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miércoles, 14 de junio de 2017

La piel resquebrajada



     Resultat d'imatges de igor mitoraj





Igor Mitoraj

Centurión resquebrajado

Estatua colosal de bronce

Exposición temporal. Barcelona 2007





Igor Mitoraj nació en Oederan (Alemania) en 1944 de padre francés y madre polaca, pero se crió en Polonia y estudió Bellas Artes en Cracovia, donde bajo la dirección de Tadeusz Kantor, se especializó en pintura. En 1968 amplió sus estudios en l'École Nationale des Beaux-Arts de París y posteriormente viajó a México donde se interesó mucho en el arte precolombino. 

De regreso a París, en 1974, decidió centrar su obra en la escultura. En 1983 tuvo lugar su consagración internacional en la Bienal de Venecia. Desde 1983 a 2003 vivió en Pietrasanta, cerca de Carrara, realizando muchas obras religiosas y seculares en mármol. En 2003 regresó  a Polonia, donde recibió diversos premios y distinciones.

La obra de Mitoraj tiene sus raíces en los dioses y héroes mitológicos y está muy influida por el mundo clásico, pero con un toque postmoderno. Sus obras escultóricas, de grandes dimensiones, se presentan mutiladas, caídas, vendadas o cuarteadas. Sus grandes dimensiones y su obvio deterioro pretenden provocar un cierto malestar en el espectador, obligado a presenciar su decadencia en un intento de denuncia de la desidia y abandono que sufren las grandes obras de la Antigüedad Clásica. A veces expone en medio de las calles principales de las ciudades y sus enormes esculturas no pueden pasar desapercibidas. En Barcelona por ejemplo, tuvo lugar una exhibición de este tipo en 2007. 

La piel cuarteada, como la tierra reseca por falta de lluvia es un leit-motiv en la obra de Mitoraj. Los rostros o los torsos de los personajes aparece resquebrajada, con grietas que la surcan en todas direcciones. Da así la buscada sensación de sequedad, de falta de mantenimiento. 

La piel humana también puede presentar un aspecto similar en algunas ocasiones. Es el caso, por ejemplo de la piel que rodea a alguna herida o falta de continuidad de la piel. En estos casos se puede producir el que los dermatólogos franceses denominaban "eczema craquelé", que podríamos traducir por piel resquebrajada, un cuarteamiento característico de la piel de las dermatitis paratraumáticas, de aspecto similar a la tierra de un campo cuarteado por la sequedad. 

En otras circunstancias también podemos ver este cuarteamiento cutáneo.

El eccema craquelé se puede ver también en las extremidades inferiores de los ancianos, especialmente en su cara externa (dermatitis asteatósica). Se presentan placas eritematosas, bilaterales y simétricas, que están surcadas por numerosas fisuras epidérmicas que al cruzarse forman una estructura reticulada o “craquelé”. Suele acompañarse de intenso prurito, aunque no se ven lesiones de rascado. Está causado por la sequedad de la piel y el frío, por lo que es más frecuente en invierno. La erupción está favorecida por los baños frecuentes con jabones detergentes y agua caliente, el frío extremo y la calefacción ya que seca el ambiente. Todos estos factores contribuyen a causar una pérdida de la capa lipídica de la piel responsable de la piel seca inicial.

En las formas de dermatitis en los que la piel pierde su capa de grasa, por ejemplo. Es la llamada dermatitis ortoérgica, muy frecuente en las manos de quien por su profesión o por abandono las sumerge muy frecuentemente en agua o usa jabones alcalinos muy potentes que causan la pérdida de la capa de lípidos de reacción ácida que protege nuestra piel de las agresiones externas. Es el manto ácido de la piel que describió Marchionini (1928). En estos casos la ausencia de esta capa lipídica provoca el resecamiento epidérmico y produce su cuarteamiento, con un aspecto muy similar a la de las pátinas de las esculturas de Mitoraj. 


Igor Mitoraj





Igor Mitoraj. Mercati di Traiano, Roma







jueves, 23 de febrero de 2017

Lavanderas





Henri Frère

Lavandera
(1942)
 Plintografía 
Colección particular  



Henri Frère (1908-1986) fue un artista de Catalunya Nord, gran amigo y admirador del escultor Aristide Maillol. Además de cultivar la pintura y la escultura realizó diversos grabados en ladrillos, a los que él daba el nombre de plintografías. 

Una de estas plintografías es la que comentamos hoy, que muestra una lavandera realizando su colada en la ribera de un río. Hasta casi mediados del s. XX estas mujeres lavaban así la ropa. También existían en muchos pueblos lavaderos comunales o privados donde se podía también lavar a mano. 

Lavadero público de Biniaraix (Mallorca)

Existe la leyenda de que yendo Ernest Bazin hacia el Hospital de Saint Louis de París, se encontraba con estas mujeres lavando en el canal del Sena. Tal vez hubiera alguna muchacha especialmente bella, que en el ajetreo de su faena, dejaba las piernas al aire. Lo cierto es que dicen que Bazin se fijaba en ellas y así se dio cuenta del que se conocería más tarde como eritema indurado de Bazin, una paniculitis de las piernas relacionada con la tuberculosis, tan frecuente en aquel tiempo... La veracidad de esta anécdota no está contrastada, pero si más no, es una forma de recordar la descripción del cuadro por el insigne dermatólogo. 


Ernest Herbert. Jeune lavandière songeuse. Musée d'Orsay. Paris. 

Lavar la ropa era un trabajo duro. Suponía desafiar el frío, el viento y mantener las manos sumergidas largo rato en el agua helada. La piel está recubierta de una capa grasa, que la conserva y protege. Este manto ácido, que fue descrito en 1928 por el dermatólogo Marchionini, puede ser destruído por la acción continuada del jabón, de inmersiones repetidas en agua o por los elementos metereológicos (frío, viento).


Antiguo lavadero público. Llampaies (Empordà, Catalunya)

La consecuencia es que la piel aparece enrojecida, seca y cuarteada. Su aspecto recuerda al de algunos eccemas, aunque en este caso no hay una sensibilización a una sustancia concreta, sino una reacción ortoérgica, de uso, debida a la falta de protección cutánea. 

Esta alteración se denominó en aquel tiempo dermatitis del lavado o de las amas de casa. Hoy lo seguimos viendo en otras profesiones que desarrollan su trabajo en contacto repetido con el agua, como enfermeras, pinches, camareros, cocineros... o en cualquier otra circunstancia que requiera el contacto frecuente con agua y detergentes o en los casos en los que el secado de las manos no es todo lo cuidadoso que sería recomendable.  

lunes, 16 de febrero de 2015

Jesús en casa de Marta y María, de Velázquez


Velázquez: Jesús en casa de Marta y María.



 Diego Velázquez
 (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660) 

Jesús en casa de Marta y María 
(1618)

Óleo sobre tela 60 x 103,5 cm 
National Gallery, Londres


El Evangelio nos cuenta que cuando Jesús fue a Betania, fue invitado a casa de sus amigos Marta, María y Lázaro.
 “Yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa” (Lucas 10, 38 y ss.)
Era preciso agasajar al Rabí, y de repente, se multiplicó el trabajo doméstico. Marta, diligente ama de casa se puso a  preparar el banquete. Pero no encontró mucha ayuda en la cocina: 
“Ésta [Marta] tenía una hermana llamada María que, sentada junto a los pies de Jesús, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos quehaceres”. (Lucas 10, 39-40)
Velázquez intenta describir la escena entera y recurre al recurso del espejo (o tal vez un ventanuco). Marta mira hacia adelante con recelo, algo molesta, mientras se afana con la comida. El resto de la escena la podemos ver en el espejo: Jesús predica y ante él, María sentada en el suelo, no pierde detalle. Marta, en cambio, se queda preparando la comida. 

Velázquez, en realidad está pintando una escena costumbrista, un bodegón. El pasaje evangélico es poco más que un pretexto. Se recrea en todos los ingredientes que están sobre la mesa: la jarra, los huevos, los pescados (pintados con todo detalle) y sobre todo, los dientes de ajo y las guindillas. Alimentos éstos algo irritantes, que junto con la frecuente inmersión en agua, han arruinado las manos de Marta, que aparecen enrojecidas, un poco hinchadas, mientras empuñan enérgicamente la maza del almirez. 


Las manos de Marta presentan una clara dermatitis ortoérgica, muy común en las amas de casa, cocineros y pinches. Está causada por la pérdida del manto ácido cutáneo, ocasionada por la acción continuada del agua y la acción del frío sobre la piel, y empeorada por el uso de jabones abrasivos e irritantes tópicos como el ajo o las guindillas. Con toda seguridad Velázquez había observado muchas veces que las manos enrojecidas se solían ver en las cocinas. Otro diagnóstico que no puede descartarse es el del eritema pernio (sabañones) 


Marta además presenta una ligera rosácea. En su cara, contrariada por la ausencia de su hermana, podemos ver unas mejillas enrojecidas, típicas de esta enfermedad. Tal vez un carácter nervioso, algo propenso a enfadarse, no contribuye a calmar su proceso.