martes, 9 de agosto de 2016

Carbunco (y V): Las esporas del terror








Marina Abramovic

 Desnuda con esqueleto
(2004)

Performance. 
   




Además de su utilización en conflictos bélicos, las armas biológicas también han sido usadas por los terroristas a partir de la última década del s. XX, como sucedió en 1995 cuando la secta Aum llevó a cabo el atentado con gas neurotóxico sarin en el metro de Toquio.  Cinco años antes esta misma secta había difundido toxina botulínica en el parlamento japonés, y pocos meses más tarde usó aerosoles para esparcir esporas del bacilo del carbunco desde lo alto de un edificio, aunque afortunadamente no causó víctimas. 

Marina Abramovic: Anima Mundi (Pietà) 1983
Las armas biológicas que hasta ahora han usado los terroristas incluyen agentes de numerosas enfermedades infecciosas como el carbunco, la peste, la fiebre tifoidea, el cólera, la brucelosis, la tularemia, varias fiebres hemorrágicas africanas (Ebola, Marburg; de Crimea; Machupo de Bolivia), dengue, encefalitis japonesa, fiebre del valle del Rift, encefalitis rusa de primavera y de verano, encefalomielitis equina venezolana, gripe. La viruela no figura en la lista, ya que solamente hay dos laboratorios en el mundo que están autorizados a manipular este virus: uno en los Estados Unidos y otro en Rusia (y por lo tanto sería muy fácil saber de donde proviene el virus). Los priones, las toxinas botulínica y la enterotoxina B estafilocócica y los ácidos nucleicos infecciosos son considerados de momento demasiado complejos y con alto riesgo en su manipulación como para ser usados por pequeñas estructuras de producción. 


Pero son muchos los productos que pueden ser producidos clandestinamente y de los que se pueden vender algunas cepas a los grupos terroristas. De ahí la gran facilidad de producción del bacilo del carbunco, que lo convierte de hecho en una arma biológica barata y asequible. 

Aparte de la epidemia de Rumania en el año 2000, y de la actual epidemia del Norte de Rusia, los casos de carbunco cutáneo han sido muy raros, y los de carbunco pulmonar excepcionales (en los Estados Unidos solamente 18 casos de 1900 a 1980). 

En septiembre de 2001, Robert Stevens estaba trabajando en Florida para el tabloide The Sun, cuando recibió una carta conteniendo un polvo parduzco. Lo encontró sospechoso, y le pidió a su secretaria que lo tirara. Algunos días más tarde, Stevens comenzó un cuadro febril con alteración del estado general y convulsiones. En Urgencias le diagnosticaron una meningitis, y pudieron constatar la presencia de Bacillus anthracis en el líquido cefalorraquídeo. Stevens murió y en la autopsia se confirmó un carbunco pulmonar con afectación meníngea. La afectación pulmonar de esta patología no se había visto en los Estados Unidos desde hacía más de 30 años. 
Pablo Picasso: Guernica (fragmento)
Museo Reina Sofía. Madrid. 

La primera hipótesis sobre la muerte de Stevens fue la de una contaminación por inhalación de esporas del suelo, pero las muestras de los lugares que frecuentaba mostraron una gran cantidad de esporas en su despacho. El FBI se hizo cargo de la investigación, y descubrió que se habían enviado muchas cartas con polvo de esporas de Bacillus anthracis el 18 de septiembre de 2001, con el matasellos de la estafeta de correos de Trenton (New Jersey). Es decir, las cartas habían sido enviadas una semana después de los atentados terroristas a las Torres Gemelas y ea Pentágono el 1 de septiembre de 2001. Poco después, pudieron identificar un buzón en Princeton cerca del campus universitario, desde donde se habían enviado numerosas cartas a los grandes medios de comunicación americanos. Una de las cartas llevaba un mensaje lleno de faltas de ortografía, que orientaba hacia una pista de terrorismo islamista, y avisaba que iba a haber una segunda etapa, advirtiendo que quien la recibiera debía tratarse con penicilina. La mayoría de las cartas no fueron abiertas. Cautelosamente, se mantuvo el asunto en secreto. Una segunda remesa de cartas procedentes de New Jersey y dirigidas mayoritariamente a senadores demócratas tuvo lugar el 8 de octubre de 2001, cuando ya se conocía la causa de la muerte de Stevens. Solamente una de estas cartas (la dirigida al senador Daschle) llegó a abrirse, y anunciaba claramente que contenía esporas de carbunco. Se analizó el polvo del interior del sobre y tras confirmar la presencia del germen, se administraron profilácticamente antibióticos a todos los que habían estado en contacto y se limpió y descontaminó todo el edificio. 


Edvard Munch. El Grito. 
Aunque no hubo más envíos de cartas contaminadas, comenzó la histeria colectiva. Se enviaron numerosas cartas anónimas (cerca de 10.000) conteniendo falsos polvos inofensivos, con la intención de atemorizar o simplemente para gastar una broma pesada. La práctica de enviar falsas cartas pronto fue practicada en otros países. Solamente en Francia se llegaron a controlar 4.500 cartas sospechosas. 

Se encontraron positividades a Bacillus anthracis en las muestras nasales de algunos carteros. También algunos de ellos llegaron a presentar carbunco cutáneo o pulmonar. Cerca de 33.000 personas expuestas a un riesgo de carbunco recibieron tratamiento preventivo con ciprofloxacino o doxiciclina. En realidad, en los Estados Unidos, se contaron 22 víctimas por ataques con sobres contaminados, y dos de ellas murieron. Los trabajos de descontaminación alcanzaron un coste de un millón de dólares. 

Sobre el origen del ataque la versión oficial del gobierno americano siguió la pista de Al-Quaeda y supuso (sin mucha discusión) que los bacilos procedían de Irak: El 25 de noviembre, el presidente Bush firmaba el Homeland Security Act para prevenir los ataques terroristas contra los Estados Unidos dotando al programa de un presupuesto de 30 millones de dólares, que incluían programas de gestión de ataque bacteriológico, una provisión de medicamentos y vacunas suficientes para hacerle frente en caso necesario y la reactivación de los programas de investigación sobre los posibles agentes patógenos que podían ser usados en estos ataques.  


Benjamin Long. Mural del Banco de América.
 Charlotte (Carolina del Norte)


Pero la verdadera investigación del FBI (conocida como Amerithrax) sobre el origen de las 5 muertes producidas por la bacteria del carbunco se alargó mucho tiempo más, aunque no logró llegar a ninguna conclusión clara. El FBI disponía del polvo de dos de los envíos, el primera dirigido a periodistas que contenía un polvo grosero que causó sobre todo lesiones de carbunco cutáneo y la segunda dirigida al senador Daschle, mucho más fina y peligrosa. Ésta última planteaba la hipótesis de un origen terrorista a pequeña escala, ya que este polvo - con una carga muy importante de esporas purificadas  - estaba preparado para dispersarse rápidamente, tal como se elabora cuando se quiere usar como arma bacteriológica. Dada su alta sofisticación tecnológica, solamente podía proceder de cuatro países: la Rusia ex-soviética, Corea del Norte, Irak y los propios Estados Unidos. El análisis de la cepa de Bacillus anthracis demostró que se trataba de una producción americana. Se barajaron entonces las hipótesis de que fuera un complot de la extrema derecha americana o incluso el resultado de la obra de un científico aislado. Pero las posibles soluciones  a la cuestión no arrojaron resultados demasiado evidentes, aunque la única certeza fue que las cepas provenían del laboratorio especializado de Fort Detrick. El FBI cargó la responsabilidad a uno de sus especialistas, Bruce Ivins, que apareció muerto en su domicilio en 2008 por ingestión masiva de paracetamol y de codeína.

Hace pocos días, el 5 de agosto de 2016, en Bruselas, las autoridades belgas han evacuado parcialmente el ayuntamiento de Saint-Josse después que el alcalde, Emir Kir, recibiera una carta con polvos blancos que se sospechó que eran esporas de bacilo carbuncoso. Unidades especiales de descontaminación y miembros especiales de la policía, bomberos y ambulancias se trasladaron a la zona de Madou. Se hospitalizaron preventivamente 13 personas, ocho por contacto directo y 5 más por contacto indirecto con el sobre en cuestión, para someterse a exámenes médicos exhaustivos y recibir tratamiento preventivo con antibióticos. 

Como podemos ver, el terrorismo biológico es hoy una amenaza real y los ataques con esporas de carbunco siguen estando de plena actualidad. 



Bibliografía

Hugh-Jones ME, Hatch Rosemberg B, Jacobsen S: The 2001 attack anthrax: Key observations. 
https://www.washingtonpost.com/r/2010-2019/WashingtonPost/2011/10/21/Editorial-Opinion/Graphics/2157-2526-S3-001.pdf

Anthrax et maladie du charbon. https://thoracotomie.com/2014/03/23/anthrax-et-maladie-du-charbon/

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Sierra X. Ética y experimentación médica en humanos. Actas Dermosif 2011 doi:10.1016/j.ad.2011.03.016  pdf 
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