viernes, 13 de noviembre de 2015

"Propaganda sanitaria", antisemitismo y deshumanización





 Typhus plamisty
(1941)

Cartel de propaganda sanitaria 
Ocupación alemana de Polonia 




Las campañas de propaganda sanitaria pueden ser beneficiosas. A veces contribuyen a implantar mejores hábitos higiénicos o saludables, o recuerdan la necesidad de vacunarse o alertan sobre la peligrosidad de ciertas prácticas que pueden contribuir a contagiar y propagar enfermedades. Aunque no siempre sus resultados son espectaculares, pueden ser una ayuda para inculcar ideas a la población. 

Pero precisamente por esta función - la de inculcar - pueden ser también un instrumento al servicio del poder para infiltrar subrepticiamente ideas de un determinado pensamiento político. Este es el caso de este cartel, que se distribuyó en Polonia - y en polaco - con la excusa de prevenir la expansión del tifus, enfermedad transmitida por piojos (Pediculus capitis y P. corporis) y que se daba en centros de hacinamiento, como los campos de concentración. 




Otro cartel similar: "Cuidado con el tifus. Evita a los judíos"
Nuevamente el estereotipo del judío con barbas y pelo largo 

envuelto en un kaftán (simbolismo negativo del pelo)
Otro cartel nazi de lucha contra los piojos:
"Un piojo es tu muerte"


En el cartel se ve un piojo en primer plano y en un segundo plano, en la parte superior, la cara de un judío con todos sus atributos tópicos (barba, nariz prominente, gorro tradicional). La cara del judío se entremezcla con la de una calavera, como apuntando la posible solución: acabar con los piojos y con los judíos. Por si no quedara claro, las leyendas (en polaco) rezan: Zydzi  wszy (judíos piojos) y más abajo: Typhus plamisty (Manchados de tifus) La lectura del cartel es clara. Los judíos transmiten los piojos (y el tifus). La solución es acabar con ambos. Otro cartel similar decía: "Cuidado con el tifus. Evita a los judíos". La idea era implantar la creencia de que los judíos eran los vectores de la enfermedad. 



Viñeta de propaganda antisemítica del III Reich:
- “¡Observa a estos sujetos! ¡Sus barbas infestadas de piojos!
¡sus asquerosas y protuberantes orejas!…

Obsérvese como se aúna piojos con judíos y las barbas
(simbolismo del pelo como sinónimo de maldad) 


Como es sabido, los nazis seguían al pie de la letra estos consejos. Al llegar los judíos deportados a los campos de concentración eran sometidos a un rapado sistemático de los cabellos, con argumentos higiénicos de lucha contra los piojos y la profilaxis del tifus. En el campo de concentración de Buchenwald, los prisioneros eran desnudados por completo, y rasurados en todo el cuerpo para sumergirlos después en un estanque de formol. Ni que decir tiene que todo eso tenía más de humillación que de profilaxis. Uno de los prisioneros recuerda este procedimiento como un proceso de despersonalización, donde era casi imposible reconocer a los amigos o conocidos, ya que quedaba anulada cualquier elemento de personalidad visible: 

"Venían a arrancar a cada uno de nosotros nuestra personalidad, acababan de hacer de nosotros un número sin nombre".

Y efectivamente, un número es lo que les tatuaban en su antebrazo.


Auschwitz: Desnudos y rapados: despersonalizados y cosificados 
  
Mauthausen: Campaña de prevención de piojos

Otras veces, el objetivo era afear o ridiculizar. En Auschwitz, había un grupo de prisioneros para reeducar (Erziehungshäftling) y que incluía a homosexuales, comunistas o cualquier ideología que se considerara desviacionista de la doctrina ortodoxa del III Reich. A los de este grupo se les daba un número y se los rapaba, pero para distinguirlos, se les dejaba una banda de cabellos, y por esa razón se les conocía como "gallos". Para una mujer, raparla equivalía a que le arrancaran la belleza. La judía Thelma Scarce, recluída en el campo de concentración de Auschwitz tuvo esta sensación, que plasmó en un poema: 

"Cortaron nuestros cabellos  
grandes copos de cabellos  
Por higiene, dijeron. (...) 
No soy más una mujer,  
ni siquiera una hembra.  
Me siento violada.  
Por higiene, dijeron.  
Pero es ahora que estoy sucia,  
mancillada, degradada.  
Soy una cosa despojada,  
más descalvada y desnuda  
que a la hora de nacer 

(Traducción castellana de Erika Bornay) 



Auschwitz (Ciertas imágenes pueden herir la sensibilidad) 


jueves, 12 de noviembre de 2015

Cosméticos después del baño.








Gran Dama en su toilette
(principios del s.V d.C.)

Mosaico romano (opus tesellatum). 295 x 180 cm
Proviniente de Sidi Ghrib. Museo de Cartago (Túnez)



Cuando visité el museo de Cartago, en Túnez, quedé prendado de este gran mosaico, que tal vez es más sencillo y esquemático que otros, pero me impresionó por su valor de documento doméstico. Recuerdo que quedé largo rato absorto ante él y no podía abandonar su contemplación

Esta pieza proviene de Sidi Ghrib, yacimiento arqueológico situado a 30 Km de Túnez y en la actualidad está en depósito en el Museo de Cartago. Originalmente formaba parte de un vestíbulo de unas grandes termas privadas, en las que también se encontró el mosaico de la Boda de Neptuno y Amymoné. 

El mosaico representa a la señora de la casa (domina) que está procediendo a arreglarse después del baño. Ocupa el centro de la escena, sentada en una silla. A ambos lados las esclavas encargadas de asistirle en su ornamentación personal (ornatrix), le aportan lo necesario para esta tarea. Una de ellas sujeta un espejo para que la señora contemple su aspecto. Por convención, los espejos se representan siempre girados hacia el espectador, que puede ver así cómodamente lo que reflejan. En este caso, el espejo desdobla la cara del personaje central, mostrando la imagen especular facial de la domina. Otra esclava aporta una bandeja que lamentablemente se ha perdido en su mayor parte, aunque no es arriesgado imaginar que servía para llevar cosméticos y tal vez algunas joyas u ornamentos. Por el ademán de la señora es probable que se esté aplicando algún maquillaje o perfume o quizás colocándose una joya. 

Vista completa del mosaico

A los lados se representan algunos útiles usados en el ritual del baño, similar a la que hemos encontrado en otras termas romanas: las zapatillas; un cesto con un lienzo (probablemente una toalla); palanganas, hidras, cubos y otros recipientes para el agua. En el suelo, otro cubo, que tal vez fuera para contener brasas (una especie de brasero) y templar la estancia. Un documento precioso para comprender los usos higiénicos y cosméticos de las clases altas romanas. 

El mosaico formaba parte de una pareja. El otro representaba los preparativos de caza del señor (dominus), lo que da una idea del diferente papel social que se atribuía a ambos sexos en la época. El conjunto evoca la vida fastuosa en la mansión, el ocio de los aristócratas y la hospitalidad ofrecida a los huéspedes. En efecto, una parte importante de los agasajos a los visitantes era llevarlos a las termas de la casa para disfrutar de los placeres del baño, y posteriormente los esclavos domésticos los ungían con aceites perfumados antes de compartir la cena con los anfitriones.  



  






Complicación de una herida infectada







 Bartolo di Fredi

Retablo del Descendimiento de la Cruz (fragmento)
(El beato Filippino Ciardelli sanando a los enfermos)
(1382)


Temple sobre tabla
Museo Civico e Diocesano d'Arte Sacra. Montalcino.  




Bartolo di'Fredi (?-1440) fue un pintor sienés de la segunda mitad del s. XIV. Por un documento de 1353 sabemos que abrió un taller de arte en esta ciudad, junto con el pintor Vanni. Más tarde ocupó algunos cargos políticos locales. Desarrolló una intensa actividad artística, influída por la pintura de Simone Martini, y que dejó numerosas obras en Siena, Montalcino y San Gimigniano.

Precisamente para la iglesia de San Francisco de Montalcino, el pintor realizó en 1382 un políptico en el que la tabla central representaba el Descendimiento de la Cruz y a los lados dos tablas dedicadas a S. Juan Bautista y otras dos al beato franciscano Filippino Ciardelli, un fraile local que murió a mediados del s. XIII. 

En este políptico se representan algunos aspectos de la vida del santo: la levitación del fraile y los milagros que realizaba, curando a los enfermos. En esta última tabla se puede ver como un grupo de personajes llevan a un enfermo al santo pidiéndole que le cure. La pierna del afectado presenta una gran herida, probablemente debida a un accidente o tal vez a una intervención quirúrgica, que le ocupa unos 2/3 de la pierna derecha. La pierna aparece claramente engrosada y tumefacta, en relación a la del otro lado,  con cierto grado de cianosis. La cara del paciente denota dolor al tacto. El pie se incurva hacia atrás, en una clásica actitud refleja defensiva.  El tórax aparece marcando el esternón y los arranques de las vértebras, lo que hace pensar en que presenta tamién una caquexia, dejando entrever un mal estado general. El beato con la mano izquierda, bendice el miembro enfermo, dando a entender que obra el milagro de su curación. 

Creemos que puede tratarse de una celulitis bacteriana, que debía ser una complicación frecuente de las heridas en la Edad Media. Las malas condiciones higiénicas de aquel tiempo debían contribuir mucho a que este tipo de casos fueran bastante frecuentes. 

Otro aspecto a destacar es el personaje que aparece detrás del herido, tocado con un sombrero oscuro: muestra al beato una mano en forma de garra, que puede recordar una garra cubital, típica de la lepra, enfermedad muy frecuente en aquel tiempo y que constituía el paradigma por excelencia de la enfermedad. En la segunda fila, aparece un ciego. 

En esta tabla destacan también las arrugas representadas en los rostros de los personajes, que anticipan ya una tendencia realista evidente. 



Bibliografía: 


Bagnoli, A: Museo civico e diocesano d’arte sacra di Montacino, Siena, Edizioni Cantagalli, 1997, p. 28

     Harpring, P: The Sienese Trecento Painter Bartolo di Fredi, Cranbury, New Jersey, Associated University Press, 1993







Un nevus congénito en la fiesta






 Pieter Brueghel El Viejo

 El baile de labriegos
(1568)

Óleo sobre tabla. 114 x 164 cm
Kusthistorisches Museum. Viena.  



Los cuadros de Pieter Brueghel el Viejo (son una fuente inagotable de escenas costumbristas, donde se representan con todo detalle los personajes que en ellas toman parte. Como parte de esta minuciosidad - no exenta muchas veces de cierta sátira - podemos apreciar detalles de patología u otras peculiaridades de la superficie de la piel. 

La escena representa una alegre fiesta popular (kermesse) en una aldea de labriegos. La gente, sentada en mesas al aire libre bebe y charla alegremente. Algunos bailan. Una pareja, en primer plano se apresura a unirse al baile. Una madre atiende a una niña. Hacia la izquierda de la escena, un gaitero se apresta a tocar mientras un personaje le aborda, tal vez solicitándole que interprete una pieza concreta. En conjunto una ambiente de gran vitalidad, movimiento y color. 

El interlocutor del gaitero presenta un nevus piloso en el centro de la mejilla, probablemente congénito. Un detalle más que añadir a la crónica minuciosa que hace el pintor, plagada de anécdotas y de documentada ironía.  









martes, 10 de noviembre de 2015

Mary Sabina, la pequeña damisela moteada






 Mary Sabina
(s. XVIII)

Óleo sobre lienzo. 
Hunterian Museum (Royal College of Surgeons)
Londres 




El piebaldismo es una rara condición genética (autosómica dominante) en la que hay áreas despigmentadas en la piel (leucodermia), de distribución más o menos simétrica, por ausencia de melanocitos. En las zonas pilosas el pelo aparece blanco (poliosis). El aspecto de los sujetos que padecen este transtorno, recuerda al de un vitíligo generalizado. El piebaldismo se debe a un gen  KIT cromosoma 4q12 que impide la migración de los melanoblastos a la epidermis, donde se deberían convertir en melanocitos. El nombre de piebaldismo se tomó por similitud a los caballos pintos o píos que presentan una capa con grandes manchas. 

Mary Sabina nació el 12 de octubre de 1736. Sus padres Patrona y Martiniano eran una pareja de esclavos negros en la hacienda Mantua, regida por los jesuitas en la ciudad de Cartagena de Indias (hoy Colombia). Los padres de Mary debieron ser capturados en África y embarcados rumbo a Sudamérica para convertirse en esclavos de la plantación. Los hijos de los esclavos eran también considerados esclavos y solían seguir trabajando en la misma hacienda. 

José Gumilla, el jesuita que se encargaba de la enfermería en la plantación se entrevistó con su madre, cuando la niña contaba seis meses de edad, para indagar sobre las posibles causas del extraño fenómeno. Patrona le comentó que había convivido con un perro con manchas blancas y negras durante su embarazo, y que creía que lo que sucedía a la niña tenía que ver con eso. El padre Gumilla le encareció que cuidara bien a su hija y que la protegiera de las malas intenciones que podía despertar en algunos desaprensivos. 

La fama de Mary Sabina se expandió rápidamente. Según los retratos que nos han llegado, era una guapa chica, y eso aumentaba fascinación por el variado color de su piel y pelo. Se convirtió en una celebridad en Cartagena. Al parecer llegaron a conocerla como "nuestra pequeña damisela moteada"

No conocemos muchos detalles sobre la vida de Mary Sabina, pero su imagen se convirtió en un icono para ilustrar el piebaldismo. Un grabado - que la representa en una pose similar al cuadro que aportamos - fue incorporado para ilustrar el famoso libro "Histoire Naturelle" del naturalista George-Louis Leclerc, Conde de Buffon en 1777.

Mary nunca visitó Europa, pero su retrato fue copiado y difundido en numerosas versiones. La presente pintura viajó desde Cartagena a Norteamérica y fue incorporada a colecciones privadas francesas, llegando posteriormente a Inglaterra. Tras desaparecer durante muchos años y reapareció más tarde, siendo donada al museo en 1858 por el ilustre dermatólogo Erasmus Wilson.  

Otra versión del retrato de Mary Sabina forma parte de la  Colección Colonial Williamsburg en America.


lunes, 9 de noviembre de 2015

Los "higos" de transmisión sexual del poeta Marcial





Cesto de higos
(s. I d.C.

Pintura mural
Villa de Popea. Oplontis 



Los romanos consideraban a la higuera un árbol sagrado, ya  que según la mitología la loba Luperca amamantó a Rómulo y Remo debajo de uno de estos árboles. El higo era un fruto consumido por todos los pueblos del Mediterráneo, se tomaba fresco, seco, en conserva y añadido al vino:
Hay algunos que ponen higos frescos poco maduros en un recipiente nuevo de barro, cogiéndolos con los rabos y separándolos unos de otros, y dejan flotando el recipiente en un tonel lleno de vino.” (Paladio, L. IV, IX)
Los higos tuvieron una importancia vital en la historia de Roma. El historiador latino Floro cuenta como el senador Catón, interesado en la guerra contra Cartago, mostró a los senadores un higo fresco y les preguntó:
- "¿Cuándo creéis que ha sido arrancado del árbol?” 
Los senadores le respondieron que no hacía mucho tiempo que el fruto habia sido recolectado. Entonces, Catón añadió: 
- “Hace tres días nada más y lo cogieron del árbol en la propia Cartago. ¡Tan cerca se halla nuestro mortal enemigo!”. 
Así consiguió Catón que el Senado declarara la guerra a Cartago (Tercera Guerra Púnica). 




Mosaico con higos. Villa del Casale. Piazza Armerina, Sicilia. 

Los romanos también llamaban higos (ficos) a una enfermedad de transmisión sexual, los condilomas acuminadosLas excrecencias de los condilomas recuerdan la forma de estos frutos y su superficie a la de un higo abierto. 

Los condilomas eran bien conocidos en Roma. Scribonius Largus ya cita su existencia. Aparecen citados en las obras médicas (como en la obra De Medicina de Aulus Cornelius Celso), por las que sabemos que eran tratados por los cirujanos mediante cauterios al rojo vivo. El médico griego Dionisio comentaba: 


"Los cirujanos los tratan con hierros al rojo vivo, sin mostrar piedad por los gritos de sus pacientes, ya que esta enfermedad se produce por contactos contra natura"

Pero su incidencia debía ser muy alta y su transmisión sexual bien conocida. Probablemente debían afectar especialmente a los varones homosexuales, a juzgar por algunos comentarios literarios, como en esta sátira de Juvenal, que comenta un caso de condilomas anales: 


"el médico, entre risas, 
arranca de tu ano depilado 
gruesas excrecencias"

Tan frecuentes debían ser los condilomas anales que de ahí tomaron el nombre. La voz condiloma está tomada del griego condylomata (κονδυλώματα) que significa "vegetación en las márgenes del ano". Para destacar su característica forma se adoptó el término condilomas acuminados. Los romanos los denominaron de forma más gráfica: crista galli, crestas de gallo.

El poeta Marcial les dedica un epigrama donde ridiculiza los negocios de un homosexual, comparando los condilomas a los higos: 
"Para comprar algunos efebos,  
Labieno vendió sus huertos,  
pero ahora todo lo que Labieno tiene  
no es más que un campo de higos"
             (Marco Valerio Marcial, Epigramas, XII, 33)

En otro pasaje destaca la contagiosidad de la enfermedad. En una villae, tanto los miembros de la familia como todos los sirvientes están afectos de condilomas (higos). Marcial irónico comenta que a pesar de tal abundancia de "higos", no tienen ni una sola higuera en su finca:  

"La esposa tiene higos, el marido tiene higos 
el yerno y el cuñado también los tienen,  
el administrador, el granjero, el jornalero y el operario 
están todos llenos de esta vergonzosa plaga. 
Tanto jóvenes como viejos, nadie está libre de ellos. 
Y, cosa admirable! No hay ni una higuera en sus campos"
                (Marco Valerio Marcial, Epigramas, VII, 70)

La denominación de "higos" para esta enfermedad de transmisión sexual persistió mucho tiempo. Aún en el s. XIX, los médicos británicos se referían a ellos como fig warts, y nombres parecidos subsistieron en Alemania, Francia y España hasta comienzos del s. XX.



Epigramas de Marco Valerio Marcial  
2ª edición 
(Texto, introducción y notas de José Guillén. 
Revisión de Fidel Arguido) 
(pdf) 

http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/23/14/ebook2388.pdf

domingo, 8 de noviembre de 2015

La esquistosomiasis de San Luis






 El Greco

San Luis rey de Francia
(1592-1595)

Óleo sobre lienzo. 120 x 96 cm
Museo del Louvre. París.  



En este cuadro, El Greco se aparta de las representaciones habituales de San Luis. El rey, con semblante triste y melancólico,  aparece de medio cuerpo, con una armadura del s. XVI, manto y corona. Lleva dos cetros: el de la mano derecha es el típico cetro acabado en mano de los reyes de Francia y el de la mano izquierda acaba en una flor de lis, símbolo de la monarquía francesa. Manuel Bartolomé Cossío y Gregorio Marañón suponían que se trataba de un retrato, probablemente inspirado en un interno del Hospital del Nuncio.  

San Luis (1214-1270), hijo de Luis VIII el León y Blanca de Castilla (hija de Alfonso VIII de Castilla) reinó en Francia con el nombre de Luis IX. Fue por tanto primo del rey castellano Fernando III el Santo. Educado en la devoción cristiana y el misticismo por su madre, gobernó con gran ascetismo, practicando continuas obras de caridad y mortificación. También solía compartir la mesa con leprosos en alguna ocasión, lo que llamaba mucho la atención en una época en la que la lepra era una enfermedad temida y marginada. 

San Luis emprendió las dos últimas cruzadas contra los musulmanes. En la Séptima Cruzada, desembarcó en Egipto y tomó la ciudad de Damieta, pero pronto la crecida del Nilo y la peste supusieron un fuerte contratiempo. Cayó prisionero junto a buena parte de sus tropas y fue liberado tras pagar un fuerte rescate. 

Durante la Octava Cruzada los franceses sitiaron a Túnez, pero la expedición fue un desastre. Su ejército fue presa de una epidemia y el mismo rey murió durante el sitio (1270).


Estatua de San Luis en las ruinas de Cartago
La historia no da muchos datos sobre la muerte y la salud del rey. Suele decirse que murió de "peste", durante el sitio de Túnez. Es sabido la imprecisión del término peste en el s. XIII, que solía hacer referencia a cualquier epidemia. En el caso del sitio de Túnez la enfermedad causaba diarreas intensas por lo que cabe suponer que fue una disentería, o tal vez según defiende el historiador Fernand Destaing, una fiebre tifoidea. 

A la muerte del soberano frente a Túnez se planteó repatriar su cuerpo. Pero el calor y la distancia hacían imposible un traslado normal. Se recurrió entonces al procedimiento de "excarnación", consistente en hervir el cuerpo en vino para separar los huesos de las partes blandas. Este procedimiento era muy común en la época para trasladar los cuerpos de los cruzados. Los huesos se depositaron en un cofre y la carne en sacos recubiertos de pez. Las reliquias así dispuestas fueron enviadas a Sicilia, isla en la que reinaba Carlos de Anjou, hermano del difunto y se conservaron durante 600 años en la abadía de Monreale, cerca de Palermo, mientras que los huesos fueron enviados a Saint Denis, panteón de los reyes franceses. 


Lorenzo Paretti: San Luis (1818) 
Tras permanecer 600 años en Sicilia, las vísceras de San Luis salieron de la isla en 1861, en el equipaje de Francisco II de Borbon-Dos Sicilias, último rey de las Dos Sicilias, expulsado por los revolucionarios de Garibaldi. En 1894, antes de la muerte del monarca destronado, las reliquias fueron confiadas al cardenal Lavigerie. El cardenal, que era arzobispo de Argel y Cartago, y fundador de la orden de los Padres Blancos, las volvió a llevar al Norte de África, donde había muerto Luis IX. En 1890, las llevaron a la consagración  de la catedral de Cartago, colocadas en un relicario. En 1965 fueron trasladadas a la iglesia de Santa Juana de Arco de Tunez. En 1985 fueron entregadas primero a la diócesis de Saint Denis, primero y depositadas en la catedral de Versalles en 1999.


Luis Tristán: San Luis, rey de Francia
El médico paleopatólogo Philippe Charlier pudo analizar 2 g de las entrañas de San Luis en el 2014. Gracias a las imágenes en alta resolución de microscopía de barrido, el Dr. Charlier demostró que Luis IX sufría una enfermedad parasitaria. Una enfermedad causada por Schistosoma haematobium, propia de los países mediterráneos del Norte de África y Oriente Próximo.

La esquistosomiasis (antes conocida como bilharziasis) suele contraerse tras baños en charcas y lagunas contaminados con caracoles parasitados que actúan como reservorios. Los esquistosomas atraviesan la piel y pueden afectar diversos órganos como la vejiga urinaria, colon y riñón.  Los síntomas más frecuentes son brotes febriles, hematemesis, diarreas sanguinolentas, cistitis y uretritis. 

Este descubrimiento revela que San Luis estaba en un estado de debilitamiento general antes de su desembarco en Túnez en julio de 1270. Probablemente el rey se había contagiado antes (tal vez en el delta del Nilo, cuando cayó prisionero en Damieta, en 1250, o tal vez en los cuatro años siguientes en Acre, Cesarea o Jaffa). Ciertamente, la esquistosomiasis no fue la causa de la muerte del rey, aunque probablemente ayuda a comprender el estado general del monarca cuando desembarcó en Túnez.



San Luis, rey de Francia: