dimecres, 10 de gener de 2018

Por si las moscas... (III): La mosca de Virgilio





Mosaico de Virgilio y las musas
(210 d. C.) 


Mosaico romano de opus tessellatum
Procede de Susa (Hadrumetum) 
Museo del Bardo, Túnez. 




El Museo Nacional del Bardo, en Túnez  (المتحف الوطني بباردو) reúne la colección más importante de mosaicos romanos del mundo. De algunos destacados mosaicos de los que allí se conservan conservo una viva impresión. Uno de ellos es sin duda, el mosaico de Virgilio, considerado por muchos como el mejor mosaico romano del mundo. 

El mosaico está presidiendo una sala cruciforme del museo,  con bellos estucos esculpidos en el techo y bonitos azulejos con motivos florales, en los antiguos apartamentos privados del Bey. En esta misma sala en su suelo un mosaico de las divinidades de la semana y los signos del Zodiaco, impresionante por su composición geométrica y su bella policromía.

Se trata de un mosaico de opus tessellatum de no muy grandes dimensiones, procedente del pavimento de la "Casa del Arsenal", una casa patricia de Hadrumetum (actual Sousse).  Representa el poeta Virgilio sentado, entre dos musas, que sin duda, le inspiran lo que está escribiendo. Las musas son Clío (Κλειώ), protectora de la historia y la poesía épica (a la izquierda) y Melpómene (Μελπομένη), la musa del teatro trágico (a la derecha). El poeta está sentado entre ellas, revestido con la blanca toga praetexta. Tiene a sus pies la capsa, el estuche donde se guardaban los papiros y sostiene sobre su rodillas un rollo en el que puede leerse el verso 8 del libro I de la Eneida: 

 Musa, mihi causas memora, 
quo numine læsø, quidve ...." 
Busto de Virgilio. Nápoles. 


La cara del poeta está claramente individualizada, y se supone que es el único retrato que conservamos de Virgilio, aunque el mosaico fue efectuado al cabo de un cierto tiempo de su muerte. Desde luego concuerda con las descripciones literarias que nos han llegado de él que afirman que era alto y robusto, moreno y con cierto aspecto de campesino, por lo que creemos que hay que considerarlo dentro del realismo de los retratos romanos. Su gesto es digno y severo, con mirada penetrante y algo pensativo, como concentrado en lo que va a escribir. La escena se enmarca con un filete dentado como si fuera el marco de un cuadro. 

En un artículo anterior comentábamos algunos cuadros con moscas, realizados con diversa intencionalidad artística. Aunque en este caso no es una representación plástica no me resisto a contaros una curiosa historia de Virgilio en la que la protagonista es una mosca. 


J. A. D. Ingres: Virgilio lee la Eneida a Livia, Octavia
y Augusto (1812) Museo des Augustins, Toulouse. 
Tras el asesinato de Julio César tomó el poder el Segundo Triunvirato en la república de Roma, una alianza formada por Marco Antonio, César Octaviano y Marco Emilio Lépido. El magnicidio había creado una gran inquietud social y eran tiempos turbulentos. No estaba claro quien había participado en el complot y nadie estaba libre de sospechas. El nuevo gobierno generó todavía más confusión y aumentaron las protestas y algaradas en las calles de Roma. Los triunviros temían especialmente la influencia y el poder de los legionarios licenciados (eméritos), así que decidieron calmarlos entregándoles tierras para calmar los ánimos. Pero prometieron más tierras de las disponibles por lo que tuvieron que recurrir a masivas expropiaciones forzosas. 

Algunos amigos de Virgilio le informaron que su finca estaba contemplada entre las que iban a expropiar. Aunque había una manera de librarse. Si en el terreno había alguna tumba, la expropiación no podía ejecutarse, ya que se consideraba tierra sagrada. Y esta exclusión también era válida para los animales domésticos, que los romanos consideraban como parte de la familia. Algunos de estas mascotas eran animales insospechados, como podía ser el caso de peces, como morenas o animales exóticos. 


Monumento a Virgilio en la plaza Virgiliana
de Mantua, su ciudad natal. 
El astuto Virgilio ideó una estratagema. Dijo que su mascota era... una mosca, a la que tenía en gran estima. Y que hacía poco tiempo la mosca había muerto, sin que se pudiera hacer nada por salvarla. El apesadumbrado escritor, apareció en público, visiblemente apenado por la pérdida de su animal preferido. Desconsolado, organizó en su villa un fastuoso funeral, sin reparar en gastos. Contrató a grupos de músicos y a las mejores plañideras del lugar. Invitó a las personalidades más relevantes y destacadas, como a Cayo Mecenas, su protector. En el banquete fúnebre se sirvieron los mejores vinos y exquisitas viandas, y finalmente un lucido cortejo acompañó al cadáver de la estimada mosca a un mausoleo que se había erigido al efecto en sus tierras. 

El deslumbrante entierro de la mosca de Virgilio le costó una elevada suma (más de 800.000 sestercios) pero sirvió para que todo el mundo supiera que en aquellas tierras descansaba un ser querido. A primera vista la fiesta supuso un enorme despilfarro. Pero la estrategia resultó y las tierras de Virgilio no fueron expropiadas. El excéntrico funeral de la mosca salvó sus tierras, y fue sin duda una buena inversión.  

Bueno, y mañana seguiremos hablando de moscas... 



Frases de Virgilio





Museo del Bardo: el tesoro de Túnez





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