viernes, 25 de agosto de 2017

Cosméticos en la Antigua Roma (II): Maquillajes








Bolas de azul de Egipto 

Materia mineral
Museo de Badalona



Hemos visto en un artículo anterior como las romanas cuidaban su cutis con mascarillas, cremas y baños de leche de burra que les garantizaba un tono blanquísimo de la piel, que era considerado elegante. Pero también usaban cosméticos ornamentales para maquillarse. Según Propercio, las mujeres destacaban las venas de las sienes en azul, lo que daba un aspecto mucho más blanco de la piel, remedando la transparencia que se observa en los fototipos claros. Esto era considerado un signo de gran distinción y probablemente originó la leyenda de que las familias reales tenían "sangre azul". En realidad. era una forma de decir que tenían la piel blanca y traslúcida, que dejaba ver el color azulado de sus vasos sanguíneos. 

Los cosméticos y perfumes solían presentarse
en preciosos lekhytos, en general procedentes de Grecia. 
La moda romana del maquillaje incluía resaltar los pómulos en color rojo bastante vivo, para demostrar una buena salud. Se obtenía con cinabrio y tierras rojas. A veces también se usaba alheña (henna). Las clases menos pudientes recurrían a recursos más económicos como el jugo de moras o posos de vino.

Los labios se resaltaban también con color rojo vivo. Uno de los componentes usados eran amapolas machacadas, líquenes machacados, frutas podridas o con púrpura obtenida de la secreción de ciertos moluscos. Incluso a veces se recurría a materiales más tóxicos como el minio. 

Según el canon de belleza romana, la mujer debía poseer grandes ojos y largas pestañas, para lo que se recurría también al maquillaje. Mediante un pequeño instrumento redondeado de marfil, vidrio, hueso o madera, que previamente se sumergía en aceite o en agua, se aplicaba el perfilador de ojos, que se obtenía con la galena, con el hollín o con el polvo de antimonio. 

Para la sombra de ojos, generalmente negra o azul, eran imprescindibles las bolas de azul de Egipto (mineral de azurita) como vemos en la foto que inicia esta entrada. También podía usarse ceniza. Asimismo, y por influencia egipcia, existían las sombras verdes elaboradas con polvo de malaquita. 


Pinzas para depilar (volsellae)
Las cejas se perfilaban sin alargarlas y se retocaban con pinzas. Tenían preferencia por las cejas unidas sobre la nariz, efecto que se lograba aplicando una mezcla de huevos de hormiga machacados con moscas secas, una mezcla que también se usaba como máscara para las pestañas.

Una parte importante de los cosméticos romanos - como lo es también en la actualidad - era el continente. Los cosméticos se presentaban en preciosos recipientes, generalmente importados de Grecia, lo que contribuía a realzar su prestigio y a hacer más creíbles sus pretendidas acciones benéficas.  

Ovidio decía que los secretos de belleza de una mujer romana jamás deben aparecer a los ojos de su amante, porque a la postre se reducen a cremas y potingues que cuando se secan en el rostro presentan un aspecto repugnante que no solo es capaz de arrastrar la hermosura «allá donde debe de estar» sino que también acabará con los deseos de aquel con el que se comparta el lecho. 


Busto de Heliogábalo.
Museos capitolinos. Roma.
Aunque no hay que olvidar que no siempre los cosméticos y el maquillaje eran de uso privativo de las mujeres. También algunos hombres, sobre todo al final del Imperio, recurrían a trucos de belleza. La coquetería masculina no se limitaba a lucir los peinados y la barba que dictaba la moda, sino que erta habitual el uso de perfumes e incluso de lunares postizos de tela (splentia lunata). Y también se depilaban: hombres y mujeres usaban pinzas y ceniza caliente de cáscara de nuez. En la solemne ocasión de su proclamación como emperador Heliogábalo (que gobernó del año 218 al 222) compareció con los labios pintados de carmín y adornado con collares de perlas, pulseras de esmeraldas y una diadema de diamantes.

jueves, 24 de agosto de 2017

Cosméticos en la Antigua Roma (I): el cuidado de la piel







Alabastroteca
(s. II-III d.C.)  

Caja de material cosmético
Museo Archeologico Nazionale. Nápoles. 




El cuidado de la piel fue una auténtica obsesión para las romanas de clase alta y para embellecerse desarrollaron un arte del maquillaje sofisticado y lujoso. 

El canon de belleza era la de presentar una piel blanca y luminosa. La blancura de la piel se consideraba un rasgo de gran distinción. En el libro de Ovidio De medicamene faciei del que solamente conservamos algunas páginas, se dan consejos sobre como conseguir una piel blanca. En otro de sus libros, el Arte de amar, recomienda: 
«Sabréis también procuraros blancura en el rostro empolvándoos»
Para lograr la blancura se recurría a diversos maquillajes. En 2003, unos arqueólogos encontraron un bote de estaño que se había conservado cerrado y que contenía una crema ligeramente granulosa  que se había usado como maquillaje. Lo analizaron y descubrieron que estaba compuesto de lanolina (grasa de la lana de oveja), almidón y óxido de estaño. La lanolina es un excipiente que sigue usándose en la actualidad. El almidón suavizaba la piel y el estaño era el elemento que blanqueaba la piel. También tenemos noticia de que anteriormente se había usado el acetato de plomo, una substancia enormemente tóxica. 

Retrato realista época romana.
Sarcófagos de momia de El Fayum, Egipto.
Nos consta que los romanos habían usado otras sustancias en sus cosméticos con la finalidad de aclarar la piel de la cara: vinagre, miel, aceite de oliva, raíces secas de melón e incluso excrementos de estornino o de cocodrilo. Otras sustancias usadas para fines similares incluían cera de abeja, aceite de oliva, agua de rosas, harina de habas, albayalde, pepino, eneldo, ciertas setas, amapolas, raíz de lirio, yeso, huevo... Algunos de estos ingredientes contienen alfa-hidroxiácidos, que son usados todavía hoy para realizar ciertos peelings o en la composición de cosméticos. Para aumentar la luminosidad de la piel, algunas mujeres se espolvoreaban con polvos de mica. 

Por otra parte, la piel debía estar libre de arrugas, pecas o manchas. Para conseguir esto último, las mujeres solían colocarse mascarillas de belleza por la noche. Algunas de estas mascarillas contenían hinojo, mirra perfumada, pétalos de rosa, incienso, sal gema y jugo de cebada. Para combatir las arrugas estaba muy extendida una mascarilla compuesta de arroz y harina de habas. Para tratar las pecas se recomendaba la aplicación de cenizas de caracoles. Para alisar la piel era muy común una mascarilla a base de nabo silvestre y harina de yero, cebada, trigo y altramuz. 
Retrato de Demos, de 24 años.
Necrópolis de El Fayum, Egipto

La leche de burra gozaba de gran popularidad, y había mujeres que se lavaban con ella hasta siete veces al día, según refería Plinio el Viejo, pensando que su uso intensivo tendría mas eficacia. Una de las más conocidas adictas a la leche de burra era Popea, la esposa de Nerón, que se bañaba todos los días en leche de burra caliente y nunca viajaba sin hacerse acompañar por estos équidos. La emperatriz la usaba sobre todo como ingrediente de un emplasto que se aplicaba sobre el rostro antes de ir a dormir y que a la mañana siguiente estaba ya endurecido sobre el rostro como una capa de yeso agrietada. La leche de burra caliente también se aplicaba directamente en la piel con una esponja formando lo que se llamaba cataplasma.
Fresco de Villa Farnesina en el que se ve a una
muchacha rellenando un recipiente con un cosmético. 

Muchos de estos cosméticos estaban confeccionados con ingredientes que contenían alfa-hidroxiácidos, por lo que probablemente eran más o menos eficaces. Los alfa-hidroxiácidos son productos muy usados también en los actuales cosméticos. Algunas romanas también se aplicaban mascarillas para tratar el acné y los comedones. 

En los escritos de Plinio el Viejo se comenta otro sorprendente remedio contra las arrugas: el astrágalo (hueso del pie) de una ternera blanca, hervido durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que se transformaba en gelatina y se aplicaba posteriormente como un emplasto, mediante un paño. 









miércoles, 23 de agosto de 2017

La lesión frontal de Simón de Rojas































Velázquez

Retrato del fraile trinitario 
Simón de Rojas, difunto 
(1624)

Oleo sobre lienzo
Museo de Bellas Artes, Valencia 



Este cuadro se encuentra actualmente en el Museo de Bellas Artes de Valencia, donde llegó procedente de la colección de  los Duques del Infantado. 

Durante mucho tiempo se han tenido dudas sobre la certeza de la autoría de Velázquez, aunque al parecer ya están totalmente disipadas. Al parecer, Velázquez pintó este cuadro al poco tiempo de llegar a Madrid, desde su Sevilla natal. 

El fraile trinitario Simón de Rojas (1552-1624) fue un fraile trinitario conocido como "el apóstol del Ave María" por su gran devoción mariana. Después de una vida ajetreada, enseñando teología en Toledo, redimiendo cautivos en el norte de África, y dirigiendo varios conventos, llegó al convento de Atocha a Madrid. Fue confesor de la reina Margarita de Austria, a quien administró los santos sacramentos antes de su muerte, como hizo también con Felipe III. Distribuía rosarios y estampas por Madrid, instando a la devoción a la Virgen María, polemizaba con los conversos que habitaban los barrios pobres de la ciudad y ayudaba a las víctimas de las epidemias, desde una perspectiva moral extremadamente severa ante los vicios de la chusma y los castigos divinos.

Murió en 1624 y su fama de santidad era tal que se inició el proceso de beatificación aquel mismo año. 

Visión completa del cuadro de Velázquez
"Retrato del fraile trinitario Simón de Rojas, difunto" 

El homenaje que le rinde  Velázquez es  una obra maestra de pintura funeraria. El joven pintor lo pinta con reverencia y realismo, como podemos ver en el tinte cárdeno de sus párpados o en una lesión cutánea circular situada en la región frontotemporal del trinitario. Algunos autores la interpretan como una lesión congénita, e incluso dicen que en su época había quien la llamaba la "la coz del diablo". En este caso deberíamos interpretarla como un hemangioma. 

Sin embargo, las referencias a esta lesión no son frecuentes en las crónicas o descripciones anteriores a su muerte. Tampoco aparece en otros retratos que de él se conservan. En caso de ser una lesión aparecida ex novo, se tendría que considerar otra interpretación. Velázquez la pinta con minuciosidad, y por la forma, localización, bordes y colorido sugiere una extravasación sanguínea, un hematoma, probablemente como consecuencia de un traumatismo. Fray Simón de Rojas fue hallado muerto en su celda, tirado en el suelo, víctima de un ictus. Es posible que al presentarse el accidente vascular el fraile se desplomara y no es descabellado pensar que se pudiera haber golpeado con algún mueble o contra las losas del suelo. Aunque muy tenue, la órbita derecha, próxima a la lesión, también presenta un leve tinte violáceo, que afecta también ligeramente a la zona malar, por lo que la hipótesis traumática quedaría bien fundamentada. 










martes, 22 de agosto de 2017

Talco, cáncer y toxicidad




Anuncio de Talco Baumol
(1950)

Foto de archivo. Francia.   

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Leo en la prensa la noticia de que un tribunal de EUA ha condenado a los Laboratorios Johnson & Johnson a pagar una indemnización de 417 millones de dólares por los efectos derivados de su producto de polvos de talco Johnson Baby. Es la segunda condena que reciben en poco tiempo. Las condenas son por la aparición de cáncer de ovario en mujeres que han usado cotidianamente polvos de talco de esta marca en su zona genital por amplios períodos de tiempo (cerca de 30 años). Otras 50 demandantes están a la espera del juicio y hay otras muchas demandas en todo el país. 

La identificación de partículas de talco en los cánceres de ovario no es nueva. Ya en 1971 el entonces director médico de Johnson & Johnson, el Dr, G.Y. Hildick-Smith rechazó el primer estudio que advertía de los peligros del talco ya que se habían identificado partículas de talco en los cánceres de ovario. En aquel momento se habían publicado otros trabajos contradictorios. En ese mismo año la revista médica The Lancet publicó un artículo en el que se advertía de que 
“El potencial peligro del talco (…) en el ovario (…) no debería de ser ignorado”.

En 1992, otra prestigiosa publicación médica, Obstetrics & Gynecology, informaba de que el uso frecuente del talco en las zonas genitales de las mujeres multiplicaba por 3 la probabilidad de riesgo de cáncer de ovario. Pero la investigación determinante fue en 2003 donde se publicó en Anticancer Research un meta-análisis a gran escala de 16 estudios realizados a un total de 11.933 mujeres: sus resultados confirmaban que el uso de este producto aumentaba el riesgo de cáncer de ovario en un 33%. La relación entre el uso de polvos de talco en la higiene íntima y el cáncer se basaría en una reacción inflamatoria. Por aspiración, las partículas de talco ascenderían a través de la vagina, el útero y las trompas de Falopio hacia el ovario y su presencia provocaría inflamación, lo que facilitaría el desarrollo de un cáncer. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (OMS) clasifica el talco como "posible cancerígeno" (IIB) cuando se usa en la zona genital.

Los polvos de talco se usan en cosmética desde hace muchos años, tal vez siglos. Tienen una gran capacidad absorbente y dejan la piel seca y suave. Tradicionalmente se han usado en los pliegues y en la zona genital donde absorben las secreciones indeseadas y el exceso de sudor, previniendo infecciones como el intertrigo. Con esta finalidad también se usan en la higiene de los bebés. Se trata de un triturado de un mineral, el talco, que fundamentalmente está compuesto por silicato de magnesio (Mg6(OH)4 [Si8O20]). Sin embargo, al tratarse de un compuesto natural a veces se pueden encontrar trazas de minerales pesados tóxicos, como el amianto, de conocida acción carcinogénica (favorecedora de la aparición de cáncer). En los últimos años, el talco se purifica para eliminar las trazas de amianto. 

Además, la industria cosmética generalmente procede a perfumar el talco y a añadir conservantes para evitar su contaminación. Pero la adición de estas sustancias puede llegar a ser problemática. En Bretaña (Francia) fue tristemente famoso el caso del Talco Baumol en 1951-1952, que contenía trióxido de arsénico (As2O3.). La consecuencia fueron 73 bebés muertos y cerca de 500 intoxicados.

Aviso del Ministerio de Sanidad francés alertando
de la peligrosidad de una partida defectuosa de
Talco Morhange que contenía niveles altos de
hexaclorofeno (años 70 del s. XX) 
Otro caso similar fue el del Talco Morhange, también en territorio francés. La primera alarma sonó en agosto de 1972. En este caso el problema lo originó una partida de 2.898 envases que contenían hexaclorofeno al 6'3% (la ley autorizaba un nivel máximo de 0'3%). A pesar de que se realizaron numerosos avisos a la población para que no utilizara esta marca de talco, no se pudo evitar que 36 lactantes murieran intoxicados. 

El hexaclorofeno (2,2-Metilen-bis(3,4,6-triclorofenol), C13H6Cl602) es un derivado halogenado del fenol que actúa como un potente antiséptico. Posee actividad bacteriostática y detergente, siendo más eficaz especialmente frente a bacterias Gram positivas, como Staphylococcus aureus. Usado en proporciones indebidas se absorbe a través de la piel causando encefalitis. 

Además hay que tener en cuenta que la absorción percutánea es mucho mayor en las zonas de los grandes pliegues (ingles, axilas, surcos submamarios) y todavía más en bebés o en los casos que existan pequeñas efracciones cutáneas. Precisamente es en estas circunstancias en las que suelen usarse los polvos de talco. 

Los recientes estudios revelan que los polvos de talco tienen un potencial cancerígeno que puede estar relacionado con los cánceres de ovarios (por absorción cutánea) y de pulmón (si es inhalado). Por todo ello, y a pesar de ser un producto tradicional y muy popular, su uso debe ser muy restringido. 



Affaire du talc Morhange




Bibliografía

  • Martine Laronche, « Les Enfants du talc Morhange », Le Monde, 27 février 1991

lunes, 21 de agosto de 2017

Kohl, el maquillaje tóxico de los antiguos egipcios





Contenedores de Kohl 
y aplicadores

Museo Egipcio.  Barcelona.   



Ya hemos visto anteriormente como los antiguos egipcios se pintaban los ojos, entre otras cosas por su función antiséptica y por tratarse de un ritual mágico y de un código de belleza.  Todas las clases sociales, desde obreros hasta la realeza, se aplicaban kohl en los ojos. Pero  cómo se elaboraba esta sustancia? 


Los ojos pintados eran una constante en Egipto.
Podemos apreciar esta costumbre en pinturas
murales, relieves y sarcófagos




La composición del kohl (en egipcio mśdmt, en copto mesdemet, y en árabe ميسديميت) era bastante compleja y contenía un gran número de ingredientes, algunos de ellos bastante caros y escasos. El ingrediente principal era sin duda la galena o sulfuro de plomo, un mineral metálico, debidamente triturado. Hay quien piensa que en la composición del kohl destinado a las clases altas también se incluían algunas piedras preciosas molidas (esmeraldas, perlas, rubíes), oro y plata, coral y olíbano (una 0sustancia que hoy en día se conoce como un componente del incienso). Además, el kohl podía incluír algunas plantas medicinales como neem, azafrán e hinojo.

Los antiguos egipcios desconocían que los compuestos de plomo son bastante tóxicos y pueden producir un cuadro clínico conocido como saturnismo. Los síntomas principales son dolor de cabeza, anemia, fatiga o cansancio general, malestar estomacal como cólicos y náuseas; insomnio, irritabilidad, sabor metálico y pérdida de apetito. También puede provocar problemas psicomotores y deterioro de la memoria; problemas de audición y equilibrio; aumento de la presión sanguíneaEn casos graves puede producir encefalopatías. La intoxicación crónica produce un síntoma característico: el llamado ribete de Burton (por haber sido descrito por Burton en 1840), una pigmentación violácea o negruzca situado sobre las encías, a nivel del cuello de los dientes.
Recipientes y aplicadores de Kohol. Museo Egipcio. Barcelona. 
Todas estas sustancias se disolvían en líquidos (agua, leche, aceite y grasas animales) para que el kohl pudiera presentar una consistencia fluida que permitiera su aplicación como maquillaje para los ojos. 
Se han analizado diversas muestras del contenido de 52 antiguos recipientes para kohl. Los científicos encontraron trazas de cuatro tipos de plomo, entre los que destacaba la galena y la laurionita. Llama la atención que ni la laurionita ni otro componente, la fosgenita (otro cloruro de plomo), se encuentran en Egipto en estado natural. Por lo tanto eran productos importados del extranjero para la manufactura de kohl.  Probablemente la primera importación de sustancias químicas de la historia. 

domingo, 20 de agosto de 2017

El blog ha superado las 400.000 visitas







El blog "Un dermatólogo en el Museo" ha sobrepasado las 400.000 lecturas. 

¡Muchas gracias a todos por 
vuestra fidelidad e interés!



Distribución de los 10 países en los que actualmente 
se sigue más el blog "Un dermatólogo en el museo". 
En verde oscuro, los países en los que ya se han
alcanzado más de 120.000 lecturas.


Muchas gracias...


- A todos los que colaboráis con el blog - algunos desde muy lejos - con vuestras sugerencias, comentarios, opiniones o preguntas.  

- A los otros bloggers con intereses parecidos que mediante un fructífero diálogo complementan y mejoran los contenidos de este blog.  


- A los que ayudáis a la difusión del blog recomendando su lectura a nuevos amigos, tanto por consejo directo como a través de las redes sociales. 

- A los simples lectores de este blog, tanto ocasionales como habituales. Sin vosotros el blog no tendría sentido.  

A todos, muchas gracias!