lunes, 24 de abril de 2017

El examen de los leprosos





Hans Waechtlin

Inspección de los leprosos
 Xilografía 



Antes de ser definitivamente excluido de la comunidad de su pueblo o su ciudad natal, el leproso debía someterse a un examen. En algunas leproserías se solía nombrar a dos o tres cirujanos para ser los jueces de esta prueba. Normalmente, se ocupaban  de este menester durante décadas. 

El tipo de exámenes que realizaban era sorprendentes. Se basaban en algunas creencias populares, empíricas y sin ninguna base. Citaremos una de ellas a guisa de ejemplo: si se echa sal sobre la sangre de un leproso, no se disuelve, ya que la sangre es demasiado espesa y demasiado seca. Y si se vierte vinagre sobre la sangre de un leproso se obtiene un efecto efervescente (!?). 

El precio que tenía que pagarse por un examen así a los cirujanos que realizaban la prueba variaba según el nivel económico del paciente y su "culpabilidad". En 1354, en la leprosería de Haguenau (Alsacia) se pagaba 1 libra si la fortuna era de 10 libras y era reconocido "culpable". Para fortunas inferiores, el precio era de 5 sueldos. Además hacía falta pagar 2 sueldos para el asistente de los cirujanos. Por el contrario, si el veredicto era "puro", la ciudad pagaba los gastos.  

Los enfermos reconocidos como "culpables e impuros" frecuentemente recurrían la sentencia, que en cierto modo les condenaba a una muerte civil.  

Pero ¿que crédito merecían los cirujanos de estos tribunales? ¿Qué diagnósticos reales tenían los enfermos que eran condenados a vivir en la leprosería por el resto de sus días? ¿padecían realmente de lepra o de otras enfermedades de la piel? Nunca lo sabremos a ciencia cierta. Sin embargo, las investigaciones paleopatológicas efectuadas en cementerios de leproserías de Alemania y Dinamarca van a favor de un diagnóstico relativamente fiable: cerca del 80% de los esqueletos estudiados presentan alteraciones osteológicas específicas de la lepra, como las lesiones del bloque facial. 


Un burgués impide la entrada a la ciudad amurallada de un leproso (con la carraca) y un tullido (con muletas). Vicent de Beauvais (c. 1184-1264), Speculum historiale (s.XIV). Bibliothèque de l'Arsenal, folio 373r. 
Para todos los que eran declarados leprosos, el veredicto significaba la ruptura de las relaciones familiares y sociales. En Francia, esta separación del mundo de los vivos iba acompañada de un ritual religioso con un simbolismo pavoroso: el leproso asistía a su propia misa de funeral, e incluso a veces cavaba su propia tumba, simbólicamente. El sacerdote le decía entonces las terribles palabras: 
"Sic mortuus mundo, vivus iterum Deo"  
(Estás muerto para el mundo. Volverás a vivir con Dios)
Tanto si se realizaba el ritual de "muerte en vida" como si no se hacía, se solían leer al leproso neófito las cláusulas de ingreso en la leprosería. El objetivo principal era impedir toda tentativa de los herederos de recuperar los bienes de quien ingresaba en la institución.  

«Según una antigua costumbre, todo lo que un leprosos aporta a la leprosería desde su ingreso y todo lo que adquiere durante su estancia pertenece a la leprosería desde el momento de su muerte. Los administradores están encargados de informar a los leprosos, a sus familiares y a sus herederos antes de acogerlos en la leprosería ». 
(Leprosería de Haguenau, 1455, Statutenbuch, p. 121)
41
También se precisaba otro detalle: Si quien ha ingresado con un estamento de pobre hereda bienes estando en la leprosería, debe abonar a la casa la prebenda de rico. Por otra parte si un leproso con una prebenda de rico muriera, el ecónomo de la casa deberá pagar una libra a los leprosos por la asistencia que le han dado durante su enfermedad y por su participación en la ceremonia del entierro. En cambio, si muriera un leproso con un estamento de pobre, el ecónomo no debe pagar nada a los otros leprosos por él.

La adquisición de la prebenda parece ser que hizo que muchas familias contrajeran deudas. Además, el ingreso en el lazareto comportaba la adquisición del ajuar, que se debía adquirir a la propia institución: sábanas, toallas, y lencería. El enfermo también tenía que traer 2 jarras de estaño, una grande y otra pequeña. Y una aportación para mejorar la estancia de los demás leprosos: once sueldos y dos gallinas. A título personal, cada uno de los leprosos "veteranos" recibía una gratificación por parte del "nuevo", y también el sacerdote de la leprosería, el mozo y la criada. Como puede verse, el ingreso en el lazareto costaba un importante esfuerzo económico a su familia, además del duro golpe que suponía perder a uno de sus miembros.  


Bibliografía

BÉRIAC F: Histoire des Lépreux au Moyen Âge, une société d’exclus, Paris, Editions Imago, 1988  

SAMPAIO DA NOVOA RL: Los leprosos en el Portugal de los siglos XIV y XV: contribución para una «historia de los asistidos» Misc Medieval Murciana 33, 2009. DOI: http://dx.doi.org/10.6018/j103431


TOUATI FO: «Contagion and leprosy: myth, ideas and evolution in medieval minds and societies», in Contagion: perspectives from Pre-modern society, Ashgate, 2000, pp. 179-201. 


TOUATI FO: Maladie et société au Moyen Âge. La lèpre, les lépreux et les léproseries dans la province ecclésiastique de Sens jusqu’au milieu du XIVe siècle, Paris, De Boeck Université, 1998. 


TOUATI FO: «Un dossier à rouvrir: l’assistance au Moyen Âge», en Fondations et œuvres charitables au Moyen Âge. Actes du 121e congrès national des sociétés historiques et scientifiques, Paris, C.T.H.S., 1999, pp. 23-38.

 



  • 176  AMH AH 90/17, colligende de 1440 (écriture plus tardive) : TrabeHans und sin frowe gont 6 ß gelts, (...)
  • 177  AMH AH 90/17, colligende de 1440 (écriture plus tardive et raturée) : Peter Röder der schriber und (...)
  • 178  AMH AH 90/17.
  • 179  AMH AH 90/17.
46

domingo, 23 de abril de 2017

Venenos!







Venenum, un monde empoisonné 

Exposición temporal (15.04.2017-07.01.2018)
Musée des confluences. Lyon.  



Tiene lugar en el Musée des confluences de Lyon una exposición sobre venenos. Con el nombre de "Venenum, un monde empoisonné" (Veneno, un mundo emponzoñado) se exhibe el panorama de todo tipo de tóxicos usados desde la Antigüedad hasta nuestros días. La exposición podrá visitarse desde el 15 de abril de 2017 a enero del 2018. 
     
A la entrada de la exposición, una manzana roja recibe a los visitantes. La manzana de Blancanieves... o tal vez la de los cultivos contemporáneos, tan frecuentemente tratados abundantemente con pesticidas.  

Anillo con depósito para contener veneno
La exposición recorre la historia y pasa revista a las sustancias usadas para envenenar, desde los tiempos de griegos y romanos. Las mujeres han sido las que han usado más frecuentemente este recurso, mientras que los hombres optaban en general por crímenes más cruentos, con derramamiento de sangre. Se recuerdan así figuras como las de Cleopatra, Fredegunda, María de Médicis o los crímenes mucho más recientes de asesinas como Violette Nozière.

También se revisa el uso masivo del veneno como arma de guerra en enfrentamientos bélicos, como en el caso de la I Guerra Mundial o en los recientes y tristes sucesos de la guerra de Siria. 




La segunda parte de la exposición se reserva a los venenos naturales, segregados por diversas especies animales o vegetales. Además de especies venenosas bien conocidas como serpientes, escorpiones o tarántulas de la India, el visitante se encuentra con sorpresas inesperadas como batracios, coleópteros e incluso pájaros. 


Adormidera (Papaver somniferum)
Migala de México ( Brachypelma klaasii)



Entre los vegetales, se encuentra una amplia panoplia con variedad de intensidades: desde el curare o el opio a las más cotidianas ortigas. 

La exposición también da una visión más optimista sobre este tema. Algunos venenos no solamente sirven para matar sino que pueden ser investigados para obtener ciertos medicamentos a partir de ellos. El veneno de algunas medusas, por ejemplo, aunque muy difícil de obtener, interesa a los investigadores por su poder anestesiante. 

Como decía Paracelso: 
"Un medicamento en manos de un necio puede ser un veneno, mientras que un veneno en manos de un sabio puede ser un medicamento"
Y es que lo importante es la dosis.


A. Ghislenti: La muerte de Cleopatra (detalle) Óleo sobre lienzo (1878) Museo de la ciudad, Brescia. 





viernes, 21 de abril de 2017

Sudor inglés, una enfermedad desaparecida.






Atribuído a John Nixon

El sudor inglés
(1799)

Dibujo satírico, grabado y coloreado
Wellcome Library. Londres. 




El presente grabado satírico, representa a seis amigos que hacen creer a un personaje aprensivo que padece la enfermedad del sudor inglés (una patología que ya no existía en este momento), con lo que consiguen que se quede en casa y se pierda la fiesta.  

La enfermedad conocida como "sudor inglés" (o sus variantes 'sudor anglicus' o 'pestis sudorosa'), atemorizó a los varones adinerados británicos en la época Tudor, durante casi un siglo. La enfermedad se originó en el Reino Unido, donde se registraron cinco oleadas durante los siglos XV y XVI antes de desaparecer sin dejar rastro en el año 1552.

La epidemia, que causaba una alta mortalidad (algunas ciudades perdieron más de un tercio de su población), comenzó en la localidad de Milford Haven, en el suroeste de Gales, poco después de la coronación del rey Enrique VII (agosto de 1485). Las primeras referencias indican que afectó a la flota que transportaba a las tropas del duque de Richmond en el marco de la guerra de las Dos Rosas y que tras su llegada a los puertos británicos se expandió por pueblos y ciudades.


Arthur, príncipe de Gales, que murió por el sudor
inglés. Pintura de 1501. 
La enfermedad afectaba principalmente a los varones especialmente los pertenecientes a las clases sociales altas y medias. Así, los primeros en morir en Londres fueron el alcalde y sus concejales. Se aceptaba la leyenda - muy improbable - de que esta epidemia únicamente afectaba a los británicos, de manera que ningún extranjero residente en Reino Unido fue contagiado por este extraño sudor, lo que explica el nombre que se le dió. 

Los primeros síntomas, que duraban hasta tres horas, eran palidez, fiebre, violentos escalofríos, mareos, dolor de cabeza, cuello y hombros y agotamiento general. Más tarde aparecía somnolencia, hemorragias nasales y convulsiones. El curso de la enfermedad era muy rápido: los pacientes fallecían entre 4 y 12 horas después de experimentar las molestias. Si superaban las primeras 24 horas, sobrevivían. 

Ericius Cordus: Der Englische Schweiß, 1529.
Pero además de selectiva, la epidemia destacó sobre todo por su alta letalidad: algunas ciudades inglesas perdieron más de un tercio de sus habitantes. Los síntomas eran muy distintos a otra enfermedad bien conocida y muy extendida, la peste bubónica, pero como ésta era capaz de provocar muchas muertes en poco tiempo. Hasta nosotros ha llegado un estudio titulado Der Englische Schweiß, sobre el "sudor inglés" realizado por el médico Euricius Cordus en 1529. Otro estudio, de John Caius, data de 1551 (Boke or Counseill against the Disease Commonly called the Sweate or Sweatyng Sicknesse). 



La misteriosa enfermedad desapareció poco después tan rápidamente como había llegado, aunque volvió a aparecer al cabo de unos diez años. Así se sucedieron varias oleadas, casi siempre en verano y que afectaron solamente a Inglaterra (en 1485/1486, 1502, 1507, 1517, 1528/1529 y 1551/1552). El único brote epidémico que llegó al continente europeo fue el de 1528. Primero se dieron casos en Hamburgo (donde causó un millar de muertos en una semana) y de ahí se extendió a Dinamarca, Suecia, Noruega, Suiza, Lituania, Polonia y Rusia, Bélgica y Países Bajos. En cada uno de estos países la enfermedad no duraba más de quince días y antes de terminar el año había desaparecido de todas partes, excepto en la parte oriental de de Suiza, donde permaneció hasta el año siguiente. El mal se declaró también entre los turcos que estaban asediando Viena en 1529, y contribuyó a que levantaran el sitio y se retiraran. 
Después de 1552, no se volvieron a registrar más casos y la enfermedad desapareció definitivamente. No obstante, hay que decir que entre 1718 y 1861, apareció la enfermedad conocida como "sudor de Picardía" por haberse originado en esta región francesa. Se extendió por Italia y Alemania con unas características parecidas al «sudor inglés», aunque de curso más largo (un período de una a dos semanas) y con menor mortalidad. Además iba acompañada de una erupción cutánea, tipo miliaria. 

No hay acuerdo sobre las causas de esta afección, aunque algunas hipótesis lo achacan a un tipo de gripe o a posibles infecciones por Hantavirus. En el caso de ser un hantavirus la enfermedad podría haber sido vehiculada por roedores o por la transmisión directa interhumana.  En 1981 John Wylie y Leslie Collier especularon sobre la posibilidad de una infección por arbovirus. Si así fuera, podría haber sido vehiculada por insectos o garrapatas. Muchos historiadores de la Medicina creen que la enfermedad tuvo su origen en la escasa higiene y en la contaminación por aguas residuales. Eso explicaría que se propagara especialmente en las ciudades, que era donde residían la mayoría de las personas con altos recursos económicos en aquel tiempo.

Como se puede ver, no sabemos mucho del sudor inglés, pero nos congratulamos de que haya sido una enfermedad que ha desaparecido espontáneamente de la faz de la tierra.


Bibliografía
Wylie J, Collier L. The English sweating sickness (sudor anglicus) A reappraisal. Journal of the History of Medicine and Allied Sciences 1981, 36: 425-45 Wylie y Leslie 
https://pida.nihlibrary.com/sites/pida.nihlibrary.com/files/pdf_files/1484-1508-1517-1528-1551_John%20A.H.Wylie_The%20English%20Sweating%20Sickness%20-%20SUDOR%20ANGLICUS%20-%20A%20Reappraisal._0.pdf

Carmichael AG. Sweating sickness. En: Kipple KF (ed) The Cambridge World History of Human Disease. Cambridge University Press, Cambridge, 1993: 1023-25.



jueves, 20 de abril de 2017

Exlibris de dermatólogos alemanes


Exlibris de Louis Chargin. Mercurio da el tratamiento a Venus (alusión al tratamiento de la sífilis con el mercurio, terapia habitual en esta época). Al fondo, un sol naciente de esperanza lleva inscrito el número 606 (alusión al Salvarsán de Ehrlich, que supuso un notable avance terapéutico)




 Exlibris de dermatólogos alemanes
(Alrededor de 1900)

Diversas bibliotecas



Exlibris es una voz latina que significa literalmente, de entre los libros de, es decir, libro procedente de entre los libros de una biblioteca privada o de una institución pública.

Ex libris de Carl Schirren
Ex libris de la Biblioteca de la Clínica 
Dermatológica  de Friederichstadt (Dresde) 


















Un exlibris es una marca de propiedad que normalmente consiste en una estampilla, sello o etiqueta que se coloca en el reverso de la cubierta o tapa de un libro, y que contiene el nombre del propietario del ejemplar. El nombre del poseedor va precedido usualmente de la expresión latina ex libris (o a veces ex bibliotheca).

Exlibris de Oscar Gans (1888-1983)

El uso de exlibris estaba muy extendido durante el s. XIX y la primera mitad del s. XX. Era una marca de prestigio entre los poseedores de grandes bibliotecas privadas (profesores, médicos, bibliófilos, escritores) y públicas (universidades, hospitales, bibliotecas públicas, seminarios). 

Muchos artistas de prestigio realizaron dibujos y diseños de exlibris. La época dorada de estas manifestaciones fue durante los años del Modernismo (estilo que se conoce con diversos nombres: Jugendstil en Alemania, Sezessionstil en Austria, Art Nouveau en Francia, Tiffany en Estados Unidos o Liberty en Italia). El esteticismo del movimiento, su especial encuadramiento en movimientos culturales y literarios y el especial impulso que dieron a las artes gráficas favorecieron la eclosión de estas pequeñas manifestaciones de arte. 


     Exlibris de Wilhelm Heuck                              

Muchos exlibris representan motivos sanitarios o relacionados con la salud o la vida. No faltan las "vanitas" (calaveras) que tanto popularizó el arte barroco, como en el de Oscar Gans, en el que una flor parece surgir de una calavera, como una esperanza de vida que surge de nuestro inevitable destino. 

Frecuentemente, a través de los exlibris, de sus símbolos y alegorías, y sobre todo de sus frases sapienciales, proverbios o inscripciones - cuando las hay - encontramos las claves para conocer la personalidad, las aficiones, los gustos artísticos o las inclinaciones de sus antiguos propietarios. 


        Exlibris de Georg Alexander Rost                    
En definitiva, un exlibris puede ser considerado perfectamente como un retrato psicológico y sociológico de su dueño. La firma, la sombra de su espíritu que en cierto modo ha querido legarnos entre uno de sus bienes más apreciados: los libros, la fuente de su conocimiento. 

Reunimos hoy aquí algunos ejemplos de exlibris de dermatólogos alemanes insignes. Algunos de ellos fueron usados en las bibliotecas de los Servicios regentado por ellos en el Hospital o en la Universidad y otros en la biblioteca privada de su casa, durante el período cercano a 1900. 


El exlibris de Neisser, en la línea del Jugendstil (modernismo) 
     




Dos exlibris de Paul Galewsky


Exlibris del Prof. Max Wolters. 







Bibliografía

Scholz A. Der Gottlose borgt und gibt nicht wieder - Dermatologen-Exlibris um 1900. In: Herzberg JJ, Korting GW. Zur Geschichte der Deutschen Dermatologie. Herausgeber ed. Berlin, 1987.

Scholz A. Eugen Galewsky (1864 bis 1935) Dermatol Mon schr 158: 53-68, 1972

Scholz A. Das Exlibris des Dermatologen, Medicamentum 18: 374-379, 1977


miércoles, 19 de abril de 2017

Sifilíticos con nariz postiza







Nariz postiza
 Prótesis 
Wellcome Library. Londres



En la época en la que no había ningún tratamiento efectivo para la sífilis esta enfermedad estaba muy extendida y los que la contraían presentaban al cabo de unos años las formas avanzadas de la enfermedad (sífilis secundaria y terciaria), con la rica sintomatología que la caracteriza, la afectación visceral, cardíaca y nerviosa y finalmente, la muerte. 


Prótesis nasal de metal. s.XVII-XVIII
 Museo Wellcome. Londres. 
En la sífilis terciaria, uno de los síntomas frecuentes era la aparición de los llamados gomas. unos nódulos inflamatorios crónicos que evolucionan formando una necrosis que se traduce en un reblandecimiento interno, que posteriormente vacía al exterior su contenido, desprendiendo una sustancia de consistencia similar a la goma. El resultado es una gran destrucción de tejido. Una de las localizaciones más típicas era la afectación del cartílago nasal produciendo deformidades de la nariz características "en silla de montar". En fases más avanzadas se producía la total destrucción nasal.



Técnica de la rinoplastia de 
Gaspare Tagliacozzi. 

Clínica de la sífilis terciaria. Escultura 

Teniendo en cuenta la alta incidencia de la enfermedad y la elevada proporción de sifilíticos que llegaban a padecer la destrucción total o parcial de la nariz, no es de extrañar que las prótesis nasales estuvieran bastante extendidas. 

Otro de los remedios a los que se podía recurrir era la cirugía reconstructiva nasal, técnica que se había desarrollado sobre todo a partir de los trabajos del cirujano boloñés Gaspare Tagliacozzi (1545-1599), que procedía a tomar un colgajo de piel de la parte superior del brazo para remodelar la nariz. Mantenía el brazo unido a la nariz durante aproximadamente quince días. Posteriormente se separaba el brazo de la nariz. Describió minuciosamente esta técnica en su obra De Curtorum Chirurgia per insitionem (1597), que se considera un punto de partida esencial para la cirugía reconstructiva y estética. 


Bibliografía: 

Zimbler MS. Gaspare Tagliacozzi (1545-1599), Renaissance surgeon. Arch Facial Plast Surg. 2001;3(4):283-284.

martes, 18 de abril de 2017

El neceser de viaje de María Antonieta







Neceser de viaje de María Antonieta
(1791)

Estuche con accesorios de toilette 
y otros objetos personales.  
Caoba, cobre, piel, cristal, galuchat.
Museo Internacional de la Perfumería. Grasse




En el s. XVIII los viajes se refinan, y se desarrolla "el arte de viajar cómodamente". Una muestra es este neceser de la reina María Antonieta, que contenía los objetos que la soberana consideraba imprescindibles para desplazarse con un razonable confort.

Los maletines de viaje no eran una novedad. Hacía ya tiempo que se usaban. El rey Enrique IV de Castilla, por ejemplo, que se desplazaba continuamente, ya que carecía de corte estable, poseía varios. Entre ellos, uno dedicado exclusivamente a transportar sus perfumes. Lamentablemente solamente conocemos su existencia por referencias, ya que no se ha conservado ninguno de ellos.


Miniatura de María Antonieta.
Estos retratos solían transportarse en los viajes,
junto con otros objetos de uso personal.  
Los objetos de María Antonieta siguen siendo muy cotizados. En noviembre de 2015, la casa de subastas Christie's subastó una serie de objetos de la reina procedente de la colección de Liliane de Rothschild, por 659.000 € en total. En esta subasta un neceser de viaje de la reina alcanzó el valor de 49.500 €. 

Por esa razón es muy interesante conocer el contenido de este neceser de Maria Antonieta. Se trata del único equipaje que se conserva de su frustrada fuga a Varennes. Este neceser, según las memorias de su dama de confianza Madame Campan, es el que la Reina pensaba enviar a su hermana María Cristina de Habsburgo-Lorena en uno de sus numerosos cálculos para la evasión de Francia que iba elaborando en su reclusión. Su plan de fuga no podía pasar por alto un equipaje que, pese a su suntuosidad y sobre todo ante lo desesperado de su situación personal, consideraba de estricta necesidad. Si lo enviaba a su hermana, podría disponer de todo su contenido en cuanto se reuniera con ella. Para desviar las sospechas pidió que le dispusieran un neceser idéntico para su uso mientras estaba recluída en la Tullerías. 

Pero Madame Campan le hizo notar que este envío era bastante peligroso, ya que pondría sobre aviso a sus guardianes, y acabó por convencer a la Reina que desistió de su propósito inicial. Optó por llevar consigo otro neceser, mucho más reducido y fácil de transportar, con lo que ella consideraba lo más imprescindible, que es el que hoy comentamos. El neceser de viaje de Marie-Antoinette no deja nada a la casualidad: sus casillas, alvéolos, bandejas, cajones, contienen todos los utensilios para hacer frente a las necesidades de la vida durante su desplazamiento. 

La "cassette de nuit" como solía llamarse entonces estaba pensada para transportar artículos para el cuidado del cuerpo y perfumería, comidas y pequeños refrigerios, así como algunos accesorios domésticos.

Veamos su contenido: 








  1. Estuche de ébano.
  2. Estuche de marfil.
  3. Espejo con marco de plata y mango de marfil
  4. Tarros de porcelana para ungüentos
  5. Caja de ébano
  6. Caja de plata.
  7. Escupidera de porcelana
  8. Botella de cristal con tapón de plata bañado en oro (para transportar medicamentos)
  9. Botella de cristal con tapón de plata (para transportar cosméticos o medicamentos)
10. Botella de cristal con tapón de plata (para transportar cosméticos o medicamentos)
11. Botella de cristal con tapón de plata. Llena en sus tres cuartas partes de un líquido azul. Solían ser utilizadas para aguas de olor, aceites, colorantes, o licores
12. Botella de cristal con tapón de plata
13. Botella de cristal con tapón de rosca
14. Azucarero de plata
15. Taza para caldo con mango de ébano
16. Tazas de porcelana  
17. Aguamanil de plata
18. Calentador de plata para aguardientes
19. Calentador de plata con mango de marfil y  ébano
20. Tetera de porcelana


Bueno, esta relación de objetos es bastante más de lo que hoy consideraríamos imprescindible. Pero hoy vivimos de otra manera. Lo que es seguro es que un neceser así no pasaría el control de cualquier aeropuerto moderno.