dimecres, 2 de maig de 2018

Fernando VI (I): el príncipe que vivió encerrado





Jean Ranc

Fernando de Borbón y Saboya, 
Príncipe de Asturias
(circa 1731) 


Óleo sobre lienzo 104 x 84 cm
Museo Naval. Madrid 


El francés Jean Ranc (1674-1735) fue uno de los pintores de la corte borbónica de Madrid en la primera mitad del s. XVIII, y retrató a diversos personajes de la familia real. El cuadro que preside estas líneas es uno de los retratos que realizó del príncipe de Asturias Fernando de Borbón, que años más tarde llegaría a ser rey con el nombre de  Fernando VI. En este momento, el joven príncipe tenía 18 años de edad. 

Fernando VI (1713-1759) era hijo de Felipe V y Mª Luisa Gabriela de Saboya. Su madre murió de escrófulas (tuberculosis ganglionar) cuando el pequeño Fernando tenía solamente cinco meses. Fernando era, en aquel momento, el tercero en la línea de sucesión a la Corona hispánica, después de sus hermanos mayores Luis (1709) y Felipe Pedro (1712), por lo que nadie pensaba seriamente que algún día pudiese convertirse en rey. 

Pero la historia a veces tiene recovecos impensados. Cuando Fernando tenía seis años, murió su hermano Felipe Pedro. En enero de 1724, Felipe V, acosado por continuas depresiones, decidió retirarse y abdicar la corona en favor de su hijo Luis. Nuevamente el curso de la historia tuvo un sorprendente giro. Tras solamente ocho meses de reinado, Luis I murió de viruela dejando el trono vacante. 

Jean Ranc: El futuro rey Fernando VI
a los diez años de edad
Fernando tenía once años de edad en este momento. Lo lógico hubiera sido que heredara el trono en aquel momento, ya que su hermano no tenía descendencia. Pero la reina Isabel de Farnesio, la segunda mujer de Felipe V, no veía con buenos ojos que el trono fuera ocupado por un hijo de la anterior reina. Tenía planes para que fuera ocupado más tarde por uno de sus hijos. Por eso convenció a su marido, Felipe V para que recuperara el trono y reinara por segunda vez. 

No todos estaban de acuerdo en esta decisión. Muchos miembros de la nobleza entendían que tras una abdicación, no había marcha atrás. Pero las intrigas de Isabel de Farnesio dieron resultado, y al final Felipe V recuperó la corona y nombró a Fernando príncipe de Asturias y legítimo sucesor al trono a la muerte de su padre. 

Pero la reina Isabel se aseguró de controlar al nuevo príncipe de Asturias. Fernando y su esposa, la princesa portuguesa Bárbara de Braganza vivieron totalmente aislados de la corte y con visitas restringidas, para evitar todo contacto con grupos políticos que pudieran apoyarlo en caso de una nueva abdicación de Felipe, cuya salud mental continuaba deteriorándose. Una situación insólita, que en expresión del historiador Pedro Voltes se podía asimilar con una especie de arresto domiciliario: 
«...don Fernando y doña Bárbara podrían ser visitados cada uno por sólo cuatro personas, cuyo nombre y cargo se indicaba. No podrían recibir a otros embajadores que los de Francia y Portugal. Los príncipes no debían comer en público ni salir de paseo ni ir a ningún templo o convento. [...] Se suprimió también la asistencia del príncipe al Consejo de Gobierno y todo despacho con él, y en especial cualquier trato con [el «primer ministro»] Patiño y los ministros, y, en suma, toda visita suya a sus padres»
(P. Voltes, La vida y la época de Fernando VI. 1998)

El deterioro físico y mental de Felipe V era notable. Así puede verse en los cuadros que pintaron Jean Ranc o Louis-Michel van Loo, en los que aparece el rey con la mirada perdida, hinchado, con las piernas deformadas.  

Louis-Michel van Loo: La familia de Felipe V (fragmento). Museo del Prado.
A la izquierda, de pie, el futuro Fernando VI, con una postura pretendidamente elegante pero que más bien resulta desmañada. En el centro, sentados, Felipe V y la reina Isabel de Farnesio. Felipe V aparece con las piernas hinchadas y la mirada perdida, mientras Isabel controla todo, dando la sensación de poder absoluto. 

Cuando finalmente en 1746 Felipe V murió a causa de un accidente vascular cerebral, el nuevo rey Fernando VI dispuso que Isabel de Farnesio abandonara de inmediato el palacio del Buen Retiro y se trasladara a una casa propiedad de la duquesa de Osuna. Un año más tarde fue confinada al palacio de la Granja de San Ildefonso, cerca de Segovia. Desde allí la reina viuda escribió una carta al nuevo rey protestando por su confinamiento. En ella le decía: 
«...desearía saber si he faltado en algo para enmendarlo» 
Fernando VI le respondió con otra misiva en la que decía: 
«Lo que yo determino en mis reinos no admite consulta de nadie antes de ser ejecutado y obedecido» 
Evidentemente, Fernando le devolvía así los largos años en los que Isabel de Farnesio lo había tenido encerrado. 


Bibliografía 

Voltes Bou, P. “Fernando VI”. Planeta. Barcelona, 1996.

Voltes Bou P. La vida y la época de Fernando VI. Barcelona: Planeta. 1998
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