miércoles, 5 de julio de 2017

El doctor, la doncella y la muerte






Ivo Saliger 

El doctor, la chica y la muerte
("Der Arzt")
(1920)

Aguafuerte coloreado sobre papel sepia  
53,4 x 73 cm
Diettrick Centro de Historia de la Medicina. Cleveland




Uno de los lectores de "Un dermatólogo en el museo", Lilo Simonian, me envló hace poco via Twitter esta imagen por si la quiero comentar en el blog. Me ha parecido una interesante sugerencia, y desde aquí quiero agradecerle su iniciativa y colaboración. 

Ivo Saliger (1894-1987) fue un pintor y grabador austríaco que en los años 20 se encuadró en la corriente del Art Déco. En 1930 amplió estudios en París con Fernand Léger. 


Ivo Saliger. Das Urteil des Paris (El juicio de Paris, 1939).
 Deutsches Historisches Museum,
Sammlung Haus der Deutschen Kunst, Berlin.
A su regreso fue considerado como uno de los artistas más representativos del pensamiento nacionalsocialista, ya que ensalzó los valores del nazismo, que en aquel momento era una ideología que alcanzaba un gran predicamento y popularidad. 

Uno de los más claros ejemplos es su obra "Juicio de Paris" donde se da una nueva versión de la conocida escena mitológica. La escena muestra a un joven con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas (pantalón marrón y camisa parda) frente a tres mujeres, que compiten por ser la más bella. El chico ofrece el premio de la manzana a una Afrodita, encarnada en una mujer que cumple el canon de belleza ario (rubia, piel blanca, nariz aquilina) y que muestra la atlética y fría desnudez de la estética nacionalsocialista. En los monumentos del régimen aparecían frecuentemente estatuas con este tipo de mujer,  frías y distantes. Las otras dos diosas, en cambio, aparecen como mujeres no arias (pelo moreno, facciones mediterráneas, formas más redondeadas) y naturalmente son rechazadas por el joven. El ideal nazi del joven pastoril, interesado en la naturaleza y en servir ciegamente al Estado y el canon de belleza aria encaminada a obtener la pureza racial son claros mensajes ideológicos subliminales. 

Otro de sus grabados representa a un abanderado doblado con un esqueleto en clara alusión a la lucha de los defensores del III Reich y su disponibilidad para morir por la causa. 

La ilustración que preside la entrada de hoy (Der Artzes una imagen llena de fuerza, en la que se representa alegóricamente la lucha épica del médico contra la muerte, en el desempeño de su misión salvadora de vidas humanas.

En la escena aparece un cirujano (con bata y gorro de quirófano) que sostiene a una muchacha desnuda que se abraza a el para no caer. En efecto, la posición del cuerpo de la chica es de gran laxitud, y da la impresión de debilidad, casi al borde del desmayo. En la parte inferior aparece un esqueleto, encarnación simbólica de la muerte que acecha a la mujer. La muerte tira del cuerpo de la muchacha hacia abajo, intentando llevarla consigo al reino de los muertos. El médico sin embargo, no sólo sostiene con fuerza a la mujer sino que rechaza violentamente al esqueleto, presionando con fuerza su cráneo. 

La lectura de la escena es bastante sencilla: la medicina moderna, uniendo la abnegación y el altruismo de la profesión médica con las crecientes posibilidades de la técnica en el diagnóstico y tratamiento, salva cada vez más vidas humanas librándolas de la muerte. 

La Muerte y la Doncella - Sebald Beham, 1546
Para hacer llegar al espectador su mensaje, Saliger recurre a iconos bien establecidos en el imaginario popular. El esqueleto es el símbolo inequívoco de la muerte desde por lo menos las danzas medievales de la muerte (y aún antes). Así lo encontramos en pinturas como las de la catedral de Albí, los frescos del cementerio de Pisa o en obras como el triunfo de la muerte de Brueghel el Viejo (Museo del Prado)  o por citar algunos ejemplos representativos al vuelo. Salinger retoma el tema de la Muerte y la Doncella, habitual en el arte occidental desde el Medioevo y que alcanzó especial esplendor en el barroco (Sebald Beham, Hans Baldung) También hemos de recordar aquí las Vanitas barrocas como símbolo de la Muerte y de lo efímero de la vida humana. 

Por otra parte, Saliger encarna en el médico la lucha del bien contra el mal, retomando numerosas escenas de psicostasia o del peso del alma en el Juicio Final. Aunque estas escenas ya aparecen en el libro de los muertos egipcio, cobran una gran importancia en el arte cristiano medieval en donde San Miguel, pesa las buenas y las malas obras en los platillos de una balanza. El diablo intenta por todos los medios descompensar el peso a su favor y llevarse el alma consigo al infierno. En la psicostasia laica de Saliger, la muerte personificada en el macabro esqueleto, ocupa el lugar del diablo, del mal. El bien es en este caso representado por el médico (en sustitución del ángel) que intenta por todos los medios salvar la vida de la paciente, alargando su existencia terrenal. 


Ivo Salinger: Las parcas. 
No es esta la única escena de este tipo aportada por Saliger. En otras obras retoma la lucha de la medicina contra la muerte. La representación de la muerte aparece también en varias de sus obras, como un obsesivo leit-motiv. En uno de sus grabados se representa a las Parcas. Una de ellas sostiene el hilo que sale de un huso que alza otra de ellas. La tercera, Átropos, que corta con unas tijeras el hilo de la vida es representada también en forma de esqueleto, en alusión a la muerte como destino fatídico.   

Saliger tenía motivos personales para representar esta escena (y otras escenas similares), y los confesó en una carta. Una estudiante de la Universidad Case Western Reserve, Mrs. Killpack le había escrito preguntándole directamente por que era lo que le había inspirado para realizar este trabajo. Saliger le contestó en una carta fechada el 6 de diciembre de 1973 y que se conserva actualmente en el Archivo del Centro de Historia Médica Dittrick, de la que hemos entresacado algunos párrafos textuales: 

     "Le voy a contar ahora el espíritu y el significado de esta imagen. La idea se desarrolló a partir de un duelo personal. Yo tenía una hermana. A finales de 1918, cuando la Primera Guerra Mundial llegaba a su fin, se puso enferma. Es decir, la enfermedad, que tal vez ya se estaba incubando desde antes, se hizo muy pronto evidente: - Linfogranulomatosis-. Varios médicos de gran prestigio intentaron detener su sufrimiento, pero sabíamos que era inútil. Ella tenía 22 años entonces. Llevé a mi hermana a Suiza, esperanzado con el alto nivel médico del país. Un cirujano famoso, jefe del Züricher Cantonshospital, se esforzó para ayudar a mi hermana. Yo lo había conocido en Viena y me acogió en su casa como invitado. Aparte del caso de mi hermana, oía comentar a mi anfitrión otros casos clínicos del hospital y de los esfuerzos que hacía su equipo médico para intentar salvarlos. 

Entonces me vino la inspiración. Fui a mi habitación y dibujé el primer boceto preliminar. Una figura femenina, apenas con vida, aferrándose al médico, que está tratando de defenderla de la Muerte, que amenaza la vida de la paciente. Tal vez de manera intuitiva, dibujé en el rostro del médico el escepticismo, la incertidumbre sobre si la lucha va a terminar bien o no. En definitiva, la eterna lucha del médico con la muerte, intentando salvar vidas humanas. Mi hermana murió en abril de 1920. Causa: la leucemia. A finales de junio de 1920, después de 2 meses de trabajo, acabé mi obra. Esta es la verdadera historia de este grabado".

Otro de los grabados de Salinger en el que vuelve sobre los tratamientos
y exploraciones médicas y la presencia de la Muerte. 
   

Arte Nacionalsocialista: Ivo Salinger



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