dilluns, 8 de gener de 2018

Por si las moscas (I)







Atribuída a Fernando Gallego

La Virgen de la Mosca

Óleo sobre tabla, 92 x 79 cm
Colegiata de Santa María la Mayor. Toro. 



Las moscas son insectos dípteros que no solamente pueden picar a los humanos sino también ser un importante vector transmisor de muchas enfermedades infecciosas. Incluso pueden poner sus huevos sobre heridas o efracciones de la piel dando lugar a la eclosión de larvas (miasis). Por todos esos motivos, las moscas son universalmente odiadas y consideradas unos insectos molestos que conviene evitar. No en vano uno de los nombres que se dan al Diablo es el de Belcebú, que significa literalmente "el señor de las moscas". 

Tal vez por eso, encontrar una mosca en una pintura puede parecer algo insólito. Sin embargo no es del todo inusual. Hemos encontrado moscas en diversas obras de arte. 

Las primeras muscae depictae parece que fueron obra de Giotto di Bondone (1266  - 1337), según nos cuenta Giorgio Vasari (1511 - 1574).  En su obra "Vite de' più eccellenti architetti, pittori ed scultore italiani, da Cimabue insino ai tempi nostri" Vasari relata como Giotto mostró su gran talento desde su infancia. A los 11 años Giotto era pastor y mientras cuidaba unas ovejas, se entretenía dibujando sobre una piedra plana. Un día el gran pintor Giovanni Cimabue (1240 - 1302) vió como pintaba el muchacho, y se quedó admirado de la perfección con la que el pastorcillo había plasmado una de sus ovejas. Tanto se sorprendió, que acompañó al chico a su casa y convenció a su padre que le dejara llevárselo a su taller como aprendiz. 

Con Cimabue Giotto adquirió muchos conocimientos pictóricos y perfeccionó tanto su manera de pintar que algunos, como Dante Alighieri (1265 - 1321) en su Divina Comedia afirma de él que llegó a ser superior a su maestro. En la actualidad Giotto es considerado uno de los primeros y principales artistas que renovó completamente el arte desprendiéndose de los rígidos canones medievales. 

Giorgio Vasari es famoso no sólo por sus interesantísimos escritos sobre los pintores de su tiempo, sino también por haber acuñado el término Renacimiento (Rinascita). En su libro, Vasari también dejó constancia de la siguiente anécdota: 
“Dicen que cuando Giotto, muy joven aún, estaba con Cimabue, cierto día pintó en la nariz de una figura que ese Cimabue había hecho, una mosca tan natural, que cuando volvió el maestro para continuar su obra, varias veces intentó espantarla con la mano, pensando que era de verdad, hasta que advirtió su error.”
Desde entonces las moscas han aparecido en diversas pinturas. La que hoy nos ocupa y que encabeza este artículo es La Virgen de la Mosca. Recibe su nombre a causa de la mosca que aparece nítidamente representado en la rodilla izquierda de la Virgen, destacando sobre el rojo del manto. 


Situación de la mosca en el cuadro comentado
Se trata de un pequeño cuadro pintado a finales del siglo XV o principios del XVI de autoría aún desconocida, que hasta su restauración (1965) fue atribuída a Fernando Gallego (circa 1440 - 1507), cuya firma apócrifa figuraba sobre la tabla, aunque actualmente se cree que es una pintura flamenca, probablemente obra de Michel Sittow (circa 1468 - circa 1525), también conocido como Maestro Michiel, y que la famosa mosca fue añadida por algún discípulo que quería homenajear así a su maestro, a quien se conocía en su tiempo como La Mosca.

La tabla representa una Sacra Conversación, donde aparece la Sagrada Familia con Santa Magdalena y Santa Catalina. La Virgen está dando una pera a María Magdalena, quien aparece representada con uno de sus atributos, un frasco de perfume. En el lado contrario, se sitúa Santa Catalina, con corona y espada, símbolos de su martirio, y detrás de la Virgen la figura de San José. 


Posible retrato juvenil de la reina Isabel La Católica
Otro personaje es una joven rubia que aparece sentada al lado de la Virgen con un libro abierto en su regazo. Según una opinión bastante extendida, esta muchacha sería la joven Reina Doña Isabel I de Castilla (1451 - 1504) que junto con su marido Fernando serían conocidos como los Reyes Católicos. Dos argumentos principales dan pie a esta identificación: por un lado la corona en la cabeza de la reina, y por otro, aún más importante, la espada desnuda a sus pies, recordando su proclamación como Reina de Castilla en Segovia, en 1474, a la muerte de su hermano Enrique IV de Castilla, llamado El Impotente (1425 - 1474). La proclamación de la reina Isabel,  realizada en ausencia de su marido Don Fernando II de Aragón (1452 - 1516). En este acto la reina se hizo preceder por el noble Gutierre de Cárdenas († 1503), que llevaba una espada desnuda en la mano, como símbolo de autoridad, una manera de dejar claro que ella, al margen de su marido, era la verdadera Reina de Castilla e impartidora de la justicia.

La presencia de este retrato en una tabla sacra de la colegiata de Toro no es de extrañar. Recordemos la gran importancia de la ciudad para Isabel I de Castilla, y la de Isabel I de Castilla para Toro, ya que fue en esta localidad donde la de Madrigal de las Altas Torres derrotó a su adversaria Juana de Trastámara llamada la Beltraneja (1462 - 1530).
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