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jueves, 22 de marzo de 2018

Luis XIV (II): la patología de un rey absoluto







Jacint Rigau 
(llamado Hyacinthe Rigaud) 

Retrato de Luis XIV de Francia
(1701)

Óleo sobre lienzo 238 x149 cm 
Museo del Prado. Madrid




Ya hemos visto las enfermedades que aquejaron a Luis XIV en su juventud. Hoy seguiremos revisando su historia clínica, y constatando que sus problemas de salud fueron agravándose con el paso de los años. 

En enero de 1663 el monarca presentó una tumoración en el pezón derecho, tal vez una enfermedad de Paget. Los médicos procedieron a cauterizarle el tumor. 

Luis XIV presentaba dolores dorsales frecuentes así como una dermatosis que cursaba con pústulas en diversos lugares del cuerpo y de la cara. Aunque los médicos de la época lo achacaron a secuelas de la viruela, creemos que estas pústulas más bien corresponderían a acné, foliculitis o forúnculos. 

Sufrió diversos episodios febriles (1655), incluyendo una fiebre tifoidea (junio 1658).

El Rey Sol, en el Salón del Trono

El rey Sol tenía importantes problemas dentales, agravado por su glotonería: consumía grandes cantidades de dulces y de azúcar. Probablemente esto influía en su proverbial halitosis. Tenía tan mal aliento
 que cuando sus amantes se le acercaban, se tapaban la nariz con un pañuelo perfumado. A esto debía unirse la escasa higiene del rey, ya que los baños no eran muy habituales en aquel tiempo. De hecho solamente se tiene constancia de que el rey Sol se realizó un baño completo solamente tres veces en toda su vida.  
Luis XIV decía que el baño le producía vértigos y dolores de cabeza, y como señalaba su médico de cámara, Vallot, al rey no le gustaba bañarse. De hecho en su detallado diario personal solamente consta que realizara baños durante una semana en su vida, por prescripción facultativa y con gran oposición por su parte. Tampoco se cambiaba mucho de ropa interior. Según uno de los embajadores que le presentó las credenciales, el rey despedía un hedor peor que el de una fiera salvaje y su aliento era terriblemente pútrido.
Guy-Crescent Fagon, primer médico de Luis XIV

Sus médicos consideraban que casi todas las enfermedades que le aquejaban procedían de sus problemas dentales, por lo que le arrancaron todos los dientes. En 1685 fue sometido a una cauterización del paladar, con destrucción de parte del mismo, por lo que la nariz y la boca quedaban comunicadas por este orificio. Así que todos los manjares que se le servían al rey -que era muy voraz- debían estar finamente triturados, ya que carecía totalmente de dientes. Durante la comida real, que como todas sus actividades era motivo de espectáculo ritual, no era raro que lo que intentaba ingerir le saliese por la nariz, especialmente los líquidos.  

El rey Sol también presentó diversas molestias urinarias, probablemente litiasis renal, ya que se refiere que expulsaba "pelotitas de arena". 

También sufrió de gota, enfermedad provocada por la excesiva acumulación  de ácido úrico en su organismo, como resultado de una alimentación excesivamente rica en carnes, caza y marisco. Una de sus comidas podía constar de cuatro platos de sopas distintas, un faisán entero, una perdiz, dos ensaladas, cordero con salsa de ajo, dos grandes lonchas de jamón, pasteles fruta y confituras. Cuando viajaba, su carroza iba siempre repleta de carnes, frutas y pasteles, para compartir con las damas que solían acompañarle. 

Louis XIV desplazándose en su "roulette"
por los jardines de Versalles
Con esta dieta no son de extrañar sus ataques de gota. Para evitar los dolores, sus médicos lo hacían envolver literalmente en almohadones de pluma para mantener el cuerpo caliente. Sufría insoportables ataques de podagra en el pie derecho y en el tobillo izquierdo, obligándole a quedarse inmóvil en una butaca. Incluso hizo modificar un sillón, al que le añadió pequeñas ruedas (la roulette du roi) para que Blouin, su ayuda de cámara preferido, lo pudiera desplazar durante sus paseos diarios. Cuando podía valerse por sí mismo, su manera de caminar se tornó renqueante. En la vejez, los ataques fueron cada vez más frecuentes y le atormentaron hasta lo indecible.

Mención aparte merece su fístula anal, tal vez la enfermedad más importante y que ya hemos comentado detalladamente en otro artículo y que conllevó una intervención quirúrgica para la que se diseñó un instrumento especial que revolucionó la cirugía de su época. No en vano a 1686 se le llamó "el año de la fístula".

También presentaba diverticulosis del colon, especialmente del colon sigmoide, lo que le causaba diarreas incoercibles. En más de una ocasión tuvo que abandonar con urgencia tanto las reuniones del Consejo; como los salones de Mme. de Maintenon, su amante; las recepciones de su familia de Inglaterra o incluso la mesa.

A todo ello hay que añadir los tormentos añadidos por los consejos de los médicos. Podemos concluir que el rey era un gran adicto a los medicamentos y remedios. En este apartado podemos citar: 

- Sangrías. Luis XIV se sangraba repetidamente para controlar a la naturaleza. Se sangró por lo menos 38 veces en el pie o en el brazo. 

-  Purgas. Entre 1647 y 1715 tomó medicamentos purgantes en cerca de 2.000 ocasiones, una media de dos por mes, como precaución o como remedio de urgencia. 

- Clisterios. Centenares de ellos

- Quina. Tomó numerosas libras de quina 

- Emplastos.  Experimentó todos los emplastos conocidos

- Cordiales.  Los probó casi todos 

Además tomó gran cantidad de tabletas, y un sinfín los cocimientos medicinales


Balance de las enfermedades de Luis XIV: 

1655.- Escarlatina 

1662.- Inicio de los vértigos que se mantendrán durante casi toda su vida. 
         -  Resfriado intenso  

1663.- Sarampión

1676.- Fiebres intermitentes rebeldes
         - Reumatismo
         - Caries del maxilar superior 

1686.- Fístula anal
         - Oftalmias
         - Enfermedades cutáneas, 

1696.- Forúnculos
         - Ántrax con una placa mayor que la palma de la mano

1704.- Forúnculos
         - Luxación del codo
         - Tumores 

En diversas ocasiones:    - Parásitos intestinales
                                       - Gota
                                       - Indigestiones
                                       - Divertículos del colon
                                       - Diarreas 




Bibliografía

Louis XIV, gastronome https://gavroche60.com/2017/09/14/louis-xiv-gastronome/

Mazé J. La cour de Louis XIV. Hachette. Paris 1945


miércoles, 21 de marzo de 2018

Luis XIV (I): enfermedades de juventud







Charles Le Brun 

Retrato de Luis XIV de Francia


Óleo sobre lienzo 
Museo Nacional del Palacio de Versalles





Luis XIV de Borbón, rey de Francia (1638-1715) fue el monarca absoluto por antonomasia. Su largo reinado fue el más largo de la historia de Francia (72 años). 

Convencido de su autoridad divina, se rodeó de una corte barroca y teatral donde cada acto, por nimio que fuese, se revestía de un ritual dirigido a sacralizar al máximo la figura del monarca. Así el despertar, el desayuno, el momento de vestirse o de ponerse la peluca eran presenciado por un buen número de cortesanos que se consideraban muy afortunados de que el soberano les dispensara tal privilegio. Y más todavía si tenían una función especial, como el encargado de llevarle la levita o el distinguido con la función de despertarle. Tan codiciadas eran estas prebendas que incluso se tuvo que recurrir a dos ceremonias de despertar: el "petit léver", el despertar real del monarca, presenciado por un reducido círculo de gentilhombres de estricta confianza, seguido luego por otros rituales de aseo, que también eran realizados ante los espectadores. Luego, el rey simulaba volverse a dormir y era despertado al cabo de poco en una ceremonia teatral a la que acudía un grupo mucho más numeroso pero menos selecto de cortesanos ("le grand léver").  Las ceremonias, verdaderos rituales de adoración al monarca se sucedían hasta la cena, que tenía lugar poco antes de las 10 de la noche. El rey cenaba bajo la mirada arrobada de sus cortesanos, que se agolpaban en la cámara y seguían con atención todos sus gestos y palabras. Un grupo selecto de elegidos tenía el privilegio de acompañarlo al dormitorio, donde tenía lugar el último ceremonial: "le coucher du Roy".  


Paul Philippoteaux: La prolija etiqueta real en el dormitorio de Luis XIV

Esta continua representación teatral, tan propia del barroco, hizo de la corte de Luis XIV una de las más complejas y deslumbrantes de Europa -no en vano se le conocía como "el Rey Sol"- en la que el monarca marcó la moda y los usos de su época. El rey era de escasa estatura, y para corregir su aspecto acostumbraba a usar zapatos de tacón. También usaba unas abigarradas y largas pelucas, que también realzaban su figura. Ni que decir tiene que todas estas novedades fueron imitadas a pies juntillas por todos los cortesanos, marcando una moda que caracterizó a su tiempo. 

Aquí no entraremos a comentar los aspectos políticos y bélicos de su reinado, sino que nos ceñiremos a su historia clínica, a las enfermedades que aquejaron a su persona en el curso de su vida. 

Luis XIV, hijo de Luis XIII y Ana de Austria, nació el 5 de septiembre de 1638 tras veinte años de infertilidad matrimonial. Los reyes habían hecho todo lo que podían para propiciar el parto: votos solemnes, fiestas y peregrinaciones religiosas, prácticas piadosas, consejos de médicos y de mujeres expertas en natalicios... Por eso el parto despertó una gran expectación. Al nacer, el niño presentaba una curiosa anomalía: nació ya con dientes, concretamente con los incisivos. Ante este hecho sorprendente, no es de extrañar que en la Corte se considerara que el nacimiento fuera un auténtico milagro, e impusieron al principito el sobrenombre de Dieudonné (Concedido por Dios). 


Luis XIV, niño


El nacimiento había tenido lugar en domingo, día dedicado en la Antigüedad al Sol, y por esta razón se comenzó a relacionar al joven Luis con este astro. Más tarde el esplendor de su corte daría más razones para esta vinculación, hasta el punto de que se le conociera con el apelativo del "Rey Sol" 


Decoración de la verja del palacio de Versalles. 
Luis XIV lo consideraba su emblema personal. 
A los 5 años de edad Luis sufrió un accidente. Mientras jugaba en los jardines del palacio, se cayó en uno de los estanques y estuvo a punto de ahogarse. Lo salvaron en el último momento. 

El 9 de noviembre de 1647, cuando contaba 9 años de edad, enfermó de viruela, una enfermedad que causaba una gran mortalidad, y que acabó con algunos de sus familiares. Los médicos se mostraron muy pesimistas en cuanto al pronóstico y 10 días más tarde casi lo desahuciaron. Pero sorprendentemente, el joven príncipe se recuperó poco después. 



Luis XIV fue coronado rey de Francia y de Navarra
el 7 de julio de 1654
El 30 de junio de 1658, ya como rey de Francia y de Navarra, Luis XIV participaba en una acción bélica, el sitio de Bergen-op-Zoom, y allí fue víctima de una grave intoxicación alimentaria. Tan grave estaba el monarca, que el lunes 8 de julio, se le administró la extremaunción y se empezó a preparar su sucesión. Sin embargo, Guénaut, médico de la reina-madre Ana de Austria, le hizo tomar un emético a base de vino con antimonio que, milagrosamente, curó de nuevo al soberano. No sería la única vez que Luis tendría problemas digestivos. Padeció disentería en alguna ocasión y múltiples gastroenteritis causadas por los frecuentes excesos dietéticos a los que le llevaba su voraz apetito. 

Desde su juventud el rey estuvo aquejado de gonorrea, contagiada por alguna de sus numerosas amantes (1655). Aunque la enfermedad fue cuidadosamente ocultada, fue la causa de numerosas molestias durante toda su vida. 



Bibliografía

Luis XIV el rey que nació con dientes  https://www.larazon.es/cultura/luis-xiv-el-rey-que-nacio-con-dientes-LE16475178?sky=Sky-Marzo-2018#Ttt19vtpmf4EZATj

Mazé J. La cour de Louis XIV. Hachette. Paris 1945








martes, 28 de marzo de 2017

La sífilis de Franz Schubert



Josef Abel

Retrato de Franz Schubert, joven 
(1870)

Óleo sobre lienzo  83,3 x 70 cm
Kunsthistorische Museum.  Viena.


Franz Schubert (1797-1828) fue uno de los mejores compositores del s. XIX. A pesar de su corta vida (murió con tan solo 31 años) dejó escritos más de 600 lied, el conjunto de estas obras más perfecto e importante de la historia. Además compuso música sacra, óperas, un gran número de piezas de música de cámara y nueve sinfonías. Su música es especialmente melódica y armoniosa.  

Franz había nacido en Viena, el duodécimo de una serie de catorce hermanos. Es frecuente describir a Schubert como bonachón e ingenuo, pero lo cierto es que tenía un carácter lleno de altibajos, con frecuentes accesos de ira. Fumador empedernido, no solía prestar mucha atención a su aseo personal. En lo relativo al sexo era muy hedonista y tenía un comportamiento promiscuo y libertino.  
La diversidad de compañías sexuales propició que se contagiara de sífilis a los 26 años. Aunque no tenemos constancia de un diagnóstico formal de la enfermedad, parece que no hay dudas sobre la naturaleza de la misma. Schubert presentó una erupción en todo el cuerpo, probablemente una roséola y malestar general, que le obligó a confinarse en casa de sus padres durante las primeras semanas de 1823. Tal vez esta fuera la razón por la que su octava sinfonía quedó inconclusa.  Los médicos le recomedaron una estricta dieta alternada con periodos de ayuno, tomar grandes cantidades de té caliente, baños frecuentes y ungüentos a base de mercurio. En aquel tiempo era frecuente dar mercurio "disimulado" con el té , para evitar las murmuraciones, ya que todo el mundo sabía que el mercurio se administraba para tratar la sífilis. 


Casa natal de Franz Schubert
Pero la enfermedad continuó su progresión natural. Meses después, la erupción afectó la cara, las manos y el cuero cabelludo, el pelo se cayó de forma irregular en grandes áreas mal delimitadas, lo que lo obligó a recluirse nuevamente y a ingresar finalmente en un hospital, uno de los mayores que entonces había en Europa. Durante su estancia en este establecimiento sanitario compuso parte del ciclo de canciones de La Bella Molinera. Para disimular la alopecia se puso peluca durante un cierto tiempo, aunque parece que pudo recuperar su cabello. Moritz von Schwind, ilustrador de sus canciones escribió una carta a Franz von Schober, uno de sus amigos en la que le decía: 
"Tiene de nuevo su propio cabello, que tiene que ser cortado a causa del exantema"
En abril de 1824 aparecieron nuevos síntomas: dolor en los huesos, sobre todo en el brazo izquierdo, que le impedía tocar el piano. Y tampoco podía cantar, ya que probablemente tenía una laringitis sifilítica. La infección evolucionaba a brotes, con períodos de mejoría y empeoramiento. En 1827 las principales manifestaciones fueron cefaleas,  rubor intenso en la cara y cojera.  El tratamiento volvió a insistir en la dieta, purgas, ejercicio y más mercuriales. 
Además de las alteraciones físicas, Schubert tuvo claros episodios depresivos. Se conservan muchos testimonios escritos que hacen mención de su tendencia a la “melancolía severa”, que empeoró progresivamente en los últimos años. En marzo de 1824 escribió: 
“Me siento el más infeliz y miserable de las criaturas. Imagínate un hombre cuya salud nunca volverá a ser normal, cuyas más brillantes esperanzas no se han cumplido. Mi paz ha desaparecido, mi corazón está dolido; me acuesto esperando nunca despertar y cada mañana me recuerda las penas de ayer”.

Pero también presentaba periodos con estado de ánimo expansivo: una creatividad desbordante, locuacidad, aumento de la actividad sexual... Tal vez pudiéramos pensar en un transtorno bipolar.   Su carácter era cada vez más difícil, con arranques violentos, lo que hizo que algunos amigos se fueran distanciando. Al final de su vida se volvió muy informal: no cumplía algunos de sus compromisos profesionales y a veces descargaba su ira en un rincón del café, con violentos exabruptos, muecas y un lenguaje soez. Tal vez la afectación neurológica de la sífilis terciaria, el alcoholismo y los efectos de la intoxicación por mercurio pudieran explicar estos extraños ataques de violencia. 
Carl Jäger: Retrato de Franz Schubert (1870)
(Según una pintura previa de Wilhelm August Rieder,1825)
Colchester and Ipswich Museum
En otoño de 1828 Franz Schubert presentó un proceso con cefalea, inapetencia, astenia, vómitos y fiebre  alta que le condujo a la muerte en 20 días. Bauernfeld escribe el 17 de noviembre de 1828: 

"...permanece agotado, con la cabeza ardiendo, y por la tarde ha comenzado a tener alucinaciones". 

Se ha apuntado la posibilidad de que estuviera afectado de una fiebre tifoidea, favorecida por la anemia, la sífilis preexistente, y la intoxicación de mercurio, alcohol y tabaco. Hasta hace poco más de medio siglo, cuando la mortalidad por tifoidea llegaba todavía a ser hasta de 20%, las formas agudas mortales se asociaban con frecuencia a trastornos del sistema nervioso central, semejantes a los que presentó Schubert. 

Schubert murió joven y pobre. Los bienes que dejó al morir apenas eran unas pocas ropas desgastadas por el uso. Pero su herencia espiritual es gigantesca, y su obra marcó para siempre la historia de la música. Sin embargo Franz Schubert ni siquiera lo supo. Su música no había sido apreciada mientras vivió, y solamente una vez se organizó un concierto compuesto exclusivamente con sus composiciones.   


Bibliografía

Hetenyi G. The terminal illness of Franz Schubert and the treatment of syphilis in Vienna in the eighteen hundred and twenties. Bull Can Hist Med 1986 Summer;3(1):51-64.

Guerra Tapia A. Franz Peter Schubert y el estigma de la sífilis. 
http://www.nexos.com.mx/?p=8685

Martínez Palomo A. Historia clínica de una vida breve. Nexos 
http://www.nexos.com.mx/?p=8685

Rold RL. Schubert and syphilis. Journal of Medical Biography. 1995; 3: 232-235. 
http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/096777209500300409?journalCode=jmba

Franz Schubert: Serenade




Schubert - Ave Maria



martes, 9 de agosto de 2016

Carbunco (y V): Las esporas del terror








Marina Abramovic

 Desnuda con esqueleto
(2004)

Performance. 
   




Además de su utilización en conflictos bélicos, las armas biológicas también han sido usadas por los terroristas a partir de la última década del s. XX, como sucedió en 1995 cuando la secta Aum llevó a cabo el atentado con gas neurotóxico sarin en el metro de Toquio.  Cinco años antes esta misma secta había difundido toxina botulínica en el parlamento japonés, y pocos meses más tarde usó aerosoles para esparcir esporas del bacilo del carbunco desde lo alto de un edificio, aunque afortunadamente no causó víctimas. 

Marina Abramovic: Anima Mundi (Pietà) 1983
Las armas biológicas que hasta ahora han usado los terroristas incluyen agentes de numerosas enfermedades infecciosas como el carbunco, la peste, la fiebre tifoidea, el cólera, la brucelosis, la tularemia, varias fiebres hemorrágicas africanas (Ebola, Marburg; de Crimea; Machupo de Bolivia), dengue, encefalitis japonesa, fiebre del valle del Rift, encefalitis rusa de primavera y de verano, encefalomielitis equina venezolana, gripe. La viruela no figura en la lista, ya que solamente hay dos laboratorios en el mundo que están autorizados a manipular este virus: uno en los Estados Unidos y otro en Rusia (y por lo tanto sería muy fácil saber de donde proviene el virus). Los priones, las toxinas botulínica y la enterotoxina B estafilocócica y los ácidos nucleicos infecciosos son considerados de momento demasiado complejos y con alto riesgo en su manipulación como para ser usados por pequeñas estructuras de producción. 


Pero son muchos los productos que pueden ser producidos clandestinamente y de los que se pueden vender algunas cepas a los grupos terroristas. De ahí la gran facilidad de producción del bacilo del carbunco, que lo convierte de hecho en una arma biológica barata y asequible. 

Aparte de la epidemia de Rumania en el año 2000, y de la actual epidemia del Norte de Rusia, los casos de carbunco cutáneo han sido muy raros, y los de carbunco pulmonar excepcionales (en los Estados Unidos solamente 18 casos de 1900 a 1980). 

En septiembre de 2001, Robert Stevens estaba trabajando en Florida para el tabloide The Sun, cuando recibió una carta conteniendo un polvo parduzco. Lo encontró sospechoso, y le pidió a su secretaria que lo tirara. Algunos días más tarde, Stevens comenzó un cuadro febril con alteración del estado general y convulsiones. En Urgencias le diagnosticaron una meningitis, y pudieron constatar la presencia de Bacillus anthracis en el líquido cefalorraquídeo. Stevens murió y en la autopsia se confirmó un carbunco pulmonar con afectación meníngea. La afectación pulmonar de esta patología no se había visto en los Estados Unidos desde hacía más de 30 años. 
Pablo Picasso: Guernica (fragmento)
Museo Reina Sofía. Madrid. 

La primera hipótesis sobre la muerte de Stevens fue la de una contaminación por inhalación de esporas del suelo, pero las muestras de los lugares que frecuentaba mostraron una gran cantidad de esporas en su despacho. El FBI se hizo cargo de la investigación, y descubrió que se habían enviado muchas cartas con polvo de esporas de Bacillus anthracis el 18 de septiembre de 2001, con el matasellos de la estafeta de correos de Trenton (New Jersey). Es decir, las cartas habían sido enviadas una semana después de los atentados terroristas a las Torres Gemelas y ea Pentágono el 1 de septiembre de 2001. Poco después, pudieron identificar un buzón en Princeton cerca del campus universitario, desde donde se habían enviado numerosas cartas a los grandes medios de comunicación americanos. Una de las cartas llevaba un mensaje lleno de faltas de ortografía, que orientaba hacia una pista de terrorismo islamista, y avisaba que iba a haber una segunda etapa, advirtiendo que quien la recibiera debía tratarse con penicilina. La mayoría de las cartas no fueron abiertas. Cautelosamente, se mantuvo el asunto en secreto. Una segunda remesa de cartas procedentes de New Jersey y dirigidas mayoritariamente a senadores demócratas tuvo lugar el 8 de octubre de 2001, cuando ya se conocía la causa de la muerte de Stevens. Solamente una de estas cartas (la dirigida al senador Daschle) llegó a abrirse, y anunciaba claramente que contenía esporas de carbunco. Se analizó el polvo del interior del sobre y tras confirmar la presencia del germen, se administraron profilácticamente antibióticos a todos los que habían estado en contacto y se limpió y descontaminó todo el edificio. 


Edvard Munch. El Grito. 
Aunque no hubo más envíos de cartas contaminadas, comenzó la histeria colectiva. Se enviaron numerosas cartas anónimas (cerca de 10.000) conteniendo falsos polvos inofensivos, con la intención de atemorizar o simplemente para gastar una broma pesada. La práctica de enviar falsas cartas pronto fue practicada en otros países. Solamente en Francia se llegaron a controlar 4.500 cartas sospechosas. 

Se encontraron positividades a Bacillus anthracis en las muestras nasales de algunos carteros. También algunos de ellos llegaron a presentar carbunco cutáneo o pulmonar. Cerca de 33.000 personas expuestas a un riesgo de carbunco recibieron tratamiento preventivo con ciprofloxacino o doxiciclina. En realidad, en los Estados Unidos, se contaron 22 víctimas por ataques con sobres contaminados, y dos de ellas murieron. Los trabajos de descontaminación alcanzaron un coste de un millón de dólares. 

Sobre el origen del ataque la versión oficial del gobierno americano siguió la pista de Al-Quaeda y supuso (sin mucha discusión) que los bacilos procedían de Irak: El 25 de noviembre, el presidente Bush firmaba el Homeland Security Act para prevenir los ataques terroristas contra los Estados Unidos dotando al programa de un presupuesto de 30 millones de dólares, que incluían programas de gestión de ataque bacteriológico, una provisión de medicamentos y vacunas suficientes para hacerle frente en caso necesario y la reactivación de los programas de investigación sobre los posibles agentes patógenos que podían ser usados en estos ataques.  


Benjamin Long. Mural del Banco de América.
 Charlotte (Carolina del Norte)


Pero la verdadera investigación del FBI (conocida como Amerithrax) sobre el origen de las 5 muertes producidas por la bacteria del carbunco se alargó mucho tiempo más, aunque no logró llegar a ninguna conclusión clara. El FBI disponía del polvo de dos de los envíos, el primera dirigido a periodistas que contenía un polvo grosero que causó sobre todo lesiones de carbunco cutáneo y la segunda dirigida al senador Daschle, mucho más fina y peligrosa. Ésta última planteaba la hipótesis de un origen terrorista a pequeña escala, ya que este polvo - con una carga muy importante de esporas purificadas  - estaba preparado para dispersarse rápidamente, tal como se elabora cuando se quiere usar como arma bacteriológica. Dada su alta sofisticación tecnológica, solamente podía proceder de cuatro países: la Rusia ex-soviética, Corea del Norte, Irak y los propios Estados Unidos. El análisis de la cepa de Bacillus anthracis demostró que se trataba de una producción americana. Se barajaron entonces las hipótesis de que fuera un complot de la extrema derecha americana o incluso el resultado de la obra de un científico aislado. Pero las posibles soluciones  a la cuestión no arrojaron resultados demasiado evidentes, aunque la única certeza fue que las cepas provenían del laboratorio especializado de Fort Detrick. El FBI cargó la responsabilidad a uno de sus especialistas, Bruce Ivins, que apareció muerto en su domicilio en 2008 por ingestión masiva de paracetamol y de codeína.

Hace pocos días, el 5 de agosto de 2016, en Bruselas, las autoridades belgas han evacuado parcialmente el ayuntamiento de Saint-Josse después que el alcalde, Emir Kir, recibiera una carta con polvos blancos que se sospechó que eran esporas de bacilo carbuncoso. Unidades especiales de descontaminación y miembros especiales de la policía, bomberos y ambulancias se trasladaron a la zona de Madou. Se hospitalizaron preventivamente 13 personas, ocho por contacto directo y 5 más por contacto indirecto con el sobre en cuestión, para someterse a exámenes médicos exhaustivos y recibir tratamiento preventivo con antibióticos. 

Como podemos ver, el terrorismo biológico es hoy una amenaza real y los ataques con esporas de carbunco siguen estando de plena actualidad. 



Bibliografía

Hugh-Jones ME, Hatch Rosemberg B, Jacobsen S: The 2001 attack anthrax: Key observations. 
https://www.washingtonpost.com/r/2010-2019/WashingtonPost/2011/10/21/Editorial-Opinion/Graphics/2157-2526-S3-001.pdf

Anthrax et maladie du charbon. https://thoracotomie.com/2014/03/23/anthrax-et-maladie-du-charbon/

Broad WJ, Shane S. Scientist's Analysis Disputes FBI Closing of Anthrax Case. The New York Times, oct 9, 2011. http://www.nytimes.com/2011/10/10/science/10anthrax.html?pagewanted=all&_r=2&

Chopra K, Conde-Green A, Folstein MK, Knepp EK, Christy MR, Singh DP. Bioterrorism: Preparing the Plastic Surgeon. 
Eplasty 2011 Nov 23 http://www.nytimes.com/2011/10/10/science/10anthrax.html?pagewanted=all&_r=2&

Weapons of Mass Casualties and Terrorism Response Handbook. Burlington, MA: Jones & Bartlett Publishers; 2006.

Binkley CE, Cinti S, Simeone DM, Colletti LM. Bacillus Anthracis as an Agent of Bioterrorism. A Review Emphasizing Surgical Treatment. Ann Surg. 2002 Jul; 236(1): 9–16. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1422543/

Sierra X. Ética y experimentación médica en humanos. Actas Dermosif 2011 doi:10.1016/j.ad.2011.03.016  pdf