martes, 14 de febrero de 2017

Dalí y el ADN (III): Watson, Crick... y una mujer en la sombra

   
       




Salvador Dalí

La estructura del ADN 

Trabajo estereoscópico
Teatro-Museo Dalí. Figueres. 




En una entrada anterior comentábamos lo impresionado que estaba Dalí con la estructura molecular del ADN y el homenaje que había dedicado a Watson y Crick por haber realizado tal hallazgo. Hoy veremos como fue la historia del descubrimiento y algunos de sus entresijos poco conocidos. 

En febrero de 1953, el joven investigador Francis Crick (1916-2004) acudió a una fiesta que se celebraba en el pub Eagle de Cambridge y allí soltó una de las frases de más impacto del siglo: 
"Hemos descubierto el secreto de la vida". 
Dos meses más tarde, el 25 de abril de 1953 la revista Nature publicaba un histórico artículo sobre la estructura molecular de los ácidos nucleicos, en la que proponía el modelo en doble hélix del ADN. Era un artículo realmente parco: una sola figura, un esquema de la estructura del ADN (que al parecer había sido dibujado por la hermana pequeña del entonces jovencísimo Watson) y 900 palabras escasas. Pero fue un artículo que supuso un importante hito en la historia de la ciencia. Aunque al principio, no tuvo una gran repercusión entre los científicos. Por eso es especialmente notorio que tan sólo cuatro años más tarde, Salvador Dalí le dedicara el cuadro Paisaje de mariposas (también conocido como El gran masturbador en un paisaje surrealista con ADN), que formaba parte de su serie El gran masturbador. Para Dalí el ADN era la molécula de la vida, de la herencia y de la inmortalidad. 


James Watson y Francis Crick en el Laboratorio Cavendish de Cambridge en 1953.
Crick está explicando con un puntero la estructura del ADN, mientras que Watson
sigue atento las explicaciones de su compañero (University of Cambridge)

Hacía algunos años que se perseguía dilucidar la estructura molecular de los ácidos nucleicos. Dos equipos competían para realizar el descubrimiento: el del Laboratorio Cavendish de Cambridge (James D. Watson y Francis Crick) y el del King's College de Londres (Maurice Wilkins y Rosalind Franklin) 


Modelo de la estructura molecular del ADN en metal, según el esquema
propuesto por Watson y Crick (1953). The Science Museum 
Wilkins y Franklin trabajaban en el mismo laboratorio pero no se llevaban bien. Rosalind Franklin era una mujer brillante y tenaz, que tuvo que luchar en un mundo de investigadores masculinos. Pero Wilkins, de acuerdo con la ideología machista imperante, despreciaba a Franklin por el solo hecho de ser una mujer. Hubiera querido que fuese solamente su ayudante, pero Franklin había organizado su propia sección en el laboratorio con su propio ayudante Gosling. Wilkins nunca pudo aceptar esta situación. 

En teoría los dos equipos habían acordado delimitar sus campos de acción: los londinenses se dedicarían a investigar sobre los ácidos nucleicos y los de Cambridge estudiarían el virus del mosaico del tabaco. Pero en biología los campos no siempre se delimitan de forma clara. 


La foto 51 de Rosalind Franklin,
mostrando la difracción del ADN

La clave para desvelar la estructura de las moléculas era conseguir cristalizarlas y a continuación irradiarlas con rayos X. A partir de la difracción producida se intentaban deducir sus patrones. Era una técnica muy compleja que Rosalind Franklin conocía mucho mejor que todos los demás. La investigadora ofreció algunos resultados preliminares en una conferencia en noviembre de 1951. A esta conferencia asistió Watson, que al parecer no sólo no se enteró mucho de lo que explicaba la doctora Franklin sino que se dedicó a fantasear sobre que aspecto tendría esta chica si se arreglara un poco más. Él mismo nos lo confiesa en su libro "La doble hélice": 
"Seis semanas de escuchar a Francis me habían hecho comprender que la cuestión fundamental era si las nuevas imágenes de rayos X de Rosy podían apoyar la idea de una estructura helicoidal para el ADN (…) Sin embargo, bastaron unos minutos de escuchar a Rosy para comprender que su mente obstinada había emprendido otro camino.
Habló ante unas quince personas con un estilo rápido y nervioso, que resultaba adecuado para la sala de conferencias, vieja y sin adornos, en la que nos encontrábamos. No había ni un atisbo de calidez ni frivolidad en sus palabras (…) Por un momento me pregunté qué aspecto tendría si se quitase las gafas e hiciese algo distinto con su pelo. (…) Sus años de fría y minuciosa formación como cristalógrafa habían dejado huella". 
Es curioso que Watson se refiera a Franklin como Rosy, ya que nadie la llamaba así. Tal vez viera en ella más a una chica para salir a bailar que a una científica que exponía el resultado de sus investigaciones. Definitivamente ni el feminismo ni el igualitarismo no habían llegado todavía al mundo de la ciencia. Watson era muy joven en aquel momento y aparte de investigar en el Laboratorio Cavendish, procuraba tener tiempo libre para jugar al tenis y para flirtear con las chicas, dos de sus más conocidas actividades. 


Rosalind Franklin (1920-1958)
Cuando Watson volvió a Cambridge, intentó reconstruir los datos que creía recordar de la conferencia de Franklin. Pero ni siquiera había tomado notas!. Con estos datos imprecisos Watson y Crick construyeron un posible modelo en triple hélice con las fosfodesoxirribosas hacia el interior. Cuando se lo mostraron a Franklin les rebatió su hipótesis, ya que era totalmente incompatible con sus resultados cristalográficos. Watson achacó este enfado como una reacción incomprensible de una mujer de carácter inestable:
"A Rosy le importaba un comino que la creación de la teoría helicoidal fuese prioritaria, y a medida que oía hablar a Francis, mostraba una irritación creciente".
Watson y Crick continuaron su búsqueda de la estructura trabajando, fundamentalmente, con modelos atómicos tridimensionales. Mientras tanto, Franklin y su “becario” Gosling consiguieron obtener en 1952 una imagen de excepcional calidad de la llamada “forma B” del ADN (sin que en ello participara Wilkins). La imagen, para un cristalógrafo contiene todos los datos de la estructura molecular del ADN. Pero Rosalind cometió el error de no publicar la imagen, ya que prefirió continuar investigando por su cuenta para resolver el rompecabezas, ya que quería llegar hasta el final. No era consciente de la carrera que se estaba librando en aquel momento en Cambridge.
La estructura en doble hélice del ADN

La parte vergonzosa viene cuando Crick tuvo acceso a la imagen de la forma B. Wilkins se la había mostrado sin el permiso de Franklin. Poco después Watson y Crick se hicieron con un informe gubernamental privado con la imagen. Watson y Crick incorporaron a su búsqueda los datos obtenidos por Franklin y terminaron de atar cabos. En febrero dieron con la clave: el ADN en su forma B (tal y como está en las células) era una doble hélice antiparalela con las fosfodesoxirribosas hacia el exterior y con apareamiento específico de bases. 
En el famoso artículo de  Nature  no figura nadie más que ellos como firmantes y no hay ninguna mención a Franklin a excepción del párrafo de agradecimientos donde afirman 
haber sido estimulados por un conocimiento de la naturaleza general de los resultados experimentales e ideas de los doctores M.H.F. Wilkins y R.E. Franklin y sus colaboradores”. 
En 1962, Watson, Crick ¡y Wilkins! recibieron el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento de la estructura del ADN. Franklin no estaba en la lista por varias razones, entre ellas la norma que tiene el Premio Nobel que impide  compartir uno de estos galardones a más de tres personas. Pero sobre todo Rosalind Franklin había fallecido cuatro años antes, y los Nobel nunca se otorgan a título póstumo. 

Rosalind Elsie Franklin falleció de cáncer de ovario en 1958, a los 37 años de edad. Pasó los últimos años de su vida haciendo lo que más le gustaba: investigar. Nadie puede quitar a Watson y Crick el mérito de ser los primeros que descubrieron la doble hélice, pero el comportamiento que tuvieron con Franklin deja un cierto resquemor sobre el histórico descubrimiento. De las 98 referencias que Watson, Crick y Wilkins citan en su clase magistral con motivo del Nobel, ninguna es de Franklin. Únicamente Maurice Wilkins (por indicación de Crick) la nombró de pasada en sus agradecimientos

Desde aquí quiero contribuir a honrar la memoria de Rosalyn Franklin y su importante labor. Un trabajo callado y silencioso que no fue justamente reconocido, probablemente por el mero hecho de que la genial científica era una mujer. 
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