viernes, 17 de julio de 2015

La araña de Louise Bourgeois




Louise Bourgeois 

Maman 

Escultura de bronce, acero y mármol
927,1 x 891,5 x 1023,6 cm. 
Itinerante (Aquí en el Museo Guggenheim, Bilbao)




Louise Joséphine Bourgeois (1911 - 2010) fue una escultora franco-norteamericana, una de las artistas más relevantes del arte contemporáneo. 

La obra de Louise Bourgeos está condicionada por una cierta obsesión autobiográfica, que tiene su origen en un trauma infantil de la artista causado por el descubrimiento del amorío entre su padre y su niñera. En 1974 realizó la obra "Destrucción del padre", en la que afloran  sentimientos como la traición, la ansiedad y la soledad. 

A partir de los años 90 realizó numerosas esculturas de arañas, lo que le valió el apodo de la "Mujer Araña". 

Louise Bourgeois: Spider (1994). Museo Reina Sofía, Madrid. 

La mayor de sus esculturas de arañas alcanza los 9'27 m de altura y lleva por título "Maman". Ha sido expuestra en numerosos lugares del mundo, entre los que se cuenta el Museo Guggenheim de Bilbao, el Centro de Convenciones de Doha, Qatar  o la Tate Modern de Londres. 

La mayor de sus esculturas de arañas alcanza los 9'27 m de altura y lleva por título "Maman". Ha sido expuestra en numerosos lugares del mundo, entre los que se cuenta el Museo Guggenheim de Bilbao o la Tate Modern de Londres. 

Maman es una escultura en la que se quiere simbolizar la fuerza de su madre, con metáforas de tejidos, nutrición y protección. La misma artista comentaba:

"La Araña es una oda a mi madre. Ella era mi mejor amiga. Como una araña, mi madre era tejedora. Mi familia estaba en el negocio de restauración de tapices, y mi madre estaba a cargo del taller. Igual que las arañas, mi madre era muy astuta. Las arañas son presencias agradables que comen mosquitos. Sabemos que los mosquitos esparcen enfermedades y por lo tanto, no son bienvenidos. Entonces, las arañas son proactivas y de mucha ayuda, justo como lo era mi madre"

Maman, de Louise Bourgeois, en Ottawa
(Foto gentileza del médico y escultor
Dr. J.M.Trull Gimbernat, Girona)
Las arañas son artrópodos que pueden causar picaduras de diversa consideración. Algunas especies, como las del género Loxoceles (entre ellas Loxoceles rufescens, araña de los rincones o araña-violín), pueden encontrarse en los países de Europa del Sur. Su picadura inocula un veneno que puede ocasionar reacciones muy variadas, que pueden ir desde reacciones inflamatorias más o menos marcadas a lesiones ulceradas con gran componente inflamatorio de más de un mes de duración. Éstas últimas pueden comportar áreas de necrosis de cierta extensión que  llegan a requerir intervención quirúrgica para la reconstrucción de la zona. 

Algunas especies de Loxoceles presentes en Sudamérica o África,  así como arácnidos de otros géneros (Hadronyche, Phoneutria, Latrodectus, Sicarius) pueden ocasionar picaduras todavía más graves, que pueden incluso causar la muerte a niños pequeños.



Maman, de Louise Bourgeois: 




Louise Bourgeois: 




jueves, 16 de julio de 2015

Heridas contusas por lapidación





Escenas de la vida de San Esteban 
(segundo cuarto del s. XIV) 

Pintura mural al fresco. 
Procedente de St. Miquel de Cardona
Museo diocesano. Solsona.



San Esteban fue un diácono de los primeros tiempos del cristianismo. Durante la primera mitad del s. I los cristianos eran todos judíos. Algunos no habían salido nunca de Palestina y eran muy tradicionalistas en cuanto a religión y creencias. Una buena parte de ellos pertenecían a la secta de los esenios, como fue el caso de S. Juan Bautista y según algunas opiniones, del propio Jesús

Otros en cambio, procedían de las colonias judías que con finalidad comercial habían establecido en diversos puntos del Mediterráneo. Eran de mentalidad mucho más abierta y cosmopolita, solían hablar y escribir en griego y habían estado en contacto con algunas ideas filosóficas o religiosas helenísticas. Este era el caso de Esteban, que tomaba frecuentemente la palabra en la sinagoga (en este tiempo, el cristianismo era poco más que una variante del judaísmo y los cristianos seguían reuniéndose en sinagogas)

El choque entre las dos corrientes se produjo alrededor del año 50 d.n.e. durante el Concilio de Jerusalén. La facción judaísta tradicional estaba liderada por los apóstoles Santiago y Pedro. Defendían que sólo los judíos podían ser cristianos y que por lo tanto se debían seguir sometiendo a la circuncisión. La tendencia helenística estaba dirigida por Pablo (el nuevo nombre de Saulo de Tarso) y propugnaba sustituír el viejo rito de la circuncisión por el bautismo (ritual que se practicaba también en algunas religiones mistéricas como el mitraísmo), y una visión universal y ecuménica de la Iglesia: todos podían ser cristianos, tanto judíos como gentiles. Tras el Concilio de Jerusalén se impusieron las tesis helenísticas: se abandonó definitivamente la circuncisión y se adoptó el bautismo con agua, de inmersión; Pedro viajó a Roma donde finalmente fue apresado y crucificado durante la persecución de Nerón; y Pablo, rebautizado como Apóstol de los gentiles, remodeló el naciente cristianismo, dotándolo de un rico contenido filosófico y moral de tradición griega.  

Pero antes de todo esto, Esteban fue lapidado (año 36 d.n.e. circa) . Esteban era uno de los más destacados líderes de la tendencia helenística. Era culto y buen orador. Tomó la palabra en la sinagoga y sus criterios, cosmopolitas y abiertos, no fueron muy bien aceptados por los judíos, que vieron en él a un blasfemo. Por esa razón fue llevado fuera de la sinagoga y sometido al castigo que según el judaísmo se debe aplicar a los herejes: la muerte por lapidación, es decir, apedreado. 





Así se nos relata en los Hechos de los Apóstoles

7:54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.  
7:55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios,  
7:56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.  
7:57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él.  
7:58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.  
7:59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.  
7:60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
                                                                                      (Hechos 7, 54-60)

Como vemos, Pablo (todavía como Saulo) estaba presente durante el martirio de Esteban, aunque su papel fue el de mero espectador. Tal vez a partir de este momento empezó a entrever las posibilidades que tenía la nueva doctrina.

El cristianismo considera a Esteban como protodiácono (el primer diácono) y protomártir (el primer mártir) y su culto ha estado siempre muy extendido. En la iconografía suele representarse revestido con la dalmática de diácono (que aunque no se usaba en aquel tiempo, posteriormente fue el atributo por antonomasia de los diáconos) y algunas piedras en la mano o en la cabeza, en alusión a su lapidación. A veces también se le añade la palma del martirio.  




En los frescos de Sant Miquel de Cardona se representan diversos episodios  de la vida de San Esteban, entre los cuales su martirio por lapidación, que hoy aportamos aquí. 

El diácono primero aparece en el momento del martirio, recibiendo las pedradas, y posteriormente muerto, con abundantes heridas contusas en la cabeza y manos. Las heridas, causadas por los traumatismos de las piedras se presentan llenas de sangre. Un grupo de seguidores de Esteban (que se representan con el hábito medieval reservado a los judíos) lloran y se lamentan por su martirio. Es destacable la representación de las heridas de Esteban, que no por ritualizadas y esquemáticas dejan de ser menos impactantes. 

Lapidación de San Esteban (Boí): 




miércoles, 15 de julio de 2015

¿Era psoriasis la enfermedad de Naamán?


El baño de Naamán. Vidriera de la Abadía de Mariawald,  Alemania (1510)




El baño de Naamán

(1510)

Vidriera
Procedente de Abadía de Mariawald, Alemania

Victoria and Albert Museum, Londres



El tema de la curación de Naamán el Sirio está muy poco representado en el arte, por lo que constituye una originalidad. Naamán (en hebreo su nombre,  נַעֲמָן,  significa "Agradable") es un personaje del Antiguo Testamento que sale citado en el Segundo Libro de los Reyes. 

Según el texto bíblico, Naamán era el general de los ejércitos sirios del rey Ben-Adad II en tiempos de Joram, rey de Israel. Al parecer se hallaba aquejado de una enfermedad cutánea ( צָרַע tsara'at, que la Vulgata traduce como lepra). Una joven hebrea al servicio de su mujer le habló de un profeta de Samaria que seguramente podría curar su mal. Naamán obtuvo de su rey cartas dirigidas a Joram recomendando a su general:

"sabe por ellas que yo envío a ti a mi siervo Naamán para que lo sanes de su mal" (2 Reyes, 5:6)

Pero el rey hebreo no se fiaba del rey sirio y al leer las cartas rasgó sus vestiduras en señal de desagrado.  


Estos hechos llegaron a los oídos del profeta Eliseo, quien envió a buscar a Naamán. Tras ver al general y al mal de la piel que le afligía, le mandó lavarse siete veces en el río Jordán. Pero a Naamán esto le parecía un tratamiento demasiado simple y al principio, se negó a hacerlo. Sin embargo, uno de sus siervos le  reprochó su desconfianza, diciéndole que si no era capaz de realizar algo tan sencillo, aún menos realizaría terapias más complicadas. 

Cornelis Engelbrechtsz: La curación de Naamán (1520) 
Óleo sobre tabla (Tríptico)
Kunsthistorische Museum, Viena



Naamán se bañó pues siete veces en las aguas del mencionado río y consiguió curarse de su mal. En signo de agradecimiento, Naamán envió a Eliseo valiosos presentes, pero el profeta los rechazó, negándose a aceptarlos. Pero Giezi, siervo de Eliseo, quiso quedarse con los  regalos. Como castigo a su avaricia, Giezi contrajo entonces el mal que afligía al oficial sirio. 


Ferdinand Bol 1616 – 1680: Eliseo rechaza los presentes de Naamán. 
Óleo sobre lienzo (151 × 249 cm) Rembrandthuis, Amsterdam

Aunque la afección de Naamán se ha identificado con la lepra, no parece que sea esta enfermedad la que presentaba el militar. Se ha apuntado la posibilidad de que fuese psoriasis. La mejoría tras los repetidos baños en el Jordán (para los antiguos hebreos decir siete equivalía a decir un número indeterminado, algo así como decir "muchas veces") hacen pensar en una posible acción de los rayos solares y los lodos del Jordán, cosa que casa muy bien con la teoría de que fuera psoriasis. De hecho, Naamán vuelve a su patria con varios asnos cargados con los lodos del Jordán, para seguir con la cura "a domicilio". Los sedimentos del Jordán, casi en su desembocadura en el Mar Muerto son ricos en calcio, magnesio, yeso, potasio y bromo y presentan una notable acción exfoliante. En su composición también  hay reductores, como sustancias bituminosas. Aún hoy, la ribera del Mar Muerto, donde desemboca el río Jordán son muy reputadas para el tratamiento de la psoriasis. Muchos balnearios están establecidos en sus orillas (tanto en la parte jordana como en la israelí) dirigidos especialmente a tratar pacientes psoriásicos. Las sales del Mar Muerto son también exportadas y forman parte de numerosos tratamientos y cosméticos para el tratamiento de la psoriasis. Igual que lo que hizo Naamán: llevarse los lodos a su país de origen. 

Vidrieras de la Catedral de Colonia. A la izquierda, el baño de Naamán en el Jordán.
A la derecha, el bautismo de Jesús en el mismo río. 

En otro orden de cosas la curación de Naamán en el Jordán prefigura el bautismo por inmersión de Jesús en el mismo río, y con esta función simbólica podemos encontrar ambos pasajes relacionados en algunas vidrieras.


Pieter de Grebber (1600 -1652): 
"Eliseo rechaza los regalos de Naamán" (1637) 
Óleo sobre lienzo 120 × 185.5 cm 
Frans Hals Museum. Haarlem (Países Bajos) 



Armario de farmacia, decorado.





Armario de farmacia 
(s. XVII) 

Madera pintada al óleo
Procedente de la Farmacia Pallarés (Solsona)
Actualmente en el Museo diocesano. Solsona





Este armario para medicamentos y sustancias de botica procede de la Farmacia Pallarés, de Solsona, y hoy se exhibe en el Museo Diocesano de esta ciudad. Está dotado de puertas pintadas en las que por su parte exterior puede apreciarse una escena de la Anunciación. Por la parte interior en cada una de las hojas están representados los  santos Cosme y Damián, patronos de los médicos y boticarios, que tenían una gran devoción en los gremios de estas profesiones. 






Los santos aparecen con los atributos de su profesión, la medicina y la farmacia. Uno de ellos - el farmacéutico -  sujeta con la mano una gran maza de mortero, mientras que con la otra sostiene una caja con medicamentos, indicando  así su condición de boticario. El otro - el médico - está realizando una uroscopia, un procedimiento diagnóstico muy usado en la época. 

La devoción a S. Cosme y S. Damián es una prueba de la excelente tradición médico-farmacéutico y se repite en numerosas ocasiones.  

martes, 14 de julio de 2015

El tumor cutáneo de Andrea del Sarto




Andrea del Sarto

Autorretrato 
(1528-1530) 

Fresco
Galeria degli Uffici, Florencia



Andrea del Sarto (1436 - 1531) fue un pintor florentino de estilo manierista, que por su depurado estilo y el dominio del color y las sombras fue llamado "Andrea senza errori". Su verdadero nombre era Andrea de Agnolo, pero el apodo de Sarto con el que se le conocía habitualmente le fue dado por la profesión de su padre, que era sastre. 

Formado inicialmente como orfebre y grabador, realizó diversas pinturas al fresco entre las que sobresalen las que le encargaron los servitas de la iglesia de la Santissima Annunziata, en Florencia, entre las que destaca la Madonna del sacco, considerada su obra maestra (1525). También cabe mencionar las grisallas sobre la vida de S. Juan Bautista para el claustro del Scalzo y la Última Cena para el refectorio del convento de S. Salvi (1527). También realizó algunas pinturas al óleo, como la Madonna de las Arpías (1517) y un retrato de su mujer, Lucrezia di Baccio (1514) . 

Hacia el final de su vida pintó este autorretrato, con la precisión y el detalle que le caracterizaba. En él aparece elegantemente vestido, mirada atenta y gesto serio. Podemos distinguir un tumor pigmentado que ocupa casi todo el párpado inferior izquierdo. Sus bordes son algo más marcados y se intuyen algo protuberantes. Tal vez pudiera tratarse de un carcinoma basocelular pigmentado, que es frecuente en esta localización.  


Andrea del Sarto: 





lunes, 13 de julio de 2015

Tamsin van Essen (I): Psoriasis

,




Tamsin van Essen 

Psoriasis 
(2007) 

Cerámicas


Tamsin van Essen (1975) es una ceramista británica contemporánea que vive y trabaja en Londres. Su trabajo viene presidido por el desarrollo de conceptos, explorando la noción de belleza a través de temas de resonancias médicas, científicas e históricas. Está interesada en la ambigüedad estética, especialmente en la delgada frontera entre atracción y repulsión, y como estas dos sensaciones contradictorias pueden darse a la vez. Una de las características de su obra es la experimentación de materiales. 





Su serie Medical Heirlooms explora el estigma de algunas enfermedades, cuestionando algunas obsesiones contemporáneas a base de la perfección y belleza de sus obras.  Trabaja la cerámica de manera que emula el aspecto de algunos aspectos patológicos, como en el caso de las piezas que aquí presentamos, recubiertas de una descamación que recuerda el aspecto de la psoriasis. 



La forma general de las obras está inspirada en copas de farmacia de los siglos XVII y XVIII, para subrayar más todavía la metáfora médica. La jarra es asimilada con el cuerpo humano, que presenta en su "piel" (es decir, en su superficie externa) un aspecto cuarteado, que llega incluso a descamar en láminas, en clara alusión a las escamas de la psoriasis. 








Cerámicas "contaminadas" de Tamsin van Essen:

 

domingo, 12 de julio de 2015

Sodomizaciones infernales

Capitel mostrando las torturas infernales. Claustro de la Catedral de Girona (ala sur) 
(Foto: Gentileza del Dr. J.M. Trull Gimbernat, Girona)




Friso 

Bajorrelieves en piedra. 
Claustro de la Catedral de Girona (s. XII) 


Lo he visto cientos de veces y cada vez que lo veo me sigue impresionando. Ya de niño, con mi padre, solía pasear con frecuencia por el claustro de la Catedral. Mi mentalidad infantil se sentía muy atraída por algunas escenas bíblicas, presentes en frisos y capiteles que - como en un comic - se desplegaban ante mí: la creación de Adán y Eva, el Arca de Noé, la bajada de Cristo al limbo, la bendición de Jacob...

Pero la escena del infierno era una de mis preferidas. La visión de los perversos diablos torturando a los condenados hacía volar mi imaginación infantil. 

Se trata de un friso donde se representan las torturas infernales según el imaginario popular medieval. En el centro, una gran caldera al fuego, con algunos réprobos en su interior. El tormento del fuego es uno de los más clásicos al hablar de las penas infernales. No hay representación del infierno donde no aparezcan llamas. Tal vez eso esté motivado porque el dolor causado por las quemaduras es uno de los dolores que se tiene por más insoportable.  Por esta razón también los herejes eran ejecutados en la pira, como una anticipación (y una escenificación) de lo que les iba a suceder tras su muerte, condenados por sus pecados de heterodoxia. 

A ambos lados de la caldera aparecen unos demonios (reconocibles por sus grandes cuernos) sodomizando a dos condenados. Las figuras aparecen maltrechas, ya que han sido golpeadas con piedras o martillos. No es infrecuente encontrar figuras dañadas, muchas veces como consecuencia del odio que inspiran los personajes malvados, o tal vez por un sentimiento de pudor frente a escenas de contenido sexual. Las escenas eróticas o de contenido sexual o escatológico explícito no son infrecuentes en el arte románico, ya que el tabú sobre temas de sexo no era, como puede parecer, tan importante como lo fue en épocas posteriores. Una muestra de eso lo tenemos en el románico gallego, donde no son infrecuentes canecillos de iglesias con escenas profanas, entre las que pueden figurar juglares o saltimbanquis o incluso defecaciones, coitos, partos o felaciones. El sentido de tales representaciones era subrayar que todo lo profano y pecaminoso quedaba fuera de la iglesia, mientras que el interior era el espacio de lo sagrado. Estos canecillos o modillones no suelen estar desfigurado, ya que están a considerable altura (bajo el tejado). Otro ejemplo de "censura" lo encontramos en los bajorrelieves egipcios de la época faraónica, frecuentemente repicados y destruídos por los coptos, para evitar la idolatría y por considerar que los dioses antiguos eran en realidad maléficos demonios. 

Pero volvamos a los demonios sodomitas de Girona. A pesar de la destrucción que han sufrido, se ve que sujetan a los condenados por las caderas, manteniéndoles en una posición de "carretilla". La sodomización era considerada en la Edad Media (y en otras épocas) como la humillación máxima, la mayor vejación que se podía realizar, y así hay que entenderla en este contexto. También podría interpretarse como un castigo a la lujuria o a la homosexualidad. 

En el extremo izquierdo de la escena vemos a una mujer desnuda, también alterada por pedradas posteriores, especialmente en la zona púbica. Sin embargo, la destrucción no es tanta que no permita ver como una serpiente le devora el pecho, zona erógena por excelencia. En este caso se trata, con toda seguridad, de un castigo a la lujuria. Tenemos múltiples ejemplos de este icono medieval, muy repetido, en la que serpientes o sapos devoran las partes erógenas de los réprobos. En el museo de la Catedral de Santiago de Compostela encontramos las imágenes de un hombre y una mujer sometidos a esta tortura (posiblemente procedentes del Pórtico de la Gloria). 

Castigo a la lujuria en la Catedral de Santiago de Compostela.
A la izquierda el pene del varón está siendo devorado por un extraño reptil.
A la derecha la mujer es mordida por una serpiente en los labios y otras dos sierpes devoran sus pechos. 

La escena se completa, a la derecha, por un gran diablo, que aparentemente dirige los tormentos. Puede que se trate de Lucifer, el antiguo arcángel Luzbel, que tras rebelarse contra Dios fue vencido por el arcángel San Miguel y convertido en el Diablo. Levanta su brazo izquierdo empuñando un objeto de difícil identificación, probablemente algún instrumento de tortura.   


Claustro de la Catedral de Girona: