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martes, 21 de junio de 2016

Los ojos de Bayeu: blefarocalasia y madarosis






 Francisco de Goya y Lucientes 

Retrato del pintor Bayeu 
(1768)

Óleo sobre lienzo. 183 x 244

Museo del Prado. Madrid. 




Francisco Bayeu y Subías (1734-1795) fue miembro de una conocida familia de pintores aragoneses. Su estilo evolucionó desde un rococó inicial (influído por Lucas Giordano y Corrado Giaquinto) a un neoclásico en el que es patente la influencia de Mengs

En 1763, Anton Raphael Mengs (1728-1779) lo lleva a Madrid para realizar algunas pinturas en el Palacio Real de Oriente, convirtiéndose pronto en un pintor muy conocido en Madrid. En 1767 es nombrado pintor real de la corte de Carlos III, cargo que ocupará hasta su muerte en 1795. Realizó diversas decoraciones y pinturas murales, en general alegóricas en el Palacio Real y en los palacios de Aranjuez, La Granja de San Ildefonso, y en el Palacio del Pardo. Asimismo realizó pinturas para iglesias, como las del convento de la Encarnación de Madrid, dos bóvedas de la Basílica del Pilar de Zaragoza (en colaboración con su hermano Ramón Bayeu y con Francisco de Goya) y el claustro de la catedral de Toledo, que tal vez constituye el conjunto más personal del pintor.

También, juntamente con su hermano Ramón, y bajo la dirección de Mengs, pintó un gran número de cartones para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Muchos de estos tapices se usaron para la decoración de los Reales Sitios. Bayeu es considerado, junto con Goya, el mejor cartonista de tapices. En 1783 fue nombrado director de la Real Fábrica de Tapices. En los últimos años de su vida realizó retratos de diversos personajes de la época. 

Bayeu protegió a Goya, aragonés como él, introduciéndolo en la corte. Goya se casaría con Josefa, la hermana de Bayeu (1773). A lo largo de su vida, la relación entre Goya y Bayeu fue bastante irregular, con rupturas y reconciliaciones. Los momentos de tensión venían provocados por la negativa de Goya a someterse a los dictados de su cuñado, ya que quería ser un pintor independiente y libre. A pesar de esa tirantez en sus relaciones, Bayeu siempre favoreció a Goya, siendo nombrado Pintor de Cámara gracias a él. 

Goya pintó este Retrato del pintor Francisco Bayeu, por encargo de su hija y con destino a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que Bayeu era Director. Podemos calificar sin duda a esta pintura de Goya como  uno de sus mejores retratos. Los colores empleados son muy limitados, especialmente grises y verdes, aplicados con una soltura magistral como se puede apreciar en el chaleco y en el fajín. Goya juega con las gamas de manera asombrosa, y deja toda la escena levemente desdibujada con suaves pinceladas, resaltando el rostro del anciano pintor.  

Bayeu está sentado en un sillón, sosteniendo un pincel en la mano derecha como símbolo de su profesión; la izquierda está un poco deformada ya que la tenía atrofiada por un traumatismo en una caída. 

Detalle del cuadro, en la que se puede apreciar mejor la blefarocalasia y la madarosis en las pestañas.








El centro del cuadro es el rostro de Bayeu, en la que destaca una mirada penetrante, en la que  se puede apreciar un carácter tozudo e inteligente. Su cara está muy castigada por los infartos que sufrió en los últimos días de su vida. Es apreciable la blefarocalasia (párpados caídos) una enfermedad inflamatoria que degenera los párpados de forma prematura. El párpado se estira y se adelgaza y pierde volumen a través del tiempo, adquiriendo un aspecto envejecido, con la piel más laxa, delgada y débil. Tambien se puede apreciar una cierta madarosis, es decir la pérdida de pelo en las pestañas y en la cola de la ceja. La pérdida de pelo en la cola de la ceja a veces puede verse en ciertos casos de sífilis secundaria.  





miércoles, 23 de septiembre de 2015

La madarosis de Timoteo






Jan van Eyck

Leal souvenir 
(o Tymotheus 
o Retrato de un hombre) 
(1432)

Óleo sobre tabla de roble 33,3 x 18,9 cm
National Gallery, Londres




Este retrato de un hombre de Jan van Eyck representa a un joven con mirada taciturna, como si estuviera evocando algo, tal como reza la frase escrita sobre una placa de piedra resquebrajada pintada al pie del retrato (Leal souvenir, recuerdo fiel). 

En griego y en carácteres más pequeños encontramos la leyenda "TY.MO.THEOS", que algunos interpretan como el nombre del retratado, Timoteo. Sin embargo también puede ser interpretada como la frase "Creo en Dios". También figura, en latín, la firma del pintor y la fecha. 

El hecho de encontrarnos con leyendas en tres idiomas nos induce a pensar que el retratado podía leerlos, por lo que debía ser una persona muy culta, tal vez un humanista. Además lleva un rollo de papel en la mano, nueva alusión a su cultura. 

Algunos analistas han especulado que si tomamos Timoteo como nombre propio, tal vez fuera una alusión a Timoteo de Mileto, el primer músico conocido y modelo de los músicos posteriores. Si así fuera, podría corresponder al retrato de Gilles Binchoy, intérprete de la renovación musical flamenca conocida como Ars Nova

Una de las cosas que sorprende más de este retrato es la ausencia total de cejas y pestañas (madarosis) que le da un aire mucho más misterioso. El joven lleva un tocado que sin embargo deja traslucir en las sienes la ausencia de pelo en el cuero cabelludo, por lo que podríamos presumir que esté afectado de una alopecia universal. 

Sin embargo hemos de recordar que la madarosis también puede asociarse a otras patologías, como hipotiroidismo, lupus eritematoso, lepra, acción de determinados tóxicos, dermatitis atópica, etc..



Jan van Eyck:


martes, 24 de marzo de 2015

La Gioconda del Louvre versus la copia del Prado.





 Leonardo da Vinci 

La Gioconda (Mona Lisa) 
(1503-1519) 

Óleo sobre tabla 77 x 53 cm
Museo del Louvre, Paris  




Leonardo da Vinci (1452-1519) es probablemente el arquetipo más representativo del homo universalis del Renacimiento: científico, inventor, pintor, escultor, anatomista, escritor, músico... su curiosidad solamente es comparable a su capacidad de inventiva. Entre sus pinturas, las más emblemáticas son la Última Cena y la Gioconda o Mona Lisa

La Gioconda es una enigmática pintura sobre tabla. Fue adquirida por el rey Francisco I y pasó posteriormente al museo del Louvre, donde atrae continuamente la atención de los visitantes. Su nombre proviene de la probable identidad de la modelo, la esposa de Francesco Bartolomeo de Giocondo, que se llamaba Lisa Gherardini. De ahí seriva su otro nombre Mona (por Madona, señora) Lisa. 

El retrato fue pintado entre 1503 y 1519 y fue retocado varias veces por su autor. Leonardo recurrió a la técnica del sfumato, o difuminado, si bien actualmente es menos perceptible por el oscurecimiento de los barnices. Tal vez por esta técnica, por la misteriosa expresión del rostro de Mona Lisa, o por la leyenda forjada alrededor del cuadro, con varios robos incluídos, la Gioconda es sin duda el cuadro más célebre del mundo. La sonrisa de Mona Lisa es una de los mayores atractivos del cuadro. Se trata de una sonrisa casi insinuada, que desaparece al mirarla fijamente y reaparece al mirar otros detalles del cuadro. 

Hace pocos años apareció otra Gioconda en los almacenes del Museo del Prado de Madrid. Fue restaurada y profusamente estudiada en el año 2010, con motivo de una exposición en el Louvre que había solicitado el préstamo de la copia. El estudio reveló que coincidía muy exactamente con la obra de Leonardo, incluyendo los retoques, si bien su estado de conservación es mucho mejor. Se cree que sería una obra del taller de Leonardo (probablemente por discípulos aventajados como Francesco Melzi o Andrea Salai) no descartándose totalmente que el propio maestro hubiera intervenido en ella parcialmente (véase video al final del post). 




La Gioconda del Museo del Prado

En la Gioconda del Louvre, por ejemplo, se observa una ausencia total de cejas, cosa que no ocurre en la copia del Prado, que presenta unas cejas muy finas, bien recortadas, depiladas parcialmente. La ausencia de cejas de la Gioconda parisina puede ser por haberselas depilado (moda), por no haberlas pintado Leonardo (retoque o recurso pictórico) o por un problema patológico (alopecia).  


Arriba:
La Gioconda del Louvre. Ausencia total de cejas, madarosis universal,
pequeño nevus en canto interno derecho, pequeña ulceración 
en borde 

libre palpebral derecho y posible xantelasma en canto interno izquierdo

Abajo:
La Gioconda del Prado: Cejas finas, madarosis parcial y ausencia de xantelasma. 

También nos encontramos con una falta total de las pestañas (madarosis) en el primer caso (Louvre), mientras que en la copia del museo de Madrid la madarosis es parcial e incompleta. 

Lo más interesante es la presencia de una pequeña mancha amarillenta en el canto interno del ojo izquierdo, en el caso de la Mona Lisa del Louvre. Podría ser interpretado como un xantelasma, depósito de grasa que a veces se asocia con dislipemia (colesterol o triglicéridos elevados). Aunque  podría ser simplemente un acúmulo de barniz en esta zona del cuadro. La copia del Prado no presenta ni rastro de esta posible alteración. 



En ambas Giocondas (arriba, Louvre; abajo, Prado)
se observa una formación abultada en el dorso de la mano derecha.
Un posible xantoma?
En ambas obras se observa la misma lesión sobreelevada en el dorso de la mano derecha, que podria corresponder a un xantoma (tumor por acúmulo graso). Este detalle podría relacionarse con la presencia del posible xantelasma en el canto interno ocular. 




Nota: Algunas imágenes de este post han sido tomadas del artículo:  E. Santos-Bueso, E. Vico-Ruiz y J. García-Sánchez. Patología ocular en la obra de Leonardo da Vinci. Estudio comparativo entre la Mona Lisa y la copia del museo del Prado. Arch Soc Esp Oftalmol vol.87 no.11 Madrid nov. 2012



Estudio técnico y restauración de la Gioconda del Museo del Prado: