viernes, 17 de febrero de 2017

La doctora que observaba el color de la piel de los recién nacidos




Ron Mueck

A girl
 Escultura en poliéster, resinas y silicona




Ron Mueck es un artista contemporáneo que realiza esculturas hiperrealistas de gran tamaño. Sus obras son tan verídicas, imitan tan bien la realidad que el artista utiliza este formato de forma conscientemente, para evitar que sus obras sean excesivamente idénticas a los modelos que toma. Por eso las cambia de escala. Además pone un gran énfasis en las expresiones de sus personajes, un auténtico retrato psicológico.

Una de sus obras más conocidas es A girl, una escultura de una niña recién nacida de 5 metros de largo. Sorprende e impacta por su verismo. En su cara todavía se ve la expresión contraída causada por el reciente trauma del parto y las trazas sanguinolentas de su cara y torso permiten colegir que acaba de nacer. Lleva todavía el cordón umbilical. Una obra que nos transmite el dolor del nacimiento en el caso del bebé. Solemos pensar en el dolor de la madre, pero muchas veces no somos plenamente conscientes del dolor del recién nacido y la angustia que supone enfrentarse a un ambiente aéreo, hostil y desconocido. El nacimiento es nuestro primer trauma vital. 

Cuando un niño nace, los médicos realizan una evaluación para saber si el bebé está sano y respira sin dificultad o si necesita de alguna reanimación. Se llama el test de Apgar, y mide varios parámetros, que se puntúan: 1) Frecuencia cardíaca 2) Respiración 3) Tono muscular o actividad 4) Reflejo de respuesta a la estimulación 5) Color de la piel. 



El test fue ideado por la Dra. Virginia Apgar (1909-1974) una anestesióloga obstetra norteamericana en los años 30 del s. XX. La Dra. Apgar sentó las bases de la medicina perinatal y estudió las malformaciones congénitas. 

La Dra. Apgar tenía un gran empeño en preservar la salud de los niños recién nacidos. Era famosa una frase que repetía asiduamente:
"Nobody, but nobody, is going to stop breathing on me" 
("Nadie, absolutamente nadie, va a dejar de respirar en mi presencia")
La Dra. Virginia Apgar
En los años 30 del siglo XX, en EEUU la mayoría de partos tenían lugar en los hospitales. Sin embargo, la tasa de mortalidad infantil era superior a la de Europa, donde el parto tenía lugar sobre todo en las casas. La Dra. Apgar se dió cuenta de que la mayoría de niños morían por falta de oxígeno (anoxia) que podía estar causada por diversos factores:

  • el efecto de la anestesia materna (que sedaba también al niño) 
  • la falta de formación del médico que atendía al parto y que muchas veces no sabía como reanimar al niño
  • la ausencia de consenso sobre que era lo “normal” en el recién nacido.
Conocer el estado del feto antes del nacimiento era muy difícil en aquel momento, ya que no existían los monitores fetales, pero en el momento de nacer los problemas eran evidentes a la simple observación clínica. A los niños que no respiraban, que tenían un color amoratado o azulado de la piel, que tenían bradicardia, que no estaban activos, se les aplicaban las técnicas de resucitación cardiopulmonar adecuadas (RCP).
La Dra. Apgar valorando a un neonato
Apgar comenzó a formar a los médicos jóvenes del hospital, Presbyterian de Nueva York, donde trabajaba. Un día uno de estos médicos en formación le preguntó cómo evaluar la viabilidad del recién nacido. La Dra. Apgar le respondió: 
“Debes valorar estos parámetros: 1. frecuencia cardíaca, 2. respiración, 3. tono muscular o actividad, 4. reflejo de respuesta a la estimulación, 5. color de la piel.”
 Había nacido el test de Apgar. Tras estudiarlo y perfilarlo adecuadamente, el método de valoración de los recién nacidos se publicó por primera vez en el número de julio-agosto de 1953 de la revista Current Reasearches in Anesthesia and Analgesia con el título «A Proposal for a New Method of Evaluation of the Newborn Infant.» y enseguida empezó a utilizarse en las maternidades de todo el mundo.

Virginia Apgar atendiendo a un recién nacido
En la actualidad el test de Apgar se realiza dos veces. La primera al primer minuto después de nacer y una segunda valoración a los 5 minutos. 

En los dos momentos se valoran los cinco parámetros a los que se da una puntuación entre 0 y 2 a cada uno de ellos, después se suma el total de puntos. Así la puntuación total que puede recibir un niño está entre 0 y 10. Puesto que se valora 2 veces, al final se da el resultado de las dos sumas (Por ejemplo 9-10).  Cuanto más puntos se obtengan, mejor estado de salud.

Un sello de correos norteamericano
fue dedicado en homenaje a la Dra. Apgar
La doble valoración se justifica porque en el primer minuto es difícil que se obtenga una puntuación muy alta, ya que casi todos los recién nacidos presentan las manos y los pies algo cianóticos (azulados). Si en la primera valoración el resultado es inferior a 7 el niño necesita atención médica inmediata y por debajo de 5 se ponen en marcha las técnicas de RCP avanzadas. En la mayoría de los casos, esto permite un correcto resultado en la segunda valoración. Si no es así, el niño puede presentar un problema de salud grave y se traslada a la UCI neonatal.

En 1961, el Dr. Joseph Butterfield de la Universidad de Colorado en Denver escribió a la Dra. Apgar para explicarle que uno de sus residentes había creado una regla mnemotécnica componiendo un acrónimo con las letras de su apellido para recordar los parámetros a valorar:
A- Appearance (Color)
P- Pulse (Heart rate)
G- Grimace (Reflex irritability)
A- Activity (Muscle tone)
R- Respiration

A Virginia Apgar le pareció muy bien la propuesta. El acrónimo tuvo un cierto éxito porque ayuda a recordar los criterios a valorar, pero induce a creer que el nombre del método deriva de estas iniciales. Por esta razón muchos médicos han olvidado hoy el auténtico origen del nombre de test de Apgar: el apellido de la mujer que tanto hizo para mejorar la salud de los recién nacidos y para ampliar sus posibilidades de supervivencia, y que debe ser recordado siempre como homenaje a su importante contribución médica. 





Agradecimiento: 

A mi buen amigo Ahmad Zatarieh, médico pediatra, por la supervisión 
de este texto.





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