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viernes, 29 de noviembre de 2019

Las brochas infectadas de la Gran Guerra






Soldados afeitándose en el frente
(1915) 

Fotografía B&N 
Archivo



A la Primera Guerra Mundial también se le llamó Gran Guerra, tal vez por ser una mortífera contienda donde los combatientes fueron diezmados no solamente por las armas de fuego enemigas sino que también fueron acosados por gases; hambre; enfermedades; y por el frío y la humedad de las trincheras. Entre los muchos episodios dolorosos que se vivieron se olvida frecuentemente uno, que contribuyó a acosar a las tropas. Muchos soldados del ejército británico y norteamericano presentaron lesiones de carbunco en la cara o cuello. 

La enfermedad afectaba a grupos de soldados de la misma compañía o destacamento por lo que en un primer momento se pensó que el enemigo había realizado ataques con armas bacteriológicas, esparciendo los bacilos causantes de la enfermedad (Bacillus anthracis) mediante algún dispositivo bélico innovador.  El germen era ya bien conocido, ya que fue la primera bacteria que se identificó, a mediados del s. XIX, y efectivamente, décadas más tarde sería uno de los protagonistas de la guerra bacteriológica. Sin embargo, en esta ocasión no era el enemigo el que acosaba a la soldadesca, ni se debía a diabólicas tácticas del imperio austro-húngaro, sino que el causante estaba en el bolsillo de los soldados : eran las brochas de afeitar. 


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En el frente eran frecuentes los ataques con gases tóxicos, (clorina o gas mostaza) que causaban una gran mortandad. Para evitar sus efectos, los soldados se colocaban unas máscaras anti-gas. Y para que las máscaras se les ajustaran bien, debían llevar la cara completamente afeitada. En caso contrario, la eficacia protectora de la máscara disminuía. Por este motivo las soldados solían afeitarse unos a otros en las largas pausas que dejaba la guerra de frentes. 

Para obtener un buen afeitado hay que proceder a un buen enjabonado que permita una espuma persistente. Las brochas de afeitar de calidad suelen fabricarse generalmente con pelo de tejón, ya que las cerdas de este animal retienen mejor el agua y logran una espuma más persistente. Pero las penurias de la guerra y la necesidad de suministrar un gran número de brochas de afeitar a los reclutas, hizo que el suministro de pelo de tejón ruso fuera insuficiente y muy costoso. Se recurrió entonces a usar crin de caballo procedente de Rusia, China y sobre todo, Japón. La ingente cantidad de brochas y la premura con la que se necesitaban hizo que se descuidara un paso fundamental en su fabricación: la desinfección. A nadie se le ocurrió esterilizar ese pelo antes de fabricar las brochas, y la bacteria del ántrax es muy habitual en el suelo de lugares con ganado. Además, la ruta de envío se modificó, yendo por el Pacífico directamente de Asia a los Estados Unidos, país que entonces no tenía las mismas garantías de higiene y esterilización que en Europa. Según ulteriores investigaciones, más de un 10% de las brochas llegaban contaminadas por Bacillus anthracis


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Figura de cera representando una lesión de carbunco.
Fabricado por la casa Tramond, de París (s. XIX). 
Se conserva en el Museo Nacional de la Salud y la Medicina en Washington. 


Entre 1915 y 1924, 149 soldados estadounidenses, 28 soldados británicos y 67 civiles en ambos países contrajeron la enfermedad. Habrían sido muchos más si el gobierno estadounidense no se hubiera apresurado a obligar a los fabricantes de brochas de afeitar a esterilizar los pelos de animal antes de usarlos en sus productos. El ántrax cutáneo no es mortal, pero sí un auténtico contratiempo nada positivo para la moral de los soldados. En ocasiones, se han podido registrar casos de meningitis. 
El carbunco es una zoonosis mundial que afecta a muchos animales, sobre todo herbívoros. Se puede adquirir por diferentes vías: respiratoria, digestiva y cutánea.
La forma respiratoria es difícil de dignosticar y cursa al principio como una gripe y después con hipoxia y disnea, y la mitad de los pacientes presentan signos meníngeos. La gastrointestinal cursa con dolor gastrointestinal, sangrado y ascitis. La forma cutánea en la que el bacilo penetra por pequeñas heridas o erosiones (como las que con frecuencia se producen al afeitarse) supone más del 90% de los casos. De 1 a 10 días después de la inoculación, en la puerta de entrada aparece una pápula rojiza, que aumenta de tamaño rodeándose de una zona edematosa, con induración y formación de vesículas. Aparece luego una úlcera central, con exudado serosanguíneo que acaba formando una escara negra (la pústula maligna, que por su parecido con un tizón de carbón dio el nombre a la enfermedad). Son frecuentes las linfadenopatías locales, con malestar, mialgia, cefalea, fiebre, náuseas y vómitos. Un 20% de los casos pueden desarrollar septicemia, lo que antes de la introducción de los antibióticos suponía una muerte segura, aunque en la actualidad la mortalidad es de menos del 1%

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Tras esta experiencia, las brochas de afeitar y material de higiene personal son siempre sometidos a esterilización antes de comercializarse. Aún así en algunos países se han dado casos aislados, como un caso de meningitis en la India (1989) tras un rapado ritual (efectuado con brochas no homologadas).  

Agatha Christie, que fue enfermera voluntaria durante la Primera Guerra Mundial, conocía los casos de carbunco en brochas de afeitar por la prensa de la época. De hecho lo incorporó como arma letal en su novela “Cartas sobre la mesa (Cards on the table)” (1936), den la que aparece el célebre detective Hércules Poirot. En la novela, Mr. Craddock muere debido a las esporas presentes en su brocha de afeitar y su contagio a través de las abrasiones y cortes durante el afeitado. Pero Agatha Christie no explica como el asesino obtuvo las esporas, las manipuló y las colocó en la brocha sin riesgo para sí mismo.


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A veces, cuando me estoy enjabonando ante el espejo antes de proceder a afeitarme, no puedo evitar acordarme de aquellos sufridos soldados, gracias a los que en la actualidad disponemos de brochas de afeitado con plenas garantías higiénicas. Sin embargo, si hay entre los lectores algún aficionado a usar brochas vintage para afeitarse, mi consejo es que se asegure bien de que va a usar un material previamente esterilizado.  



Bibliografía

Anthrax from shaving brushes. Am J Public Health (N Y). 1925;15:440. http://dx.doi.org/10.2105/AJPH.15.5.440-a

Carey HW. Anthrax from the shaving brush and primary anthrax meningitis. Am J Med Sci. 1920;159:742–6. http://dx.doi.org/10.1097/00000441-192005000-00012 


Hubbard DS. Anthrax in animal hair. JAMA. 1920;75:1687–90. 


Katharios-Lanwermeyer S, Holty JE, Person M, Sejvar J, Haberling D, Tubbs H, et al. Identifying meningitis during an anthrax mass casualty incident: systematic review of systemic anthrax since 1880Clin Infect Dis. 2016; 62: 1537–45. DOI: 10.1093/cid/ciw184.  

http://dx.doi.org/10.1093/cid/ciw184


Leake JP, Lederer A. Isolation of the anthrax bacillus from shaving brushesAm J Public Health (N Y). 1919; 9: 114-9.

Szablewski CM, Hendricks K, Bower WA, Shadomy SV, Hupert N. Anthrax cases associated with animal-hair shaving brushesEmerg Infect Dis. 2017; 23: 806-808. DOI: 10.3201/eid2305.161554 

https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/23/5/pdfs/16-1554.pdf

Symmers D, Cady DW. Occurrence of virulent anthrax bacilli in cheap shaving brushes. JAMA. 1921;77:2120–1. http://dx.doi.org/ 10.1001/jama.1921.02630530020010


Vázquez-Espinosa E, Laganà C, Vazquez F. Una visión histórica, socio-cultural y literaria de casos de Bacillus anthracis por brochas de afeitar [An historical, sociocultural view and in the fiction literature of Bacillus anthracis cases by shaving brushes]. Rev Esp Quimioter. 2018;31(3):203–208.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6166252/




domingo, 15 de enero de 2017

La cabeza rasurada de los sacerdotes isíacos








Cabeza de sacerdote isíaco

Mármol de fino grano cristalino 
Museo Nacional Romano. Palazzo Altemps.
Roma.




Esta cabeza, completamente rasurada, representa a un hombre maduro, que puede identificarse con un sacerdote de la diosa Isis. Los sacerdotes de Isis se afeitaban el cráneo en señal de pureza. Llevaban además una cicatriz en forma de Tau o aspa en la zona frontoparietal, como puede verse en la escultura y que exteriorizaba su consagración a la diosa. También vestían ropas de lino, una costumbre tomada de los sacerdotes egipcios y que eran propias de su rango. 


Cabezas de sacerdotes isíaco, con el aspa 
bien visible en la zona frontoparietal 
 



Los niños consagrados a Isis llevaban la cabeza rapada y un largo mechón o trenza lateral, tal como se acostumbraba en Egipto. También hemos podido encontrar algunas representaciones escultóricas de este ritual capilar. 


Niño consagrado a Isis, con la cabeza rapada
 y el mechón de cabello lateral 


Isis era la esposa de Osiris en la mitología egipcia clásica. Sin embargo, su culto se transformó durante la época ptolemaica, dando lugar a un culto sincrético con mezcla de elementos griegos. El esposo de Isis era en este caso Serapis, una divinidad en la que se hibridaban elementos mitológicos griegos con los egipcios. Ptolomeo Soter intentó así crear una religión mixta en la que griegos y egipcios reconocieran su tradición. La imagen de Serapis era la de un dios barbado de aspecto griego, inspirado en Hades, el dios del inframundo. Llevaba un modius (medidor de grano) en la cabeza, empuñaba un cetro y se acompañaba de una serpiente (un elemento ctónico, referencia al mundo inferior) y del perro Cerbero, un perro con tres cabezas, guardián de los infiernos.   


Imagen de Serapis en su trono, con el perro
de tres cabezas Cerbero. Museo Egizio. Turín. 
Figurilla de Serapis en alabastro (s. II)
Museo Nacional Romano. Palazzo Altemps. Roma.

Serapis se constituyó en la divinidad patrona de Alejandría (una ciudad griega enclavada en Egipto) y formaba una tríada con Isis y Harpócrates (Horus niño). Su culto se popularizó, propagándose por el Mediterráneo. 
  
Estatua de la Isis helenística.
Museo Nacional Romano. Palazzo Altemps. Roma. 

El culto de Isis fue al principio visto con recelo por Augusto, que lo consideraba una superstición. Pero como otras religiones mistéricas (cultos de Dionisos, Mitra, etc..) acabó por alcanzar gran popularidad. Calígula permitió la fiesta de Isis en Roma y más tarde, bajo la dinastía Flavia se propagó todavía más. 

Como curiosidad, podemos comentar que la fiesta del Navigium Isidis (la nave de Isis) era una procesión de barcas con la que cada año se inauguraba la temporada de navegación, tras los temporales invernales. Tenía lugar en la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Durante la procesión se ofrecían coronas de flores que se arrojaban al mar. Por cierto, que algunos ecos de estas procesiones podemos encontrarlos todavía hoy en las tradicionales procesiones marineras de la fiesta de la Virgen del Carmen. 


Sacerdote isíaco con la cabeza afeitada.
Museo Nacional Romano. Palazzo Altemps. Roma. 

Relieve representando un ritual del culto de Isis. Museo Nacional Romano. Palazzo Altemps. Roma. 

lunes, 25 de julio de 2016

Rasurarse el pubis







Gustave Courbet

  El origen del mundo
(1866)

Óleo sobre lienzo. 46 x 65 cm
Musée d'Orsay. Paris.  



El origen del mundo es una controvertida pintura realista de Gustave Courbet (1819-1877) que tras numerosas vicisitudes, se exhibe en el Musée d'Orsay, de París.

Courbet es el principal representante de la corriente realista. Arrogante y efectista, tenía a gala su gran capacidad de provocación. "Si dejo de escandalizar, dejo de existir", solía decir.

En esta línea está este cuadro, un desnudo cuya principal característica es el de ser un desnudo parcial, en el que se muestra en primer término un sexo femenino. Algunos críticos opinan que representa - por signos indirectos - el momento que sigue al orgasmo. Si tenemos en cuenta el tabú que durante mucho tiempo pesó sobre el pubis femenino (desapareció totalmente de las representaciones pictóricas desde el s. XVI hasta principios del XIX, reapareciendo, tímidamente en la Maja desnuda de Goya), la provocación de Courbet debió ser descomunal. 

En el momento actual, ya nadie se escandaliza por eso, aunque casi sorprende ver un pubis femenino con tanta exhuberancia de vello. Cada vez está más extendida la costumbre de depilarse o afeitarse esta zona corporal, total o parcialmente. Y esto sucede tanto en hombres como en mujeres.  

Recientemente, un estudio de la revista JAMA Dermatology recoge los hábitos de las mujeres en relación al pelo púbico. Una muestra de 3.316 encuestadas de los Estados Unidos revela que el 83,8% de las mujeres “se arreglan” el pelo de sus zonas íntimas, bien sea depilándose totalmente la zona o perfilando sus límites. Solamente un 16,2% confesaron no haberlo hecho nunca. La frecuencia de la depilación era más variable: las que lo hacían con más frecuencia lo hacían diariamente (5%) y las que menos, solamente una vez al año (3%).

Según los autores de la investigación, esta práctica puede tener efectos beneficiosos para la salud pública y individual. Por ejemplo, reduce la presencia de ladillas (Phtirius inguinalis) y de enfermedades de transmisión sexual (ETS). 

Pero también tiene algunas consecuencias negativas, como la de producir irritaciones o pequeñas heridas al realizar la depilación, especialmente si se hace de forma manual (el método más usado, según esta estadística es el de la cuchilla (73%), seguido por las tijeras (17,5%), la maquinilla eléctrica y la depilación a la cera (4,6%). La mayoría de las encuestadas declararon que realizaban ellas mismas esta operación (92,8%), frente a las que eran ayudadas por su pareja (8%) o por un profesional (6,7%).

La encuesta también ha permitido saber que la depilación genital es 5 veces más frecuente en mujeres de 18 a 24 años que entre las de 45-55 años, y que parece asociarse a mayores niveles de educación (diplomadas) y a personas  de raza blanca, siendo menos frecuentes en otros grupos étnicos. Pero no se han encontrado distinciones significativas según los niveles de ingresos. La frecuencia de este hábito está relacionado directamente con una mayor frecuencia de parejas sexuales y con la práctica de sexo oral receptivo, pero - contrariamente a lo que en principio pueda parecer - tampoco está ligada a prácticas sexuales especiales (sadismo, masoquismo...) 


Otra de las cuestiones destacadas del estudio es el motivo que lleva a las mujeres a la depilación de las zonas íntimas. Un 59% alegaba motivos de higiene; 45% por "rutina"; un 31% por motivos estéticos. El 21,1% confiesa hacerlo porque sus parejas así lo quieren y un 20% indican que así se facilita el sexo oral. La motivación que pesa más para depilarse es el sexo (55%), seguido por las vacaciones (45%) y las visitas al médico (40%), aunque  se señalaron muchas otras posibilidades. 

Tami Rowen, ginecóloga de la Universidad de California en San Francisco y autora principal de este artículo, comenta que, sorprendentemente,  muchas mujeres que consultan al médico por presentar irritaciones o infecciones en el área púbica, casi nunca piensan en la depilación del pelo púbico como causa de sus molestias en la zona vaginal.

El estudio es un interesante documento sobre las costumbres  de la población femenina en un lugar (Estados Unidos) y un tiempo determinado, que constata un cambio de hábitos manifiesto en una parte importante de la población. Seguramente será un análisis a tener en cuenta por los historiadores del futuro, que tendrán que tenerlo en cuenta para comprender como se han modificado las prácticas higiénicas privadas en la segunda década del s. XXI. Por decirlo así, en 150 años se ha pasado de los pubis peludos de la época de Courbet a los pubis pelados actuales. 



Bibliografía

Rowen T et coll.: Pubic hair grooming prevalence and motivation among women in the United States. JAMA Dermatogy 2016; doi: 10. 1001/jamadermatol.2016.2154.

miércoles, 20 de julio de 2016

Rapadas y humilladas (II): la Francia liberada



Robert Capa: La tondue de Chartres. Una mujer rapada con un niño en brazos,
posiblemente una colaboradora horizontal, es increpada e insultada en plena calle.


  Robert Capa

La tondue de Chartres
(1944)

Fotografía, tomada en la 
calle Beauvais de Chartres. 




Comentábamos hace poco la feroz represión franquista contra las mujeres republicanas cuyo máximo castigo fue rapar sus cabellos, para marcarlas y humillarlas. 

Mujer rapada y con una cruz gamada pintada en el pecho,
tras ser acusada de colaboracionismo
Pocos años después, en la II Guerra Mundial, cuando Francia fue liberada de la invasión alemana, tuvo lugar otro episodio de mujeres rapadas. Probablemente tomaron el ejemplo de las rapadas fascistas producidas como represión al final de la Guerra Civil española, o tal vez de las rapadas nazis a mujeres que mantenían relaciones sexuales con personas ajenas a la raza aria (judíos, gitanos) aunque este tipo de castigo se efectuó solamente en 1940 y fue prohibido muy poco después. 

Sea como fuere, el caso es que tras la liberación del ocupante alemán, el pueblo francés tenía ansias de venganza de sus compatriotas que habían de una forma u otra colaborado con el ejército nazi. 

Muchas mujeres fueron acusadas de "colaboración horizontal". Con este eufemismo se entendían tanto las relaciones sentimentales como las puramente sexuales (el nombre de "horizontal" aludía a la posición amatoria en la cama). O sea que las novias, flirts, concubinas e incluso simples prostitutas compartían este mismo epíteto, y se consideró una forma de relación que evidenciaba una traición. También las relaciones de amistad o simplemente las relaciones comerciales, o de mercado negro eran miradas con suspicacia. 


Otras mujeres simplemente habían sido contratadas laboralmente por el ejército alemán. Pero "haber trabajado para el enemigo" también era suficiente para ser mal vistas. Tener un empleo en la Gestapo o en la Abwehr era ya un flagrante delito. 


Rapando a una "colaboradora horizontal"
En el 68% de los casos, las mujeres eran denunciadas; en otras ocasiones sus relaciones horizontales eran conocidas por todo el mundo. Hubo una auténtica caza de brujas. Alrededor de 6.000 mujeres ingresaron en la cárcel de Fresnes en 1946. Hasta 14 cárceles se habilitaron en toda Francia para acoger a todas las mujeres tildadas de colaboracionistas. La mayoría fueron condenadas a penas de cárcel, trabajos forzados o incluso hubo algunas penas de muerte. 


Colaboradora horizontal. Se le obliga a mostrar la cara a
los espectadores (y a la cámara) antes de raparla. 
Pero en la mayoría de casos, muy especialmente en las "colaboraciones horizontales" ya habían sido castigadas por el pueblo. Se las rapó, como habían hecho los fascistas españoles y se sometieron a la vergüenza y al oprobio público. En muchos casos, también se les pintaron cruces gamadas en lugares ostensibles (cara, cuello, pecho, cuero cabelludo), para que quedara claro la razón de su castigo. 

La fotografía que encabeza esta entrada, obra de Robert Capa, se titula "La tondue de Chartres" (La rapada de Chartres). La joven rapada que ocupa el centro visual de la foto se llamaba Simone Touseau. Tenía 23 años en aquel momento (18 de agosto de 1944) y llevaba en brazos a su hijo, un bebé de menos de un año. El pueblo la acusaba de “colaboración horizontal” con los nazis, es decir, de haber mantenido relaciones sexuales con un militar alemán en los años de la ocupación de Francia. Justo antes del paseo público de escarnio y humillación, la cabeza de Simone había sido totalmente rapada y le habían marcado la frente con un hierro al rojo vivo. Como puede verse, Simone es increpada e insultada por la gente que pasa por la calle Beauvois (actualmente Rue Dr. Jacques de Fourmestraux) de la ciudad francesa de Chartres. 

Justo delante de la chica, cubierto con una boina y llevando una bolsa de tela, camina su padre, George Touseau. Tras él, semioculta, también rapada a la fuerza, marcha su esposa, Germaine, madre de Simone. Toda la familia fue sometida a la vergüenza y escarmiento público. Una cruel venganza. 

Simone había trabajado como intérprete para el ejército nazi desde 1941. Se había liado con un soldado, del que sólo conocemos el nombre de pila: Erich. Cuando él fue destinado al frente del este, y resultó herido en combate, Simone se trasladó a Munich para acompañarlo en la convalescencia. Fue allí donde se quedó embarazada. En 1943, decidió regresar a Francia. Toda la familia de Simone tenía fama de simpatizar con el Partido Popular Francés de Jacques Doriot, de orientación filonazi, según los comentarios de algunos vecinos.  

Tras ser juzgadas, Simone y Germaine, su madre, fueron sometidas a un largo proceso judicial por traición que las condenó a 10 años de degradación nacional (una figura por la que los colaboracionistas eran considerados como ciudadanos de segunda, con muy pocos derechos). Simone, totalmente alcoholizada, murió en 1966.

Les tondues de la Gironde, fotografía publicada en la prensa diaria local (29 agosto de 1944)

Otra fotografía escalofriante es la de Les tondues de la Gironde (Las rapadas de la Gironda), que muestra una escena de una madre y una hija que fueron rapadas y paseadas desnudas para vilipendio y vergüenza pública por la ciudad de Burdeos el 29 de agosto de 1944. Tras este humillante paseos fueron ametralladas y sus cuerpos arrojados al río.  


Fotografía de la revista Life: Una colaboracionista rapada, obligada a arrodillarse para pedir perdón por su traición.
Bibliografía: 



  • Virgili F, La France “virile” – Des femmes tondues à la Libération, Éditions Payot et Rivages, Paris, 2000, 392 p. 





Brassens: La tondue.



George Brassens: La tondue

La belle qui couchait avec le roi de Prusse,
Avec le roi de Prusse,
A qui l'on a tondu le crâne rasibus,
Le crâne rasibus,

Son penchant prononcé pour les "ich liebe dich",
Pour les "ich liebe dich",
Lui valut de porter quelques cheveux postich’s,
Quelques cheveux postich’s.

Les braves sans-culott’s et les bonnets phrygiens,
Et les bonnets phrygiens,
Ont livré sa crinière à un tondeur de chiens,
A un tondeur de chiens.

J'aurais dû prendre un peu parti pour sa toison,
Parti pour sa toison,
J'aurais dû dire un mot pour sauver son chignon,
Pour sauver son chignon,

Mais je n'ai pas bougé du fond de ma torpeur,
Du fond de ma torpeur.
Les coupeurs de cheveux en quatre m'ont fait peur,
En quatre m'ont fait peur.

Quand, pire qu'une brosse, elle eut été tondu’,
Elle eut été tondu’,
J'ai dit : "C'est malheureux, ces accroch'-coeur perdus,
Ces accroch'-coeur perdus."

Et, ramassant l'un d'eux qui traînait dans l'ornière,
Qui traînait dans l'ornière,
Je l'ai, comme une fleur, mis à ma boutonnière,
Mis à ma boutonnière.

En me voyant partir arborant mon toupet,
Arborant mon toupet,
Tous ces coupeurs de natt's m'ont pris pour un suspect,
M'ont pris pour un suspect.

Comme de la patrie je ne mérite guère,
Je ne mérite guère,
J'ai pas la croix d'honneur, j'ai pas la croix de guerre,
J'ai pas la croix de guerre,

Et je n'en souffre pas avec trop de rigueur,
Avec trop de rigueur.
J'ai ma rosette à moi : c'est un accroche-coeur,
C'est un accroche-coeur.


Traducción al castellano: 

La rapada

La bella que dormía con un bravo prusiano,

con un bravo prusiano,

a la que una mañana el cráneo le raparon,

el cráneo le raparon.

Su notable afición a los “ich liebe dich”,

a los “ich liebe dich”,

en premio la obligó a llevar peluquín,

a llevar peluquín.

Bravos descamisados y los del gorro frigio,

y los del gorro frigio,

le ofrecieron su moño a un rapador de oficio,

a un rapador de oficio.

Debí haber defendido un poco su melena,

un poco su melena,

debí haberme jugado el tipo por sus greñas,

el tipo por sus greñas.

Sumido en mi torpeza, no moví yo ni un dedo,

no moví yo ni un dedo,

pues los trasquiladores siempre me han dado miedo,

siempre me han dado miedo.

Y mientras la dejaban más calva que un cepillo,

más calva que un cepillo,

“qué lástima -exclamé- tanto mechón perdido,

tanto mechón perdido”.

Me agaché a recoger uno del barrizal,

uno del barrizal,

como una bella flor lo prendí de mi ojal,

lo prendí de mi ojal.

Al verme levantar la cresta, sospecharon,

la cresta, sospecharon,

de mí los segadores de trenzas y rizados,

de trenzas y rizados.

Como no lo merezco, no luce en mi pechera,

no luce en mi pechera,

ni la Legión de honor ni la Cruz de la guerra,

ni la cruz de la guerra.

Pero eso no me causa ni pizca de aflicción,

ni pizca de aflicción,

ya tengo mi divisa: es un bello mechón,

es un bello mechón.