dimecres, 9 de maig de 2018

Rapunzel (II): el símbolo







John Everett Millais

La dama de honor
(1851)

Óleo sobre tabla 279 x 203 mm
The Fitzwilliam Museum. Cambridge 



En una entrada anterior comentaba el argumento del cuento de Rapunzel, de los hermanos Grimm. La joven cuya cabellera era tan larga que servía de escalera a su enamorado, para poder llegar hasta su lado. 


Alphonse Mucha: Flores. 
Ante todo, cabe recordar que el cuento de los hermanos Grimm, escrito en 1812, no es del todo original, ya que tiene sorprendentes similitudes con el cuento persa Rudāba, incluido en el Shahnameh, poema épico de Ferdowsi, en el que también sus trenzas servían de ayuda para que Zal , su pretendiente llegara hasta ella. También otras leyendas como la historia de Santa Bárbara, encerrada en una torre por su padre, tienen paralelismos destacados.

Los mitos tenían la misión de dar una explicación del mundo. Por eso a los dioses y héroes clásicos les pasaban cosas terribles (incestos, asesinatos, violaciones, suplicios inhumanos...) Todo lo que pasaba en la mitología podía pasar también en el mundo real. Los cuentos infantiles, bajo su apariencia inofensiva también cumplen en cierto modo esa función, están llenos de símbolos y sucesos terribles (Caperucita es violada por el lobo, la madrastra intenta asesinar a Blancanieves, Hansel y Gretel son sometidos a un infame cautiverio...) La diferencia entre el mundo de los cuentos y la mitología es que mientras los mitos son más explícitos y los personajes están conectados entre sí por lazos familiares en una trama en forma de red, los cuentos están más disimulados con eufemismos y son independientes entre sí (Nadie sabe quien es la tía de los tres cerditos, o la prima de la Cenicienta, por ejemplo). Pero tanto los mitos como los cuentos están llenos de símbolos, ejemplos y advertencias para la vida cotidiana.  

El cuento de Rapunzel pone en valor la cabellera femenina, que se presenta como un objeto erótico, como el máximo atractivo femenino. El pelo largo simboliza la belleza, la sensualidad y la seducción

Si a esto añadimos la dificultad para llegar a la inaccesible torre, podemos considerar que el cabello puede revestir aquí el símbolo de la virginidad. En este sentido podemos recordar imágenes como la Dama de Honor de Everett Millais (el cuadro que encabeza esta entrada). En él, una joven Dama de Honor de una novia aparece totalmente rodeada de una abundante cabellera rubia. La identificación del cabello largo y virginidad está muy presente en el imaginario colectivo. Recordemos que muchas chicas dejaban (o dejan) el cabello largo antes de la boda, pero solían cortárselo tras el matrimonio. Lo mismo sucede cuando alguien se consagraba a la divinidad


Sandro Botticelli: El nacimiento de Venus (Galleria degli Uffizzi, Florencia) 

No hay que olvidar el recurso -muy recurrente- de que la cabellera sirva púdicamente para ocultar o disimular las partes íntimas. Tal vez el caso más paradigmático sea El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, aunque hay numerosos ejemplos desde la antigüedad clásica y en numerosas representaciones de Adán y Eva. 


Everett Millais: Ofelia





Pero el cabello tiene un significado polisémico. Por un lado, como vemos, simboliza la virginidad o la sensualidad, pero también puede ser entendido como un símbolo de fertilidad. Tal vez tenga que ver con la cabellera-vegetación, el cabello asociado a la idea de proliferación vegetal, idea que podemos ver por ejemplo en obras como la Ofelia de Everett Millais, con los cabellos confundidos entre las aguas del río; L'appel de la nuit de Paul Delvaux, en la que la cabellera se confunde con las ramas frondosas de un árbol; en el mito de Dafne, cuyos cabellos se transforman en un laurel o en algunas obras de Alphonse Mucha, donde las abigarradas melenas se convierten en opulentos ramos de flores.

Paul Delvaux: L'appel de la nuit (1938) National Gallery of Scotland.

En el México precolombino el crecimiento del pelo se identificaba con la caña del maíz. Durante la fiesta de la siembra de este cereal, en honor a Xipetotec, las mujeres bailaban con los cabellos libres para que la planta creciera hasta la altura de los danzantes. Rituales parecidos tenían lugar en Perú y Bolivia, donde las mujeres agitaban sus cabelleras durante la danza, para que las mazorcas crecieran el grano fuera abundante y el pueblo viviera en la prosperidad.  En Sumatra las mujeres deshacían sus trenzas cuando sembraban el arroz. Hay pues una identificación universal de los cabellos con la fecundidad de la tierra, las lluvias (o las inundaciones) y la prosperidad de las cosechas. 

El cabello tiene pues un simbolismo importantísimo y lo encontramos en mitos de la creación del mundo (Siva); en leyendas sobre fuerzas sobrehumanas (Sansón), a los de la vida eterna (Menorca talaiótica); rituales de duelo (Egipto, Europa medieval)  o en mitos de significado apotropaico (Medusa). 

Por otra parte la importancia concedida a la cabellera femenina como símbolo erótico ha propiciado las costumbres de determinados  pueblos sobre el velo. Aunque de eso ya hablaremos con mayor extensión otro día. 
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