miércoles, 1 de marzo de 2017

Los antibióticos de las hormigas







Rafael Gomezbarros

Casa tomada
(2013)
 Técnica mixta 
(Resina, fibra de vidrio, algodón, cuerda, arena...) 
Cuerpo 50 x 20 x 50. Patas: 90 x 50 cm
Saatchi Gallery. Londres.  




Rafael Gomezbarros es un artista contemporáneo colombiano que cubre edificios públicos con sus esculturas de hormigas de medio metro. Sus instalaciones se perciben con una simple ojeada. Su intención es llamar la atención sobre la situación de millones de personas desplazadas que constituyen la masa invisible de inmigrantes, cuya presencia omnipresente cubre el planeta.  

Gomezbarros está impactado por la cruenta guerra civil que ha tenido lugar en Colombia hasta hace poco. Las hormigas, asociadas generalmente con el trabajo duro y una compleja organización social se convierten en fantasmas de los desaparecidos, fantasmas que han adquirido la capacidad de hacerse cargo de los monumentos nacionales. Gomezbarros ha llenado de hormigas desde la Quinta de San Pedro Alejandrino (la hacienda donde Simón Bolívar pasó sus últimos días) al Congreso Nacional de Bogotá, en una denuncia manifiesta de las políticas belicistas. 

Rafael Gomezbarros: Casa Tomada. Saatchi Gallery, Londres. 
El presente trabajo de Gomezbarros, titulado Casa Tomada es una referencia a un cuento del escritor argentino Julio Cortázar, en el que los habitantes de una gran mansión son invadidos por presencias escurridizas que únicamente son anunciados por sonidos apagados. El artista quiere recordar así una frase pronunciada por de Julio Cortázar poco antes de morir: 



"Si un país no entierra a sus muertos, siempre serán recordados como fantasmas en el ático".
Las hormigas pues, pueden servir como símbolo de muerte, como en la obra de Gomezbarros o como ya vimos en algunos cuadros de Salvador Dalí donde evocaban la muerte y la putrefacción. 

Pero también nos llegan noticias de las hormigas como embajadoras de vida.  Unos investigadores ingleses de la universidad de East Anglia y del John Inner Center decidieron recientemente investigar la causa de las dolorosas picaduras de una hormiga africana de la especie Tetraponera penzigi. Estas hormigas de Kenia producen unas picaduras equivalentes a las de una avispa.

En el curso de sus investigaciones, descubrieron que estas hormigas producen un hongo (moho) al que denominaron Streptomyces formicae (su nombre deriva, naturalmente de formica, hormiga en latín), que podría ser usado como un potente antibiótico. Han publicado sus resultados en la revista científica Chemical Science.  

Tetraponera penzigi
Esta aportación ha suscitado un gran interés. En materia de tratamientos antibacterianos se ha progresado poco en los últimos años. En un comunicado, los investigadores han comentado: 
"La mayoría de antibióticos usados habitualmente en el momento actual derivan de un grupo de hongos, los ascomicetos, que se conocen desde hace 40-80 años "la edad de oro" del descubrimiento de estos medicamentos" 
Pero después de este impulso inicial, se han producido pocos avances, mientras que las resistencias bacterianas han progresado a grandes pasos. 

La especie Tetraponera penzigi vive colonizando las acacias espinosas de los bosques kenianos. Matt Hutchings, uno de los autores de estos estudios señala que las hormigas protegen a estos árboles de muchos herbívoros, como los elefantes, que evitan comer las hojas llenas de hormigas. 

Protegidas por las espinosas hojas de las acacias estas hormigas producen mohos que les sirven de alimento. En estos mohos los investigadores ingleses han descubierto un nuevo tipo de antibióticos. Han analizado detalladamente el genoma de estos mohos, para aislar una cepa de actinomicetos que se ha demostrado muy eficaz frente un germen especialmente mortal, Staphilococcus aureus resistente a la meticilina (el riesgo de muerte es un 64% mayor que el riesgo de muerte por cepas de Staph. aureus no resistente, según la OMS). La misma cepa es eficaz contra el enterococo resistente a la vancomicina y un agente patógeno fúngico multirresistente. 

Para confirmar sus resultados, los autores han repetido sus ensayos enfrentando su producto a veinte generaciones de bacterias, con concentraciones muy bajas. Y no encontraron ninguna resistencia. Barrie Wikinson, otro de los miembros del equipo, afirma: 
"Nuestros resultados ponen de relieve la importancia de investigar en ambientes hasta ahora poco estudiados, que basándose en los recientes progresos en secuenciación y edición genética permiten el descubrimiento de nuevas especies potencialmente productoras de antibióticos". 
Este tipo de investigaciones tienen realmente una gran importancia. Según un reciente informe británico se calcula que en 2050,  cada tres segundos morirá una persona en el mundo a causa de las resistencias a los antibióticos. 







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