viernes, 3 de junio de 2016

Anecdotario secreto de Ramón y Cajal (III): Hipnosis y espiritismo






 Eduardo Carretero

Escultura de Ramón y Cajal 
(1977)


Escultura de piedra. 240 x 200 x 340 cm
Hospital Universitario Ramón y Cajal. Madrid



En anteriores entradas hemos comentado algunas anécdotas de infancia y juventud de Ramón y Cajal. Continuamos ahora con otras de su vida adulta, concretamente de la época en la que Cajal estuvo ocupando la cátedra de Histología en la Universidad de Valencia (1884-1887)


Un hábil hipnotizador


Santiago Ramón y Cajal tenía un gran interés por la hipnosis. Incluso llegó a abrir un gabinete de hipnosis durante su estancia en Valencia. El Gabinete de Estudios Psicológicos de Cajal nació con vocación investigadora, para experimentar con personas que tenían enfermedades nerviosas como histerias, depresiones, etc.


Un día una paciente que no podía caminar acudió al Gabinete. Debía tener una parálisis de causa histérica o por lo menos de origen psiquiátrico. Tras ser hipnotizada por Cajal salió andando por su propio pie, con la lógica repercusión pública del éxito obtenido. 


Ramón y Cajal en el laboratorio de Histología de Valencia

La noticia de que en el Gabinete se curaban determinadas dolencias corrió de boca en boca y pronto se formaron  colas de pacientes ante la casa de Cajal. Tanto que falto de tiempo y capacidad para tratar a tanta gente, tuvo que cerrar la consulta. 


Pero lo que sí hizo Cajal fue aplicar la hipnosis como anestesia a su esposa Silveria Fananás durante el parto de sus dos últimos hijos Pilar y Luis. Y dejó constancia de ello en su artículo "Dolores del parto considerablemente atenuados por la sugestión hipnótica", publicado como separata de la "Gaceta Médica Catalana" en agosto de 1889. También propugnaba que los estados hipnóticos podían ser útiles para realizar sin anestesia ciertas intervenciones quirúrgicas. 

Hacia 1930 Cajal escribió un amplio tratado sobre la hipnosis, que desgraciadamente se ha perdido. 

Interesado en el espiritismo

El interés de Ramón y Cajal al por los poderes psíquicos y los fenómenos paranormales se fortaleció durante su estancia en Valencia entre 1884 y 1887. Tal vez esta etapa, que quizá es la más desconocida de su vida, fue necesaria para indagar el funcionalismo de la mente desde diversas perspectivas. El espiritismo llamaba mucho la atención a los científicos del último tercio del s. XIX, como al matrimonio Curie, por ejemplo. 


Cajal asistía regularmente a sesiones de espiritismo e investigó a diversos personajes que aseguraban mantener contactos con el más allá. Encontró algunos médium capaces de causar fenómenos que no pudo explicar. 

Cajal en Valencia
Aunque también desenmascaró a algunos farsantes, como una médium zaragozana que llegó a alojar en su casa. La médium transmitía según ella mensajes de alemanes famosos y afirmaba estar inspirada por el arcángel san Gabriel y contestar las preguntas a través del espíritu de su hermana monja, fallecida tiempo atrás y cuyo espíritu participaba en algunas de las sesiones, apareciéndose como un espectro. Pero Cajal se dió cuenta que el fantasma era en realidad la misma médium, que se disfrazaba y utilizaba unas prótesis de goma que se metía en las fosas nasales y en la boca para simular la voz de la difunta y así engañar a los asistentes. Aunque reconocía la existencia de fuerzas y energías que no podía explicar, la postura de Cajal fue, en general escéptica, como dejó dicho en su libro Charlas de café. Pensamientos, anécdotas y confidencias (1920): 

“Yo confieso, un poco avergonzado, mi irreductible escepticismo. Y me fundo, aparte ciertas razones serias (comprobación de las supercherías de los médiums e imposibilidad de demostrar la identidad de los aparecidos), en los siguientes frívolos motivos: en ninguna de las invocaciones de ultratumba publicadas en libros y revistas espiritistas he encontrado una suegra duende turbando la felicidad de su yerno, ni un espectro de poeta chirle infernando, con bromas pesadas, la vida de sus críticos”

En Recuerdos de mi vida: Historia de mi labor científica (1905), nos dejó un comentario en el que aparte de escepticismo hace gala de su conocido sentido del humor:
“Bastaba que yo asistiera a una sesión de adivinación, de sugestión mental, de doble vista, comunicación con los espíritus, posesión demoniaca, etc., para que, a la luz de la más sencilla crítica, se disiparan cual humo todas las propiedades maravillosas de los médiums o de las histéricas zahoríes. Lo admirable de aquellas sesiones no eran los sujetos, sino la increíble ingenuidad de los asistentes“. 
En una sesión del claustro de la facultad de Medicina de Madrid, uno de los asistentes, el Dr. Gómez Ocaña, indicó que había asistido a varias sesiones de espiritismo y que a través de una médium, por cierto muy guapa, se le habían aparecido varias personas de su familia, por lo cual - y me refiero al contacto con los difuntos y no a la belleza de la médium - estuvo yendo a aquellas sesiones durante bastante tiempo. Cajal comentó a los claustrales con la mordacidad que le caracterizaba: 

«Lo malo es que a los médicos no nos conviene creer en  las apariciones: figúrense la que se armaría si se nos apareciesen todos los antiguos clientes».

Podemos tomar una frase de Cajal como resumen de su opinión de las sesiones con médiums a las que acudía:

«Lo admirable en aquellas sesiones no eran los sujetos, sino la increíble ingenuidad de los asistentes».



Bibliografía 

Ramón y Cajal S. Charlas de café. Pensamientos, anécdotas y confidencias. Las tres sorores, 2007 ISBN: 9788496793026

Ramón y Cajal S. Recuerdos de mi vida: Historia de mi labor científica. Alianza Editorial, 1995. ISBN 9788420622903       http://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_recuerdos/recuerdos/labor_27.htm

Ramón y Cajal S. Dolores del parto considerablemente atenuados por la sugestión hipnótica. Gaceta Médica Catalana, 31 de agosto de 1889. http://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_articulos/parto.htm
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