diumenge, 4 de febrer de 2018

Secarse tras el baño





Gustave Caillebotte

Hombre en el baño 
(1884) 

Óleo sobre lienzo 144 x 114 cm
Museum of Fine Arts. Boston



Gustave Caillebotte (1848-1894) fue un pintor impresionista francés que también fue coleccionista de arte, mecenas y organizador de exposiciones. Nacido en el seno de una familia de clase alta, y propietario de una fortuna que le permitía una vida acomodada y dedicarse a la pintura sin tener que pensar en su manutención, se inició en la pintura al lado del pintor academicista Leon Bonnat. 

En 1874 conoció a Edmond Degas y a otros pintores impresionistas, que le influyeron considerablemente. La influencia de Courbet y de Millet es también clara. Dos años más tarde, tomó parte con 8 obras en la segunda exposición de los impresionistas, aunque fue considerado vulgar por la crítica. 


Gustave Caillebotte: Los pulidores de parquet

En efecto, las temáticas de Caillebotte chocaban con las consideraciones artísticas de la época. Su empeño era representar la realidad tal como existía y como él la percibía, intentando reducir la teatralidad en la pintura. En una de sus obras por ejemplo pintó a los obreros que pulían el parqué en una casa, un tema que no era considerado pictórico: si bien se admitían las pinturas de campesinos o granjeros, con su aureola bucólica, a nadie se le había ocurrido que los obreros domésticos pudiesen ser dignos de un cuadro. 


Degas: Mujer secándose después de un baño
Caillebotte pintó muchas escenas domésticas e interiores. En el cuadro que comentamos hoy aparece un hombre de espaldas secándose tras haberse bañado. Un tema que también llamó la atención. Aunque tiene muchas similitudes con algunas escenas de Degas, la novedad es que aquí no es una mujer, sino un hombre el protagonista, mostrando de forma muy poco épica la desnudez de zonas muy poco nobles de su cuerpo. En el s. XIX los desnudos eran casi exclusivamente femeninos, y los desnudos masculinos eran escasos y menos en una actividad tan cotidiana y poco trascendente como esta. 

El hombre aparece secándose despreocupadamente la espalda, mostrando las nalgas y la parte inferior de su cuerpo desnudo, cosa que debía producir no poco escándalo en los espectadores contemporáneos. La pintura nos permite entrever como debía ser un cuarto de baño de clase media en el s. XIX. A la derecha, una bañera de metal, bastante profunda, ante la que hay una alfombrilla de baño. En el suelo se pueden ver las huellas que han dejado los pies mojados y una segunda toalla abandonada. A la izquierda sobre una silla, el bañista ha dejado su ropa plegada y sus botas ante ella. 


Gustave Caillebotte: Hombre secándose una pierna

Otra escena similar de Caillebotte es "Hombre secándose una pierna", que podría ser la continuación de la anterior. Aparece la misma sala de baño, la bañera, la silla ante la ventana. En esta ocasión el hombre se ha sentado en la silla y apoya la pierna en la bañera para facilitar un minucioso secado. 

Estas escenas nos recuerdan la importancia del secado corporal tras el baño. Debemos proceder siempre a secarnos bien, ya que la persistencia de la humedad en la piel puede favorecer la proliferación de hongos dando lugar a intertrigos en los pliegues. Además, se puede alterar la capa grasa que protege la piel y como consecuencia causar una piel seca y frágil. Por este motivo el uso de aceites de baño y cremas corporales es también muy recomendable. Eso sí, la toalla debe ser personal y no compartirse. De lo contrario podría ser un vehículo para la transmisión de infecciones bacterianas y fúngicas, como la pitiriasis versicolor, una enfermedad producida por un hongo saprofítico que se manifiesta por la aparición de pequeñas manchas redondeadas en espalda, pecho o brazos.   

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