícolas y a la guerra. La figura es de 80 cm y está revestido con la piel desollada y una falda de plumas. Los nudos con los que se sujeta la falda están representados con mucho detalle. 

Una de las fiestas aztecas más importantes era la de "Tlacaxipehualiztli", que en lengua nahátl significa "ponerse la piel del desollado". El rito tenía lugar sobre dos altares circulares. En uno de ellos se sacrificaban prisioneros y en el otro tenía lugar el desollamiento de las víctimas en honor a Xipetotec. Los sacerdotes se revestían después con la piel de los sacrificados, que era depositada luego en pequeñas cavidades. A veces, antes de depositar la piel en estas cavidades se aplicaba a enfermos con ciertas enfermedades cutáneas, como parte de un tratamiento chamánico. Se creía que la enfermedad pasaba por contacto a la piel desollada. Tanto los enfermos como los sacerdotes, revestidos de las pieles de los sacrificados realizaban una procesión votiva. 


Los dos cráneos encontrados en el templo. 

La importancia de este hallazgo radica precisamente en que se han encontrado todos los elementos de culto: los dos altares, agujeros en el suelo para dejar las pieles desolladas, bajo los cráneos de piedra. En el templo, la escultura de Xipetotec se "mataba", es decir se fragmentaba ritualmente. La estatua tenía un orificio en el vientre en el que se situaba una piedra de jade que tenía el poder de "resucitar" al dios sacrificado durante las ceremonias. El brazo izquierdo de la escultura está en una extraña posición que se interpreta como la mano del sacrificado que "quedaba colgando" hacia atrás después del desollamiento ritual. 



Bibliografía

Descubren el primer templo dedicado a Xipe Tótec en la Zona Arqueológica de Ndachjian–Tehuacán. https://www.inah.gob.mx/boletines/7883-descubren-el-primer-templo-dedicado-a-xipe-totec-en-la-zona-arqueologica-de-ndachjian-tehuacan


AFP. Un temple dédié à un dieu célébré par des sacrifices humains découvert au Mexique. Science set Avenir (enero 2019) https://www.sciencesetavenir.fr/archeo-paleo/archeologie/mexique-decouverte-d-un-temple-dedie-a-une-divinite-azteque_130614



Hallazgo en Zona Arqueológica de Ndachjian–Tehuacán, Puebla



divendres, 15 de febrer de 2019

Los anticonceptivos y el papa







Lello Scorzelli

Papa Pablo VI
(1965)

Escultura de Bronce dorado

Museo de Arte contemporáneo
Museos Vaticanos



Giovanni Battista Montini (1897-1978) gobernó la Iglesia Católica como papa con el nombre de Pablo VI (1963-1978). Sucedió en el trono pontificio a Juan XXIII y bajo su pontificado terminó el Concilio Vaticano II que éste había comenzado. Hombre de letras y de talante liberal, su pontificado fue aperturista en muchos aspectos sociales y de talante ecuménico, estableciendo puentes de diálogo con otras iglesias cristianas e incluso con otras religiones no cristianas. 


El papa Pablo VI
Sin embargo en los aspectos relacionados con la moral sexual y reproductiva fue mucho más conservador. Su encíclica Humanae vitae (1968) fue un jarro de agua fría para los que esperaban una posición más comprensiva sobre algunos aspectos de moral sexual. Aunque los sectores más progresistas confiaron hasta el último momento en que el papa tendría una posición más tolerante, lo cierto es que en la encíclica se condenaron los anticonceptivos y el control de natalidad artificial. Pero esta postura inmovilista de la Iglesia contrastaba con un mundo que estaba cambiando rápidamente y que por primera vez tenía en sus manos un método práctico y efectivo para controlar la natalidad. 

Sin embargo tampoco la historia de la píldora anticonceptiva fue un camino fácil. Los experimentos con animales a fines de la década de 1930 habían demostrado que la progesterona en dosis altas podría detener la ovulación. En 1950 en México, Carl Djerassi había sintetizado la progesterona. Pero en los Estados Unidos (EE. UU.), la Ley de Comstock consideraba la regulación de la natalidad como algo obsceno e impedía las investigaciones sobre anticoncepción. 


El fisiólogo Gregory G. Pincus, considerado el
padre de la píldora anticonceptiva
En 1951 tuvo lugar un encuentro crucial. Margaret Sanger, una veterana líder social, defensora de la salud de la mujer, que había acuñado la expresión "control de la natalidad" y luchaba por conseguirlo conoció al fisiólogo Gregory Pincus y le convenció de que investigara una píldora anticonceptiva.  

Un año después, Pincus inició sus experimentos con progesterona en ratas. Entró en contacto con el ginecólogo John Rock y con el farmacéutico Frank Colton, director de la compañía Searle, para desarrollar la síntesis de progesterona. 

Sin embargo, en los Estados Unidos (EE. UU.), La Ley de Comstock prohibió efectivamente las discusiones públicas y las investigaciones sobre anticoncepción. Tampoco había facilidades en Canadà donde hablar de anticoncepción se veía como una obscenidad. Por eso muchas investigaciones tuvieron que realizarse en otros lugares, como Puerto Rico. La primera prueba real a gran escala de la píldora (200 mujeres) se llevó a cabo en 1956 en la localidad puertorriqueña de Rio Piedras. 


La primera píldora anticonceptiva, Enovid,
en su envase inicial (1960).
 
La píldora se prescribió por primera vez exclusivamente para el control del ciclo, y solo para mujeres casadas. Las primeras iteraciones de la píldora tenían dosis drásticamente diferentes. La primera píldora comercializada, Enovid 10 ®, salió al mercado en agosto de 1960. Contenía 9,85 mg de norethynodrel de progestina y 150 μg de estrógeno mestranol. Las píldoras de hoy contienen dosis de hormonas dramáticamente más bajas: de 0.1 a 3.0 mg de progestinas modernas y de 20 a 50 μg de estrógenos. 

El ginecólogo John Rock era un católico devoto. La Iglesia no veía con buenos ojos los anovulatorios, aunque los toleraba si se indicaban para el control de las alteraciones del ciclo menstrual. Rock pensó que si la píldora se administraba con una interrupción de 7 días, respetando lo que se parecía a una menstruación, la Iglesia podría aceptarla mejor. Por eso se introdujo un descanso de 7 días al mes, aunque no es en absoluto necesario. En solo dos años, 1.200.000 mujeres tomaban la píldora anticonceptiva en los EEUU. En cinco años, la píldora se convertiría en la forma más popular de control de la natalidad en los Estados Unidos.

Al principio, la píldora se presentaba en un envase de vidrio, como cualquier otro medicamento oral. Pero eso pronto plantó problemas, al olvidarse de los días en los que no debía tomarse. 


Enovid 10 ® en el envase calendario
Una de las mujeres que se olvidaban continuamente era Doris Wagner. Su marido, David Wagner era ingeniero y estaba acostumbrado a resolver problemas mecánicos. Intentó idear una metódica para facilitar el proceso de toma de píldoras. Primero, las dispuso sobre un calendario de papel, encima de una mesa. Durante un tiempo, este sistema funcionó, hasta que un día se cayeron todas las pastillas al suelo. Entonces fue cuando diseñó un envase calendario, parecido a los que se usan en la actualidad. Se podía así distinguir fácilmente la semana de descanso. 

Actualmente se discute la necesidad de esta interrupción cíclica. Según unas recientes declaraciones al diario  The Telegraph, el Prof John Guillebaud, profesor especialista en planificación familiar y reproducción en el University College de Londres, esta pausa mensual habría sido concebida con la esperanza de que el papa aceptaría la píldora y la haría aceptable para los católicos. 


El ginecólogo Dr. John Rock 
En 1963 Rock publicó un libro en el que defendía que la píldora anticonceptiva era compatible con los valores de la Iglesia ya que respetaba el ciclo menstrual natural de las mujeres con la administración de hormonas que ya se producían de forma natural en el cuerpo femenino. Rock terminaba solicitando a las autoridades católicas la aprobación de la píldora, como ya habían hecho con el método Ogino, que preconizaba la abstinencia sexual durante los días fértiles. 


La respuesta de la Iglesia no se hizo esperar. En 1965 se reunió un comité de 51 miembros, con mayoría de laicos: 20 teólogos, 19 demógrafos, sociólogos y economistas, 12 médicos y 3 matrimonios (una pareja de franceses, una de americanos y otra de canadienses). La comisión se declaró favorable a aceptar la píldora. Un año después la cuestión fue sometida a la opinión exclusiva de un grupo de teólogos, que también se decantaron por una opinión favorable al método anticonceptivo "ya que corresponde a las parejas decidirlo conjuntamente". 

Tras dos años de silencio, dudas y controversias internas, parece ser que el papa tenía ya escrito el borrador de una encíclica, "De nascendae prolis", en la que aprobaría el uso de la píldora anticonceptiva para los fieles católicos (mayo 1968). El papa pidió la opinión a este respecto del Sínodo de obispos, pero muy pocos respondieron. Además recibió fuertes presiones de la Curia y de los sectores más conservadores, contrarios a la aprobación moral de la píldora anticonceptiva (entre ellos uno de los más activos detractores de la píldora fue Karol Wojtyla, que más tarde sería el papa Juan Pablo II). Finalmente, el pontífice, aislado y presionado, publicó su encíclica "Humanae vitae" en la que manifestaba explícitamente su desaprobación a los anticonceptivos orales (25 de julio 1968). 

A pesar de esta reprobación, la píldora se había ya implantado con fuerza y encontró en los movimientos feministas, en los hippies y en los jóvenes de la revolución del 68 sus más firmes defensores. Su consumo se extendió considerablemente. 

Lo que ahora se discute es si merece la pena seguir respetando una semana de descanso mensual como se ha venido haciendo durante 60 años. Muchos especialistas creen que no es necesario y que los anovulatorios podrían administrarse sin interrupciones. De hecho ya hay algunas marcas en el mercado con este sistema. 


Bibliografía


Gaubert C. Attendre 7 jours entre les plaquettes de pilule est finalement inutile : faut-il blâmer le Pape ? Science et Avenir, 25.01.19  
https://www.sciencesetavenir.fr/sante/sexualite/le-pape-la-pilule-et-l-inutile-pause-entre-les-plaquettes_131053
Finley H. Una píldora anticonceptiva temprana (1964) (The Pill): Enovid-E (en un paquete etiquetado como “muestra profesional del médico”), EE. UU. Washington, DC: Museo de la Menstruación y Salud de la Mujer; 2012.

Liao PV.  Half a century of the oral contraceptive pill. Historic review and view to the future. Can Fam Physician 2012 Dec; 58(12): e757–e760. 
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3520685/al 

Pablo VI. Encíclica Humanae vitae, Roma 25 de julio 1968.  https://www.camilos.es/wp-content/uploads/2018/03/Humanae_Vitae.pdf
Rock J, Pincus G, Garcia CR. Efectos de ciertos 19-ni esteroides en el ciclo menstrual humano normal. Ciencia. 1956; 124 (3227): 891-3. 
Seaman B. El mayor experimento jamás realizado en mujeres. Explosionando el mito del estrógeno. 2ª ed. Nueva York, NY: Hyperion Books; 2003.

dijous, 14 de febrer de 2019

Acrocordones y comedones en un cuadro de Velázquez


Resultat d'imatges de velazquez sant pau mnac




Diego Velázquez

San Pablo
(circa 1619) 

Óleo sobre lienzo. 99,5 x 80 cm
Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) Barcelona



Es esta una pintura de juventud de Diego Velázquez, realizada cuando el pintor todavía vivía en Sevilla, poco antes de entrar al servicio del rey Felipe IV y trasladarse a Madrid. En esta obra se observa una clara influencia de Caravaggio.  


Detalle de la cabeza
La pintura representa a San Pablo, sentado, con túnica y un amplio manto. Lleva un libro, tal vez como referencia a su dimensión intelectual o filosófica. La identidad de la figura queda explícita por la inscripción "S · PAVLVS ·" en el ángulo superior izquierdo. Su santidad queda también afirmada por una aureola luminosa que le rodea la cabeza.



Velázquez representa al santo como un personaje de cierta edad, con el cabello oscuro y la barba cana. El rostro aparece surcado de arrugas y son visibles los efectos del fotoenvejecimiento en el rostro. Uno de los detalles que me ha llamado la atención es la presencia de acrocordones en el párpado derecho   del santo, lo que revela que el pintor observó minuciosamente los rasgos del envejecimiento cutáneo y que seguramente, como en otras de sus obras posteriores tomó a un personaje popular como modelo, como también hacía Caravaggio. 

Un acrocordón es un pequeño tumor benigno de tejido fibroso, pediculado y péndulo, que se forma principalmente a partir de cierta edad en las zonas donde la piel forma pliegues, tales como el cuello, las axilas y la ingle. Pueden asentar también en la cara, principalmente en los párpados. Su nombre deriva del griego: “ακρος” (akros) que significa extremo y “χορδή” (chordē) que significa cuerda, filamento. De superficie lisa o algo arrugada, y de un tamaño medio como de un grano de arroz, los acrocordones son indoloros, típicamente inofensivos y no tienen tendencia a crecer. Se trata de una patología banal, aunque de consulta frecuente por motivos estéticos. Cuando se localizan en párpados son especialmente molestos porque pueden dificultar la visión. Debido a su pequeño tamaño los he encontrado representados pocas veces en pinturas, aunque recuerdo algunos dibujos de Ribera y en una obra de arte contemporáneo de Joan Colomer

En este detalle son visibles los acrocordones que penden del párpado superior. Algo más arriba se entrevé un posible xantelasma. A la izquierda, sobre el arco zigomático y zona malar, pueden observarse los comedones, como pequeños puntos negros. 

Otro detalle que es visible en la zona malar del cuadro es la presencia de diminutos comedones, otro signo de fotoenvejecimiento cutáneo. En la piel senil es frecuente la presencia de comedones, que suelen observarse especialmente en las pieles de individuos que han estado repetidamente expuestos al sol y que se manifiesta además por una pérdida de elasticidad. Esta alteración cutánea se conoce como elastoidosis a quistes y comedones de Favre-Racouchot, y suele afectar especialmente las órbitas, zonas temporales, nariz y frente. Tampoco es frecuente ver esta alteración representada en la pintura, aunque la he encontrado algunas obras de Filippino LippiRembrandt, y Jordaens

Finalmente, aunque es mucho más discutible, algunas pinceladas claras periorbitarias podrían tal vez interpretarse como posibles xantelasmas, pequeños tumores benignos amarillentos que son frecuentes en la zona palpebral, Se trata de formaciones por acúmulo graso bastante frecuentes y que encontramos en pinturas y retratos de otros artistas (Sebastiano del Piombo, Frans Hals o incluso en la famosa Gioconda.

En definitiva, en este cuadro es patente la gran capacidad de observación de Velázquez que se manifestará en todo su esplendor en sus posteriores obras, así como un evidente testimonio de los signos de envejecimiento cutáneo del individuo que tomó como modelo. 






dimecres, 13 de febrer de 2019

Las buscadoras de piojos





Henriette Browne 

Hermanas de la Caridad
(1859)

Óleo sobre lienzo 24 x 31 cm
Museo de Arte Moderno (MoMa) Nueva York 




Gautier: Hijas de la Caridad
En esta pintura de Henriette Browne (1829-1901) se ve una escena que era frecuente en el s. XIX y primera mitad del s. XX. Unas monjas, con tocas de amplias alas cuidando a un niño enfermo. Esta orden religiosa femenina, las Hijas de la Caridad, fue fundada en 1633 por S. Vicente Paúl y Luisa de Marillac, con el fin de dedicarse al servicio corporal y espiritual de los pobres enfermos. Se encontraban pues en numerosos hospitales y hospicios. Era frecuente encontrarlas en estos establecimientos en los dos primeros tercios del s. XX. 

En los orfelinatos eran frecuentes las epidemias de enfermedades transmisibles. En otra entrada del blog hemos aludido a la frecuente presencia de tiñas en estas instituciones.  Otra enfermedad que era frecuente eran los piojos de la cabeza y tenemos múltiples representaciones pictóricas que son testimonio de ello. En ausencia de tratamientos efectivos, las monjas muchas veces tenían que recurrir a la desparasitación manual en los casos de los niños con pediculosis. 



Hoy vamos a aportar un testimonio literario de este tema. Una inolvidable poesía de Arthur Rimbaud (1854-1891) en la que se comenta esta práctica:  

Les chercheuses de poux

Quand le front de l'enfant, plein de rouges tourmentes,
Implore l'essaim blanc des rêves indistincts,
Il vient près de son lit deux grandes soeurs charmantes
Avec de frêles doigts aux ongles argentins.

Elles assoient l'enfant auprès d'une croisée
Grande ouverte où l'air bleu baigne un fouillis de fleurs,
Et dans ses lourds cheveux où tombe la rosée
Promènent leurs doigts fins, terribles et charmeurs.

Il écoute chanter leurs haleines craintives
Qui fleurent de longs miels végétaux et rosés
Et qu'interrompt parfois un sifflement, salives
Reprises sur la lèvre ou désirs de baisers.

Il entend leurs cils noirs battant sous les silences
Parfumés ; et leurs doigts électriques et doux
Font crépiter parmi ses grises indolences
Sous leurs ongles royaux la mort des petits poux.

Voilà que monte en lui le vin de la Paresse,
Soupirs d'harmonica qui pourrait délirer ;
L'enfant se sent, selon la lenteur des caresses,
Sourdre et mourir sans cesse un désir de pleurer.




LAS BUSCADORAS DE PIOJOS

Cuando en la frente del niño, las tormentas rojas
imploran el blanco enjambre de un sueño alado,
arriban hasta su lecho dos graciosas monjas 
uñas argénteas en largos dedos delicados.

Lo sientan delante de un gran ventanal frío
donde un aire azulado humedece las flores,
y por su pelo pesado donde cae el rocío
se pasean los terribles dedos encantadores.

Oye el niño el suave canto de su temeroso aliento
de aroma de miel rosada, de hierba y cantueso
interrumpido a veces por un silbido, y un lento
resto de saliva en el labio como deseos de beso.

En silencio oye el batir de sus negras pestañas
perfumadas, y sus dedos eléctricos y flojos
hacen crepitar con indolencia grisácea
y con sus regias uñas van matando los piojos.

En su espíritu sube la pereza como un vino,
Suspiro de una armónica que podría delirar;
y con las lentas caricias le vienen al niño
muriendo y resurgiendo, las ganas de llorar.

(Traducción de Xavier Sierra)