miércoles, 2 de marzo de 2016

La higiene y las termas en Roma (I)









Caldarium y labrum 
de las Termas de Pompeya
(s. I d.C.)

Yacimiento de Pompeya (Campania, Italia)





El aseo matutino era muy sucinto en Roma. Los romanos, que eran madrugadores, se precipitaban enseguida a la calle sin casi desayunar (según Marcial, muchas veces solo tomaban un vaso de agua [1]) En la detallada vida de Suetonio sobre la vida de los césares apenas hay ningún comentario sobre el aseo matutino. En Pompeya solo se ha hallado un dormitorio con una jarra de agua sobre la mesa. Sin duda el aseo matutino habitual debía limitarse a refrescarse la cabeza y las manos con agua fría (Ausonio, Ephemeris, 2).  Naturalmente, en las casas acomodadas había la posibilidad de acudir a su propio balneum, aunque probablemente esto no se solía efectuar a primera hora de la mañana.

Mosaico de las termas femeninas de Herculano, decorado con animales marinos.
  En Roma, los establecimientos de baños calientes se llamaban termas. La voz, de origen griego, nos remite a los baños que ya se habían popularizado en Grecia a partir del s. V a.C., aunque fue en Roma donde consiguieron su máximo desarrollo y esplendor. El baño, cuya finalidad inicial era la higiénica, terminó por constituir un hecho social capital.

Los romanos imitaron la costumbre griega de instalar cuartos de baño en las domus urbanas o en las  villae o residencias de campo. Algunos baños domésticos eran muy lujosos, como en la casa de Menandro, en Pompeya [2]. Sin embargo, en la ciudad de Roma, gran parte de la población vivía de alquiler en casas de pisos (insulae)  de dimensiones reducidas que no permitían este tipo de instalaciones. Por esto se popularizaron los baños públicos, bajo supervisión edilicia, ya desde la época republicana (s. II a.C). Sin embargo, la austeridad republicana no veía bien estos baños realizados de forma poco íntima. Catón el Censor por ejemplo, nunca se bañó en presencia de su hijo.

Natatio. Termas de Bath (Inglaterra)
Pero el gusto por la higiene se impuso al pudor. Todavía bajo la República, en el s.II a.C. fueron apareciendo establecimientos de baños, naturalmente con separación de sexos. Las termas de la época republicana eran muy sencillas y estaban exclusivamente destinadas a las abluciones higiénicas. Solían tener una sala para hombres y otra para mujeres, con un horno común.

Fue bajo el Imperio cuando las termas aumentaron en tamaño y en prestaciones y sobre todo en número. En el año 33 a.C. Agripa ordenó que se censaran los baños públicos: había 170. Las termas eran en su mayoría de titularidad estatal, y estaban bajo la potestad de los ediles, se solían arrendar a empresarios (conductor) que los explotaba como negocio.

La entrada a las termas era muy módica: un quadrans (un cuarto de as) y los niños no pagaban[3] [4]. Este coste es comparado por Chaillet al equivalente de 0’5 € [5]. El año en el que Agripa fue edil (33 a.C.) protagonizó un sensacional golpe de efecto. Se hizo cargo del coste de las entradas, por lo que aquel año el acceso a las termas públicas fue gratuito. Es de suponer la gran acogida que tuvo esta medida política. Poco después Agripa aprovechando la llegada de las aguas del acueducto Virgen, fundó las termas que llevaron su nombre y que fueron gratuitas permanentemente (19 d.C.)[6].

Tepidarium. Termas de Bath (Reino Unido)
La magnanimidad de Agripa contribuyó a impulsar el uso de las termas y de la higiene corporal (curatio corporis), pero a esto hay que añadir un importante progreso técnico: en el s.I d.C. el ingeniero romano Cayo Sergio Orata ideó un sistema que permitía calentar agua y aire caliente a la vez, el hipocausto. En el exterior del edificio se construía un horno y el aire caliente producido se llevaba por canalizaciones situadas bajo el suelo, cuyas baldosas se sustentaban sobre pilas de ladrillos (pilae). La altura del espacio vacío por el que circulaba el aire era de unos 40 a 60 cm. Se calcula que la temperatura obtenida en las viviendas no pasaba de los 30 grados. En las termas, para obtener un calor más intenso, se integraban además en los muros tubos de barro cocido (tubuli), que daban salida al humo del horno y al aire caliente que circulaba en el hipocausto. Este sistema garantizaba un ambiente cálido.


Mosaico representando un delfín. Termas de Caracalla (Roma) 

Después de las termas de Agripa, se construyeron en el Campo de Marte las Termas de Nerón (62 d.C.); las de Tito (80 d.C.) en los flancos de la antigua Domus Aurea; las de Trajano (109 d.C.) en el Aventino [7]. Las termas cada vez eran más  espaciosas y monumentales. Las Termas de Caracalla (212 d.C.) de las que aún hoy subsisten unas imponentes ruinas ocupaban 118.000 m2, y las de Diocleciano, 140.000 m2   [8]. En el s.IV d.C. había 967 baños públicos y 11 grandes termas en la ciudad de Roma (alimentadas por 19 acueductos).


Bibliografía




[1] Marcial. Epigrama XI, 104, 3-4 http://www.thelatinlibrary.com/martial/mart11.shtml (Consultado en septiembre 2011)

[2] Etienne R. La vida cotidiana en Pompeya. Ed. Temas de Hoy. Madrid, 1992. (p. 291-292)

[3] Marcial Epigrammaton III, 30, 4  http://www.thelatinlibrary.com/martial/mart3.shtml

[5] Chaillet G. Dans la Rome des Cesars. Ed. Glenat. Grenoble, 2004 (p. 29)

[6] Carcopino J. La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. Círculo de Lectores. Barcelona, 2004.(p. 302)

[7] Coarelli F. Roma. Mondadori. Milan, 2002 (384 pág.)

[8] Segura Munguía S, Cuenca Cabeza M. El ocio en la Roma antigua. Publicaciones de la Universidad de Deusto. Bilbao 2008 (p. 94-100)



Las Termas Romanas 




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