viernes, 7 de julio de 2017

Aztecas (II): Conocimientos dermatológicos






Médicos aztecas


Ilustración del Códice Florentino (libro X)

Biblioteca Medicea-Laurenciana, Florencia 






A la vista de la gran cantidad de dioses aztecas relacionadas con las enfermedades cutáneas, no es de extrañar que los conocimientos de dermatología de este pueblo fueran realmente muy desarrollados. En efecto, en lengua nahuatl encontramos numerosos ejemplos de vocablos usados para la designación de diversas dermatosis. Así, tzotzocatl (verrugas), machacayolli (callosidades de las manos), xiotl (pinta), etc... Nos consta también que conocían los nevus, melanosis y diversas enfermedades pigmentarias.

     Los aztecas tenían tratados de medicina. Uno de ellos hacía referencia a la clasificación de las úlceras. Así distinguían entre úlceras recientes y sangrantes (chipeliuliztl ezquiztica) úlceras crónicas (tzonzonizli), úlceras de gran tamaño, (thaelpaxaxtli), y úlceras supurantes y fistulosas (chipeliulitzli).

     Para tratar las ulceraciones utilizaban el polvo de obsidiana como antiséptico. Fray Bernardino de Sahagún pudo comprobar sus efectos:

     "Yo pienso que esta piedra es una especie de esmeralda negra, de manera que la experiencia me ha probado que posee virtudes particulares. Cuando se la reduce a polvo fino como la harina y se la aplica sobre las llagas abiertas o úlceras las cura rápidamente impidiendo la supuración"

     Algunas heridas eran suturadas usando cabellos humanos o de animales. También, aunque menos frecuentemente, usaban fibras vegetales. Las suturas se realizaban siguiendo las técnicas de puntos separados o de suturas ininterrumpidas. El códice Badiano señala que una herida sanará si se instila en su interior jugo de la corteza del árbol ylin, de la raíz del arbusto tlalhahuehuatl, cera y yema de huevo. En los casos de sobreinfección de la lesión, se drenaba la supuración mediante incisión, succión bucal y aplicación de hojas de tabaco (Nicotiana tabacum).

     El alquitrán de Ahuehuetl o ciprés de Moctezuma (Taxodium mucranatum) y las pincelaciones con bálsamo del Perú se usaban en el tratamiento de las quemaduras. También podían ser tratadas mediante la aplicación  de una cataplasma confeccionada con savia de nopal y de otras plantas, mezclada con miel y yema de huevo, para conferrirle una consistencia adhesiva, según el códice Badiano. El nopal era muy usado en terapéutica, especialmente en diversas enfermedades de la piel, contusiones y heridas contusas. También servía como antiinflamatorio. 

Fray Bernardino de Sahagún dejó constancia de algunos de estos procederes curativos: 



"Las quebraduras de los huesos de los pies curarse han con los polvos de la raíz que se llama acocotli, y de la raíz de la tuna, y ponerse en la quebradura del pie, y envolverse y atarse con algún lienzo o paño, y después de puesto el palo se han de poner cuatro palitos o tablillas a la redonda de la quebradura, y atarse han fuermente con algún cordelejo para que desta manera salga la sangraza, y también se sangrará de las venas que vienen a juntarse entre el dedo pulgar del pie y el otro, porque no se pudra la herida. Y los palillos o tablillas se han de tener atados por espacio de veinte días, y después deste tiempo se han de echar una bilma de ocutzote con polvos de la raíz del maguey y con un poco de cal, y sintiendo alguna mejoría podránse tomar algunos baños." 
Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, lib. X, cap. párr. 6º. 


Médico azteca vendando una pierna herida.
Códice Florentino, lib. X, f. 111v.
En lengua nahuatl todas las tumoraciones eran llamadas qualocatl. La mayoría de ellas eran probablemente abscesos, que eran intervenidos quirúrgicamente. Los quistes dermoides se cubrían con emplastos de raíces, corteza y hojas de tepozan (Buddleia americana). Si no se resolvían por este método, se procedía a su excisión. También los queloides eran excindidos, cauterizados y suturados, aplicándose goma de caucho (ulli) a continuación. Otras muchas dermatosis eran cauterizadas con ramas de copal encendido (Elaphrium excelsum).

     El impétigo era asimismo conocido entre los aztecas y en su terapéutica se usaba el fruto Carica papaya y el cocimiento de maxiquilitl mezclado con cal.

La diosa azteca Tlazoltéotl, pariendo.
Esta figura nos proporciona mucha información de
como debían ser los partos entre los aztecas
(en cuclillas y con el tronco erguido). 
Tlazoltéotl apoya sus pies 

sobre unos tacos de pocos centímetros 
elevando los talones para así estabilizar la postura.
     Otros diversos cocimientos a base de productos vegetales se aplicaban como remedio de forúnculos, pústulas, abscesos, intertrigo y erisipela. En éste último caso, el tratamiento se complementaba con la administración oral de determinados brebajes.

     Debido a su característica morfología, las enfermedades vesiculosas o ampollares, ulceradas o no, eran frecuentemente representadas por los artistas, como puede observarse en algunas piezas cerámicas de la colección del Dr. A. Weissmann (Museo de México, Museum für Volkerkunde de Berlín-Dahlem). Otra de estas estatuillas presenta un edema de pene, que pudiera ser interpretado como indicativo de una blenorragia (¿pene en badajo de campana?).

     El albinismo era también conocido en el antiguo México. Sabemos que el emperador Moctezuma contaba con algunos ejemplos de esta anomalía entre sus cortesanos.

     La sarna, enfermedad bastante extendida entre los aztecas, se trataba (según una receta citada tanto por el códice Badiano como por el códice de Sahagún) con lavados realizados con orina seguidos por la aplicación de cataplasmas confeccionadas con diversas raíces. Análogos procedimientos se seguían en las diversas afecciones pruriginosas y eccemas.

Temazcalli, Baño de vapor azteca.
La higiene y la costumbre de bañarse era común en los aztecas 
     Los ungüentos de uso dermatológico eran, como puede verse, muy numerosos y variados. 

            Para la confección de muchos de ellos se usaban alquitranes de origen vegetal, resinas y productos azufrados. Muchos de ellos todavía están vigentes en la terapéutica dermatológica.


     Los aztecas cuidaban la higiene cutánea. La crónica atestigua que Moctezuma se lavaba dos veces por día, y en especial las manos antes y después de las comidas. En vez de jabón los aztecas usaban el fruto del copalxocotl (palo de jabón) y raíces de Saponaria americana. El baño de vapor (temazcalli) fue otro método terapéutico de los aztecas. Los temazcalli eran pequeñas cámaras de adobe, desprovistas de ventanas y con una estrecha entrada. En su interior se encendía un fuego, rodeado de piedras volcánicas sobre las que se echaba agua, produciendo así abundante vapor. En algunos casos se utilizaban aguas sulfurosas, con lo que se obtenían efectos beneficiosos sobre algunas dermatosis. Al salir de este baño de vapor, los indios se daban un baño con agua fría, como en las saunas modernas. 

jueves, 6 de julio de 2017

Aztecas (I): los dioses y las enfermedades de la piel

     




Representaciones del 
dios Xipetotec


Códice Borgia. (Códice Yoalli Ehécatl
Piel de animal pintada
Biblioteca Apostólica Vaticana. Roma. 





Los territorios que rodean el lago Texcoco en México, fueron habitados sucesivamente por los indios Olmecas (1000 a.C. - 1000 d.C), toltecas (a partir del s.X d.C.) y chichitecas (a finales del s.XII). Pero la civilización más avanzada y de la que poseemos más información fue la de los aztecas, que ocuparon este territorio a partir del 1267 d.C.

Tras la conquista española, algunos eclesiásticos hicieron triste gala de su intolerancia religiosa. Tal fue el caso de Juan de Zumárraga, el primer arzobispo de la ciudad de México, (como llamaron los conquistadores a la azteca Tenochtitlán), que se responsabilizó de la destrucción de 500 templos y 20.000 estatuas. Durante esta destructiva campaña ardieron también los archivos reales aztecas, escritos en jeroglíficos. Algunos españoles, como el franciscano Bernardino de Sahagún o el virrey Mendoza, lograron reconstruir parcialmente la cultura azteca basándose en relatos y leyendas oídos a los indios. Pero sólo 19 textos de la vasta biblioteca real azteca pudieron salvarse de las llamas.

Brasero de terracota representando al dios Tlaloc.
Templo Mayor. Tenochtitlán. 
La mitología azteca muestra numerosos ejemplos de la importancia que este pueblo concedía a las enfermedades cutáneas. Aunque Toci, la madre de los dioses, era también la diosa de la Medicina y de las enfermedades, la mayoría de las dermatosis eran encomendadas al dios Tlaloc, bajo diversas advocaciones, y que también era el protector de las enfermedades de transmisión sexual. Los que morían de estos males no eran icinerados, sino inhumados, en la creencia de que pasaban a morar en el paraíso de segundo grado, el Tlalocán, que estaba situado sobre la tierra, en una montañosa y soleada región. 

Estatua de Xipetotec. Museo de América. Madrid
Sin embargo, no todas las enfermedades de la piel estaban consagradas a Tlaloc. Algunas de ellas, como la sarna, los abscesos, la forunculosis y ciertas dermatosis pruriginosas o supurantes del cuero cabelludo eran consideradas castigo de Xipetotec, el dios desollado, así llamado porque se solía representar cubierto con la piel de su víctima. El segundo mes del año en el calendario azteca (de increíble precisión, por cierto), se dedicaba al culto de esta divinidad. Los casos de dermopatías muy rebeldes al tratamiento debían esperar a la primavera, época en la que se celebraba la fiesta de Xipetotec, en la que se desollaban varios prisioneros para cubrir con sus pieles a los enfermos, que marchaban al frente de la procesión. Tras ellos seguían los sacerdotes y la estatua del dios, también cubiertos con las pieles sangrantes de los prisioneros desollados. Mediante este bárbaro y cruento ritual se creía que el mal, por contacto, pasaba de la piel de los enfermos a la piel de los sacrificados.

Representación de Nanahuatzin-Xolotl, tal como aparece 
en el Códice Borgia. Biblioteca Vaticana. Roma. 
Según los mitos aztecas que aparecen en el códice de Madrid y por los relatos de Sahagún, uno de los dioses primitivos reunidos en Teotihuacán en las sombras originales estaba cubierto de úlceras. Decidido a sacrificarse para consagrarse a los otros, se arrojó a un inmenso brasero, del que salió transformado en astro luminoso. Algunos textos atribuyen este gesto heroico al dios Quetzacoatl, y otros al dios dimorfo Xolotl-Nanahuatzin, considerado el dios del ocaso y del trueno, de los partos gemelares, de los nacimientos monstruosos y de los abortos, el cual bajo la forma de Nanahuatzin se consideraba el responsable de la sífilis y de la pinta, muy común entre los aztecas a la llegada de los conquistadores. En la plancha nº 10 del Códex Borgia, que se halla en la Biblioteca Vaticana, se representa a Xolotl-Nanahuatzin con los ojos purulentos, los miembros torcidos y la superficie cutánea cubierta de úlceras. En otros pasajes de este códice este dios coquetea con la diosa Xochicotzal, la diosa del amor, a la que también se atribuía la potestad de castigar a los hombres con bubones, exantemas y erupciones cutáneas.

Xochipilli
Xochipilli o Macuilxochitl, dios de la juventud, los placeres, la música y las flores, castigaba a los hombres y mujeres que mantenían relaciones sexuales en las épocas de ayuno enviándoles enfermedades en las partes pudendas, exantemas, bubones y corrupción del pene. En una plancha del códice Florentino lo podemos ver con la cara cubierta por una erupción cutánea.

La diosa Tzapotlatenan había otorgado a los hombres el conocimiento de muchas drogas útiles en el tratamiento de las enfermedades de la piel. Entre ellas destacaba el uxitl (alquitrán de madera), con el que sanaba las úlceras, las erupciones del cuero cabelludo y las grietas de la piel.

Todos estos dioses y mitos atestiguan la alta incidencia de las afecciones de la piel entre los aztecas y la importancia que este pueblo concedía a esta patología. 

    
El dios Xipetotec,  con una piel humana desollada atada al cuerpo
                             


La creación del quinto sol y Xipetotec  



miércoles, 5 de julio de 2017

El doctor, la doncella y la muerte






Ivo Saliger 

El doctor, la chica y la muerte
("Der Arzt")
(1920)

Aguafuerte coloreado sobre papel sepia  
53,4 x 73 cm
Diettrick Centro de Historia de la Medicina. Cleveland




Uno de los lectores de "Un dermatólogo en el museo", Lilo Simonian, me envló hace poco via Twitter esta imagen por si la quiero comentar en el blog. Me ha parecido una interesante sugerencia, y desde aquí quiero agradecerle su iniciativa y colaboración. 

Ivo Saliger (1894-1987) fue un pintor y grabador austríaco que en los años 20 se encuadró en la corriente del Art Déco. En 1930 amplió estudios en París con Fernand Léger. 


Ivo Saliger. Das Urteil des Paris (El juicio de Paris, 1939).
 Deutsches Historisches Museum,
Sammlung Haus der Deutschen Kunst, Berlin.
A su regreso fue considerado como uno de los artistas más representativos del pensamiento nacionalsocialista, ya que ensalzó los valores del nazismo, que en aquel momento era una ideología que alcanzaba un gran predicamento y popularidad. 

Uno de los más claros ejemplos es su obra "Juicio de Paris" donde se da una nueva versión de la conocida escena mitológica. La escena muestra a un joven con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas (pantalón marrón y camisa parda) frente a tres mujeres, que compiten por ser la más bella. El chico ofrece el premio de la manzana a una Afrodita, encarnada en una mujer que cumple el canon de belleza ario (rubia, piel blanca, nariz aquilina) y que muestra la atlética y fría desnudez de la estética nacionalsocialista. En los monumentos del régimen aparecían frecuentemente estatuas con este tipo de mujer,  frías y distantes. Las otras dos diosas, en cambio, aparecen como mujeres no arias (pelo moreno, facciones mediterráneas, formas más redondeadas) y naturalmente son rechazadas por el joven. El ideal nazi del joven pastoril, interesado en la naturaleza y en servir ciegamente al Estado y el canon de belleza aria encaminada a obtener la pureza racial son claros mensajes ideológicos subliminales. 

Otro de sus grabados representa a un abanderado doblado con un esqueleto en clara alusión a la lucha de los defensores del III Reich y su disponibilidad para morir por la causa. 

La ilustración que preside la entrada de hoy (Der Artzes una imagen llena de fuerza, en la que se representa alegóricamente la lucha épica del médico contra la muerte, en el desempeño de su misión salvadora de vidas humanas.

En la escena aparece un cirujano (con bata y gorro de quirófano) que sostiene a una muchacha desnuda que se abraza a el para no caer. En efecto, la posición del cuerpo de la chica es de gran laxitud, y da la impresión de debilidad, casi al borde del desmayo. En la parte inferior aparece un esqueleto, encarnación simbólica de la muerte que acecha a la mujer. La muerte tira del cuerpo de la muchacha hacia abajo, intentando llevarla consigo al reino de los muertos. El médico sin embargo, no sólo sostiene con fuerza a la mujer sino que rechaza violentamente al esqueleto, presionando con fuerza su cráneo. 

La lectura de la escena es bastante sencilla: la medicina moderna, uniendo la abnegación y el altruismo de la profesión médica con las crecientes posibilidades de la técnica en el diagnóstico y tratamiento, salva cada vez más vidas humanas librándolas de la muerte. 

La Muerte y la Doncella - Sebald Beham, 1546
Para hacer llegar al espectador su mensaje, Saliger recurre a iconos bien establecidos en el imaginario popular. El esqueleto es el símbolo inequívoco de la muerte desde por lo menos las danzas medievales de la muerte (y aún antes). Así lo encontramos en pinturas como las de la catedral de Albí, los frescos del cementerio de Pisa o en obras como el triunfo de la muerte de Brueghel el Viejo (Museo del Prado)  o por citar algunos ejemplos representativos al vuelo. Salinger retoma el tema de la Muerte y la Doncella, habitual en el arte occidental desde el Medioevo y que alcanzó especial esplendor en el barroco (Sebald Beham, Hans Baldung) También hemos de recordar aquí las Vanitas barrocas como símbolo de la Muerte y de lo efímero de la vida humana. 

Por otra parte, Saliger encarna en el médico la lucha del bien contra el mal, retomando numerosas escenas de psicostasia o del peso del alma en el Juicio Final. Aunque estas escenas ya aparecen en el libro de los muertos egipcio, cobran una gran importancia en el arte cristiano medieval en donde San Miguel, pesa las buenas y las malas obras en los platillos de una balanza. El diablo intenta por todos los medios descompensar el peso a su favor y llevarse el alma consigo al infierno. En la psicostasia laica de Saliger, la muerte personificada en el macabro esqueleto, ocupa el lugar del diablo, del mal. El bien es en este caso representado por el médico (en sustitución del ángel) que intenta por todos los medios salvar la vida de la paciente, alargando su existencia terrenal. 


Ivo Salinger: Las parcas. 
No es esta la única escena de este tipo aportada por Saliger. En otras obras retoma la lucha de la medicina contra la muerte. La representación de la muerte aparece también en varias de sus obras, como un obsesivo leit-motiv. En uno de sus grabados se representa a las Parcas. Una de ellas sostiene el hilo que sale de un huso que alza otra de ellas. La tercera, Átropos, que corta con unas tijeras el hilo de la vida es representada también en forma de esqueleto, en alusión a la muerte como destino fatídico.   

Saliger tenía motivos personales para representar esta escena (y otras escenas similares), y los confesó en una carta. Una estudiante de la Universidad Case Western Reserve, Mrs. Killpack le había escrito preguntándole directamente por que era lo que le había inspirado para realizar este trabajo. Saliger le contestó en una carta fechada el 6 de diciembre de 1973 y que se conserva actualmente en el Archivo del Centro de Historia Médica Dittrick, de la que hemos entresacado algunos párrafos textuales: 

     "Le voy a contar ahora el espíritu y el significado de esta imagen. La idea se desarrolló a partir de un duelo personal. Yo tenía una hermana. A finales de 1918, cuando la Primera Guerra Mundial llegaba a su fin, se puso enferma. Es decir, la enfermedad, que tal vez ya se estaba incubando desde antes, se hizo muy pronto evidente: - Linfogranulomatosis-. Varios médicos de gran prestigio intentaron detener su sufrimiento, pero sabíamos que era inútil. Ella tenía 22 años entonces. Llevé a mi hermana a Suiza, esperanzado con el alto nivel médico del país. Un cirujano famoso, jefe del Züricher Cantonshospital, se esforzó para ayudar a mi hermana. Yo lo había conocido en Viena y me acogió en su casa como invitado. Aparte del caso de mi hermana, oía comentar a mi anfitrión otros casos clínicos del hospital y de los esfuerzos que hacía su equipo médico para intentar salvarlos. 

Entonces me vino la inspiración. Fui a mi habitación y dibujé el primer boceto preliminar. Una figura femenina, apenas con vida, aferrándose al médico, que está tratando de defenderla de la Muerte, que amenaza la vida de la paciente. Tal vez de manera intuitiva, dibujé en el rostro del médico el escepticismo, la incertidumbre sobre si la lucha va a terminar bien o no. En definitiva, la eterna lucha del médico con la muerte, intentando salvar vidas humanas. Mi hermana murió en abril de 1920. Causa: la leucemia. A finales de junio de 1920, después de 2 meses de trabajo, acabé mi obra. Esta es la verdadera historia de este grabado".

Otro de los grabados de Salinger en el que vuelve sobre los tratamientos
y exploraciones médicas y la presencia de la Muerte. 
   

Arte Nacionalsocialista: Ivo Salinger



martes, 4 de julio de 2017

Un fraile con gonorrea







Ilustración marginal en un manuscrito 
(Finales del s. XIII) 

Codex Justinianus (Bolonia)
Bibliothèque municipale. Angers. 



No es del todo infrecuente encontrar dibujos marginales subidos de tono en manuscritos medievales, como no lo es encontrar escenas eróticas en ménsulas y canecillos de iglesias románicas. En algunas iglesias de Galicia o Cantabria son frecuentes las iglesias que muestran escenas de cópulas, sodomías o masturbaciones (en los canecillos del exterior, lugar reservado a todo lo malo, en contraposición a la sacralidad interna del templo)

En este caso, encontramos un fraile (con hábito y la cabeza tonsurada) enfrascado en la lectura de un libro, mientras muestra unos genitales de gran tamaño, con claros signos de  balanitis y de supuración uretral. 

Está claro que esta miniatura tiene una intención satírica o erótica, por lo que intentar un diagnóstico es muy cuestionable. Sin embargo los síntomas sugieren una gonorrea, de forma bastante evidente. 

Por una parte el glande aparece intensamente enrojecido, claramente inflamado, síntomas claros de balanitis. En muchos casos la inflamación de esta zona puede ser la consecuencia de una infección por hongos levaduriformes del género Candida. Estos hongos son oportunistas y aunque pueden transmitirse tras un contacto sexual con una persona infectada, también pueden producir esta alteración por un aumento de humedad o escasa higiene, y también son frecuentes en diabéticos tras un aumento de glucosa.

La gonorrea o blenorragia es una infección (generalmente debida a Neisseria gonorrheae, aunque también existen uretritis por otros microorganismos) que se contrae por vía sexual. El gonococo (Neisseria gonorrheae) fue descubierto por Albert Neisser. Es una enfermedad conocida desde hace siglos y ya aparece citada en diversos pasajes de la Biblia. 

El síntoma más característico de la gonorrea es la supuración uretral y el vivo escozor al orinar. En algunas ocasiones el glande puede aparecer enrojecido e inflamado, como parece que es el caso de la miniatura que comentamos. 

En las mujeres la sintomatología es mucho menos clara e incluso, en algunos casos, puede pasar desapercibida, lo que facilita todavía más la propagación de la enfermedad, especialmente a través de la prostitución. Por ese motivo eran conocidas popularmente como "purgaciones". También se la llamaba la "gota militar" por ser muy frecuente entre los reclutas. 

Durante mucho tiempo la gonorrea se trató con lavajes intrauretrales con antisépticos como soluciones argénticas o permanganato potásico. Antes de la era antibiótica muchas veces se producían estenosis uretrales (estrechamiento de la uretra) que provocaba importantes molestias al orinar. Las estenosis eran tratadas con bujías o beniqués, unas sondas metálicas. Tenían un calibre cada vez mayor intentando dilatar la uretra. Algunos personajes fueron tratados así (Enrique IV de Francia, Giacomo Rossini...) 

Con la introducción de los antibióticos, el tratamiento y pronóstico de la gonorrea ha mejorado sensiblemente. 

lunes, 3 de julio de 2017

Maria Bockenolle, lupus y artritis reumatoide

       






Rembrandt van Rijn

Retrato de María Bockenolle
(1634)

Óleo sobre lienzo. 174'9 x 124,1 cm
Museum of Fine Arts. Boston.  





Durante sus primeros años en Amsterdam, los innovadores retratos de Rembrandt van Rijn (1606-1669) fueron determinantes en su creciente reputación. Uno de sus retratados fue el reverendo Johannes Elison, ministro de la Iglesia Reformada Holandesa en Norwich, Inglaterra. En la sociedad holandesa del siglo XVII, los ministros protestantes tenían una gran influencia y eran personajes públicos muy importantes. Rembrandt también realizó un retrato de la esposa de Elison, María Bockenolle, a la que representó sentada en una silla, de cuerpo entero. Es probable que los retratos de Elison y Bockenolle fueran encargados a Rembrandt por su hijo, un rico comerciante de Amsterdam. Los retratos de cuerpo entero eran mucho más caros que los habituales retratos de busto. Rembrandt solamente pintó tres pares de retratos en este formato durante su vida. 


Detalle de las manos de María Bockenolle,
con las características alteraciones
articulares de artritis reumatoide








 




Durante sus primeros años en Amsterdam, los innovadores retratos de Rembrandt van Rijn (1606-1669) fueron determinantes en su creciente reputación. Uno de sus retratados fue el reverendo Johannes Elison, ministro de la Iglesia Reformada Holandesa en Norwich, Inglaterra. En la sociedad holandesa del siglo XVII, los ministros protestantes tenían una gran influencia y eran personajes públicos muy importantes. Rembrandt también realizó un retrato de la esposa de Elison, María Bockenolle, a la que representó sentada en una silla, de cuerpo entero. Es probable que los retratos de Elison y Bockenolle fueran encargados a Rembrandt por su hijo, un rico comerciante de Amsterdam. Los retratos de cuerpo entero eran mucho más caros que los habituales retratos de busto. Rembrandt solamente pintó tres pares de retratos en este formato durante su vida. 

Maria Bockenolle aparece vestida de negro, tocada con un sombrero del mismo color. En su cara podemos ver un eritema en forma de alas de mariposa, característico del lupus eritematoso. En sus manos podemos apreciar las típicas deformaciones de la artritis reumatoide. 


El eritema rosado en forma de mariposa en la cara de María Bockenolle

La artritis reumatoide y el lupus eritematoso son los transtornos autoinmunes más frecuentes. Sin embargo la fisiopatología es diferente en ambos procesos. En general, se considera que el lupus es una enfermedad mediada por Th-1 mientras que la artritis reumatoide lo es por Th-2. Sin embargo en algunas ocasiones se produce la confluencia de ambos procesos, aunque es una circunstancia muy poco frecuente, a la que Schur en 1971 propuso llamar "rhupus" (voz resultante de la contracción de rheumatoide, en su grafía anglosajona y lupus). 

Aunque el compromiso articular del lupus eritematoso sistémico es una de las manifestaciones más comunes de esta enfermedad, solamente una minoría de pacientes (∼5%) desarrolla artropatía deformante, similar a la artropatía de Jaccoud. Menos de un 1% de los pacientes con LES desarrolla una artropatía erosiva indistinguible de la artritis reumatoidea (rhupus)

Así Rembrandt pintó el retrato de María Bockenolle (1634) plasmando la clínica característica de esta patología antes de que los síntomas cutáneos fueran descritos médicamente por Cazenave (1851); antes que Bannantyne describiera la alteración articular de artritis reumatoide (1896) y mucho antes de la descripción del "rhupus" por Schur en 1971. 


Rembrandt: Los dos retratos del matrimonio Johannes Elison y María Bockenolle



Bibliografía  


Sierra X. 
History of lupus erithematosus
http://www.biusante.parisdescartes.fr/sfhd/ecrits/histle1.htm




Alarcón-Segovia D, Abud-Mendoza C, Diaz-Jouanen E, Iglesias A, De los Reyes V, Hernandez Ortiz J
Deforming arthropathy of the hands in systemic lupus erythematosus
J Rheumatol., 15 (1988), pp. 65-69
Amezcua-Guerra LM. Overlap between systemic lupus erythematosus and rheumatoid arthritis: Is it real or just an illusion?
J Rheumatol., 36 (2009), pp. 4-6 
Toone E, Irby R, Pierce EL, The cell LE in rheumatoid arthritis
Am J Med Sci., 240 (1960), pp. 599-608
Schur PH. Systemic lupus erythematosus in Cecil-Loeb
Texbook of Medicine., pp. 821 1971
Simon JA, Granados J, Cabiedes J, Ruiz Morales J, Alcocer-Varela J. Clinical and inmunogenetic characterization of Mexican patients with ‘Rhupus’
Lupus., 11 (2002), pp. 287-292