jueves, 25 de febrero de 2016

La enfermedad de Job.







 Albert Dürer

Job y su mujer
(1503-1504) 

Óleo sobre tabla 
96 x 51 cm.
 Städelsches Kustinstitut. Frankfurt




La figura de Job ha llegado a nuestros días como el paradigma de la resignación: tener más paciencia que Job es una frase hecha para indicar una proverbial entereza frente a dificultades de todo género. 

Job (en hebreo איּוב : ı̂yôb; en árabe: أيوب, Ayyub) es el protagonista del Libro de Job, uno de los libros bíblicos en el que se relata una opresiva prueba establecida por un ángel caído, con la autorización de Dios. Sin embargo, a pesar de las más terribles dificultades Job no desespera y logra demostrar su fidelidad al Creador. Por esta razón, se le considera un modelo a seguir y alcanza la categoría de  profeta en las religiones abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el Islam. 
Léon Bonnat: Job. Museo del Louvre. París
Job era un rico ganadero,  que gozaba de gran consideración social y muchos amigos. Vivía en el reino de Edom, en una lujosa casa con sus siete hijos y tres hijas y disponía de numerosos sirvientes. Era muy virtuoso y alababa a Dios constantemente dando gracias por todos los bienes recibidos. 

Pero Satán quiso retar a Dios con el argumento que el amor que Job le profesaba era a causa de la fortuna recibida y no por auténtica fe. Para probar la integridad de Job, Yahvé concedió a Satán el permiso para someterlo a toda suerte de dificultades en un plazo determinado, con una única restricción: que no le quitara la vida. 


William Blake: Satán cubre de úlceras malignas a Job (1826 circa)
Tinta y tempera sobre caoba. 326 x 432 mm. Tate Gallery. Londres. 


Los tres amigos lamentando el estado de Job, abandonado y cubierto de úlceras en el estercolero. William Blake. Ilustración para el Libro de Job.



Satán entonces, sometió a Job a múltiples desgracias,  como enfermedades (especialmente úlceras y enfermedades de la piel, visibles y repulsivas), el ataque de caldeos y sabeos a sus criados y propiedades, y una  epidemia que causó una gran mortandad de su ganado. Job arruinado, conoció la miseria, fue repudiado por su mujer y vió incluso la muerte de sus hijos. En medio del estercolero en donde se ve obligado a vivir, cubierto de hediondas úlceras, y abandonado de todos Job continuó alabando impertérrito a Dios. 


Job cubierto de úlceras, tendido en el muladar. 
Ilustración de la Biblia siríaca
Terminado el plazo establecido, y habiendo Job demostrado su inquebrantable fidelidad a Dios (Job 42),  le fue restituida su anterior felicidad y su fortuna se vió doblada.

En el caso de Job la enfermedad fue permitida por Dios para probar su bondad. Vemos pues que la enfermedad inmerecida, hasta entonces concebida solamente como castigo de pecadores y flagelo de enemigos e impíos, aparece ahora como probatoria de la virtud. Una nueva concepción que encontrará un especial desarrollo entre los místicos del s. XVI, en los que sufrir males crónicos, dolorosos o repugnantes puede ser considerado como demostración de su santidad. 



José de Ribera: Job en el muladar. Las lesiones representadas recuerdan un ectima. 





Muchas han sido las interpretaciones de la enfermedad bíblica de Job, desde la sarna al pénfigo. Según el relato bíblico sus síntomas eran muy diversos: intenso prurito (Job 2:7-10), aparición de gusanos en las úlceras (Job, 7:5), y oscurecimiento de la piel (Job, 30:30). En 1966 fue descrito un síndrome con hiperglobulinemia E autosómico dominante, inmunodeficiencia que cursaba con eccemas, múltiples abscesos cutáneos por estafilococos, neumonía recurrente con formación de neumatoceles al que se le dio el nombre de síndrome de Job, por la variedad y cronicidad de su semiología.




Book of Job (1785-1826) William Blake:


















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