dilluns, 5 de març de 2018

Los antibióticos que nos da la tierra (y II)









Antoni Tàpies

Cruz y tierra
(1975)

Colección particular




Antoni Tàpies (1923-2012) fue un importante pintor catalán, que formó parte en su juventud del grupo Dau al Set. Posteriormente realizó una brillante trayectoria personal desarrollada especialmente en el terreno de la abstracción. En sus obras aparecen frecuentemente signos y símbolos inspirados a veces en los graffitis callejeros y en el "arte povera", usando diversos materiales como tierras, arpilleras etc. 

Precisamente las muestras de tierra pueden también servir para otras finalidades, como comentábamos en un reciente artículo: investigando muestras de tierra se han podido obtener antibióticos. 

Esta es la idea del equipo neoyorkino de investigadores dirigido por Sean Brady, que intentan obtener el antibiótico del futuro  de las marismas cercanas a su centro de investigación, ubicado en la Universidad de Nueva York. La idea de estos investigadores es que en la enorme diversidad bacteriana de los suelos, deben existir microorganismos que han desarrollado amplias resistencias para preservar o expandir su espacio vital frente a las bacterias competidoras. Según han publicado en Nature han obtenido así un compuesto químico, la malacidina, que parece resistir a todos los ataques bacterianos.

Alberto Burri. Bianco cretto. 


En su laboratorio utilizan una técnica de secuenciación genética para individualizar las 100.000 especies de bacterias (aproximadamente) que habitan en cada gramo de suelo. Esta enorme riqueza ha sido ignorada durante mucho tiempo. Los antibióticos de los que ya se disponía eran ya bastante eficaces, por lo que realizar nuevas investigaciones era innecesario. Pero ahora, el creciente desarrollo de resistencias bacterianas ha cambiado radicalmente la situación. 
Yendo a pescar en este océano de vida, los genetistas han constatado la presencia casi permanente de una molécula en la mayoría de las muestras de suelo, provenientes de lugares muy diversos de los Estados Unidos y que no figuraba en ningún trabajo de los que se han publicado hasta ahora. Esta molécula es la malacidina. 

El equipo de investigadores de Brady dedujo que si la malacidina se encontraba tan frecuentemente en el ambiente natural, es porque debía jugar un papel importante. Para verificarlo, el laboratorio probó el compuesto en ratas que previamente habían inoculado una cepa de Staphylococcus aureus multirresistente, una bacteria responsable de varias infecciones en ambiente hospitalario. Pudieron así constatar la eficacia de malacidina para curar estas heridas infectadas.
Todavía es demasiado pronto para afirmar que se ha descubierto una nueva clase de antibióticos. Tomará mucho tiempo llevar a cabo los ensayos clínicos necesarios para lograr que se apruebe su uso terapéutico en humanos. Pero el laboratorio de Sean Brady está demostrando que el enfoque de su investigación puede ser muy esperanzador. 
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