miércoles, 20 de julio de 2016

Rapadas y humilladas (II): la Francia liberada



Robert Capa: La tondue de Chartres. Una mujer rapada con un niño en brazos,
posiblemente una colaboradora horizontal, es increpada e insultada en plena calle.


  Robert Capa

La tondue de Chartres
(1944)

Fotografía, tomada en la 
calle Beauvais de Chartres. 




Comentábamos hace poco la feroz represión franquista contra las mujeres republicanas cuyo máximo castigo fue rapar sus cabellos, para marcarlas y humillarlas. 

Mujer rapada y con una cruz gamada pintada en el pecho,
tras ser acusada de colaboracionismo
Pocos años después, en la II Guerra Mundial, cuando Francia fue liberada de la invasión alemana, tuvo lugar otro episodio de mujeres rapadas. Probablemente tomaron el ejemplo de las rapadas fascistas producidas como represión al final de la Guerra Civil española, o tal vez de las rapadas nazis a mujeres que mantenían relaciones sexuales con personas ajenas a la raza aria (judíos, gitanos) aunque este tipo de castigo se efectuó solamente en 1940 y fue prohibido muy poco después. 

Sea como fuere, el caso es que tras la liberación del ocupante alemán, el pueblo francés tenía ansias de venganza de sus compatriotas que habían de una forma u otra colaborado con el ejército nazi. 

Muchas mujeres fueron acusadas de "colaboración horizontal". Con este eufemismo se entendían tanto las relaciones sentimentales como las puramente sexuales (el nombre de "horizontal" aludía a la posición amatoria en la cama). O sea que las novias, flirts, concubinas e incluso simples prostitutas compartían este mismo epíteto, y se consideró una forma de relación que evidenciaba una traición. También las relaciones de amistad o simplemente las relaciones comerciales, o de mercado negro eran miradas con suspicacia. 


Otras mujeres simplemente habían sido contratadas laboralmente por el ejército alemán. Pero "haber trabajado para el enemigo" también era suficiente para ser mal vistas. Tener un empleo en la Gestapo o en la Abwehr era ya un flagrante delito. 


Rapando a una "colaboradora horizontal"
En el 68% de los casos, las mujeres eran denunciadas; en otras ocasiones sus relaciones horizontales eran conocidas por todo el mundo. Hubo una auténtica caza de brujas. Alrededor de 6.000 mujeres ingresaron en la cárcel de Fresnes en 1946. Hasta 14 cárceles se habilitaron en toda Francia para acoger a todas las mujeres tildadas de colaboracionistas. La mayoría fueron condenadas a penas de cárcel, trabajos forzados o incluso hubo algunas penas de muerte. 


Colaboradora horizontal. Se le obliga a mostrar la cara a
los espectadores (y a la cámara) antes de raparla. 
Pero en la mayoría de casos, muy especialmente en las "colaboraciones horizontales" ya habían sido castigadas por el pueblo. Se las rapó, como habían hecho los fascistas españoles y se sometieron a la vergüenza y al oprobio público. En muchos casos, también se les pintaron cruces gamadas en lugares ostensibles (cara, cuello, pecho, cuero cabelludo), para que quedara claro la razón de su castigo. 

La fotografía que encabeza esta entrada, obra de Robert Capa, se titula "La tondue de Chartres" (La rapada de Chartres). La joven rapada que ocupa el centro visual de la foto se llamaba Simone Touseau. Tenía 23 años en aquel momento (18 de agosto de 1944) y llevaba en brazos a su hijo, un bebé de menos de un año. El pueblo la acusaba de “colaboración horizontal” con los nazis, es decir, de haber mantenido relaciones sexuales con un militar alemán en los años de la ocupación de Francia. Justo antes del paseo público de escarnio y humillación, la cabeza de Simone había sido totalmente rapada y le habían marcado la frente con un hierro al rojo vivo. Como puede verse, Simone es increpada e insultada por la gente que pasa por la calle Beauvois (actualmente Rue Dr. Jacques de Fourmestraux) de la ciudad francesa de Chartres. 

Justo delante de la chica, cubierto con una boina y llevando una bolsa de tela, camina su padre, George Touseau. Tras él, semioculta, también rapada a la fuerza, marcha su esposa, Germaine, madre de Simone. Toda la familia fue sometida a la vergüenza y escarmiento público. Una cruel venganza. 

Simone había trabajado como intérprete para el ejército nazi desde 1941. Se había liado con un soldado, del que sólo conocemos el nombre de pila: Erich. Cuando él fue destinado al frente del este, y resultó herido en combate, Simone se trasladó a Munich para acompañarlo en la convalescencia. Fue allí donde se quedó embarazada. En 1943, decidió regresar a Francia. Toda la familia de Simone tenía fama de simpatizar con el Partido Popular Francés de Jacques Doriot, de orientación filonazi, según los comentarios de algunos vecinos.  

Tras ser juzgadas, Simone y Germaine, su madre, fueron sometidas a un largo proceso judicial por traición que las condenó a 10 años de degradación nacional (una figura por la que los colaboracionistas eran considerados como ciudadanos de segunda, con muy pocos derechos). Simone, totalmente alcoholizada, murió en 1966.

Les tondues de la Gironde, fotografía publicada en la prensa diaria local (29 agosto de 1944)

Otra fotografía escalofriante es la de Les tondues de la Gironde (Las rapadas de la Gironda), que muestra una escena de una madre y una hija que fueron rapadas y paseadas desnudas para vilipendio y vergüenza pública por la ciudad de Burdeos el 29 de agosto de 1944. Tras este humillante paseos fueron ametralladas y sus cuerpos arrojados al río.  


Fotografía de la revista Life: Una colaboracionista rapada, obligada a arrodillarse para pedir perdón por su traición.
Bibliografía: 



  • Virgili F, La France “virile” – Des femmes tondues à la Libération, Éditions Payot et Rivages, Paris, 2000, 392 p. 





Brassens: La tondue.



George Brassens: La tondue

La belle qui couchait avec le roi de Prusse,
Avec le roi de Prusse,
A qui l'on a tondu le crâne rasibus,
Le crâne rasibus,

Son penchant prononcé pour les "ich liebe dich",
Pour les "ich liebe dich",
Lui valut de porter quelques cheveux postich’s,
Quelques cheveux postich’s.

Les braves sans-culott’s et les bonnets phrygiens,
Et les bonnets phrygiens,
Ont livré sa crinière à un tondeur de chiens,
A un tondeur de chiens.

J'aurais dû prendre un peu parti pour sa toison,
Parti pour sa toison,
J'aurais dû dire un mot pour sauver son chignon,
Pour sauver son chignon,

Mais je n'ai pas bougé du fond de ma torpeur,
Du fond de ma torpeur.
Les coupeurs de cheveux en quatre m'ont fait peur,
En quatre m'ont fait peur.

Quand, pire qu'une brosse, elle eut été tondu’,
Elle eut été tondu’,
J'ai dit : "C'est malheureux, ces accroch'-coeur perdus,
Ces accroch'-coeur perdus."

Et, ramassant l'un d'eux qui traînait dans l'ornière,
Qui traînait dans l'ornière,
Je l'ai, comme une fleur, mis à ma boutonnière,
Mis à ma boutonnière.

En me voyant partir arborant mon toupet,
Arborant mon toupet,
Tous ces coupeurs de natt's m'ont pris pour un suspect,
M'ont pris pour un suspect.

Comme de la patrie je ne mérite guère,
Je ne mérite guère,
J'ai pas la croix d'honneur, j'ai pas la croix de guerre,
J'ai pas la croix de guerre,

Et je n'en souffre pas avec trop de rigueur,
Avec trop de rigueur.
J'ai ma rosette à moi : c'est un accroche-coeur,
C'est un accroche-coeur.


Traducción al castellano: 

La rapada

La bella que dormía con un bravo prusiano,

con un bravo prusiano,

a la que una mañana el cráneo le raparon,

el cráneo le raparon.

Su notable afición a los “ich liebe dich”,

a los “ich liebe dich”,

en premio la obligó a llevar peluquín,

a llevar peluquín.

Bravos descamisados y los del gorro frigio,

y los del gorro frigio,

le ofrecieron su moño a un rapador de oficio,

a un rapador de oficio.

Debí haber defendido un poco su melena,

un poco su melena,

debí haberme jugado el tipo por sus greñas,

el tipo por sus greñas.

Sumido en mi torpeza, no moví yo ni un dedo,

no moví yo ni un dedo,

pues los trasquiladores siempre me han dado miedo,

siempre me han dado miedo.

Y mientras la dejaban más calva que un cepillo,

más calva que un cepillo,

“qué lástima -exclamé- tanto mechón perdido,

tanto mechón perdido”.

Me agaché a recoger uno del barrizal,

uno del barrizal,

como una bella flor lo prendí de mi ojal,

lo prendí de mi ojal.

Al verme levantar la cresta, sospecharon,

la cresta, sospecharon,

de mí los segadores de trenzas y rizados,

de trenzas y rizados.

Como no lo merezco, no luce en mi pechera,

no luce en mi pechera,

ni la Legión de honor ni la Cruz de la guerra,

ni la cruz de la guerra.

Pero eso no me causa ni pizca de aflicción,

ni pizca de aflicción,

ya tengo mi divisa: es un bello mechón,

es un bello mechón.
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