martes, 26 de enero de 2016

Don Quijote (III): Lavados y baños





John Vanderbank

Las criadas lavan las 
barbas de Don Quijote 
(1725-1750)

Óleo sobre tela. 39,4 x 35 cm

Marble Hill House




En el Quijote, los pasajes en donde se comenta que el Ingenioso Hidalgo se lava son bastante raros, lo que permite suponer que esta actividad no debía ser muy frecuente en la época. Nosotros hemos encontrado solamente esta mención en tres ocasiones. 

La primera vez ocurre cuando don Quijote llega a casa del Caballero del Verde Gabán. Introducido en una sala, su criado Sancho Panza lo desarma y antes de ponerse un vestido limpio, 
«con cinco calderos o seis de agua, se lavó la cabeza y rostro» 
Cervantes nos aclara que el hidalgo iba tan sucio iba que 
«se quedó el agua de color de suero» 
Más adelante, don Quijote llega al palacio de los duques, y allí, después de comer, le enjuagan la barba con el aguamanil y con «jabón napolitano», entre las risas y burlas de las criadas. El jabón napolitano era usado sobre todo para suavizar las manos, y también como champú y para afeitar. En su composición entraba jabón de Valencia o de Chipre, almidón o salvado de trigo muy blanco, agua de cisterna, perfume y otros ingredientes. 
"Finalmente, don Quijote se sosegó, y la comida se acabó, y en levantando los manteles llegaron cuatro doncellas, la una con una fuente de plata y la otra con un aguamanil asimismo de plata, y la otra con dos blanquísimas y riquísimas toallas al hombro, y la cuarta descubiertos los brazos hasta la mitad, y en sus blancas manos —que sin duda eran blancas— una redonda pella de jabón napolitano. Llegó la de la fuente, y con gentil donaire y desenvoltura encajó la fuente debajo de la barba de don Quijote; el cual, sin hablar palabra, admirado de semejante ceremonia, creyendo que debía ser usanza de aquella tierra en lugar de las manos lavar las barbas, y, así, tendió la suya todo cuanto pudo, y al mismo punto comenzó a llover el aguamanil, y la doncella del jabón le manoseó las barbas con mucha priesa, levantando copos de nieve, que no eran menos blancas las jabonaduras, no solo por las barbas, mas por todo el rostro y por los ojos del obediente caballero, tanto, que se los hicieron cerrar por fuerza. El duque y la duquesa, que de nada desto eran sabidores, estaban esperando en qué había de parar tan extraordinario lavatorio. La doncella barbera, cuando le tuvo con un palmo de jabonadura, fingió que se le había acabado el agua y mandó a la del aguamanil fuese por ella, que el señor don Quijote esperaría. Hízolo así, y quedó don Quijote con la más estraña figura y más para hacer reír que se pudiera imaginar"

Por último, el hidalgo manchego, después de ser vapuleado por un rebaño de toros y vacas a los que había desafiado en un cruce de caminos como si fueran caballeros andantes, encontró:  
«una fuente clara y limpia» 
«se enjuagó la boca y lavóse el rostro».
En dos ocasiones solamente, nuestro caballero se baña todo el cuerpo: en la aventura de los pellejos de vino, a los que don Quijote se puso a acuchillar de noche creyendo que eran gigantes, hasta que el barbero lo despertó arrojándole 
«un gran caldero de agua fría del pozo y se lo echó por todo el cuerpo de golpe» 
La otra ocasión fue cuando la embarcación que lo transportaba zozobró en el Ebro. 

Tampoco de Sancho Panza sabemos que se bañara de cuerpo entero, pues aparte del percance que sufrió junto con su amo en el Ebro, tan sólo se dice que una vez, al terminar la pelea que tuvo en la ínsula Barataria, los que estaban con él «lo limpiaron».

Teniendo en cuenta esta escasez de baños y lavados, hemos de suponer que Don Quijote y Sancho, andando sin cesar por los caminos polvorientos de la Mancha, bajo un sol implacable, debían ir sucios y sudorosos. En un pasaje que el hidalgo se queda "en camisa", muestra los muslos, que Cervantes describe como:
«las piernas eran muy flacas y largas, llenas de vello y no nada limpias».
 En otro momento se dice que Don Quijote quedó
«todo bisunto [sucio] con la mugre de las armas»

Pero Don Quijote y Sancho no eran los únicos que no cuidaban mucho de la higiene corporal. Las mujeres que aparecen en la obra tampoco destacan mucho en este sentido.

La ventera Maritornes se describe como desaliñada y sucia; de la campesina que Sancho identificaba con Dulcinea,se comenta que despedía un olor hombruno debido a que 


«con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo correosa».
La única que sale bien parada es la bella Dorotea, 
«que se lavaba los pies en el arroyo que por allí corría y al acabar de lavar los hermosos pies, con un paño de tocar que sacó debajo de la montera se los limpió».



Bibliografía:


Sánchez Ron JM. La ciencia y el Quijote. Crítica, Barcelona, 2005.


Vigarello G. Lo limpio y lo sucio. La higiene del cuerpo desde la Edad Media. Alianza, Madrid, 1991.


http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/secciones/9353/don_quijote_hidalgo_que_casi_nunca_lavaba.html 
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