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martes, 14 de julio de 2020

Las plagas de Egipto (VII): Enfermedades humanas






José Eugenio de Olavide 

Pústula maligna 
(1871)

Litografía. 
En el Atlas de la clínica iconográfica de las enfermedades de la piel
o dermatosis
 de Olavide (1871)

Biblioteca particular Dr. X. Sierra. Terrassa.  




Comenzamos hoy con esta ilustración del libro Atlas de la clínica iconográfica de las enfermedades de la piel o dermatosis de José Olavide (1871) que es calificada de pústula maligna. Con este nombre se conocía en la época el carbunco, una enfermedad producida por Bacillus anthracis. frecuente entre pastores y ganaderos y que bien pudiese corresponder a la sexta plaga de Egipto de la que nos habla el Éxodo y a la que nos vamos a referir hoy. 

VI - Úlceras (Éxodo 9,8-12)

La sexta plaga de Egipto fue una enfermedad cutánea que suele traducirse como «úlcera». Según el relato bíblico, Yahvé ordenó a Moisés y a Aarón que cada uno tomase dos puñados de hollín de un horno, y que los lanzaran al aire en  presencia del faraón. 

"El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Recoged unos puñados del hollín que se forma en los hornos, y que Moisés lo arroje hacia el cielo, en la presencia del Faraón. Ese hollín se convertirá en un polvo que se expandirá por todo el territorio de Egipto y producirá úlceras purulentas en los hombres y en los animales». Ellos recogieron el hollín y se presentaron ante el Faraón. Moisés lo arrojó hacia el cielo, y tanto los hombres como los animales se cubrieron de úlceras".

Esta plaga puede interpretarse como carbunco, enfermedad causada por Bacillus anthracis, y que puede afectar tanto a humanos como a animales y que también fue conocida como pústula maligna. Las esporas del carbunco se encuentran de forma natural en la tierra. La propagación de una epidemia es relativamente fácil cuando proliferan los insectos portadores como moscas o tábanos (pudiendo así establecerse una relación con las plagas anteriores). Una epidemia de carbunco es terrible, y sus consecuencias son siempre (especialmente en aquella época) devastadoras.

Aspecto de una lesión de carbunco cutáneo (imagen tomada de wikipedia)

Este pasaje nos recuerda que las esporas de carbunco se propagan generalmente por el aire (Ese hollín se convertirá en un polvo que se expandirá por todo el territorio de Egipto) e infectan al individuo cuando se inhalan o ingieren. 

Las esporas de Bacillus anthracis también pueden penetrar en el organismo a través de heridas o rasguños, produciendo entonces formas de carbunco cutáneo. Su aspecto es el de úlceras con centro de color negro y bordes rojos muy inflamados (de ahí su nombre, carbunco = carbón encendido, por su aspecto similar al de un tizón). Las úlceras de carbunco pueden evolucionar a ampollas y placas con gran edema e hinchazón.
Un dermatólogo en el museo: Ramsés V, el caso de viruela más antiguo
Momia de Ramesses V (1147-1143)
con evidentes marcas de viruela en la cara
La causa de estas lesiones es que Bacillus anthracis libera una exotoxina que por un complejo mecanismo produce la necrosis de las células eucariotas próximas. 
La contaminación humana por carbunco es relativamente frecuente cuando existe una convivencia cercana de personas con el ganado infectados, ya que se trata de una enfermedad que afecta tanto a los humanos como al animales.
Según otras interpretaciones, la enfermedad de la séptima plaga podría haber sido una epidemia vírica como la viruela, enfermedad general que cursa con llamativos síntomas cutáneos. Se trata de una enfermedad humana, aunque existe una forma del ganado la viruela vacuna. La viruela era una enfermedad que afectó a los egipcios en otras ocasiones, y sabemos que el faraón Ramesses V murió, precisamente de viruela, lo que se puede constatar en su momia, en la que vemos inequívocas lesiones en su cara. 



Child with Smallpox Bangladesh.jpg
Niña infectada de viruela en Bangla Desh (1973)

La viruela fue declarada erradicada de todo el mundo por la OMS en 1977. Solamente se conservan algunas muestras de su agente causal, el virus de la viruela en dos laboratorios de los EEUU y en Rusia. 

viernes, 29 de noviembre de 2019

Las brochas infectadas de la Gran Guerra






Soldados afeitándose en el frente
(1915) 

Fotografía B&N 
Archivo



A la Primera Guerra Mundial también se le llamó Gran Guerra, tal vez por ser una mortífera contienda donde los combatientes fueron diezmados no solamente por las armas de fuego enemigas sino que también fueron acosados por gases; hambre; enfermedades; y por el frío y la humedad de las trincheras. Entre los muchos episodios dolorosos que se vivieron se olvida frecuentemente uno, que contribuyó a acosar a las tropas. Muchos soldados del ejército británico y norteamericano presentaron lesiones de carbunco en la cara o cuello. 

La enfermedad afectaba a grupos de soldados de la misma compañía o destacamento por lo que en un primer momento se pensó que el enemigo había realizado ataques con armas bacteriológicas, esparciendo los bacilos causantes de la enfermedad (Bacillus anthracis) mediante algún dispositivo bélico innovador.  El germen era ya bien conocido, ya que fue la primera bacteria que se identificó, a mediados del s. XIX, y efectivamente, décadas más tarde sería uno de los protagonistas de la guerra bacteriológica. Sin embargo, en esta ocasión no era el enemigo el que acosaba a la soldadesca, ni se debía a diabólicas tácticas del imperio austro-húngaro, sino que el causante estaba en el bolsillo de los soldados : eran las brochas de afeitar. 


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En el frente eran frecuentes los ataques con gases tóxicos, (clorina o gas mostaza) que causaban una gran mortandad. Para evitar sus efectos, los soldados se colocaban unas máscaras anti-gas. Y para que las máscaras se les ajustaran bien, debían llevar la cara completamente afeitada. En caso contrario, la eficacia protectora de la máscara disminuía. Por este motivo las soldados solían afeitarse unos a otros en las largas pausas que dejaba la guerra de frentes. 

Para obtener un buen afeitado hay que proceder a un buen enjabonado que permita una espuma persistente. Las brochas de afeitar de calidad suelen fabricarse generalmente con pelo de tejón, ya que las cerdas de este animal retienen mejor el agua y logran una espuma más persistente. Pero las penurias de la guerra y la necesidad de suministrar un gran número de brochas de afeitar a los reclutas, hizo que el suministro de pelo de tejón ruso fuera insuficiente y muy costoso. Se recurrió entonces a usar crin de caballo procedente de Rusia, China y sobre todo, Japón. La ingente cantidad de brochas y la premura con la que se necesitaban hizo que se descuidara un paso fundamental en su fabricación: la desinfección. A nadie se le ocurrió esterilizar ese pelo antes de fabricar las brochas, y la bacteria del ántrax es muy habitual en el suelo de lugares con ganado. Además, la ruta de envío se modificó, yendo por el Pacífico directamente de Asia a los Estados Unidos, país que entonces no tenía las mismas garantías de higiene y esterilización que en Europa. Según ulteriores investigaciones, más de un 10% de las brochas llegaban contaminadas por Bacillus anthracis. 


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Figura de cera representando una lesión de carbunco.
Fabricado por la casa Tramond, de París (s. XIX). 
Se conserva en el Museo Nacional de la Salud y la Medicina en Washington. 


Entre 1915 y 1924, 149 soldados estadounidenses, 28 soldados británicos y 67 civiles en ambos países contrajeron la enfermedad. Habrían sido muchos más si el gobierno estadounidense no se hubiera apresurado a obligar a los fabricantes de brochas de afeitar a esterilizar los pelos de animal antes de usarlos en sus productos. El ántrax cutáneo no es mortal, pero sí un auténtico contratiempo nada positivo para la moral de los soldados. En ocasiones, se han podido registrar casos de meningitis. 
El carbunco es una zoonosis mundial que afecta a muchos animales, sobre todo herbívoros. Se puede adquirir por diferentes vías: respiratoria, digestiva y cutánea.
La forma respiratoria es difícil de dignosticar y cursa al principio como una gripe y después con hipoxia y disnea, y la mitad de los pacientes presentan signos meníngeos. La gastrointestinal cursa con dolor gastrointestinal, sangrado y ascitis. La forma cutánea en la que el bacilo penetra por pequeñas heridas o erosiones (como las que con frecuencia se producen al afeitarse) supone más del 90% de los casos. De 1 a 10 días después de la inoculación, en la puerta de entrada aparece una pápula rojiza, que aumenta de tamaño rodeándose de una zona edematosa, con induración y formación de vesículas. Aparece luego una úlcera central, con exudado serosanguíneo que acaba formando una escara negra (la pústula maligna, que por su parecido con un tizón de carbón dio el nombre a la enfermedad). Son frecuentes las linfadenopatías locales, con malestar, mialgia, cefalea, fiebre, náuseas y vómitos. Un 20% de los casos pueden desarrollar septicemia, lo que antes de la introducción de los antibióticos suponía una muerte segura, aunque en la actualidad la mortalidad es de menos del 1%

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Tras esta experiencia, las brochas de afeitar y material de higiene personal son siempre sometidos a esterilización antes de comercializarse. Aún así en algunos países se han dado casos aislados, como un caso de meningitis en la India (1989) tras un rapado ritual (efectuado con brochas no homologadas).  

Agatha Christie, que fue enfermera voluntaria durante la Primera Guerra Mundial, conocía los casos de carbunco en brochas de afeitar por la prensa de la época. De hecho lo incorporó como arma letal en su novela “Cartas sobre la mesa (Cards on the table)” (1936), den la que aparece el célebre detective Hércules Poirot. En la novela, Mr. Craddock muere debido a las esporas presentes en su brocha de afeitar y su contagio a través de las abrasiones y cortes durante el afeitado. Pero Agatha Christie no explica como el asesino obtuvo las esporas, las manipuló y las colocó en la brocha sin riesgo para sí mismo.


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A veces, cuando me estoy enjabonando ante el espejo antes de proceder a afeitarme, no puedo evitar acordarme de aquellos sufridos soldados, gracias a los que en la actualidad disponemos de brochas de afeitado con plenas garantías higiénicas. Sin embargo, si hay entre los lectores algún aficionado a usar brochas vintage para afeitarse, mi consejo es que se asegure bien de que va a usar un material previamente esterilizado.  



Bibliografía

Anthrax from shaving brushes. Am J Public Health (N Y). 1925;15:440. http://dx.doi.org/10.2105/AJPH.15.5.440-a

Carey HW. Anthrax from the shaving brush and primary anthrax meningitis. Am J Med Sci. 1920;159:742–6. http://dx.doi.org/10.1097/00000441-192005000-00012 


Hubbard DS. Anthrax in animal hair. JAMA. 1920;75:1687–90. 


Katharios-Lanwermeyer S, Holty JE, Person M, Sejvar J, Haberling D, Tubbs H, et al. Identifying meningitis during an anthrax mass casualty incident: systematic review of systemic anthrax since 1880. Clin Infect Dis. 2016; 62: 1537–45. DOI: 10.1093/cid/ciw184.  

http://dx.doi.org/10.1093/cid/ciw184


Leake JP, Lederer A. Isolation of the anthrax bacillus from shaving brushes. Am J Public Health (N Y). 1919; 9: 114-9.

Szablewski CM, Hendricks K, Bower WA, Shadomy SV, Hupert N. Anthrax cases associated with animal-hair shaving brushes. Emerg Infect Dis. 2017; 23: 806-808. DOI: 10.3201/eid2305.161554 

https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/23/5/pdfs/16-1554.pdf

Symmers D, Cady DW. Occurrence of virulent anthrax bacilli in cheap shaving brushes. JAMA. 1921;77:2120–1. http://dx.doi.org/ 10.1001/jama.1921.02630530020010


Vázquez-Espinosa E, Laganà C, Vazquez F. Una visión histórica, socio-cultural y literaria de casos de Bacillus anthracis por brochas de afeitar [An historical, sociocultural view and in the fiction literature of Bacillus anthracis cases by shaving brushes]. Rev Esp Quimioter. 2018;31(3):203–208.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6166252/




martes, 15 de enero de 2019

El furúnculo, taimado ladronzuelo






L. A. Hilden

Aritmética. Lámina 7: 
La regla de tres
(s. XIX)


Grabado coloreado

Old Police Cells Museum. Brighton.



En la Inglaterra victoriana, menudeaban los rateros y carteristas. Baste con leer las novelas de Charles Dickens (1812-1870) que dio buen testimonio de ello. Especialmente en Oliver Twist, la triste historia de un muchacho huérfano que tiene que sobrevivir en la calle y, tras pasar por una escuela de ladronzuelos logra convertirse en un virtuoso del oficio. Los grabados satíricos de la época, como el que encabeza este artículo, también hacen frecuentes alusiones a un "trabajo" que debía ser bastante común en las viejas calles de la ciudad del Támesis. Es cierto que ladrones y carteristas los ha habido siempre (y en nuestra época no faltan, a fe!) pero el imaginario romántico los une especialmente a este Londres decimonónico, de los barrios bajos y de la rancia burguesía clasista y conservadora, de la niebla espesa y del Imperio, el Londres en fin aterrorizado por los sórdidos crímenes de Jack the Ripper. 


Los caballeros a menudo guardaban sus pañuelos
en un bolsillo en las colas de sus abrigos,
lo que preservaba la línea del cuerpo del
abrigo pero hacía al pañuelo vulnerable.
Los pañuelos, de seda natural tenían una
fácil reventa en tiendas de segunda mano
(grabado de Alken). 
He comenzado el comentario de hoy por la evocación de carteristas y descuideros. Seguiré ahora por un camino probablemente inesperado. Os hablaré de los furúnculos. 

La palabra que designa esta enfermedad infecciosa de la piel es furúnculo o forúnculos. Las dos grafías son aceptadas en castellano, aunque yo me decidiré aquí por furúnculo, en memoria de D. Jaume Peyrí Rocamora (1877-1950), primer catedrático de Dermatología de Barcelona, que siempre defendió esta ortografía por encontrarla más respetuosa con su etimología latina. 

Un furúnculo es la infección -por cocos piógenos como estreptococos o estafilococos- de un folículo piloso. El infundíbulo folicular se llena de pus abundante, que puede producir dolor por la compresión de los tejidos de la zona, que aparecen muy inflamados. En el centro se forma el "clavo" del forúnculo, de color negruzco, que no es más que los restos de folículo necrosados. 


    Harold Copping: Mr. Bumble y Oliver Twist.  
A veces pueden infectarse varios folículos. Se observa entonces una gran masa inflamada y purulenta con varias bocas (los diversos ostium foliculares). Bajo la epidermis todos estos abscesos comunican entre sí, de tal manera que si se presiona en un punto concreto mana pus por los diversos cráteres.  A esta forma se llama en las lenguas latinas ántrax, una palabra derivada del griego ἄνθραξ, que significa carbón incandescente. 

Se da la circunstancia que en inglés anthrax se refiere a otra enfermedad, el carbunco, causado por la bacteria Bacillus anthracis, un microorganismo cuyas esporas se han usado en la guerra bacteriológica, para inhabilitar al enemigo. Muchos periodistas desconocen este "falso amigo" y dicen ántrax para referirse al carbunco, lo cual ocasiona no pocas confusiones. O sea que el ántrax en castellano es carbuncle en inglés; y anthrax en inglés es carbunco en español. Vaya lío, ¿verdad?. Más o menos como conducir por la izquierda o hacerlo por la derecha. 

Bueno, volvamos a la etimología de furúnculo. La palabreja deriva del latín. En esta lengua, fur, furis es el ladrón, el que comete un hurto (palabra que deriva de la misma raíz) y así la empleaba Marco Tulio Cicerón y otros insignes oradores romanos. Furunculus es la forma diminutiva, por lo que viene a ser un pillete, un ladronzuelo, algo así como el Oliver Twist de Dickens. No está claro porqué esta palabra se aplica a la infección del folículo, aunque hay quien piensa que los furúnculos tienen un curso engañoso que se manifiesta de golpe (Nolting y Fegeler). Algo así como un ladronzuelo que suavemente, sustrae la cartera de su víctima. Como los furúnculos,  que roban subrepticiamente la tranquilidad de quien los sufre.  


Escena de vendimia. Los agricultores romanos eliminaban los furunculus,
es decir, las yemas estériles que chupaban savia para obtener mejor cosecha.
Mosaico de Cherchell, (Argelia). 

Escena de vendimia. Mosaico de la iglesia de Lot y Procopio, Monte Nebo (Jordania) 


Sin embargo a mí me parece que este vocablo llega a designar la patología folicular por una vía indirecta, a través del lenguaje agrícola. Los campesinos romanos denominaban furunculus a los brotes secundarios, especialmente de la viña (de cultivo tan preciado por los romanos) y de otras plantas. Estas yemas eran designadas furunculus, porque eran inútiles y solo servían para "robar" la savia y el vigor de la planta. Las yemas "ladronas" (que en nuestro lenguaje vulgar a veces llamamos "chupones") aparecían como botones hinchados, de apariencia cónica, similar a una verruga. Por este parecido, el médico romano Aulus Cornelius Celsus tomó el nombre de furunculus para designar al característico abultamiento de un furúnculo cuando aparecía y desde entonces se incorporó a la lengua médica. En De Medicina, libro V, Celso nos dejó esta descripción: 
"Furunculus vero est tuberculum acutum cum inflammatione et dolore, maximeque ubi jam in pus vertitur. Qui ubi adapertus est, et exiit pus, subter apparet pars carnis in pus versa, pars corrupta subalbida, subrubra; quem ventriculum quidam furunculi nominant. In eo nullum periculum est, etiamsi nulla curatio adhibeatur: maturescit enim per se, atque erumpit. Sed dolor efficit, ut potior medicina sit, quae maturius liberet."

"El furúnculo es un pequeño tumor que termina en punta ny va acompañado de inflamación y dolor, sobre todo en el período de supuración. Una vez abierto, y cuando ha salido el pus, se ve que una parte de la carne está purulenta y otra corrompida, de color blancuzco y rojizo, y a esto es a lo que algunos llaman ventrículo del furúnculo. No hay en esta enfermedad ningún peligro, aunque no se la someta a ningún tratamiento, pues madura naturalmente y se abre por sí misma; pero como causa dolor, ello motiva que se pida a la medicina remedio para que madure más pronto." 
(Traducción: Agustín Blázquez)  

Una curiosidad más de la terminología médica. Y es que los nombres de las enfermedades, muchos de ellos usados secularmente, tienen raros e insospechados orígenes. 


Van Gogh: Almendro en flor. St. Rémy, 1890




  

jueves, 17 de agosto de 2017

El médico que escribía en verso: López de Villalobos (II): El Sumario de la Medicina







Francisco López de Villalobos

El Sumario de la Medicina 
(1498) 


 Libro incunable
Biblioteca Nacional de España 




El “Sumario de la Medicina”

El Sumario... fue la primera obra de Villalobos (Aquí está el enlace al libro completo, que gentilmente nos ha facilitado @FurryLibrarian, via Twitter). La obra fue publicada cuando Villalobos contaba 24 años. No es de extrañar que esté totalmente impregnada de la doctrina del galenismo arabizado bajomedieval. Como hemos visto esta era la doctrina dominante en las facultades de medicina españolas a finales del s.XV, y en donde el Canon de Avicena era la casi exclusiva fuente de conocimiento médico. La mayoría de los capítulos del Sumario siguen exactamente los del Canon de Avicena y su lenguaje está plagado de arabismos tomados de la terminología de esta obra

Villalobos escribió esta obra en castellano, dirigiéndola a aquellos médicos que no tenían un gran conocimiento del latín y para los que era difícil encontrar textos de medicina en lengua romance. En la Baja Edad Media, la implantación del castellano y del catalán en las universidades españolas era considerable y muchos médicos recurrían a una mezcla de lengua romance con un latín desvirtuado. A partir del s.XVI el castellano se implanta progresivamente como lengua de expresión médica, sustituyendo paulatinamente al latín, ya que se favorecía así la difusión de los conocimientos. El propio autor comentaba la razón de escribir la obra en verso castellano:

“porque en su tierra ay muchos físicos bien expertos y letrados en ella que la estudiaron en otra lengua, y como esta fuese destos reynos y prouincias rematada quedaronse los dichos fisicos con la sciencia en la voluntad y en potencia no mas faltandoles el principal instrumento con que la pudiesse manifestar y reduzir en acto”

No obstante, no se le ocultan al autor los peligros de escribir en romance: la obra es así más asequible para cualquier tipo de público, y puede ser leída por profanos, favoreciendo el intrusismo. Para evitarlo, Villalobos se refugia más aún en un avicenismo a ultranza para que solo pueda ser entendida por quien “en la dicha sciencia tenga principios”.


El Sumario de la Medicina está escrito en coplas. Algunas obras médicas de la época fueron escritas en verso, aunque en ningún caso fue un estilo frecuente. Se trata de un resumen del Canon de Avicena, al que sigue con total fidelidad. La obra considera la patología humana según el orden tradicional, comenzando por la cabeza y terminando en los pies (a capite ad calcem). Se aporta una breve definición de cada enfermedad, explicando brevemente su etiología, sus principales síntomas y algunos consejos terapéuticos. La denominación de las enfermedades está por lo general plagada de arabismos tomados directamente de Avicena. 


Dentro de esta obra aparecen también algunos temas dermatológicos, que por poco conocidos tal vez merezcan nuestra atención. Citaremos por ejemplo la definición de erisipela y su diagnóstico diferencial con el furúnculo, descrito inmediatamente antes:

"Erisipela es un apostema causado 
de cólora, y es más caliente y más fuerte, 
y muy más bermejo quel antepasado, 
quell otro es negrito,verde y colorado, 
más hondo y de quien más materia se vierte"

 Se refiere algo más adelante al carbunco:

"Carbúnculo es un apostema y tumor 
de sangre muy gruesa, dañada y maligna, 
es rúbeo y negrillo en mezclada color, 
que da intolerable y terrible dolor 
y haze vexiga royente y dañina"

También describe algunos signos importantes de la lepra :

"La lepra es passión muy maldita y dañada, 
de cólora adusta o de melancolía, 
la cual por los miembros está derramada, 
y no podrescida, mas es conculcada, 
y así les podresce y corrompe y resfría, 
la qual haze luego bermejo el color, 
que tiende haza negro, y la voz enronqueze, 
y hiédele el cuerpo y aliento y sudor, 
y siente en el sueño tristeza y temor; 
su pelo y cabello se pela y peresce"



La parte VII del "Sumario..." se dedica integramente a problemas del cabello y cosmetológicos, como reza su título: "De decoración, que es de la Medicina que toca en la hermosura y belleza, de la generación del cabello y de la depilación dél" La caída del cabello, en aquel tiempo como ahora, ocupa una parte importante en la consulta médica. Villalobos propone tratarla con sangrías y con lavados de determinadas plantas:



"Mas el desraygarse se llama alopicia, 
porque a su rayz van corruptos humores 
que con su maldad se destronca y desquicia, 
y cualquiera humor mostrará su malicia 
nel cuero, que allí dexan sus colores; 
evacua el humor o la sangre que sobra; 
si es nueva alopicia, hazle un lavatorio 
de murta y de yedra, que en esto mucho obra, 
y con linimento el cabello se cobra 
compuesto según el humor accesorio"

La caspa (furfur), que compara con el salvado, también era un tema de interés:

"Es furfur salvado, y es una passión 
que se hace en el cuero, y es que se levanta; 
la cura daquesta tal escoriaciónes 
con mucilages hazer lenición, 
y aceite de almendras es cosa muy santa"

Los modernos peelings para cicatrices y pigmentaciones encuentran su precursor en esta obra, en el pasaje titulado "Para hazer el gesto hermosos y quitar los hoyos de viruelas y las pecas", donde se propone:


"y si de viruelas hay hoyos n'elgesto 
untadle con queso y con miel y con sal, 
y ungüento cetrino es muy bueno para esto; 
si pecas o paño en el rostro está puesto, 
colirio de mirra aprovecha a este mal"

Los panadizos son tratados mediante evacuación de la colección purulenta:


"Es el panarizo apostema calente 
que trae a la uña dolor y congoxa; 
si el cuerpo está lleno, evacuarse consiente, 
y pónganle luego algún repercuciente..."


De muchas otras patologías cutáneas trata el "Sumario...", como morfea, empeines, sarna, sudoración excesiva, verrugas... que no comentaremos por no extendernos demasiado. Terminaremos con un adecuado consejo higiénico:


Del hedor de los sobacos y pies:
"Si hubiese hedor en sobacos y en pies 
la cura es andar limpiamente vestido, 
con murta y alumbre se lave después, 
y cosa olorosa a comer le darés, 
como es casia lígnea y espica molido..."
           



Bibliografía



Granjel LS. Los médicos humanistas españoles. Archivo Iberolatinoamericano de Historia de la Medicina y Antropología médica 1956, 8: 273-284.

Vázquez de Benito, C. La herencia árabe. En: López de Villalobos  F. Sumario de la Medicina (estudios introductorios) Universidad de Salamanca. Salamanca, 1997: 163-170.

Vázquez de Benito, C. Los arabismos. En: López de Villalobos  F. Sumario de la Medicina (estudios introductorios) Universidad de Salamanca. Salamanca, 1997: 171-174.

Cumano: cit. por: Gruner CG: Aphrodisiacus sive de lue venerea. Jena, 1789
Torrella G: Tractus cum consiliis (contra) Pudendagram, seu morbum gallicum. Roma, 1497