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lunes, 16 de mayo de 2022

Médicos contra el progreso técnico

versió catalana | versión española






Luis Jiménez Aranda 

La visita al Hospital (detalle)

(1889)

Óleo sobre lienzo 
290 x 445 cm
Museo del Prado. Madrid




No siempre el progreso técnico ha sido acogido con entusiasmo por los médicos. Generalmente todo progreso, todo cambio, ha generado recelos, motivados tal vez por la inercia, la resistencia a cambiar la manera de hacer que era habitual hasta entonces. 

Incluso en el s. XVI el conocimiento anatómico del cuerpo humano, que derivó sobre todo de las disecciones de cadáveres y que fue maravillosamente expuesto por Vesalio en su libro De humanis corporis fabrica, interesó más a los artistas como Miguel Ángel, Leonardo, Rafael que a los propios médicos, aferrados a las ideas de Galeno (s. II) y a la teoría humoral. 

Cuando en el s. XIX se descubrieron las bacterias y se elaboró la teoría microbiana o germinal —la visión de que las enfermedades infecciosas son causadas por ciertos microorganismos y de que no te puedes contagiar sin la presencia de esos gérmenes— no tuvo el éxito instantáneo que quizás uno imaginaría. 

Durante siglos había predominado la creencia que los males estaban producidos por un desequilibrio humoral en nuestros cuerpos o el resultado de algunas condiciones locales, como contaminación en el aire. Por eso, la idea de que todo fuera causado por pequeños microbios específicos era difícil de aceptar por algunos. 



Dibujo satírico inglés sobre las exploraciones sin aparatos. Wellcome collection. 


Y todavía más difícil de aceptar era que los médicos necesitaran consultar los resultados de un laboratorio sobre la identidad de las enfermedades antes de hacer un diagnóstico final. La idea de que las enfermedades estuvieran causadas pequeños microbios invisibles era inconcebible, y a veces los en los laboratorios trabajaba personal auxiliar que ni siquiera era médico! 

Esta era por ejemplo, la opinión del célebre cirujano abdominal escocés Lawson Tait (1845-1899), muy popular en Birmingham, en donde hacía gran número de operaciones quirúrgicas. Era enemigo declarado de la teoría microbiana de las enfermedades infecciosas y también de los laboratorios bacteriológicos.  En la década de 1890 declaraba: 

"La verdadera causa de la fiebre tifoidea no es un microbio, sino las terribles condiciones de vida de los pobres... El laboratorio falla por completo"

Y sobre la teoría germinal:  

"una doctrina asombrosa para alguien que tiene la costumbre de abrir el peritoneo diez, doce, quince veces por semana sin la menor consideración a la presencia o ausencia de gérmenes y sin la más mínima precaución para su destrucción". 



El laboratorio era mal visto por ciertos médicos.

 

Tait opinaba que "la vida" era el antiséptico más perfecto que tenemos y insistía en la idea de la escasa fiabilidad del laboratorio:  

"este hecho primordial es el que hace que todos los 'cultivos' y todos los experimentos de laboratorio fallen absolutamente en la obtención de resultados que puedan aplicarse con seguridad al ser vivo, particularmente al hombre".

Muchos médicos del s. XIX sentían que su histórico y honorable arte estaba siendo rechazado como si fuera meramente eso: arte, no ciencia. Estaban acostumbrados a tomar el pulso, observar la orina, oler las heces, auscultar directamente a la espalda del enfermo. Y ahora veían como se iban introduciendo aparatos técnicos en las exploraciones.



El laboratorio era visto con reticencia por ciertos médicos.
Aparato de Kipp, para realizar vaporizaciones (1900). 
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC)

Los principales avances que ellos veían con reticencia eran: 

  • Los hombres de laboratorio (tanto bacteriólogos como fisiólogos experimentales)
  • Los defensores de las especialidades médicas (un grupo claramente de mente estrecha, en comparación con generalistas como ellos)
  • Los médicos que promovían los instrumentos en el diagnóstico, como el termómetro, o incluso el microscopio, que creían que podían inducir a error al médico.
Este rechazo era mayor en los médicos anglosajones (Inglaterra y Reino Unido) que desconfiaban sobre todo de los investigadores franceses y alemanes. En París, por ejemplo, la medicina clínica había adoptado definitivamente el estetoscopio de Laennec como el principal instrumento principal para explorar el interior del cuerpo de un paciente vivo, pero los médicos en Londres todavía preferían usar las orejas directamente (sin estetoscopio) y el dedo. Su "ojo clínico" y su experiencia eran de vital importancia y no podían ser sustituídos por ningún instrumento. Lo mismo sucedió con otros instrumentos destinados a explorar el interior del cuerpo humano (laringoscopio, oftalmoscopio, otoscopio,  colposcopio, cistoscopio...) 



Estuche con dos colposcopios de vidrio.
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC)


En 1847, un obstetra húngaro, Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865) propuso lavarse las manos y sumergirlas en una solución de hipoclorito cálcico. Con solamente esta medida, disminuyó drásticamente la mortalidad por  fiebre puerperal en la Allgemeines Krankenhaus de la ciudad de Viena, donde trabajaba (menos del 1% que la incidencia anterior).  En 1861 publicó sus resultados en su obra De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal. 



Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865) 


Sin embargo, no todos los médicos vieron con buenos ojos las propuestas de Semmelweiss, y muchos incluso se negaron a esta medida, sintiéndose ofendidos por la sugerencia de que ellos eran responsables de la muerte de las embarazadas por no lavarse adecuadamente las manos antes de atender a sus pacientes. Solo y marginado, Semmelweiss acabó ingresando en una institución mental, a los 47 años y murió a las dos semanas de su ingreso, probablemente a consecuencia de una paliza de los guardianes del centro. 

El 16 de octubre de 1846, ante un nutrido público médico, William Morton realizó la primera demostración de anestesia. Con la introducción de la anestesia se abrían las puertas a un desarrollo mucho mayor de la cirugía, que vivió un tiempo de gran desarrollo. 



Hinckley: La primera anestesia con éter. 1882.

Sin embargo, tampoco todos los médicos fueron partidarios de la anestesia. Algunos lo veían como una amenaza para su prestigio. Antes de la anestesia, las intervenciones quirúrgicas tenían que ser muy rápidas, y el cirujano más ágil era el más cotizado. Ahora, esta rapidez ya no era necesaria. Además, muchos de ellos, defendían que el dolor tenía una gran importancia. Suprimir el dolor era suprimir un signo de gran importancia clínica. 

Además el dolor había sido ensalzado por muchos pensadores cristianos. Así, el obispo francés Bossuet (1627-1704) afirmaba: 

"Cuando Dios nos prueba con enfermedades, nuestro sufrimiento alcanza el valor de martirio" 

 

Cornelius Janssen (1585-1638), el fundador del jansenismo, declaraba por su parte: 
El enfermo es un penitente. 
El sufrimiento de la carne fortalece el espíritu" 

y Blaise  Pascal (1623-1662) llegó a decir: 

“La enfermedad es el estado natural del cristiano"

 


Armand Velpeau (1795-1867)

Figuras médicas destacadas como Velpeau y Cabanis se posicionaron contra la introducción de los analgésicos y anestésicos, porque consideraban que experimentar dolor era necesario. Esta  concepción, que nos parece inconcebible a los ojos de la Medicina actual, estaba basada en una hegemónica concepción cristiana del pensamiento médico decimonónico, aunque también encontraba su apoyo en el vitalismo, que consideraba al dolor como una reacción del organismo, que era necesaria para obtener la curación.   

Pero en los países de habla inglesa hubo una destacada excepción, William Osler (1849-1919), un médico que demostró que la medicina podía y debía ser a la vez un arte y una ciencia, y a quien dedicaremos una próxima entrada del blog. 


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Metges contra el progrés tècnic





Luis Jiménez Aranda 

La visita a l'Hospital (detall)

(1889)

Oli sobre tela 
290 x 445 cm
Museo del Prado. Madrid



El progrés tècnic no sempre ha estat acollit amb entusiasme pels metges. Generalment tot progrés, tot canvi, ha generat recels, motivats probablement per la inèrcia, la resistència a canviar la manera de fer que era habitual fins aleshores.

Fins i tot al s. XVI el coneixement anatòmic del cos humà, que va derivar sobretot de les disseccions de cadàvers i que va ser exposat meravellosament per Vesalio al seu llibre De humanis corporis fabrica, va interessar més a artistes com Miguel Ángel, Leonardo, Rafael que als mateixos metges, aferrats a les idees de Galeno (s. II) i a la teoria humoral. 

Quan al s. XIX es van descobrir els bacteris i es va elaborar la teoria microbiana o germinal —la visió que les malalties infeccioses són causades per certs microorganismes i que no et pots contagiar sense la presència d'aquests gèrmens— no va tenir l'èxit instantani que potser hom imaginaria.

Durant segles havia predominat la creença que els mals estaven produïts per un desequilibri humoral als nostres cossos o pel resultat d'algunes condicions locals, com ara la contaminació de l'aire. Per això, no tothom acceptava la idea que tot fos causat per petits microbis específics.



Dibuix satíric anglès sobre les exploracions sense aparells. Wellcome collection. 


I encara era més difícil acceptar que els metges necessitessin consultar els resultats d'un laboratori sobre la identitat de les malalties abans de fer-ne un diagnòstic final. La idea que les malalties estiguessin causades per petits microbis invisibles era inconcebible, i de vegades als laboratoris hi treballava personal auxiliar que ni tan sols era metge! 

Aquesta era, per exemple, l'opinió del cèlebre cirurgià abdominal escocès Lawson Tait (1845-1899), molt popular a Birmingham, on feia un gran nombre d'operacions quirúrgiques. Era enemic declarat de la teoria microbiana de les malalties infeccioses i també dels laboratoris bacteriològics. A la dècada de 1890 declarava:

"La veritable causa de la febre tifoide no és un microbi, sinó les terribles condicions de vida dels pobres... El laboratori falla del tot".

I sobre la teoria germinal:

"una doctrina sorprenent per a algú que té el costum d'obrir el peritoneu deu, dotze, quinze vegades per setmana sense la menor consideració a la presència o absència de gèrmens i sense la precaució més mínima per a la seva destrucció". 



El laboratori era mal vist per alguns metges.

 

Tait opinava que la vida era l'antisèptic més perfecte que tenim i insistia en la idea de l'escassa fiabilitat del laboratori:

"aquest fet primordial és el que fa que tots els 'cultius' i tots els experiments de laboratori fallin absolutament en l'obtenció de resultats que puguin aplicar-se amb seguretat en l’ésser viu, particularment en l'home".

Molts metges del s. XIX sentien que el seu històric i honorable art estava sent rebutjat com si fos merament això: art, no ciència. Estaven acostumats a prendre el pols, observar l'orina, olorar la femta, auscultar directament l'esquena del malalt. I ara veien com s'anaven introduint aparells tècnics a les exploracions.



El laboratori era vist amb reticència per alguns metges.
Aparell de Kipp, per a realitzar vaporitzacions (1900). 
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC)

Els principals avenços que ells veien amb reticència eren:

• Els homes de laboratori (tant bacteriòlegs com fisiòlegs experimentals)

• Els defensors de les especialitats mèdiques (un grup clarament de ment estreta, en comparació amb generalistes com ells)

• Els metges que promovien els instruments en el diagnòstic, com ara el termòmetre, o fins i tot el microscopi, que creien que podien induir al metge a l’error.

Aquest rebuig era més gran en els metges anglosaxons (Regne Unit) que desconfiaven sobretot dels investigadors francesos i alemanys. A París, per exemple, la medicina clínica havia adoptat definitivament l'estetoscopi de Laennec com a principal instrument per explorar l'interior del cos d'un pacient viu, però els metges a Londres encara preferien fer servir les orelles directament (sense estetoscopi) i el dit. El seu “ull clínic” i la seva experiència eren de vital importància i no podien ser substituïts per cap instrument. El mateix va passar amb altres instruments destinats a explorar l'interior del cos humà (laringoscopi, oftalmoscopi, otoscopi, colposcopi, cistoscopi...)



Estoig amb dos colposcopis de vidre.
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC)

El 1847, un obstetra hongarès, Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865) va proposar rentar-se les mans i submergir-les en una solució d'hipoclorit càlcic. Només amb aquesta mesura, va disminuir dràsticament la mortalitat per febre puerperal a l'Allgemeines Krankenhaus de la ciutat de Viena, on treballava (menys de l'1% que la incidència anterior). El 1861 va publicar els seus resultats a la seva obra De l'etiologia, el concepte i la profilaxi de la febre puerperal.



Ignaz Philipp Semmelweiss (1818-1865) 


Tot i això, no tots els metges van veure amb bons ulls les propostes de Semmelweiss, i molts d’ells fins i tot es van negar a aquesta mesura, sentint-se ofesos pel suggeriment de que ells eren responsables de la mort de les embarassades per no rentar-se adequadament les mans abans d'atendre els seus pacients. Sol i marginat, Semmelweiss va acabar ingressant en una institució mental, als 47 anys i va morir dues setmanes després del seu ingrés, probablement a conseqüència d'una pallissa dels guardians del centre.

El 16 d'octubre del 1846 davant d'un públic mèdic nombrós, William Morton va realitzar la primera demostració d'anestèsia. Amb la introducció de l'anestèsia s'obrien les portes a un desenvolupament molt més gran de la cirurgia, que va viure una època d’un gran desenvolupament.



Hinckley: La primera anestèsia amb éter. 1882.


Però tampoc tots els metges eren partidaris de l'anestèsia. Algunos la veien com una amenaça pel seu prestigi. Abans de l'anestèsia, les intervencions quirúrgiques havien de ser molt ràpides, i el cirurgià més àgil era el més cotitzat. Ara aquesta rapidesa ja no calia. A més, molts d'ells defensaven que el dolor tenia una gran importància. Suprimir el dolor era suprimir un signe de gran importància clínica. 

A més, el dolor havia estat lloat per molts pensadors cristians. Així, el bisbe francès Bossuet (1627-1704) afirmava: 

"Quan Déu ens prova amb malalties, el nostre patiment pren el valor de martiri "  
Cornelius Janssen (1585-1638), el fundador del jansenisme, declarava: 
El malalt és un penitent. El patiment de la carn enforteix l'esperit" 
i Blaise  Pascal (1623-1662) va arribar a dir:  

“La malaltia és l'estat natural del cristià"


Armand Velpeau (1795-1867)


Figures mèdiques destacades com Velpeau i Cabanis es van posicionar contra la introducció dels analgèsics i anestèsics, perquè consideraven que experimentar dolor era necessari. Aquesta  concepció, que ens sembla inconcebible als ulls de la Medicina actual, estava basada en una hegemònica concepció cristiana del pensament mèdic decimonònic, tot i que també hi trobava suport en el vitalisme, que considerava el dolor com una reacció de l'organisme, del tot necessària per a obtenir la curació.   

Però en els països de parla anglesa hi va haver una destacada excepció, William Osler (1849-1919), un metge que va demostrar que la medicina podia i havia de ser al mateix temps un art i una ciència, i a qui dedicarem una propera entrada del blog. 

domingo, 23 de enero de 2022

El primer parto sin dolor

 versió catalana | versión española








Norman Macbeth

Retrato de Sir James Young Simpson 


Óleo sobre lienzo  205,7 x 137 cm

Royal College de Physicians. Edimburgo.



Sir James Young Simpson (1811-1870) fue un médico escocés, que se dedicó sobre todo a los partos.  Comenzó a estudiar Medicina muy joven, y se licenció con solo 18 años. Era tan joven que no le dejaron ejercer hasta años más tarde, y los médicos veteranos bromeaban despectivamente con su segundo nombre, Young (joven). 

Simpson tenía muchas inquietudes culturales. Tenía un gran sentido del humor, la mente abierta a nuevas ideas científicas y un gran interés por todo tipo de conocimientos. Su casa, en el centro de Edimburgo, era un punto de referencia para los intelectuales escoceses a mitad del siglo XIX. 

Simpson llegó a ser profesor de la universidad de Edimburgo e ideó diversos instrumentos médicos: el fórceps de Simpson, por ejemplo, un instrumento en forma de tenazas para extraer el feto; o un precursor de la ventosa obstétrica que no se desarrollaría del todo hasta cien años después. Pero sobre todo, su principal contribución fue el uso de la anestesia en el parto, como solución a los terribles dolores de las madres en los nacimientos. 

Se había ya introducido la anestesia con éter (1842) aunque no estaba exenta de efectos secundarios. Entre otros causaba una gran irritación en los pulmones al inhalar el vapor de éter. 

Simpson decidió experimentar con otras sustancias. Junto a dos de sus amigos, George Keith y James Matthew Duncan, pasaban algunas veladas en su casa inhalando diversos compuestos para comprobar por sí mismos sus efectos. 

El 4 de noviembre de 1847 le tocó el turno al cloroformo, una sustancia que ya se conocía desde 1831 y que se había visto que tenía propiedades anestésicas en animales, pero nadie había dado el paso de usarlo con pacientes por miedo a sus efectos secundarios. Los tres amigos lo inhalaron y quedaron inconscientes toda la noche. La verdad es que tuvieron suerteuna dosis mayor podría haberles provocado la muerte, pero a la mañana siguiente recuperaron el conocimiento con la satisfacción de haber encontrado una poderosa herramienta para la medicina.



Monumento a Sir James Young Simpson en Edimburgo


Simpson lo comenzó a probarlo en partos, empezando por su sobrina Petrie, el 19 de enero de 1847. Observó que el cloroformo era ideal en esta indicación, porque eliminaba el dolor pero no las contraccionesSimpson defendió su empleo no solo para los “partos difíciles” sino para cualquier parto como un método de alivio del dolor, lo que tuvo como consecuencia el desarrollo de una polémica social y religiosa

El uso de la anestesia en los partos pronto suscitó fuertes críticas por parte de los pensadores cristianos más radicales. En la Biblia, el Génesis era muy claro al respecto: las mujeres debían sufrir en el parto como castigo por comer fruta del Árbol de la Sabiduría: 

«Dios dijo a la mujer, ciertamente multiplicaré tu dolor en la maternidad, con dolor parirás tus hijos»
                                                            (Génesis 3:16) 

Para aquellos que tomaban la Biblia literalmente, aliviar el dolor de una mujer era anatema. La nueva técnica parecía burlar eliminaba la orden divina. El uso de los anestésicos en los partos desencadenó discusiones entre los médicos y con los representantes de la Iglesia Calvinista Escocesa, quedando el tema marcado por actitudes intransigentes y contrapuestas.


Franz Xaver Winterhalter: Retrato de la reina Victoria (1843)


Pero no eran solamente los exégetas bíblicos y los religiosos estrictos. También para algunos médicos el dolor era un elemento irrenunciable, que incluso permitía una mejor observación clínica.  

La oposición era enconada entre los médicos de la corriente vitalista. El médico madrileño Manuel Santos Guerra declaraba en 1848: 

«Pero aún es de mayor bulto la falta de consideraciones fisiológicas en los que pretende emplear el cloroformo en los partos: semejantes delirios parece que no podían tener lugar en la cabeza de los médicos (...) borraron ya los médicos aquellas verdades eternas de Hipócrates ubi dolor ibi fluxus».

La polémica arreció durante años. Hasta que otro médico, el Dr. John Snow, que había sido encargado de asistir a la reina Victoria durante el nacimiento del príncipe Leopoldo, en 1853. Snow decidió administrar pequeñas dosis de cloroformo a la soberana. El éxito personificado en la monarca más poderosa del mundo y cabeza visible de la Iglesia Anglicana acabó con el debate religioso.

Así pues, desde entonces la anestesia se viene usando en ciertos partos. Una idea introducida a mediados del s. XIX por el médico escocés James Young Simpson. 




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El primer part sense dolor








Norman Macbeth

Retrat de Sir James Young Simpson 


Oli sobre tela  205,7 x 137 cm

Royal College de Physicians. Edimburg.



Sir James Young Simpson (1811-1870) va ser un metge escocès, que es va dedicar sobretot als parts. Va començar a estudiar Medicina molt jove, i es va llicenciar amb només 18 anys. Era tan jove que no el van deixar exercir fins anys més tard, i els metges veterans feien broma despectivament amb el seu segon nom, Young (jove).

Simpson tenia moltes inquietuds culturals, un gran sentit de l'humor, la ment oberta a noves idees científiques i un gran interès per tota mena de coneixements. Casa seva, al centre d'Edimburg, era un punt de referència per als intel·lectuals escocesos a mitjans del segle XIX.

Simpson va arribar a ser professor de la universitat d'Edimburg i va idear diversos instruments mèdics: el fòrceps de Simpson, per exemple, un instrument en forma de tenalles per extreure el fetus; o un precursor de la ventosa obstètrica que no es desenvoluparia del tot fins a cent anys després. Però sobretot, la seva principal contribució va ser l'ús de l'anestèsia al part, com a solució als terribles dolors de les mares als naixements.

Ja s’havia introduït l'anestèsia amb èter (1842) si bé no estava exempta d'efectes secundaris. Entre altres causava una gran irritació als pulmons a l’inhalar el vapor d'èter.

Simpson va decidir experimentar amb altres substàncies. Al costat de dos dels seus amics, George Keith i James Matthew Duncan, passaven algunes vetllades a casa inhalant diversos compostos per comprovar per si mateixos els seus efectes.

El 4 de novembre de 1847 li va tocar el torn al cloroform, una substància que ja es coneixia des del 1831 i que s'havia vist que tenia propietats anestèsiques en animals, però ningú no havia fet el pas d'utilitzar-lo amb pacients per por als efectes secundaris. Els tres amics el van inhalar i van quedar inconscients tota la nit. La veritat és que van tenir sort: una dosi més gran els podria haver provocat la mort, però l'endemà al matí van recuperar el coneixement amb la satisfacció d'haver trobat una eina poderosa per a la medicina.




Monument a Sir James Young Simpson. Edimburg.


Simpson el va provar en parts, començant per la seva neboda Petrie, el 19 de gener de 1847. Va observar que el cloroform era ideal en aquesta indicació, perquè eliminava el dolor però no les contraccions. Defensava utilitzar-lo no només per als “parts difícils” sinó per a qualsevol part com a mètode d'alleujament del dolor, cosa que va generar tota una polèmica social i religiosa. 

L'ús de l'anestèsia als parts aviat va suscitar fortes crítiques per part dels pensadors cristians més radicals. A la Bíblia, el Gènesi era molt clar sobre això: les dones havien de patir en el part com a càstig per haver menjat fruita de l'Arbre de la Saviesa:

«Déu va dir a la dona, certament multiplicaré el teu dolor a la maternitat, amb dolor pariràs els teus fills»

                                                    (Gènesi 3:16)

Per a aquells que es prenien la Bíblia literalment, alleujar el dolor d’una dona era anatema. La nova tècnica semblava burlar-se de l'ordre divina. L'ús dels anestèsics als parts va desencadenar discussions entre els metges i amb els representants de l'Església Calvinista Escocesa, quedant el tema marcat per actituds intransigents i contraposades.



Franz Xaver Winterhalter: Retrat de la reina Victòria (1843)


Però no només eren els exegetes bíblics i els religiosos estrictes. També per a alguns metges el dolor era un element irrenunciable, que fins i tot permetia una millor observació clínica.

L'oposició era aferrissada entre els metges del corrent vitalista. El 1848 el metge madrileny Manuel Santos Guerra declarava:

«Però encara és més gran la falta de consideracions fisiològiques en què pretén emprar el cloroform en els parts: semblants deliris sembla que no podien succeir al cap dels metges (...) els metges ja van esborrar aquelles veritats eternes d’Hipòcrates ubi dolor ibi fluxus».

La polèmica va créixer durant anys fins que un altre metge, el Dr. John Snow, que havia estat encarregat d'assistir a la reina Victòria durant el naixement del príncep Leopold, el 1853, va decidir administrar petites dosis de cloroform a la sobirana. L'èxit personificat a la monarca més poderosa del món i cap visible de l'Església Anglicana va acabar amb el debat religiós.

Així doncs, des de llavors l'anestèsia es fa servir en certs parts. Una idea introduïda a mitjans del s. XIX pel metge escocès James Young Simpson.

 


viernes, 15 de octubre de 2021

El nacimiento de la anestesia

versió catalana | versión española







Robert Hinckley 

La primera anestesia 
(1882) 

Óleo sobre lienzo 130 x 91,5 cm
Biblioteca de Medicina. 
Boston.




Una buena parte del progreso médico de los últimos 150 años se debe a los grandes logros quirúrgicos. Pero estos espectaculares avances nunca se hubieran alcanzado sin el uso de la anestesia. 

Suele aceptarse que la anestesia se incorporó a la Medicina el 16 de octubre de 1846, el día que William T.G. Morton hizo inhalar vapor de éter a Gilbert Abbott, que presentaba un tumor en el cuello que se extendía a la mandíbula. Un gran número de médicos habían sido convocados para presenciar el resultado. 

Tras la inhalación, Morton se dirigió, con ademán teatral al cirujano John Collins Warren: 
"Su paciente está ya preparado, señor"
El paciente fue operado a continuación por la mano experta de Warren. El paciente no se movió, ni se quejó, ni sintió ningún dolor. El éxito sorprendió mucho a los asistentes. Un rumor de admiración se propagó por la sala. 
"Caballeros, esto no es ninguna charlatanería"

Desde entonces el 16 de octubre se conoció como el "día del éter", y actualmente se celebra como el Día del Anestesiólogo.  



Horace Wells (1814-1843) 


Sin embargo, no fue esta la primera vez que se suministraba una sustancia para mitigar o eliminar completamente el dolor. Unos años antes, en 1844, Horace Wells, un dentista de Hartford ya había usado un anestésico para una extracción de muela, aunque no lo había hecho públicamente, ante un auditorio, como Morton. 

Al parecer, en diciembre de 1844 Wells presenció un espectáculo de circo callejero, en el cual un tal Gardner Quincy Colton demostraba los efectos hilarantes que producía la inhalación de óxido nitroso. Durante la demostración, uno de los voluntarios que inhalaron el "gas de la risa", se dio un fuerte golpe en la pierna. Wells, que presenciaba el espectáculo le preguntó si le dolía, a lo que el interesado contestó negativamente. Entonces se ofreció a Colton como voluntario y comprobó personalmente que el óxido nitroso producía también efectos anestésicos. 



Cartel anunciador de uno de los espectáculos del "gas hilarante"



Dibujo humorístico sobre el "gas hilarante". Como puede verse,
toma el mismo dibujo de los carteles de los espectáculos circenses

Esto le dio una idea a Wells. Tal vez el óxido nitroso, además de sus efectos hilarantes, podía usarse para mitigar el dolor de las extracciones dentarias. En aquel momento, él mismo tenía que intervenirse de una muela del juicio. Decidió probar el gas de la risa antes de que un colega suyo, el Dr. Riggs, le extrajera la muela. El resultado fue esperanzador. 



L. Boilly: Le baume d'acier.
Grabado humorístico de la época ironizando sobre una extracción dentaria.


Wells siguió experimentando el óxido nitroso en sus pacientes, con buenos resultados. Tanto era así que fue invitado por un cirujano, el profesor Warren, para realizar una demostración en el Hospital General de Massachusetts en Boston. El 15 de enero de 1845 y ante un nutrido público, Horace Wells se dispone a hacer inhalar óxido nitroso a su paciente. Pero cuando se preparaba para empezar a extraer una muela al paciente, éste comenzó a dar gritos desesperados. La demostración se consideró fracasada.

El descrédito de Horace Wells fue terrible y se le acusó de farsante y mentiroso. Abrumado por tal fracaso, Wells se entregó primero al alcohol, y luego a otras adicciones. Finalmente se suicidó cortándose las venas en una bañera el 21 de enero de 1848 en Nueva York.

William Morton (1819-1868) había trabajado un cierto tiempo con Wells, aunque se separaron pronto, a causa de desavenencias personales. Tras el fracaso de Wells con el óxido nitroso, Morton decidió seguir investigando, esta vez con éter, experimentándolo primero en perros, luego con algunos amigos y finalmente consigo mismo. Puso a prueba su método con un paciente que acudió a su consultorio por un terrible dolor de muelas. Le hizo inhalar éter y cuando estuvo suficientemente adormecido le realizó la extracción sin que esto le produjera dolor. 



Réplica del aparato ideado por Morton para la inhalación de éter. 


Se dedicó entonces a diseñar su pequeño aparato de anestesia que consistía de una esfera de vidrio con fieltro en su interior y dos orificios: uno superior a través del cual se introducía el éter y uno inferior del cual salía la boquilla que iba a la boca del paciente. 

Este fue el aparato que usó en la famosa demostración del 16 de octubre de 1846. El éxito de la experiencia ante el público marcó, como hemos dicho, la fecha que se considera el pleno reconocimiento la anestesia, un progreso que revolucionaría la cirugía a partir de aquel momento. 



Máscara para anestesia por inhalación de éter.
Fabricada por Collin, París (circa 1930)
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC) 


Pero la felicidad de Morton no fue duradera, ya que cuando quiso registrar su invento, se encontró que el químico Jackson también reclamaba la patente del descubrimiento. Jackson alegaba que había sido él quien había sugerido a Morton el uso del éter como anestésico. El mérito fue repartido entre los dos investigadores, considerando a Jackson como descubridor de la anestesia con éter y a Morton le correspondió el premio de ser el promotor y haber desarrollado el procedimiento. Morton murió trágicamente en un lago del Grand Central Park de Nueva York, el 15 de julio de 1.868 a los 48 años de edad.

El aparato de inhalación de éter de Morton fue posteriomente perfeccionado y modificado y dio lugar a máscaras de inhalación que se usaron durante bastante tiempo (hasta mediados del s. XX).  



William Morton (1819-1868) 

Bibliografía. 

Martina J.F. Historia de la anestesia. http://www.csen.com/historia.pdf

Gargantilla P. Operar sin dolor. Nace la anestesia. Historia National Geographic.  https://historia.nationalgeographic.com.es/a/operar-sin-dolor-nace-anestesia_14722



  


 


El naixement de l'anestèsia







Robert Hinckley 

La primera anestèsia 
(1882) 

Oli sobre tela 130 x 91,5 cm
Biblioteca de Medicina. 
Boston.



Una bona part del progrés mèdic dels darrers 150 anys es deu als grans èxits quirúrgics. Però aquests espectaculars avenços mai s'haguessin aconseguit sense l'ús de l'anestèsia.

En general, s’accepta que l'anestèsia es va incorporar a la Medicina el 16 d'octubre de 1846, el dia en què William T.G. Morton va fer inhalar vapor d'èter a Gilbert Abbott que presentava un tumor al coll que s'estenia a la mandíbula. Un gran nombre de metges havien estat convocats per presenciar el resultat.

Després de la inhalació, Morton es dirigí amb posat teatral al cirurgià John Collins Warren:
"El seu pacient ja està preparat, senyor".
A continuació el pacient va ser operat per la mà experta de Warren. El pacient no es va moure, ni es va queixar, ni va sentir cap dolor. L'èxit va sorprendre molt als assistents. Una remor d'admiració es va propagar per la sala.
"Senyors, això no és una fotesa".
Des de llavors, el 16 d'octubre es reconeix com el "dia de l'èter", i actualment se celebra com el dia de l'anestesiòleg.



Horace Wells (1814-1843) 


Però cal dir que aquesta no va ser la primera vegada que s’administrava una substància per mitigar o eliminar completament el dolor. Uns anys abans, el 1844, Horace Wells, un dentista de Hartford, ja havia fet servir un anestèsic per a una extracció d’un queixal, si bé no ho havia fet públicament, davant d'un auditori.

Sembla ser que, el desembre de 1844, Wells va presenciar un espectacle de circ de carrer, en el qual un tal Gardner Quincy Colton demostrava els efectes hilarants que produïa la inhalació d'òxid nitrós. Durant la demostració, un dels voluntaris que van inhalar el "gas del riure", es va donar un cop fort a la cama. Wells, que presenciava l'espectacle li va preguntar si li feia mal, i aquest li va contestar negativament. Llavors es va oferir a Colton com a voluntari i va comprovar personalment que l'òxid nitrós produïa també efectes anestèsics.



Cartell anunciador d'un dels espectacles del "gas hilarant"



Dibuix humorístic sobre el "gas hilarant". Com pot veure's,
reprodueix el mateix dibuix dels cartells dels espectacles de circ


Això li va donar una idea a Wells. Potser l'òxid nitrós, a més dels seus efectes hilarants podia utilitzar-se per mitigar el dolor de les extraccions dentàries. En aquell moment ell mateix havia d’intervenir-se d'un queixal del seny. Va decidir provar el gas del riure abans que un col·lega seu, el Dr. Riggs, li extragués la mola. El resultat va ser esperançador. 



L. Boilly: Le baume d'acier.
Gravat humorístic de l'època, ironitzant sobre una extracció dentària.


Wells va seguir experimentant l'òxid nitrós en els seus pacients, amb bons resultats. Tant era així que va ser convidat per un cirurgià, el professor Warren, per realitzar una demostració a l'Hospital General de Massachusetts a Boston. El 15 de gener de 1845 i davant d’un públic nombrós, Horace Wells es disposà a fer inhalar òxid nitrós al seu pacient. Però quan es preparava per començar a extreure-li un queixal, el pacient va posar-se a cridar desesperadament. La demostració es va considerar fracassada.

El descrèdit d’Horace Wells va ser terrible i se'l va acusar de farsant i mentider. Aclaparat pel fracàs, Wells es va lliurar primer a l'alcohol, i després a altres addiccions. Finalment es va suïcidar tallant-se les venes en una banyera, el 21 de gener de 1848 a Nova York.

William Morton havia treballat un temps amb Wells, encara que es van separar al cap de poc per desavinences personals. Després del fracàs de Wells amb l'òxid nitrós, Morton va decidir seguir investigant, aquesta vegada amb èter, experimentant primer a gossos, després amb alguns amics i finalment amb ell mateix. Va posar a prova el seu mètode amb un pacient que va acudir al seu consultori per un terrible mal de queixal. Li va fer inhalar èter i quan va estar prou adormit li va realitzar l'extracció sense que li produís dolor.



Reproducció de l'aparat dissenyat per Morton per la inhalació d'éter. 


Llavors es va dedicar a dissenyar el seu petit aparell d'anestèsia que consistia en una esfera de vidre amb feltre en el seu interior i dos orificis: un de superior a través del qual s'introduïa l'èter i un inferior del qual sortia el broquet que anava a la boca del pacient.

Aquest va ser el mateix aparell que va utilitzar en la famosa demostració del 16 d'octubre de 1846. L'èxit de l'experiència davant del públic va marcar, com hem dit, la data que es considera el ple reconeixement de l'anestèsia que revolucionaria la cirurgia a partir d'aquell moment.



Máscara per a anestèsia per inhalació d'èter.
Fabricada per Collin, París (circa 1930)
Museu d'Història de la Medicina de Catalunya (MHMC) 

Però la felicitat de Morton no va ser gaire duradora, ja que quan anava a registrar el seu invent, es va trobar que el químic Jackson també reclamava la patent del descobriment. Jackson al·legava que havia estat ell qui havia suggerit a Morton l'ús de l'èter com a anestèsic. El mèrit es va repartir entre ambdós investigadors, considerant que Jackson havia descobert l'anestèsia amb èter i que a Morton havia estat el promotor i desenvolupador del procediment. Morton va morir tràgicament en un llac del Grand Central Park de Nueva York, el 15 de juliol de 1.868 als 48 anys.

L'aparell d'inhalació d'èter de Morton va ser posterioment perfeccionat i modificat, donant lloc a màscares d'inhalació que es van usar durant bastant de temps (fins mitjans del s. XX).   



William Morton (1819-1868) 


Bibliografía. 

Martina J.F. Historia de la anestesia. http://www.csen.com/historia.pdf

Gargantilla P. Operar sin dolor. Nace la anestesia. Historia National Geographic.  https://historia.nationalgeographic.com.es/a/operar-sin-dolor-nace-anestesia_14722