viernes, 26 de junio de 2015

El nevus piloso de un pintor


Giovanni de San Giovanni. Autorretrato. 



 Giovanni da San Giovanni 

Autorretrato
(1616)

Galeria degli Uffizi, Corredor Vasari, Florencia




Giovanni Mannozzi, (1592 -1640) fue un pintor italiano más conocido como Giovanni da San Giovanni por haber nacido en la localidad de San Giovanni Valdarno. 

Se dedicó sobre todo a la pintura al fresco decorando la planta baja del Palacio Pitti y algunas estancias de la galería degli Uffizi, de Florencia. 

En este autorretrato, que realizó cuando sólo tenía 24 años de edad aparece con perilla y bigote y con los pinceles en la mano. El pintor se gira para mirar al espectador, como si se le hubiera sorprendido en pleno trabajo. En su mejilla izquierda presenta un nevus piloso pintado con todo detalle. 

jueves, 25 de junio de 2015

Quevedo, la sífilis y el hospital de Antón Martín (III) Sífilis secundaria y terciaria








Busto de Francisco de Quevedo  


Escultura en piedra
Biblioteca Nacional, Madrid   



En anteriores post hemos visto algunas de las habituales alusiones a la sífilis y al hospital de Antón Martín en las poesías  obra de Quevedo. Hoy seguiremos refiriéndonos a citas similares sobre esta enfermedad y sus síntomas. Él mismo reconoce haber contraído la sífilis, llamada mal francés o de bubas, y hace referencia a los dolores óseos:  


"Confrades de los dolores son, por mis bubas mis miembros"
("Despídese de penitente y disciplinante": Ni sé si es alma, si almilla)

En otros poemas alude a las sifílides descamativas de la lúes secundaria, que afectan la cara: 
"La escarapela me llamas, y débeslo de fundar en que en mí pela la cara, como en ti la enfermedad. Tan mal francés como gastas no le ha gustado jamás Rocheli ni, en sus herejes,  La Rochela o Montalbán"
("Púrgase una moza de los defectos que otra enfermaba":  La escarapela me llamas...)

El poeta se refiere en algunos pasajes a las destrucciones ocasionadas por los gomas sifilíticos de la sífilis terciaria. Por ejemplo, satiriza el habla gangosa de un luético al que el goma ha ocasionado la destrucción del tabique nasal y paladar, uniendo las fosas nasales con la boca:
"Las gangas que antes cazaba
las vuelve agora en garlar,
y su nariz y su boca
trocaron orificios ya"
("Cura una moza en Antón Martín la tela que mantuvo: Tomando estaba sudores...) 

O en este otro pasaje de un Romance, en la que se refiere también a la destrucción nasal que deja unas amplias fosas nasales:  
"...La nariz escarolada;
por falta de ternillas
hechos balcón las ventanas" (...)
La presencia de gomas frontales: 
"más gomas que en las valonas
en sola su frente gasta; 
y dice que son chichones
cayendo siempre de espaldas" 
(Marica la Chupona)
A veces su sátira tiene tintes desabridos y descarnados: 
"Hoy nos enseña tu cara
las mejillas sin arzón
gargajos sin pabellón,
y mocos sin alquitara" (...) 

"que en ti se ve por indicios,
que el olfato está sorbido, 
siendo tan noble sentido
de servirse de resquicios"(...) 
  
"si no veráste comido
de tías, madres y suegras
sin narices y con parches, 
con unciones y sin cejas"
(Romance de la Roma roma, hablando con perdón)








miércoles, 24 de junio de 2015

Cauterios








Cauterios 
(s. XVIII-XIX)

Acero (27 x 0'8 x 6 cm aprox)
Museu da História da Medicina Maximiano Lemos Facultad de Medicina, Oporto




Los cauterios  son agentes físicos susceptibles de desorganizar una porción de tejido orgánico y convertirlos en escaras. Los metales gracias a su capacidad térmica fueron usados para transmitir el calor a los tejidos. En la fabricación de los cauterios se empleó el oro, cobre, plata, el plomo, el acero o el hierro. El acero, el hierro y el cobre podían alcanzar gran temperatura sin fundirse. El hierro y el acero además, cambiaban su color a altas temperaturas, por lo que se conseguía un buen índice termométrico. El platino también, pero su uso fue muy limitado, por su elevado coste. El acero reunía todas las características anteriores, por lo que pronto se impuso a los demás metales en la fabricación de cauterios.

En general el instrumento se componía de un cauterio, una asta cilíndrica y un mango de madera que permitía al cirujano cogerlo sin arriesgarse a sufrir quemaduras. 



Según la forma en la que terminaban los cauterios se usaban en una u otra ocasión. Cada uno de ellos se  conocía precisamente por su terminación: en caña, olivar, cónico, cilíndrico... Al parecer el olivar era el más usado y ya había sido descrito por Paulo de Egina (625-690 d.n.e.)

El grado de temperatura tuvo mucha importancia en el modo de acción de los cauterios y se calculaba por el color que tomaban al calentarse (ceniciento, rojo cereza, rojo oscuro...) A altas temperaturas se seccionaban los vasos y a temperatura menor se coagulaban. El dolor causado también estaba en relación con esa escala.

A partir de mediados del s. XIX los cauterios  fueron sustituidos por el galvanocauterio (Middledorpf, 1854), que funcionaban con electricidad y fueron abandonados los cauterios térmicos antiguos. 




lunes, 22 de junio de 2015

¿Cómo era la piel de los dinosaurios?




Esqueleto de dinosaurio  

Huesos fósiles
Museo Paleontológico Egidio Feruglio 
Trelew (Argentina) 




Conservamos muchos restos de los dinosaurios, los animales que dominaron nuestro planeta durante el Secundario. También huellas o incluso huevos. Estos restos nos permiten conocer muchas cosas acerca de ellos: su tamaño, su alimentación, su hábitat, sus itinerarios, etc... 

Pero ¿cómo era la piel de los dinosaurios? No suelen quedar restos de ella ya que es difícil que la piel se fosilice. A menudo la piel se destruye antes de que tenga tiempo de fosilizarse, ya que es una de las primeras estructuras en descomponerse post-mortem. Muchas veces, ni siquiera eso, ya que suele ser devorada por los carroñeros.

Por fortuna se han encontrado en Canadá impresiones de piel de hadrosaurios. El clima seco en donde vivía esta especie ha facilitado que este hallazgo haya llegado a nosotros. La arena, transportada por el viento, cubría los cuerpos tras la muerte y la piel quedaba, por decirlo así, momificada. 


Esqueleto de Triceratops.
Museo del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont, Sabadell


La piel de los dinosaurios era seca, no húmeda como la de los actuales anfibios. Estaba bien adaptada para la vida en un clima seco, Como la piel humana, les aislaba de la lluvia y de la humedad. La piel escamosa de los saurópodos, estaba cubierta de escamas y les protegía de posibles heridas. Algunos dinosaurios estaban acorazados, con placas córneas, espinas o protuberancias que servían para la defensa.

Una de las mayores incógnitas era el color de la piel. Por lo que conocemos de la piel del hadrosaurio, parece ser que presentaba un aspecto variegado, útil para camuflarse y pasar inadvertido.   

Algunos dinosaurios presentaban también placas córneas o cuernos para su propia defensa. Era por ejemplo el caso de Triceratops





domingo, 21 de junio de 2015

El descubrimiento del primer hongo patógeno

Begas: Johan Lukas Schönlein


































Begas

Johan Lukas Schönlein 

Óleo sobre lienzo. 




Johan Lucas Schönlein (1793-1864) fue un médico y naturalista alemán. Realizó diversas aportaciones a la botánica, describiendo 5 especies nuevas. En su juventud había sido profesor en Wurzburgo, donde influído por la Naturphilosophie, había fundado la escuela histórico-natural, que intentaba describir las enfermedades cutáneas con terminología botánica (frutos, flores, semillas...). Esta pintoresca clasificación estaba construída con símbolos y conceptos botánicos tomados principalmente de la clasificación del botánico francés Candolle (1778-1841). 

En su madurez, Schönlein se trasladó primero a Zurich (1833-1840) y más tarde a Berlín (1840-1859), donde renunciando a los procedimientos intuitivos románticos, adoptó definitivamente el método científico.  Reformó y modernizó la medicina de su país y fue el primero en impartir las clases en alemán (en vez de hacerlo en latín, como se hacía hasta entonces). Llegó a ser médico de Federico Guillermo IV de Prusia. Entre sus aportaciones médicas se cuentan la descripción de un tipo de púrpura (conocida desde entonces como púrpura de Schonlein-Henoch). En 1839 unificó y dió el definitivo nombre a la tuberculosis, que hasta entonces estaba dispersa en diversos diagnósticos. También ideó la palabra hemofilia (1828).  

En 1837, Robert Remak (1815-1865), un polaco de Posen, ayudante de Schönlein en la Universidad de Berlín, tomó costras de un niño con tiña favosa y las observó al microscopio descubriendo:


          "cuerpos esféricos y fibras ramificadas"
    
Una gran epidemia de favus se extendía en aquel momento por diversos países de Europa. Para dar una idea de la magnitud de la epidemia podemos recordar que en poco más de veinte años (entre 1807 y 1828) más de 25.000 casos de favus se diagnosticaron en los hospitales parisinos.

Remak, que era de origen judío, no consideró prudente publicar su descubrimiento en plena época de persecución antisemítica, tal vez temeroso de que le pudiesen culpar de propagar la epidemia de favus. No era la primera vez que se culpaba a los judíos de diseminar "venenos" que causaban las epidemias. Sin embargo permitió que su amigo Xavier Hube mencionara su hallazgo en su tesis doctoral De morbo scrofulo. Sin duda la restringida difusión de una obra científica le salvaguardaba de las posibles acusaciones populares.

Poco después, Remak mostró su descubrimiento a su jefe, Johan Lucas Schönlein. Es posible que le propusiera cederle la autoría del descubrimiento del hongo a cambio de su protección. Naturalmente, este punto es difícil de probar, pero lo cierto es que Remak quedó siempre en un oscuro segundo plano en cuanto a la notoriedad del descubrimiento del agente causal del favus y que pudo conservar su cargo en la Universidad de Berlín, convirtiéndose en 1847 en el primer profesor judío en la enseñanza superior en Alemania. Más tarde, en 1859, Remak llegó a ser catedrático supernumerario de anatomía y embriología, realizando diversas aportaciones en este campo.

Schönlein, que conservaba su interés por la botánica como reminiscencia de sus años jóvenes, pero con visión ya plenamente científica, observó al microscopio la preparación que Remak había realizado a partir de unas costras de favus. Con un mediocre dibujo ilustrativo, Schönlein publicó un escueto artículo de sólo una página en una revista médica. Tras la publicación de su artículo, perdió aparentemente el interés por este tema, y no prosiguió personalmente el estudio, dejando nuevamente el trabajo en manos de su ayudante Remak.

Remak procedió a cultivar el organismo en diversos medios: carne, pus, suero, agua azucarada y en rodajas de manzana, procedimiento que ya se había usado en la investigación de hongos microscópicos. En este último medio consiguió que crecieran algunas colonias al sexto día, y procedió a dibujar cuidadosamente su aspecto. Como culminación de su estudio en 1842 Remak se autoinoculó material obtenido así en su propio antebrazo. 

Pero el hongo aún no tenía nombre. Para evitarse problemas Remak decidió darle el nombre de su jefe en vez del suyo propio. Así fue como aquel mismo año propuso el nombre de  Achorion schönleinii. 

El descubrimiento de Remak y Schönlein, introdujo un concepto nuevo en dermatología, al demostrar que una enfermedad de la piel puede estar producida por la inoculación de un microorganismo. Podemos pues considerar esta efemérides como el inicio de la micología. Se abrían así las puertas a una nueva etapa, en la que por primera vez se podía constatar la existencia de agentes causales microscópicos en la génesis de las enfermedades y precursora de la ya próxima era bacteriológica del último tercio del s.XIX.