viernes, 28 de julio de 2017

El dedo de Morton, dedo de los dioses






Pie de la estatua de Trajano

Escultura de mármol

Pergamonmuseum. Berlin. 



No todo el mundo tiene la misma forma de pie. Algunas personas tienen el segundo dedo más largo que el dedo gordo. Esta constitución del pie era por lo visto el ideal de belleza podológica en la Antigua Grecia y por este motivo, todas las estatuas de dioses y héroes griegos presentaban esta disposición. Tal vez por eso, cuando sobresale el segundo dedo, muchas veces se le llama el "dedo griego" o "dedo de los dioses". 


El cirujano ortopédico Dudley Joy Morton 
En Medicina no se suele usar este apelativo y se le da el nombre - mucho más prosaico - de "dedo de Morton", epónimo que se toma del cirujano ortopédico estadounidense Dudley Joy Morton (1884-1960) que se dedicó a estudiar bien esta variedad de pie. 

El caso es que el dedo de Morton es causa de algunos problemas, ya que la diferencia de longitud entre el primer y segundo metatarsiano puede ocasionar cambios en la manera de caminar y en el equilibrio:

  • Provoca que los huesos circundantes alteren su colocación 
  • Aumenta la presión sobre la cabeza del segundo hueso del pie.
  • El exceso de peso continuo sobre una pequeña área causa estrés en el hueso.
  • La excesiva presión favorece la formación de una callosidad bajo el hueso. 
  • Este callo puede ser la causa de un dolor en el pie (de moderado a intenso)
Principales formas de pie, atendiendo a la disposición de los dedos


A largo plazo, el dedo de Morton puede ser la causa de otras alteraciones: 

Aparición de dolor en la zona lumbar, rodillas y cadera, debido a la distorsión de la marcha. 

Artritis, como consecuencia de lo anterior. 

Aparición de juanetes y dedos en martillo.

Aparición de traumatismos y/o hemorragias subungueales en la uña del dedo más largo. 

En caso de tener el dedo de Morton, hay que procurar comprar zapatos anchos que no compriman el pie. También puede ser de utilidad el uso de una almohadilla metatarsiana debajo de la articulación del metatarso con la primera falange del dedo. Consultar a un podólogo con frecuencia o ir a la consulta de un traumatólogo para considerar las opciones quirúrgicas puede ser una buena idea. 


Pie de una estatua de Ramsés II. Museo Egipcio. Turín







jueves, 27 de julio de 2017

Arqueas en la microbiota







Raúl Rivas González
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Lorena Celador Lera
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Canon PowerShot G12, lente 5X IS,
Raúl Rivas González 
(coautora Lorena Celador Lera) 

Bacterias en la mano de un niño
(2016)  

Fotografia hecha con Canon PowerShot G12
lente 5X IS Objetivo 6,1 - 30,5 mm

1º Premio de Fotciencia13 
(13 Certamen Nacional de Fotografía científica)



Raúl Rivas González
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Lorena Celador Lera
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Canon PowerShot G12, lente 5X IS,

objetivo 6,1-30,5mm

Nuestro cuerpo tiene tantas bacterias como células: 30.000.000 millones, según la estimación más reciente ! Pero las bacterias no son los únicos microorganismos presentes en nuestra piel: también hay las llamadas arqueas (antes llamadas arqueobacterias), según revelan los investigadores del Berkeley Lab en la revista Scientific Reports. Parece ser que en nuestro ombligo se albergan, como en una selva tropical, cerca de 20.000 especies. Un nuevo miembro del microbioma cutáneo que juega un importante papel en la salud de la piel. 

Las arqueas (Archaea; cuyo nombre deriva etimológicamente del griego ἀρχαῖα [arkhaía], «las antiguas») son un grupo de microorganismos unicelulares que, al igual que las bacterias, tienen morfología procariota (no están dotadas de núcleo ni, en general, de orgánulos membranosos internos). Pero desde un punto de vista genético son más cercanas a otra rama del arbol de los seres vivientes, las eucariotas. Las células eucariotas se encuentran constituyendo animales, plantas y hongos. Así que las arqueas no pueden clasificarse ni entre las bacterias, ni entre las eucariotas y constituyen pues una tercera rama del árbol filogenético, con dominio y reino propio. 



Conocidas solamente lo desde los años 70 del pasado siglo las arqueas se destacan por su capacidad para desarrollarse en los medios más adversos, desde el agua hirviente de los géiseres a las profundidades abisales; desde las aguas termales a los pantanos salados o a los pozos de petróleo. Hasta hace muy poco no se habían descubierto en el organismo humano. Gracias a las investigaciones aeroespaciales de la NASA y de la Agencia espacial europea (ESA) se pudo demostrar la presencia de Thaumarchaeota, un género de arqueas que viven en atmósfera de oxígeno. Aunque primero se pensó que podían provenir del exterior, pronto se vio que podían encontrarse en casi todas partes, como por ejemplo en las salas de hospital, por lo que se sospechó que podían provenir de la piel humana.  
Un primer estudio sobre 13 personas permitió constatar que todas ellas presentaban arqueas en la piel. Se realizó un nuevo estudio, sobre 51 voluntarios (de 1 a 75 años) llegando a la misma conclusión. Esta vez, los investigadores realizaron estudios genéticos y químicos para determinar la cantidad de arqueas presentes y sus especies, combinando la secuenciación de ADN y espectroscopia infrarroja por sincrotón. El resultado fue que Thaumarchaeota era con mucho la especie más frecuente  (En rojo en el esquema adjunto). Además las arqueas eran más abundantes en niños de menos de 12 años y en las de más de 60. También aumentaba su frecuencia en las pieles secas (que presentaban un nivel bajo de sebo). 

© Christine Moissl-Eichinger, Scientific Reports



Una cuestión que se planteaba el estudio era si la presencia de arqueas disminuía el riesgo de infección. Era difícil para los autores del trabajo aportar una respuesta clara a las diferencias que observaban . Sin embargo, recuerdan que la edad influencia fuertemente la composición de la microbiota cutánea.  Thaumarchaeota oxida el amoníaco y este último es un componente importante del sudor, lo que significa que las arqueas podrían jugar un papel en la renovación del nitrógeno y de la salud cutánea.  Se sospecha que otras arqueas pueden acidificar la piel, lo que reduciría el riesgo de infecciones. 

En definitiva ¿debemos considerar a los microorganismos como amigos o enemigos de nuestra piel? De momento, desconocemos si las arqueas pueden predisponer a presentar brotes de ciertas enfermedades de la piel - como la dermatitis atópica o la psoriasis - o si por el contrario podríamos servirnos de ellas para tratar estas patologías. Tendremos que esperar que prosigan las investigaciones para poder responder a esa pregunta. 


miércoles, 26 de julio de 2017

Sida: Luces y sombras








General Idea

AIDS (1987) 

Acrílico sobre tela 182.9 x 182.9 cm 

Colección privada. Chicago. 



General Idea es un grupo de creadores plásticos formado per AA. Bronson (nacido como Michael Tims,1946), Felix Partz (nacido como Roland Gabe 1945-1994) y Jorge Zontal (nacido como com Slobodan Saia-Levy, 1944-1994). El grupo destacó por ir contra el mercado del arte a final de los años 60 del pasado siglo con piezas reproducibles técnicamente y al alcance del gran público. 
L'actividad artística de General Idea se desarrolló entre 1967 i 1994. El trío fue uno de los pioneros del arte conceptual. Se convirtieron también en paladines de la identidad gay y de la crisis del sida. 

“AIDS wallpaper” (1989) en View Art Gallery, Ontario (2011). (Foto: EstherSchipper.com)


La obra AIDS fue una réplica satírica de otra obra "LOVE" de Robert Indiana y pronto se popularizó como un logotipo sobre esta epidemia.  Hoy lo tomamos como punto de inicio de nuestro comentario. 


Durante los días 23 a 26 de julio de 2017 ha tenido  lugar en París la Conferencia Mundial del Sida, que reunió a más de 7.000 asistentes venidos de todo el planeta. 

Tras la XX conferencia internacional sobre el sida en Melbourne (2014) se habían fijado los objetivos de alcanzar en 2020 el 90-90-90 (90% de pacientes informados de su seropositividad; 90% de pacientes con acceso al tratamiento antirretroviral y 90% de pacientes con una carga viral indetectable)

Actualmente este  objetivo va camino de alcanzarse. 

- 70%  de las personas infectadas conocen su serología

- 77% pueden acceder al tratamiento antivrretroviral 

- 82% de estos últimos han suprimido su carga viral

Otros datos recientes datos mundiales sobre el sida presentan varios motivos de esperanza: 

- Muchos países han alcanzado ya los objetivos del Congreso de Melbourne de 2014. Y no sólo los más ricos, sino también países como Bostwana o Camboya.

-  En el último año murieron por sida un millón de personas en todo el mundo, lo que supone una disminución de la mortalidad del 48 % respecto a 2015. Este logro se debe a la difusión de los antirretrovirales, que detienen el desarrollo de los virus VIH y dificultan su transmisión a otra persona. 

También han disminuído un 16 % las nuevas infecciones por VIH en el mundo entre 2010 y 2016. En Swazilandia, el país con mayor incidencia de la enfermedad (casi 1/3 de los adultos están afectos) el número de los nuevos contagios se ha reducido a la mitad en los últimos cinco años.  

- Desde 2016 se ha eliminado la transmisión materno-filial de VIH y de la sífilis, en cinco países (Cuba, Moldavia, Tailandia, Bielorrusia y Armenia) en gran parte por la toma de antirretrovirales durante el embarazo. 


Sin embargo, también hay aspectos negativos:

- Todavía se produjeron 1.800.000 nuevas infecciones por el VIH en 2016, es decir, una cada 17 segundos. A pesar de que disminuye esta tasa dista mucho todavía del objetivo de 550.000 nuevos contagios en 2020, cifra que se estima necesaria para poder controlar la epidemia. 

- En dos áreas geográficas prosigue la expansión del sida (Europa del Este, donde aumenta un 48 %; y Asia Central, donde se ha incrementado un 38%). Uno de las principales causas son las drogas intravenosas.  

- Por otra parte la OMS advierte que aumentan las resistencias del VIH a los medicamentos. En África, Asia y Sudamérica más de 10% de las personas que inician un tratamiento retroviral son portadoras de una cepa resistente a los tratamientos más habituales. La OMS estima que este fenómeno podría causar 135.000 muertes y 105.000 nuevas infecciones en los 5 próximos años, e incrementar los costes de los tratamientos VIH en 650 millones de dólares.

martes, 25 de julio de 2017

Alibert (IV): Aportaciones clínicas





Jean-Louis Alibert

Clinique de l'Hôpital de Saint-Louis ou Traitement Complet des Maladies de la Peau

Grabado. Biblioteca Henri Feulard. 
Hospital de Saint-Louis, París. 



En 1833, Alibert publicó su "Clinique de l'Hôpital de SaintLouis ou Traitement Complet des Maladies de la Peau", obra que fue traducida al alemán y al italiano. En ella se contiene la definitiva exposición de la "nosología natural", debidamente perfeccionada.

Su experiencia clínica era realmente sorprendente. Describió por vez primera el queloide verdadero, del que nos ha dejado una descripción realmente clásica:

       "Si nos representamos un cangrejo, o cualquier otro crustáceo, implantado bajo la piel con sus patas extendidas, tendremos una idea exacta de esta excrecencia singular"

Otra de sus aportaciones fue la primera descripción de la micosis fungoide, que pudo observar en un paciente llamado Lucas, del que describió que sus tumores:

       "...tienen el aspecto y la consistencia de tomates maduros..."

La forma tumoral se conoce aún hoy en todo el mundo bajo el nombre de variedad de Alibert-Bazin. Su nombre ha quedado vinculado a muchas otras afecciones, como en el caso de la falsa tiña amiantácea. También se debe a él la primera descripción detallada de la seborrea, como recordó Darier. Louis Brocq, releyendo las obras de Alibert, descubrió una descripción de neurodermitis aguda aparecida en un criado mientras esperaba que guillotinasen a su amo. En 1929, Saboureaud afirmaba que la descripción que hizo Alibert del impétigo del cuero cabelludo que acompaña típicamente a la pediculosis capitis, "era tan exacta que nadie ha podido mejorarla". Incluso se puede atribuir a Alibert la primera descripción de botón de Oriente, que podemos reconocer bajo el nombre de pyrophyctilide. Asimismo fueron destacables sus aportaciones en materia de lupus vulgar, esclerodermia y acrodinia. En cuanto a la sífilis, debemos recordar que a él debemos la acuñación del término sifílide.

Alibert se interesó mucho por la idea de contagio, practicando inoculaciones con carácter experimental para probar la transmisibilidad del favus. No dudó en muchas ocasiones a prestarse personalmente a tales experiencias. Así, en 1808, tanto él como Biett se inocularon material biológico procedente de un carcinoma de mama.

En la obra de Alibert, publicada en 1806-1814, podemos observar junto a una imagen de una mano sarnosa, unos diminutos ácaros, que pudieran interpretarse como el agente causal. Se dice que en el momento de la impresión del libro este hecho no pasaba de ser una mera suposición, puesto que Alibert no conocía en realidad el ácaro, a pesar de que había sido repetidamente demostrado por varios autores, como Cestoni y Bonomo (1687); Linneo, quien lo clasificó como Acarus humanus subcutaneous (1735) y Wichmann (1786). Al parecer, fue un estudiante corso asistente a la clínica de Alibert, Renucci, quien el 14 de agosto de 1834, extrajo una hembra de Sarcoptes scabiei de su surco y lo demostró microscópicamente, fijando para siempre el origen parasitario de la sarna.

Alibert murió el 9 de noviembre de 1837, a consecuencia de un carcinoma gástrico, tras una breve enfermedad. Consciente de que había iniciado un camino casi virgen y que estaba ya siendo perfeccionado por los que le seguían comentó:

       "Me basta con haber abierto la puerta.  ¿Que importa ser superado por mis sucesores?".




lunes, 24 de julio de 2017

Alibert (III): El árbol de las dermatosis





Jean-Louis Alibert 

Arbre des Dermatosis
(versión 1833)

 Litografía.


Clinique de l’Hôpital Saint Louis, ou Traité complet des maladies de la Peau, contenant la description de ces maladies et leurs meilleurs modes de traitement. 
París, 1833

Biblioteca Henri Feulard. Hospital Saint-Louis. París.




En efecto, la clasificación de las enfermedades cutáneas en el hospital de Saint-Louis era extremadamente confusa. Para gran parte de ellas, se seguía un criterio exageradamente simplista, denominando "tinea" a las dermatosis de la cabeza y "herpes" a las que afectaban el resto de la superficie corporal. Pero aparte de éstas, existía un variado y prolijo número de otros calificativos, tales como plica, ictiosis, escrófula, psórides, efélides, cáncer y lepra, cuyo ambiguo significado no parecía preocupar mucho a los médicos de la época. Muchos de estos términos, acuñados por la tradición, habían caído en desuso, aunque otros conservaban una vaga vigencia. La dermatología era una especialidad desierta, inexplorada. Años más tarde, Alibert comentaría:

       "Entro en una profesión que está casi desierta, donde muy pocos hombres han penetrado antes que yo, en la que ningún trabajo anterior no me ha servido de guía, en la que todo es nuevo para la observación, en la que todo constituye un problema para el pensamiento. Yo mismo he trazado el camino que estoy recorriendo. Que se consideren los numerosos obstáculos que he debido sortear!"
      
Alfaric divide la vida de Alibert en 3 períodos bien diferenciados. El primer período comprende de 1801 a 1815, y en el mismo lleva a cabo sus actividades asistenciales y docentes en el Hôpital de Saint-Louis, intentando diferenciar y clasificar las distintas dermatosis. En 1815, tras la batalla de Waterloo, Napoleón es deportado a Santa Elena y se restaura la monarquía en Francia en la persona de Luis XVIII. Este hecho marca el comienzo de la segunda etapa: Alibert es nombrado médico personal del rey y abandona por algún tiempo el hospital, para dedicarse a sus actividades cortesanas. Durante este tiempo, su discípulo Biett ocupará su lugar, creando la segunda escuela dermatológica de Francia. Finalmente, la tercera etapa, en la que se reincorporó a las actividades del Hospital Saint-Louis, abarca desde 1829 hasta su muerte en 1837.

Garnier Hyppolite Ducarme 
J.L. Alibert, medico jefe del hopital St. Louis 
Durante el primer período, que podríamos denominar el período descriptivo, Alibert se dedica febrilmente a la dermatología, poniendo especial énfasis en la descripción de las enfermedades cutáneas. Compagina la observación de las dermatosis con la docencia dermatológica, que inicia en 1803. Al éxito de sus clases contribuyó poderosamente su especial facilidad oratoria, consiguiendo atraer a médicos de todo el mundo, a pesar de que el hospital de Saint-Louis estaba bastante alejado de la ciudad. Sus lecciones, que primero se realizaron en el pabellón Gabrielle, pronto fueron tan multitudinarias que debieron organizarse posteriormente al aire libre, en un estrado bajo los árboles del patio (al estilo de los filósofos griegos), durante la primavera y el verano, tres veces a la semana.

Consecuencia del éxito de sus lecciones fue la publicación de su obra maestra Description des maladies de la peau, que se publicó en fascículos entre 1806 y 1814, comenzando a aparecer antes de la culminación del libro de Willan. Se trata de una obra profusamente ilustrada, con 53 láminas a todo color, realizadas por prestigiosos artistas y sin reparar en ningún género de gastos editoriales. Es esta la primera obra que se conoce sobre dermatología en lengua francesa, ya que la obra de su compatriota A.C. Lorry fue redactada en latín. Alibert se consideraba a sí mismo el primer autor que publicaba un libro ilustrado de dermatología, lo que hace pensar que probablemente desconocía la obra de Willan. En la obra de Alibert, los dibujos de los enfermos están didácticamente distorsionados, llegando en algunos casos a la caricatura. La primera edición fue dedicada a Alejandro I de Rusia, en las fechas que Napoleón iniciaba su exilio en Elba, lo que es una prueba patente del conocido monarquismo de Alibert.

Alibert. Detalle del Árbol de las dermatosis (1829)

En esta suntuosa obra, Alibert agrupa vagamente las enfermedades cutáneas, cuidando más de describirlas que de clasificarlas. Él mismo reconoce:

        "...yo no he querido realizar todavía una clasificación. Yo me contento con agrupar las enfermedades a medida que han parecido ofrecerme puntos de afinidad o los rasgos más sorprendentes de su analogía y similitud"

En cuanto a la patogenia, esta obra está todavía imbuída de las ideas  tradicionales hipocráticas. Las enfermedades cutáneas son inseparables de las de otros órganos, con los que la piel mantiene relaciones de simpatía, de tipo humoral:

       "...la piel es una especie de emuntorio universal destinada a purgar el cuerpo de una multitud de partículas salinas, glutinosas, aceitosas, etc.. Cuando estas materias excrementicias se amontonan bajo la epidermis forman puntos de irritación que interrumpen más o menos en su ejercicio la función tan necesaria de las exhalaciones cutáneas"

Así, las enfermedades cutáneas serían la expresión exterior conveniente y necesaria para liberar al organismo de sus problemas internos. La actuación terapéutica sobre algunas erupciones puede resultar inconveniente, pues al evitar la expresividad cutánea se podría ocasionar el funesto acantonamiento de los humores mórbidos en otros órganos vitales del organismo.

En lo que se refiere a la etiología, aparece en esta obra la idea embrionaria y poco definida de principio morbífico, como el virus herpético, sifilítico, escrofuloso... que son intuiciones de etiologías vagas. El organismo presenta predisposición a determinadas enfermedades, que se adquieren bien por contagio, bien por constitución o incluso por herencia. Las enfermedades trascienden pues de sus síntomas para esbozarse la idea de especie morbosa, que está condicionada por la supuesta naturaleza del virus, aunque dependiendo en su morfología del terreno en la que se desarrolle. Como veremos, esta idea alibertiana será recogida años más tarde por Bazin, para ampliarla y elaborar su teoría de las diátesis y de las enfermedades constitucionales.

La segunda etapa de la vida de Alibert es el período cortesano. En la Corte, Alibert acompaña frecuentemente al rey, dedicándose al mismo tiempo a la consulta médica privada, así como a frecuentar cenáculos, recitales poéticos y musicales y veladas teatrales. Le son concedidas distinciones como la Orden de San Miguel (1817) y la Legión de Honor (1821). A la muerte de Luis XVIII, el nuevo rey Carlos X, lo retiene en la Corte, y le concede en 1827 el título de barón. Durante la coronación de este Borbón, se realizó por última vez la imposición de las manos a los escrofulosos, que fueron presentados al rey nada menos que por el célebre cirujano Dupuytren. Alibert, que estaba presente, reconoció que esta ceremonia, aunque tradicional, no estaba muy de acuerdo con "las ideas del siglo"    

Alibert vuelve por fin a trabajar en el hospital de Saint-Louis en 1829, tras 14 años de ausencia, cuando ya contaba más de 60 años de edad. Comparte entonces su quehacer con sus colegas Biett y Lugol. Este último, que trabajaba en Saint-Louis desde 1819, había sido médico de Napoleón, y se ocupó fundamentalmente de la escrófula tratando esta enfermedad mediante la higiene, los tónicos, los ioduros, aire puro y una buena nutrición, contrariamente a los errores de la época inspirados en la doctrina absolutista de Broussais, según la cual todo era tratado con dieta y sangrías. En este sentido, Lugol puede considerarse un precursor de la terapéutica de la tuberculosis. Durante este período ya habían germinado entre los seguidores de Biett las ideas nosológicas de la escuela sajona. Alibert se ve pues forzado a defender su prestigio frente a las ideas willanistas, que se quedan en una superficial y localista observación de las lesiones de la piel. A este criterio, Alibert opone la clasificación que había iniciado, su "método natural", como gustaba de llamarlo, basándose en el concepto de "especies morbosas", que considera con realidad ontológica propia:

        "La especie morbosa se reproduce con una invariabilidad tan absoluta en la economía de los seres animados, que para que esto ocurriera de otro modo sería preciso que el Creador modificara la organización, cambiara las leyes, o los elementos de la Humanidad"

La similitud de las enfermedades con las plantas es evidente para él:

     "Las enfermedades son como las plantas; conviene relacionarlas y compararlas, ya que no forman una serie continua en el sistema de la naturaleza"

El método natural, por lo tanto, propone la observación de las enfermedades como quien contempla un paisaje:
       "yo me he consagrado a describir el hospital de Saint-Louis como los botánicos describen un país o un jardín"

       Aquel mismo año, presenta su "árbol de las dermatosis", inspirado en el árbol de las fiebres de Torti (1709). En el mismo, el tronco representaba la piel, las ramas las diversas enfermedades cutáneas y los vástagos las clases. Había 12 ramas, que representaban otros tantos grupos de enfermedades de la piel:

    1.Dermatosis eccematosas: erithema, erysipela, pemphygus, zoster.[3]
    2.Dermatosis exantematosas: variola, vaccinia, varicella, roseola, rubeola, scarlatina, miliaria.
       3.Dermatosis tiñosas: Achore, porrigine, favus, trichoma.
       4.Dermatosis dartrosas: herpese, varus, melitagra, esthiomene.
       5.Dermatosis cancerosas: carcinoma, keloid.
       6.Dermatosis leprosas: leucé, spiloplaxis, elephantiasis.
       7.Dermatosis verolosas: syphilis, mycosis.
       8.Dermatosis estrumosas: escrófula, malleus.
       9.Dermatosis escabiosas: scabies, prurigo.
     10.Dermatosis hematosas: peliosis, petechiae.
     11.Dermatosis discromatosas: pannus, achroma.
     12.Dermatosis heteromorfas: ichtyosis, tylosis, verruca, onychosis, dermatolysis, nevus, aphtae.
                            
Esta fantasiosa clasificación, propia del temperamento brillante y meridional de Alibert y de su gran afición de naturalista, es probablemente más inexacta que la de Willan . Tal como precisó en su presentación, estaba destinado a

       "derramar sobre los estudiantes la sombra de su follaje y los frutos de su 
           instrucción"
      
A  pesar de que introdujo continuos cambios en la estructura de su árbol, Alibert defendió siempre a ultranza su validez. En el árbol de las dermatosis, las ramas, correspondían a las familias de especies morbosas. Su emplazamiento no era fruto de la casualidad, sino que estaban situadas atendiendo a la afinidad con las familias colindantes. Las familias, por otra parte, se establecen con criterios de selección variados, sin homogeneidad alguna. Así, algunas veces es el color, o la topografía, o la causa, o algún síntoma los que determinan la agrupación de las diversas especies morbosas. El resultado es una mezcolanza heterogénea, en la que se aúnan enfermedades tan dispares por ejemplo, como la sífilis y la micosis fungoide en el epígrafe de las dermatosis verolosas. Además, fruto de su afición por los clásicos, y probablemente para enmascarar una discutible agrupación nosológica, Alibert creó una gran cantidad de neologismos griegos para designar diversas afecciones. Sin embargo, la mayoría de los complicados términos acuñados por él no lograron sobrevivirle.

La fantasiosa clasificación alibertiana, propia de su temperamento meridional y brillante y de su gran afición de naturalista, es probablemente más inexacta que la de Willan. En ningún momento aflora en ella la noción de lesión elemental, en la que se basaba la obra del inglés, y que tan útil se demostró para la descripción y diferenciación de las enfermedades cutáneas.

Su clasificación se distingue de las anteriormente ensayadas en dermatología, tipo more botanico, porque a diferencia de éstas no se basa en una descripción de los síntomas o lesiones, sino que se apoya en la esencia de las enfermedades consideradas como entes propios. En este sentido se puede  considerar a Alibert como el último representante de las ideas medievales, de las concepciones humorales y galénicas que consideraban los síntomas como simples accidentes de la esencia de la enfermedad. Por esto combatió con todas sus fuerzas a la doctrina de Willan, que clasificaba las enfermedades atendiendo sólo a las lesiones elementales cutáneas, cosa que Alibert consideraba superficial y engañosa.

La pintoresca clasificación del árbol de las dermatosis y del método natural, proporcionó al barón de Alibert serios disgustos y hasta un cierto desprestigio. Sin embargo, su método didáctico, unido a la gran oratoria de Alibert, llena de fogosidad y de exhuberante imaginación, y salpicada de continuas citas de autores griegos y latinos, siguieron atrayendo a gran número de alumnos.