lunes, 25 de enero de 2016

Don Quijote (II): Traumatismos, golpes y heridas








Gustave Doré

Ilustración para Don Quijote 
(1863)

Grabado




En una entrada anterior nos hemos referido a diversas enfermedades y alteraciones cutáneas que hemos encontrado en el Quijote. Pero en esta obra, si entrada anterior alguna cuestión médica se repite con frecuencia, son las heridas, golpes, equimosis y traumatismos de toda índole. No pretendemos dar una relación completa de todos estos trances, ya que equivaldría a citar casi todos los capítulos de la obra, pero sí a dar algunos ejemplos. 

Cuando nuestro hidalgo acaba de ser armado caballero, sale de la venta, y arremete contra un mercader 
"con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo; y queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas. Y, entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo: Non fuyáis, gente cobarde; gente cautiva, atended, que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido". 
Al oír eso, un mozo de mulas que estaba por allí empeoró la situación, ya que al oír al caballero le pareció arrogante, y después de haber hecho pedazos su lanza, comenzó a dar de palos a Don Quijote, moliéndolo "como a cibera" (o sea, como grano que se introduce en la tolva para molerse, o como residuo de frutos recién exprimidos) (I-IV).

Este y otros muchos incidentes que se van sucediendo  dejan a Don Quijote tendido, molido, tullido, quebrantado, vapuleado, además de marrido, es decir, triste y melancólico, aunque nunca se considera vencido, ya que en cierto momento dice que 
"Las feridas que se reciben en las batallas antes dan honra que la quitan" (I-XV). 
Y este espíritu lo mantendrá hasta el fin de sus aventuras o, por lo menos hasta su encuentro y posterior descalabro luchando con el Caballero de la Blanca Luna, es decir, Sansón Carrasco, tras lo que se siente impotente y superado, y perdida su honra.

El ingenioso hidalgo es víctima de mojicones, estocadas, mordiscos, arañazos, caídas (de las que se cuentan catorce, como si de un Vía Crucis se tratara). Parece como si Cervantes quisiera castigar al Caballero de la Triste Figura con palizas reiteradas, por atreverse a la imposible misión de querer ser caballero, a estar fuera de su lugar: por su edad, por sus ideas, por sus armas, por su rústico escudero. Recibirá múltiples castigos físicos, será molido a palos continuamente. Y nunca, o casi nunca, los recibirá de un enfrentamiento con un igual, de otro caballero. El castigo se lo impondrán personajes o cosas que podríamos considerar inferiores en la escala social o moral: molinos (I, VII), yangüeses (I, XV), galeotes, la Maritornes, los criados de los duques... Hasta los gatos atacan y hunden física y moralmente al caballero.

En la obra aparecen heridas con hemorragias y a veces pérdida de piezas dentarias. La sangre es mencionada muchas veces, porque los personajes sufren hemorragias varias: epistaxis, gingivorragias, otorragias. Incluso en una ocasión, la celada que con un golpe de espada le arrancan a Don Quijote en la pelea con el vizcaíno, se lleva la mitad de la oreja, suponemos que con sensible pérdida del líquido vital (I-XI). 

Otro ejemplo es el del Cap. LII de la Primera Parte, donde se cuenta que 
"el cabrero cogió debajo de sí a Don Quijote, sobre el cual llovió tanto número de mojicones, que del rostro del pobre caballero llovía tanta sangre como del  suyo.."
"Tomar la sangre" significa allí "cortar una hemorragia" (I-XXXIV); inversamente, se mencionan las sangrías, como en el Cap. IV de la Primera Parte, tan pródigo en traumatismos. Mucho después, el mago Merlín - tomado de la leyenda del Rey Arturo - le dice a Sancho, en ocasión de los azotes que éste ha de darse: 
"yo sé que sois de complexión sanguínea, y no os podrá hacer daño sacaros un poco de sangre" (II-XXXV). 
Pero también se habla de la sangre en expresiones figuradas: vengarse "a sangre helada" (II-LXIII), hacer algo "a sangre caliente" (II-LXXI), "la sangre se hereda" (II-XLII), o ser "limpio en sangre" (I-LI).


Esquema de las principales lesiones traumáticas de Don Quijote
(Tomado de la Revista Muy Interesante) 
Tenemos también diversos ejemplos de castigos que provocan contusiones, equimosis y otras lesiones similares: Juan Haldudo, el rico, por ejemplo, azota despiadadamente a su indefenso sirviente, al que Don Quijote intenta proteger (I-IV). Los malos tratos al servicio, que debían ser bastante frecuentes, se reiteran hasta el final de la Segunda Parte, en la que, por ejemplo, el Duque - para quien, junto con la Duquesa, Cervantes se inspiró en personajes históricos - manda dar cien palos al lacayo Tosilos, en un curioso incidente (II-LVI). En el Cap. I-XXXIV, en el episodio del Curioso Impertinente, Camila es acometida con una daga.

Sancho, por su parte, tampoco se libra de golpes y violencias. Cervantes con frecuencia suele repetir la expresión "dio con él en el suelo", para describir caídas por causas traumáticas. A veces tanto el amo como el criado son castigados, como cuando Cardenio aporrea a ambos (I-XXIV). Pero no sólo los protagonistas son objeto de violencia: también sus caballerías. Rocinante recibe coces, mordiscos y palos, como en el capítulo XV.  

Hay que mencionar también que por lo visto los caballeros andantes llevaban consigo un botiquín de primeros auxilios al lanzarse a la aventura: Sancho en algunas ocasiones saca de sus alforjas hilas y ungüento blanco para curar a su amo (I-III; I-X)  


Bibliografía:  

http://cvc.cervantes.es/literatura/cervantistas/coloquios/cl_II/cl_II_27.pdf


Rof Carballo J., Sancho y don Quijote. Medicina y actividad creadoraRevista de Occidente (Madrid), 1964.

López Méndez H La medicina en el Quijote, Madrid, 1969.



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