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miércoles, 13 de febrero de 2019

Las buscadoras de piojos





Henriette Browne 

Hermanas de la Caridad
(1859)

Óleo sobre lienzo 24 x 31 cm
Museo de Arte Moderno (MoMa) Nueva York 




Gautier: Hijas de la Caridad
En esta pintura de Henriette Browne (1829-1901) se ve una escena que era frecuente en el s. XIX y primera mitad del s. XX. Unas monjas, con tocas de amplias alas cuidando a un niño enfermo. Esta orden religiosa femenina, las Hijas de la Caridad, fue fundada en 1633 por S. Vicente Paúl y Luisa de Marillac, con el fin de dedicarse al servicio corporal y espiritual de los pobres enfermos. Se encontraban pues en numerosos hospitales y hospicios. Era frecuente encontrarlas en estos establecimientos en los dos primeros tercios del s. XX. 

En los orfelinatos eran frecuentes las epidemias de enfermedades transmisibles. En otra entrada del blog hemos aludido a la frecuente presencia de tiñas en estas instituciones.  Otra enfermedad que era frecuente eran los piojos de la cabeza y tenemos múltiples representaciones pictóricas que son testimonio de ello. En ausencia de tratamientos efectivos, las monjas muchas veces tenían que recurrir a la desparasitación manual en los casos de los niños con pediculosis. 



Hoy vamos a aportar un testimonio literario de este tema. Una inolvidable poesía de Arthur Rimbaud (1854-1891) en la que se comenta esta práctica:  

Les chercheuses de poux

Quand le front de l'enfant, plein de rouges tourmentes,
Implore l'essaim blanc des rêves indistincts,
Il vient près de son lit deux grandes soeurs charmantes
Avec de frêles doigts aux ongles argentins.

Elles assoient l'enfant auprès d'une croisée
Grande ouverte où l'air bleu baigne un fouillis de fleurs,
Et dans ses lourds cheveux où tombe la rosée
Promènent leurs doigts fins, terribles et charmeurs.

Il écoute chanter leurs haleines craintives
Qui fleurent de longs miels végétaux et rosés
Et qu'interrompt parfois un sifflement, salives
Reprises sur la lèvre ou désirs de baisers.

Il entend leurs cils noirs battant sous les silences
Parfumés ; et leurs doigts électriques et doux
Font crépiter parmi ses grises indolences
Sous leurs ongles royaux la mort des petits poux.

Voilà que monte en lui le vin de la Paresse,
Soupirs d'harmonica qui pourrait délirer ;
L'enfant se sent, selon la lenteur des caresses,
Sourdre et mourir sans cesse un désir de pleurer.




LAS BUSCADORAS DE PIOJOS

Cuando en la frente del niño, las tormentas rojas
imploran el blanco enjambre de un sueño alado,
arriban hasta su lecho dos graciosas monjas 
uñas argénteas en largos dedos delicados.

Lo sientan delante de un gran ventanal frío
donde un aire azulado humedece las flores,
y por su pelo pesado donde cae el rocío
se pasean los terribles dedos encantadores.

Oye el niño el suave canto de su temeroso aliento
de aroma de miel rosada, de hierba y cantueso
interrumpido a veces por un silbido, y un lento
resto de saliva en el labio como deseos de beso.

En silencio oye el batir de sus negras pestañas
perfumadas, y sus dedos eléctricos y flojos
hacen crepitar con indolencia grisácea
y con sus regias uñas van matando los piojos.

En su espíritu sube la pereza como un vino,
Suspiro de una armónica que podría delirar;
y con las lentas caricias le vienen al niño
muriendo y resurgiendo, las ganas de llorar.

(Traducción de Xavier Sierra)





viernes, 8 de febrero de 2019

Un rey con ladillas y piojos






Vittore Carpaccio

Joven caballero en un paisaje

(1510)


Óleo sobre lienzo 218,5 x 151,5 cm
Museo Thyssen-Bornesmisza. Madrid. 




La obra Joven caballero en un paisaje constituye uno de los primeros ejemplos de retrato de cuerpo entero de la pintura europea. Hasta 1919, la pintura fue atribuída a Durero, pero actualmente se reconoce la autoría de Vittore Carpaccio, explícita en la frase «Victor Carpathius finxit MDX» que aparece en un cartelito colgado de una rama

La identidad del retratado ha sido también motivo de discrepancia. Algunos piensan que es un caballero de la Orden del Armiño, otros lo identifican con el duque de Urbino. Finalmente, según otros autores representaría a Fernando II de Aragón y Sforza (1469-1496), que durante sus dos últimos años de vida fue rey de Nápoles. 


Medalla de Ferrandino, cuando era príncipe de Capua.
Fernando II, era más conocido como "Ferrandino" (Fernando pequeño) para distinguirlo del rey católico Fernando II de Aragón. Había recibido la corona de manos por la abdicación de su padre Alfonso II ante la amenaza de invasión por las tropas francesas de Carlos VIII. La ciudad fue asediada y Fernando II se vio obligado a huir a Ischia, donde organizó una liga italiana contra el monarca francés, al que venció con la ayuda de las tropas hispánicas del Gran Capitán (1496). Poniendo fin a la dominación del ejército francés, que había cometido toda suerte de desmanes, Fernando se convirtió en un héroe para los napolitanos. 

Fernando II murió de malaria en octubre de 1496 y fue enterrado, junto a otros monarcas y nobles en la parte alta de la sacristía de la Basílica de Santo Domenico Maggiore, una de las mayores iglesias de la ciudad de Nápoles. Recientemente se ha procedido al estudio de su momia, y los resultados han sido publicados en un artículo  de la revista Medical History . Entre otros hallazgos se ha podido constatar una alta tasa de mercurio en los cabellos del soberano (827 ppm). Sin embargo, en los tejidos restantes y en el cráneo, así como en el vello púbico del rey hallaron bajas concentraciones de mercurio (tan solo 18 ppm), lo que sugiere la utilización de mercurio por parte del Fernando II de Nápoles tópicamente en la cabeza.

Esto llevó a estudiar atentamente los cabellos del rey mediante microscopía electrónica de barrido, pudiéndose constatar la presencia de piojos (Pediculus capitis). Se procedió entonces a estudiar el vello corporal encontrándose también piojos, esta vez piojos del cuerpo o de los vestidos (Pediculus humanus corporis), y en el vello pubiano, que se constató  infestado de ladillas (Phtirius pubis). 


Arriba (a): Garra de Pediculus capitis

Medio (b): Parte terminal del abdomen de un piojo de la cabeza, 

visto con el microscopio electrónico de barrido 

Abajo (c): Fragmento de liendre de ladilla que todavía 
sigue adherida al vello púbico.

(Tomado del articulo de Gino Fornaciari y cols. en Medical History)



La primera conclusión de este estudio es la demostrar que las clases pudientes también podían padecer dicha infestación, y que ni un rey estaba a salvo de estas parasitosis. 

Por otra parte sabemos que el mercurio era usado tópicamente para el tratamiento de los piojos, como parece que hizo Ferrandino. Ciertamente también era usado para tratar otros males, como la sífilis, pero por la diferente concentración y sobre todo por haberse encontrado exclusivamente en el cuero cabelludo, parecen descartarlo. El mercurio era usado también en ciertos cosméticos tanto como tinte capilar como en preparaciones con el fin de obtener una piel más blanca  y eliminar manchas, pecas, curar úlceras y ampollas. 

Finalmente el mercurio era usado en esta época para el embalsamamiento de los cadáveres de otros miembros de la nobleza aragonesa enterrados en la basílica napolitana, por lo que no es raro encontrar trazas de mercurio en estas momias, si bien a concentraciones mucho menores. 


Bibliografía

Fornaciari G et al. The Use of Mercury against Pediculosis in the Renaissance: The Case of Ferdinand II of Aragon, King of Naples, 1467–96. Medical History, 2011, 55: 109–115

Tilles G y Wallach D, ‘Histoire du traitement de la syphilis par le mercure: 5 siècles d’incertitudes et de toxicité’, Revue d’Histoire de la Pharmacie (Paris), 44, 312 (1996), 347–51.

lunes, 14 de enero de 2019

Arqueología y parásitos



Liendrera 
(época romana s. II a.C.) 


Madera de boj

Murabaat (Israel)



En diversos yacimientos arqueológicos se han encontrado indicios de la existencia de parásitos, lo que proporciona una nueva visión sobre las civilizaciones de la Antigüedad. 

Los piojos, por ejemplo, han estado molestando a los humanos durante mucho tiempo. Los seres humanos están parasitados por dos géneros de piojos: uno compartido con chimpancés y el otro compartido con gorilas. Al usar el ADN para determinar cuándo las especies de piojos se separaron y se especializaron. Los científicos están trabajando en esta línea de investigación para reconstruir parte de nuestra historia evolutiva. 

Los investigadores han analizado los piojos de la ropa (Pediculus corporis), para saber cuando se especializaron estas especies de insectos anopluros para vivir en las costuras de la ropa, lo que nos proporciona datos para saber en que momento Homo sapiens comenzó a usar ropa por primera vez para cubrir su desnudez.

Peines recuperados de un fuerte romano.  Fuente de imagen.
      Liendreras encontradas en un fuerte romano
Otra línea de investigación analiza la presencia de piojos de la cabeza. La presencia de liendreras, por ejemplo, da un testimonio indirecto de la existencia de piojos del cuero cabelludo. Las liendreras son peines de finas púas de pequeño tamaño, diseñados para arrastrar las liendres (huevos de los piojos) que se adhieren firmemente al pelo. Se han encontrado liendreras en yacimientos de diversas civilizaciones, testimonios evidentes de que allí había pediculosis (infestación por Pediculus capitis del cabello). Las más antiguas se han encontrado en Egipto y se remontan a 1.500 años a.C. Los hay de marfil y de madera. 

Pero no solo eso. En algunas momias se han podido constatar la presencia de piojos, que han podido estudiarse el microscopio. Es el caso de algunas momias egipcias como por ejemplo en la de la reina Tuya, una reina de la dinastía XIX, esposa del faraón Seti I y madre de Ramsés II (o Ramesses II). En la momia de Tuya (que murió hacia el 1290 a.C.) se pudieron evidenciar algunos ejemplares de Pediculus capitis, lo mismo que en otras momias egipcias, como los encontrados por Ruffer en 1910, y que representan seguramente los piojos más antiguos encontrados en el Antiguo Egipto (3.600 a.C). 



Piojos procedentes de una momia egipcia (Pediculus humanus capitis

También los yacimientos arqueológicos de Israel proporcionan nuevas pruebas. En el yacimiento de Nahal Never los arqueólogos descubrieron restos de piojos de 9.000 años de edad, y en la noble Masada, encontraron ropa y peines infestados de piojos. 

Pero los piojos no son privativos de las civilizaciones del Viejo Mundo. También se han encontrado en yacimientos arqueológicos de Groenlandia y de Sudamérica. La evidencia arqueológica directa más antigua de piojos de la cabeza proviene de un huevo de piojo humano recuperado en Brasil que data de más de 10.000 años.


Presencia de garrapatas en la momia de un joven perro 
(Egipto. Época romana)

También se han encontrado ectoparásitos en momias de animales del Antiguo Egipto. El estudio de la momia egipcia de un cachorro de perro del período romano evidenció la presencia de diversos parásitos. Rhipicephalus sanguineus,
Latreille, 1806 (Acari: Ixodidae), Hippobosca longipennis, Fabricius, 1805 (Diptera: Hippoboscidae) y una larva de mosca sarcosaprófaga productora potencial de miasis (Diptera: Sarcophagaciae y Calliphoridae). Todas estas especies pueden ser vectores potenciales de enfermedades y tal vez estuvieran involucradas en la prematura muerte del perro. 


   Desagüe de las termas romanas de Bath (Inglaterra) 
Pero el estudio paleopatológico de las momias no se limita a los ectoparásitos. Uno de los descubrimientos de parásitos más conocidos encontrados en un cuerpo momificado fueron los adultos de Ancylostoma duodenale encontrados en un estado de preservación tal que incluso se pudieron efectuar cortes histológicos de los gusanos, que se alimentaban a través de la mucosa intestinal de la momia. 

Y como hemos visto en otras entradas del blog, muchos parásitos intestinales también  pueden detectarse a través del estudio de los sedimentos en letrinas, termas y canalizaciones de desagüe. 


Fragmento de tubería de desagüe, de plomo. Termas romanas de Bath (Inglaterra)


























































































































































   
































































































miércoles, 7 de noviembre de 2018

Vuelven los piojos






Jules Pascin

Toilette
(1924)

Óleo sobre lienzo. 
Colección privada



Cada año, al volver a la escuela, los niños se encuentran con nuevos libros, viejos compañeros, diversas materias nuevas par a ampliar conocimientos y… los piojos! Unos parásitos que indefectiblemente vuelven, misteriosamente, y que van pasando de cabeza en cabeza de los indefensos escolares, con gran alarma de las madres y de los preocupados familiares.

Aunque hay diversos tipos de piojos, solo tres especies son parásitos de los humanos: los piojos de la cabeza (Pediculus capitis), los del cuerpo (Pediculus humanus corporis) y las ladillas (Phtirus pubis) que parasitan las zonas genitales, axilas y (ocasionalmente) pestañas. 

Pero hoy nos centraremos en los piojos de la cabeza (Pediculus capitis) que son los que preocupan a los escolares. Una especie que salta de una cabeza a otra con gran facilidad, pero que se mantiene exclusivamente en este territorio: aferrado a los cabellos con sus seis patas y chupando la sangre de las víctimas con sus picaduras, que causan intenso prurito.

Los piojos de la cabeza son insectos de unos dos milímetros de longitud y color grisáceo, lo que hace que a veces puedan confundirse con caspa. Son más fáciles de detectar en la zona retroauricular o en el cuello. Su saliva es irritante, y es la causa del intenso escozor que acompaña a la picadura. Afortunadamente no transmiten otras enfermedades.

Los piojos adultos pueden vivir hasta treinta días en la cabeza de su huésped. Durante este tiempo se van reproduciendo: cada hembra pone entre 100 y 300 huevos que se llaman liendres y que se adhieren fuertemente a l a base del pelo, incubándose hasta que eclosionan al cabo de 7-10 días. 
  
Los piojos se pueden tratar con sustancias pediculicidas. Las liendres están protegidas por una cutícula de quitina que impide que los productos aplicados los eliminen. Por eso hace falta aplicarlos de forma repetida (por lo menos repetir la aplicación a los 7-10 días, para eliminar los insectos adultos). Es oportuno lavar los cabellos con champús idóneos y aclarar-los con agua con vinagre. El ácido acético del vinagre ayuda a disolver la quitina de la liendre. Después hay que peinar el cabello con la liendrera, un peine de púas muy finas y apretadas, para intentar arrastrar las liendres.  Algunas liendreras tienen púas microacanaladas, para aumentar la eficacia.

Entre los pediculicidas más usados destacaremos:

1.     Permetrina. Considerado el pediculicida de elección por la OMS. A veces se combina con butóxido de piperonilo que incrementa su eficacia. Pero los piojos han comenzado a volverse resistentes. La concentración de 1% a veces no es suficiente y hay que aumentarla al 5%.

2.     Dimeticona y ciclometicona. Son siliconas que asfixian los piojos, impidiendo que respiren. Muy indicados en pieles sensibles o atópicas y en alérgicos.

3.     Alcohol bencílico y aceite mineral. Actúan conjuntamente. El alcohol bencílico dilata las tráqueas del insecto, permitiendo que entre el aceite mineral y lo asfixie, causando su muerte. 

4.     Aceite del árbol del té. Tiene fama por tratarse de un producto natural, pero es muy poco eficaz. No debe usarse en niños menores de 3 años.


5.     Ivermectina. En casos desesperados los piojos se pueden tratar por vía oral, administrando ivermectina. Debe ser por estricta prescripción mèdica.