viernes, 8 de noviembre de 2019

Julio César. ¿Epilepsia o ictus?: (II) Discusión






Nicolas Coustou

Julio César 
 (1696)

Estatua de mármol. 
Musée du Louvre. París. 




En una entrada anterior comentábamos algunos aspectos biográficos de Julio César uno de los hombres que marcaron considerablemente la Historia Antigua y que dio un notable giro a la evolución de la política de Roma. 

Desde el punto de vista dermatológico también hemos aludido en este mismo blog a su alopecia androgénica que se manifestaba por unas importantes entradas. Acomplejado por esta circunstancia, y ansioso de disimular su calvicie, obtuvo del Senado la prerrogativa de usar continuamente la corona de laurel (que hasta entonces se reservaba únicamente para los juegos en honor de Apolo). 

Pero si alguna patología se suele atribuir a Julio César fue su supuesta epilepsia. Pero, ¿tenemos la certeza de que sufriera esta enfermedad?

En el año 46 a.C., al inicio de la decisiva batalla de Tapso (actualmente en Túnez) contra los restos del ejército de Pompeyo, Julio César tuvo un ataque de convulsiones y perdió el conocimiento. Para evitar que el pánico cundiera entre la tropa, sus hombres le apartaron enseguida de las miradas llevándolo a un lugar discreto. El historiador griego Plutarco al narrar este episodio usó la palabra epileptikos (ataque súbito que sobrecoge) lo que originó que muchos aceptaran sin mucha discusión que se trataba de epilepsia. Pero Plutarco escribía de oídas, ya que no se hallaba presente en la batalla de Tapso. Ni siquiera fue una crónica reciente: escribió sobre la vida de César 10 años después de su asesinato. El propio Cayo Julio César (44-100 AEC), que era un gran escritor, no dejó ningún testimonio sobre sus ataques. Tampoco encontramos ninguna alusión en los escritores de su tiempo como Cicerón o los que vivieron poco después como Lucano. Únicamente en su crónica Vida de los doce césares, escrita un siglo después, volvería a hablar de la enfermedad de César, llamándola morbus comitialis, nombre con el que se refiere a un ataque que obligaba a detener una asamblea o reunión. La epilepsia, en aquel tiempo era conocida como enfermedad sagrada, como si fuera una intervención de los dioses, y contribuía a la divinización de César realizada machaconamente por su sucesor Octavio Augusto como base del poder de los emperadores romanos.

Sobre esa débil base, muchos historiadores siguieron afirmando que Julio César era epiléptico. De hecho, la mayoría de los artículos científicos recientes dan como segura su epilepsia y se dedican solamente a elucubrar sobre posibles desencadenantes de la misma. Así han surgido diversas hipótesis: de origen genéticoun posible tumor cerebral, sífilis, la acción de un parásito intestinal... 


Vincenzo Camuccini. Muerte de César (1798) Óleo sobre lienzo 112 x 195 cm
Galleria Nazionale di Arte Moderno. Roma. 


Recientemente, dos investigadores del Imperial College de Londres, Francesco Galassi y Hutan Ashrafian han apuntado otra teoría: La enfermedad de Julio César pudo haber sido consecuencia de diversos ictus. Así lo han expuesto en un artículo en la revista Neurological Sciences  

Repasando las crónicas de Plutarco, Julio César podía haber sufrido su primer derrame cerebral en Corduba (la actual Córdoba), posiblemente en el 49 aC, es decir, tres años antes que el de Tapso, o en el 46, al regresar a Hispania desde África. Si fue en la primera fecha, tenía entonces 51 años. Galassi recuerda que no es habitual que el primer ataque de epilepsia tenga lugar en edad tan avanzada. Y tenemos ninguna constancia de que el militar romano hubiera presentado ataques similares en su infancia o en su adolescencia. 

En el 46 aC, Julio César entró en Roma como vencedor de la guerra civil. Los senadores y patricios salieron a su encuentro para tributarle los habituales honores y títulos que acreditaban su victoria. Sin embargo, César no acudió a este encuentro alegando que se hallaba indispuesto. Sabemos que sufrió fuertes mareos, vértigo e intenso dolor de cabeza. Pero en ningún caso se desvaneció ni tuvo las convulsiones típicas de la epilepsia. Un dato a favor de la teoría del ictus. 

Otro episodio le sobrevino cuando su amigo Cicerón realizaba una encendida alabanza de sus hazañas ante el Senado. Según recuerda Plutarco, Julio César tembló de emoción escapándosele unos legajos de las manos. Pero ¿era en realidad la emoción?. En opinión de Galassi "El ataque ante Cicerón encaja con un cuadro general de ictus".


Para completar sus argumentos, los investigadores recuerdan que el gran general romano tuvo, en los años posteriores al ataque de Corduba, continuos dolores de cabeza, repentinos cambios de humor y una marcada tendencia a la depresión. Algo depresivo debía estar cuando, a pesar de que había sido advertido de que preparaban un compló contra él, César no dejó de acudir a su cita con el destino para ser asesinado por un grupo de senadores en los idus de marzo del año 44 aC.
Es muy posible que los historiadores como Plutarco, Suetonio y otros, creyeran a pies juntillas en la epilepsia por su halo divino. Algunos personajes de la Antigüedad como el faraón Akhnaton o Alejandro Magno tenían epilepsia y eso era percibido como un signo de los dioses. Es posible que la pretendida epilepsia formara parte de la divinización de Julio César emprendida por Octavio Augusto para culminar el proyecto de poder absoluto, del que se benefició él y sus sucesores. 
Los historiadores que defienden la teoría de la epilepsia aportan el dato que tanto el padre de Julio César como su bisabuelo murieron súbitamente, en lo que creen ver lo que hoy conocemos como SUDEP (muerte súbita inexplicada del paciente epiléptico). Incluso hay quienes sostienen que Cesarión, el hijo que tuvo César con Cleopatra, sufría de convulsiones. Sería en este caso una epilepsia de origen genético: algunos de los miembros de la familia Julia, como el emperador Calígula y Británico, el hijo asesinado del emperador Claudio, también tuvieron ataques epilépticos. Los dos eran descendientes de Julio César.
Contra estos argumentos Ashrafian y Galassi, destacan que no hay datos que señalen que Julia, la hermana de César sufriera de epilepsia. En cuanto a Cesarión, es complicado comparar ambos casos dado que apenas hay datos sobre el hijo nunca oficialmente reconocido de Julio César y Cleopatra. Además, según afirman estos investigadores, también existe una predisposición genética al ictus, lo que explicaría las muertes de su padre y su bisabuelo por un AVC (accidente vascular cerebral).
Según el Dr. Richard S. McLachlan, neurólogo de la Universidad Western (Canadá), y experto en epilepsia considera que no hay manera alguna de probar plenamente una teoría u otra. El neurólogo canadiense cree que a partir de los documentos históricos escritos poco después de la muerte de César, la mayoría de historiadores han aceptado  que sufría una forma suave de epilepsia. Pero como existen muchas causas de epilepsia, entre las que están el infarto cerebral, infecciones, tumores, etc. solo cabe especular con cuál de ellas le provocaba los ataques. 
McLachlan se decanta pues por la tesis de la epilepsia. En un artículo publicado hace unos años apuntaba incluso una posibilidad: que la epilepsia de César estuviera causada por la neurocisticercosis, una enfermedad parasitaria provocada por un gusano y que puede producir ataques epilépticos. Sin descartar totalmente la hipótesis apuntada por Ashrafian y Galassi señala que en aquellos tiempos, el riesgo de un ictus era probablemente menor que hoy y él no presentaba los factores de riesgo asociados al ictus. En cambio las enfermedades infecciosas y parasitarias tenían una gran prevalencia. 

Sin embargo, incluso ambas teorías pueden converger, ya que los pequeños ataques de ictus pueden haber dejado secuelas en las neuronas y propiciar ataques epilépticos. No son por tanto hipótesis totalmente incompatibles. 
En lo que coinciden los investigadores es en que solo una hábil utilización de la morbus comitialis pudo hacer que unos ataques que implican pérdida de control fueran vistos por los que le rodeaban como una señal de que era el elegido por los dioses para ser su Dictator. Y eso sólo lo pudo hacer una mente maquiavélica como la de Octavio Augusto, que se sirvió de una serie de detalles para proponer la divinización de su padre adoptivo. 

Bibliografía 

Criado MA. Julio César pudo sufrir derrames cerebrales en lugar de epilepsia. El País 10.04.2015 
https://elpais.com/elpais/2015/04/10/ciencia/1428658327_819718.html

Galassi FM, Ashrafian Has the diagnosis of a stroke been overlooked in the symptoms of Julius Caesar? Neurol Sci (2015) 36: 1521. https://doi.org/10.1007/s10072-015-2191-4

https://link.springer.com/article/10.1007/s10072-015-2191-4#citeas

Hughes JR. Dictator Perpetuus: Julius Caesar—Did he have seizures? If so, what was the etiology? If so, what was the etiology?

Epilepsy & Behavior, Volume 5, Issue 5, 756 - 764
https://www.epilepsybehavior.com/action/showCitFormats?pii=S1525-5050%2804%2900160-X&doi=10.1016%2Fj.yebeh.2004.05.006

Mc Lachlan RS. Julius Caesar's late onset epilepsy: a case of historic proportions. Can J Neurol Sci 2010 Sep;37(5):557-61.

Retief, FP, Cilliers JFG. Julius Caesar (100 - 44 BC): did he have a brain tumour?. SAMJ, S. Afr. med. j.  2010, vol.100, , pp.26-28.  
http://www.scielo.org.za/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0256-95742010000100011&lng=en&nrm=iso

jueves, 7 de noviembre de 2019

Julio César: epilepsia o ictus?: (I) Biografía







Julio César 
 (s. I d.C. )

Busto de mármol. 
Foro de Trajano. Roma. 




Cayo Julio César (100-44 aC) fue un político y militar romano que alcanzó las más altas magistraturas del Estado romano y dominó la política de la República tras vencer en la guerra civil, lo que le enfrentó al sector más conservador del Senado. 

Había nacido en una familia patricia, la gens Julia, y había recibido una buena formación intelectual, incluyendo la oratoria que le fue muy útil en su actividad política.  

En su juventud, se acercó ideológicamente al partido popular, gracias a su relación familiar con Cayo Mario. Su prestigio se fue acrecentando en los diversos cargos que ocupó: cuestor, edil, gran pontífice, pretor y propretor de la Hispania Ulterior. 


Busto de Pompeyo el Grande
Ny Carlsberg Glyptothek. Copenhague
De regreso a Roma, Julio César obtuvo un gran éxito político al conseguir la reconciliación de los dos líderes rivales, Pompeyo y Craso, con los que se repartió el poder formando un triunvirato y así oponerse a los optimates que dominaban el Senado.

Al año siguiente, fue elegido cónsul; y las medidas que adoptó acrecentaron todavía más su popularidad: repartió lotes de tierra entre veteranos y parados, aumentó los controles sobre los gobernadores provinciales y dio publicidad a las discusiones del Senado. Aprovechando el apoyo de la plebe, consiguió que se le concediera el control de varias provincias (Galia Cisalpina, Narbonense e Iliria) durante un período de 5 años (58 a 51 aC).

Pero el triunvirato fue evolucionando hacia la concentración del poder en una sola mano. Craso murió durante una expedición contra los partos , y la rivalidad entre César y Pompeyo no encontró freno una vez muerta Julia, la hija de César, que había contraído matrimonio con Pompeyo. 

César había emprendido la conquista de las Galias, y una vez que había alcanzado su objetivo, lo aseguró lanzando dos expediciones a Britania y otras dos a Germania, cruzando el Rin. Con ello llegó a dominar un vasto territorio, que aportaba a Roma una obra comparable a la que había conseguido Pompeyo en Oriente.


Busto de Julio César.
Museo Archeologico Nazionale. Nápoles
El prestigio y el poder alcanzados por César preocupaban a Pompeyo, que había sido elegido cónsul único en Roma en medio de una situación de caos por las luchas entre mercenarios. Aunque el Senado le ordenó que licenciara a sus tropas, César optó por enfrentarse a Pompeyo, a quien el Senado había confiado la defensa de la República como última esperanza de salvaguardar el orden oligárquico tradicional.

Pronunciando su célebre frase "Alea jacta est" (la suerte está echada) César atravesó el río Rubicón -que marcaba la frontera de su jurisdicción-, e inició una guerra civil que duró tres años (49-46): conquistó primero Roma e Italia; luego invadió Hispania; y finalmente se dirigió a Oriente, en donde se había refugiado Pompeyo. Persiguiendo a éste, llegó a Egipto, en donde aprovechó para intervenir en una disputa sucesoria de la familia faraónica, tomando partido en favor de Cleopatra VII («Guerra Alejandrina», 48-47).

Pompeyo fue asesinado en Egipto, pero César prosiguió la lucha contra sus partidarios. Primero hubo de vencer al rey del Ponto, Pharnaces, en la batalla de Zela , que definió con su famosa sentencia veni, vidi, vici (llegué, vi y vencí); luego derrotó a los últimos pompeyistas que resistían en África (batalla de Tapso, 46) y a los propios hijos de Pompeyo en Hispania (batalla de Munda, cerca de Córdoba, 45). Tras vencer finalmente la larga guerra civil, Julio César apaciguó a los descontentos repartiendo generosas dádivas y recompensas durante las celebraciones de la victoria en Roma. 

Dueño ya de la situación, César acumuló cargos y honores, que incrementaron su poder personal: cónsul por diez años, prefecto de las costumbres, jefe supremo del ejército, pontífice máximo (sumo sacerdote), dictador perpetuo y emperador con derecho de transmisión hereditaria, si bien rechazó la diadema real que le ofreció Marco Antonio, debido a la fobia que despertaba la monarquía entre los romanos. La función del Senado perdió todo poder decisivo y se redujo a un mero consejo del gobernante. Se estableció así una dictadura militar disimulada aparentemente por la acumulación de magistraturas civiles en su persona.

Julio César no pudo completar su proyecto, ya que murió asesinado en una conjura dirigida por Casio y Bruto. Sin embargo logró terminar algunas reformas, como el cambio del calendario (que se mantuvo hasta el siglo XVI), una nueva ley municipal que concedía mayor autonomía a las ciudades o el reparto de tierras a las masas proletarizadas en la península Itálica. Sentó así las bases para transformar Roma de la ciudad-estado que había sido en la cabeza de un imperio que abarcara la práctica totalidad del mundo conocido. Al miismo tiempo transformó su vieja constitución oligárquica por una monarquía autoritaria de facto de tintes populistas. El temor al regreso de la monarquía y al poder absoluto fueron los principales móviles de sus asesinos. Sin embargo, su obra sería continuada y completada por su sobrino-nieto y sucesor, Octavio Augusto. 




miércoles, 6 de noviembre de 2019

Tatuajes y alergia a metales: No es sólo la tinta




Thomas-Alva Edison 

Prototipo de Stencil-Pens
(1876) 

Dibujo tinta sobre papel
Colección privada




En entradas anteriores hemos visto como la costumbre de tatuar se remonta a tiempos muy antiguos. Ya el cuerpo de Ötzi, encontrado congelado en el glaciar de Smilaun (3.000 a.C) presentaba centenares de tatuajes sobre su piel. O las momias egipcias de Gebelein (2.500 a.C.). El tatuaje tenía un gran predicamento en determinadas culturas, como la japonesa y se introdujo en Occidente a través de marinos y aventureros. Durante el s. XIX todavía era una rareza en Europa y Norteamérica, y las personas com múltiples tatuajes, tanto hombres como mujeres, llegaron a ser exhibidas en circos y ferias suscitando la admiración y sorpresa del público.  Los tatuajes se realizaban de forma manual y el instrumental con el que se hacían no había evolucionado excesivamente desde el Neolítico. 

O'Reilly. Electric Pen (1891)
En el último cuarto del s. XIX tuvo lugar un cambio importante en la técnica del tatuaje. El famoso inventor Thomas Edison desarrolló la primera máquina de tatuar en 1876. Sin embargo, el diseño de Edison fue más teórico que otra cosa. La rotativa era pesada y engorrosa de usar. 

La idea inicial fue perfeccionada por el tatuador Samuel O'Reilly que patentó la primera máquina de tatuar eléctrica en 1891. Al principio constaba de un motor eléctrico asegurado en la parte superior de un tubo con una aguja de acero, y posteriormente se transformó en un modelo más eficiente al añadir dos bobinas electromagnéticas, resortes y barras de contacto. 

Cinco años más tarde, diseñó fue mejorado por Charles Wagner quién creó un modelo que incluía bobinas gemelas colocadas una al lado de la otra. En los años 20 Percy Waters diseñó y fabricó hasta 14 modelos diferentes. Algunos de ellos todavía se utilizan hoy en día. 

Ink-Hans. primitiva máquina de tatuar (Copenhague, 1902)


En 1979 hubo otro progreso importante. Carol Nightingale introdujo una máquina de tatuaje ajustable. No puede decirse que su prototipo fuese un éxito, pero estableció unos estándares específicos y demostró diferentes posibilidades en términos de diseño. 

En la actualidad, muchas de las máquinas modernas (como por ejemplo las Dragonfly o Stingray) son ajustables en términos de velocidad, profundidad y fuerza. La máquina rotativa Bishop se creó en 2009 y los artistas de todo el mundo se enamoraron de su diseño tan ligero que les permitía utilizarla durante periodos de tiempo más largos sin acabar con dolor de muñeca.

Las máquinas han reducido mucho sus dimensiones y peso. Algunos modelos permiten introducirlas enteras en el autoclave para su esterilización, lo que ha supuesto un progreso higiénico muy importante. 

Sin embargo, con el uso repetido, las agujas de tatuaje pueden liberar pequeñas partículas de metal (especialmente cromo o níquel) que se propagan en el organismo. Una reacción que se añade a los posibles efectos peligrosos de determinadas tintas, especialmente las de color rojo o verde. 


La alergia es la consecuencia de una pérdida de tolerancia a sustancias, en principio inofensivas, con las que tenemos un  contacto cotidiano: los llamados alérgenos. Si uno de estos alérgenos es identificado por el organismo como algo ajeno a él, es rechazado. Aparece entonces una reacción persistente con escozor, hinchazón y enrojecimiento de la piel en el lugar del tatuaje. 

Las alergias a los metales, especialmente el cromo y el níquel están entre las más frecuentes. Una vez que una persona se vuelve alérgica a estos metales debe abandonar todo contacto con materiales que contengan al alérgeno, incluyendo incluso las monedas (que también contienen estos metales). Pero si las partículas de metal se han incorporado al organismo por vía interna, el problema puede ser todavía más acuciante.  

























martes, 5 de noviembre de 2019

El sombrerero loco








Edgar Degas 

En la sombrerería 

Pastel sobre papel 75,5 x 85,5 cm
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. 
Madrid 




Edgar Degas (1834-1917) fue un pintor y escultor francés, uno de los fundadores del movimiento impresionista. Practicó la pintura al óleo y el pastel, experimentando con el color y la forma así como con originales perspectivas y escorzos. Entre los temas que trató preferentemente destacan las escenas de la vida de la burguesía de París, como ballets, teatros, bailes, tabernas, o carreras de caballos. También algunas escenas de tiendas frecuentadas por la buena sociedad como las sombrererías, ya que era costumbre que las damas acudieran al hipódromo tocadas con elegantes sombreros. 


Edgar Degas. Tienda de sombreros. 
Hoy vamos a hablar de sombreros, un complemento de vestir que por cierto es muy útil para protegernos del sol, y al que sería muy conveniente volver a usar de forma habitual. Pero no va a ser éste el tema de hoy, sino una enfermedad que frecuentemente afectaba a los fabricantes de sombreros, la hidrargiria.   

En el proceso de fabricación de los sombreros, los sombrereros utilizaban compuestos de mercurio para  trasformar la piel de conejo en fieltro con el fin de elaborar sus creaciones.  Los vapores de mercurio atravesaban la piel y sobre todo eran inhalados y el compuesto llegaba a los pulmones. 

El mercurio es un metal pesado. Los compuestos de mercurio son muy tóxicos y pueden producir alteraciones en las el tejido nervioso cerebral, los riñones y los pulmones. Las continuadas exposiciones a este elemento provocan una alteración conocida como hidrargirismo o mercurialismo, una enfermedad que se caracteriza por problemas neurológicos que afectan a la visión, al habla y la coordinación, entre otros. Los signos externos pueden ser tembloresespasmos musculares, euforia, irritación y nerviosismo. En la piel también pueden presentarse algunos síntomas como neuropatía periférica (parestesia o prurito, ardor o dolor), decoloración de la piel (mejillas color de rosa, los dedos de manos y pies), inflamación y descamación (desprendimiento de la piel).


El personaje del sombrerero loco,
de Alicia en el País de las Maravillas
podría estar inspirado en algunos
sombrereros con síntomas de
intoxicación por mercurio  
Probablemente la relación de los sombrereros con algunos de estos síntomas fue la que inspiró a Lewis Carroll la figura del Sombrerero loco, de Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (1865). (puedes descargar el libro aquí) Probablemente Carroll había observado el nerviosismo y el carácter irritable con continuos cambios de humor de algunos sombrereros. Lewis Carroll era natural de Daresbury, localidad cercana a Manchester, al norte de Inglaterra, y no lejos de Stockport, una de las localidades más ligadas a la producción de sombreros, así que no debía desconocer el carácter de quienes los fabricaban. De hecho, en la zona es bastante popular la expresión Mad as a hatter ("loco como un sombrerero"), una frase que se usa desde finales del s. XVIII. Fue en 1829 cuando se usó el término de la enfermedad del sombrerero por primera vez en la revista Blackwood’s Edinburg. En 1835 se escribió un libro sobre el tema llamado The Clockmaker. 

Por cierto que en la obra original de Carroll no se le da en ningún momento el apelativo de "sombrerero loco". Tal vez este calificativo deriva de que el gato de Cheshire advierte a Alicia que el sombrerero está loco, lo que se confirma por la conducta excéntrica del personaje. También hay un capítulo en el libro titulado "Una merienda de locos". 


Ilustración del capítulo "Una merienda de locos" en el libro
"Alicia en el País de las maravillas" de Lewis Carroll

El sombrerero vuelve a aparecer en la segunda parte de la obra A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, con el nombre de Hatta, uno de los mensajeros del Rey Blanco (en inglés sombrerero -Hatter- se pronuncia de una forma similar a Hatta).  

La toxicidad del mercurio no se describió hasta mediados del s. XX. En la actualidad es un tema de gran vigencia ya que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la intoxicación por mercurio es un problema grave y que hay que erradicarlo de todo tipo de productos. Una de las preocupaciones de la OMS es el alto contenido en mercurio que puede llegar a nuestro organismo a través del consumo de pescados y mariscos como consecuencia de la contaminación del mar, especialmente en embarazadas y en niños menores de 10 años.  Entre los pescados que contienen mayores niveles de mercurio están el pez espada, el atún rojo, y el lucio. 

Los vertidos de metilmercurio en la bahía de Minamata (Japón) entre 1932 y 1968 hicieron que el pescado de la zona estuviese fuertemente contaminado y sus habitantes sufrieron de forma masiva una extraña dolencia que ahora se conoce como enfermedad de Minamata, que incluye parálisis y delirios. 

Desde el punto de vista dermatológico, los derivados del mercurio pueden producir dermatitis de contacto, una sensibilización relativamente frecuente. Uno de los derivados que pueden causar dermatitis (incluso con formación de vesículas o pequeñas ampollitas) es el mercurocromo, que fue muy usado como antiséptico. 



Alicia en el País de las Maravillas. 
Ese reloj se ha vuelto loco - Feliz no-cumpleaños
















lunes, 4 de noviembre de 2019

Mozart: (II) ¿murió por enfermedad o traumatismo?








Hermann von Kaulbach 

Los últimos días de Mozart 
 (1873)

Óleo sobre lienzo 90 x 130 cm




Como comentábamos en otra entrada del blog, las causas de la muerte de Mozart no son bien conocidas y han ocasionado multitud de teorías. Ya hemos dedicado otra entrada del blog a considerar la teoría del envenenamiento, con diversas variantes. Hoy nos ocuparemos de las hipótesis sobre enfermedades o traumatismos. 

El mexicano Adolfo Martínez Palomo escribió en su libro «Músicos y medicina» (2015): 


Joseph Hickel: Supuesto retrato de Mozart
«A lo largo de más de cien años, aclarar las causas del padecimiento que llevó a Mozart a la muerte ha intrigado a profesionales de la medicina más que las de cualquier otro gran personaje histórico. La lista de artículos científicos sobre el tema, publicados en revistas médicas, es interminable; decenas de médicos hurgan en las numerosas biografías del compositor, analizan los testimonios escritos de sus contemporáneos y tratan de descifrar los registros de las autoridades de salud de la Viena de fines del siglo XVIII. La mejor prueba de la falta de consenso sobre este asunto es el hecho de que, hasta el año 2000, se han enlistado ciento cuarenta causas de la muerte de Mozart, así como veintisiete supuestas enfermedades mentales, casi todas resultado de la imaginación calenturienta y de la falta de oficio de profesionales de la medicina, pero solo aprendices de historiadores. Mi conclusión es que nunca sabremos a ciencia cierta la naturaleza de la enfermedad mortal del compositor. La información histórica integrada con conocimientos médicos modernos coincide en la naturaleza infecciosa de un padecimiento que produjo, a la larga, insuficiencia renal terminal».

Edward Guillery, nefrólogo de la Universidad de Iowa, ha revisado la hipótesis de una fiebre reumática de la que, por lo que cuenta el padre de Mozart, el músico ya había tenido dos episodios a los 10 y a los 28 años, pero era un diagnóstico que en la época se aplicaba a casi todos los enfermos con fiebre alta y dolores en las articulaciones. Sin embargo, para Guillery el tiempo de la enfermedad mortal de Mozart, unos 10 días, es demasiado corto para apoyar esta hipótesis. 


Eduard Friedrich Leybold:
Un momento en los últimos días de Mozart (1857)
Mozart entrega la partitura inacaba del Réquiem
a Süssmayr y le da instrucciones para acabarlo

Imagen: Wikimedia Commons
Richard Zegers y su equipo, de la Universidad de Amsterdam, que revisaron los fallecimientos que se produjeron en Viena entre 1791 y 1793, alrededor de la fecha de la muerte de Mozart. Encontraron, semanas antes y después de la muerte, muchas muertes con síntomas parecidos. 

Según nos aporta Daniel Lucan, del Foro Dermatitis seborreica, y lector habitual de nuestro blog, Mozart podría haber fallecido a causa de una gran epidemia que produjo una elevada mortalidad en Viena en el invierno de 1791 (la mortalidad aumentó un 500% en diciembre de este año). Los contagios podrían haberse producido por ingestión de carne procesada contaminada, probablemente por estreptococos que conducían a una glomerulonefritis aguda y a un fallo renal, mortal en muchos casos 

El doctor Simon Jong-Koo Lee, de la clínica del mismo nombre de Seúl, en Corea del Sur, sostiene la opinión de la que una infección cardíaca provocó una flebitis que, a su vez, causó la hinchazón que impedía moverse a Mozart. De todo ello llegó el fallo cardíaco que le llevó a la muerte.


También se ha relacionado la muerte del músico con algún tipo de traumatismo craneal. La hipótesis plantea que la fractura del cráneo se produjo por una caída un año antes de la muerte cuando, y hay escritos que lo atestiguan, comenzaron los dolores de cabeza del músico, con debilidad y síntomas de parálisis. 
El supuesto cráneo de Mozart. Mozartmuseum de Salzburgo.
A finales de los ochenta se examinó el supuesto cráneo de Mozart y se encontró que tenía una fractura antigua, ya curada, en el lado izquierdo que, además, mostraba que en su momento hubo un hematoma epidural ya calcificado. Pero todo ello se basa en que el cráneo examinado sea realmente el de Mozart. Fue enterrado en una fosa “económica” con otros cadáveres en el cementerio de St. Marx, en Viena. Aseguran que el cuerpo fue marcado con un alambre por el sepulturero del lugar. La tumba se abrió en 1801, unos años después de la muerte, y se recuperó el cráneo marcado que se guardó como una “reliquia sagrada”. El profesor de Anatomía Joseph Hyrtl lo conservó y quedó en su familia hasta 1899 en que fue adquirido por el Mozartmuseum de Salzburgo.
El examen de este cráneo demuestra que pertenece a alguien que murió entre los 25 y los 40 años. La reconstrucción del rostro a partir del cráneo lleva a una imagen que se parece a Mozart según los retratos que de él se conservan. Sin embargo, Orlando Mejía, de la Universidad de Caldas, en Colombia, cuenta que, en los 2000, se hizo un análisis de ADN de dos dientes de este cráneo, de unos mechones de pelo atribuidos a Mozart y de los cadáveres de una sobrina y de la abuela materna del músico, y no encontró relación genética entre los restos, descartando que el cráneo hubiera pertenecido a Mozart. Por lo que hay serias dudas de que el cráneo sea el de Mozart.

Bibliografía
Angulo E. 2018. El caso de Wolfgang Amadeus Mozart.  https://culturacientifica.com/2018/12/30/el-caso-de-wolfgang-amadeus-mozart/
Guillery, E.N. 1992. Did Mozart die of kidney disease? A review from the bicentennial of his death. Journal of the American Society of Nephrology 2: 1671-1676.
Hatzinger, M. et al. 2013. Wolfgang Amadeus Mozart: The death of a genius. Acta Medico-historica Adriatica 11: 149-158.
Jong-Koo Lee, S. 2010. Infective endocarditis and phlebotomies may have killed Mozart. Korean Circulation Journal 40: 611-613.
Lyttle, M. 2017. Kidney or conspiracy? Was renal failure the cause of Mozart’s death? A brief review of the composer’s illnesses and theories surrounding his death. Journal of Urology 197: e1061.
Mejía, O. 2013. La historia clínica de Wolfgang Amadeus Mozart. Acta Médica Colombiana 38: 244-254.
Puech, P.-F. 1991. Forensic scientists uncovering Mozart. Journal of the Royal Society of Medicine 84: 387.
Vicek, E. et al. 2006. The skull of Wolfgang Amadeus Mozart predicates of his death. Acta Chirurgiae Plasticae 48: 133-140.
Zegers, R.H.C. et al. 2009. The death of Wolfgang Amadeus Mozart: An epidemiological perspective. Annals of Internal Medicine 151: 274-278.



Requiem de Mozart (completo)