sábado, 31 de enero de 2015

La barbuda de Peñaranda, de Sánchez Cotán






Juan Sánchez Cotán 

Doña Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda (1590)

Óleo sobre lienzo, 102 x 61 cm
Museo del Prado, Madrid. 





Juan Sánchez Cotán (1560 - 1627), fue un pintor español, discípulo de Blas de Prado e influido por algunos artistas que trabajaron en El Escorial, como Luca Cambiaso o Juan Fernández Navarrete. Sánchez Cotán trabajó en Toledo, donde contó con una importante clientela, hasta que en 1603 decidió ingresar como hermano lego en la Cartuja, hasta su muerte en 1627. 

La constatación de "prodigios de la Natura" o interés por la enfermedad como anomalía o espectáculo es una de las características de la época barroca, tan dada a la teatralización. A las pinturas de bobos, enanos, bufones y gentes de placer pueden añadirse también las mujeres barbudas. La anormalidad psíquica o física era contemplada como maravilla y se quería dejar constancia gráfica de su paso por este mundo. No era raro -  como en este caso - dejar escrito en un ángulo del cuadro el nombre, edad y algunos de los datos de la representada, como prueba fehaciente de su veracidad, de su valor documental. Entre las mujeres barbudas, la más famosa es sin duda la de Ribera, aunque ésta de Sánchez Cotán también se encuadra en la misma curiosidad patográfica. 

El retrato se realizó en 1590 y la protagonista es Doña Brígida del Río, a la sazón con 50 años. Parece ser que la fama de Brígida era considerable y era mencionada en diversas obras literarias como algunos escritos de Sebastián de Covarrubias o en el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1599). 


Doña Brígida aparece con aspecto recogido, mirando fijamente al frente, hacia el espectador, con una alopecia androgenética frontal mal disimulada por una cofia y una abundante y espesa barba canosa. El aspecto de esta mulier pilosa es tan masculinizado que puede incluso interpretarse como un caso de travestismo, aunque lo más probable es que padeciera de un tumor suprarrenal o de ovarios. 


Hay ciertos indicios que permiten creer que esta pintura fue realizada para Felipe II, muy aficionado a coleccionar este tipo de anomalías, aunque finalmente el cuadro fue regalado al arquitecto real Juan Gómez de la Mora





viernes, 30 de enero de 2015

Picasso. El viejo pescador.








Pablo Picasso (1881 -1973)

El viejo pescador (1895)

Óleo sobre tela 83 x 62'5 cm
Museu de Montserrat 



Esta es una obra de juventud de Picasso, cuando solamente contaba con 14 años y todavía firmaba como Pablo Ruiz. En ella hallamos no obstante toda la fuerza del pintor, el germen de lo que más tarde desarrollará y que lo consagrará como uno de los mayores pintores contemporáneos. 

El cuadro retrata un viejo pescador, con una camisa ajada por tantas navegaciones. Abstraído, con la mirada perdida, tal vez recordando hazañas pretéritas, recuerdos de olas y de sal, de tantas pescas propicias y de la sensación de vacío que le anudaba la garganta cuando regresaba al puerto con las manos vacías. 

También podemos ver la huella de los elementos en su cuerpo. La piel broncínea, curtida por el sol, más quemada en las partes prominentes de la cara, como la nariz y la frente. Las arrugas, marcadas, que nos dejan adivinar una piel engrosada. En diversos puntos, unas hábiles pinceladas de color dejan entrever la presencia de queratosis actínicas. 

Picasso refleja en este cuadro - sin saberlo - lo que el dermatólogo Paul Gerson Unna (Hamburgo, 1850 - 1929) describió como piel de marino (Seemans Haut) y que no es más que el resultado de la exposición continuada al sol. No es raro que el dermatólogo alemán le pusiera este nombre. En Hamburgo, ciudad del Mar del Norte, con un populoso puerto, abundan los marinos con piel curtida similares a éste que pintó Picasso. Probablemente, si el pescador del cuadro se girara, podríamos ver en su nuca el cutis romboidalis característico. Una piel sobreexpuesta al sol, que suele acompañarse frecuentemente de lesiones de cáncer o precáncer cutáneo. 




jueves, 29 de enero de 2015

El leproso. Museo della Specola. Florencia.




L. Calamai: El leproso (1851)



  Luigi Calamai (1796-1851): 
El leproso (1851)

Museo La Specola, Florencia


El museo de La Specola es sin duda el museo científico más antiguo del mundo, aunque debido a la gran oferta artística de la ciudad de Florencia, a veces su visita se pospone o se neglige.  Su colección de moldeados de cera  - única por su antigüedad y cantidad - fue encargada por el Gran Duque Pedro Leopoldo y por el primer director del museo  Felice Fontana con el fin de enseñar la anatomía en tres dimensiones sin necesidad de recurrir siempre a disecciones de cadáveres. Las estatuas y moldeados, todos de cera e increíblemente realistas, fueron realizados entre finales del s. XVII y la segunda mitad del siglo XIX y ascienden a unas 1400 figuras, de las cuales sólo una parte se exhibe en el museo La Specola (también pueden verse algunos en la Facultad de Medicina de Careggi y el Museo Galileo). 


La primera representación anatómica en cera del cuerpo humano que conocemos - obra a caballo entre arte y ciencia - es el llamado Scorticato (el Despellejado), así llamado porque el cuerpo está representado sin la piel. Es una estatuilla de 61 cm. obra de Ludovico Cardi (1559-1613), llamado Il Cigoli, que puede admirarse en el Museo Nazionale del Bargello, de Florencia. Este artista se había formado en la escuela florentina de Bronzino y se interesó mucho por la anatomía artística, participando en numerosas disecciones de cadáveres.



Cigoli. El despellejado. Museo Bargello, Florencia. 


En La Specola son especialmente impresionantes las figuras completas, de tamaño natural, representando cuerpos tendidos con los músculos y los vasos sanguíneos visibles, incluso los capilares realizados que se hacían deslizando la cera con hilos de seda. Fueron utilizados como modelos los cadáveres del Arciospedale di Santa Maria Nuova, a partir de los cuales se hicieron modelos de arcilla para hacer moldes de yeso en los que se vertió la mezcla de ceras, resinas y colorantes. Las figuras anatómicas de cera de Florencia tal vez sean las mejor realizadas y detalladas del mundo.

Obras de Clemente Susini. Museo de La Specola, Florencia



Los moldeados fueron efectuados por diversos artistas ceroplásticos. Uno de los primeros fue Gaetano Giulio Zumbo (1656-1701) que dejó diversas piezas estudiando los diversos estadios de la putrefacción cadavérica. Tal vez el más destacado fue Clemente Susini  (1754 - 1814) creador de una importante escuela ceroplástica. Sus alumnos, entre los que destacaron Francesco Calenzuoli (1769-1847) y Luigi Calamai (1796-1851), también trabajaron en esta importantísima colección, dando muestras de una pericia excepcional que nos sigue maravillando. Calamai era químico, biólogo, matemático, geógrafo y políglota, lo que da una idea de la complejidad y nivel de este personaje. Un discípulo de Calamai, Egisto Tortori (1829-1893) también dejó obras suyas en el museo.  

La temática de este conjunto de figuras, de tamaño natural está dedicada a la anatomía humana, la anatomía patológica y la anatomía comparada.  De gran interés científico son los modelos de anatomía patológica, que exponen las condiciones de salud de finales del siglo XVIII. Entre las enfermedades de la piel, podemos destacar la llamada El leproso, de Luigi Calamai (1851), que en realidad representa un caso de sarna noruega  (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/13171997).  

Las obras ceroplásticas de la escuela florentina fueron muy apreciadas y muchas de ellas fueron adquiridas e incorporadas a otros museos italianos y extranjeros (Cagliari, Bolonia, Pisa, Pavía, Modena, Montpellier, Budapest, Leiden, Viena... ) En Viena se encuentra  la colección más importante - después de la florentina - ya que fue impulsada por el emperador de Austria José II para su uso en la Escuela Médica Militar del Josephinum.


Vista de conjunto de la sala de ceras anatómicas

Una de las figuras de cera más destacadas son las Venus anatómica, también llamadas Venerina. Representa una figura femenina, desnuda. Su tórax y abdomen pueden abrirse como una ventana, dejando ver las vísceras subyacentes. Era éste un modelo muy usado para la enseñanza de la Anatomía en las Facultades de Medicina.


Clemente Susini: Venus anatómica

Clemente Susini: Venerina

En la Specola también hay algunos dioramas  - también realizados en cera - representando de forma muy dramática los estragos de algunas grandes epidemias, como la peste. Uno de ellos está dedicado a la sífilis, enfermedad que causaba una gran preocupación, debido a su gran extensión y a la gravedad del mal, poco abordable terapéuticamente antes de la introducción de los antibióticos.


Los estragos de la sífilis

El uso de figuras de cera para la enseñanza de la anatomía inspiró más tarde la ceroplastia dermatológica, dando lugar a moldeados de cera para representar enfermedades de la piel, práctica muy extendida en el s.XIX y que originó importantes colecciones, como la del hospital de Saint Louis de París o el museo Olavide de Madrid.


Bibliografía


Poggesi M. The wax figure collection in La Specola in Florence. In: Encyclopedia Anatomica. Taschen, Köln, 1999, pp.6-28.

Azzaroli ML. La Specola. Olschki ed., 1975, pp. 5-31.


Zampi G.-Giannini A. (ed) Le Cere del Museo dell'Istituto Fiorentino di Anatomia Patologica. Arnaud ed. Firenze.




miércoles, 28 de enero de 2015

Ron Mueck: Big Man.





  Ron Mueck 

Big Man 
(2000)

Escultura en poliéster, resinas y silicona
203 x 120 x 204 cm. 
Hirshorn Museum. Washington DC 





Ron Mueck (Melbourne, 1958) es un escultor hiperrealista australiano. Practica un hiperrealismo extremo en el que reproduce perfectamente la realidad. Sus esculturas impresionan por su total parecido con las personas representadas y están dotadas de gran expresividad en gestos y miradas. Sus personajes permanecen siempre serios, como asustados de los trágicos hechos de su existencia, lo que contribuye todavía más a conferirles una naturaleza totalmente humana. Sin embargo, Mueck deja siempre claro que son creaciones escultóricas y para ello juega con el tamaño (frecuentemente son figuras gigantescas, aunque a veces también pueden estar reducidas) o dejando la parte posterior hueca. 
Dead dad (1997)





En 1997 debutó con una representación del cadáver desnudo de su padre, Dead Dad (Papá muerto), reflejando a la perfección la palidez cadavérica y el eritema palpebral. La obra causó un gran impacto. Otra de sus obras más conocidas es Boy (1999) realizada para la cúpula del London Millenium y expuesta después en el Arsenal de la Bienal de Venecia de 2001 y en el Gran Palais de París en 2005. Su consagración definitiva le llegó en 2003 cuando expuso en solitario en la National Gallery de Londres.  Sus obras son son blandas, o lo parecen, porque simulan la textura precisa de la carne. No trabaja la piedra o el bronce, sino el poliéster, la silicona y las resinas. Ron Mueck ha renovado la escultura contemporánea con sus piezas, liliputienses o colosales, que crean una tensión entre nuestro universo real y un mundo fantasmagórico. 


Big Man, completa, con un espectador que permite apreciar sus dimensiones. 



En la obra Big Man, de grandes dimensiones, se representa a un hombre de mediana edad, obeso y desnudo, que está sentado en el suelo mirando malhumorado al espectador que se acerca. Su piel está representada con todo detalle, apreciándose las arrugas e irregularidades cutáneas. El personaje presenta una alopecia universal, con madarosis. En su cráneo se representan múltiples queratosis actínicas. En la mejilla se observa un lentigo senil y en la frente un pequeño nevus intradérmico.  

Proceso de creación de Big Man


Ron Mueck. Art exhibition: