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lunes, 9 de septiembre de 2019

Antibióticos al río!







Claude Monet

Puente de Charing Cross. 
El Támesis.
(1903) 


Óleo sobre lienzo 
Musée de Beaux-Arts. Lyon. 



El gran artista impresionista Claude Monet (1840-1926) que pasó varias temporadas en Londres, pintó repetidamente el río Támesis, interesándose especialmente en reflejar la gran riqueza de matices proporcionada por sus reflejos y brumas. Monet nos dejó su particular visión del Támesis en una serie de 37 obras, en las que realizó un magistral estudio de la luz filtrada por la neblina invernal. Pero sólo 12 de estas obras fueron terminadas "in situ", en la ribera del río. Las otras fueron completadas en el estudio del pintor en Giverny, y en ellas se atiende más al estudio de la luz que a la exactitud topográfica. La vista del río con la que iniciamos este artículo está tomada desde el hotel Savoy, situado en los jardines del Victoria Embankment.  


Claude Monet: El Támesis a su paso por Westminster.
National Gallery. Londres. 
Recientemente el río Támesis ha sido objeto de otros estudios de muy diferente naturaleza. El gobierno británico ha encargado un estudio  sobre el papel que juegan sus aguas en la aparición de resistencias bacterianas. El uso creciente de prescripción de antibióticos en la población humana ocasiona que muchos de estos fármacos, eliminados por la orina, lleguen a los canales y acaben llegando a los ríos. Esta alta concentración de antibióticos en el agua fluvial favorece la aparición de cepas bacterianas resistentes. El problema de la resistencia bacteriana es cada vez más grave. Según datos del Inserm, 700.000 personas mueren cada año (25.000 en Europa) a causa de las bacterias superresistentes . De seguir así, se estima que en 2050 las superbacterias llegarán a causar la muerte de una persona cada tres segundos.  


Claude Monet: Remolcadores en el Támesis. 

Andrew Singer, investigador en el Centro de ecología e Hidrología del Reino Unido ha publicado recientemente un estudio, publicado en la revista Plos One (septiembre 2019). En su opinión se debería perfeccionar el tratamiento de las aguas residuales, pero sobre todo disminuir el masivo uso de los antibióticos en un 80% para reconducir la situación.  Su estudio demuestra que el río Támesis muestra en un 70% de los tramos estudiados, concentraciones de antibióticos suficientemente altas como para propiciar la aparición de superbacterias.


Claude Monet: Casas del Parlamento, al atardecer. 
El progresivo calentamiento global empeorará todavía más la situación. La disminución de precipitaciones causará una previsible disminución del flujo fluvial y hará aumentar la concentración de antibióticos en el agua y la probabilidad de emergencia de bacterias resistentes. 

Singer comenta que este estudio solamente ha tenido en cuenta los antibióticos administrados a la población humana, pero a éstos se debería añadir los antibióticos procedentes de otras fuentes, como los usados en las explotaciones ganaderas, que vendrían a aumentar todavía más la concentración final en las aguas fluviales.


André Dérain. El Támesis y el puente de Waterloo (1906). 

Asimismo, el investigador está convencido de que la situación del Támesis es perfectamente extrapolable a otros ríos europeos, especialmente los que atraviesan áreas con alta densidad de población.  



Bibliografía

Inserm. Résistance aux antibiotiques. Un phenomène massif et préocupant. 
https://www.inserm.fr/information-en-sante/dossiers-information/resistance-antibiotiques

O'Neill J. Tackling Drug-resistant infections globally: Final report and recommenndations. Review of antimicrobial resistence. May, 2016. 
https://amr-review.org/sites/default/files/160525_Final%20paper_with%20cover.pdf

Singer Ac, Xu Q, Keller V. Translating antibiotic prescribing into antibiotic resistance in the environment: A hazard characterisation case study. Plos One. September 2014. 

Sous titreUn phénomène massif et préoccupant






lunes, 29 de julio de 2019

Las bacterias viajan en gaviota






Arkady Rylov

Las gaviotas
(1910)

Tempera sobre tela
Museo Nacional de Pintura Rusa.
Kiev.




El 20% de las gaviotas plateadas australianas (Chroicocephalus novaehollandiae) son portadoras de "superbacterias" resistentes a los antibióticos conocidos actualmente y pueden provocar enfermedades graves como infecciones urinarias, meningitis o septicemias en los seres humanos, según comunica un artículo publicado en la revista Journal of Antimicrobial Chemotherapy (9 de julio de 2019).


Xavier Sierra Valentí: Gaviota.
Acrílico sobre papel vegetal 30 x 30 cm
.

El artículo está firmado por un grupo de investigadores de la Universidad Murdoch de Perth (Australie) y llega en el momento en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado del grave problema mundial que suponen las infecciones por bacterias resistentes, insensibles incluso a antibióticos de gran potencia como las fluoroquinolonas o las cefalosporinas. 

Los científicos australianos han realizado su estudio sobre los datos obtenidos de 550 muestras obtenidas de las gaviotas plateadas en toda Australia. Las bacterias resistentes que obtuvieron por este método son similares a las que provocan enfermedades humanas en hospitales y residencias de ancianos. la tercera edad. Pero lo más inquietante es que se han detectado bacterias resistentes a carbapanem y colistina (los antibióticos usados en casos de resistencias múltiples, cuando fracasan todos los demás antibióticos) en algunas de estas aves. 

Un hecho inesperado es que se ha encontrado una gran incidencia de E. coli resistente. Los investigadores piensan que las gaviotas entraron en contacto con excrementos humanos, probablemente por las cloacas o por pañales de lactantes que encuentran en los estercoleros.  

Las gaviotas actúan como bioacumuladores o esponjas ecológicas y son repertorios potenciales de estas bacterias patógenas que pueden causar enfermedades en los humanos. 

Las gaviotas plateadas australianas solamente se desplazan en un radio que puede oscilar entre 80 a 1.600 Km y no están consideradas aves migratorias. Pero podrían transmitir las bacterias que llevan a otras aves, como a los estorninos (Sternula albifrons), que efectúan largas migraciones y que podrían extender los microorganismos resistentes a toda Australia, islas de Oceanía y Asia.  


Gaviota plateada australiana (Chroicocephalus novaehollandiae)


La OMS advierte que el mundo se enfrenta a una falta de antibióticos eficaces y solicita a los Estados y a la industria farmacéutica que investiguen para descubrir nuevos antibióticos capaces de desactivar las "superbacterias":
 "La resistencia a los antibióticos constituye hoy una de las más graves amenazas que planea sobre la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo"
(OMS, noviembre 2018) 

Gaviota australiana volando. 
En caso de no hacerlo así, la OMS señala que podríamos volver a situaciones pasadas ya vividas antes del descubrimiento de los antibióticos: 


"podría venir una era post-antibiótica en la que las infecciones banales y las pequeñas heridas volverían a ser mortales" 
(OMS, noviembre de 2018) 

Si no se adoptan políticas adecuadas y eficaces, la resistencia a los antibióticos causará la muerte de 10 millones de personas en 2050. Una cifra más elevada que la  del cáncer que mata a 8 millones de personas por año en la actualidad. 

Aprovecho para compartir con vosotros un apunte que realicé de una gaviota que vi en la playa. Su actitud amenazante me impresionó y me inspiró esta pequeña pintura. Y es que no siempre las gaviotas son sinónimo de idílicos paisajes. La verdad es que son mucho más agresivas y problemáticas de lo que puede parecer en una superficial mirada. Tal vez la sagaz mirada de Alfred Hitchcock cuando filmó "Los pájaros" tenía razón. 


Alfred Hitchcock: Los pájaros (1963) Fragmento






jueves, 17 de enero de 2019

La aportación catalana a la penicilina






Dr. Pere González Juan

Fotografía en B&N
En el libro de Jordi Almirall y Xavier Granero: 
"L'aportació de Catalunya a la història de la penicil·lina. 75 anys de l'obtenció de una penicil·lina catalana". Barcelona, 2018. 



Hace un par de meses tuvo lugar en el Colegio de Médicos de Barcelona la presentación del libro "La aportació de Catalunya a la història de la penicil·lina. 75 anys de la obtenció d'una penicil·lina catalana". Sus autores, los Dres Jordi Almirall y Xavier Granero, acompañaron la presentación con una documentada conferencia. 


Presentación del libro en el Colegio de Médicos de Barcelona. Noviembre de 2018. 

Suele aceptarse que el descubrimiento de la penicilina tuvo lugar el 28 de septiembre de 1928, día en el que Alexander Fleming observó una cosa extraña en sus cultivos. Esto fue el inicio de una serie de investigaciones que dieron como fruto uno de los descubrimientos médicos más importantes del s. XX y tal vez de toda la Historia médica: la penicilina, un antibiótico que salvó la vida a millones de personas. Como hemos comentado en otras entradas de este blog, Fleming puso la primera piedra, pero sin el trabajo posterior de diversos investigadores no se habría podido producir penicilina en cantidad suficiente para poder socorrer a los pacientes de todo el mundo que la necesitaban. 

La penicilina no se comenzó a producir masivamente hasta la década de los 40, gracias al método descrito por los investigadores Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey, por lo que -junto con Fleming- obtuvieron el Premio Nobel de Medicina en 1945. 

En este año, Europa estaba inmersa en plena II Guerra Mundial. Las heridas de guerra se infectaban invariablemente y constituían un serio problema. Los médicos habían oído hablar de una droga mágica, la penicilina que resolvía estos problemas. Todos intentaban conseguir algunas unidades del antibiótico. En 1941, un equipo de investigadores ingleses de Oxford, había conseguido algunas unidades. La publicación de su trabajo tuvo una gran repercusión internacional, Sin embargo, la fabricación en gran escala no era un tema fácil. Pero en Barcelona, un grupo de investigadores consiguió fabricarla con éxito, en 1943.  Eran Pere González Juan, Jaume Sunyé Pi, Josep Vila Money y Antoni Pouplana. 


El equipo que consiguió la penicilina en Barcelona.: Los doctores González, Duran i Reynals, Surinyach, Pouplana y Vidal.  


El Estado español vivía bajo condiciones de postguerra, agravadas por la II Guerra Mundial y el bloqueo internacional. Eran años de penuria económica y de gran deterioro de las condiciones de vida de la población. En los años 40, 3.000 personas todavía vivían en cuevas, 50.000 en barracas (antes de producirse la inmigración masiva del sur) y solo el 35% de los habitantes tenían agua corriente en casa. En este contexto, la desnutrición y las enfermedades inherentes a ella plantearon serios problemas. Hubo un rebrote muy importante de tuberculosis y de enfermedades parasitarias. El hambre era atroz y los casos de latirismo por el consumo de almortas eran cada vez más frecuentes.

Los médicos catalanes tuvieron conocimiento de la existencia de penicilina por la prensa y evidentemente estaban muy interesados en poder disponer de ella para tratar a sus pacientes. Sin embargo, dada la situación creada por la II Guerra Mundial, toda información sobre este antibiótico se convirtió en un secreto militar. 

El 11 de marzo de 1944, llegaron algunas unidades de penicilina al Estado Español. Una docena de ampollas inyectables fueron enviadas, desde Brasil, con objeto de curar a la niña Amparo Peinado, afectada de septicemia y prácticamente desahuciada por los médicos que la atendían; fue un envío complicado, y un coste muy elevado (15.000 ptas) que costeó el gobierno de Brasil. La penicilina se encontraba con dificultad, de forma muy escasa y a un altísimo precio. Además llegó de forma clandestina, al mercado negro, como tantos productos en la época del estraperlo. Uno de los primeros enfermos que curaron con la penicilina fue curiosamente uno de los grandes médicos españoles: el Prof. Carlos Jiménez Díaz, que enfermo de neumonía, había empeorado tras la administración de sulfamidas. Algunos de sus alumnos consiguieron entonces de contrabando 2 gramos de penicilina en el conocido bar Chicote de Madrid y las trasladaron a Santander, donde se encontraba el citado profesor, consiguiendo curarle con el nuevo medicamento.

Algo más de un año antes, en el Laboratorio Experimental de Terapéutica Inmunógena (LETI) el equipo del Dr. Pere González Juan había obtenido una cepa de Penicillum notatum, el hongo productor de penicilina. La cultivaron cuidadosamente, y la purificaron, concentraron y desecaron hasta convertirla en un polvo de color amarillento, que era lo que suministraban a los pacientes. Todo este proceso se realizó en 2-3 meses y sirvió además para confirmar que la penicilina, además de bacteriostática era también bactericida, propiedad desconocida hasta aquel momento. Publicaron sus resultados en la revista médica  Medicina Clínica Nº6, pag 473-482 de 1944.

La noticia de que se había obtenido la penicilina en Barcelona mereció un amplio reportaje. La Vanguardia,12 de marzo de 1944. 

La noticia de que aquel laboratorio de Barcelona disponía de penicilina corrió como la pólvora. Las colas para obtenerla llegaban a la calle. Como que la producción era escasísima y el antibiótico se eliminaba por la orina, los pacientes se comprometían a volver al día siguiente para donar su orina y facilitar la nueva obtención de penicilina. Entre los que iban y los que volvían, el movimiento alrededor del laboratorio era continuo. 

El 116 de octubre de 1945 la Dirección General de Sanidad aprobó la penicilina del LETI. Para poder fabricarla industrialmente, LETI se asoció con la Unión Química Farmacéutica (UQUIFA), que les proporcionó naves industriales en el barrio de Horta y un considerable impulso económico. A partir del 4 de mayo de 1946 se comenzó a vender penicilina catalana con el nombre de Penicilina L.U (LETI UQUIFA). 

Sin embargo, dos años más tarde, las autoridades franquistas declararon el producto como "de interés nacional", habida cuenta de la demanda de millones de dosis de penicilina. Esto se tradujo en el fomento de una producción española controlada por dos empresas, coincidiendo con una inversión financiera por parte de los EEUU. Se crearon así la Compañía Española de Penicilina y Antibióticos (CEPA) participada por el Banco Urquijo y el Consorcio Químico Español que fabricaba en Aranjuez y Antibióticos SA, un consorcio empresarial que se estableció en León y que estaba formado por varios laboratorios: LETI-UQUIFA, IBYS, Zeltia, Abellí y el Instituto Llorente. El suministro de penicilina, en 1950, era suficiente y llegaba a todas las farmacias, aunque la producción del antibiótico ya había escapado de las manos del equipo de Pere González y ya no se realizaba en Catalunya.  Sin embargo, a ellos les corresponde el honor de haber sido los pioneros de la penicilina en los difíciles años 40, y gracias a su labor se pudieron salvar muchas vidas. 

Publicidad farmacéutica de la penicilina de los Laboratorios LETI-UQUIFA


Bibliografia

Almirall J, Granero X. “L'aportació de Catalunya a la història de la penicil·lina. 75 anys de l'obtenció d'una penicil·lina catalana” Barcelona, 2018


Conferència del Dr. X Granero al CoMB:






lunes, 5 de marzo de 2018

Los antibióticos que nos da la tierra (y II)









Antoni Tàpies

Cruz y tierra
(1975)

Colección particular




Antoni Tàpies (1923-2012) fue un importante pintor catalán, que formó parte en su juventud del grupo Dau al Set. Posteriormente realizó una brillante trayectoria personal desarrollada especialmente en el terreno de la abstracción. En sus obras aparecen frecuentemente signos y símbolos inspirados a veces en los graffitis callejeros y en el "arte povera", usando diversos materiales como tierras, arpilleras etc. 

Precisamente las muestras de tierra pueden también servir para otras finalidades, como comentábamos en un reciente artículo: investigando muestras de tierra se han podido obtener antibióticos. 

Esta es la idea del equipo neoyorkino de investigadores dirigido por Sean Brady, que intentan obtener el antibiótico del futuro  de las marismas cercanas a su centro de investigación, ubicado en la Universidad de Nueva York. La idea de estos investigadores es que en la enorme diversidad bacteriana de los suelos, deben existir microorganismos que han desarrollado amplias resistencias para preservar o expandir su espacio vital frente a las bacterias competidoras. Según han publicado en Nature han obtenido así un compuesto químico, la malacidina, que parece resistir a todos los ataques bacterianos.

Alberto Burri. Bianco cretto. 


En su laboratorio utilizan una técnica de secuenciación genética para individualizar las 100.000 especies de bacterias (aproximadamente) que habitan en cada gramo de suelo. Esta enorme riqueza ha sido ignorada durante mucho tiempo. Los antibióticos de los que ya se disponía eran ya bastante eficaces, por lo que realizar nuevas investigaciones era innecesario. Pero ahora, el creciente desarrollo de resistencias bacterianas ha cambiado radicalmente la situación. 
Yendo a pescar en este océano de vida, los genetistas han constatado la presencia casi permanente de una molécula en la mayoría de las muestras de suelo, provenientes de lugares muy diversos de los Estados Unidos y que no figuraba en ningún trabajo de los que se han publicado hasta ahora. Esta molécula es la malacidina. 

El equipo de investigadores de Brady dedujo que si la malacidina se encontraba tan frecuentemente en el ambiente natural, es porque debía jugar un papel importante. Para verificarlo, el laboratorio probó el compuesto en ratas que previamente habían inoculado una cepa de Staphylococcus aureus multirresistente, una bacteria responsable de varias infecciones en ambiente hospitalario. Pudieron así constatar la eficacia de malacidina para curar estas heridas infectadas.
Todavía es demasiado pronto para afirmar que se ha descubierto una nueva clase de antibióticos. Tomará mucho tiempo llevar a cabo los ensayos clínicos necesarios para lograr que se apruebe su uso terapéutico en humanos. Pero el laboratorio de Sean Brady está demostrando que el enfoque de su investigación puede ser muy esperanzador. 

domingo, 4 de marzo de 2018

Los antibióticos que nos da la tierra (I)










Valter Lazzerini

Terre craquelée

Exposición temporal (2016)
Centro internazionale di arte contemporaneo 
Castillo de Carros



Este cuadro abstracto, de Valter Lazzerini fue presentado en la exposición de pintura contemporánea del castillo de Carros en Toscana en 2016. Una obra que nos recrea la tierra reseca, cuarteada. El fango reseco tras mucho tiempo sin llover. 

Esta imagen nos sugiere la tierra de donde se obtienen muchas veces los agentes antiinfecciosos. El primero en investigar las propiedades de los microorganismos del Suelo fue Dubos, que en 1939 aisló, algo insólito en aquella época, una cepa de Bacillus brevis que competía en su medio con bacterias patógenas. Dubos se dio cuenta de que esta competencia podía explicarse por las sustancias antimicrobianas que sintetizaba. Efectivamente, de los cultivos obtuvo una sustancia activa frente a bacterias grampositivas por lo que la denominó gramicidina (la que mata a los grampositivos). Más tarde, sometió la gramicidina a acidificación, precipitación y tratamiento con alcohol, obteniendo un extracto que denominó tirotricina con un espectro mayor que el primer producto obtenido (gramicidina) ya que era activo frente a bacterias grampositivas y gramnegativas. 
Selman Abraham Waksman, en su laboratorio

En 1944, el biólogo Selman Abraham Waksman tomaba muestras de tierra para ver de obtener bacterias y hongos que proporcionaran sustancias para inhibir el crecimiento de bacterias patógenas. Obtuvo así diversos antibióticos, procedentes de hongos actinomicetos del suelo: la actinomicina (Waksman y Woodruff, 1940),   la estreptomicina (Schatz, Bugie y Waksman, 1944), y la neomicina (Waksman y Lechevalier, 1949). 

La estreptomicina tuvo especial relevancia al ser un agente bacteriostático y bactericida selectivo, activo contra las bacterias grampositivas y gramnegativas. El nombre “estreptomicina” deriva de una vieja denominación de los actinomicetos: estreptotríceas. Esta nueva sustancia era efectiva para el tratamiento de la tuberculosis pulmonar. 

Otros antibióticos como las tetraciclinas también fueron obtenidas de muestras de suelos. En este caso fueron hongos del género Streptomyces los que facilitaron las primeras tetraciclinas: 1948: clortetraciclina (Streptomyces aureofaciens); 1950: oxitetraciclina (Streptomyces rimosus); 1957: Demeclociclina (Str. aureofaciens). Como curiosidad, otro hongo de este género, Streptomyces coelicolor, es el responsable de la producción de geosmina, la sustancia responsable del característico olor a tierra mojada. 

La tierra no solamente ha proporcionado antibióticos. También algunos antimicóticos como la griseofulvina, obtenida del Penicillum griseofulvum (Oxford, Raistrick y Simonart, 1939). La griseofulvina producía un rizado de los filamentos de los hongos, inhibiendo su crecimiento (curling factor). Al principio fue usado como producto fitosanitario y aplicado a la agricultura, para combatir la alternariosis del tomate y la botritis de la lechuga. No fue hasta 1958 cuando James Gentles y A.R. Martin publicaron en la revista Nature su eficacia como medicamento para tratar tiñas experimentales en el cobaya, abriendo el paso a su uso en patología humana (Williams y Sarkany, 1958).

La Dra. Rachel Brown,
una de las descubridoras de la nistatina
También hemos de recordar la nistatina (Hazen y Brown, 1951), un antimicótico aislado de una muestra del suelo del estado de Nueva York, de donde tomó su nombre (N.Y. State = nystatin). 

Tal vez ahora, cuando vayamos a pasear por el campo, miraremos de otro modo al humilde suelo que pisamos. De este humilde polvo o del lodo del charco cercano, han surgido muchos remedios para curar nuestras enfermedades. 



lunes, 19 de febrero de 2018

Resistencias a los antibióticos (y II): Estrategias y propuestas








Ampollas de penicilina usadas 
en la II Guerra Mundial

Museum of Science. Londres.



El creciente incremento de resistencias bacterianas, ha causado una gran alarma en la OMS. Como respuesta se intentan buscar diversas soluciones para hacer frente a esta situación, que amenaza con dar al traste con la mayoría de progresos médicos obtenidos desde mediados del s. XX.  


Asamblea de la OMS en Ginebra

El programa GLASS tiene como objetivo vigilar la evolución de las resistencias bacterianas y apoyar a los Estados en la implantación de sistemas nacionales de vigilancia. Pero en lo que hace referencia a las soluciones, todavía hay muchas propuestas pero pocas concreciones. 

Las nuevas estrategias y propuestas para disminuir el desarrollo de resistencias bacterianas, se han recogido en una reciente publicación de febrero de 2018. Algunas de ellas proponen la creación de "biofilms", formaciones en las que las bacterias se aglutinan unas con otras, incluso aprovechando sustancias naturales. Otras intentan interferir con los productos nocivos producidos por las bacterias o bien mejorar la eficacia del sistema inmunitario del huésped. En todas estas propuestas se evita amenazar directamente la vida de la bacteria por parte de una molécula específica, lo que podría ser esquivado con una simple mutación.  


Caída en la aparición de nuevos antibióticos (período 1983-2012)

Un problema añadido al aumento de resistencias bacterianas es que cada vez se investiga menos para obtener nuevas moléculas de antibióticos. Para la industria farmacéutica, encontrar nuevos antibióticos ha dejado de ser rentable. Son medicamentos que se toman durante un período limitado de tiempo (por lo general de 3 a 10 días) y que resuelven totalmente el episodio de infección, por lo que el paciente no los vuelve a necesitar. Es mucho más rentable dedicarse a investigar fármacos para enfermedades crónicas, como medicamentos para la hipertensión o la diabetes, que en general se toman durante el resto de la vida, o por lo menos durante largos períodos de tiempo. 

Por eso se ha decidido reevaluar algunas moléculas - ya conocidas - pero que fueron descartadas en su día. En este caso una gran parte de la investigación ya ha sido realizada y los costos son mucho más asumibles. Entre los 3.000 antibióticos descubiertos en la actualidad muchos de ellos no han sido usados en la clínica diaria, ya que han sido preferidas otras moléculas en su lugar.  En un trabajo publicado en febrero de 2018, se revisan las moléculas que por una razón u otra fueron descartadas en su día, en beneficio de otras alternativas similares. Muchas de ellas tienen una acción antibacteriana todavía no explotada, y no han originado resistencias bacterianas. 



Salvador Dalí. Las hormigas.
Gouache, tinta y collage sobre una tabla fina























Los "insectos sociales", como hormigas o abejas, que agrupan decenas de millares de especies, podrían también constituir una pista interesante: viven en grupos densos, con con muchas probabilidades de transmitir la enfermedad y han tenido que crear mecanismos para desarrollar defensas contra los microorganismos patógenos. Las hormigas, que producen naturalmente sustancias capaces de destruir gérmenes, como bacterias u hongos, representan en especial una fuente potencial para descubrir nuevos medicamentos para tratar las infecciones humanas como subraya un equipo de científicos norteamericanos en un trabajo publicado el miércoles 7 de febrero de 2018 en la revista Royal Society Open Science. Doce de las veinte especies de hormigas estudiadas presentaron propiedades antimicrobianas en mayor o menor grado. En particular la hormiga voladora (Solenopsis molesta) demostró el efecto antibiótico más potente. Además de realizar la identificación y explotación de la molécula de antibiótico, sería de gran interés comprender la sinergia que tienen estos insectos sociales para controlar los agentes patógenos  a largo plazo, sin que al parecer aparezcan resistencias. 

Aunque hay por lo menos 8 especies más de hormigas que no producen ninguna sustancia antibiótica. Pero estas especies deben haber desarrollado estrategias alternativas. Entre estas posibles alternativas estaría la de potenciar el crecimiento de bacterias benéficas que dificulten la proliferación de microorganismos patógenos. Y es que el equilibrio de la microbiota va a ser un asunto que merecerá una gran atención en el futuro inmediato.