viernes, 3 de febrero de 2017

Leo von Zumbusch





Busto de Leo von Zumbusch
(1878) 

Escultura en bronce
Ludwig-Maximilians-Universität Munchen 



Leo Franz Caspar Zumbusch (1874-1940) fue un dermatólogo austríaco-alemán, que describió la psoriasis pustulosa.  

Retrato de Leo von Zumbusch. Münchner Stadtmuseums
Su padre era el escultor vienés Caspar Ritter von Zumbusch. Leo estudió Medicina en la Universidad de Viena, donde obtuvo su doctorado en 1898. Se especializó en Dermatología formándose, entre otros con Ernst Fuchs, Moriz Kaposi y Gustav Riehl. En 1909 dirigió el Rudolph Hospital y poco después (1912) comenzó a ejercer la docencia en la Facultad de Medicina de Viena. 

En 1910 describió una forma poco frecuente y grave de psoriasis pustulosa generalizada. En esta forma, las placas eritematosas confluyen en pocas horas en pequeñas pústulas estériles (llenas de pus no infectado), que rápidamente se secan, desaparecen y reaparecen en nuevos brotes. Si aparecen lesiones subungueales, la uña puede llegar a desaparecer. Se asocia a fiebre alta, aumento de la VSG y leucocitosis. Desde entonces se conoce a este tipo de psoriasis como psoriasis pustulosa de Von Zumbusch.  

En 1913 se trasladó a Munich y en 1917 dirigió el hospital de referencia para enfermedades dermatológicas y venéreas, más conocido como Hospital Thalkirchnerstraße, siendo nombrado profesor de la Universidad en 1922. Diez años más tarde fue elegido para el cargo de Rector de la Universidad. 

Los nazis acordonan la Universidad para impedir la entrada de estudiantes judíos. La frontal oposición
del rector von Zumbusch a este tipo de actuaciones le costó ser depuesto del cargo de rector. 

Von Zumbusch era contrario a la ideología nacionalsocialista que había alcanzado el poder en Alemania. No se recataba de criticar en público a Hitler y al ministro de Cultura de Baviera Schemm. Cuando alguien en la universidad profería el grito ritual de "Heil Hitler", von Zumbusch solía recriminarle despectivamente, diciéndole: "No ladre tan alto, por favor".

Esta posición de clara oposición al nazismo le ocasionó diversas denuncias, especialmente la del influyente médico nazi Franz Wirtz, que más tarde llegaría a ser jefe de la Comisión de Educación del NSDAP, lo que le costó ser depuesto del cargo de rector. Cuando en 1940 murió von Zumbusch, la Universidad no envió ninguna representación a sus funerales. 


Principales obras

  • Therapie der Hautkrankheiten. Für Ärzte und Studierende. Deuticke, Leipzig 1908.
  • Atlas der Syphilis. Verlag Vogel, Leipzig 1922.
  • Atlas der Hautkrankheiten. 2. Auflage. Verlag Vogel, Leipzig 1926 (en colaboración con Gustav Riehl).
  • Über Lichen albus, eine bisher unbeschriebene Erkrankung. En: Leopold Arzt (ed): Archiv für Dermatologie und Syphilis, Vol. 82, (1906), pág. 339–350.
  • Die Diagnose der angeborenen Syphilis. En: Josef Jadassohn (ed.): Handbuch der Haut- und Geschlechtskrankheiten, Vol. 19 (1927).
  • Prognose der kongenitalen Syphilis. En: Josef Jadassohn (ed.): Handbuch der Haut- und Geschlechtskrankheiten. Vol. 19 (1927).

jueves, 2 de febrero de 2017

Ergotismo (II): El "Mal de San Antonio" y los monjes antonitas







Retablo de San Antonio
(Fragmento)

MNAC. Barcelona




Ya hemos visto la denominación de Mal de San Marçal con la que se conocía al ergotismo durante la Edad Media en ciertos lugares. En otros, esta enfermedad era conocida con otras sinonimias, entre las que sobresalía la denominación de fuego del infierno o fuego de San Antonio. Tal denominación derivaba de la llegada al Delfinado francés de las reliquias de este santo ermitaño de la Tebaida en el s. III-IV. Tales restos habían llegado desde Constantinopla, y se instalaron en la abadía de San Antonio (Saint-Antoine-l'Abbaye), cerca de Grenoble. Pronto comenzaron a llegar este santuario muchos peregrinos afectos de ergotismo con la esperanza de ser curados milagrosamente ante la tumba del santo. 




Canecillos en iglesias románicas. A la izquierda, en Iguacel,
representando un exvoto de pierna y pie. A la derecha, en Javierrelatre (Huesca), en el que aparece un demonio
 devorando un pie. En ambos casos se trata de posibles alusiones al ergotismo, muy frecuente en el Camino de Santiago

En 1095, el gentilhombre francés Gaston de Valloire, agradecido por la curación de su hijo, fundó una pequeña hermandad religiosa con la principal misión de acoger, proteger y prestar ayuda a los enfermos de este mal. La orden, que fue aprobada este mismo año por el papa Urbano II, tomó el nombre de Orden de los Caballeros de San Antonio (Canonici Regulares Sancti Agustini Ordinis Sancti Antonii Abbatis), popularmente conocidos como los antonianos o antonitas. Los primeros antonianos, vestidos con hábito negro y letra tau azul en el pecho, eran seglares hasta que, en 1218, recibieron los votos monásticos de Honorio III. Ochenta años después, en 1297, adquirieron cánones propios, adscritos a la regla de san Agustín, por parte de Bonifacio VIII.


Fachada del monasterio de Saint-Antoine-l'Abbaye

Esta orden, que tuvo una considerable implantación en Alemania y Países Bajos, y en menor medida en Francia, e Italia, es una prueba de la alta incidencia de la intoxicación por el cornezuelo de centeno en aquel tiempo, que afectaba por igual a ambos sexos. En Castilla, el primer convento se estableció en Castrojeriz, bajo la protección de Alfonso VII. 

La Tau de San Antonio en el antiguo Hospital Antoniano de Fráncfort-Höchst
Los antonitas, también conocidos como los monjes de la Tau azul (el símbolo de S. Antonio) acogían al parecer, no sólo enfermos de ergotismo, sino también a afectos de otras formas de locura, prostitutas, madres solteras, peregrinos y personajes juglarescos. Tal vez la convivencia entre estos elementos en los hospitales regentados por antonitas pueda también explicar la destacada presencia del ergotismo en las cantigas, generalmente interpretadas por juglares, y a la que ya nos hemos referido.

Los monjes, tras los ritos religiosos pertinentes lavaban a los enfermos y los alimentaban adecuadamente. Al parecer, algunos de ellos conseguían curarse, al mejorar su dieta y evitar el centeno parasitado. Entre los métodos terapéuticos usados por los antonitas, podemos destacar:

1.    Los panes de San Antonio, hechos con harina de trigo purísima, que no podía presentar la contaminación del cornezuelo, que es un parásito exclusivo del centeno. Tenemos noticia de la elaboración de estos panecillos por lo menos desde el s. XI (y que aún hoy se distribuyen entre los fieles el día de S. Antonio Abad, 17 de enero en múltiples santuarios y abadías). Una nutrición adecuada podía contribuír a la mejoría de los pacientes.


Los panes de San Antonio eran de trigo y por lo tanto estaban libres de cornezuelo. 

2.    Las unturas con manteca de cerdo, que aparte de su carácter simbólico y mágico (el cerdo es el símbolo de S. Antonio) podían contribuir en parte a moderar la sobreinfección de las zonas necrosadas.

3.    El agua de San Antonio, brebaje que era distribuído en las abadias y del que no conocemos la composición exacta.

4.    El Santo Vino, elaborado con las uvas de los viñedos de la abadía y que había estado en contacto con las reliquias del santo, y que probablemente contenía también mandrágora, planta con cierto efecto anestésico que debía contribuír por una parte a calmar los dolores lancinantes, y por otra a posibilitar el adormecimiento suficiente para realizar las amputaciones de los miembros gangrenados.

5. La cirugía. Numerosos cirujanos acudían a colaborar con los monjes antonitas, ya que los monjes no podían tomar parte en estas intervenciones: por disposición del Concilio de Clermont (1130), los clérigos no podían ejercer la medicina. Muchos enfermos tras ser operados practicaban la mendicidad y solían exhibir el miembro amputado para inducir la compasión de las almas generosas. El Hospital de la Orden de San Antonio de Vienne, ya bien avanzado el siglo XVII, poseía una abundante colección de miembros, unos blanqueados y otros ennegrecidos, recuerdo de los enfermos que ahí habían recibido asistencia y que los depositaban allí como exvotos.




Bibliografía




Ciaconi A, Lenzi E. (1975) L’Ordine Ospedaliero dei Cavalieri del Tau. Rivista di Storia della Medicina I, 98-111, p. 110.



miércoles, 1 de febrero de 2017

Ergotismo (I): El "Mal de San Marçal" en las Cantigas de Alfonso X






Cantigas en loor de Santa María
(Cantiga 91)

Miniatura Códice Rico
Biblioteca del Real Monasterio del Escorial




El rey castellano Alfonso X recogió un grupo de poemas llamados cantigas, ya que estaban musicados y eran cantados por los juglares a lo largo del camino de Santiago y en las romerías marianas. El tema común de estos poemas es la loanza de la Virgen relatando diversos milagros obrados por su intercesión. Las historias que allí se relatan nos dan una preciosa información sobre como era la vida y costumbres en el s. XIII. Y también de muchos aspectos médicos o epidemiológicos.  

En la Cantiga 91 por ejemplo, se cuenta una historia sucedida en el santuario de Soissons (Francia). Allí tuvo lugar una intoxicación masiva por consumo de centeno parasitado por el cornezuelo. Hoy conocemos a esta intoxicación como ergotismo, y en aquel momento era denominada "Mal de San Marçal" (en otros lugares "Mal de San Antonio"). 

"Por yerros que habían cometido, Dios les mandó para su castigo y confusión este fuego que llaman de San Marçal (...) y era de tal naturaleza aquel mal, como he sabido, que primero les tomaba un frío, y después se quemaban peor que con fuego (...) Porque los miembros se les caían, y de ninguna manera podían comer ni dormir, ni sostenerse en pie, y antes preferían ser muertos que sufrir tan descomunal dolor"

La aparición de la Virgen, que desciende del cielo envuelta en deslumbrante luz, produce la curación de estos enfermos, obrando así el milagro.  

Los juglares difundían las cantigas por calles y plazas
En el texto encontramos perfectamente descritos los síntomas de esta enfermedad, producida por la intoxicación por el cornezuelo de centeno. Se trata de un hongo parásito de este cereal (Claviceps purpurea), que se presenta con el aspecto de un pequeño cuerno negruzco en las espigas de centeno. El pan oscuro, de centeno, era el principal alimento de las clases populares (el pan blanco de trigo solía ser privilegio de los caballeros) y la parasitación por cornezuelo estaba muy extendida. Al moler el cornezuelo se origina un polvillo rojizo, que pasaba desapercibido al mezclarse con la harina oscura del centeno. El alcaloide responsable de esta intoxicación era la ergotamina (de la que deriva el ácido lisérgico), que producía alucinaciones, convulsiones y vasoconstricción arterial que podía conducir a la necrosis de los tejidos y aparición de gangrena en las extremidades. La ergotina fue luego usada farmacológicamente, para detener las hemorragias del parto, dando lugar a un floreciente comercio.

Tenemos referencias de diversas epidemias de ergotismo, documentadas desde el s. IX al XVII, y que coincidían con malas cosechas y períodos de hambre, en los que los campesinos tenían una deficiente alimentación, probablemente basada solo en algunos mendrugos de pan negro contaminado. La última gran epidemia conocida de ergotismo en Europa tuvo lugar en Francia en 1951.


Espiga de centeno parasitada por el cornezuelo (Claviceps purpurea),
llamado así por crecer en forma de pequeños cuernos negruzcos. 

Probablemente, las causas que favorecieron los brotes epidémicos de ergotismo fueron por una parte, las altas condiciones de humedad de ciertas zonas y añadas, que propiciaron una masiva parasitación del centeno, y por otra parte, la amplia demanda de pan de centeno parasitado (y de gachas de este cereal, de muy alto consumo entre los campesinos medievales) por la carestía de trigo.

El cuadro clínico del ergotismo, fuego de San Marçal, o mal de San Antonio, podía presentarse de dos maneras:

Ergotismo agudo, caracterizado por fuertes convulsiones espasmódicas en ambas extremidades, crisis epilépticas y parestesias. Durante las crisis convulsivas, el enfermo se movía incontroladamente, como en otras patologías “danzantes” (mal de San Vito o corea . La causa de estas convulsiones está en la acción de la cornutina, que actúa sobre el sistema nervioso, pudiendo también causar alucinaciones. En estos casos, el afectado recibía el nombre de “contracto”, por las fuertes contracciones que padecía. Podría ser el caso de la cantiga 77, en la que aparece una mujer contreita de pes e manos, aunque también pudiera tratarse de una artritis reumatoide o de lesiones de lepra con afectación de los nervios periféricos.  En algunos casos podía sobrevenir la muerte por parálisis respiratoria.

Ergotismo crónico, caracterizado por una intensa vasoconstricción periférica. La enfermedad empezaba con un frío intenso y repentino en todas las extremidades para convertirse después en una sensación de quemazón aguda y por eso era también era conocida como mal de los ardientes. Esta sucesión de fenómenos la encontramos bien descrita en la cantiga 91. En ella se describe la sensación inicial de frío en las extremidades (por la intensa vasoconstricción) seguida después por la característica sensación de ardor.  También en la Cantiga 37, se describe un pie con gran ardor. La isquemia en piernas podía conducir a la gangrena, con trombosis o vasculopatías en órganos como orejas, nariz y dedos. Muchas víctimas lograban sobrevivir pero quedaban mutiladas: podían llegar a perder una o más extremidades. Tales mutilaciones propician ciertas confusiones o dudas diagnósticas entre las descripciones del fuego de San Marçal y la lepra (y todavía más en la época medieval ya que los cuadros clínicos todavía estaban muy mal definidos). Esta es la duda que nosotros mismos nos planteamos en el caso de la cantiga 83, en la que se describe una mujer con lesiones en la cara. Sin embargo, en general, los leprosos presentaban preferentemente estas secuelas en la cara (facies leonina), mientras que en el ergotismo eran más frecuentes las amputaciones en las extremidades. La gangrena en extremidades ocasionaba la necrosis del órgano afecto y la amputación del mismo. A estos enfermos se les llamaba desmembrados o stropiat . El dolor que experimentaban debían de ser muy intenso, como atestigua la cantiga 131 encontramos descripciones parecidas. Tan intenso era el dolor que a veces se usaba como una terrible maldición. Así, Rabelais hace exclamar a Gargantúa: 
Mal fuego de San Antonio le queme la tripa cular al orfebre que las hizo y a la doncella que las llevaba” (Gargantúa, cap. XIII)
En todos los casos, el ergotismo se acompañaba de un síntoma común, la fiebre alta, acompañada de extrañas visiones y alucinaciones. Actualmente se han aislado entre los alcaloides de Claviceps purpurea sustancias afines a la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) que explican tales alucinaciones. Otros síntomas acompañantes del cuadro son sedación, hipotensión, vómitos, cefaleas, paraplejias, y ocasionales infartos de miocardio.
Ilustración de las Cantigas de Santa María.
En un Códice de las Cantigas de Santa María se puede ver ilustrada la Cantiga 91 con una miniatura en la que se pueden ver las amputaciones distales de los enfermos de ergotismo (Véase la ilustración que encabeza esta entrada) En otras Cantigas también encontramos otras alusiones a esta enfermedad, como en la Cantiga 37 relata el caso de un enfermo que tuvo que recurrir a la amputación de la extremidad. La cantiga 134 cuenta la de otro enfermo que fue sometido a la amputación de la pierna y que tras la intervención la fue a arrojar al río. En la cantiga 81 se refiere el caso de una mujer, ya que la enfermedad afectaba por igual a ambos sexos. También afectaba tanto a niños como a adultos (como se describe en la cantiga 53)



Texto de la Cantiga 91 
Como Santa María deceu do céo en ũa eigreja ante todos e guareceu quantos enfermos i jazían que ardían do fógo de San Marçal.


A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal,

tant' á en si gran vertud' | esperital.



E porên dizer-vos quéro

entr' estes miragres séus

outro mui grand' e mui féro

que esta Madre de Déus

fez, que non póden contradizer judéus

nen eréges, pero queiran dizer al.

A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal...




Aquest' avẽo en França,

non á i mui gran sazôn,

que os ómes por errança

que fezéran, déu entôn

Déus en eles por vendeita cofojôn

deste fógo que chaman de San Marçal.
A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal...





E braadand' e gemendo

fazían-s' entôn levar

a Saixôn lógo correndo

por sa saúd' i cobrar,

cuidand' en todas guisas i a sãar

pela Virgen, que aos coitados val.

A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal...




E éra de tal natura

aquel mal, com' aprendí,

que primeiro con frïúra

os fillava, e des i

queimava peior que fógo; e assí

sofrían del todos gran coita mortal.

A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal...




Ca os nembros lles caían,

e sól dormir nen comer

per nulla ren non podían

nen en séus pées s' erger,

e ante ja querrían mórtos seer

que sofrer door atán descomũal.

A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal...





Porend' ũa noit' avẽo

que lume lles pareceu

grande que do céo vẽo,

e lógu' entôn decendeu

Santa María, e a térra tremeu

quando chegou a Sennor celestial.
A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal...



E os ómees tal medo

ouvéron, que a fugir

se fillaron, e non quedo,

mais quanto podían ir;

e ela fez lóg' os enfermos guarir
como Sennor que ennas coitas non fal
A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal...





A quena chama, fïando

no séu pïadoso ben,

ca ela sempre ven quando

entende que lle convên.

Porend' a esses enfermos nulla ren

non leixou do fógo, nen sól un sinal.
A Virgen nos dá saúd' | e tólle mal...





Bibliografía


Galicia agraria. El cornezuelo del centeno, una historia alucinante 


Ortiz de Zárate J (1987) La manía danzante, el fuego de San Antonio, la locura epidémica y el ergotismo. Rev. Neurol. Argentina  1987 (13) 268-76; p. 270.


Morán Suárez I. El fuego de San Antonio: Estudio del ergotismo en la pintura del Bosco. Asclepio XLVIII, 2, 1996.

Romaní J, Sierra X, Casson A. Análisis de la enfermedad dermatológica en 8 Cantigas de Santa María del Rey Alfonso X el Sabio. Parte I: Introducción, el monje resucitado "lac virginis", el ergotismo y la lepra. Actas Dermosif 2016:107 (7): 572-576

Sierra X. Lírica galaicoportuguesa medieval. Col·lecció Camí del Sorral. Associació de Relataires en Català. Barcelona, 2013 Descarga gratuita en pdf: http://www.bubok.es/libros/223185/Lirica-Galaicoportuguesa-Medieval