martes, 11 de julio de 2017

Cortar la lengua







Capitel de la catedral de Santiago de Compostela
(s. XII)

Altorrelieve en piedra
Santiago de Compostela




En el ala norte del crucero de la Catedral de Santiago de Compostela puede observarse un capitel en el que un réprobo, con las manos atadas y una soga al cuello es sometido a tormento. Un demonio, velludo y de cara monstruosa, le está arrancando la lengua con unas tenazas. La escena es de una violencia y una crueldad extrema, como es habitual en las escenas de arte románico cuando se quiere representar las torturas infernales a las que se exponen los fieles si se apartan del recto camino y de las que también tenemos cumplida muestra en él Pórtico de la Gloria de la misma catedral. 

El tormento de cortar o arrancar la lengua era muy habitual en la Edad Media para expresar plásticamente el castigo que les será impuesto a los que pecan con la palabra: blasfemos, maledicentes, calumniadores, etc.  Y probablemente a los subversivos que critican el poder temporal o eclesiástico. 

Las "mujeres que hablan en la iglesia", condenadas al
infierno en una tabla de Niccolò y Giovanni del s. XI
(Museos Vaticanos)
Entre los "pecados de la lengua" figura también por supuesto la lascivia: los que practican felaciones o sexo oral de cualquier tipo. Pero tal vez, el más peculiar y sorprendente de los castigos por el uso de la lengua sea tal vez el que se representa en el Juicio Final de Niccoló y Giovanni  (finales del s. XI) que se conserva en los Museos Vaticanos. Es una tabla con forma de arco de herradura en la que aparece el infierno con diversos grupos de condenados con carteles alusivos a su pecado. Me llamaron la atención dos de estos grupos: el de las meretrices (no es frecuente verlas así condenadas en grupo por su profesión) y el de "las mujeres que hablan en la iglesia". Un castigo sin duda desproporcionado y que es un testimonio claro del sexismo imperante en aquella época. 

Catedral de Girona: El demonio arranca la lengua
del dragónen presencia de S. Narciso y S. Félix
Un simbolismo que podemos ver con cierta frecuencia, si bien con diversas variantes. En la capilla del baptisterio de la catedral de Girona encontramos un relieve en piedra policromada. En él se narra la historia de San Narciso, obispo patrón de la ciudad, que en compañía de su diácono Félix llegó a la romana Gerunda (nombre antiguo de Girona) para evangelizarla. El demonio intentó por todos los medios evitarlo y para ello envió a un dragón para que increpara al obispo y a su diácono con toda suerte de injurias, insultos y blasfemias para así atemorizarlos y evitar su labor. Pero Narciso, con su poder milagroso, venció al demonio y le obligó a arrancar la lengua al dragón que así los había maltratado.   

Hay también diversas leyendas mitológicas que recurren a la amputación de la lengua para garantizar el silencio de tal o cual personaje, cuyas declaraciones podrían ser poco oportunas. Así, el escalofriante relato de Tereo, mítico rey de Tracia, que tras violar a su cuñada Filomena (a quien debía proteger) le corta la lengua para evitar que lo acusara, lo que inspiró a Rubens un famoso cuadro, actualmente en el museo del Prado. 

Rubens: El banquete de Tereo. Museo del Prado, Madrid. 


Leyendas aparte, al viejo dermatólogo estas extirpaciones míticas de la lengua le recuerdan otras amputaciones ocasionadas por la necesidad de extirpar tumores como el carcinoma escamoso. 

Muchas veces puede aparecer en la lengua una lesión blanca, generalmente bien delimitada que se conoce con el nombre de leucoplasia. A veces puede hacer un mínimo relieve o ser casi plana. Está causada muchas veces por la acción de la nicotina en los fumadores, aunque también por un roce repetido con una pieza dentaria, o por la costumbre repetida de tomar bebidas muy calientes. Cuando aparece en los labios la repetida exposición solar también puede ser un factor predisponente. 

La leucoplasia es una lesión precancerosa pero debe extirparse para que no progrese. Si no se hace así, aparece el carcinoma escamoso, ya mucho más peligroso, que se ve como una masa dura, frecuentemente ulcerada. Frecuentemente se acompaña de adenopatías regionales (submaxilares). En estos casos debe procederse a la resección parcial de la lengua. Evidentemente esta es una cirugía un poco invalidante: el paciente no habla o habla con dificultad, tiene también problemas al comer, pero salva su vida. 

Recuerdo el caso de uno de mis pacientes, un gran fumador, que negligía pedir consejo médico por miedo a que le prohibiesen fumar. Acudió a mi consulta con un carcinoma espinoso bastante desarrollado y ulcerado en una cara lateral de la lengua. El tratamiento fue la resección de media lengua, y naturalmente la prohibición del tabaco. Tras la intervención, bastante traumática, consiguió salvar la vida. Era un paciente que quedó muy agradecido y siempre que me encontraba me venía a saludar y a darme nuevamente las gracias. Eso sí, con la media lengua que le quedaba, hablaba con dificultad y reconozco que a veces no le entendía del todo. 

Lo mejor es prevenir la aparición de esta enfermedad, no fumar y si es el caso acudir enseguida al dermatólogo para tratar las lesiones por incipientes que sean.  


El banquete de Tereo (con comentarios en latín) 





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