jueves, 17 de octubre de 2019

H. D. Bulkley, el primer dermatólogo norteamericano






Henry Augustus Loop 

Retrato de H. D. Bulkley

Óleo sobre tela 
Colección particular




Henry Daggett Bulkley (1804-1872)  está considerado como el primer dermatólogo norteamericano. Natural de New Haven (Connecticut) se doctoró en Medicina en la universidad de Yale en 1830. Decidió pasar un año en el Hospital de Saint-Louis de París, que a la sazón era el referente mundial de la naciente Dermatología. 

Al regreso de Europa abrió un gabinete médico en Nueva York, donde pronto tuvo que resolver gran número de problemas dermatológicos. Él mismo comentaba: 


"Poco después de mi regreso a Nueva York, trabajé como médico del New York Dispensary (...) donde me asignaron la atención de las enfermedades de la piel. Me encontré en seguida con un gran campo de observación que estaba muy poco valorado hasta ahora y que me permitía aplicar todo lo que yo había visto y leído y gracias a esta ventaja sobre mis colegas y a mi trabajo fui pronto capaz de observar temas de interés que ellos desconocían y que les conducían a consultarme los casos difíciles. 
Pronto los médicos quisieron aprender a diagnosticar y tratar enfermedades cutáneas: 
"Como se empezaba a crear un grupo de numerosos médicos y estudiantes a mi alrededor, me pidieron que hiciera algunos cursos sobre estos temas. No se me había ocurrido la idea, pero me acordé de que la mejor manera de aprender es enseñando, y comencé a prepararlos. Así fue como impartí las primeras lecciones de Dermatología de este país, en 1837, en un establecimiento reservado al tratamiento de estas enfermedades, el Broome Street Infirmary for Diseases of the Skin"
Los cursos de Bulkley fueron un clamoroso éxito: 
"Tras tres años de enseñar en este establecimiento, y tras haber enseñado un año en el New York Dispensary fui invitado a dar cursos en el Colegio de médicos y cirujanos conocido como Crosby Street College (...) y enseñé durante 10 años hasta 1851"

Durante estos años, Bulkley enseñó las doctrinas de Willan y Bateman, que más o menos modificadas, había aprendido de Biett en el hospital de Saint-Louis.  También divulgó las obras de Dermatología de Cazenave y Schedel en los Estados Unidos. 

Posteriormente, Bulkley se interesó más por la medicina general y llegó a ser redactor en jefe del New York Medical Times y más tarde presidente de la New York Academie of Medicine, entre otras sociedades científicas. 

Bulkley murió de neumonía el 4 de enero de 1872, a los 68 años y fue el primer norteamericano que enseñó Dermatología. 


Bibliografía


Cipollaro, Anthony C. (1969). Henry Daggett Bulkley 1804 - 1872. Arch Dermatol. 99 (5) 521-528.
Crissey, John Thorne; Parroquia, Lawrence C; Holubar, Karl. (2002) Historical Atlas of Dermatology and Dermatologists. Partenon Pub. pag. 81. 
Tilles, G. La naissance de la Dermatologie (1776-1880). pág. 92. Les éd. Roger Dacosta. Paris, 1989. 

miércoles, 16 de octubre de 2019

La baba del caracol







Valeria Cannata 

Caracol

Postal de fotografía macro 
Colección particular (Gentileza de la autora)




Hace unas semanas recibí la visita de una de las seguidoras habituales del blog, la Dra. Valeria Cannata, dermatóloga de Tucumán (Argentina). Pocos encuentros me han complacido tanto como éste. La Dra. Cannata está muy interesada en el iconodiagnóstico y participa en foros internacionales sobre este tema, como el que recientemente ha tenido lugar en la Universidad de La Sapienza, en Roma. 

Valeria, además de dermatóloga es una magnífica fotógrafa de la naturaleza y tuvo la amabilidad de regalarme una colección de preciosas postales con sus fotografías, lo que quiero agradecerle públicamente desde este blog. Una de ellas es esta bella imagen de un caracol que hoy comparto aquí.  

La baba de caracol es una sustancia que ha sido usada en medicina popular desde tiempos antiguos. También aparece en formulaciones de libros sobre enfermedades de la piel desde el s. XVIII. Está compuesta  por mucopolisacáridos, alantoína, ácido glicólico, colágeno y elastina, entre otras sustancias. Por este motivo forma parte de fórmulas con propiedades cosméticas y terapéuticas. 

El ácido glicólico, por ejemplo, tiene una acción exfoliante que facilita la eliminación de las células cutáneas muertas. Esta acción además permite que otras sustancias contenidas en la baba, penetren hasta capas más profundas del tegumento. También posee la capacidad de estimular la producción de colágeno endógeno y elastina por parte de los fibroblastos, realizando un trabajo esencial para la restauración del equilibrio y la elasticidad de la piel, prolongando, en cierto modo, la lisura de la juventud. Puede efectuar un cierto efecto peeling contrarrestando las marcas causadas por el sol o la edad, y suavizando parcialmente las arrugas y las cicatrices de acné.


Salvador Dalí: El caracol y el ángel (1984)

La alantoína es conocida desde hace tiempo por sus propiedades cicatrizantes. Ayuda a combatir los radicales libres y estimula la proliferación celular, aumenta la velocidad de cicatrización de pequeñas lesiones de la piel y es una ayuda esencial en el retraso del proceso de envejecimiento. También tiene cierta propiedad hidratante y es capaz de disminuir algunos eritemas (rojeces).

El uso de la baba de caracol en Medicina se atestigua en antiguos tratados y entra a formar parte de la composición de fórmulas magistrales desde por lo menos el s. XVIII. Un antiguo conocimiento que ha sido resucitado recientemente ya que es un componente frecuente de diversas cremas cosméticas. 

lunes, 14 de octubre de 2019

¡Ay de los jueces inicuos y prevaricadores!








Gérard David

El desollamiento de Sisamnes
(1498) 


Díptico de Cambises. Óleo sobre tabla.  
Groningemuseum. Brujas. 



Gérard David (1460-1523) fue un pintor de origen holandés que se estableció en Brujas en 1483, ciudad en la que pasó el resto de su vida. Su pintura se encuadra en la más pura tradición flamenca, y en ella se observa una clara influencia de maestros como Hans Memling y Van Eyck. Sin embargo, David desarrolla un estilo personal, con cierto gusto renacentista. David fue uno de los primeros en introducir el paisaje en sus obras, anticipándose incluso a Patinir. 


Gérard David
La mayoría de su pintura es de tema religioso, y entre sus principales obras recordamos La Virgen entre las vírgenes, el Tríptico de la Natividad, Descanso en la huída a Egipto y Cristo clavado en la cruz.

Sin embargo la obra que comentamos hoy se aparte un poco de esta temática y se encuadra en la pintura cívica. Forma parte de un conjunto de dos tablas conocido como Díptico de Cambises, compuesto por El juicio de Cambises y El desollamiento de Sisamnes. Fueron encargadas por el municipio de Brujas para enaltecer la imparcialidad de la justicia flamenca y recordar sus responsabilidades a los  jueces y gobernantes de la ciudad. 


           Gérard David: El juicio de Cambises
                la otra pieza del Díptico de Cambises.           
El díptico narra la historia de Sisamnes, tal como nos la hizo llegar Heródoto. Sisamnes era un juez venal y prevaricador, que vivió en el reinado de Cambises II de Persia (530-523 aC). El indigno juez había aceptado un soborno, y prevaricó en un juicio, dictando una sentencia injusta. El monarca descubrió su delito y se encolerizó sobremanera. Mandó detenerlo y encarcelarlo, e ideó un castigo ejemplar para garantizar que ningún otro juez volviese a actuar de manera corrupta: sería desollado vivo, en público. Tras la cruel muerte de Sisamnes, Cambises ordenó que se curtiera su piel y que con ella tapizaran el asiento en el que se sentaban los jueces para presidir los juicios. Un asiento en el que debía sentarse el hijo de Sisamnes, Ótanes, al que Sisamnes había elegido para sucederle. Así tapizada con la piel del juez corrupto, la silla le recordaría continuamente la necesidad de emitir juicios justos, y como advertencia constante en sus audiencias, deliberaciones y sentencias. 


Detalle del desollamiento del juez indigno. 

En la pintura aparece el juez indigno atado de pies y manos en una mesa que hace las veces de potro de tortura, mientras está siendo despellejado por cinco hombres, que realizan en su trabajo metódicamente. Uno de ellos sujeta un cuchillo con la boca. Los rostros de todos ellos revelan una gran concentración. 
El indigno juez aparece despierto, abriendo los ojos desmesuradamente y apretando los dientes en un rictus de terror. Los verdugos le han practicado incisiones en brazos y tórax, y la pierna izquierda aparece ya con la piel ya totalmente desprendida, dejando al aire la musculatura del miembro. 
    Uno de los verdugos, concentrado en su trabajo,
sostiene el cuchillo con los dientes
David traslada la escena a la Brujas de su tiempo, perfectamente reconocible en la arquitectura del fondo y en los personajes, que aparecen vestidos con ropas del s. XV. La pintura constituye así un claro aviso a los jueces y letrados de su tiempo, advirtiéndoles de que deben desempeñar su labor de acuerdo a la estricta justicia y con total integridad. Un mensaje que deberían recordar también los jueces actuales, cuyas decisiones son tantas veces sospechosas de partidismo y arbitrariedad. 
Por su parte tanto el rey como los testigos de la escena aparecen contemplando el suplicio con rostro impasible, sin atisbo de compasión, indicando así que se trata de un castigo justo y merecido. 
Por tratarse de un tema original y por el enorme realismo con el que lo trata el autor, constituye una obra impresionante, que no deja indiferente al espectador. 

Chinches en la biblioteca




Biblioteca del Alcazar 

Fachada.
Marsella 




Durante más de una semana la biblioteca del Alcazar en Marsella ha sido cerrada para efectuar una desparasitación. La causa es que ha sido invadida por chinches. 

A pesar de que estos insectos (Cimex lectularius) son más propios de las camas, han conseguido llegar a la biblioteca seguramente transportados en el cuerpo o en los vestidos de algunos de sus visitantes. Una vez allí han conseguido anidar entre algunos libros, encontrando  en ellos y en las rendijas de las estanterías un lugar idóneo donde vivir. El municipio tuvo que movilizar a los equipos de desinsectación que intentaron durante la semana pasada eliminar esta plaga. 

El ayuntamiento ha solicitado a los marselleses que habían tomado libros en préstamo que los devuelvan cuanto antes a fin de que sean adecuadamente tratados. 


Interior de la biblioteca del Alcazar
Marsella
La biblioteca del Alcazar era originalmente una sala de espectáculos que se reconvirtió en biblioteca municipal en 2004. La biblioteca cuenta con unos 350.000 libros y más de un millón de documentos que pueden ser consultados. También guarda pergaminos medievales manuscritos de gran valor. 


La biblioteca no es el único foco de chinches. Once escuelas públicas de la ciudad tuvieron que ser tratadas (diciembre de 2018) ya que estaban infestadas por estos insectos. Un año antes, dos plantas enteras del hospital de la Timone presentaron una infestación similar y tuvieron que ser tratadas. 

Cada vez hay más datos que permiten afirmar que la proliferación de chinches de cama constituye una plaga que afecta a todas las grandes ciudades del Mundo. Su regreso está ligado a la prohibición del DDT (dicloro difenil tricloroetano), un activo insecticida que causaba toxicidad y efectos nocivos en el medio ambiente, y que fue retirado en 1972. Pero las chinches son resistentes a casi todos los insecticidas usados actualmente. 

Afortunadamente, las chinches de cama no son vectores de enfermedades y no suponen un gran peligro sanitario, pero son insectos hematófagos que se alimentan de sangre, y sus picaduras son bastante molestas. Sus picaduras provocan un deseo irrefrenable de rascarse, y que pueden a veces sobreinfectarse.  



   
  Consejos para eliminar chinches

1. Examinar cuidadosamente muebles, libros y otros objetos de segunda mano antes de introducirlos en casa. 

2. En los viajes, inspeccionar bien la ropa de cama. En el hotel, no poner nunca la maleta sobre una cama o un sofá.  

3. No recurrir a los insecticidas habituales: no suelen ser eficacen. Mejor solicitar la ayuda de un profesional. 

4. Tras la desinfestación, dejar transcurrir al menos 15 días antes de repetir el tratamiento. 

5. Atreverse a comentar el caso con la familia y/o amigos a fin de evitar la sensación de aislamiento y de ansiedad.