miércoles, 15 de febrero de 2017

Dalí y el ADN (IV): Watson visita a Dalí






Salvador Dalí

Máxima velocidad de la Madonna de Rafael
(1957) 

Óleo sobre lienzo 81 x 66 cm
Museo Nacional de Arte Reina Sofía. Madrid. 





Era conocida la afición de Salvador Dalí por la ciencia. Cultivaba amistades entre los científicos e investigadores, leía revistas y libros de ciencia y estaba muy actualizado en todo tipo de temas de información tecnológica y científica. También hemos visto en entradas anteriores que Dalí tomó la estructura del ADN como un símbolo que reproducía con cierta frecuencia en cuadros y grabados. 

Salvador Dalí: DNA (lápiz negro sobre papel)  17" x 12". 1975     
James D. Watson, uno de los descubridores de la estructura molecular del ADN conocía esta afición de Dalí. De hecho había estado contemplando su obra Galadexorribonucleicacid y pensó que le gustaría que ilustrara el libro que estaba escribiendo, "La doble hélice". Tal vez pudiera pedirle esta colaboración al artista. 

Era el día de Fin de Año de 1965. James Watson se encontraba en Nueva York y pasó por delante del Hotel Saint Regis, donde Salvador Dalí se albergaba durante largas temporadas. Watson decidió entrar en el hotel. 

Se dirigió a la recepción y pidió que le llevaran a Dalí una nota suya. El billete decía, simplemente: 
"El segundo hombre más inteligente del mundo quisiera ser recibido por el hombre más inteligente del planeta"
Dalí lo comprendió en seguida. Al cabo de poco, bajaba el pintor que tras saludar a Watson, lo invitó a una excéntrica cena que dejó en él un recuerdo imborrable. Durante la cena hablaron del ADN y de la existencia de Dios. Más tarde, Watson comentaba: 
“Era un hombre inteligente, ya sabe. Ahora bien, cuando decía que ‘la doble hélice prueba la existencia de Dios’, él interpretaba la doble hélice a su manera, mientras que para mí era justamente lo contrario: con la doble hélice no hace falta Dios”.
El encuentro sirvió para que Watson y Dalí trabaran una buena amistad, que perduró muchos años. Sin embargo, finalmente Watson no se atrevió a pedirle que ilustrara su libro. 

 
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