diumenge, 27 de maig de 2018

Un San Jerónimo con esclerodactilia






Marinus van Reymerswaele

San Jerónimo en su estudio 
(1541)

Óleo sobre tabla 
Museo del Prado. Madrid





Marinus van Reymerswaele (1490 - ca.1567) fue un pintor flamenco, que vivió y trabajó en Amberes. Sabemos poco acerca de su formación, aunque en su obra se pueden apreciar influencias de Durero y de Quentin Massys. En su obra se puede ver la constante crítica a la codicia y a la avaricia. Tal vez su obra más conocida es la pintura del cambista y su mujer.  

En esta pintura, Van Reymerswaele representa a San Jerónimo. El santo aparece rodeado de libros, y pergaminos en cierto desorden. Los libros son uno de sus atributos, ya que Jerónimo había traducido la Biblia al latín (la conocida versión de la Vulgata), por lo que tenía una gran fama de intelectual. Tal vez por eso se le suele representar muchas veces con gafas

Por otra parte, sobre la mesa aparece un crucifijo y un cráneo humano, alusivos a su etapa de anacoreta, y en las reflexiones que en la ermita hacía sobre la fugacidad de la vida. 

También se le representa vestido de púrpura como alusión a su dignidad de cardenal, con el capelo cardenalicio colgado en la pared tras él. Ni que decir tiene que se trata de una visión totalmente anacrónica, ya que ni las gafas ni los hábitos rojos de los cardenales no aparecieron hasta algunos siglos más tarde del tiempo real en el que vivió San Jerónimo. Sin embargo esta representación obedece a un cliché convencional, con los atributos que permiten la identificación de los santos en la iconografía. 

Desde el punto de vista médico es interesante destacar las manos y el rostro del santo. Los dedos aparecen largos y estrechos, en una clara esclerodactilia. La piel que los recubre es de un color céreo, con una pigmentación poco habitual, que recuerda mucho a los dedos marmóreos y afilados de la esclerodermia. Los dedos largos y finos con aspecto marfileño que caracterizan a esta enfermedad han recibido a veces el apelativo de dedos de Madonna por recordar a algunas representaciones renacentistas de la Virgen. 

Al fijarnos en la cara se refuerza aún más esta idea. La tez apergaminada, la nariz aguileña, la boca reducida, son signos que pueden indicar la posible esclerodermia del personaje. 

El nombre de esclerodermia deriva etimológicamente del griego escleros, duro y dermia, piel. Se trata de una enfermedad autoinmune que forma parte de las llamadas enfermedades del colágeno, cuyo rasgo más destacado es la aparición de un progresivo endurecimiento de la piel que llega a limitar la movilidad de los enfermos. El endurecimiento puede afectar también a los vasos, al esófago y a otros órganos internos. 

Claro que también se pueden especular con otras posibilidades. A mi amiga Anna Tuneu, dermatóloga de San Sebastián, los dedos largos, aracniformes, y la delgadez del personaje le sugieren más bien un síndrome de Marfan. Es posible. Hay que ver lo que nos sugieren a los médicos la contemplación de ciertas obras de arte. En todo caso, tengo que agradecer a Anna su interés y seguimiento constante de este blog. 


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