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lunes, 16 de mayo de 2022

Médicos contra el progreso técnico

versió catalana | versión española






Luis Jiménez Aranda 

La visita al Hospital (detalle)

(1889)

Óleo sobre lienzo 
290 x 445 cm
Museo del Prado. Madrid




No siempre el progreso técnico ha sido acogido con entusiasmo por los médicos. Generalmente todo progreso, todo cambio, ha generado recelos, motivados tal vez por la inercia, la resistencia a cambiar la manera de hacer que era habitual hasta entonces. 

Incluso en el s. XVI el conocimiento anatómico del cuerpo humano, que derivó sobre todo de las disecciones de cadáveres y que fue maravillosamente expuesto por Vesalio en su libro De humanis corporis fabrica, interesó más a los artistas como Miguel Ángel, Leonardo, Rafael que a los propios médicos, aferrados a las ideas de Galeno (s. II) y a la teoría humoral. 

Cuando en el s. XIX se descubrieron las bacterias y se elaboró la teoría microbiana o germinal —la visión de que las enfermedades infecciosas son causadas por ciertos microorganismos y de que no te puedes contagiar sin la presencia de esos gérmenes— no tuvo el éxito instantáneo que quizás uno imaginaría. 

Durante siglos había predominado la creencia que los males estaban producidos por un desequilibrio humoral en nuestros cuerpos o el resultado de algunas condiciones locales, como contaminación en el aire. Por eso, la idea de que todo fuera causado por pequeños microbios específicos era difícil de aceptar por algunos. 



Dibujo satírico inglés sobre las exploraciones sin aparatos. Wellcome collection. 


Y todavía más difícil de aceptar era que los médicos necesitaran consultar los resultados de un laboratorio sobre la identidad de las enfermedades antes de hacer un diagnóstico final. La idea de que las enfermedades estuvieran causadas pequeños microbios invisibles era inconcebible, y a veces los en los laboratorios trabajaba personal auxiliar que ni siquiera era médico! 

Esta era por ejemplo, la opinión del célebre cirujano abdominal escocés Lawson Tait (1845-1899), muy popular en Birmingham, en donde hacía gran número de operaciones quirúrgicas. Era enemigo declarado de la teoría microbiana de las enfermedades infecciosas y también de los laboratorios bacteriológicos.  En la década de 1890 declaraba: 

"La verdadera causa de la fiebre tifoidea no es un microbio, sino las terribles condiciones de vida de los pobres... El laboratorio falla por completo"

Y sobre la teoría germinal:  

"una doctrina asombrosa para alguien que tiene la costumbre de abrir el peritoneo diez, doce, quince veces por semana sin la menor consideración a la presencia o ausencia de gérmenes y sin la más mínima precaución para su destrucción". 



El laboratorio era mal visto por ciertos médicos.

 

Tait opinaba que "la vida" era el antiséptico más perfecto que tenemos y insistía en la idea de la escasa fiabilidad del laboratorio:  

"este hecho primordial es el que hace que todos los 'cultivos' y todos los experimentos de laboratorio fallen absolutamente en la obtención de resultados que puedan aplicarse con seguridad al ser vivo, particularmente al hombre".

Muchos médicos del s. XIX sentían que su histórico y honorable arte estaba siendo rechazado como si fuera meramente eso: arte, no ciencia. Estaban acostumbrados a tomar el pulso, observar la orina, oler las heces, auscultar directamente a la espalda del enfermo. Y ahora veían como se iban introduciendo aparatos técnicos en las exploraciones.



El laboratorio era visto con reticencia por ciertos médicos.
Aparato de Kipp, para realizar vaporizaciones (1900). 
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC)

Los principales avances que ellos veían con reticencia eran: 

  • Los hombres de laboratorio (tanto bacteriólogos como fisiólogos experimentales)
  • Los defensores de las especialidades médicas (un grupo claramente de mente estrecha, en comparación con generalistas como ellos)
  • Los médicos que promovían los instrumentos en el diagnóstico, como el termómetro, o incluso el microscopio, que creían que podían inducir a error al médico.
Este rechazo era mayor en los médicos anglosajones (Inglaterra y Reino Unido) que desconfiaban sobre todo de los investigadores franceses y alemanes. En París, por ejemplo, la medicina clínica había adoptado definitivamente el estetoscopio de Laennec como el principal instrumento principal para explorar el interior del cuerpo de un paciente vivo, pero los médicos en Londres todavía preferían usar las orejas directamente (sin estetoscopio) y el dedo. Su "ojo clínico" y su experiencia eran de vital importancia y no podían ser sustituídos por ningún instrumento. Lo mismo sucedió con otros instrumentos destinados a explorar el interior del cuerpo humano (laringoscopio, oftalmoscopio, otoscopio,  colposcopio, cistoscopio...) 



Estuche con dos colposcopios de vidrio.
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC)


En 1847, un obstetra húngaro, Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865) propuso lavarse las manos y sumergirlas en una solución de hipoclorito cálcico. Con solamente esta medida, disminuyó drásticamente la mortalidad por  fiebre puerperal en la Allgemeines Krankenhaus de la ciudad de Viena, donde trabajaba (menos del 1% que la incidencia anterior).  En 1861 publicó sus resultados en su obra De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal. 



Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865) 


Sin embargo, no todos los médicos vieron con buenos ojos las propuestas de Semmelweiss, y muchos incluso se negaron a esta medida, sintiéndose ofendidos por la sugerencia de que ellos eran responsables de la muerte de las embarazadas por no lavarse adecuadamente las manos antes de atender a sus pacientes. Solo y marginado, Semmelweiss acabó ingresando en una institución mental, a los 47 años y murió a las dos semanas de su ingreso, probablemente a consecuencia de una paliza de los guardianes del centro. 

El 16 de octubre de 1846, ante un nutrido público médico, William Morton realizó la primera demostración de anestesia. Con la introducción de la anestesia se abrían las puertas a un desarrollo mucho mayor de la cirugía, que vivió un tiempo de gran desarrollo. 



Hinckley: La primera anestesia con éter. 1882.

Sin embargo, tampoco todos los médicos fueron partidarios de la anestesia. Algunos lo veían como una amenaza para su prestigio. Antes de la anestesia, las intervenciones quirúrgicas tenían que ser muy rápidas, y el cirujano más ágil era el más cotizado. Ahora, esta rapidez ya no era necesaria. Además, muchos de ellos, defendían que el dolor tenía una gran importancia. Suprimir el dolor era suprimir un signo de gran importancia clínica. 

Además el dolor había sido ensalzado por muchos pensadores cristianos. Así, el obispo francés Bossuet (1627-1704) afirmaba: 

"Cuando Dios nos prueba con enfermedades, nuestro sufrimiento alcanza el valor de martirio" 

 

Cornelius Janssen (1585-1638), el fundador del jansenismo, declaraba por su parte: 
El enfermo es un penitente. 
El sufrimiento de la carne fortalece el espíritu" 

y Blaise  Pascal (1623-1662) llegó a decir: 

“La enfermedad es el estado natural del cristiano"

 


Armand Velpeau (1795-1867)

Figuras médicas destacadas como Velpeau y Cabanis se posicionaron contra la introducción de los analgésicos y anestésicos, porque consideraban que experimentar dolor era necesario. Esta  concepción, que nos parece inconcebible a los ojos de la Medicina actual, estaba basada en una hegemónica concepción cristiana del pensamiento médico decimonónico, aunque también encontraba su apoyo en el vitalismo, que consideraba al dolor como una reacción del organismo, que era necesaria para obtener la curación.   

Pero en los países de habla inglesa hubo una destacada excepción, William Osler (1849-1919), un médico que demostró que la medicina podía y debía ser a la vez un arte y una ciencia, y a quien dedicaremos una próxima entrada del blog. 


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Metges contra el progrés tècnic





Luis Jiménez Aranda 

La visita a l'Hospital (detall)

(1889)

Oli sobre tela 
290 x 445 cm
Museo del Prado. Madrid



El progrés tècnic no sempre ha estat acollit amb entusiasme pels metges. Generalment tot progrés, tot canvi, ha generat recels, motivats probablement per la inèrcia, la resistència a canviar la manera de fer que era habitual fins aleshores.

Fins i tot al s. XVI el coneixement anatòmic del cos humà, que va derivar sobretot de les disseccions de cadàvers i que va ser exposat meravellosament per Vesalio al seu llibre De humanis corporis fabrica, va interessar més a artistes com Miguel Ángel, Leonardo, Rafael que als mateixos metges, aferrats a les idees de Galeno (s. II) i a la teoria humoral. 

Quan al s. XIX es van descobrir els bacteris i es va elaborar la teoria microbiana o germinal —la visió que les malalties infeccioses són causades per certs microorganismes i que no et pots contagiar sense la presència d'aquests gèrmens— no va tenir l'èxit instantani que potser hom imaginaria.

Durant segles havia predominat la creença que els mals estaven produïts per un desequilibri humoral als nostres cossos o pel resultat d'algunes condicions locals, com ara la contaminació de l'aire. Per això, no tothom acceptava la idea que tot fos causat per petits microbis específics.



Dibuix satíric anglès sobre les exploracions sense aparells. Wellcome collection. 


I encara era més difícil acceptar que els metges necessitessin consultar els resultats d'un laboratori sobre la identitat de les malalties abans de fer-ne un diagnòstic final. La idea que les malalties estiguessin causades per petits microbis invisibles era inconcebible, i de vegades als laboratoris hi treballava personal auxiliar que ni tan sols era metge! 

Aquesta era, per exemple, l'opinió del cèlebre cirurgià abdominal escocès Lawson Tait (1845-1899), molt popular a Birmingham, on feia un gran nombre d'operacions quirúrgiques. Era enemic declarat de la teoria microbiana de les malalties infeccioses i també dels laboratoris bacteriològics. A la dècada de 1890 declarava:

"La veritable causa de la febre tifoide no és un microbi, sinó les terribles condicions de vida dels pobres... El laboratori falla del tot".

I sobre la teoria germinal:

"una doctrina sorprenent per a algú que té el costum d'obrir el peritoneu deu, dotze, quinze vegades per setmana sense la menor consideració a la presència o absència de gèrmens i sense la precaució més mínima per a la seva destrucció". 



El laboratori era mal vist per alguns metges.

 

Tait opinava que la vida era l'antisèptic més perfecte que tenim i insistia en la idea de l'escassa fiabilitat del laboratori:

"aquest fet primordial és el que fa que tots els 'cultius' i tots els experiments de laboratori fallin absolutament en l'obtenció de resultats que puguin aplicar-se amb seguretat en l’ésser viu, particularment en l'home".

Molts metges del s. XIX sentien que el seu històric i honorable art estava sent rebutjat com si fos merament això: art, no ciència. Estaven acostumats a prendre el pols, observar l'orina, olorar la femta, auscultar directament l'esquena del malalt. I ara veien com s'anaven introduint aparells tècnics a les exploracions.



El laboratori era vist amb reticència per alguns metges.
Aparell de Kipp, per a realitzar vaporitzacions (1900). 
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC)

Els principals avenços que ells veien amb reticència eren:

• Els homes de laboratori (tant bacteriòlegs com fisiòlegs experimentals)

• Els defensors de les especialitats mèdiques (un grup clarament de ment estreta, en comparació amb generalistes com ells)

• Els metges que promovien els instruments en el diagnòstic, com ara el termòmetre, o fins i tot el microscopi, que creien que podien induir al metge a l’error.

Aquest rebuig era més gran en els metges anglosaxons (Regne Unit) que desconfiaven sobretot dels investigadors francesos i alemanys. A París, per exemple, la medicina clínica havia adoptat definitivament l'estetoscopi de Laennec com a principal instrument per explorar l'interior del cos d'un pacient viu, però els metges a Londres encara preferien fer servir les orelles directament (sense estetoscopi) i el dit. El seu “ull clínic” i la seva experiència eren de vital importància i no podien ser substituïts per cap instrument. El mateix va passar amb altres instruments destinats a explorar l'interior del cos humà (laringoscopi, oftalmoscopi, otoscopi, colposcopi, cistoscopi...)



Estoig amb dos colposcopis de vidre.
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC)

El 1847, un obstetra hongarès, Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865) va proposar rentar-se les mans i submergir-les en una solució d'hipoclorit càlcic. Només amb aquesta mesura, va disminuir dràsticament la mortalitat per febre puerperal a l'Allgemeines Krankenhaus de la ciutat de Viena, on treballava (menys de l'1% que la incidència anterior). El 1861 va publicar els seus resultats a la seva obra De l'etiologia, el concepte i la profilaxi de la febre puerperal.



Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865) 


Tot i això, no tots els metges van veure amb bons ulls les propostes de Semmelweiss, i molts d’ells fins i tot es van negar a aquesta mesura, sentint-se ofesos pel suggeriment de que ells eren responsables de la mort de les embarassades per no rentar-se adequadament les mans abans d'atendre els seus pacients. Sol i marginat, Semmelweiss va acabar ingressant en una institució mental, als 47 anys i va morir dues setmanes després del seu ingrés, probablement a conseqüència d'una pallissa dels guardians del centre.

El 16 d'octubre del 1846 davant d'un públic mèdic nombrós, William Morton va realitzar la primera demostració d'anestèsia. Amb la introducció de l'anestèsia s'obrien les portes a un desenvolupament molt més gran de la cirurgia, que va viure una època d’un gran desenvolupament.



Hinckley: La primera anestèsia amb éter. 1882.


Però tampoc tots els metges eren partidaris de l'anestèsia. Algunos la veien com una amenaça pel seu prestigi. Abans de l'anestèsia, les intervencions quirúrgiques havien de ser molt ràpides, i el cirurgià més àgil era el més cotitzat. Ara aquesta rapidesa ja no calia. A més, molts d'ells defensaven que el dolor tenia una gran importància. Suprimir el dolor era suprimir un signe de gran importància clínica. 

A més, el dolor havia estat lloat per molts pensadors cristians. Així, el bisbe francès Bossuet (1627-1704) afirmava: 

"Quan Déu ens prova amb malalties, el nostre patiment pren el valor de martiri "  
Cornelius Janssen (1585-1638), el fundador del jansenisme, declarava: 
El malalt és un penitent. El patiment de la carn enforteix l'esperit" 
i Blaise  Pascal (1623-1662) va arribar a dir:  

“La malaltia és l'estat natural del cristià"


Armand Velpeau (1795-1867)


Figures mèdiques destacades com Velpeau i Cabanis es van posicionar contra la introducció dels analgèsics i anestèsics, perquè consideraven que experimentar dolor era necessari. Aquesta  concepció, que ens sembla inconcebible als ulls de la Medicina actual, estava basada en una hegemònica concepció cristiana del pensament mèdic decimonònic, tot i que també hi trobava suport en el vitalisme, que considerava el dolor com una reacció de l'organisme, del tot necessària per a obtenir la curació.   

Però en els països de parla anglesa hi va haver una destacada excepció, William Osler (1849-1919), un metge que va demostrar que la medicina podia i havia de ser al mateix temps un art i una ciència, i a qui dedicarem una propera entrada del blog. 

lunes, 9 de mayo de 2022

Microbios como una atracción de feria

versió catalana | versión española



 


"Les invisibles"
Cartel publicitario 

(1883) 

Papel impreso 116 x 85 cm
Bibliothèque Nationale de France
París   




En 1883 el espectáculo "Los invisibles" tuvo un gran éxito en el Théatre des Menus-Plaisirs, de París. El "microscopio gigante eléctrico" permitía aumentar y proyectar en la pantalla la preparación microscópica que se encontraba bajo la lente. 

Ante un público que se debatía entre la atracción por lo desconocido y la repulsión al tomar consciencia de la gran cantidad de microorganismos que poblaban el mundo,  un comentarista iba ilustrando la procedencia de los minúsculos organismos, encontrados en plantas, cristales, minerales, insectos o animales, así como algunos procedentes de secreciones corporales humanas. 

Aunque el descubrimiento de los microbios fue una de las primeras aportaciones del microscopio, y ya habían sido descritas por el inventor de este instrumento, Anton van Leeuwenhoeck (1676) que les dio el nombre de animálculos, este progreso tardó mucho en ser percibido por el gran público. 

No fue hasta 1828 cuando Christian G. Ehrenberg les dio el nombre de bacterias (etimológicamente deriva del griego βακτήριον, bacterion, que significa bastón pequeño). Aunque no todos adoptaron esta denominación. En 1850 todavía se usaba mayoritariamente la denominación de animálculos.   

La existencia de los microorganismos patógenos era todavía motivo de debate. En 1835 Agostino Basi había demostrado que una enfermedad de los gusanos de seda estaba producida por microorganismos. A partir de esta constatación lanzó la idea de que muchas enfermedades humanas como el tifus o la sífilis podrían también ser causadas por bacterias. 

Las bacterias habían sido motivo de investigaciones recientes. Si bien la descripción de hongos patógenos fue el primero de los descubrimientos de los gérmenes microscópicos productores de enfermedad (Schönlein y Remak, 1842), el mundo de las bacterias patógenas era coetáneo al espectáculo. Hacía pocos años que se habían descrito las primeras bacterias patógenas (el primer bacilo, Bacillus anthracis había sido motivo de varios descubrimientos entre 1871-1881; Hansen describe Mycobacterium leprae en 1873). Y Robert Koch no publicó las primeras fotografías de bacterias causantes de enfermedad hasta 1876. 

En realidad la bacteriología no nació hasta 1873, cuando Cohn formuló un esquema para la clasificación taxonómica de las bacterias, en Untersuchungen über Bacterien [Estudios sobre bacterias, 1872] y Neue Untersuchungen über Bakterien [Nuevos estudios sobre bacterias, Bonn, 1872-1875] y descubrió las endosporas. 

Louis Pasteur y Robert Koch, contemporáneos de Cohn, son considerados como los padres de la microbiología​Pasteur demostró en 1859 -en una serie de conocidos experimentos diseñados para refutar la teoría de la generación espontánea, entonces predominante- que los procesos de fermentación eran causados por el crecimiento de microorganismos. Consolidó así la microbiología como una ciencia biológica.  


Robert Koch realizó las primeras fotografías de bacterias. 
Bacillus anthracis, 1876. 


Koch identificó algunas bacterias como la causa de enfermedades infecciosas —como el cólera, el carbunco y la tuberculosisprobando que enfermedades concretas eran causadas por microorganismos patógenos específicos. 

Pero todos estos progresos no siempre llegaron rápido a la mayoría de la gente, que en 1883 se seguía maravillando de espectáculos como "Los invisibles". 

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Microbis com una atracció de fira



 

"Les invisibles"
Cartell publicitari 

(1883) 

Paper imprès 116 x 85 cm
Bibliothèque Nationale de France
París   



L’any 1883 l'espectacle "Els invisibles" al Théatre des Menus-Plaisirs de París va tenir molt èxit. El "microscopi gegant elèctric" permetia augmentar i projectar a la pantalla la preparació microscòpica que es trobava sota la lent.

Davant d'un públic que es debatia entre l'atracció per allò desconegut i la repulsió en prendre consciència de la gran quantitat de microorganismes que poblaven el món, un comentarista anava il·lustrant la procedència dels minúsculs organismes, trobats en plantes, vidres, minerals, insectes o animals, així com d’altres procedents de secrecions corporals humanes.

El descobriment dels microbis va ser una de les primeres aportacions del microscopi, i ja s’havia descrit per l'inventor d'aquest instrument, Anton van Leeuwenhoeck (1676) que els va donar el nom d'animàlculs. Però aquest progrés va trigar molt a ser percebut pel gran públic.

No va ser fins l’any 1828 quan Christian G. Ehrenberg els va donar el nom de bacteris (etimològicament deriva del grec βακτήριον, bacterion, que significa bastó petit), tot i que no tots van adoptar aquesta denominació. El 1850 encara s'utilitzava majoritàriament la denominació d'animàlculs.

L'existència dels microorganismes patògens encara era motiu de debat. El 1835 Agostino Basi havia demostrat que una malaltia dels cucs de seda estava produïda per microorganismes. A partir d'aquesta constatació va llançar la idea que moltes malalties humanes com el tifus o la sífilis també podrien ser causades per bacteris.

Els bacteris havien estat motiu d’investigacions recents. Si bé la descripció de fongs patògens va ser el primer descobriment dels gèrmens microscòpics productors de malaltia (Schönlein i Remak, 1842), el món dels bacteris patògens era coetani a l'espectacle. Feia pocs anys que s'havien descrit els primers bacteris patògens (el primer bacil, Bacillus anthracis havia estat motiu de diversos descobriments entre 1871-1881; Hansen descriu Mycobacterium leprae el 1873). I Robert Koch no va publicar les primeres fotografies de bacteris causants de malaltia fins el 1876.

En realitat la bacteriologia no va néixer fins el 1873, quan Cohn va formular un esquema per a la classificació taxonòmica dels bacteris, a Untersuchungen über Bacterien [Estudis sobre bacteris, 1872] i Neue Untersuchungen über Bakterien [Nous estudis sobre bacteris, Bonn, 1872-1875] i va descobrir les endòspores.

Louis Pasteur i Robert Koch, contemporanis de Cohn, són considerats com els pares de la microbiologia. Pasteur va demostrar el 1859 -en una sèrie d’experiments coneguts dissenyats per refutar la teoria de la generació espontània, aleshores predominant- que els processos de fermentació eren causats pel creixement de microorganismes. Va consolidar així la microbiologia com una ciència biològica.


Robert Koch va fer les primeres fotografies de bacteris. 
Bacillus anthracis, 1876. 


Koch va identificar alguns bacteris com la causa de malalties infeccioses —com el còlera, el carboncle i la tuberculosi— provant que malalties concretes eren causades per microorganismes patògens específics.

Però tots aquests progressos no sempre van arribar ràpid a la majoria de la gent, que el 1883 se seguia meravellant d'espectacles com “Els invisibles”.

lunes, 26 de julio de 2021

Bacterias fósiles de hace 3.420 millones de años

 versió catalana | versión española







Barbara Cavalazzi

Filamentos de paleoarqueas 
en una roca fósil

(2021) 

Fotografía al microscopio óptico
Publicada en la revista  Science Advances


Los científicos siguen planteándose cómo apareció la vida en nuestro planeta.  La hipótesis más aceptada actualmente es que se originó cerca de fuentes hidrotermales en las profundidades marinas, un medio rico en elementos orgánicos, en el que seres primitivos como arqueas y bacterias proliferarían fácilmente. Ahora, un nuevo descubrimiento en África del Sur, publicado en la revista Science Advances ha hallado microbios fósiles corroborando que en este ambiente se desarrollaron múltiples formas de vida microbiana hace 3.420 millones de años.  

Estos microbios fósiles se han descubierto en una roca verde de Barberton (Sudáfrica, cerca de la frontera con Mozambique). Estra región conserva las rocas sedimentarias más antiguas y mejor conservadas de la Tierra. Hace 3.420 millones de años, esta roca formaba parte de una vena hidrotermal, una grieta calentada por el magma, que se hundía en el fondo marino. El equipo de científicos dirigido por Barbara Cavalazzi, de la Universidad de Bolonia, afirma haber descubierto en ella filamentos de microbios productores de metano, según el artículo publicado en Science Advances

Los científicos observaron finos cortes de esta roca al microscopio y luego los analizaron mediante microespectrometría para analizar la composición química de las muestras. Los elementos estudiados contenían la mayor parte de los elementos necesarios para la vida, con una vaina externa rica en carbono. También encontraron níquel, lo que las aproxinma a un tipo de microbios actuales productores de metano: las arqueas.  En otras entradas de este blog nos hemos referido a las arqueas, un tipo de elementos unicelulares que forman uno de los tres dominios de la vida microscópica, junto con las bacterias y las células eucariotas (1, 2, 3, 4, 5). Precisamente la hipótesis más comúnmente aceptada es que las células eucariotas surgieron de una simbiosis entre una arquea y una bacteria. 

Naturalmente es difícil afirmar categóricamente que los filamentos encontrados en Sudáfrica son bacterias fósiles. Pero numerosos indicios apuntan en esta dirección. Otros estudios han señalado que las chimeneas hidrotermales presentan las condiciones de temperatura y de concentración de elementos orgánicos esenciales para el desarrollo de la vida, como es el caso de los aminoácidos. 

La otra gran hipótesis para explicar el origen de la vida en la Tierra es la de la panespermia, que propone que los precursores de las moléculas biológicas llegaron a nuestro planeta transportadas por los meteoritos y por los cometas, ya que también se ha podido constatar que los elementos bioquímicos esenciales  para el desarrollo de la vida pueden haberse sintetizado en el espacio.

 



Bacteris fòssils de fa 3.420 milions d'anys






Barbara Cavalazzi

Filaments de paleoarquees 
en una roca fòssil

(2021) 

Fotografia al microscopi óptic
Publicada a la revista  Science Advances


Els científics segueixen plantejant-se com va aparèixer la vida al nostre planeta. La hipòtesi més acceptada actualment és que es va originar al voltant de fonts hidrotermals a les profunditats marines, un mitjà ric en elements orgànics, en el què éssers primitius com arqueobacteris i bacteris podien proliferar fàcilment. Ara, un nou descobriment a l'Àfrica de Sud, publicat a la revista Science Advances ha trobat microbis fòssils corroborant que en aquest ambient es van desenvolupar múltiples formes de vida microbiana fa 3.420 milions d'anys.

Aquests microbis fòssils s'han descobert en una roca verda de Barberton (Sudàfrica, prop de la frontera amb Moçambic). Aquesta regió conserva les roques sedimentàries més antigues i més ben conservades de la Terra. Fa 3.420 milions d'anys, aquesta roca formava part d'una vena hidrotermal, una esquerda escalfada pel magma, que s'enfonsava en el fons marí. L'equip de científics dirigit per Barbara Cavalazzi, de la Universitat de Bolonya, afirma haver-hi descobert filaments de microbis productors de metà, segons l'article publicat a Science Advances.

Els científics van observar talls fins d'aquesta roca al microscopi i després els van analitzar mitjançant microespectrometria per estudiar la composició química de les mostres. Els elements analitzats contenien la major part dels elements necessaris per a la vida, amb una beina externa rica en carboni. També hi van trobar níquel, el que les aproximaria a un tipus de microbis actuals productors de metà: els arqueobacteris del gènere Archaea. En altres entrades d'aquest bloc ens hem referit a les arquees, un tipus d'elements unicel·lulars que formen un dels tres dominis de la vida microscòpica, juntament amb els bacteris i les cèl·lules eucariotes (1, 2, 3, 4, 5). Precisament la hipòtesi més acceptada comunament és que les cèl·lules eucariotes van sorgir d'una simbiosi entre una Archaea i un bacteri. 

Naturalment és difícil afirmar categòricament que els filaments trobats a Sudàfrica són arqueobacteris fòssils, però nombrosos indicis apunten en aquesta direcció. Altres estudis han assenyalat que les xemeneies hidrotermals presenten les condicions de temperatura i de concentració d'elements orgànics essencials per al desenvolupament de la vida, com és el cas dels aminoàcids.

L'altra gran hipòtesi per explicar l'origen de la vida a la Terra és la de la panespèrmia, que proposa que els precursors de les molècules biològiques van arribar al nostre planeta transportades pels meteorits i pels estels, ja que també s'ha pogut constatar que els elements bioquímics essencials per al desenvolupament de la vida poden haver-se sintetitzat en l'espai.


jueves, 10 de diciembre de 2020

Gustav Klimt y la embriología






Gustav Klimt

Dánae 
(1907)

Pintura al óleo y lienzo.
(77 x 83 cm) 
Leopoldmuseum. Viena



Uno de los objetivos de este blog es, como es sabido, buscar la interrelación entre arte y medicina. Y uno de los aspectos más interesantes es como el conocimiento científico ha influído en la obra de algunos artistas. El comentario de hoy me ha sido sugerido por el Dr. Dídac Miró, compañero de mi promoción de la Facultad de Medicina, que me ha revelado algunos aspectos muy interesantes sobre la obra de Gustav Klimt, y a quien agradezco desde aquí su colaboración y que sea uno de los más fieles lectores del blog "Un dermatólogo en el museo". 

Gustav Klimt (1862 – 1918) fue un célebre pintor simbolista austríaco, uno de los más destacados del movimiento modernista de la Wiener Sezession. Su estilo, muy ornamentado se centra frecuentemente en la figura femenina, elaborando un complejo discurso entre la represión, la libertad, la feminidad y el erotismo, en la que puede entreverse la influencia del pensamiento de su conciudadano y coetáneo, el neurólogo y psicoanalista Sigmund Freud (1856-1939).

Uno de los más famosos cuadros de Klimt es Dánae, un tema mitológico que fue muy representado como símbolo entre el amor divino y la trascendencia. Artistas como Tiziano, Gentileschi  y Rembrandt le dedicaron algunas de sus obras.  

En la mitología, Dánae (en griego Δανάη, 'sedienta'), era la hija de Acrisio, rey de Argos. Un oráculo había advertido al monarca que moriría a manos del hijo de su hija. Intentando esquivar el fatal destino, Acrisio decidió encerrar a Dánae en una torre de bronce. Pero el lascivo Zeus, que deseaba a la hermosa joven, se transformó en una lluvia de oro para unirse a ella y fecundarla. En el cuadro de Klimt, este hecho es representado por el torrente de monedas y filigranas de oro que fluye entre las piernas de la muchacha, mientras la expresión de la cara con los ojos entornados y la boca entreabierta revela el intenso orgasmo que la cópula divina le produce. 

El cuadro de Klimt es pues un canto a la fertilización. Dánae aparece sensualmente enroscada, retorcida de placer. La larga y provocativa cabellera pelirroja contribuye a aumentar todavía más la carga sensual de la escena. Los contornos distorsionados del cuerpo, con sus exuberantes muslos hacen que el observador pueda casi percibir el gemido de placer de la princesa. Pero la joven aparece encerrada en sí misma, disfrutando su placer ajena a todo lo que sucede a su alrededor. Es un placer personal, casi solitario, en el que el elemento masculino casi ni aparece, y se reduce a un pequeño rectángulo negro simbólico frente a su vulva, en medio de la desbocada corriente de oro. Karl Kraus, un especialista en Klimt, destaca: 
"La lluvia dorada que se desliza en el cuerpo transformado de Dánae da a este antiguo motivo algo sagrado, como si hubiera trascendido este mundo. Consigue lo que una pareja masculina nunca podría hacer: transformar la carne en una obra de arte. El erotismo se convierte en un icono. La obra representa la feminidad completamente autónoma".
Merece la pena fijarnos en la postura de Dánae. Una posición que aumenta el fuerte erotismo que quiere transmitir la obra, pero que a la vez anticipa la postura fetal del fruto del mítico apareamiento, y evoca la gravidez producida por la lluvia de oro, el embarazo tan temido por Acrisio. Efectivamente Dánae quedó embarazada tras esta visita de Zeus y alumbró a Perseo. A pesar que Acrisio montó en cólera y los expulsó de palacio, Zeus los protegió y más tarde Perseo se convirtió en el héroe que decapitó a la Medusa y el que rescató a Andrómeda. 

Por cierto que, años más tarde Acrisio asistió a unos juegos, en los que sin saberlo, participaba Perseo. Cuando éste último lanzaba el disco, un fuerte viento lo desvió golpeando accidentalmente a Acrisio en la cabeza y matándolo. El viejo rey murió pues por el disco que había lanzado su nieto. Nadie puede escapar de su destino, que siempre acaba cumpliéndose.  

Pero volvamos a la obra de Klimt. Como hemos visto, el cuadro es un canto al erotismo y a la fecundación. El cuerpo curvilíneo de Dánae aparece medio envuelto en un velo de púrpura real símbolo de su linaje real, una tela estampada con unas formas redondeadas de color dorado. A primera vista, pueden pasar por elementos meramente decorativos, tan habituales en la pintura de Klimt, pero en realidad tienen un profundo significado biológico. 

Estas formas más o menos esféricas toman la forma de un blastocisto, el estado temprano del desarrollo embrionario de los mamíferos. Después de que el espermatozoide ha fecundado el óvulo se forma el zigoto y empieza la división celular dando lugar al blastocisto. Un blastocisto es un embrión de 5 o 6 días de desarrollo tras la fecundación. Se trata de un estadio del desarrollo del embrión previo a su implantación en el útero. En la fase de blastocisto, el embrión presenta una estructura celular compleja formada por aproximadamente 200 células; lo forman las células del trofoectodermo, que formarán la placenta, y las células de masa celular interna que formarán el feto. Además, presenta una cavidad central llena de un líquido denominado blastocele, y todo el conjunto descansa sobre una capa protectora llamada zona pelúcida.



Fotografía de un blastocisto

Adjuntamos una imagen comparativa entre los blastocistos y las formas alusivas pintadas por Klimt. 



Detalle de las decoraciones del manto de Dánae en la obra de Klimt (arriba). 
Compárese con el esquema de un blastocisto (abajo). 




Pero para representar un blastocisto como símbolo de la fecundación se necesita un cierto conocimiento embriológico. Aunque los blastocistos eran bien conocidos en aquel momento ya que habían sido descritos por August Raubert y Rudolph Leukart en 1880, no eran bien conocidos por el público en general, y sorprende tal conocimiento en un pintor. Por esto podemos estar tentados a atribuir a una mera coincidencia las formas representadas en el manto de Dánae. Incluso algunos críticos, como Florman, creen ver en las formas realizadas por Klimt una cierta influencia del arte micénico. 


Vilma Lwoff-Parlaghy: Retrato de Bertha Szeps-Zuckerkandl (1886)


Sin embargo, no es así. En el fin de siècle Viena se había convertido en un hervidero de científicos, literatos y artistas, y los intercambios intelectuales eran frecuentes. Gustav Klimt asistía con frecuencia al famoso Salón literario de Bertha Szeps-Zuckerkandl (1864–1945), una activa crítica de arte, escritora y periodista. En las tertulias que organizaba en su casa se daba cita con frecuencia la élite artística y científica del país, con destacadas personalidades, como el arquitecto Otto Wagner (1841-1918), el escultor Auguste Rodin (1840-1917), o el compositor Gustav Mahler (1860-1911). El marido de Bertha era Emil Zuckerkandl (1849-1910) catedrático de Anatomía. Gustav Klimt sugirió a Emil que impartiera una serie de conferencias sobre biología y anatomía al grupo de amigos artistas, en las que cautivó a la audiencia al mostrar proyecciones con imágenes de secciones microscópicas de vasos sanguíneos, piel, células cerebrales y otros tejidos. 


Emil Zuckerkandl (1849-1910) 

Otro habitual de estas reuniones era el famoso embriólogo Hans Leo Przibram (1874-1944), fundador y director del Instituto de investigaciones biológicas Vivarium en el Prater Park de Viena, una de las instituciones más avanzadas en biología experimental en la Europa de la primera mitad del s. XXPrzibram fue uno de los primeros embriólogos en incorporar la química, las matemáticas y la biomecánica en sus explicaciones. Además era un notable escritor y artista. Sus dibujos se expusieron en la Sezession y colaboró con Ver Sacrum, la revista oficial del movimiento secesionista. 



Hans Leo Przibram (1874-1944)


La amistad de Klimt con Przibram y Zuckerkandl y las largas conversaciones y comentarios con ambos científicos introdujeron al pintor en el apasionante mundo de la biología, revelándole muchos aspectos del desarrollo embrionario. Klimt, que quería representar en su obra la fertilidad, aprovechó estos conocimientos para añadirle el elemento simbólico por antonomasia, la imagen del primitivo estadio embrionario. 

Por otra parte, el flujo de oro que corre por entre los muslos de Dánae es una alusión muy evidente a una eyaculación, con el torrente de espermatozoides de cabeza redondeada (monedas) y largo flagelo (las formas de cadenitas de oro alargadas, que algunos han interpretado también como cromosomas) 

Podemos decir así que en la pintura Dánae se representa el encuentro de Zeus y Dánae, por una parte, pero también la unión de ciencia y arte en la Viena de la Sezession


Gustav Klimt. El beso. 


Puede ser que los conocimientos de embriología también hayan sido insinuados por Klimt en otras de sus obras. Según nos comenta el Dr. Dídac Miró, muchos críticos también han interpretado en clave biológica las decoraciones presentes en otras pinturas del artista. En la que tal vez es su obras más emblemática, El beso, el vestido de la mujer está lleno de formas redondeadas que pudieran aludir a los óvulos. Un símbolo femenino que también repite, como un leit-motiv en otras obras como Serpientes de agua. En contraste, el cuerpo del varón estaría recubierto por rectángulos alargados que tal vez puedan representar espermatozoides de forma esquemática y simbólica. Si aceptamos esta interpretación, tal vez cobra un mayor sentido el pequeño rectángulo negro que hemos destacado ya en el cuadro de Dánae.  


Dibujo esquemático de un corte de un óvulo humano y de células
de la corona radiada post ovulación. Anatomía de Gray (1911)




Detalle de los círculos concéntricos y rectángulos alargados en El Beso.
Aluden a óvulos y espermatozoides?


Agradezco la colaboración, comentarios y búsqueda bibliográfica de esta entrada al Dr. Dídac Miró. 




Bibliografía

Ariño H. Gustav Klimt y el desarrollo embrionario. Bioillustra (blog). https://bioillustra.com/2018/06/10/gustav-klimt-y-el-desarrollo-embrionario/

Florman, L. Gustav Klimt and the Precedent of Ancient Greece. Art Bulletin 72, 310–326 (1990). (cit. por Gilbert y Brauckmann) 

Gilbert SF, Brauckmann S. (2011). Fertilization Narratives In The Art Of Gustav Klimt, Diego Rivera And Frida Kahlo: Repression, Domination And Eros Among Cells. Leonardo. Volume 44, Issue 3. 221-227. https://works.swarthmore.edu/fac-biology/158

Livingstone, MS. 
The Art and Science of Embarrassing Art. Smithsonian Magazine, March, 21  2012. https://www.smithsonianmag.com/history/the-art-and-science-of-embarrassing-art-162978657/