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lunes, 18 de septiembre de 2023

Paludismo

versió catalana | versión española







Antoine-Auguste-Ernest Hebert 


Malaria 
(1848-1850)

Óleo sobre lienzo
193 x 135 cm
Musée d'Orsay. Paris. 




Antoine-Auguste-Ernest Herbert (1817-1908), fue un destacado representante del Romanticismo francés. Natural de Grenoble,  su pintura se caracteriza por un gran uso de la luz y el color, representando sobre todo escenas campesinas, con cierto melancólico lirismo, en las que destaca la serenidad de los personajes. También cultivó el retrato. Herbert fue discípulo del pintor parisino Paul Delarauche (1797-1856), quien contribuyó notablemente en el desarrollo un estilo muy personal, que también se vio fuertemente influenciado por el ambiente artístico de Italia, donde vivió durante más de treinta años. 

 

En Italia se inspiró para realizar el cuadro “Malaria” (1848-1850) que le otorgaría gran fama a nivel internacional. En la escena, bajo una luz crepuscular, un grupo de personas sobre una barca, navegan por el río huyendo de un foco palúdico que se ha desatado en alguna región próxima. Un hombre, situado de espaldas al espectador, mira ansioso el horizonte y dirige la barca y el destino de los embarcados, entre los que podemos ver varias mujeres y un niño de corta edad. La melancólica escena y la resignación de los personajes contrasta con la gravedad del momento que vivía la población ante la propagación de la enfermedad. 


La malaria o paludismo constituyó un grave problema en las zonas pantanosas de Italia y de toda la Europa meridional. El italiano Francesco Torti (1658-1741) fue quien puso nombre a la enfermedad (malaria), ya que creía que el origen de la enfermedad se debía a los residuos y miasmas evaporados de los ríos, lagunas y áreas pantanosas. Esta relación con los pantanos y zonas palúdicas originó también el nombre de paludismo con la que también se conoce el mal. Herbert presenció frecuentemente este tipo de situaciones y las migraciones que ocasionaban para huir de la enfermedad. 




Ciclo del Plasmodium, agente productor de la malaria

El ciclo de Plasmodium es bastante complicado. Podríamos resumirlo de forma simplificada así: 

1) Los mosquitos contraen el paludismo al picar a un ser humano enfermo de  paludismo. El mosquito retiene sangre en su estómago donde crece Plasmodium. Luego, los parásitos se desplazan a las glándulas salivales del mosquito. A partir de la saliva infectada el mosquito puede infectar a un humano mediante su picadura.

2) Tras la picadura de un mosquito infectado, un humano sano contrae la enfermedad. Plasmodium entra en contacto con la sangre del huésped y llega así al hígado. En las células del hígado, los parásitos se multiplican. 

3) Las células más tarde eclosionan, y al reventarse dejan sueltos miles de nuevos parásitos que pasan a infectar más glóbulos rojos. Esta eclosión provoca un brote de fiebre alta en el huésped. La fiebre puede ser cada tres días (terciana) o cada cuatro días (cuartana) ya que según las especies de Plasmodium varía la velocidad del ciclo. 

Se conocen unas 175 especies de Plasmodium, de las cuales las que afectan más frecuentemente a los seres humanos son: :

  • P. falciparum (causa la malaria terciana maligna).
  • P. vivax (causa más frecuente de la malaria terciana benigna).
  • P. ovale (causa menos frecuente de la malaria terciana benigna)
  • P. malariae (causa la malaria cuaternaria benigna).

La mayoría de los casos actuales (438.000 muertes al año, actualmente) están producidos por P. falciparum (+ de 75%) y P. vivax (20 %). 

El paludismo constituyó un grave problema sanitario desde la Antigüedad. Ya sale citado en en el texto de medicina china Neijing (c 2700 a.C.), en tablillas de arcilla de la biblioteca Asurbanipal en Mesopotamia (c 2000 a. C.) y en el papiro egipcio de Ebers (circa 1570 a.C.)

En la antigua Grecia, Hipócrates (460-370 a.C.) en su libro Epidemias clasificó las fiebres periódicas en cotidiana (diaria), una con fiebres recurrentes cada tres días (terciana benigna) y otra con fiebres al cuarto día (cuartana). 

Hacia 100 d. C., el romano Lucio Columela asoció animaculi invisibles con las fiebres: 
«Tampoco conviene que haya laguna cerca de los edificios, ni camino real, porque aquella despide con los calores un vapor pestilencial y produce enjambres espesísimos de insectos que vienen volando sobre nosotros armados de aguijones dañinos […] son causa muchas veces de que se contraigan unas enfermedades desconocidas, cuyos motivos ni aun los médicos pueden descubrir». 

En 1880 se descubrió el agente causal de la malaria. Alphonse Laveran, un cirujano del ejército francés que estaba de servicio en Argelia. Laveran solía observar muestras de sangre fresca, contrariamente a la tendencia de la época en que la mayoría de los médicos utilizaban fijadores químicos que evitaban que las estructuras celulares se descompusieran, pero a costa de matar el movimiento de los microbios. Ese día en particular, Laveran dejó el microscopio por un tiempo y cuando regresó, la muestra de un paciente con malaria estaba llena de plasmodios retorcidos, posiblemente gametos masculinos que tomaron la disminución de temperatura como señal de haber salido del cuerpo humano y estar dentro de un mosquito, donde podrían encontrar gametos femeninos. Los trabajos de Laveran hicieron que se le concediera el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1907. Pero Laveran agregó otra atrevida y, en ese momento, ignorada especulación: que la malaria era transmitida por mosquitos.



Charles-Louis-Alphonse Laveran (1845-1922),
descubridor del parásito causante del paludismo. 

Esta suposición de Laveran fue confirmada poco después. En 1897 el británico sir Ronald Ross, un cirujano militar que trabajaba en Secunderabad (India), demostró que el paludismo era transmitida por mosquitos del género Anopheles, que actuaban como vectores. Su picadura transmitía diferentes especies de Plasmodium, agente causante de la infección. También, un año más tarde lo corroboró el italiano Giovanni Battista Grassi. Como tantas veces en la Historia de la Medicina esto generó una agria disputa entre las escuelas inglesa e italiana sobre la autoría del descubrimiento. 

Con la eliminación de los mosquitos vectores, el paludismo fue erradicado de la mayoría de zonas endémicas de Europa. Aunque las transformaciones ambientales producidas por el cambio climático hacen temer un posible regreso del paludismo a algunas zonas de nuestro país.  

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Paludisme

 




Antoine-Auguste-Ernest Hebert 


Malària 
(1848-1850)

Oli sobre tela
193 x 135 cm
Musée d'Orsay. Paris. 




Antoine-Auguste-Ernest Herbert (1817-1908), va ser un destacat representant del Romanticisme francès. Natural de Grenoble, la seva pintura es caracteritza per un gran ús de la llum i el color, representant sobretot escenes camperoles, amb cert lirisme malenconiós, en les que destaca la serenitat dels personatges.

També va cultivar el retrat. Herbert va ser deixeble del pintor parisenc Paul Delarauche (1797-1856), qui va contribuir notablement al desenvolupament d’un estil molt personal, que es va veure molt influenciat per l'ambient artístic d'Itàlia, on va viure durant més de trenta anys.

A Itàlia es va inspirar per pintar el quadre Malària (1848-1850) que li atorgaria una gran fama a nivell internacional. A l'escena, sota una llum crepuscular, un grup de persones sobre una barca, naveguen pel riu fugint d'un focus palúdic que s'ha desfermat en alguna regió propera. Un home, situat d’esquena a l’espectador, mira ansiós l’horitzó i dirigeix ​​la barca i el destí dels embarcats, entre els quals podem veure diverses dones i un nen de poca edat. La malenconiosa escena i la resignació dels personatges contrasta amb la gravetat del moment que vivia la població davant la propagació de la malaltia.

La malària o el paludisme va esdevenir un problema greu a les zones pantanoses d'Itàlia i de tota l'Europa meridional. L'italià Francesco Torti (1658-1741) va ser qui va posar nom a la malaltia (malària), ja que creia que l'origen de la malaltia es devia als residus i miasmes evaporats dels rius, llacunes i àrees pantanoses. Aquesta relació amb els pantans i zones palúdiques va originar també el nom de paludisme amb què també es coneix el mal. Herbert va presenciar freqüentment aquest tipus de situacions i les migracions que causaven per fugir de la malaltia.


Cicle de Plasmodium, agent productor de la malària


El cicle del Plasmodium és força complicat. Podríem resumir-lo de manera simplificada de la següent manera:

1) Els mosquits contrauen el paludisme en picar un ésser humà malalt de paludisme. El mosquit reté sang al seu estómac, a on Plasmodium creix.
Després, els paràsits es desplacen a les glàndules salivals del mosquit. A partir de la saliva infectada el mosquit pot infectar un humà mitjançant la seva picada.

2) Després de la picada d'un mosquit infectat, un humà sa contrau la malaltia. Plasmodium entra en contacte amb la sang de l'hoste i arriba així al fetge.
A les cèl·lules del fetge, els paràsits es multipliquen.

3) Les cèl·lules més tard esclaten, i en rebentar-se deixen anar milers de nous paràsits que infecten més glòbuls vermells. Aquesta eclosió provoca un brot de febre alta a l'hoste. La febre pot ser cada tres dies (terciana) o cada quatre dies (quartana) ja que segons les espècies de Plasmodium varia la velocitat del cicle.

Es coneixen unes 175 espècies de Plasmodium, de les quals, les que afecten més freqüentment als éssers humans són:

P. falciparum (causa la malària terciana maligna).
P. vivax (causa més freqüent de la malària terciana benigna).
P. ovale (causa menys freqüent de la malària terciana benigna)
P. malariae (causa la malària quaternària benigna).

La majoria dels casos actuals (438.000 morts a l'any, actualment) estan produïts per P. falciparum (+ de 75%) i P. vivax (20%).

El paludisme va constituir un problema sanitari greu des de l'Antiguitat. Ja surt  citat al text de medicina xinesa Neijing (c 2700 a.C.), a les taules d'argila de la biblioteca Asurbanipal a Mesopotàmia (c 2000 a. C.) i al papir egipci d'Ebers (circa 1570 a.C.)

A l'antiga Grècia, Hipòcrates (460-370 a.C.) al seu llibre Epidèmies va classificar les febres periòdiques en quotidiana (diària), una amb febres recurrents cada tres dies (terciana benigna) i una altra amb febres al quart dia (quartana).

Cap a l’any 100 d. C., el romà Lucio Columela va associar animaculi invisibles amb les febres:

«Tampoc no convé que hi hagi cap llacuna a prop dels edificis, ni camí real, perquè amb les calors acomiaden un vapor pestilencial i produeix eixams espessíssims d'insectes que venen volant sobre nosaltres armats de fiblons nocius […] són moltes vegades la causa que es contreguin malalties desconegudes, els motius de les quals ni els metges poden descobrir».

El 1880 es va descobrir l'agent causal de la malària. Alphonse Laveran, un cirurgià de l'exèrcit francès que estava de servei a Algèria, solia observar mostres de sang fresca, contràriament a la tendència de l'època en què la majoria dels metges utilitzaven fixadors químics que evitaven que les estructures cel·lulars es descomposessin, però que matavan els microbis i impedien veure els seus moviments.

Un dia, Laveran va deixar el microscopi per un temps. Quan va tornar, la mostra d'un pacient amb malària estava plena de plasmodis recargolats, possiblement gàmetes masculins que van prendre la disminució de la temperatura ambient com a senyal d'haver sortit del cos humà i estar dins d’un mosquit, on podrien trobar gàmetes femenins. Els treballs de Laveran van fer que se li concedís el Premi Nobel de Fisiologia o Medicina el 1907. Però Laveran va afegir una altra atrevida i, en aquell moment ignorada especulació: que la malària era transmesa per mosquits.


Charles-Louis-Alphonse Laveran (1845-1922),
descubridor del paràsit causant del paludisme. 


Aquesta suposició de Laveran va ser confirmada poc després. El 1897 el britànic sir Ronald Ross, un cirurgià militar que treballava a Secunderabad (Índia), va demostrar que el paludisme era una malaltia transmesa per mosquits del gènere Anopheles, que actuaven com a vectors. La seva picada transmetia diferents espècies de Plasmodium, agent causant de la infecció. Un any més tard també ho va corroborar l'italià Giovanni Battista Grassi. Com tantes vegades a la Història de la Medicina això va generar una agra disputa entre les escoles anglesa i italiana sobre l'autoria del descobriment.

Amb l'eliminació dels mosquits vectors, el paludisme va ser eradicat de la majoria de zones endèmiques d'Europa, tot i que les transformacions ambientals produïdes pel canvi climàtic fan témer un possible retorn del paludisme a algunes zones del nostre país.

viernes, 11 de marzo de 2022

Celestino Mutis y la Quina

 versió catalana | versión española






R. Cristóbal

Celestino Mutis 
(1930) 

Óleo sobre lienzo 
Wellcome Collection. Londres. 



José Celestino Mutis (1732-1808) fue un científico que destacó especialmente como botánico, geógrafo y matemático. 

Mutis nació en Cádiz, donde comenzó a estudiar Medicina en el Real Colegio de Cirugía que había fundado en esta ciudad Pere Virgili.  Tras terminar sus estudios en la Universidfad de Sevilla, ejerció como médico en el hospital de Cádiz. Más tarde, pasó a trabajar de suplente en la cátedra de Anatomía de Madrid, donde tuvo la oportunidad de ampliar sus conocimientos botánicos en el Jardín del Soto de Migas Calientes. Antes de cumplir los 30 años viajó a América como médico personal de Pedro Messía de la Cerda, nombrado virrey de Nueva Granada. 

Se instaló así en Santafé de Bogotá (que es la actual ciudad de Bogotá) y no tardó en observar que  la educación en el virreinato estaba muy alejada de las ideas ilustradas que se habían adoptado en Europa. Se planteó así organizar los estudios de medicina y comenzó a impartir él mismo matemáticas, física y astronomía. En sus clases, enseñaba las innovadoras ideas de Newton, Galileo y Copérnico, por lo que pronto fue acusado ante la Santa Inquisición por heterodoxo. Para evitar una condena, abandonó la docencia e ingresó en la Compañía de Jesús, llegando a ordenarse sacerdote. 

Pero su nueva vida como jesuita no le hizo abandonar su actividad científica. Fundó el observatorio astronómico de Bogotá, impulsó nuevas técnicas de minería y realizó importantes aportaciones en investigación médica. Durante la epidemia de viruela de 1782 optó por inocular cepas debilitadas de la enfermedad a personas sanas, lo que se convirtió en una campaña de vacunación providencial a pesar de las reticencias de los gobernantes.  

Estaba muy interesado por la gran variedad de plantas del Nuevo Mundo. Una de ellas era la quina, reputada como febrífuga y que se usaba frente a la malaria, una enfermedad devastadora, por su contenido en quinina. 

Corteza de quina

La quinina es el más fuerte de los cuatro alcaloides que se encuentran en la corteza de los árboles del género Cinchona. Su descubrimiento se remonta a una de las grandes expediciones científicas en el Nuevo Mundo bajo el patrocinio de la Corona Española durante los siglos XVII y XVIII. La primera descripción de la corteza de quina la hizo el militar y científico Miguel de Santisteban durante una expedición a Loja y sur de Quito en el Reino de Nueva Granada. En este viaje hizo amistad con Mutis y le regaló varios ejemplares de quinas. Mutis estudió y analizó las muestras de quina que le iban enviando diversas exploraciones. 

Así, Mutis descubrió hasta siete especies del género Cinchona, destacando que no todas tienen un contenido apreciable de quinina. 

Los resultados los mostró en su celebrada obra «Arcano de la Quina» y también en otras obras y dibujos, algunos de ellos conservados en el Jardín Botánico de Madrid. 

En 1629 fue administrada a Ana de Osorio, condesa de Chinchón y esposa del virrey del Perú, que padecía la "fiebre de los pantanos" (paludismo), con notable éxito. 

Los monjes utilizaron este remedio para salvar de la muerte a la condesa de Chinchón, Ana de Osorio, esposa del virrey de Perú, aquejada de lo que por entonces denominaban ‘fiebre de los pantanos’. 

Esta curación fue muy comentada y por esta razón le fue impuesto el nombre de Cinchona con el que se conoció a partir de entonces este género botánico. 

Mutis mantenía una activa correspondencia con Carl Linné (Linneo), uno de los científicos más relevantes del siglo XVIII y padre de la taxonomía, es decir, de la clasificación de los seres vivos, a quien le envió muestras de las increíbles plantas que se podían encontrar en Nueva Granada. Linneo se interesó mucho en las especies que le comentaba Mutis. Tanto que en su honor le dio el nombre de Mutisia a una orquídea. Precisamente, la que observa Mutis con su lupa, en el óleo que encabeza este escrito.   

La quina como tratamiento fue conocida a través de los tiempos con distintos nombres: «cascarilla», «polvos de Loja», «polvos de la condesa» y «polvos de los jesuitas». Esta última denominación no gustó a los protestantes ingleses que se negaban a tomarlo y se decidió cambiar el nombre por el de «el remedio inglés». 

Años más tarde, tras aislar la quinina, responsable de su acción antimalárica, el joyero y empresario alemán Jacob Schweppes (sí, el de los refrescos), ideó el procedimiento industrial para la elaboración de bebidas carbonatadas en 1792, y posteriormente elaboró un agua carbonatada a la que añadiría quinina, dando origen a la conocida Agua Tónica, muy consumida después para prevenir la malaria a las tropas británicas destinadas en la India. Como su sabor era muy amargo y algunos soldados se las ingeniaban para poner cualquier excusa y evitar el mal trago, decidieron añadir limón y ginebra creando sin saberlo el Gin-Tonic. Por supuesto, ningún soldado quiso saltarse desde entonces su ración de quinina.



La imagen de Celestino Mutis fue reproducida
en un billete de 2000 pesetas (1992)


Además de su labor botánica, Celestino Mutis fue un gran defensor de la vacunación antivariólica de Jenner. Edward Jenner había iniciado su sistema de vacunación en Europa en 1796 y muy poco después, en 1803, salió de España la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna que lideraba Francisco Javier Balmis. A pesar de las reticencias de algunos, Mutis promovió las campañas de vacunación contra la viruela. Incluso investigó el uso de cepas debilitadas de la enfermedad y se autoinoculó a través de una pequeña incisión una muestra purulenta de un enfermo. Después hizo lo mismo con algunos de sus alumnos y a 36 niños enfermos de un orfanato. Al cabo de unos días nadie enfermó y los niños enfermos mejoraron. La población, esta vez convencida de la eficacia, accedieron a ella salvándose así miles de vidas.

Mutis estudió y aplicó en medicina la Ipecacuana, el té de Bogotá, el bálsamo de Tolú… pero su saber no se limitó a la botánica, la farmacia y la medicina, sino que también fue un apasionado y célebre astrónomo que apoyó la teoría sobre el sistema heliocéntrico de Copérnico e hizo contribuciones a otros conocimientos como las técnicas aplicadas en  la minería de la plata y la recopilación del vocabulario y la gramática indígena.


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Celestino Mutis i la quina






R. Cristóbal

Celestino Mutis 
(1930) 

Óleo sobre lienzo 
Wellcome Collection. Londres. 


José Celestino Mutis (1732-1808) va ser un científic que va destacar especialment com a botànic, geògraf i matemàtic.

Mutis va néixer a Cadis, on va començar a estudiar Medicina al Reial Col·legi de Cirurgia que havia fundat Pere Virgili en aquesta ciutat. Després d'acabar els estudis a la Universitat de Sevilla, va exercir com a metge a l'hospital de Cadis. Més tard, va treballar de suplent a la càtedra d'Anatomia de Madrid, on va tenir l'oportunitat d'ampliar els seus coneixements botànics al Jardí del Soto de Migas Calientes. Abans de fer els 30 anys va viatjar a Amèrica com a metge personal de Pedro Messía de la Cerda, nomenat virrei de Nova Granada.

Es va instal·lar a Santafé de Bogotà (que és l'actual ciutat de Bogotà) i no va trigar a observar que l'educació al virreinat estava molt allunyada de les idees il·lustrades que s'havien adoptat a Europa. Es va plantejar així organitzar els estudis de medicina i va començar a impartir ell mateix matemàtiques, física i astronomia. A les seves classes, ensenyava les innovadores idees de Newton, Galileu i Copèrnic, per la qual cosa aviat va ser acusat davant la Santa Inquisició per heterodox. Per evitar una condemna, va abandonar la docència i va ingressar a la Companyia de Jesús, arribant a ordenar-se sacerdot. 

Però la seva nova vida com a jesuïta no el va fer abandonar la seva activitat científica. Va fundar l'observatori astronòmic de Bogotà, va impulsar noves tècniques de mineria i va fer importants aportacions en investigació mèdica. Durant l'epidèmia de verola del 1782 va optar per inocular soques debilitades de la malaltia a persones sanes, cosa que es va convertir en una campanya de vacunació providencial malgrat les reticències dels governants.

Estava molt interessat per la gran varietat de plantes del Nou Món. Una d’elles era la quina, coneguda com a febrífuga i que es feia servir per la malària, una malaltia devastadora, pel seu contingut en quinina.

Escorça de quina

La quinina és l’alcaloide més fort dels quatre que es troben a l'escorça dels arbres del gènere Cinchona. El seu descobriment es remunta a una de les grans expedicions científiques al Nou Món sota el patrocini de la Corona Espanyola durant els segles XVII i XVIII. La primera descripció de l'escorça de quina la va fer el militar i científic Miguel de Santisteban durant una expedició a Loja i al sud de Quito al Regne de Nova Granada. En aquest viatge va fer amistat amb Mutis i li va regalar diversos exemplars de quines. Mutis va estudiar i analitzar les diferents mostres de quina que li anaven enviant diverses exploracions.

Així Mutis va descobrir fins a set espècies del gènere Cinchona, destacant que no totes tenen un contingut apreciable de quinina.

Els resultats els va mostrar en la seva celebrada obra “Arcano de la Quina” i també en altres obres i dibuixos, alguns dels quals es conserven al Jardí Botànic de Madrid.

El 1629 va ser administrada a Ana d'Osorio, comtessa de Chinchón i esposa del virrei del Perú, que patia la "febre dels pantans" (paludisme), amb un èxit notable.

"Els monjos van utilitzar aquest remei per salvar de la mort la comtessa de Chinchón, Ana d'Osorio, esposa del virrei del Perú, afligida del que aleshores anomenaven 'febre dels pantans'."

Aquesta curació va ser molt comentada i per aquesta raó li va ser imposat el nom de Cinchona amb què es va conèixer a partir de llavors aquest gènere botànic.



Mutis mantenia una activa correspondència amb Carl Linné (Linneo), un dels científics més rellevants del segle XVIII i pare de la taxonomia, és a dir, de la classificació dels éssers vius, a qui va enviar mostres de les increïbles plantes que es podien trobar a Nova Granada. Linneo es va interessar molt en les espècies que li comentava Mutis. Tant va ser així que en honor seu li va donar el nom de Mutisia a una orquídia. Precisament, la que observa Mutis amb la seva lupa, a l'oli que encapçala aquest escrit.

La quina com a tractament va ser coneguda a través dels temps amb diferents noms: «cascarilla», «pòlvores de Loja», «pòlvores de la comtessa» i «pòlvores dels jesuïtes». Aquesta darrera denominació no va agradar als protestants anglesos que es negaven a prendre-la i es va decidir canviar-li el nom pel de «remei anglès». 

Posteriorment, després d'aïllar la quinina, responsable de la seva acció antimalàrica, el joier i empresari alemany Jacob Schweppes (sí, el dels refrescos), va idear el procediment industrial per a l'elaboració de begudes carbonatades el 1792, i anys després va elaborar una aigua carbonatada a la que afegiria quinina, donant origen a la coneguda Tònica, molt consumida després per prevenir la malària a les tropes britàniques destinades a l'Índia. Com que el seu sabor era molt amarg i alguns soldats se les enginyaven per posar qualsevol excusa i evitar prendre-s’ho, van decidir afegir llimona i ginebra creant sense saber-ho el gin-tònic. Per descomptat, cap soldat es va voler saltar des de llavors la seva ració de quinina.



La imatge de Celestino Mutis va ser reproduïda
en un bitllet de 2000 pessetes (1992)


A més de la seva tasca botànica, Celestino Mutis va ser un gran defensor de la vacunació antivariolosa de Jenner. Edward Jenner havia iniciat el seu sistema de vacunació a Europa el 1796 i molt poc després, el 1803, va sortir d'Espanya la Reial Expedició Filantròpica de la Vacuna que va liderar Francisco Javier Balmis. Tot i les reticències d'alguns, Mutis va promoure les campanyes de vacunació contra la verola. Fins i tot va investigar l'ús de soques afeblides de la malaltia i es va autoinocular a través d'una petita incisió una mostra purulenta d'un malalt. Després va fer el mateix amb alguns dels alumnes i amb 36 nens malalts d'un orfenat. Al cap d'uns dies ningú no es va posar malalt i els nens malalts van millorar. La població, aquesta vegada convençuda de l'eficàcia, van accedir-hi salvant-se així milers de vides.

Mutis va estudiar i va aplicar en medicina la ipecacuana, el te de Bogotà, el bàlsam de Tolú… però el seu saber no es va limitar a la botànica, la farmàcia i la medicina, sinó que també va ser un apassionat i cèlebre astrònom que va recolzar la teoria sobre el sistema heliocèntric de Copèrnic i va fer contribucions a altres coneixements com les tècniques aplicades en la mineria de la plata i la recopilació del vocabulari i la gramàtica indígena.


martes, 8 de febrero de 2022

Los mosquitos y la guerra.

 versió catalana | versión española







Anopheles maculipennis macho

(1921)
 
Lámina del libro 
Life cycle & anatomy of Anopheles mosquito.
Wellcome Collection
Londres





Puede parecer una adivinanza. ¿Qué animal es el responsable de más muertes humanas en todo el planeta? Probablemente no todos acertarían en la respuesta. No es uno de los grandes carnívoros, como el león o el tigre. Ni tampoco una serpiente venenosa, ni un tiburón, ni un cocodrilo. El asesino no identificado es... un mosquito!  

Efectivamente, es el causante de 830.000 muertes al año. Y si esto lo extrapolamos a las muertes de humanos que ha producido en toda la historia obtenemos la astronómica cifra de 52.000 millones de víctimas. Es decir, casi la mitad de los seres humanos que han poblado la Tierra (que se calcula en unos 108.000 millones). Su potencial mortífero pues, no tiene comparación con ningún otro ser vivo. Ni siquiera con las muertes producidas por el propio Homo sapiens, que mata cada año a 580.000 de nuestros semejantes.  

Nos hemos referido en otras ocasiones al papel de los mosquitos en las invasiones que sufrió Roma.  Hasta el punto de que los mosquitos (transmisores del paludismo) fueron considerados los guardianes de la ciudad, protegiéndolas en buena parte de las invasiones. Incluso grandes líderes invasores y reyes, como Alarico, sucumbieron a su amenaza. Julio César y Napoleón quisieron drenar las marismas pontinas, cercanas a Roma, conocidas como "el valle de la muerte". 

Los mosquitos jugaron un papel no desdeñable en la conquista de América. El transporte involuntario de larvas de estos insectos en las bodegas de los barcos proporcionó a los invasores  -muchos de ellos con cierta inmunidad-  un arma de destrucción masiva más efectiva que las armas de fuego. 



Luis Fernández Gordillo: La flota británica atacando
la ciudad de Cartagena de Indias. 


También jugaron un papel en ciertas guerras coloniales en el Caribe. Este fue el caso de la expedición militar británica comandada por el almirante Vernon en 1741 que disputaba a España el control de las colonias lanzada por la Gran Bretaña contra España, se vio atacada por mosquitos en los sitios de Cartagena de Indias y de Santiago de Cuba. Los mosquitos transmitían el paludismo y la fiebre amarilla y liquidaron a 22.000 de los 29.000 sitiadores en pocos meses. Si comparamos estas cifras con los muertos en combate (solamente 1.000 soldados ingleses) deduciremos que la mayor parte de aquella campaña la decidieron los insectos.

Algo similar sucedió en la Habana. En 1762, el conde de Albemarle consiguió cercar con su ejército la ciudad, en poder de la Corona española. Parecía inminente que los británicos se adueñaran de la ciudad. Pero los sitiados consiguieron resistir hasta la llegada de la estación de las lluvias, época en la aparecen nubes de mosquitos, que en poco tiempo acabaron con la vida de 10.000 sitiadores. En cambio, solamente 700 soldados ingleses cayeron en combate.  Aunque la villa finalmente cayó, el precio que pagaron los británicos por la ocupación fue muy alto. 



El mosquito Anopheles, transmisor de la malaria
suele levantar las patas traseras al picar. 



El mosquito pues, fue el verdadero conquistador de América y también factor decisivo de que se consiguiera su emancipación e independencia de la ocupación española. De los 16.000 soldados que Fernando VII envió a América para subyugar los países que declaraban su independencia, el 90% perecieron por las enfermedades tropicales. Sus organismos forasteros eran absolutamente indefensos. 

En el libro El mosquito (2019), el historiador canadiense Timothy C. Winegard sostiene que gran parte de las bajas de la Primera Guerra Mundial fueron a causa de enfermedades transmitidas por mosquitos. También durante la Segunda Guerra Mundial muchas bajas estuvieron causadas por las enfermedades inoculadas por mosquitos, e incluso los nazis incluyeron mosquitos infectados entre sus armas secretas. 

Hay 110 billones de mosquitos en el mundo, divididos en 3.500 especies diferentes. La acción de los más que incómodos insectos alados han influido en guerras e invasiones como en la caída del Imperio romano, la independencia de los Estados Unidos o la Revolución Francesa.  Un ejército temible y difícil de vencer. 



Aedes aegypti, mosquito transmisor del dengue


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Els mosquits i la guerra









Anopheles maculipennis macho

(1921)
 
Lámina del libro 
Life cycle & anatomy of Anopheles mosquito.
Wellcome Collection
Londres




Pot semblar una endevinalla. Quin animal ha estat el responsable de més morts humanes a tot el planeta? Probablement no tothom encertaria en la resposta. No és un dels grans carnívors, com ara el lleó o el tigre. Ni tampoc una serp verinosa, ni un tauró, ni un cocodril. L'assassí no identificat és... un mosquit!

Efectivament, el mosquit és el causant de 830.000 morts cada any. I si això ho extrapolem a les morts humanes que ha produït en tota la història obtenim la xifra astronòmica de 52.000 milions de víctimes. És a dir, gairebé la meitat dels éssers humans que han poblat la Terra (que es calcula en uns 108.000 milions). El seu potencial mortífer doncs, no té comparació amb cap altre ésser viu. Ni tan sols amb les morts produïdes pel mateix Homo sapiens, que mata cada any 580.000 dels nostres semblants.

Ens hem referit en altres ocasions al paper dels mosquits en les invasions que va patir Roma. Fins al punt que els mosquits (transmissors del paludisme) van ser considerats els guardians de la ciutat, protegint-les en bona part de les invasions. Fins i tot grans líders invasors i reis, com Alaric, van sucumbir a la seva amenaça. Juli Cèsar i Napoleó van voler drenar les maresmes pontines, properes a Roma, conegudes com "la vall de la mort".

Els mosquits van jugar un paper que no cal menystenir en la conquesta d'Amèrica. El transport involuntari de larves d'aquests insectes als cellers dels vaixells va proporcionar als invasors –molts d'ells amb certa immunitat– una arma de destrucció massiva més efectiva que les mateixes armes de foc.


Luis Fernández Gordillo: La flota britànica atacant
la ciutat de Cartagena d'Índies. 



També van jugar un paper destacat en certes guerres colonials al Carib. Va ser el cas de l'expedició militar britànica comandada per l'almirall Vernon l’any 1741 que disputava a Espanya el control de les colònies llançada per la Gran Bretanya contra Espanya; es va veure atacada per mosquits a Cartagena d'Índies i a Santiago de Cuba. Els mosquits transmetien el paludisme i la febre groga i van liquidar 22.000 dels 29.000 assetjadors en pocs mesos. Si comparem aquestes xifres amb els morts en combat (només 1.000 soldats anglesos) deduirem que bona part d'aquella campanya la van decidir els insectes.

Una cosa semblant va passar a l'Havana. El 1762, el comte d'Albemarle va aconseguir tancar la ciutat amb el seu exèrcit, en poder de la Corona espanyola. Semblava imminent que els britànics s'apoderessin de la ciutat. Però els assetjats van aconseguir resistir fins a l'arribada de l'estació de les pluges, època en què apareixen núvols de mosquits, que en poc temps van acabar amb la vida de 10.000 assetjadors. En canvi, només van caure en combat 700 soldats anglesos. Tot i que la vila finalment va caure, el preu que van pagar els britànics per a l'ocupació va ser molt alt.  



El mosquit Anopheles, transmissor de la malària
aixeca habitualment las potes del darrere al picar. 


El mosquit va ser, doncs, el veritable conqueridor d'Amèrica i també un factor decisiu que s'aconseguís l’emancipació i independència de l'ocupació espanyola. Dels 16.000 soldats que Ferran VII va enviar a Amèrica per subjugar els països que declaraven la seva independència, el 90% van morir per les malalties tropicals. Els seus organismes forasters eren absolutament indefensos.

Al llibre El mosquit (2019), l'historiador canadenc Timothy C. Winegard sosté que gran part de les baixes de la Primera Guerra Mundial van ser a causa de malalties transmeses per mosquits. També durant la Segona Guerra Mundial les malalties inoculades per mosquits van provocar moltes baixes, i fins i tot els nazis van incloure mosquits infectats entre les seves armes secretes.

Hi ha 110 bilions de mosquits al món, dividits en 3.500 espècies diferents. L'acció dels més que incòmodes insectes alats han influït en guerres i invasions com la caiguda de l'Imperi romà, la independència dels Estats Units o la Revolució Francesa. Un exèrcit temible i molt difícil de vèncer.