viernes, 23 de octubre de 2020

Poliomielitis en una estela egipcia







Estela funeraria del 
sacerdote Ruma
(XVIII Dinastía - 1.400 a.C.)

Relieve en piedra caliza policromada 
Carlsberg Glyptotek. Copenhague.  




El día 24 de octubre se celebra el Día Mundial contra la Polio. Una enfermedad que hoy parece casi olvidada en el mundo occidental, de donde se ha erradicado, gracias a la introducción de la vacunación masiva. 



El virus de la polio, al microscopio electrónico


La poliomielitis, llamada de forma abreviada polio (del griego πολιόςpoliós: gris; y de µυελόςmyelós: médula espinal)​ o también parálisis infantil (ya que afecta sobre todo a niños de 4 a 15 años), es una enfermedad infecciosa que afecta principalmente al sistema nervioso. Su agente causal es un poliovirus. Se transmite de persona a persona a través de secreciones respiratorias o por contaminación fecal-oral. La mayoría de las infecciones de polio son asintomáticas, pero en un 1% de los casos, el virus pasa a la corriente sanguínea y puede llegar al sistema nervioso central (SNC) donde infecta y destruye las neuronas motoras del cerebro y la médula espinal, causando debilidad muscular y parálisis fláccida. Incluso a veces puede causar la muerte por parálisis del diafragma.  


Localización de las neuronas motoras en la médula espinal.
Estas neuronas pueden ser afectadas por la polio,
produciéndose la parálisis fláccida.
 


Principales síntomas de la polio. 

La poliomielitis fue descrita por primera vez por el alemán Jakob Heine en 1840.​ Durante las epidemias agudas de polio a principios del s. XX, se definieron varias categorías de poliomielitis para clasificar la extensión y gravedad de la enfermedad. Los tres poliovirus descritos ocasionan los mismos síntomas, y pueden causar parálisis o incluso la muerte a los pacientes, aunque presentan diferencias genéticas y virológicas.


La poliomielitis empezó a controlarse en 1949 cuando el bacteriólogo John Franklin Enders logró en su laboratorio el cultivo de virus en tejidos. Basándose en esa técnica, el epidemiólogo Jonas Edwark Salk desarrolló una vacuna inyectable (vacuna Salk) con virus muertos para los tres tipos de poliomielitis conocidos, y se empezaron las campañas de vacunación en 1954. El día 24 de octubre, día del nacimiento de Jonas E. Salk, el introductor de la primera vacuna, se ha tomado como la fecha en la que se celebra el Día Mundial contra la polio. 



El Dr. Jonas E. Salk el descubridor de la primera vacuna contra la polio.
El día de su nacimiento, 24 de octubre se ha tomado como fecha para
celebrar el Día Mundial contra la polio. 




Albert Bruce Sabin, que introdujo la
vacuna triple vírica para prevenir la polio (1964) 


En 1964 apareció otra vacuna, desarrollada por Albert Bruce Sabin. Era una vacuna oral, que se conoce como trivalente, ya que prevenía las infecciones por las tres variantes de viruis conocidos. La facilidad de su administración hizo que pronto sustituyera a la de Salk.  Actualmente suele administrarse con la del sarampión y tétanos. 


En muy poco tiempo hubo campañas masivas de vacunación y se consiguió que la enfermedad fuese desapareciendo de amplias zonas. En 1994, la OMS declaró libre de polio a América (36 países); en el 2000 lo hizo con la región del Pacífico (37 países, incluyendo China). En junio de 2002 se consideró también que estaba erradicada de Europa. En 2015 se declaró desaparecida de todo el mundo la polio tipo 2, y el 24 de octubre de 2019 la OMS declaró la erradicación mundial de la polio tipo 3, lo que supone el mayor logro del nuevo milenio en materia de salud pública. Sin embargo, el virus de la polio tipo 1, el único que queda por eliminar, todavía ha provocado brotes en los últimos años en países como Pakistán, Afganistán, Nigeria o Filipinas y hay el riesgo de que vuelva a propagarse por Europa. 




Regiones del mundo todavía afectadas por la polio 3. (OMS, 2018)

La polio constituye la primera enfermedad infecciosa representada en una obra de arte. Se trata de la estela del sacerdote Ruma, que encabeza este artículo. Una estela funeraria de la dinastía XVIII, procedente de Saqqara y que actualmente se conserva en la Carlsberg Glyptothek de Copenhague.

 

Ruma (o Remi) era un sacerdote de la diosa Astarté o Ishtar, una divinidad importada, de origen asirio. Ruma era el sacerdote y guardián de su templo. Aparece en la estela en el trance de celebrar un sacrificio a la diosa, probablemente como exvoto, en agradecimiento a que la divina Ishtar "le había salvado la vida". Como es habitual en este tipo de escenas, sostiene en la mano una copa de libación de vino en honor a la divinidad. Ante él una mesa con las ofrendas: podemos identificar panes (apilados de perfil), un montón de fruta, y jarras de cerveza. En el suelo también vemos jarras de vino, que podemos identificar por su cuello más largo.  



Detalle de la estela de Ruma, donde se aprecia el aspecto del sacerdote:
La pierna derecha atrófica, fláccida, con el pie equino colgando,
y valiéndose de un bastón a modo de muleta. 


Llama la atención que Ruma se apoya en un largo bastón, que usa como muleta. Su pierna derecha aparece más corta y muy delgada, atrófica, contrastando claramente con la otra pierna. Además de la pierna atrofiada, podemos ver su pie caído, fláccido, y apuntando hacia abajo, en una típica disposición de pie equino (parecido al de un caballo). Son síntomas innegables de la parálisis fláccida causada por la poliomielitis. 

Tras Ruma aparece Ama, su mujer. También lleva en la mano una bandeja con panes y conduce por los cuernos a una gacela, sin duda también destinada al sacrificio. Por último, su joven hijo Ptah-m-heb, aparece tras su madre, representado a una escala menor para insistir en que es todavía un niño. 

La estela de Ruma constituye, pues, un fiel testimonio de la existencia de la poliomielitis en el Antiguo Egipto y se considera la primera infección documentada gráficamente de la que tenemos noticia. 

Esperemos que este 24 de octubre, Día Mundial contra la polio contribuya a que todos tomemos conciencia de la necesidad de erradicar esta enfermedad del planeta. 



OMS Polio - Llegar a todos los niños.



A un paso de la erradicación de la polio 


jueves, 22 de octubre de 2020

El joven con estrabismo





Agnolo Bronzino 

Retrato de un hombre joven 
con un libro
(1550-1560)

Óleo sobre tabla 95 x 74 cm
Metropolitan Museum. Nueva York.


Agnolo Bronzino (1503-1572) fue un refinado pintor florentino encuadrado en la corriente manierista, que cultivó en especial la pintura al fresco y los retratos. Una de sus obras más destacadas son los frescos de la capilla de Leonor Álvarez de Toledo, esposa de Cosme I en el Palazzo Vecchio de Florencia. Discípulo de Pontormo, que consideraba a Bronzino casi como un hijo, juntos realizaron los frescos de la capilla Capponi en la iglesia de Sta. Felicita. Tras el fallecimiento de su maestro, Bronzino terminó los frescos que decoran la iglesia de S. Lorenzo, en Florencia.  

En otra entrada del blog nos hemos referido a una de sus obras El Triunfo del Amor (o el triunfo de Venus), en la que aparece una alegoría de la sífilis



Bronzino: El paso del Mar Rojo. Fresco de la capilla de Leonor de Toledo.
Palazzo Vecchio. Florencia.


Hay pocos pintores manieristas que puedan rivalizar con Agnolo Bronzino en el campo del retrato. Sus figuras son elegantes y estilizadas, y conservan su personalidad intacta, realizando un estudio psicológico y transmitiéndonos su alma intacta. 

Lo cierto es que todavía desconocemos a ciencia cierta quién era el joven que retrató en esta ocasión. Sin duda es un personaje muy interesante, que parece mirar atentamente y con aplomo al espectador desde el otro lado del cuadro. 

Bronzino le representa de tres cuartos (a medio camino entre la postura de perfil y la frontal), pero con el rostro vuelto hacia nosotros para observarnos, muy serio (con un solo ojo, porque es un poco estrábico). A pesar de su juventud, la seguridad que transmite es tal que cuesta sostenerle la estrábica mirada. Es innegable que padece un estrabismo divergente. 

En esa época, Bronzino alternaba con bastantes literatos y no sería raro que este fuese uno de sus amigos intelectuales. Las manos son un prodigio, tanto la que sujeta el libro, introduciendo el dedo entre las páginas para no perder el pasaje, como la que apoya en la cintura con los dos dedos del centro unidos y los de los extremos separados, para crear un bello contraste con el jubón de terciopelo negro. Sin embargo, no son las manos lánguidas de un joven rico y ocioso, sino que tienen fuerza. Transmiten una tensión tal vez más mental que física, y nos recuerdan las manos de quien ejercita su cerebro a diario. 



Detalle de los ojos estrábicos del joven retratado. 


Podríamos hablar mucho de otros detalles de la obra, como los variados tonos de negro y reflejos del jubón y el sombrero, con los delicados apliques dorados; del contraste de colores o de la composición que consigue alargar las dimensiones de la estancia en diagonal, pero desde el punto de vista médico lo que nos llama más la atención es su evidente estrabismo. 

Las dos máscaras de la silla y la mesa, son símbolos habituales del disfraz y el teatro, y podrían aludir al las aficiones literarias del muchacho. 


Bronzino: 






miércoles, 21 de octubre de 2020

La fe de Pasteur



Louis Pasteur

Fotografía
        Archivo Institut Pasteur   


Un día de 1892, un tren recorría la campiña francesa. En uno de los vagones, un anciano de barba blanca leía tranquilamente un libro. Un joven estudiante entró en el departamento y tras intercambiar un breve saludo, sacó de su maleta un libro de Ciencias y se puso a leerlo. 

Al cabo de un rato, el estudiante se dio cuenta que el libro que leía su acompañante era la Biblia. Con cierta curiosidad, le preguntó: 

- ¿Usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y de cuentos?

El anciano le miró por encima de sus gafas y le respondió:

- Sí, claro, pero este no es solamente un libro de fábulas y de cuentos. Para mí es la Palabra de Dios. ¿Le parece que me equivoco?

- Pues claro que está en un error, le respondió el chico. A Usted, señor, le convendría leer sobre temas científicos y de historia. Vería cómo todo lo que aparece en la Biblia es falso. En nuestro siglo, gracias a la Ilustración y a la Revolución Francesa se sabe que la religión propaga unas ideas falsas e infundadas. Solo personas sin cultura o fanáticas todavía creen en esas tonterías. Infórmese un poco sobre lo que dicen los científicos de todo eso.

El viejo lo miraba con cierta curiosidad.

- ¿Y que es lo que dicen nuestros científicos sobre la Biblia?

- Mire, le dijo el joven, tengo que bajar en la próxima estación, y no tengo mucho tiempo de explicarle todo eso, pero si me da su dirección, le mandaré algunos textos científicos por correo. Así podrá ilustrarse con ideas un poco más modernas, con una visión de la ciencia sobre esos temas. 

- Es usted muy amable. Le daré mis señas

El anciano sacó una tarjeta de visita de su bolsillo y se la entregó al estudiante.

Cuando leyó la tarjeta, el joven quedó muy sorprendido de conocer la identidad de su compañero de vagón:  


Prof. Louis Pasteur

Director general

Instituto Nacional Investigaciones Científicas


Louis Pasteur (1822-1895) ha pasado a la Historia por sus importantes contribuciones científicas, y se le considera el padre de la microbiología.

Esta anécdota de Pasteur recuerda que la ciencia no está reñida con la fe religiosa, y de hecho muchos científicos practican diversas religiones. Otros muchos son ateos. Tanto las creencias religiosas como el ateísmo se deben respetar escrupulosamente, al tiempo que se deben mantener en la estricta esfera personal. Así lo estipula la Declaración Universal de los Derechos del Hombre proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1948: 

Artículo 18. "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.  Este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia."


martes, 20 de octubre de 2020

La niña enferma, de Munch







Edvard Munch 

La niña enferma
(1907)

Óleo sobre tela 137x139 cm
Tate Gallery. Londres. 


La muerte de su hermana mayor Johanne Sophie (1866-1877) víctima de la tuberculosis a los 15 años de edad, impresionó vivamente a Edvard Munch, hasta el punto que realizó seis pinturas y numerosos grabados, aguafuertes y litografías sobre este tema durante más de 40 años (período 1885-1926), en gran variedad de formatos. 

Munch había padecido también tuberculosis en su infancia y estuvo a punto de morir. Tal vez su obsesión en pintar repetidamente el tema deriva de su desesperación y remordimientos por haber sobrevivido y afrontar su sentimiento de pérdida por su querida hermana difunta. 

En todas las pinturas aparece Sophie incorporada en una silla, probablemente a causa de la disnea de la fase terminal, recostando su cabeza en un gran almohadón blanco y cubierta con una gran manta. Tras ella un espejo, oculto parcialmente, que podría interpretarse simbólicamente como su vida. Aparece siempre acompañándola una desesperada mujer morena,  de cierta edad. Sophie aparece con el cabello rojizo, con aspecto frágil, la piel pálida, de enferma. La mirada, vacía, se dirige angustiada a un gran cortinaje que aparece en el lado derecho, que ha sido interpretado por todos los críticos como un símbolo de la inminente muerte. 



Edvard Munch. Primera versión de la obra (1885-1886)  Nasjonalgalleriet. Oslo


La niña agarra las manos de su acompañante. La unión de las manos crean una imagen muy intensa y patética, que manifiesta el fuerte vínculo entre los dos personajes. Muy probablemente la acompañante es Karen, la tía de Sophie. Las manos unidas se sitúan siempre, en todas las versiones, en el centro exacto de cada obra. La mujer mantiene la cabeza inclinada, como si no pudiera soportar la mirada de la moribunda, y el espectador solamente piuede ver la parte alta de su cabeza. Algunos críticos han observado que la mujer está más afligida que la niña, como si la niña intentara consolarla de un desenlace previsible y cercano. 


Much: La niña enferma (1896). Konstmuseet. Gotemburgo


El resto de la escena es muy austero. A la derecha aparece una mesa vagamente insinuada, con un vaso. Una botella está colocada en una mesilla o tocador a la izquierda. 

El colorido de las pinturas varían según la versión. En las primeras pinturas aparece el blanco, tal vez un símbolo del olvido. En versiones sucesivas, verdes y amarillos, como representaciones expresivas de la enfermedad. Los rojos aparecen en la mayoría de los trabajos representando la característica más dramática y física de la tuberculosis en su fase final: los esputos de sangre. 



Edvard Munch. La niña enferma 1907. 118 x 120 cm. Thiel Gallery, Estocolmo.

La crítica de arte Michelle Facos comentó que la pintura muestra al espectador "una escena experimentada a corta distancia pero turbia, como vista a través de las lágrimas o el velo de la memoria".


Las seis versiones pintadas son:​


  • 1885–1886, Nasjonalgalleriet, Oslo. Impresionista, dominada por pinceladas verticales fuertes, en la que predominan tonos blancos, grises y verdes. Algunas pequeñas áreas fueron repintadas. 

  • 1896, Konstmuseet, Goteburg. Fue pintada mientras Munch vivía en París. Predominan los tonos verdes y una paleta más rica. Sin embargo las pinceladas son más finas.

  • 1907, Thielska Galleriet, Estocolmo. Encargo del sueco financiero y coleccionista de arte Ernest Thiel. Thiel era un admirador de Munch, un retrato del ídolo del banquero Friedrich Nietzsche, cuyos trabajos más tarde tradujo al sueco.


Edvard Munch, La niña enferma, 1925.  Óleo sobre tela, 117 × 118 cm.
Museo Munch. Oslo. 



  • 1907 Tate Gallery, Londres. Esta obra también fue encargada por Thiel. Durante un tiempo esta pintura se creyó que había sido ejecutada en 1916. El trabajo estuvo en la Gemäldegalerie de Dresde hasta 1928. (Es la imagen que encabeza este escrito)

  • 1925 o anterior. Museo Munch, Oslo. Hay dudas sobre la datación exacta de la pintura. Algunos historiadores del arte creen que se trata de una obra realizada algunos años antes, en 1916. 

  • 1927 o anterior. Museo Munch, Oslo.



Edvard Munch. La niña enferma, 1895. Grabado a punta seca.



The Sick child. Edvard Munch. 


lunes, 19 de octubre de 2020

Carlos V: (III) Paludismo

 





Tiziano 

Carlos V a caballo en la 
batalla de Mühlberg
(1548)

Óleo sobre lienzo 335 x 283 cm
Museo del Prado. Madrid.  





En otras entradas del blog hemos comentado algunos aspectos de la dieta del emperador Carlos V, así como los problemas que tenía con la gota que padeció. Hasta hace poco muchos historiadores creían que había muerto a causa de la gota, pero no fue así. 

Tras su abdicación, Carlos se retiró al monasterio de Yuste, en Extremadura. El verano de 1558 fue cálido y húmedo, y proliferaron los mosquitos. La Vera era entonces una zona en la que la malaria era endémica. Un mosquito picó a Carlos, transmitiéndole el paludismo. Pronto comienza con la fiebre que caracteriza a este mal. 

Su médico, Enrique Mathys, lo relata así en una de las cartas en las que informaba a Juan Vázquez, secretario de Estado, que residía en Valladolid: 
"El martes pasado, 30 de agosto, Su Majestad comió en el terrado, donde reverberaba mucho el sol, y comió poco y con poco apetito Su mayordomo Quijada abunda en la idea de que esa comida es el momento en que el Emperador contrae la enfermedad: Yo temo que este accidente sobrevino de comer antier en un terrado abierto; y hacía sol; y reverberaba allí mucho; y estuvo en él hasta las cuatro de la tarde, y de allí se levantó con dolor de cabeza; y aquella noche durmió mal. Así que podría ser fuerte aquello lo que le ha causado este frío y calentura.

Pero pronto el médico se da cuenta de que no está ante un nuevo ataque de gota. La fiebre alta, combinada con fases de escalofríos, delirios y vómitos, apunta a lo que entonces se conocían como unas tercianas (porque la fiebre aparecía cada tres días).



Muerte de Carlos V


El paludismo no era necesariamente mortal, pero los remedios de la época tampoco servían de mucho. Se trata al Emperador con sangrías y purgas. El 2 de septiembre se le extraen diez onzas de sangre. La fiebre le produce una intensa sed y se le da de beber agua con vinagre y también cerveza. También se le administran pastillas de ruibarbo para purgarlo, en un intento de aliviar los vómitos de bilis. 

Se había avisado al médico Cornelio Baersdop, que se hallaba en Cigales, en Valladolid. Pero el 5 se septiembre se observa una mejoría y todos son del parecer que no hará falta que venga el doctor. Pero la mejoría no dura mucho. El día 8 de septiembre vuelve la fiebre alta y los delirios. 

El Emperador es consciente de la gravedad de su enfermedad, por lo que pide que le lean el testamento que firmó en Bruselas en 1554. Añade un codicilo (añadido), con nuevas disposiciones, fijando las pagas y pensiones que se debe dar a cada uno de sus criados. Pero rechaza, que su hija y su hermana vengan a Yuste.

El 9 de septiembre firma ese codicilo; el 10 pide confesar y comulgar. Aunque la enfermedad le debilita día tras día, todavía es capaz de tratar asuntos de Estado con Garcilaso de la Vega, el famoso escritor, que estaba en Yuste como embajador.

Los médicos se dan cuenta de que la enfermedad de Carlos no tiene remedio: la fiebre es tan fuerte y la debilidad, agravada por las purgas y las sangrías, tan acusada, que Carlos pierde el sentido durante horas. 

El 19 de septiembre, le da un nuevo acceso de fiebre. Su confesor, fray Juan de la Regla, le da la extremaunción. El 20 se confiesa y vuelve a comulgar. 

El mismo día, llega al monasterio el arzobispo de Toledo, Bartolomé de Carranza, que asiste al Emperador en el lecho de muerte. Con el crucifijo en la mano, Carranza declara: 

"He aquí al que responde por todos. Ya no hay pecado. Todo está perdonado".

El perdón de los pecados sin confesión, por el amor de Cristo, es una de las señas de la doctrina luterana. Careranza leía a Erasmo, y estos indicios hicieron que el Inquisidor General, el arzobismo de Sevilla le abriera un proceso por sospechoso de herejía. 

El 21 de noviembre muere el Emperador Carlos, tras pronunciar su última palabra: "Jesús". Fue enterrado bajo el altar mayor del Monasterio de Yuste, donde reposará hasta que su hijo, Felipe II lo mande exhumar para ser sepultado en el nuevo panteón de reyes del Monasterio del Escorial, siendo así el primer monarca que reposará allí. 

La salvación eterna es la mayor preocupación de Carlos en sus últimos días. Tanto teme por su alma, que en su codicilo manda que se oficien 30.000 misas en su memoria, 10.000 más de las que había encargado su abuela, Isabel la Católica.

El equipo de investigadores que estudió la falange del dedo meñique de Carlos V y que habían constatado la presencia de cristales de ácido úrico, corroborando así que el emperador padeció de gota, pudieron también certificar que había muerto por paludismo. 

Efectivamente, los análisis microscópicos de los restos óseos demostraron que el monarca falleció por culpa de la malaria, una enfermedad provocada por el parásito Plasmodium falciparum que se transmite por la picadura del mosquito Anopheles. La patología, que afecta actualmente a más de 216 millones de personas cada año, también atacó a Carlos V. Y su dedo meñique ayudó a descubrir la verdadera causa de su fallecimiento hace casi 500 años.

viernes, 16 de octubre de 2020

Carlos V: (II) Gota






Eduardo Rosales  

Presentación de D. Juan de Austria al emperador Carlos V , en Yuste 
(1869)

Óleo sobre lienzo 76,5 x 123,5 cm
Museo del Prado. Madrid.  




En otra entrada del blog comentamos la pantagruélica dieta que practicaba habitualmente el emperador Carlos V. Dedicaremos la presente entrada a su patología. 

Muchas fueron las enfermedades que aquejaron al emperador Carlos durante su vida. Como puede presumirse entre ellas estaban frecuentes indigestiones, por su inmoderada glotonería. Pero también le aquejaron otros males. Gregorio Marañón destacó entre ellas hemorroides, estreñimiento, amigdalitis, epilepsia… E incluso una dificultad respiratoria causada por la estrechez de sus condiuctos nasales, que junto con su marcado prognatismo hacía que frecuentemente estuviera con la boca abierta. Tal vez esta este problema respiratorio fue el causante de algunos de sus numerosos desmayos en su juventud. 

Pero la enfermedad más destacada de Carlos V fue la gota y una severa artritis que terminó limitando sus movimientos. Ya cuando tenía 28 años los médicos le diagnosticaron este mal y el mismo Carlos refiere sus "dolorosos ataques de gota" en una carta a su hija María de Hungría (1532). Pero la afección fue empeorando, como por otra parte es de suponer por su dieta habitual, tan copiosa y rica en ácido úrico. 


Tiziano: Retrato del emperador Carlos V sentado.
Alte Pinakothek. Munich. 


La gota es una enfermedad producida por la acumulación de cristales de urato monosódico (sal derivada del ácido úrico) en distintas partes del cuerpo, que hasta 1776 no se asociaron como la causa de la enfermedad. Estos depósitos de microcristales son especialmente importantes en las articulaciones, y también en los riñones. Produce ataques súbitos que son más frecuentes por la noche y consisten en una artritis con dolor muy intenso y enrojecimiento de las articulaciones, especialmente la articulación metatarsofalángica del dedo gordo del pie.

La gota está causada por una hiperuricemia (aumento de los niveles de ácido úrico en sangre). Aunque hay una clara predisposición genética, la dieta es uno de los factores más importantes a tener en cuenta.  La ingesta excesiva de alcohol o alimentos ricos en purinas, como las carnes rojas, vísceras, pescado azul o mariscos, actúan como desencadenante de las crisis gotosas. 




Silla de mano de Carlos V. Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

Cuando la cantidad de cristales de ácido úrico son muy importantes forman los llamados tofos gotosos, depósitos que se pueden acumular en el tejido cartilaginoso, tendones y tejidos blandos. Por lo general, sólo aparecen después de que una persona haya padecido artritis gotosa durante muchos años. Los tofos pueden ulcerarse y dejar salir al exterior un material cretáceo, parecido al yeso. Esto es lo que seguramente le pasó a Carlos V cuando en 1553 fue incapaz de escribir a su hijo Felipe II personalmente: 

"Esta carta no está escrita por mí... los pequeños agujeros de mi pequeño dedo se han abierto de nuevo"

No hay duda que el monarca se refería a úlceras provocadas por tofos gotosos. 

En los últimos años, en su retiro de Yuste, el emperador era llevado en andas con una silla especial, y disponía de otra silla articulada para tener su pierna en extensión, en reposo, con el fin de mitigar el dolor. También accedía a su habitación por una rampa en vez de escaleras. 



Silla articulada de Carlos V.  Monasterio de Yuste


Un equipo de investigadores del Hospital Clínic de Barcelona pudo confirmar que Carlos V tuvo gota en su forma más severa, y que posiblemente esta fuese la causa de su abdicación de Carlos V y su retiro al monasterio de Yuste, en Cáceres. Publicaron sus resultados en un artículo de New England Journal of Medicine.

La demostración se realizó con modernas técnicas paleopatológicas, analizando un dedo del emperador. A su muerte, Carlos V fue enterrado en el Monasterio de Yuste tal como era su deseo, pero en 1574 sus restos fueron trasladados al panteón de reyes que Felipe II inició en el monasterio del Escorial. En aquel momento, un dedo fue apartado del resto del cuerpo. La falange, momificada de forma natural, se encontraba en una pequeña caja en la Sacristía del Monasterio de El Escorial. Así fue como pudieron realizarse las técnicas más modernas de análisis (microscopía electrónica, rayos X y métodos bioquímicos)



Exvoto de Carlos V, probablemente tras una crisis gotosa. Museu d'Art de Girona. 


Los investigadores pudieron constatar que la articulación de la falange básicamente no existía y los daños se habían extendido a los tejidos blandos cercanos. Seguramente Carlos apenas podría mover el dedo y es más que probable que los depósitos de ácido úrico estuvieran en otras articulaciones. 

Pero el análisis de los investigadores del Clínic fue más allá, lo que comentaremos en una próxima entrada del blog. 


jueves, 15 de octubre de 2020

Carlos V: (I) Un emperador glotón






Tiziano 

Retrato de Carlos V

(1568)

Óleo sobre lienzo 205 x 122 cm
Pinacoteca antigua. Munich. 





El emperador Carlos V (1500-1558) fue un gran monarca europeo. Hijo de Juana la Loca de Castilla y de Felipe el Hermoso, y nieto de Maximiliano de Habsburgo y María de Borgoña, heredó un gran número de reinos bajo su corona: Sacro Imperio Romano, Ducado de Borgoña, reinos hispánicos con las tierras del Nuevo Mundo, Países Bajos, Nápoles..

Tanta diversidad territorial fue un claro impedimento para su idea de crear un Imperio con una sola religión. Católico fanático, combatió constantemente a los luteranos. 


Arbol genealógico de Carlos V


Bajo su reinado tuvo lugar el inicio de un gran florecimiento cultural en Castilla, el llamado Siglo de Oro, con escritores y artistas de renombre universal. 

Carlos V como todos los miembros de la familia Habsburgo tenía un marcado prognatismo, del que nos hemos ocupado en otra entrada del blog. 

Pero sobre todo, la enfermedad que más le hizo sufrir fue la gota. En efecto, la gota y los problemas reumáticos que padecía marcaron buena parte de su vida.

Además de su probable predisposición genética, la dieta que seguía el emperador era absolutamente inadecuada para mitigar la evolución del mal. 

La afición de Carlos por la comida llegaba al punto de que pidió una bula papal para poder comer antes de comulgar, algo totalmente prohibido por la Iglesia. Con esa bula Carlos podía tomar, nada más despertarse, un caldo de ave con leche, azúcar y alcamonías (anises y otras semillas aromáticas). También tomaba una gran jarra de cerveza helada. Una vez que su apetito estuviera satisfecho, dormía un rato más. 



Jasper Geeraerts: Bodegón con langosta 


Luego, al mediodía, comía una gran cantidad de platos (hasta 20, según algunos cronistas) acompañados de buenos vinos. Carlos V era un férreo devorador de carnes, de caza, de pescados frescos, en salazón y en escabeche, disfrutaba enormemente con el marisco y prueba de ello es el centenar de ostras frescas que podía engullir en una sola comida (se las hacía traer directamente de Portugal), empanadas gigantescas de anguila, salchichas de Flandes, capones, perdices, carneros y dulces a la manera morisca provistos de grandes cantidades de frutos secos, azúcar, huevos, harina de trigo de la mejor calidad y miel, melones, granadas, albaricoques y melocotones. Nunca faltaba a su mesa un pollito asado, de los llamados picantones, que consumía entero después del postre, por mucho que hubiera comido. Por la noche, comía una copiosa cantidad de anchoas y otras delicias de sabor fuerte, sin ningún tipo de restricción. 

Roger Ascham, secretario del embajador inglés Richard Morysine, que asistió a un banquete cuando se reunió la dieta de Augsburgo, en 1550, se sorprendió de ver a Carlos comer sucesivamente grandes tajadas de buey cocido, de cordero asado, de liebre guisada al horno, de capones, rociándolo todo como nunca jamás se había visto; cinco veces vació la copa, cosa que nadie más hizo en aquel banquete. Según cálculos del inglés, por lo menos bebió un litro de vino del Rhin cada vez. 

Sabiendo que apreciaba tanto la comida, no era raro que los nobles y personas de importancia le regalasen manjares con frecuencia: los monjes de Guadalupe le enviaban todas las semanas un carnero criado con pan, y cada quince días una ternera. El arzobispado de Toledo le manda a principio de 1557 ocho acémilas cargadas de regalos, especialmente comida.



David Rijckaert: Bodegón con capón, ostras, pan, pastas y copas. 


Para que los pescados y mariscos tan delicados como las ostras llegaran frescos a la mesa de Carlos, los envolvían en nieve, según cuentan los historiadores. Aunque a veces, para conservar las viandas se recurría a otros curiosos sistemas, a juzgar por lo que dice una carta (2 de diciembre de 1556) del mayordomo Luis Quijada al secretario de Estado, Juan Vázquez:  

"Su Majestad me mandó que escribiese a Vuestra Merced dos cosas: la una, que Vuestra Merced sepa adónde tiene el conde de Osorno un lugar que se llama Gama, que allí hay las mejores perdices del mundo, (...) y tan buenas, que en su vida no las comió mejores, y como se hallen, que le envíen luego a diligencia; y a más, me dijo que para hacellas durar y llevar a Flandes, que las echaban orines en las bocas: pero para venir aquí no será menester esta suciedad." 

El mayordomo Quijada no sólo reclamaba perdices a Palencia, también pedía francolines (un ave similar a la perdiz) a Antonio de Fonseca, de Toledo. 



Tomás Hiepes: Bodegón con aves y liebre. 


A Carlos V también le gustaba la bebida, y sabemos que en Jarandilla se abastecía de la bodega de Pedro Azedo. Aunque el emperador tenía predilección por los vinos alemanes y franceses. El Oporto es otro de sus caldos preferidos y conocía los placeres del café y del chocolate mucho antes de que estas bebidas se popularizasen en sus reinos.

Pero además tenía una pasión irrefrenable por la cerveza, una bebida de la que tomaba varios litros al día y a todas horas. En la Navidad de 1556, hallándose en Jarandilla, Carlos padeció un fuerte ataque de gota. Un famoso médico italiano, Giovanni Andrea Mola, tras reconocerlo, le recomendó dejar la cerveza, bebida de la que el emperador tomaba varios litros al día. El monarca, gran bebedor de cerveza (muy popular en Flandes pero poco conocida en España), le replicó que eso era pedir demasiado a un flamenco, y que no pensaba hacerlo de ninguna manera. 

La importancia que la comida tenía en la vida del Emperador es evidente por la nómina de servidores que se quedaron en Yuste. De las 52 personas ocupadas en su servicio, una veintena se dedican, de uno u otro modo, a servir su mesa: ahí se encuentran no sólo los cocineros, sino que hayamos panaderos, pasteleros, salseros, encargados de la cava, fruteros, un cazador, un hortelano, un encargado de las gallinas...