domingo, 1 de noviembre de 2015

Filoctetes (III): Rescate y curación.










François Xavier Fabre

 Ulises y Neptólemo reciben las armas de Heracles de manos de Filoctetes 
(1800)

Óleo sobre lienzo
Musée Fabre. Montpellier. 



En un anterior post comentábamos la historia de Filoctetes, de su tórpida herida y de cómo sus compañeros lo abandonaron en la isla de Lemnos, donde sobrevivió durante más de diez años.

Mientras tanto la guerra de Troya seguía y ya parecía interminable. Los griegos no eran capaces de tomar la ciudad y tampoco los troyanos de Paris podían vencer de forma clara a sus enemigos. 

En esta situación, los helenos decidieron consultar a un oráculo. La respuesta no se hizo esperar: para vencer eran necesarias el arco y las flechas de Heracles, que seguían en poder de Filoctetes. 

El planteamiento pues, era claro: era menester conseguir las invencibles armas. Pero ¿como ir a solicitar ayuda a Filoctetes, a quien los griegos habían abandonado, herido y desvalido, a su suerte?  Ulises propuso enviar a Neptólemo, que era joven y que no había tomado parte del vergonzoso incidente del abandono de Filoctetes. 


Filoctetes entrega el arco y las flechas de Heracles
a Ulises y Neptólemo.
Cerámica ática de figuras rojas. 
Así lo hicieron. Neptólemo fue a Lemnos a entrevistarse con el solitario herido, que lo acogió amablemente como hijo de Aquiles, su amigo. Cuando Filoctetes fue vencido por el sueño, le confió incluso la custodia de las armas de Heracles. Era una ocasión para coger el arco y el carcaj y huir. 

Pero Neptólemo era noble y no actuó de este modo. Le contó a Filoctetes el verdadero motivo de su visita, Ulises entonces, intentó embarcar a Filoctetes a la fuerza pero éste se negó. Al final, vencido por la soledad y por las ganas de volver con sus compatriotas, accedió a ir voluntariamente a Troya.

Los griegos esta vez cuidaron bien a Filoctetes. Lo bañaron y limpiaron cuidadosamente su herida. Podalirio, el hijo de Asclepios le aplicó "eficaces bálsamos". 


Macaón curando a Filoctetes.
Espejo etrusco.
Museo Civico-Storico, Bolonia
Muchos mitógrafos atribuyen la curación de Filoctetes a Macaón, el otro hijo de Asclepios, que practicaba la cirugía. Puede ser que la llaga de Filoctetes necesitara refrescar los bordes y aplicar apósitos . En un espejo etrusco decorado, aparece Macaón reclinado ante su paciente. Sostiene una larga venda enrollada con una mano para vendar el tobillo, mientras con la otra sostiene el apósito en el borde externo del pie. Filoctetes, de pie sobre la pierna derecha, y apoyado sobre su lanza, observa atentamente la cura que le está realizando. Sostiene con su mano izquierda el arco de Heracles. En el suelo, una serpiente recuerda el origen de su mal. En una mesilla, en el centro de la escena aparece el material necesario para la cura.

Tras su curación, Filoctetes se unió al ejército griego en la guerra de Troya. Una de sus flechas alcanzó a Paris, hiriéndole de muerte. Al final, la contribución del herido que todos consideraron inválido para la batalla decidió la suerte de la guerra.  

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