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lunes, 5 de julio de 2021

Las alucinaciones de Juana de Arco

 versió catalana | versión española



 



Eugène Thirion 

Juana de Arco recibiendo el mensaje 
del arcángel Miguel. 
(1876)
 
Óleo sobre lienzo 225 x 163 cm

Iglesia de Notre Dame. Chatou. 



Juana de Arco (1412-1431) fue una joven campesina que es considerada una heroína patriótica en Francia y que fue canonizada como santa por el papa Benedicto XV en 1920. 

Juana afirmaba haber oído voces sobrenaturales del Arcángel San Miguel, protector del reino de Francia. Al arcángel pronto se unieron otras apariciones: Santa Margarita y de Santa Catalina de Alejandría, que le dieron instrucciones para que ayudara a Carlos VII y liberara a Francia de la dominación inglesa en el período final de la Guerra de los Cien Años (1337-1453). Según Juana, las apariciones de los santos eran tan reales que no sólo los podía ver y tocar, sino que afirmaba que "Santa Margarita y santa Catalina olían muy bien". 

Vestida con ropas masculinas (tal y como le habían indicado las voces) se presentó a la corte francesa de Chinon y convenció al delfín Carlos (que todavía no era rey) de que ella era la enviada por el Cielo para ayudarle a reconquistar Francia. Se equipó con una armadura blanca y ondeando un estandarte, tal como se representa habitualmente, se puso al frente de las tropas y obligó a los ingleses a levantar el sitio de Orleans, derrotando al general británico Talbot en Patay. Fue allí donde se ganó una gran fama porque el asedio fue levantado solo nueve días después, y a partir de entonces se le conoció con el sobrenombre de "La Doncella de Orleans". Tras otras victorias militares, Carlos VII fue coronado rey de Francia en Reims, lo que elevó la moral de las tropas francesas y permitió su victoria final.

Juana fue capturada el 23 de mayo de 1430 en Compiègne por los nobles borgoñones, aliados de los ingleses, que l a entregaron a los ocupantes. Los ingleses le imputaron diversos cargos, entre ellos el de brujería por haber oído voces extrañas, que podían interpretarse como diabólicas. Procesada por el obispo Pierre Cauchon, fue declarada culpable. Fue ejecutada el 30 de mayo de 1431 en la plaza del Mercado Viejo de Ruan, y quemada viva en la hoguera, como se hacía con las acusadas de brujería, cuando tenía unos 19 años de edad.




Pedro Américo: Juana de Arco escuchando por primera vez la voz (1884).

 

Es frecuente en las iglesias francesas encontrar imágenes de Juana de Arco vistiendo la armadura que llevó en el sitio de Orléans, ya que fue beatificada en 1909 por el papa Pío X y canonizada en 1920 por Benedicto XV. Actualmente se la considera la patrona de Francia. Seguramente su presencia en los altares y la veneración que le dispensan los católicos de aquel país se debe más a su simbolismo patriótico que a sus virtudes cristianas, entre las que al parecer no se contaba la mansedumbre, el pacifismo ni el mandamiento de "No matarás". En la guerra como en la guerra.  

Podemos analizar desapasionadamente la historia de Juana, ya que se conservan los detallados documentos del proceso de 1431, donde Juana describe con gran precisión sus alucinaciones, que ella hace remontar a cuando tenía 13 años de edad. 

Si nos olvidamos de la poco verosímil explicación sobrenatural, las alucinaciones de la doncella de Orléans podrían corresponder a ciertos cuadros psiquiátricos. 



Ingres: Juana de Arco en la coronación de Carlos VII
en la catedral de Reims (1854). Musée du Louvre. París. 

En primer lugar, a la esquizofrenia, enfermedad frecuentemente asociada a alucinaciones de los cinco sentidos e ideas delirantes. Sin embago, los esquizofrénicos son generalmente retraídos, con un discurso impreciso que no se corresponde a la actitud mostrada por Juana, y con delirios mucho menos estructurados que los que describía la joven, de los que da gran número de detalles: 

"Algunos [ángeles] tenían alas y había algunos de ellos que llevaban coronas y otros no".  

Además, las visiones de Juana parecen tranquilizantes y hermosas, mientras que las alucinaciones de los esquizofrénicos son en general inquietantes y negativas.  

Una segunda hipótesis sería la epilepsia parcial, una forma de epilepsia localizada solamente en el lóbulo temporal. En algunos epilépticos, las crisis pueden desencadenarse como experiencias místicas sin signo motor alguno. Dostoievski, por ejemplo sufría una epilepsia parcial que se manifestaba con crisis de hiperreligiosidad y éxtasis, que podríamos comparar con las de Juana de Arco. 

Otros psiquiatras creen que Juana de Arco sufría un transtorno bipolar. La desinhibición, los actos impulsivos, fugas y megalomanía que podemos intuir en la muchacha se pueden interpretar como fases maníacas, características de esta enfermedad. Por otra parte, un 40% de los casos de transtorno bipolar también sufren alucinaciones. 



Hermann Stillke. Juana de Arco en la pira. 
Parte derecha del tríptico Vida de Santa Juana de Arco (1843).
Museo de l'Hermitage. San Petersburgo. 

Pero, ¿debemos ver entonces a Juana forzosamente como una enferma mental, como sospechan todas estas hipótesis? ¿No cabe la posibilidad de estar ante una persona sana? Ciertamente, no todas las alucinaciones deben considerarse patológicas. Según un estudio publicado en 2015 en la revista JAMA Psychiatry, una persona de cada 20 puede tener alucinaciones, sin presentar ningún otro síntoma. Esto es especialmente frecuente en los momentos entre la vigilia y el sueño, y no es motivo suficiente para considerarlas alteraciones patológicas. Están inducidas por los trastornos del sueño, el estrés, o el efecto de ciertas sustancias. 

Cabe plantear una última explicación. Juana de Arco podría haber sido una fabuladora. En un ambiente profundamente cristiano, donde las visiones de los santos gozaban de gran prestigio y veneración, Juana, en plena adolescencia, pudo haberse inventado todo el relato para hacerse la interesante. Una posibilidad no desdeñable, si tenemos en cuenta que según una leyenda muy popular en la época, una joven virgen liberaría el reino de Francia. 

 




Les al·lucinacions de Joana d'Arc

 




Eugène Thirion 

Joana d'Arc rebent el missatge 
de l'arcàngel Miquel. 
(1876)
 
Oli sobre tela 225 x 163 cm

Esglèsia de Notre Dame. Chatou. 



Joana d'Arc (1412-1431) va ser una jove camperola que és considerada una heroïna patriòtica a França i que el 1920 va ser canonitzada com a santa pel papa Benet XV.

Joana d’Arc afirmava haver sentit veus sobrenaturals de l'Arcàngel Sant Miquel, protector del regne de França. A més de les aparicions de l’arcàngel, aviat en va tenir altres: les de Santa Margarida i Santa Caterina d'Alexandria, que li van donar instruccions perquè ajudés a Carles VII i alliberés França de la dominació anglesa durant el període final de la Guerra dels Cent Anys (1337-1453 ). Segons Joana, les aparicions dels sants eren tan reals que no només els podia veure i tocar, sinó que afirmava que "Santa Margarida i Santa Caterina feien molt bona olor".

Vestida amb robes masculines (tal com li havien indicat les veus) es va presentar a la cort francesa de Chinon i va convèncer al delfí Carles (qui encara no era rei) que ella era l'enviada del Cel per ajudar-lo a reconquerir França. Es va equipar amb una armadura blanca i onejant un estendard, tal com es representa habitualment, es va posar al front de les tropes i va obligar als anglesos a aixecar Orleans, derrotant al general britànic Talbot a Patay. Aquí va ser on Joana es va guanyar una gran fama perquè el setge va ser aixecat només nou dies després, i a partir de llavors se la va conèixer amb el sobrenom de "La Donzella d'Orleans". Després d'altres victòries militars, Carles VII va ser coronat rei de França a Reims, fet que va aixecar la moral de les tropes franceses i va permetre la seva victòria final.

Joana va ser capturada el 23 de maig de 1430 a Compiègne pels nobles borgonyons, aliats dels anglesos, que la van lliurar als ocupants. Els anglesos li van imputar diversos càrrecs, entre ells el de bruixeria per haver sentit veus estranyes, que podien interpretar-se com a diabòliques. Processada pel bisbe Pierre Cauchon, va ser declarada culpable. Va ser executada el 30 de maig de 1431 a la plaça del Mercat Vell de Ruan, i cremada viva a la foguera, com es feia amb les acusades de bruixeria, quan tenia uns 19 anys d'edat.


Pedro Américo: Joana d'Arc escoltant per primera vegada la veu (1884).



A les esglésies franceses és freqüent trobar imatges de Joana d'Arc vestint l'armadura que va portar a Orleans, ja que va ser beatificada el 1909 pel papa Pius X i canonitzada el 1920 per Benet XV. Actualment se la considera la patrona de França. Segurament la seva presència als altars i la veneració que li professen els catòlics d'aquell país es més deguda al seu simbolisme patriòtic que a les seves virtuts cristianes, entre les que sembla que no comptava la mansuetud, el pacifisme ni el manament de "No mataràs". A la guerra, com a la guerra.

Podem analitzar desapassionadament la història de Joana d’Arc, ja que es conserven els documents del procés de 1431 en detall, on Joana descriu amb tot detall les seves al·lucinacions, que van començar quan tenia 13 anys d'edat.

Si ens oblidem de l’explicació sobrenatural, les al·lucinacions de la donzella d’Orleans podrien correspondre a certs quadres psiquiàtrics.



Ingres: Joana d'Arc, present a la coronació de Carlos VII
a la catedral de Reims (1854). Musée du Louvre. París. 


En primer lloc, a l'esquizofrènia, una malaltia freqüentment associada a al·lucinacions dels cinc sentits i idees delirants. Generalment però, els esquizofrènics són retrets, amb un discurs imprecís que no es correspon a l'actitud mostrada per Joana d’Arc, i amb deliris molt menys estructurats que els que descrivia la jove, dels que en dóna gran nombre de detalls:
"Alguns [àngels] tenien ales i n’hi havia alguns que portaven corona i d’altres no".
A més, les visions de Joana semblen tranquil·litzants i belles, mentre que les al·lucinacions dels esquizofrènics són, en general, inquietants i negatives.

Una segona hipòtesi seria l'epilèpsia parcial, una forma d'epilèpsia localitzada només en el lòbul temporal. En alguns epilèptics, les crisis poden desencadenar-se com experiències místiques sense cap signe motor. Dostoievski, per exemple patia una epilèpsia parcial que es manifestava amb crisis d’hiperreligiositat i èxtasi, que podríem comparar amb les de Joana d'Arc.

Altres psiquiatres creuen que Joana d'Arc patia un trastorn bipolar. La desinhibició, els actes impulsius, fuites i megalomania que podem intuir en la noia es poden interpretar com fases maníaques, característiques d'aquesta malaltia. D'altra banda, un 40% dels casos de trastorn bipolar també pateixen al·lucinacions.


Hermann Stillke. Joana d'Arc a la foguera. 
Part dreta del tríptic Vida de Santa Joana d'Arc (1843).
Museu de l'Hermitage. Sant Petersburg. 


Llavors, segons aquestes hipòtesis, hem de veure forçosament a Joana d’Arc com una malalta mental? Hi ha la possibilitat que estiguem parlant d’una persona sana? Certament, no totes les al·lucinacions s'han de considerar patològiques. Segons un estudi publicat el 2015 a la revista  JAMA Psychiatry, una persona de cada 20 pot tenir al·lucinacions, sense presentar cap altre símptoma. Això és especialment freqüent en els moments  en els moments entre la vigília i el son, i no és un motiu suficient per considerar-les alteracions patològiques. Estan induïdes pels trastorns de la son, l'estrès, o l'efecte de certes substàncies.

Cal plantejar una última explicació. Joana d'Arc podria haver estat una fabuladora. En un ambient profundament cristià, on les visions dels sants gaudien de gran prestigi i veneració, Joana, en plena adolescència, podia haver-se inventat tot el relat per fer-se la interessant. Una possibilitat no menyspreable, si tenim en compte que segons una llegenda molt popular a l'època, una jove verge alliberaria el regne de França.



viernes, 8 de noviembre de 2019

Julio César. ¿Epilepsia o ictus?: (II) Discusión






Nicolas Coustou

Julio César 
 (1696)

Estatua de mármol. 
Musée du Louvre. París. 




En una entrada anterior comentábamos algunos aspectos biográficos de Julio César uno de los hombres que marcaron considerablemente la Historia Antigua y que dio un notable giro a la evolución de la política de Roma. 

Desde el punto de vista dermatológico también hemos aludido en este mismo blog a su alopecia androgénica que se manifestaba por unas importantes entradas. Acomplejado por esta circunstancia, y ansioso de disimular su calvicie, obtuvo del Senado la prerrogativa de usar continuamente la corona de laurel (que hasta entonces se reservaba únicamente para los juegos en honor de Apolo). 

Pero si alguna patología se suele atribuir a Julio César fue su supuesta epilepsia. Pero, ¿tenemos la certeza de que sufriera esta enfermedad?

En el año 46 a.C., al inicio de la decisiva batalla de Tapso (actualmente en Túnez) contra los restos del ejército de Pompeyo, Julio César tuvo un ataque de convulsiones y perdió el conocimiento. Para evitar que el pánico cundiera entre la tropa, sus hombres le apartaron enseguida de las miradas llevándolo a un lugar discreto. El historiador griego Plutarco al narrar este episodio usó la palabra epileptikos (ataque súbito que sobrecoge) lo que originó que muchos aceptaran sin mucha discusión que se trataba de epilepsia. Pero Plutarco escribía de oídas, ya que no se hallaba presente en la batalla de Tapso. Ni siquiera fue una crónica reciente: escribió sobre la vida de César 10 años después de su asesinato. El propio Cayo Julio César (44-100 AEC), que era un gran escritor, no dejó ningún testimonio sobre sus ataques. Tampoco encontramos ninguna alusión en los escritores de su tiempo como Cicerón o los que vivieron poco después como Lucano. Únicamente en su crónica Vida de los doce césares, escrita un siglo después, volvería a hablar de la enfermedad de César, llamándola morbus comitialis, nombre con el que se refiere a un ataque que obligaba a detener una asamblea o reunión. La epilepsia, en aquel tiempo era conocida como enfermedad sagrada, como si fuera una intervención de los dioses, y contribuía a la divinización de César realizada machaconamente por su sucesor Octavio Augusto como base del poder de los emperadores romanos.

Sobre esa débil base, muchos historiadores siguieron afirmando que Julio César era epiléptico. De hecho, la mayoría de los artículos científicos recientes dan como segura su epilepsia y se dedican solamente a elucubrar sobre posibles desencadenantes de la misma. Así han surgido diversas hipótesis: de origen genéticoun posible tumor cerebral, sífilis, la acción de un parásito intestinal... 


Vincenzo Camuccini. Muerte de César (1798) Óleo sobre lienzo 112 x 195 cm
Galleria Nazionale di Arte Moderno. Roma. 


Recientemente, dos investigadores del Imperial College de Londres, Francesco Galassi y Hutan Ashrafian han apuntado otra teoría: La enfermedad de Julio César pudo haber sido consecuencia de diversos ictus. Así lo han expuesto en un artículo en la revista Neurological Sciences  

Repasando las crónicas de Plutarco, Julio César podía haber sufrido su primer derrame cerebral en Corduba (la actual Córdoba), posiblemente en el 49 aC, es decir, tres años antes que el de Tapso, o en el 46, al regresar a Hispania desde África. Si fue en la primera fecha, tenía entonces 51 años. Galassi recuerda que no es habitual que el primer ataque de epilepsia tenga lugar en edad tan avanzada. Y tenemos ninguna constancia de que el militar romano hubiera presentado ataques similares en su infancia o en su adolescencia. 

En el 46 aC, Julio César entró en Roma como vencedor de la guerra civil. Los senadores y patricios salieron a su encuentro para tributarle los habituales honores y títulos que acreditaban su victoria. Sin embargo, César no acudió a este encuentro alegando que se hallaba indispuesto. Sabemos que sufrió fuertes mareos, vértigo e intenso dolor de cabeza. Pero en ningún caso se desvaneció ni tuvo las convulsiones típicas de la epilepsia. Un dato a favor de la teoría del ictus. 

Otro episodio le sobrevino cuando su amigo Cicerón realizaba una encendida alabanza de sus hazañas ante el Senado. Según recuerda Plutarco, Julio César tembló de emoción escapándosele unos legajos de las manos. Pero ¿era en realidad la emoción?. En opinión de Galassi "El ataque ante Cicerón encaja con un cuadro general de ictus".


Para completar sus argumentos, los investigadores recuerdan que el gran general romano tuvo, en los años posteriores al ataque de Corduba, continuos dolores de cabeza, repentinos cambios de humor y una marcada tendencia a la depresión. Algo depresivo debía estar cuando, a pesar de que había sido advertido de que preparaban un compló contra él, César no dejó de acudir a su cita con el destino para ser asesinado por un grupo de senadores en los idus de marzo del año 44 aC.
Es muy posible que los historiadores como Plutarco, Suetonio y otros, creyeran a pies juntillas en la epilepsia por su halo divino. Algunos personajes de la Antigüedad como el faraón Akhnaton o Alejandro Magno tenían epilepsia y eso era percibido como un signo de los dioses. Es posible que la pretendida epilepsia formara parte de la divinización de Julio César emprendida por Octavio Augusto para culminar el proyecto de poder absoluto, del que se benefició él y sus sucesores. 
Los historiadores que defienden la teoría de la epilepsia aportan el dato que tanto el padre de Julio César como su bisabuelo murieron súbitamente, en lo que creen ver lo que hoy conocemos como SUDEP (muerte súbita inexplicada del paciente epiléptico). Incluso hay quienes sostienen que Cesarión, el hijo que tuvo César con Cleopatra, sufría de convulsiones. Sería en este caso una epilepsia de origen genético: algunos de los miembros de la familia Julia, como el emperador Calígula y Británico, el hijo asesinado del emperador Claudio, también tuvieron ataques epilépticos. Los dos eran descendientes de Julio César.
Contra estos argumentos Ashrafian y Galassi, destacan que no hay datos que señalen que Julia, la hermana de César sufriera de epilepsia. En cuanto a Cesarión, es complicado comparar ambos casos dado que apenas hay datos sobre el hijo nunca oficialmente reconocido de Julio César y Cleopatra. Además, según afirman estos investigadores, también existe una predisposición genética al ictus, lo que explicaría las muertes de su padre y su bisabuelo por un AVC (accidente vascular cerebral).
Según el Dr. Richard S. McLachlan, neurólogo de la Universidad Western (Canadá), y experto en epilepsia considera que no hay manera alguna de probar plenamente una teoría u otra. El neurólogo canadiense cree que a partir de los documentos históricos escritos poco después de la muerte de César, la mayoría de historiadores han aceptado  que sufría una forma suave de epilepsia. Pero como existen muchas causas de epilepsia, entre las que están el infarto cerebral, infecciones, tumores, etc. solo cabe especular con cuál de ellas le provocaba los ataques. 
McLachlan se decanta pues por la tesis de la epilepsia. En un artículo publicado hace unos años apuntaba incluso una posibilidad: que la epilepsia de César estuviera causada por la neurocisticercosis, una enfermedad parasitaria provocada por un gusano y que puede producir ataques epilépticos. Sin descartar totalmente la hipótesis apuntada por Ashrafian y Galassi señala que en aquellos tiempos, el riesgo de un ictus era probablemente menor que hoy y él no presentaba los factores de riesgo asociados al ictus. En cambio las enfermedades infecciosas y parasitarias tenían una gran prevalencia. 

Sin embargo, incluso ambas teorías pueden converger, ya que los pequeños ataques de ictus pueden haber dejado secuelas en las neuronas y propiciar ataques epilépticos. No son por tanto hipótesis totalmente incompatibles. 
En lo que coinciden los investigadores es en que solo una hábil utilización de la morbus comitialis pudo hacer que unos ataques que implican pérdida de control fueran vistos por los que le rodeaban como una señal de que era el elegido por los dioses para ser su Dictator. Y eso sólo lo pudo hacer una mente maquiavélica como la de Octavio Augusto, que se sirvió de una serie de detalles para proponer la divinización de su padre adoptivo. 

Bibliografía 

Criado MA. Julio César pudo sufrir derrames cerebrales en lugar de epilepsia. El País 10.04.2015 
https://elpais.com/elpais/2015/04/10/ciencia/1428658327_819718.html

Galassi FM, Ashrafian Has the diagnosis of a stroke been overlooked in the symptoms of Julius Caesar? Neurol Sci (2015) 36: 1521. https://doi.org/10.1007/s10072-015-2191-4

https://link.springer.com/article/10.1007/s10072-015-2191-4#citeas

Hughes JR. Dictator Perpetuus: Julius Caesar—Did he have seizures? If so, what was the etiology? If so, what was the etiology?

Epilepsy & Behavior, Volume 5, Issue 5, 756 - 764
https://www.epilepsybehavior.com/action/showCitFormats?pii=S1525-5050%2804%2900160-X&doi=10.1016%2Fj.yebeh.2004.05.006

Mc Lachlan RS. Julius Caesar's late onset epilepsy: a case of historic proportions. Can J Neurol Sci 2010 Sep;37(5):557-61.

Retief, FP, Cilliers JFG. Julius Caesar (100 - 44 BC): did he have a brain tumour?. SAMJ, S. Afr. med. j.  2010, vol.100, , pp.26-28.  
http://www.scielo.org.za/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0256-95742010000100011&lng=en&nrm=iso

jueves, 7 de noviembre de 2019

Julio César: epilepsia o ictus?: (I) Biografía







Julio César 
 (s. I d.C. )

Busto de mármol. 
Foro de Trajano. Roma. 




Cayo Julio César (100-44 aC) fue un político y militar romano que alcanzó las más altas magistraturas del Estado romano y dominó la política de la República tras vencer en la guerra civil, lo que le enfrentó al sector más conservador del Senado. 

Había nacido en una familia patricia, la gens Julia, y había recibido una buena formación intelectual, incluyendo la oratoria que le fue muy útil en su actividad política.  

En su juventud, se acercó ideológicamente al partido popular, gracias a su relación familiar con Cayo Mario. Su prestigio se fue acrecentando en los diversos cargos que ocupó: cuestor, edil, gran pontífice, pretor y propretor de la Hispania Ulterior. 


Busto de Pompeyo el Grande
Ny Carlsberg Glyptothek. Copenhague
De regreso a Roma, Julio César obtuvo un gran éxito político al conseguir la reconciliación de los dos líderes rivales, Pompeyo y Craso, con los que se repartió el poder formando un triunvirato y así oponerse a los optimates que dominaban el Senado.

Al año siguiente, fue elegido cónsul; y las medidas que adoptó acrecentaron todavía más su popularidad: repartió lotes de tierra entre veteranos y parados, aumentó los controles sobre los gobernadores provinciales y dio publicidad a las discusiones del Senado. Aprovechando el apoyo de la plebe, consiguió que se le concediera el control de varias provincias (Galia Cisalpina, Narbonense e Iliria) durante un período de 5 años (58 a 51 aC).

Pero el triunvirato fue evolucionando hacia la concentración del poder en una sola mano. Craso murió durante una expedición contra los partos , y la rivalidad entre César y Pompeyo no encontró freno una vez muerta Julia, la hija de César, que había contraído matrimonio con Pompeyo. 

César había emprendido la conquista de las Galias, y una vez que había alcanzado su objetivo, lo aseguró lanzando dos expediciones a Britania y otras dos a Germania, cruzando el Rin. Con ello llegó a dominar un vasto territorio, que aportaba a Roma una obra comparable a la que había conseguido Pompeyo en Oriente.


Busto de Julio César.
Museo Archeologico Nazionale. Nápoles
El prestigio y el poder alcanzados por César preocupaban a Pompeyo, que había sido elegido cónsul único en Roma en medio de una situación de caos por las luchas entre mercenarios. Aunque el Senado le ordenó que licenciara a sus tropas, César optó por enfrentarse a Pompeyo, a quien el Senado había confiado la defensa de la República como última esperanza de salvaguardar el orden oligárquico tradicional.

Pronunciando su célebre frase "Alea jacta est" (la suerte está echada) César atravesó el río Rubicón -que marcaba la frontera de su jurisdicción-, e inició una guerra civil que duró tres años (49-46): conquistó primero Roma e Italia; luego invadió Hispania; y finalmente se dirigió a Oriente, en donde se había refugiado Pompeyo. Persiguiendo a éste, llegó a Egipto, en donde aprovechó para intervenir en una disputa sucesoria de la familia faraónica, tomando partido en favor de Cleopatra VII («Guerra Alejandrina», 48-47).

Pompeyo fue asesinado en Egipto, pero César prosiguió la lucha contra sus partidarios. Primero hubo de vencer al rey del Ponto, Pharnaces, en la batalla de Zela , que definió con su famosa sentencia veni, vidi, vici (llegué, vi y vencí); luego derrotó a los últimos pompeyistas que resistían en África (batalla de Tapso, 46) y a los propios hijos de Pompeyo en Hispania (batalla de Munda, cerca de Córdoba, 45). Tras vencer finalmente la larga guerra civil, Julio César apaciguó a los descontentos repartiendo generosas dádivas y recompensas durante las celebraciones de la victoria en Roma. 

Dueño ya de la situación, César acumuló cargos y honores, que incrementaron su poder personal: cónsul por diez años, prefecto de las costumbres, jefe supremo del ejército, pontífice máximo (sumo sacerdote), dictador perpetuo y emperador con derecho de transmisión hereditaria, si bien rechazó la diadema real que le ofreció Marco Antonio, debido a la fobia que despertaba la monarquía entre los romanos. La función del Senado perdió todo poder decisivo y se redujo a un mero consejo del gobernante. Se estableció así una dictadura militar disimulada aparentemente por la acumulación de magistraturas civiles en su persona.

Julio César no pudo completar su proyecto, ya que murió asesinado en una conjura dirigida por Casio y Bruto. Sin embargo logró terminar algunas reformas, como el cambio del calendario (que se mantuvo hasta el siglo XVI), una nueva ley municipal que concedía mayor autonomía a las ciudades o el reparto de tierras a las masas proletarizadas en la península Itálica. Sentó así las bases para transformar Roma de la ciudad-estado que había sido en la cabeza de un imperio que abarcara la práctica totalidad del mundo conocido. Al miismo tiempo transformó su vieja constitución oligárquica por una monarquía autoritaria de facto de tintes populistas. El temor al regreso de la monarquía y al poder absoluto fueron los principales móviles de sus asesinos. Sin embargo, su obra sería continuada y completada por su sobrino-nieto y sucesor, Octavio Augusto. 




jueves, 11 de julio de 2019

Carlos II (I): una infancia enfermiza







Juan Carreño de Miranda

Retrato de Carlos III 
 (1675)

Óleo sobre lienzo. 201 x 141 cm
Museo del Prado, Madrid 




Carlos II (1661-1700) era hijo de Felipe IV (1605-1665) y Mariana de Austria (1634-1696), y fue el último monarca de la dinastía hispánica de los Habsburgo. Al morir sin hijos, dio lugar a la guerra de Sucesión y tras esta, al reinado de Felipe V, que instauró la dinastía borbónica.

Carlos II nació el 6 de noviembre de 1661, cinco días después de la muerte de su hermano Felipe Próspero, siendo inmensa la alegría en la corte. La Gaceta de Madrid daba la noticia así: 
 “...un robusto varón, hermosísimo de facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes”.
Pero la identidad sexual del recién nacido no quedaba tan clara, y suscitaba algunas dudas. En una carta al embajador de Viena, Pötting, se comentaba: 
Dicen claramente, entre otras cosas, que no creen tenga España un príncipe, porque no es varón sino hembra”.
Y tampoco era tan sano, a juzgar por un informe enviado a Luis XIV, rey de Francia: 
“El príncipe parece extremadamente débil, tiene en las dos mejillas una erupción de carácter herpético, la cabeza está cubierta de costras, se le ha formado debajo del oido derecho una especie de canal o desagüe que supura. De esto último nos hemos enterado por otros conductos, ya que un gorrito hábilmente puesto, impide ver esa zona”.
Un retrato idealizado de Carlos II
Efectivamente, la infancia del príncipe Carlos no se caracterizó por la buena salud.  Con un año de edad, tenía erupciones cutáneas, supuración bajo el oído derecho, diarreas de repetición, y las fontanelas abiertas, que no se cerraron hasta los 3 años, edad en la que todavía no era capaz de mantenerse en pie. Hasta los 6 años no pudo andar e incluso hasta los 9 años lo hacía con bastante dificultad. Su alimentación era exclusivamente de teta hasta casi los 4 años. Fue amamantado por 14 nodrizas, que se iban relevando a causa de los mordiscos que recibían en los pezones. Como que Carlos subió al trono en 1665, siendo todavía un niño de 3 años, resultaba indecoroso que siguiera mamando y eso hizo conveniente suspender la lactancia. 


Carlos tuvo una infancia muy enfermiza. Padeció infecciones bronquiales, dentales, sarampión y varicela a los 6 años, rubéola a los 10, viruela a los 11. Presentaba el prognatismo familiar de los Austria en un alto grado, lo que le hacía masticar mal, lo que unido a su glotonería le producía frecuentes diarreas. Tenía una gran adicción al chocolate. 

Además padecía de epilepsia, con frecuentes crisis y desmayos. Los desmayos se hicieron cada vez más largos y frecuentes. Alrededor de los treinta y siete años, sus desmayos llegaron a ser tan largos que duraban a veces más de dos horas y se acompañaban de unas sacudidas bruscas de los brazos y de las piernas, y de unos movimientos de los ojos y de la boca hacia un mismo lado.

En 1669, uno de los frecuentes accesos febriles que presentaba se acompañó de hematuria, la cual se repitió en varias ocasiones. Como se le quería proteger de contagios y además preservar su poco agraciada imagen de la visión de sus súbditos no salía casi nunca al exterior, por lo que tenía la piel muy pálida y desarrolló un raquitismo por carencia de exposición solar, en tal grado que apenas se tenía en pie. 

Por otra parte, tampoco destacó por sus dotes intelectuales, sino todo lo contrario, pues hasta los 9 años hablaba con dificultad y no sabía leer ni escribir. Tampoco llegó a aprender ningún idioma fuera del castellano (Normalmente los reyes dominaban latín, francés, italiano y catalán). 


Sebastian Barnuevo: Retrato ecuestre de Carlos II.
Un retrato idealizado, propagandístico,
ya que el rey no sabía montar a caballo.  


Sin embargo, todas esas debilidades del rey eran cuidadosamente ocultadas. Los reyes, en aquel momento, solo solían salir del Palacio para asistir a misa, presidir alguna ejecución de la Inquisición y algún otro acto oficial. Los traslados a estos actos se realizaban en coches cerrados y fuertemente escoltados, por lo que estaban lejos de la vista directa de sus súbditos. La imagen del rey se conocía solamente por los retratos oficiales, y los pintores de la corte intentaban suavizar la imagen patológica y poco agraciada del soberano. Muchos retratos se idealizaban, por conveniencia política, presentando una visión lejana de la realidad. Si bien Carlos nunca supo montar a caballo, se tomaba como modelo a uno de sus pajes para pintar un retrato ecuestre y se le ponía la cara del monarca. Si su aspecto era manifiestamente el de un débil tarado, canijo y enclenque, se le rodeaba de leones y águilas, o de retratos de sus gloriosos antepasados. Si tenía un prognatismo exagerado y la nariz afilada, se le colocaba un sombrero encima de la larga cabellera, se le redondeaba la nariz y se le pintaba una barba.  



Juan Carreño de Miranda: Carlos II (1685)
Kunsthistorische Museum, Viena. 

Sin embargo, disponemos de descripciones más ajustadas a la realidad, como la que hizo el nuncio papal cuando Carlos tenía veinte años: 
"El rey es más bien bajo que alto, no mal formado, feo de rostro; tiene el cuello largo, la cara larga y como encorvada hacia arriba; el labio inferior típico de los Austria; ojos no muy grandes, de color azul turquesa y cutis fino y delicado. El cabello es rubio y largo, y lo lleva peinado para atrás, de modo que las orejas quedan al descubierto. No puede enderezar su cuerpo sino cuando camina, a menos de arrimarse a una pared, una mesa u otra cosa. Su cuerpo es tan débil como su mente. De vez en cuando da señales de inteligencia, de memoria y de cierta vivacidad, pero no ahora; por lo común tiene un aspecto lento e indiferente, torpe e indolente, pareciendo estupefacto. Se puede hacer con él lo que se desee, pues carece de voluntad propia."

Comenzó a circular el rumor en la corte que el rey había sido víctima de un hechizo por parte de los enemigos del reino. Decían que le habían administrado un bebedizo disimulado en una taza de chocolate. El bulo, que intentaba exculpar al monarca, dio pronto lugar al epíteto con el que ha pasado a la historia: "El hechizado".